Estudio bíblico de Deuteronomio 23:10-25:16

Deuteronomio 23:10 - 25:16

Continuamos estudiando hoy el capítulo 23 de Deuteronomio. Y vamos a considerar algunos reglamentos varios. Leamos el versículo 10 de este capítulo 23:

"Si hubiere en medio de ti alguno que no fuere limpio, por razón de alguna impureza acontecida de noche, saldrá fuera del campamento, y no entrará en él."

Dios les dice aquí que deben tener un campamento limpio, y les da algunos reglamentos en cuanto a la salubridad. Dios tiene interés en la salubridad. A dondequiera que haya entrado la cristiandad, ha habido un mejoramiento de las condiciones sanitarias.

Oímos hablar mucho hoy en día, en cuanto a la contaminación. Ahora, ¿Quién contaminó este universo? Por cierto que Dios no lo contaminó. Él nos dio las corrientes limpias, el aire limpio, el agua limpia. Es el pecado, el pecador, lo que contamina esta tierra hoy en día. Si los hombres siguieran los reglamentos que Dios ha dado, esta tierra sería un lugar saludable. Pasemos ahora al versículo 14 de este capítulo 23 de Deuteronomio:

"porque Jehová tu Dios anda en medio de tu campamento, para librarte y para entregar a tus enemigos delante de ti; por tanto, tu campamento ha de ser santo, para que él no vea en ti cosa inmunda, y se vuelva de en pos de ti."

Dios tiene interés en la limpieza. Creemos que fue Webster, quien dijo que la limpieza es lo mejor después de la santidad. Y nosotros creemos que la limpieza es una parte de la santidad. Debemos ser limpios de cuerpo, limpios de ambiente, limpios de mente, limpios de pensamiento, y limpios de acción. Debemos ser un pueblo santo en el mundo hoy en día. Este libro es muy práctico, ¿no le parece? Ahora, pasemos al versículo 17 y leamos también el versículo 18 de este capítulo 23 de Deuteronomio:

"No haya ramera de entre las hijas de Israel, ni haya sodomita de entre los hijos de Israel. No traerás la paga de una ramera ni el precio de un perro a la casa de Jehová tu Dios por ningún voto; porque abominación es a Jehová tu Dios tanto lo uno como lo otro."

Dios no quería que las rameras ni los sodomitas estuvieran entre Su pueblo. Sin embargo, parece que el pueblo desobedeció a Dios y hubo algunos en esa tierra. Dios dice que no aceptará dinero de lo que es ilegal ni de lo que es inmoral, porque, no quiere nada de eso.

Ahora, vamos a decir algo aquí amigo oyente, que sabemos que no nos va a traer mucha popularidad. Creemos que ninguna organización cristiana debe recibir dinero de alguna industria que sea ilegal o inmoral. Sabemos que las industrias de licor por ejemplo tratan de hacer donaciones a organizaciones de caridad, como capa para cubrir sus actividades clandestinas. Pero creemos, y repetimos que ninguna organización cristiana debe aceptar donaciones de ese tipo. Leamos ahora los versículos 19 y 20:

"No exigirás de tu hermano interés de dinero, ni interés de comestibles, ni de cosa alguna de que se suele exigir interés. Del extraño podrás exigir interés, mas de tu hermano no lo exigirás, para que te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos en la tierra adonde vas para tomar posesión de ella."

Tenemos aquí un reglamento con respecto a sus relaciones comerciales y al pedir dinero prestado. Continuemos con los versículos 21 y 22:

"Cuando haces voto a Jehová tu Dios, no tardes en pagarlo; porque ciertamente lo demandará Jehová tu Dios de ti, y sería pecado en ti. Mas cuando te abstengas de prometer, no habrá en ti pecado."

Un voto al Señor era una cosa voluntaria. A nadie se le requería hacer un voto. Sin embargo, una vez que la persona hubiera hecho un voto al Señor, ese voto era categóricamente obligatorio. Ya hemos hablado de esto anteriormente. Ahora los versículos 24 y 25:

"Cuando entres en la viña de tu prójimo, podrás comer uvas hasta saciarte; mas no pondrás en tu cesto. Cuando entres en la mies de tu prójimo, podrás arrancar espigas con tu mano; mas no aplicarás hoz a la mies de tu prójimo."

Vimos en nuestro estudio del capítulo 12 del evangelio según San Mateo, que los discípulos de nuestro Señor Jesucristo, hicieron precisamente esto. Tenían hambre y por tanto, comenzaron a arrancar espigas y a comer. Ahora, esto no era ilegal. Dios había ordenado este método a fin de que comieran los pobres.

Y así concluye nuestro estudio de este capítulo 23 de Deuteronomio. Llegamos ahora al capítulo 24. Y en este capítulo 24, trataremos de "el divorcio". Encontramos aquí la ley mosaica en cuanto al divorcio. Ahora, ¿Por qué le fue permitido a Moisés dar este tipo de ley sobre el divorcio? Nuestro Señor lo explica claramente. Usted recuerda que allá en el capítulo 19 del evangelio según San Mateo, versículos 7 al 9, le dijeron: "¿Por qué pues mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera."

Veamos pues la ley mosaica del divorcio. Leamos los primeros 4 versículos de este capítulo 24 de Deuteronomio:

"Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa. Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre. Pero si la aborreciere este último, y le escribiere carta de divorcio, y se la entregare en su mano, y la despidiere de su casa; o si hubiere muerto el postrer hombre que la tomó por mujer, no podrá su primer marido, que la despidió, volverla a tomar para que sea su mujer, después que fue envilecida; porque es abominación delante de Jehová, y no has de pervertir la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad."

Esta parece una forma muy fácil de divorcio, ¿verdad? Y así era. Pues si la esposa dejaba quemar los bizcochos, el hombre creía que era razón suficiente para darle una carta de divorcio. Y ésta no fue la intención de Dios, como leemos claramente por las palabras de Jesús. La ley fue dada por la dureza de los corazones de ellos. Notará usted que después de un divorcio, el ex-esposo no podía tomar nuevamente a una esposa. Dios no está de acuerdo con el cambio de esposas. No debe haber ningún cambio de una a otra. Nuestro Señor dio solamente una base para el divorcio y esa fue la infidelidad en el matrimonio.

Hay alguna especulación en cuanto al pasaje en la primera carta del apóstol Pablo a los Corintios, capítulo 7 y hablaremos en cuanto a eso, cuando lleguemos allí en nuestro estudio. No queremos entrar ahora en ese tema, pero probablemente descubre otro motivo o base para el divorcio. Jesús dijo que a Moisés le había sido permitido dar esta ley, por la dureza de los corazones de ellos. Hay muchísimas cosas que Dios sanciona en Su voluntad permisiva. Las permite por la dureza de nuestros corazones. Y esto todavía es cierto hoy en día en muchos casos de divorcio. También es verdad en muchos de nuestros hogares y en las vidas personales de muchos individuos. Dios ha sido misericordioso y bondadoso con nosotros. Pero vamos a entender una cosa y es que no es según Su voluntad directa. Es según Su voluntad permisiva. Y Él nos manifiesta Su gracia. Sabiendo esto, le corresponde a los hermanos más espirituales no criticar tanto a otros hoy en día. Leamos ahora el versículo 5 de este capítulo 24 de Deuteronomio:

"Cuando alguno fuere recién casado, no saldrá a la guerra, ni en ninguna cosa se le ocupará; libre estará en su casa por un año, para alegrar a la mujer que tomó."

Dios protege el hogar aun en el tiempo de guerra. Dios respeta la santidad del voto del matrimonio.

Y pasamos ahora a considerar algunos reglamentos varios también aquí en este capítulo 24 de Deuteronomio. Leamos el versículo 7:

"Cuando fuere hallado alguno que hubiere hurtado a uno de sus hermanos los hijos de Israel, y le hubiere esclavizado, o le hubiere vendido, morirá el tal ladrón, y quitarás el mal de en medio de ti."

Vemos aquí que Dios condena la esclavitud. De eso no hay duda alguna. Pasemos ahora al versículo 20 y leamos hasta el versículo 22 de este capítulo 24 de Deuteronomio:

"Cuando sacudas tus olivos, no recorrerás las ramas que hayas dejado tras de ti; serán para el extranjero, para el huérfano y para la viuda. Cuando vendimies tu viña, no rebuscarás tras de ti; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda. Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto; por tanto, yo te mando que hagas esto."

Dios estaba cuidando de los desvalidos, aquellos menos afortunados. Dios tenía un buen plan para los pobres, y lo interesante es que tenía éxito. Veremos esto un poco más tarde, cuando lleguemos a nuestro estudio del libro de Rut.

Y concluimos así nuestro estudio del capítulo 24 de Deuteronomio. Pasamos ahora al capítulo 25. El tema central de este capítulo 25 es el "Castigo de los culpables; la ley que protege a las viudas; el castigo por crímenes cometidos y el juicio de Amalec". Todavía estamos en la sección de este libro de Deuteronomio que da una repetición de la ley. Esta subdivisión tiene que ver con los reglamentos de las relaciones domésticas y personales.

Veamos pues, en primer lugar, "el castigo de los culpables". Había ciertos crímenes que surgieron a causa de dificultades entre los individuos. Creemos que en nuestra nomenclatura legal hoy en día, los llamaríamos delitos de menor cuantía. Estos no eran crímenes serios que merecieran la sentencia de muerte. Sin embargo, sí requerían castigo. Leamos pues los primeros tres versículos de este capítulo 25 de Deuteronomio:

"Si hubiere pleito entre algunos, y acudieren al tribunal para que los jueces los juzguen, éstos absolverán al justo, y condenarán al culpable. Y si el delincuente mereciere ser azotado, entonces el juez le hará echar en tierra, y le hará azotar en su presencia; según su delito será el número de azotes. Se podrá dar cuarenta azotes, no más; no sea que, si lo hirieren con muchos azotes más que éstos, se sienta tu hermano envilecido delante de tus ojos."

No podían dar más de cuarenta azotes. De otro modo, existía el peligro de matar al hombre. Suponemos que hayan usado realmente cualquier número de azotes durante su historia tan larga. Pero el número de azotes, uno hasta 40, dependía de la seriedad del crimen. Éste es un método de castigo que ha pasado de moda por completo. Pero hay abogados hoy en día que creen que muchísimo de nuestro libertinaje actual, podría ser detenido si hubiera la flagelación pública. Cuando arrestan a un hombre por algún crimen, de costumbre le meten en una cárcel con aire acondicionado para que pueda haraganear. Ahora, a él no le importa holgazanear, de modo que en realidad no le están castigando. Pero si fuera llevado afuera y flagelado públicamente, no estaría tan dispuesto a cometer las mismas o más faltas. Dios pensó que el azotar detendría muchos crímenes, y por lo tanto así lo dispuso. Y no creemos que hubiera muchos crímenes en Israel. Dudamos que el nivel de crímenes en Israel, llegara al nivel de crímenes de hoy en nuestros países. Leamos ahora el versículo 4 de este capítulo 25 de Deuteronomio:

"No pondrás bozal al buey cuando trillare."

Vemos aquí una cosa amable. Dios protege al buey. Sin embargo, usted puede ver allá algunos de esos bueyes hoy, dando vuelta tras vuelta trillando, y con el bozal puesto. Dios había dicho que no debían ponerle bozal. El buey está trabajando; está trillando. Y Dios dice que tiene derecho a comer.

Ahora, el apóstol Pablo se refiere al libro de Deuteronomio y se sirve de este versículo en su primera carta a los Corintios, capítulo 9, versículos 9 al 11 cuando dice: "Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material?"

¿Ve usted amigo oyente, como el apóstol Pablo aplica esto? El dice: "¡Páguese al predicador!" El hombre que le atiende con cosas espirituales, le está dando a comer el alimento espiritual. Usted por su parte, debe alimentarle a él con comida material. Así es como Pablo hace la aplicación de este versículo.

Mientras me siento aquí y hablo con usted, hago una grabación. Y miro las manecillas del reloj dando vuelta tras vuelta. Me siento como el buey que trilla. ¿Y sabe usted? Eso es lo que trato de hacer para usted: trillar. Dios manda que no pongamos bozal al buey que trilla. Voy pues a dejar que usted haga su propia aplicación de esto.

Pasamos ahora a otro punto. Creemos que Dios tiene sentido del humor. Dios tiene una ley aquí, en cuanto al cuidado de las viudas. Fue eficaz, como veremos en el libro de Rut. Pero, a nosotros nos parece un poco divertida. Leamos pues los versículos 5 y 6 de este capítulo 25 de Deuteronomio:

"Cuando hermanos habitaren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella parentesco. Y el primogénito que ella diere a luz sucederá en el nombre de su hermano muerto, para que el nombre de éste no sea borrado de Israel."

Dios protegía al sexo femenino. Oímos hablar mucho hoy en día en cuanto al feminismo. Y es interesante que Dios protegió sus derechos. Debemos recordar que en Israel, la mayoría del pueblo eran labradores. La tierra fue repartida entre el pueblo, y cada uno tenía su propia porción de tierra. Ahora, cuando un hombre moría, dejaba una granja con todo su trigo y maíz, y también sus ganados de ovejas y bueyes. La viuda quedaba con esta granja para cuidar. Vamos pues a suponer que algún hombre de afuera, algún extranjero u hombre de otra tribu quisiera casarse con ella, y así obtener posesión de la tierra. No podía hacerlo, porque eso estaba prohibido. No le era permitido a ella casarse con alguien de afuera. Tenemos aquí un caso en el cual la viuda es la que se declara. Lo que debía hacer era ir y exigir que uno de los hermanos de su esposo se casara con ella. Si no tuviera hermano, iría al primo. Y así debía ir al pariente más cercano y declararse, pidiéndole que se casara con ella. Continuemos ahora con los versículos 7 hasta el 10 de este capítulo 25 de Deuteronomio:

"Y si el hombre no quisiere tomar a su cuñada, irá entonces su cuñada a la puerta, a los ancianos, y dirá: Mi cuñado no quiere suscitar nombre en Israel a su hermano; no quiere emparentar conmigo. Entonces los ancianos de aquella ciudad lo harán venir, y hablarán con él; y si él se levantare y dijere: No quiero tomarla, se acercará entonces su cuñada a él delante de los ancianos, y le quitará el calzado del pie, y le escupirá en el rostro, y hablará y dirá: Así será hecho al varón que no quiere edificar la casa de su hermano. Y se le dará este nombre en Israel: La casa del descalzado."

Si el hombre rehusaba casarse con ella, la mujer podía entonces llevarle a la corte. La puerta de la ciudad era la corte en aquel entonces, y la esposa podía llevarle a los ancianos y explicarle su caso. Ahora, si él rehusaba casarse con la viuda, había una pena. Quedaba deshonrado por no cumplir lo que debía cumplir según la ley. Revelaba el hecho de que no había sido fiel a su hermano, ni a su familia, ni a su tribu, ni a su nación, ni a su Dios. El hombre quedaba en deshonra.

Tenemos aquí un ejemplo maravilloso de la manera en que Dios protegió a la viuda. Veremos la vigencia de esta ley cuando lleguemos al libro de Rut. Fue usada eficazmente en ese libro.

¿Puede usted imaginarse cómo haría efecto esto en una familia en Israel? Suponga que hubiera una familia de cuatro hijos, que vivían en una finca en el país de Efraín. Ahora, supóngase que noche tras noche uno de los muchachos saliera con la linterna o el farol, o la antorcha y cuando llegara para acostarse, siempre llegaría silbando y cantando. Pronto la familia se reuniría y los hermanos le preguntarían a dónde iba noche tras noche. Ellos también indagarían hasta descubrir que había una hija en la familia que vivía camino abajo. Por tanto, el hermano confesaría que creía en la política del buen vecino y que había ido allí para visitarla. Y, tendría que confesar que estaba pensando en casarse con la muchacha.

Ahora, si a esos hermanos no les gustaba la muchacha, ¿puede usted imaginarse lo que pasaría? Ellos le dirían: "Mira, antes de que pienses casarte con esa muchacha, anda al médico para que te examine. Queremos asegurarnos de que estés bien de salud, antes de que te cases con ella; porque ninguno de nosotros quiere encargarse de ella". Esto era asunto serio amigo oyente. Casarse era un asunto de familia. Es fácil pues ver como esto unió a los de la familia. Éste fue el método de Dios para juntar a la familia en una relación más estrecha, y también para proteger a las viudas y a la tierra. Porque de esta manera, la tierra siempre quedaría en la familia. Ésta pues, era una ley muy buena.

Los versículos 11 al 16 de este capítulo 25 de Deuteronomio, nombran ciertos crímenes que se cometen cuando los hombres riñen. También se les mandó a los hombres a ser exactos en sus pesas y medidas.

Y aquí vamos a detenernos por hoy amigo oyente, porque nuestro tiempo ya se ha agotado. Continuaremos Dios mediante en nuestro próximo programa. Hasta encontrarnos de nuevo por esta misma frecuencia, deseamos para usted las incontables bendiciones del Señor.

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