Estudio bíblico de Deuteronomio 30:1-20

Deuteronomio 30:1-20

Continuando nuestro estudio en el libro de Deuteronomio, llegamos hoy al capítulo 30. En este capítulo encontramos el Pacto Palestino propiamente dicho, que Dios hizo con Israel. Notará usted que en este pacto no había ninguna condición. Comenzaba diciendo qué sucedería y que ellos, es decir, los israelitas, se convertirían al Señor su Dios. Dios mismo cambiaría sus corazones. Ésta fue una promesa incondicional de bendición futura. Leamos los primeros tres versículos de este capítulo 30 de Deuteronomio.

"Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado Jehová tu Dios, y te convirtieres a Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, entonces Jehová hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios."

Dios hizo aquí siete grandes promesas. Él hizo estas declaraciones, que eran incondicionales. El versículo 1 dice que serían dispersados entre todas las naciones. La nación de Israel sería arrancada de su tierra a causa de su infidelidad. Y eso es lo que ha sucedido.

El versículo 2 dice que habrá un arrepentimiento futuro de Israel en su dispersión; y que ellos se convertirán a Dios. Quizá alguien pregunte si su regreso se producirá en base a su obediencia. Parece lógico que si fueron dispersados a causa de su desobediencia, regresarán a causa de su obediencia. Pero, estimado oyente, éste es el orden de la gracia y no el de la ley. No van a regresar por ser obedientes, sino que serán obedientes con motivo de su regreso. Dios les traerá de vuelta a la tierra. El retorno de Israel a su propia tierra es el tema de unas doce profecías mayores en el Antiguo Testamento, y las consideraremos atentamente cuando lleguemos a su estudio correspondiente.

Ahora, el versículo 3 dice que su Mesías volverá. Y preste mucha atención a esto porque es muy importante. Esta frase "volverá a recogerte..." en este versículo, se implica el regreso del Señor Jesucristo. Se trata de la primera mención del retorno de Cristo a la tierra. Podríamos leerlo así: "Entonces el Señor volverá para recogerte de entre todos los pueblos...". El profeta Amós lo confirmó cuando habló de este mismo asunto en el capítulo 9 de su profecía, versículos 9 al 14, en particular el versículo 11 donde dijo: "En aquél día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus brechas y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado...". La expresión "En aquél día..." en este versículo, se refiere al día del regreso del Señor Jesucristo. Y el Apóstol Santiago citó estas palabras, hablando en el capítulo 15 del libro de los Hechos de los Apóstoles, versículos 15-17, cuando dijo: "Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busquen al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre". Ahora, cuando lleguemos a la epístola de San Judas, en el Nuevo Testamento, veremos que Enoc mencionó el hecho de que Cristo regresará, pero dicha profecía no se incluyó en el Antiguo Testamento. Ésta es una profecía extraordinaria, pero todavía no se ha cumplido. Hasta su cumplimiento, la tierra no será bendecida ni tendrá paz. (Habrá paz en aquella tierra en ese tiempo, como lo expresa el profeta Jeremías en el cap. 23 de su profecía, versículos 1 al 8 y también en el cap. 33, versículos 6 al 18.)

Volviendo ahora al capítulo 30 de Deuteronomio, leamos los versículos 4 y 5:

"Aun cuando tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá Jehová tu Dios, y de allá te tomará; y te hará volver Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres."

Tenemos aquí la cuarta gran promesa de Dios. Israel va a ser restaurado a la tierra. Ésta es una promesa incondicional. Ninguna cantidad de dispersiones puede cambiar el hecho de que en el futuro Dios les traerá de vuelta a su propia tierra, como lo declara el versículo 4.

La quinta promesa es que habrá una conversión nacional. Leamos el versículo 6 de este capítulo 30 de Deuteronomio.

"Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas."

Hallamos esta misma promesa reafirmada en las profecías de Jeremías y Oseas, y el apóstol Pablo la expresó en su epístola de los Romanos.

La sexta promesa mencionada aquí declara que los enemigos de Israel serán juzgados. Israel volverá y entonces obedecerá la voz del Señor. Ése es el orden de la gracia. Y luego sus enemigos serán juzgados. Continuemos leyendo los versículos 7 y 8.

"Y pondrá Jehová tu Dios todas estas maldiciones sobre tus enemigos, y sobre tus aborrecedores que te persiguieron. Y tú volverás, y oirás la voz de Jehová, y pondrás por obra todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy."

Por último, la séptima promesa maravillosa es que Israel recibirá entonces su bendición completa. Leamos los versículos 9 y 10 de este capítulo 30 de Deuteronomio.

"Y te hará Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, para bien; porque Jehová volverá a gozarse sobre ti para bien, de la manera que se gozó sobre tus padres, cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma."

¿Cuándo será el día del regreso de Israel a su tierra? ¿Acaso se está llevando a cabo ahora mismo? Bueno, no podemos ser dogmáticos en cuanto a lo que no sabemos. Se declara claramente que cuando vuelvan a su tierra, será en una actitud de obediencia a Dios. No habrá bendición para ellos en la tierra sino hasta cuando vuelvan en obediencia, con el nuevo corazón que Dios les dará. Esto tendrá lugar en el tiempo en que Dios les traiga de vuelta a la tierra. El actual retorno a Israel no está teniendo lugar en obediencia a Dios. Creemos que el retorno definitivo de Israel a su tierra, de acuerdo con la promesa del pacto, es aún un hecho futuro e incondicional, porque será Dios mismo quien les traerá nuevamente a su tierra.

Veamos ahora la amonestación final en este capítulo 30 de Deuteronomio. Leamos los versículos 11 hasta el 14.

"Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos? Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos? Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas."

Israel no podía aducir como excusa que no conocía el mandamiento de Dios. Dios se lo había comunicado a ellos mismos, y ellos lo sabían.

También nosotros tenemos una responsabilidad, nosotros que vivimos en una época en que nos es posible escuchar el mensaje del Evangelio. Estimado oyente, usted no tiene que ir al cielo para obtener la salvación. No necesita cruzar el océano para encontrarla. Permítanos decirle, que la salvación está muy cerca de usted. Está tan cerca como su propio receptor de radio; tan cerca como un predicador o algún otro cristiano que pueda comunicarle la Palabra de Dios. Y usted tiene la responsabilidad de actuar en base a lo que ha escuchado. Usted es responsable. Allí es donde su libre albedrío entra en acción, estimado oyente. Mi responsabilidad es proclamar la Palabra de Dios. Yo trato de hacer que esa Palabra llegue hasta su oído por medio de la radio. Pero no puedo llegar más allá. De allí en adelante, es usted quien tiene que decidir, estimado oyente. Es un privilegio para mí traerle hoy la Palabra de Dios; pero después de escucharla, le toca a usted hacer algo en cuanto a lo que ha oído.

Quisiéramos pasar un poco más de tiempo aquí en estos versículos. Este pasaje aquí en Deuteronomio es realmente profético y habla de un día cuando Israel volverá a Dios con todo su corazón y su alma, y Dios hará un nuevo pacto con ellos. Jeremías dijo lo siguiente, allá en el capítulo 31 de su profecía, versículos 31 al 33: "He aquí que vienen días, dice el Señor, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día en que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice el Señor. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo."

Moisés estaba hablando en cuanto al futuro, y Jeremías también se estaba refiriendo al futuro. Dios había hecho un pacto con Israel. Ahora en las transacciones humanas un pacto es una promesa; es decir, un acuerdo o un contrato. Todos los pactos que Dios hizo con Israel son pactos eternos, excepto el pacto Mosaico que son los Diez Mandamientos. Ese pacto era temporal y debía continuar hasta la venida de la descendencia prometida. Pero el pacto con Abraham es eterno, y el Pacto Palestino también lo es. El profeta Ezequiel dijo en el capítulo 16 de su profecía, versículo 60: "Antes bien, yo tendré memoria de mi pacto que concerté contigo en los días de tu juventud, y estableceré contigo un pacto eterno". Eso es lo que hace que sea verdadero. Es un pacto literal, un pacto eterno, un pacto que Dios hizo con Israel. Dios nunca nos prometió a nosotros esa tierra.

Esto se proyecta hacia adelante; al tiempo futuro en que estarán en su tierra. Habrá salvación allí para ellos. ¿Por qué? Porque Cristo es quien instituirá este nuevo pacto que todavía está en el futuro. El apóstol Pablo se refirió a este tema y citó en el capítulo 10 de su epístola a los Romanos, versículos 4 al 10, estos versículos que estamos estudiando aquí en Deuteronomio capítulo 30. Dijo el apóstol Pablo: "Pues el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. Moisés escribe así de la justicia que es por la ley: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. Pero de la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quien subirá al cielo? (esto es para traer abajo a Cristo); o, ¿quien descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). Pero, ¿que dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación."

El apóstol Pablo no nos dio una cita directa de los versículos en Deuteronomio, sino que hizo una aplicación de esos versículos. El hecho de que Pablo recurriese a Moisés, constituyó un ejemplo notable de una exégesis hábil y esmerada, y el apóstol se explayó en ella. Porque ésta es una parte importante de la Escritura.

Ahora fíjese usted que Pablo no dijo que Moisés escribió esto. Fue la justicia que es por la fe la que "... dice así..." como vimos en el versículo 6 de este pasaje que acabamos de leer en el capítulo 10 de la epístola a los Romanos. Pablo no substituyó la ley por la fe en su epístola a los Romanos. Más bien, estaba enseñando que la justicia por la fe fue atestiguada por la ley y por los profetas. En la misma carta a los Romanos, capítulo 3, versículo 21, el apóstol dijo: "Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas."

Así, pues, el pasaje en Deuteronomio es profético. Habla de un día cuando Israel volverá a Dios con todo su corazón y su alma, y Dios hará un nuevo pacto con ellos. No necesitarán ir al cielo, ni más allá del mar. ¿Por qué? Porque Cristo ha venido. No será necesario subir al cielo para traer abajo a Cristo. ¡Él ya ha venido! Tampoco será necesario levantarle de los muertos. ¡Él ya ha sido resucitado! Volviendo al pasado, vemos que estos Israelitas habían estado bajo la ley por 1.500 años. La conocían de memoria y como ritual, pero la ley no había traído la justicia. Cristo vino así como la ley había venido. Cristo no fue alguien que estuvo muy distante. Cristo había venido y había estado entre ellos. Murió y resucitó entre ellos. Esta justicia por la fe estaba disponible para ellos así como hoy está disponible para todos nosotros, porque ha sido predicada por siglos, y ha llegado hasta nosotros. Es esa justicia que es por la fe la que dice que no es necesario subir al cielo, ni descender al abismo para encontrar a Cristo. Él está cerca, en su boca y en su corazón. El día vendrá cuando el pueblo de Dios, Israel, verá esto. La justicia que es por la ley, no había traído la salvación. Pero la justicia que es por la fe, sí trae salvación.

Volviendo ahora al capítulo 30 de Deuteronomio, que estamos considerando, leamos los versículos 15 y 16:

"Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella."

La ocupación y posesión de la tierra prometida por los Israelitas y su bendición en ella estaría determinada por su obediencia. Moisés hizo una reseña histórica y dijo que serían sacados de la tierra cuando desobedecieran. Pero Dios prometió traerles de nuevo. Por último, Él les hará regresar y nunca jamás saldrán de nuevo. ¿Por qué? ¿Porque le obedecerán? ¡No! Sino porque Dios cumplirá su pacto. Les traerá de regreso a su tierra, y entonces le obedecerán.

Y así es con nosotros, estimado oyente. Dios nos pide confiar en el Señor Jesucristo como nuestro Salvador personal; y después de eso, nos habla en cuanto a la obediencia. Dice Él: "Si me amáis, guardad mis mandamientos". (Primero debe haber amor para el Salvador. Entonces, si decimos que lo hay, Dios pide que le obedezcamos.)

Pasemos ahora al versículo final de este capítulo 30 de Deuteronomio donde el versículo 20 dice:

"amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar."

Repetimos que el amor y la obediencia constituyen el gran tema de Deuteronomio. Si este asunto fue de tanta importancia para los Israelitas, ¡cuánto más importante es para usted y para mí en este día de la gracia, en el que hemos recibido tanta más luz, más conocimiento! Siendo que se nos ha dado tanto más, nuestra responsabilidad es aún mayor en el día de hoy. Una de las cosas por las cuales oro, con más fervor que por cualquier otra cosa, es que yo sea guardado cerca de Él. Estimado oyente, hoy nos hace mucha falta estar cerca al Señor Jesucristo. ¡Eso es muy importante!

Y así terminamos nuestro estudio de este capítulo 30 de Deuteronomio. En nuestro próximo programa, Dios mediante, entraremos en el capítulo 31 donde encontramos los últimos consejos de Moisés. Llegaremos así a la última sección del libro de Deuteronomio, que es una canción de Moisés y comprende los capítulos 31 al 34. Esta última sección del libro de Deuteronomio, comienza con el quinto discurso que Moisés pronunció ante los hijos de Israel y que se encuentra en este libro. Nos estamos acercando ahora al final de la vida de Moisés. Todo lo que hemos estudiado hasta aquí en el Antiguo Testamento ha sido escrito por Moisés. Y gran parte de este material ha tratado acerca de Moisés mismo. Ha sido una persona clave desde el tiempo en que los israelitas salieron de la tierra de Egipto. Fue el líder de Israel durante 40 años; y nos ha dejado un registro de los 120 años de su vida. La Biblia resaltó tanto sus debilidades como su entrega y amor a Dios y a su pueblo. Fue uno de los más elocuentes ejemplos Bíblicos de cómo Dios transforma a una persona, le imprime un propósito, y una motivación para vivir y la fortalece para llevar a una misión imposible de realizar con los limitados recursos humanos.

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