Estudio bíblico de Deuteronomio 9:19-11:32

Deuteronomio 9:19-11:32

Terminamos nuestro programa anterior afirmando que Moisés se había dirigido a Dios porque confiaba en su misericordia. Aunque Dios castiga el pecado, no alcanzamos a comprender lo maravilloso que Él es. Porque Dios extiende Su misericordia hacia usted y hacia mí, así como Él ofreció Su misericordia a Israel. Iniciemos pues nuestra lectura de hoy en Deuteronomio 9:19:

"Porque temí a causa del furor y de la ira con que el Señor estaba enojado contra vosotros hasta querer destruiros. Pero el Señor me escuchó una vez más."

Dios no extendió Su misericordia a Moisés por ser quien era. Dios no oyó la súplica de Moisés porque él era el libertador, el líder de los israelitas. Pablo clarificó esto en Romanos 9:15, que dice: "Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca". Dios es soberano y Él soberanamente extiende Su misericordia. ¡Cuán maravilloso es Él! Usted y yo no podemos entender plenamente estas dos características de Dios: Su odio hacia el pecado y Su misericordia. Continuemos leyendo los versículos 20 y 21:

"Contra Aarón también se enojó mucho el Señor hasta querer destruirlo. Yo también oré por Aarón en aquel entonces. Luego tomé el objeto de vuestro pecado, el becerro que habíais hecho, lo quemé en el fuego y lo desmenucé, moliéndolo muy bien, hasta que quedó reducido a polvo, y eché aquel polvo en el arroyo que descendía del monte."

Si este incidente no fuera tan trágico, sería gracioso. Moisés hizo que los israelitas bebiesen su ídolo. Leamos ahora el versículo 24:

"Rebeldes habéis sido al Señor desde el día en que yo os conozco."

Éste era el resumen. Nunca hubo ni siquiera un día en el cual estos israelitas fuesen realmente fieles a Dios. ¡Qué panorama! Somos propensos a criticarlos ¿no es verdad? Pero, ¿qué diremos de muchos cristianos en la actualidad, que se jactan de la veracidad y legitimidad de su fe y de sus creencias, y parecen estar dormidos espiritualmente? Dice el versículo 25 del capítulo 9 de Deuteronomio:

"Me postré, pues, delante del Señor; cuarenta días y cuarenta noches estuve postrado, porque el Señor dijo que os había de destruir."

Esto ocurrió después de que rehusaron entrar en la tierra de Cades-barnea. Moisés conocía a Dios. Moisés sabía que Dios juzga el pecado. Leamos los versículos 26 al 29:

"Y oré al Señor diciendo: Señor, no destruyas a tu pueblo, a la heredad que has redimido con tu grandeza y que sacaste de Egipto con mano poderosa. Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob; no mires la dureza de este pueblo, su impiedad ni su pecado, no sea que digan los de la tierra de donde nos sacaste: Por cuanto no pudo el Señor introducirlos en la tierra que les había prometido, o porque los aborrecía, los sacó para matarlos en el desierto. Ellos son tu pueblo, la heredad que sacaste con tu gran poder y con tu brazo extendido."

Moisés sí que sabía orar. ¡Ojalá que nosotros supiéramos orar así como él oraba! Recuerde que en el versículo 12 Dios dijo: "porque tu pueblo que sacaste de Egipto se ha corrompido". Ahora, imagínese usted a Moisés diciéndole a Dios que se había equivocado. Moisés dijo: "No son pueblo mío sino Tuyo. Yo no los saqué de Egipto sino Tú. Son Tuyos". Moisés recordó a Dios que los moradores de la tierra prometida creerían que Dios había sido capaz de sacarles de Egipto pero no había sido capaz de introducir a Israel en la tierra. Ese tipo de oración sí movió la mano de Dios. Y aquí, al fin, estaba el pueblo de Israel, listo para entrar en la tierra, lo cual nos revela que Moisés supo como orar. Y así llegamos a

Deuteronomio 10

Tema: Dios había enviado a Israel a Egipto; Y Dios les sacó de Egipto.

Moisés en su súplica hizo recordar a Dios que los hijos de Israel le pertenecían. Eran la herencia de Dios. Él no les destruiría a causa de su pecado sino más bien, en Su bondad, les entregó otra vez los Diez Mandamientos escritos por Él mismo. Leamos los dos primeros versículos de este capítulo 10:

"En aquel tiempo el Señor me dijo: Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube hasta mí al monte. Hazte también un arca de madera. Yo escribiré en esas tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que quebraste, y tú las pondrás en el Arca."

Moisés descendió del monte con las tablas y las puso en el arca. Entonces, los hijos de Israel continuaron su viaje. Leamos los versículos 8 y 9:

"En aquel tiempo apartó Jehová la tribu de Leví para que llevara el Arca del pacto del Señor, para que estuviera delante del Señor y lo sirviera, y para bendecir en su nombre, hasta el día de hoy. Por eso Leví no tuvo parte ni heredad entre sus hermanos: El Señor es su heredad, como el Señor, tu Dios, le dijo."

Hay grandes lecciones espirituales aquí, para nosotros. Así como Leví era la tribu sacerdotal, en la actualidad, la Iglesia es, espiritualmente hablando, un reino de sacerdotes. Es decir, que cada creyente en Jesucristo es un sacerdote. (Yo no soy un sacerdote católico Romano, pero aun soy un sacerdote "católico", así como cada creyente en Cristo, en el sentido que "católico" significa "universal".) El sacerdote del Nuevo Testamento tenía que ofrecerse a Dios para la adoración, la intercesión y el servicio (Romanos 12:1, 2), Y como sacerdote, tenía que ejercer un don, de acuerdo con 1 Corintios 12. Y cada creyente, como sacerdote, tiene un don para ejercer en la iglesia.

La antigua tribu de Leví no debía tener ninguna herencia material. Dios mismo era su herencia. Dios había prometido dar la tierra, una cierta extensión de tierra, a las otras tribus. Y cuando les bendijo, se trataba de una bendición temporal. Pero no prometió aquello a Leví. Ésta es también la posición del creyente hoy. Para nosotros en la actualidad, como en el caso de Leví, nuestra herencia se halla en Dios. Hemos sido bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Leamos los versículos 12 y 13 de este capítulo 10 de Deuteronomio.

"Ahora, pues, Israel, ¿qué pide de ti el Señor, tu Dios, sino que temas al Señor, tu Dios, que andes en todos sus caminos, que ames y sirvas al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, que guardes los mandamientos del Señor y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad?"

Si los israelitas hubieran guardado la ley, habrían sido bendecidos. Cuando violaron la ley, el juicio descendió sobre ellos. Durante 1500 años, Dios demostró por medio de Israel al mundo, a usted y a mí, que Él no puede salvar a las personas a través de la ley. Los israelitas, bajo las circunstancias más favorables, en una tierra y un sistema social regulado por la ley, fueron incapaces de obedecer esa ley. Si a ellos no les fue posible cumplirla, tenemos que admitir que nosotros tampoco somos capaces de cumplirla. Debemos estar agradecidos que Dios salva hoy a las personas por Su gracia. En realidad, la gracia siempre ha sido Su método. En el Antiguo Testamento Él nunca salvó a nadie por medio de la Ley. Las personas fueron salvas por la gracia, por Su misericordia, que Él les aplicó, esperando ansiosamente a la venida de Cristo a morir en una cruz para el perdón de sus pecados. (Debían demostrar su fe y manifestar su amor para con Dios por su obediencia a la ley). Pasemos ahora a los versículos 18 y 19:

"que hace justicia al huérfano y a la viuda, que ama también al extranjero y le da pan y vestido. Amaréis, pues, al extranjero, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto."

Dios demostró Su amor por el huérfano y el extranjero y así debían actuar también los israelitas. Tenían que recordar que ellos habían sido extranjeros en la tierra de Egipto. Y añade el versículo 20:

"Al Señor, tu Dios, temerás, a él solo servirás, a él seguirás y en su nombre jurarás."

Ésta es la misma declaración que hallamos en Deuteronomio capítulo 6, versículo 13. Nuestro Señor citó estas palabras al responder a Satanás en el episodio de la tentación. El Señor Jesús conocía bien el libro de Deuteronomio, así como probablemente todos los israelitas de aquella época. Leamos ahora el versículo 22 de este capítulo 10 de Deuteronomio.

"Con setenta personas descendieron tus padres a Egipto, pero ahora el Señor ha hecho que te multipliques como las estrellas del cielo."

La bendición evidente de Dios permaneció sobre ellos. Él les había enviado a Egipto. Él les había sacado de Egipto. Dios fue el responsable y no le importó asumir esa responsabilidad. Y llegamos así a

Deuteronomio 11:1-32

Tema: la tierra prometida no era como Egipto; el principio para la ocupación de la tierra.

Dios les habló en este pasaje sobre la tierra en la que estaban por entrar. La tierra prometida, en ninguna manera era como Egipto. Y Dios les comunicaría los principios requeridos para ocupar la tierra. Consideremos en primer lugar un párrafo titulado:

Un llamado al compromiso

Comencemos la consideración de este capítulo 11 de Deuteronomio leyendo el primer versículo:

"Amarás, pues, al Señor, tu Dios, y guardarás sus ordenanzas, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos, todos los días."

Aquí destacamos que la respuesta al amor de Dios era la obediencia. Pasemos a los versículos 8 y 9:

"Guardad, pues, todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, para que seáis fortalecidos y entréis a poseer la tierra a la cual vais a pasar para tomarla, y para que os sean prolongados los días sobre la tierra, de la cual juró el Señor a vuestros padres que se la había de dar a ellos y a su descendencia, tierra que fluye leche y miel."

Estaban acostumbrados a regar la tierra allá en Egipto. Pero esta nueva tierra era rica en agricultura y ganadería. Dice el versículo 10:

"La tierra a la que vas a entrar para tomarla no es como la tierra de Egipto, de donde habéis salido, donde sembrabas tu semilla y regabas con tu pie, como huerto de hortaliza."

Cuando visitamos a Egipto, nos dijeron que la cantidad de lluvia que cae durante el año, equivale a poco más de 25 cm. Ahora, esa es una cantidad muy escasa de lluvia. Sin embargo, hay un lugar en las islas de Hawai, donde la cantidad de lluvia que cae durante el año equivale a más de 2 m. Y medio. ¡Qué diferencia! Leamos los versículos 11 al 15, que comienzan un párrafo titulado

El principio para la ocupación y posesión de la tierra prometida

"La tierra a la que vais a entrar para tomarla es tierra de montes y de vegas, que bebe las aguas de la lluvia del cielo; una tierra de la que cuida el Señor, tu Dios. Siempre están sobre ella los ojos del Señor, tu Dios, desde el principio del año hasta el fin. Si obedecéis cuidadosamente a los mandamientos que yo os prescribo hoy, amando al Señor, vuestro Dios, y sirviéndole con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, yo daré la lluvia a vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía, y tú recogerás tu grano, tu vino y tu aceite. Daré también hierba en tu campo para tus ganados, y comerás hasta saciarte."

La tierra en la cual los israelitas iban a entrar, sería un poco difícil de regar porque era montañosa. No tenían los medios adecuados para regar en aquel entonces, y la tierra dependería de la lluvia. Dios hizo esto con un propósito. Los puso en una tierra que tuvo que depender de Él para las lluvias. Esta circunstancia haría que el pueblo se acercara más a Dios.

El motivo por el cual la tierra está desolada actualmente, es porque el juicio de Dios está sobre ella, como veremos en este libro de Deuteronomio. En el momento en que es regado, el desierto florece como una rosa, porque lo que necesita es el agua y aún hoy en día, tienen allí dificultades con la falta de agua. Dios les dijo que dependerían de la lluvia. Si le obedecieran, les bendeciría con lluvias del cielo, con las lluvias del otoño y la primavera. Mirando hoy a aquella tierra, usted puede ver la condición espiritual del pueblo.

En una sociedad tan afluente como la que tenemos actualmente, donde las cosas se obtienen con suma facilidad, nos tememos que las personas supongan que Dios no tenga absolutamente nada que ver con ello. No comprendemos porqué las personas creen que si las cosas se consiguen fácilmente, son ellos los que lo han logrado, y que si las cosas se consiguen con dificultad, entonces es Dios el que tiene que ver con esa situación. Dios es el que provee para todas las necesidades físicas, aunque las cosas se consigan fácilmente o con dificultad. Él todavía es el que provee. Dice el versículo 22:

"Porque si guardáis cuidadosamente todos estos mandamientos que yo os prescribo para que los cumpláis, y si amáis al Señor, vuestro Dios, andando en todos sus caminos y siguiéndolo a él"

Aquí tenemos precisamente el principio de la ocupación y posesión de la tierra. Leamos además, los versículos 24 y 25:

"Todo lugar que pise la planta de vuestro pie será vuestro: desde el desierto hasta el Líbano, desde el río Éufrates hasta el mar occidental será vuestro territorio. Nadie se sostendrá delante de vosotros; miedo y temor de vosotros pondrá el Señor, vuestro Dios, sobre toda la tierra que piséis, como él os ha dicho."

Veremos este principio de ocupación nuevamente en el libro de Josué, donde tendrá énfasis especial. Usted podrá observar que la tierra fue un regalo de Dios. Les había dado a ellos una tierra que era más extensa que cualquier otra que hubieran ocupado. Abarcaba desde el río Éufrates al mar Mediterráneo, y desde el Líbano hasta el sur, al desierto que ellos habían cruzado. Tenía aproximadamente 777.000 kilómetros cuadrados. Ellos nunca habían vivido en más de 77.000 kilómetros cuadrados de dicha tierra; ni aun en el tiempo cuando el reino alcanzó su apogeo bajo los reinados de David y Salomón.

Tomemos nota de la frase: Todo lugar que pise la planta de vuestro pie será vuestro. La tierra les había sido dada por Dios y era de ellos, pero fracasaron en la tarea de pisarla, reclamarla y disfrutarla. Más adelante, Dios le diría a Josué lo mismo. Le dijo que la tierra estaba allí mismo delante de ellos, y que pertenecía a Israel. Pero le dijo que tenían que entrar y recorrerla. Tenían que tomar posesión de ella.

¿Por qué hay tal diferencia entre los creyentes hoy en día? Algunos cristianos simplemente se quedan en el banquillo u observan desde fuera, sin comprometerse y son muy pobres espiritualmente hablando. Otros son fabulosamente ricos, también hablando espiritualmente. Dios dijo claramente que Él ha bendecido a todos los creyentes con toda clase de bendiciones espirituales por medio de Cristo. Algunos creyentes han reclamado aquellas bendiciones y otros no. Algunos creyentes disfrutan de aquellas bendiciones y otros no. Es cuestión de apropiarse de lo que ya poseemos. Leamos el versículo 26:

"Mirad: Yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición"

Es decir, que a los israelitas se les mandó obedecer. La obediencia era la parte crucial, la más importante de este asunto. Continuemos leyendo el versículo 27:

"la bendición, si obedecéis los mandamientos del Señor, vuestro Dios, que yo os prescribo hoy"

La obediencia ha pasado a ocupar hoy un último plano. Ahora, nosotros sí creemos en la gracia de Dios y la predicamos. Somos salvos por la gracia, somos guardados por la gracia, y crecemos espiritualmente en madurez por la gracia de Dios. Llegaremos al cielo por la gracia de Dios. Cuando hayamos estado allí algunos miles de años, aun será un resultado de la gracia de Dios. Pero, estimado oyente, hay grandes bendiciones espirituales hoy, que usted perderá si no es obediente a Él. Jesús nos dijo que si le amamos, obedezcamos Sus mandamientos. La obediencia ofrece una relación personal, maravillosa y gloriosa con Dios. Dios bendecirá la obediencia.

Lo opuesto también es verdad. La desobediencia trae consigo la maldición.

Leamos el versículo 28:

"y la maldición, si no obedecéis los mandamientos del Señor, vuestro Dios y os apartáis del camino que yo os ordeno hoy, para ir tras dioses ajenos que no habéis conocido."

Usted observará que el gran asunto sobre el cual Dios imploró a Israel, fue la idolatría. Siempre existía el peligro de que se apartaran del Señor su Dios y cayesen nuevamente bajo el control de la idolatría.

Recordemos, al concluir, que todo aquello que interfiere o se interpone entre el ser humano y Dios, todo lo que aparta nuestra atención de la necesidad de mantener una relación de prioridad con Dios, el Creador y del Señor Jesucristo, el Salvador, conduce a una forma contemporánea de idolatría, que continúa siendo una forma de pecado contra Dios, y que al alejarle de Él, le separa al ser humano de los principios de la vida, de su propia salvación, de la dignidad humana y el respeto a sus semejantes. Pero la actitud contraria es como encontrar, "La Fuente de la Vida", que es el título de nuestro programa. Es llegar a Dios por medio del Señor Jesucristo. Es descubrir otra forma de vivir esta existencia en el mundo, y es recibir la vida eterna. Es pasar página y comenzar de nuevo una vida totalmente diferente. Como dijo San Pablo en 2 Corintios 5:17, "El que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; han sido hechas nuevas."

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