Estudio bíblico de Jueces

Predicación escrita y en audio de Jueces 6:15-7:7

Jueces 6:15-7:7

Continuamos estudiando hoy el capítulo 6 de Jueces. Y hablábamos en nuestro programa anterior de Gedeón y vimos que el Señor le llamó y le encargó la misión de librar a los israelitas de la mano de los madianitas. Y vimos que Gedeón respondió al Señor, aquí en el versículo 15:

"Gedeón le respondió de nuevo: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo soy el menor en la casa de mi padre."

Es decir que Gedeón puso excusas y comenzó preguntando: "Bueno, ¿y con qué voy a salvar yo a Israel? En primer lugar la tribu de Manasés, uno de los hijos de José, no tiene importancia. Ningún hombre destacado ha salido de mi tribu. Mi familia no es bien conocida. No somos personas distinguidas. Y sucede que en la familia, yo soy el menor."

Este hombre creía que él era el último de todos los hombres de Israel que podía ser usado por Dios. Y tenía razón, era el último hombre de todos los israelitas que Dios debió haber llamado. Nuestro problema hoy, estimado oyente, es que la mayoría de nosotros nos consideramos "demasiado fuertes" para que Dios nos use. Nos vemos "demasiado capaces" y en condiciones para ser usados por Dios. ¿No ha observado usted que Dios sólo usa a las personas débiles? El apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios, capítulo 1, versículos 26 y 27 nos dice: ". . . Pues mirad, hermanos vuestra vocación, que no sois muchos sabios según los criterios humanos, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte." Dios usó a todos estos jueces porque ninguno de ellos era competente ni sobresaliente. ¿Le da eso ánimo a usted, estimado oyente? ¿Sabe usted por qué Dios no nos usa a la mayoría de nosotros? Por creernos demasiado fuertes y con talento para que Dios nos use. La mayoría de nosotros hacemos lo que realmente queremos hacer, según nuestra voluntad y nuestros gustos. Hay personas que tienen muchos dones y una gran capacidad, pero Dios no las está usando. ¿Sabe por qué? Porque se sienten demasiado fuertes como para que Dios las use manifestando su poder a través de ellas.

Y continuó el apóstol Pablo en la primera carta a los Corintios, capítulo 1, versículos 28 y 29, diciendo: "Y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia." Hay algo que no está bien en un cristiano altivo. Dios no usará la naturaleza humana carnal sin haberla sometido antes. Cualquier cosa que uno haga en la debilidad de su propia naturaleza y de la cual se jacte, es menospreciada por Dios. Dios la aborrece y no la puede usar. Dios quiere instrumentos débiles que se reconozcan como tales, y esos son los únicos que usará. Dios sigue este plan de acción para que ningún ser humano ? como dice el apóstol Pablo ? se jacte en Su presencia. Cuando Dios está listo para hacer algo, escoge lo más débil para poder dejar en claro que es Él quien lo está haciendo realmente, y no el brazo débil de un ser humano. Ése es el método de Dios.

Usted recordará cuando Moisés fue encontrado en la cesta de juncos a la orilla del río. Era un niño indefenso. Luego, mire al Faraón de Egipto, Ramsés II, que era el más poderoso de los Faraones que se sentara en el trono. Fue él quien edificó las grandes ciudades de Egipto. Pues, ponga el uno al lado del otro, comparándoles - el débil niño desvalido y el poderoso Faraón sentado en el trono. ¿Y a quién escogería usted? Claro que escogería al Faraón porque él era el poderoso. Pero Dios, estimado oyente, escogió al niño en la cesta de juncos para demostrar que Él usa a los seres débiles del mundo para avergonzar a los sabios.

Luego, Dios escogió a un hombre llamado Elías. Elías no era un hombre débil, pero tuvo que llegar a ser débil. Dios tuvo que dejar que aquel hombre pasara por una serie de pruebas. Le educó en el desierto, y por fin le obligó a escuchar aquel sonido apacible y delicado de Dios. Y a Elías no le gustaban los sonidos suaves y delicados. Éste era el hombre al cual le gustaban los fuegos artificiales, el son de trompetas, en fin, todo lo que era espectacular. Pero Dios tuvo que entrenarlo y hacerle saber que Él escoge lo débil del mundo. Un día Elías entró en la corte de Acab y Jezabel, y les dijo que no llovería por algunos años. Luego Dios le llevó al arroyo de Querit. Allí vio secarse el arroyo y descubrió que su vida no era más que un arroyo seco. Después miró dentro de una tinaja de harina vacía, y entonces pudo ser consciente del poder de Dios. Y Dios le dio de comer a él y a la familia de la viuda, de aquella tinaja vacía. ¿Por qué? Porque Dios, estimado oyente, escoge y usa lo que se considera débil.

Tenemos luego a Simón Pedro. ¿Quién jamás le hubiera escogido a él? Pues, todo el mundo sabía que él era débil, y nuestro Señor le dijo: "Serás un hombre de piedra. Te haré tan sólido, tan estable como una piedra." Me imagino que todo el mundo debió reír a causa de esto. Simón Pedro hasta renunció. En una ocasión le dijo a Jesús: "Apártate de mí, Señor, porque soy un hombre pecador." Lo que Pedro realmente quiso decir fue: "¿Por qué no buscas a otro? He fracasado." Pero, el Señor Jesucristo le dijo: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres." En realidad el Señor Jesús le dijo: "Tú eres el que quiero usar. Tú vas a predicar el primer sermón en el día de Pentecostés, que me traerá a Mí a unas 3.000 personas. Voy a demostrar que puedo usar lo más débil del mundo." Y Dios siempre hace eso, estimado oyente. Lo interesante es que alguien ha dicho que Nerón se sentaba en el trono mientras al apóstol Pablo le degollaban. Ahora, a primera vista, parecería que Pablo perdió y que Nerón ganó. Pero la historia ya ha entregado su decisión. Los hombres ponen el nombre de Pablo a sus hijos, mientras que llaman Nerón a los perros. Esto es muy interesante ¿no le parece? Dios está escogiendo lo débil del mundo.

¿Ha comparado usted alguna vez a aquel niño en Belén con Augusto César, el que pudo promulgar un edicto a fin de que todo el mundo civilizado fuera empadronado? ¿A cuál de los dos escogería usted? Yo escogería al que tenía poder de promulgar los edictos. Pero Dios escogió a aquel niño en Belén porque Él era Su Hijo. Dios, estimado oyente, siempre escoge así, de esa manera.

Volviendo a nuestro relato, diremos que Gedeón era un individuo muy débil. Dios le dijo que él sería quien libraría a Israel. En los versículos 16 al 22, el Señor le ofreció estar con él y ayudarle en esta tarea y responsabilidad que le había encomendado. Gedeón entonces pidió una prueba de que el Señor había hablado con él. Y fue y preparó una ofrenda y la trajo al Señor y el Señor la aceptó. Ahora Dios iba a usar a Gedeón, pero primero tenía que entrenarle. Dios tenía que dominar el temor de Gedeón y desarrollar en él valor y fe para fortalecer su carácter débil, y para hacerle paciente. Y quiero que usted se fije en una parte del entrenamiento por el cual pasó Gedeón. Porque enseguida tuvo miedo, y por eso Dios le dio su primera lección. Leamos el versículo 23 de este capítulo 6 de Jueces:

"Pero el Señor le dijo: La paz sea contigo. No tengas temor, no morirás."

El Señor le dijo: "no morirás," porque Gedeón temió que moriría después de ver al Señor. Y el Señor le mandó que fuera a su pueblo natal para derribar el altar de Baal y para cortar la imagen de Asera que estaba junto a él. Todo aquel culto pagano representaba la peor clase de inmoralidad. Leamos ahora los versículos 24 hasta el 27 de este capítulo 6 de Jueces, que inician el relato en que

Gedeón repudió a Baal e Israel fue llamado a tomar las armas

"Gedeón edificó allí altar al Señor y lo llamó "El Señor es la paz". Este altar permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas. Aconteció que esa misma noche le dijo el Señor: Toma un toro del hato de tu padre, el segundo toro, el de siete años, y derriba el altar de Baal que tiene tu padre; corta también la imagen de Asera que se halla junto a él y edifica altar al Señor, tu Dios, en la cumbre de este peñasco, en lugar conveniente. Toma después aquel segundo toro y sacrifícalo en holocausto con la madera de la imagen de Asera que habrás cortado. Entonces Gedeón tomó diez hombres de entre sus siervos e hizo como el Señor le dijo. Pero temiendo hacerlo de día, a causa de la familia de su padre y de los hombres de la ciudad, lo hizo de noche."

Y así Gedeón comenzó su aventura. Aun habiendo recibido la comisión de Dios, Gedeón tenía miedo. En lugar de obedecer a Dios en pleno día, lo hizo aprovechando la oscuridad de la noche. Pero los habitantes de la ciudad se enteraron de quién lo había hecho, y estaban dispuestos a matar a Gedeón. Pero, Dios nuevamente lo libró.

Gedeón aún dudaba. Y como hemos dicho, Dios tenía que dominar el temor de Gedeón. Tenía que darle valentía y fe. Dios tenía que afirmar la debilidad del carácter de Gedeón. La próxima medida que tomó Dios fue llenar a este hombre con Su Espíritu porque Dios siempre dio la plenitud del Espíritu a cada persona que Él utilizó. Leamos ahora el versículo 34:

"Entonces el Espíritu del Señor vino sobre Gedeón, y cuando éste tocó el cuerno, los abiezeritas se reunieron con él."

El sonido del cuerno significaba guerra. El momento en que se tocó el cuerno, el pueblo supo que significaba el comienzo de la guerra contra los amalecitas, y el pueblo empezó a reunirse con él.

Y ¿sabe usted lo que ocurrió? Que Gedeón se sintió otra vez dominado por la duda. Leamos los versículos 36 al 38:

"Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho, he aquí que yo pondré un vellón de lana en la era; si el rocío está sobre el vellón solamente, y queda seca toda la otra tierra, entonces entenderé que salvarás a Israel por mi mano, como lo has dicho. Y así aconteció, pues cuando se levantó de mañana, exprimió el vellón para sacarle el rocío, y llenó con él un tazón de agua."

Al día siguiente Gedeón le propuso al Señor que la prueba fuese doble, para que el resultado fuera innegable, y le dijo: "Ahora Señor, no te enojes conmigo si vuelvo a insistir, pero sólo quiero hacer otra prueba. Pondré nuevamente un vellón de lana. Si realmente estás presente en este asunto, haz que el vellón quede seco, y que el rocío humedezca la tierra." Y yo me alegro de que lo hiciera así de esa manera porque francamente, yo habría sido lo suficientemente escéptico, hasta el punto de creer que la primera vez había sucedido por casualidad O, vamos a decir mejor, que fue natural que sucediera así la primera vez, es decir, cuando el vellón quedó mojado y la tierra alrededor quedó seca. Pero que fue algo sobrenatural cuando sucedió de la otra manera, es decir, cuando el vellón quedó seco y la tierra húmeda.

Por tanto, tenemos aquí una prueba doble. Este hombre pidió a Dios que dejara caer el rocío en el vellón de lana, y luego, que Dios no dejara caer el rocío en el vellón. ¡Cuán bondadoso fue Dios con Gedeón! Y veremos que Dios gradualmente prepararía a este hombre hasta llevarle al momento de reconocer que no había nada en él mismo. Luego Dios le usaría para ganar una gran batalla.

Ahora, mirando atrás a los versículos 34 y 35, vemos que a su ejército acudieron hombres de todas partes. Como hemos dicho, el sonido del cuerno anunciaba la guerra. Francamente, era el último hombre alrededor del cual uno querría reunirse. Claramente, no parecía un hombre preparado para conducirles a una batalla. Así que Dios comenzó a actuar en su vida de una manera efectiva, como veremos ahora en el capítulo 7. Y así concluimos nuestro estudio del capítulo 6 de jueces. Veamos pues

Jueces 7:1-7

En este capítulo veremos que el ejército de Gedeón fue reducido en tamaño. Estuvo fortalecido por el sueño del pan de cebada y la interpretación del mismo. Su estratagema de trompetas y antorchas en los cántaros, ayudó a derrotar a los madianitas. Y los príncipes Oreb y Zeeb fueron vencidos.

Leamos ahora los versículos 1 y 2, que comienzan a describirnos cómo

Trescientos soldados activos fueron elegidos

"Jerobaal, que es otro nombre de Gedeón, y todos los que estaban con él, se levantaron de mañana y acamparon junto a la fuente Harod. El campamento de los madianitas les quedaba entonces al norte, en el valle, más allá del collado de More. El Señor dijo a Gedeón: Hay mucha gente contigo para que yo entregue a los madianitas en tus manos, pues Israel puede jactarse contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado."

Ahora, Gedeón salió y pasó revista a su ejército. Tenía 32.000 hombres, y Gedeón creyó que no eran suficientes. Los madianitas eran como langostas en las colinas. Estaban desorganizados, pero desde un punto de vista numérico, habrían vencido a los israelitas. Por eso, 32.000 hombres en el ejército no eran suficientes, y creemos que Gedeón estaba listo a tocar nuevamente la trompeta. Pero, Dios le dijo: "Tienes demasiados hombres. No puedo darte una victoria con 32.000 hombres porque te jactarás y dirás que lo hiciste en tu propia fuerza y poder." Recordemos que ningún ser humano se jactará en la presencia de Dios. Es por ese motivo que Dios tiene que usar hoy, como en el pasado, instrumentos débiles. Éste es el método que Él utilizó que continúa empleando. Por eso, redujo el número del ejército. Leamos el versículo 3:

"Ahora, pues, haz pregonar esto a oídos del pueblo: Quien tema y se estremezca, que madrugue y regrese a su casa desde el monte de Galaad. Regresaron de los del pueblo veintidós mil, y quedaron diez mil."

Gedeón tenía 32.000 hombres y entonces, se le fueron 22.000 de ellos. Ésta fue la condición de Dios, tal como había dispuesto en el sistema mosaico, en el libro de Deuteronomio. Dios dijo que cualquiera que fuera reclutado en el ejército y tuviera miedo, podría volverse a casa. Estaría exento de salir a la guerra.

A veces me he preguntado por qué Gedeón no regresó a casa. Cuando él dijo: "Los que tienen miedo y tiemblan," podría haber añadido: "Seguidme, porque yo me vuelvo a casa, pues tengo más miedo que cualquier otro." Sin embargo, él tuvo que quedarse, porque Dios le había encargado una misión.

Ahora, Gedeón tenía sólo diez mil hombres y tales números eran suficientes para infundir miedo. Pero Dios le dijo a Gedeón: "Todavía tienes demasiados hombres. Tienes que reducir este número. No te puedo dar la victoria con este número de hombres en tu ejército." Por tanto, Gedeón y sus hombres pasaron por otra prueba. Leamos ahora los versículos 5 hasta el 7 de este capítulo 7 de Jueces:

"Entonces Gedeón llevó el pueblo a las aguas, y el Señor le dijo: A cualquiera que lama las aguas con la lengua como lo hace el perro, lo pondrás aparte; y lo mismo harás con cualquiera que doble sus rodillas para beber. El número de los que lamieron llevándose el agua a la boca con la mano fue de trescientos hombres; el resto del pueblo dobló sus rodillas para beber las aguas. Entonces el Señor dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré y entregaré a los madianitas en tus manos; váyase toda la demás gente cada uno a su lugar."

¿Sabe usted estimado oyente, lo que tenemos aquí? Es una de las mejores lecciones en cuanto a la predestinación, es decir, la elección divina y al libre albedrío o voluntad de los seres humanos. Ésta es la manera en que ambas verdades funcionan juntas. Vemos que Dios le dijo a Gedeón: "Voy a escoger a los hombres que yo quiero que te acompañen, pero lo haré de forma que ellos mismos hagan la elección. Tráelos al agua, y los que beban agua con las manos lamiéndola como perros, los que simplemente lleven el agua con la mano a sus bocas, esos son los que he elegido. Puedes ir apartando a aquellos que se doblan sobre sus rodillas y pasan tiempo bebiendo. No quiero que ellos sirvan en tu ejército."

Ahora, si nosotros hubiéramos estado allí presentes, habríamos disfrutado teniendo entrevistas con los hombres del ejército de Gedeón. Por ejemplo, imaginemos que podíamos entrevistar a aquel hombre que se doblaba sobre sus rodillas para beber. Le diríamos: "¿por qué se dobla usted sobre sus rodillas? "Bueno," nos habría respondido él: "Simplemente me pregunto por qué no vuelvo a casa con los demás. He estado pensando mucho en esto, pues, tengo una esposa y una familia, y simplemente no creo que deba estar aquí. Creo que debo irme a casa. No tengo ánimos para esto." Él hizo su selección, pero Dios también hizo la suya. Eso es la elección divina y el libre albedrío humano. Dios elige, pero, Él permite que uno mismo haga la elección. Continuando con nuestras entrevistas, nos acercaríamos al hombre que lamía las aguas con su lengua como lame el perro, y que había pasado al otro lado de la corriente, y le preguntaríamos: "¿Por qué lleva usted el agua con la mano a su boca, así de esa manera?" Y él nos habría respondido: "¿Dónde están los madianitas?" "Espere un momento," le diríamos. "¿Por qué hace esto?" Y él habría respondería: "Porque respaldo totalmente a Gedeón." Estimado oyente, permítanos decir que estos trescientos hombres sí tenían un corazón animoso para luchar. Ahora, si usted preguntara a cualquiera de estos trescientos hombres: "Bueno, ¿no sabe que Dios le ha elegido?" Él le contestaría: "No sé de qué me está hablando, pero sí tengo claro que estamos dispuestos a atacar a los madianitas."

Cada uno de los diez mil hombres en el ejército de Gedeón ejerció su libre albedrío, su libre voluntad. Dios no intervino en ninguno de ellos cuando eligieron la manera de beber el agua. Hoy, por medio de Su Hijo Jesucristo, Dios le ofrece a usted el don gratuito de la salvación. Es una oferta legítima, una oferta sincera de Dios mismo. Como está registrado en Juan 6, Él dijo: "Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera." Ésa es la manera en que Dios obra. Y terminamos hoy, con las palabras de Jesús, incluidas en el mismo pasaje de Juan 6, y que dejamos con usted como una presentación de lo que Cristo puede hacer en alguien que de esta manera ha establecido una relación con Dios, y como un ofrecimiento, una invitación para usted: Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

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