Estudio bíblico de Jueces 5:21-6:15

Jueces 5:21-6:15

Continuamos hoy nuestro estudio en el capítulo 5 de los Jueces. Y vamos a comenzar leyendo los versículos 21 al 23, donde continúa la canción de Débora y de Barac. Dicen así:

"Los barrió el torrente Cisón, el antiguo torrente, el torrente Cisón. ¡Marcha, alma mía, con poder! Entonces resonaron los cascos de los caballos por el galopar, por el galopar de sus valientes. ¡Maldecid a Meroz!, dijo el ángel del Señor, maldecid severamente a sus moradores, porque no vinieron en ayuda del Señor, en ayuda del Señor contra los fuertes."

El versículo 23 es un versículo extraño, y francamente no sé quien era Meroz. Sin embargo, hay una cosa que sí sé con toda certeza y es que yo no querría ser un habitante de la ciudad de Meroz. No vinieron a ayudar a la obra del Señor, y por tanto fueron maldecidos. Ahora, continuemos con el versículo 24 de este capítulo 5 de Jueces:

"Bendita sea entre las mujeres Jael, mujer de Heber, el ceneo; entre las mujeres, bendita sea en la tienda."

A pesar de su acto tan brutal, Jael fue considerada la heroína de su tiempo. Ahora, Dios no aprueba tales hechos. Pero ésta fue una época de guerra y de sufrir las consecuencias de la guerra. Por todas partes quedaron señales del holocausto de la batalla; los cuerpos muertos, y las secuelas de la guerra. Las almas de los hombres se ennegrecieron y quedaron marcadas con cicatrices. El follaje de la civilización fue removido cual fachada exterior. Enmarañado y nudoso, el tronco del barbarismo se reveló. Lo que hizo Jael fue una acción terrible. La mujer ha sido creada con más belleza que el hombre. Hay algo hermoso que ha desaparecido de la vida en la actualidad, y creemos que algún aspecto de lo que se ha perdido se centra en el sexo femenino, y algún otro, en el sexo masculino. En esta canción se reveló el corazón de una madre. Ella se acordó de que Sísara, el jefe militar, aunque había sido un enemigo, tenía una madre. Y aunque alabó a Jael por lo que ella hizo, pensó en la madre de Sísara Pasemos ahora el versículo 28 y leamos hasta el versículo 30 de este capítulo 5 de Jueces:

"La madre de Sísara se asoma a la ventana, y por entre las celosías dice a voces: ¿Por qué tarda su carro en venir? ¿Por qué las ruedas de sus carros se detienen?. Las más avisadas de sus damas le respondían, y aun ella se respondía a sí misma: ¿No será que han hallado botín y lo están repartiendo? A cada uno, una doncella o dos; las vestiduras de colores para Sísara, las vestiduras bordadas de colores; la ropa de color bordada por ambos lados, para los jefes de los que tomaron el botín."

La madre de Sísara supo en su corazón lo que había sucedido. Ella sabía que él había sido muerto. Había creído que volvería a casa, pero él nunca llegó. Aun en este caso, el corazón de Débora se compadeció de esta mujer porque era una madre. Ahora el versículo 31, versículo final de este capítulo 5 de Jueces dice:

"Así perezcan todos tus enemigos, Señor; mas brillen los que te aman, como el sol cuando sale en su esplendor. Y hubo paz en la tierra durante cuarenta años."

Ha habido madres en el pasado que han superado obstáculos en tiempos malos, en tiempos difíciles como en los que Débora vivió. Lea usted la historia de Agustín, por ejemplo. El tuvo una maravillosa madre que se llamaba Mónica, y oraba mucho por él. Agustín era un corrompido profesor de universidad. Pero por fin llegó a los pies de Jesucristo. Tenemos también a Susana Wesley, quien oraba por sus dos hijos. Es posible que usted haya oído hablar de ellos. Sus nombres son Juan y Carlos Wesley. Ahora, no estamos hablando en cuanto a la adoración del sexo femenino, ni de la maternidad. Pero sí queremos decir que estamos alejándonos mucho de la concepción de Dios al respecto. ¡Qué descripción hallamos aquí en Débora y su canción! ¡Qué ejemplo a imitar!

Y así finalizamos nuestro estudio del capítulo 5 de los jueces. Llegamos ahora a

Jueces 6:1-15

Considerando la totalidad de este capítulo, tenemos los siguientes eventos: los israelitas a causa de su pecado, fueron oprimidos por Madián; un ángel envió a Gedeón para librarlos; la ofrenda de Gedeón fue consumida por fuego; Gedeón destruyó el altar de Baal; y por último tenemos las señales reveladas a Gedeón.

Gedeón fue el siguiente juez. Fue llamado a ser juez en el capítulo 6, y el capítulo 7 relata cuán poderosamente Dios le usó. El fue uno de los jueces más interesantes, aunque no el más sobresaliente. En realidad, ninguno de los jueces fue prominente. En general, fueron hombres caracterizados por la mediocridad. Eran hombres comunes y extraños. Cada uno fue insignificante, insuficiente e inadecuado. Cada uno de ellos tuvo algún desliz en su vida, algún fallo evidente, y a veces ese defecto fue la misma razón por la cual Dios los eligió y los utilizó.

Ahora nos agradaría añadir algunos de los antecedentes de este incidente, con algunos hechos que creemos muy pertinentes. Por muchos años los críticos descartaron la narración de los Jueces. Dijeron que como no localizaron estos eventos en la historia secular, estos realmente no ocurrieron y que no había ninguna situación en el pasado a la cual pudieran corresponder. Pero, esta idea ya ha cambiado a causa de la pala del arqueólogo y a la investigación de hombres tales como Burney, Moulton, Breasted y Garstang. Estos destacados eruditos, nos han proporcionado los antecedentes y el trasfondo del libro de los Jueces.

Ahora, sabemos que en este tiempo particular de la historia, Egipto era poco fuerte. Había sido un poder mundial, pero en la época de nuestro relato era débil, porque en este período los faraones que estaban en el poder, eran hombres políticamente débiles. También había problemas y dificultades interiores y, en consecuencia, esta nación perdió su control sobre sus colonias, y la colonia principal era Palestina. Pues Israel estaba bajo el mando de Egipto. Las tribus nómadas al oriente y al sur del mar Muerto, empezaron a presionar y a traspasar los límites del territorio ajeno, debido a la sequía en su tierra, la cual habían experimentado por muchos años. Por tanto, estas tribus nómadas del desierto comenzaron a invadir el territorio de Israel. Los madianitas y los amalecitas se encontraban entre los pueblos beduinos del desierto que entraron en la tierra prometida. La historia de Gedeón comenzó con esa situación. Leamos pues los primeros dos versículos de este capítulo 6 de Jueces, que comienza el relato en que

Israel pecó y fue oprimido por Madián

"Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos del Señor, y el Señor los entregó en manos de Madián por siete años. Como la mano de Madián los oprimía cada vez más, los hijos de Israel, por temor a los madianitas, se hicieron cuevas en los montes, cavernas y lugares fortificados."

Los madianitas y los amalecitas se desplazaban como una tribu nómada desorganizada. Eran atracadores. Despojaban los sembrados y víveres de otros pueblos. Generalmente llevaban con ellos a sus familias. El hecho es que transportaban con ellos todo lo que tenían. Y acampaban mientras avanzaban. Es por eso que en el relato de este incidente no se nos dio la cifra de su población porque no era posible contarlos, al carecer esos pueblos de toda organización. Pero a causa de lo numerosos que eran, abrumaron a los habitantes de la tierra prometida. Los israelitas huían de sus hogares y vivían en cuevas y en cavernas. Hay abundante evidencia actual en la tierra de Israel, de que ellos vivieron en cuevas, especialmente durante este período en particular.

Aquí tenemos nuevamente la misma vieja historia. Israel pecó y el ciclo histórico comenzó a ponerse en movimiento. Dios había bendecido a los hijos de Israel bajo la dirección de Débora. Pero cuando pecaron, Dios los entregó en manos de Madián, y ellos entonces clamaron por su liberación. Leamos ahora el versículo 5 de este capítulo 6 de Jueces:

"Con sus tiendas y sus ganados, subían como una inmensa nube de langostas. Ellos y sus camellos eran innumerables, y venían a la tierra para devastarla."

Los madianitas se dirigieron contra los hijos de Israel. Al entrar en la tierra prometida, llegaron como una plaga de langostas. Eran como dice aquí: "innumerables" y esa expresión significa que no habían sido contados. Era una multitud tan grande, que ni el enemigo los podía contar. Los madianitas vieron que Israel tenía buenas cosechas, y como a ellos les faltaban grano y víveres para ellos mismos y para sus animales, decidieron avanzar.

La tribu de Manasés, de la cual Gedeón era miembro, ocupaba la llanura en el cual estaba situado el Valle de Esdraelón (lugar donde en el futuro se librará la batalla de Armagedón). Aunque ellos habían ocupado aquel territorio, cuando estos nómadas entraron en esa región, los israelitas salieron hacia los montes, refugiándose en las cavernas y en las cuevas. Les fue necesario hacerlo. Y vieron como el enemigo recogía las cosechas que habían dejado atrás. Éste fue el período histórico en el cual la historia de Gedeón tuvo lugar. Continuemos ahora leyendo los versículos 7 hasta el 10 de este capítulo 6 de Jueces:

"Cuando los hijos de Israel clamaron al Señor a causa de los madianitas, El Señor les envió un profeta, el cual les dijo: Así ha dicho el Señor, Dios de Israel: Yo os hice salir de Egipto y os saqué de la casa de servidumbre. Os libré de manos de los egipcios y de manos de todos los que os afligieron, a los cuales eché de delante de vosotros, y os di su tierra. También os dije: Yo soy el Señor, vuestro Dios: No temáis a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis. Sin embargo, no habéis obedecido a mi voz."

Aquí encontramos a Israel una vez más, lamentando y quejándose. Pero Dios fue misericordioso y bondadoso con ellos. Un profeta vino y les explicó por qué se hallaban en esa condición. Clamaron a Dios, y Dios por misericordia, les envió a otro juez. Y tenemos entonces a

Gedeón, el sexto juez

Ahora, en esta coyuntura, Dios hizo aparecer a Gedeón en una situación realmente embarazosa. Se nos dice lo siguiente en el versículo 11:

"Entonces vino el ángel del Señor y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita. Gedeón, su hijo, estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas"

Gedeón no se nos presentó aquí como un héroe ni como un hombre sobresaliente. ¿Sabe usted lo que estaba haciendo? Estaba limpiando el trigo en el lagar, a escondidas. Ahora, el lagar era la clave de toda esta situación. Es que en aquel entonces, el lagar siempre se colocaba al pie de la colina porque allí bajaban las uvas de la viña. Naturalmente, llevaban las uvas pesadas cuesta abajo. Las traían al lugar más bajo. En contraste, la era siempre se colocaba en la parte alta de la colina, la colina más alta que había, para aprovechar el viento que arrebataba la cizaña o la paja menuda e inservible del grano.

Encontramos pues aquí a Gedeón sacudiendo el trigo al pie de la colina. Ahora, ése sería el lugar adecuado para traer las uvas, pero no era el lugar apropiado para traer el trigo y sacudirlo. ¿Puede usted estimado oyente, imaginarse la frustración de este hombre? ¿Por qué no subía hasta la parte alta de la colina? Bueno, porque tenía miedo a los madianitas. No quería que le vieran sacudiendo el trigo. Y bien podemos hacernos una idea de su frustración. El aire no llegaba allí abajo donde él se encontraba, y menos el viento. Por lo tanto, echaba el trigo al aire, y ¿qué sucedía? ¿Era acaso aquel polvo o paja menuda llevada por el viento? No. Bajaba por su cuello introduciéndose por su ropa, haciéndole sentir muy incómodo. Pero allí estaba, tratando de sacudir el trigo lo mejor que podía en un lugar como ese. Y al mismo tiempo reprochándose por ser cobarde, por tener miedo de subir a la parte alta de la colina. Creemos que habrá mirado colina arriba anhelante, y pensando: ¿me atrevo a subir, o no? Gedeón estaba pasando por una experiencia muy frustrante. Pero Dios iba a usar a este hombre. Y veremos por qué Dios usó este tipo de persona.

Fue en ese momento en que se le apareció el ángel del Señor, el cual muchos de nosotros creemos no era otro que el Cristo pre-encarnado. Leamos el versículo 12 de este capítulo 6 de Jueces:

"cuando se le apareció el ángel del Señor y le dijo: El Señor está contigo, hombre esforzado y valiente."

Ahora, no me diga estimado oyente, que no hay sentido del humor en la Biblia. ¿No cree usted que parece humorístico llamar a Gedeón, varón esforzado y valiente? Dios es un humorista maravilloso. Por supuesto que la Biblia es un libro serio. Habla de una raza que se halla controlada por el pecado, y se ocupa de la salvación de Dios para esa raza. Revela a un Dios Santo y exaltado. Pero Dios tiene sentido del humor, y si usted no aprecia esa característica en la Biblia, algunas veces no la hallará tan interesante.

Jesucristo tenía sentido del humor. Un día, por ejemplo les dijo a los fariseos en Mateo 23:24: "¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!" Ahora, si usted no cree que eso tiene gracia, la próxima vez que vea un camello, mírelo bien. Un camello tiene más partes que sobresalen, que un vehículo espacial. Hasta tiene cuernos. También tiene la nuez de garganta más grande que existe. Tiene como almohadillas en sus rodillas, grandes uñas; algunos tienen una sola joroba, mientras que otros tienen dos. Por todas partes tienen protuberancias. Ahora, volviendo a las palabras de Jesús, ¿puede usted imaginarse a aquellos líderes religiosos intentando tragarse un camello? Dios, realmente, tiene sentido del humor.

Pues bien, una de las cosas más ocurrentes que el Señor pudo haber llamado a Gedeón fue "varón esforzado y valiente," porque era muy temeroso. Creo que cuando Gedeón miró hacia arriba y le oyó decir, "varón esforzado y valiente," miró a su alrededor para ver si no había otro por allí, porque ese término ciertamente no era aplicable a él. Y luego se volvió al ángel y le dijo: "¿Quién? ¿Yo? ¿Me llamas varón esforzado y valiente cuando estoy por aquí abajo en el lagar, echando el trigo al aire, cuando en realidad debía estar allá arriba, en la parte alta de la colina? Si yo fuera un hombre esforzado y valiente, es allí donde estaría, y no aquí abajo. No soy nada más que un cobarde." El Señor quiso animarle, claro, pero el caso es que fue un título algo humorístico el que el Señor le dio a este hombre.

Bueno, Dios le había llamado ahora a este cargo para librar a su pueblo, y había nombrado a un hombre bastante peculiar. Ahora, este hombre sufría de un complejo de inferioridad. Leamos el versículo 13 de este capítulo 6 de Jueces:

"Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Dónde están todas esas maravillas que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó el Señor de Egipto?. Y ahora el Señor nos ha desamparado y nos ha entregado en manos de los madianitas."

Ahora, el ángel del Señor no dijo que el Señor estaba con Israel en este tiempo. Estaba con Gedeón. Francamente, no estaba con Israel debido a su pecado. El ángel dijo: "El Señor está contigo." Es el número singular. "Contigo, Gedeón." Pero Gedeón no podía creer que Dios estuviera con él. Quería saber dónde estaban todos aquellos milagros de los cuales sus antepasados le habían hablado. Creía que el Señor había desamparado a Israel. Pero se equivocó. El Señor en verdad no había abandonado a Israel. Eran los israelitas quienes habían abandonado al Señor.

Este hombre pues se encontraba en mal estado desde un punto de vista mental y espiritual. En realidad, no sólo sufría de un complejo de inferioridad, sino que también era escéptico, cínico, débil y cobarde. Así era este hombre Gedeón. Qué impresión errónea se da de él hoy en día, cuando se le describe como un caballero vestido de una brillante armadura. Pero, éste fue el hombre al cual Dios llamó. Ahora el versículo 14 nos dice:

"Mirándolo el Señor, le dijo: Ve con esta tu fuerza y salvarás a Israel de manos de los madianitas. ¿No te envío yo?"

Éste fue el llamamiento y la comisión de Gedeón. Era una misión que requería valor. Sin embargo, es interesante notar que aun en aquel momento Gedeón no creía a Dios. Observemos lo que Gedeón dijo. Leamos el versículo 15 de este capítulo 6 de Jueces:

"Gedeón le respondió de nuevo: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo soy el menor en la casa de mi padre."

Ahora, consideremos por un momento el concepto que Gedeón tenía de sí mismo. Lo que dijo en realidad fue: "Ciertamente no puedo creer que me estés pidiendo que yo haga esto. En primer lugar, yo pertenezco a la nación de Israel. Y estamos oprimidos por los madianitas." Ahora, había sido bastante malo ser oprimidos en Egipto. Pero imagínese usted lo que era ser oprimidos por estos nómadas del desierto, los madianitas. Y dijo Gedeón: "Nos hallamos en una situación de esclavitud. Estamos escondiéndonos, y aquí estoy yo sacudiendo el trigo al pie de la colina. Y tú vienes y me llamas ¿a mí? Bueno, para empezar, la tribu de Manasés, uno de los hijos de José, no es notable por ningún motivo. Ningún hombre destacado ha salido de esta tribu. En la tribu de Manasés, mi familia no es muy conocida. No somos personas distinguidas. Sucede que en la familia mía, yo soy el de menor importancia. ¿Cómo es posible que me llames a mí?" Este hombre Gedeón creía que él era el último de todos los hombres en Israel, que podía ser usado por Dios. Y, ¿sabe usted una cosa? Él tenía razón. Humanamente hablando, él era el último hombre de todos los israelitas que Dios debía haber llamado.

Nuestro problema hoy en día, estimado oyente, es que la mayoría de nosotros parece que nos sentimos demasiado fuertes como para que Dios nos use. La mayoría de nosotros nos consideramos demasiado capaces y en condiciones para ser usados por Dios. Observará usted que Dios solamente usa a las personas débiles. Ése es el método de Dios. Y nos recuerda una escena del Nuevo Testamento en la cual Jesús les habló a Sus discípulos, que aún no habían aprendido a conocer sus propias limitaciones y se creían suficientes para actuar por su cuenta. En aquella ocasión, Jesús les dijo: "Yo soy la vid y vosotros sois los sarmientos. El que permanece unido a Mí y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí nada podéis hacer." Estimado oyente, ¿aprenderemos alguna vez esta sencilla lección?

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