Estudio bíblico de Génesis

Predicación escrita y en audio de Génesis 21:1-34

Génesis 21

En el capítulo anterior habíamos dicho que en la vida de Abraham y Sara, el pecado tuvo que ser confesado antes que ellos pudiesen recibir el cumplimiento de la promesa de Dios en el nacimiento de su hijo Isaac. Cuando actuaron bajo sus propia iniciativa y alejados de la voluntad de Dios, se enfrentaron con situaciones problemáticas y dolorosas. Solo después de reconocer su debilidad, su necesidad de la ayuda de Dios y de recuperar su confianza en El, pudieron disfrutar de las bendiciones de Dios. Este capítulo 21 comienza con el relato del

Nacimiento de Isaac

Leamos los versículos 1 y 2:

"Entonces el Señor visitó a Sara como había dicho, e hizo el Señor por Sara como había prometido. Y Sara concibió y dio a luz un hijo a Abraham en su vejez, en el tiempo señalado que Dios le había dicho."

Observamos que hay una notable similitud entre el nacimiento de Isaac y el de Jesucristo. El nacimiento de Isaac incluyó el propósito de presentar, antes del nacimiento de Cristo, una gran verdad ante la humanidad. Isaac nació en el momento establecido que Dios había prometido. Con respecto a Jesús, dice el apóstol Pablo en su carta a los Gálatas, capítulo 4:4,

"Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley."

Continuemos leyendo los versículos 3 al 7:

"Y Abraham le puso el nombre de Isaac al hijo que le nació, que le dio a luz Sara. Y circuncidó Abraham a su hijo Isaac a los ocho días, como Dios le había mandado. Abraham tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac. Y dijo Sara: Dios me ha hecho reír; cualquiera que lo oiga se reirá conmigo. Y añadió: ¿ Quién le hubiera dicho a Abraham que Sara amamantaría hijos ? Pues bien, le he dado a luz un hijo en su vejez."

Vamos a resaltar algunas verdades importantes. En primer lugar, el nacimiento de Isaac fue sobrenatural. Fue un hecho contrario a la naturaleza. En el cuarto capítulo de su carta a los Romanos, v. 19, el apóstol Pablo escribió que Abraham "contempló su propio cuerpo, que ya estaba como muerto, puesto que tenía como cien años, y la esterilidad de la matriz de Sara". Es decir que, de la muerte, Dios hizo surgir la vida. Realmente, fue un nacimiento milagroso. Y Dios no lanzó al mundo un acontecimiento como el nacimiento sobrenatural de Cristo, como algo nuevo. El comenzó a preparar a los seres humanos para ello y, en consecuencia, en aquel lejano pasado, el nacimiento de Isaac fue ya un verdadero milagro.

Dios también tuvo que ocuparse de Abraham y Sara. Ellos tuvieron que reconocer que nada podían hacer al respecto, porque les resultaría imposible tener un hijo. Abraham tenía 100 años de edad y Sara, 90. El hacer posible el nacimiento de Isaac estaba más allá de sus posibilidades,

Dice, además, el versículo 8:

"Y el niño creció y fue destetado, y Abraham hizo un gran banquete el día que Isaac fue destetado."

El pequeño se alimentó al principio con la leche materna. Pero llegó el día en que debió alimentarse de otra manera. Incluso este detalle, tiene una lección para nosotros. En su primera carta, en el capítulo 2:2, el apóstol Pedro nos dijo:

"desead como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcáis para salvación."

Seguramente habremos visto que cuando una madre está preparando el biberón, el niño que se encuentra en la cuna se expresa con todo su cuerpo. Agita sus manos, sus pies y eleva su voz, como pidiendo su alimento. Este versículo nos impulsa a ser cristianos con un apetito semejante por la Palabra de Dios. Y, con el transcurso del tiempo llega el día en que, a causa del crecimiento experimentado como creyentes, no nos conformamos con ciertos pasajes Bíblicos favoritos sino que intentamos leer más extensa y profundamente, para alimentarnos con la totalidad de la Biblia. Se nos pide que crezcamos y que no permanezcamos, como bebés, en un estado de infancia permanente. Tomemos nota de la amonestación de Dios en la carta a los Hebreos, capítulo 5:13 y 14:

"Porque todo aquel que toma solo leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos . . ."

Ahora, volviendo a nuestro texto, leamos los versículos 9 y 10, para ver el ambiente en la casa de Abraham que, ante una situación crítica, condujo a la

Expulsión de Agar e Ismael

"Y Sara vio al hijo que Agar la egipcia le había dado a luz a Abraham burlándose de su hijo Isaac, y dijo a Abraham: Echa fuera a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de ser heredero juntamente con mi hijo Isaac."

La presencia del joven Isaac en al hogar comenzó a causar problemas debido a la actitud burlona de Ismael. Hasta este momento su comportamiento había sido normal, pero ante la llegada del otro hijo, Ismael mostró su verdadero carácter.

Aquella situación familiar constituye un ejemplo de la situación personal del creyente, que por serlo, tiene dos naturalezas. Hasta que respondiendo a la invitación del Evangelio tengas una relación personal con Jesucristo, tienes --en el lenguaje Bíblico-- una vieja naturaleza que te controla y entonces, haces lo que quieres, y lo que haces, no siempre es lo mejor. Pero cuando inicias esa relación personal con Dios, que es como nacer de nuevo, iniciando una nueva clase de vida, recibes una nueva naturaleza. En cierta forma, esto ocasiona problemas. El apóstol Pablo, en el capítulo 7: 19 de su carta a los Romanos, escribe los siguiente: "Pues no hago el bien que deseo, sino el mal que no quiero, eso practico". Es decir, que la nueva naturaleza no quiere obrar mal, pero la vieja naturaleza sí, y ella ejerce el control. Por eso, llegará un día en que tendrás que decidir bajo el control de qué naturaleza quieres vivir. En realidad, se trata de estar o no dispuesto a ceder ante el Señor Jesucristo. Se trata de permitir que el Espíritu Santo de Dios actúe en tu vida o si no, tienes que pasarte la vida controlado por tu vieja naturaleza. También dice el apóstol Pablo, en su carta a los Gálatas, capítulo 5:19 y 20;

"Andad en el Espíritu y no cumpliréis el deseo de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis."

Para un hijo de Dios, no existe una tercera alternativa. Comparando esta problemática con la situación familiar en la casa de Abraham, y utilizándola alegóricamente para ilustrar nuestra situación, el hijo de la esclava, que equivale a la viaja naturaleza, debía ser apartado de esa situación. Eso fue precisamente lo que sucedió cuando el hijo de Agar fue expulsado.

Continuemos leyendo el versículo 11:

"Y el asunto angustió a Abraham en gran manera por tratarse de su hijo."

Después de todo, físicamente hablando, Ismael eran tan hijo de Abraham como Isaac. Este, acababa de nacer y como niño pequeño que era, no sabía mucho de sí mismo. Pero Ismael, ya un adolescente, llevaba muchos años en el hogar y, como es lógico, Abraham se sentía apegado a él y le resultaba muy doloroso echarlo de casa. Y desde el punto de vista divino, como hemos indicado anteriormente, Dios, desde un principio, no había aprobado la conducta precipitada de Abraham y Sara al adelantarse a los planes divinos, y consideró un pecado que ellos hubieran tratado de solucionar la carencia de un hijo a su manera, recurriendo a la esclava Agar, en vez de esperar con confianza que Dios, que les había prometido un hijo, cumpliera su palabra. Sara no pudo soportar la tensa situación de tener a aquel hijo mayor burlándose constantemente. En consecuencia, Abraham, no tuvo más remedio que pasar por la dolorosa experiencia de expulsar a Ismael.

Como creyente, no puedes vivir en armonía con las dos naturalezas, la vieja y la nueva. Tendrás que tomar una decisión. El apóstol Santiago en su carta, capítulo 1:8, dice que "el hombre de doble ánimo es inestable en todos sus caminos". Esto explica la inestabilidad e inseguridad de muchos cristianos hoy en día. Quieren vivir de acuerdo con los valores del mundo pero, sin embargo, también quieren vivir conforme a las demandas del Señor Jesucristo; esto es imposible, por lo cual actúan como esquizofrénicos espirituales. Los griegos tenían una carrera en la cual participaban dos caballos juntos y el jinete apoyaba un pie en un caballo y otro pie en el segundo caballo y entonces, comenzaba la carrera. Todo iba bien mientras los caballos corriesen juntos. De la misma manera tú y yo, tenemos dos naturalezas; una de ellas podría estar representada por un caballo negro y la otra, por uno blanco. Sería magnífico que ambos actuasen juntos, pero no sucede así y el caballo negro va en una dirección y el blanco, en otra. Ante esta disyuntiva, debemos adoptar una decisión respecto a si queremos vivir bajo el control de la naturaleza vieja, o de la nueva. Por eso el apóstol Pablo nos dice en su carta a los Romanos, capítulo 6.13, "presentaos vosotros mismos a Dios . . . y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia".

Como hemos dicho ya, el carácter de Ismael había comenzado a ponerse en evidencia. Su actitud, es la forma de actuar que más tarde, a través de los siglos, se manifestaría en la nación que descendería de él. Esa nación sería antagonista y estaría en constante oposición a la descendencia de su hermano Isaac.

Como también hemos sugerido, el nacimiento de Isaac prefigura el nacimiento del Señor Jesucristo ya que Dios no haría realidad el nacimiento virginal de forma repentina para toda la humanidad. El nos vino preparando a través de varios nacimientos milagrosos que ya habían tenido lugar anteriormente, como por ejemplo, el nacimiento de Juan el Bautista, el de Sansón, y aquí, el propio nacimiento de Isaac. Vamos a destacar, a continuación, algunas comparaciones entre los nacimientos de Isaac y el del Señor Jesucristo.

(1) Tanto el nacimiento de Isaac como el de Cristo, habían sido prometidos. Cuando Dios había llamado a Abraham de Ur de los Caldeos, 25 años antes, le había prometido a él y a Sara un hijo. Y transcurridos esos años, Dios había cumplido su promesa. Y Dios también había comunicado a la nación de Israel que una virgen concebiría y daría a luz un hijo. Cuando el día señalado llegó, Jesús nació en Belén, en cumplimiento de aquella profecía. O sea, que ambos nacimientos habían siso prometidos.

(2) En ambos nacimientos hubo un prolongado período entre la promesa y su cumplimiento. En realidad, transcurrieron 25 años desde que Dios hizo la promesa hasta el nacimiento de Isaac. Y con el nacimiento de Cristo hubo que retroceder muchas generaciones. Por ejemplo, Dios había prometido que vendría alguien de la línea de David y esa promesa fue hecha 1.000 años antes de que Cristo naciese. Observemos este notable paralelismo.

(3) Los anuncios de los nacimientos parecieron imposibles de creer y fueron recibidos con incredulidad por Sara y María. Recordemos cuando los ángeles visitaron a Abraham cuando se dirigían hacia Sodoma y le anunciaron el nacimiento de Isaac. Como parecía imposible, Sara se rió pensando que eso no podría suceder, que esa posibilidad desbordaba toda creencia. Y con respecto al nacimiento virginal de Cristo, ¿ quién fue la primera persona en cuestionar el nacimiento ? Pues fue la misma virgen María que, ante el anuncio del ángel dijo: "¿Cómo será esto, puesto que soy virgen?"

(4) Tanto a Isaac como a Cristo se les puso el nombre antes de sus respectivos nacimientos. A Abraham y a Sara se les dijo que tendrían un hijo cuyo nombre sería Isaac. Y en cuanto a Jesús, ya antes de su nacimiento el ángel le había dicho a José: "le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados".

(5) Ambos nacimientos tuvieron lugar en el tiempo designado por Dios. En el versículo 2 de este capítulo se decía que en el tiempo señalado que Dios le había dicho a Sara, ella daría a luz a Isaac. En el caso de Cristo, el apóstol Pablo dijo en su carta a los Gálatas capítulo 4:4, "cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su hijo . . ."

(6) Ambos nacimientos fueron milagrosos.

(7) Ambos hijos trajeron alegría a sus padres. El significado del nombre Isaac era "el que ríe", en referencia al momento en que Dios le anunció a Abraham su llegada, y él se rió a consecuencia de la verdadera alegría que sintió. En cuanto al Señor Jesús, leemos en el Evangelio según Mateo, capítulo 3:17 que el Padre, hablando desde el cielo dijo: "Este es mi Hijo amado en quien me he complacido".

(8) Ambos hijos fueron obedientes a sus padres, incluso ante la muerte. En el capítulo 22 de Génesis veremos que el muchacho Isaac, que tenía en ese momento unos 33 años de edad, iba a ser ofrecido como sacrificio por su padre y adoptó en todo momento una actitud de obediencia. Y del Señor Jesucristo se dijo que fue "obediente hasta la muerte".

(9) Finalmente, el nacimiento milagroso de Isaac es una figura de la resurrección de Cristo. Ya hemos citado las palabras del apóstol Pablo en el libro de Romanos, capítulo 4:19, de que Abraham "contempló su propio cuerpo, que ya estaba como muerto . . . Y la esterilidad de la matriz de Sara". De la muerte surgió la vida, es decir, la resurrección. Después de estas palabras, en al versículo 25, Pablo continuó diciendo del Señor Jesús: "fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado por causa de nuestra justificación".

Proseguimos con la lectura de nuestro texto y veremos que Dios trató a Agar y a su hijo Ismael con benevolencia: leamos los versículos 12 al 21:

"Mas Dios dijo a Abraham: No te angusties por el muchacho ni por tu sierva; presta atención a todo lo que Sara te diga, porque por Isaac será llamada tu descendencia. Y también del hijo de la sierva haré una nación, por ser tu descendiente. Se levantó, pues, Abraham muy de mañana, tomó pan y un odre de agua y los dio a Agar poniéndoselos sobre el hombro, y le dio el muchacho y la despidió. Y ella se fue y anduvo errante por el desierto de Beerseba. Y el agua en el odre se acabó, y ella dejó al muchacho debajo de uno de los arbustos, y ella se fue y se sentó enfrente, como a un tiro de arco de distancia, porque dijo: Que no vea yo morir al niño. Y se sentó enfrente y alzó su voz y lloró. Y oyó Dios la voz del muchacho que lloraba; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿ Que tienes, Agar? No Temas, porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. Levántate, alza al muchacho y sostenlo con tu mano; porque yo haré de él una gran nación. Entonces Dios abrió los ojos de ella, y vio un pozo de agua; y fue y llenó el odre de agua y dio de beber al muchacho. Y Dios estaba con el muchacho, que creció y habitó en el desierto, y se hizo arquero. Y habitó en el desierto de Parán, y su madre tomó para él una mujer de la tierra de Egipto."

A partir de este punto, las Sagradas Escrituras dejan de ocuparse de la línea de descendencia de Ismael. El último párrafo del capítulo relata el episodio del encuentro entre

Abraham y Abimelec en Beerseba

Y para abreviar, solo leeremos los versículos 22, 23, y del 32 al 34:

"Aconteció por aquel tiempo que Abimelec, con Ficol, jefe de su ejército, habló con Abraham, diciendo: Dios está contigo en todo lo que haces; ahora pues, júrame aquí por Dios que no obrarás falsamente conmigo, ni con mi descendencia, ni con mi posteridad, sino que conforme a la bondad que te he mostrado, así me mostrarás a mí, y a la tierra en la cual has residido. Hicieron, pues, un pacto en Beerseba; y se levantó Abimelec con Ficol, jefe de su ejército, y regresaron a la tierra de los filisteos. Y Abraham plantó un tamarisco en Beerseba, y allí invocó el nombre del Señor, el Dios eterno. Y peregrinó Abraham en la tierra de los filisteos por muchos días."

En resumen, Abimelec quiso concretar un tratado con Abraham y, a causa de ello, establecieron una relación de amistad. Es significativo que Abraham invocó el nombre del Señor. Este acto nos recuerda su fe, expresada en los altares que edificó y en cada momento importante de su vida, que fue consagrado a Dios, manteniendo viva su comunión y comunicación con El, tratando de vivir de acuerdo con las promesas y bendiciones que Dios le concedió.

El amor de Dios se expresa hoy a través de la llamada personal del Evangelio. Es el mensaje de las buenas noticias. Por medio de Jesucristo, que en su humanidad fue descendiente de Abraham, todo aquel que quiera puede recibir la salvación, por la obra redentora realizada en la cruz. El Dios que tuvo una relación personal con aquel patriarca, quiere establecerla contigo. Entonces, siendo un hijo o una hija suya, podrás hablar con Él y el te escuchará. Podrás preguntarle, pedirle, y El te responderá.

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Estudios bíblicos por libros de la Biblia
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Comentario bíblico de Marcos