Estudio bíblico de Génesis 24:1-32

Génesis 24:1-32

Mirando hacia atrás en nuestro estudio, recordemos que la primera división del libro del Génesis, los capítulos 1 al 11, trata sobre cuatro grandes acontecimientos: la Creación, la Caída, el Diluvio y la Torre de Babel. La segunda división, abarca los capítulos 12 al 50 y presenta la historia de cuatro destacados personajes. En los capítulos 12 al 23, hemos estudiado la vida de Abraham, el hombre de fe. Ahora, en este capítulo 24, llegamos a un nuevo principio en esta segunda división del libro, al concentrarnos en la vida de Isaac, el hijo amado. La vida de Isaac presenta tres grandes momentos, de los cuales ya hemos considerado dos: el primero fue su nacimiento y el segundo, cuando fue ofrecido por Abraham. El tercero, con el cual empezamos hoy, es el encuentro con su esposa.

La historia comenzó cuando Abraham envió a su siervo de confianza a la tierra de Aram, en la Mesopotamia, para escoger una esposa para Isaac. Oportunamente veremos que su misión tuvo éxito, al encontrarse con Rebeca. A partir de ese momento se desarrolló una bella historia de amor. Todo el proceso nos revela que Dios está interesado en la persona con quien vamos a unir nuestra vida.

Hay dos instituciones que Dios ha dado a la raza humana; una es el matrimonio y la otra, el gobierno humano, por la cual el hombre, actualmente, se gobierna a sí mismo. Son éstas, pues, dos importantes instituciones universales. Cuando ellas se quiebran, la sociedad se derrumba. La familia, es la columna vertebral de cualquier sociedad. Dios lo sabía, cuando instituyó el matrimonio, con la intención de fortalecer y proporcionar estabilidad a la sociedad. Lo mismo es cierto en cuanto al gobierno humano, que está dotado de poderes para proteger la vida humana. Como ésta es sagrada, Dios dio leyes al respecto.

El caso es que Dios está interesado en tu propia historia de amor. Y resulta maravilloso cuando tú implicas a Dios en ella. Al leer el Nuevo Testamento, nos llama la atención un hecho significativo: que, como relata el Evangelio según Juan, el primer milagro que Jesús hizo tuvo lugar en una boda, en Caná de Galilea.

Este capítulo 24 del Génesis es uno de los pasajes Bíblicos con mayor riqueza espiritual, porque nos relata una historia de amor en la que, más allá de las incidencias del dramático relato, subyace una gran realidad espiritual. Hay dos detalles que debemos observar y que comentaremos al avanzar en el relato. El primero, se refiere a la guía del Señor en todos los aspectos de la vida de todas las personas implicadas en esta historia. Es algo que podremos ver una y otra vez. Incluso en aquella lejana época, caracterizada por un ambiente social tan lejano al nuestro, que incluso puede parecernos poco civilizado, había algunos que buscaban la guía de Dios y la seguían. Podemos deducir aquí que, si Dios pudo orientar, guiar las vidas de aquellos seres humanos, ciertamente puede guiarnos a ti y a mí en los asuntos trascendentales de la vida. El segundo detalle a destacar es la claridad y sencillez con que Rebeca hizo su elección al irse con el siervo y convertirse en la esposa de Isaac. Son éstas actitudes dignas de observar a medida que avanzamos en la narración.

Leeremos entonces los versículos 1 al 9, en los que se relata como

Abraham busca una esposa para Isaac

"Abraham era viejo, entrado en años; y el Señor había bendecido a Abraham en todo. Y Abraham dijo a su siervo, el más viejo de su casa, que era mayordomo de todo lo que poseía: Te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo, y te haré jurar por el Señor, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito; sino que irás a mi tierra y a mis parientes, y tomarás mujer para mi hijo Isaac. Y el siervo le dijo: Tal vez la mujer no quiera seguirme a esta tierra. ¿Debo volver y llevar a tu hijo a la tierra de donde viniste? Y Abraham le dijo: Guárdate de llevar allá a mi hijo. El Señor, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra donde nací, y que me habló y me juró, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra. El mandará su ángel delante de ti, y tomarás de allí mujer para mi hijo. Si la mujer no quiere seguirte, quedarás libre de éste mi juramento: sólo que no lleves allá a mi hijo. Y el siervo puso la mano debajo del muslo de Abraham su señor, y le juró sobre este asunto."

El relato nos presenta a un anciano Abraham, a quien en su avanzada edad Dios había prosperado en todos sus asuntos. Al pensar en una futura esposa para su hijo Isaac, no quería que ésta perteneciese a los pueblos cananeos, que vivían en medio de la idolatría y el paganismo. Así que envió a su siervo a su pueblo, que residía en la tierra de Aram, para encontrar allí una esposa para su hijo. Observemos la forma en que se pronunciaba en aquellos tiempos un juramento, colocando la mano debajo del muslo del hombre a quien se hacía el juramento. El siervo era Eliezer, siervo principal de su casa; él tenía un hijo y recordemos cuando Abraham, de acuerdo con el relato del capítulo 15: 2 y 3, le había mencionado en su oración a Dios, cuando El le prometió tener una gran descendencia.

Abraham demostró una y otra vez que era un hombre de fe. En esa ocasión le aseguró a su siervo que podía contar con Dios para guiarle en esta empresa, porque El así lo había prometido. El no dio un salto en el vacío. Y es que la fe, no constituye un salto en el vacío. La fe debe apoyarse en la Palabra de Dios. El creía que el Dios que le había prometido que, por medio de Isaac, traería bendición al mundo, con toda seguridad que proveería una esposa para su hijo. Por ello él fundamentó su fe en lo que Dios le había manifestado. Es que el ejercicio de la fe no es una insensatez. La fe se apoya en algo tan real y razonable como la Palabra pronunciada por Dios. Es por eso que decimos que la fe no constituye un salto en la oscuridad. Tener fe no es como apostar, a ver si tienes suerte y te ocurre algo bueno. No se trata de un juego de azar, que puede resultar bien, o no. La fe es segura, es la única actitud realmente segura y cierta. Por eso Abraham se sentía completamente seguro y lo demostró con las categóricas palabras que acabamos de leer. El creía que si la respuesta de Dios no venía a través de esa misión de su siervo, entonces vendría de otra manera. Es así que

El siervo sale para cumplir su misión

Leamos los versículos 10 al 14:

"Entonces el siervo tomó diez camellos de entre los camellos de su señor, y partió con toda clase de bienes de su señor en su mano; y se levantó y fue a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor. E hizo arrodillar a los camellos fuera de la ciudad junto al pozo de agua, al atardecer, a la hora en que las mujeres salen por agua, y dijo: Oh Señor, Dios de mi señor Abraham, te ruego que me des éxito hoy, y que tengas misericordia de mi Señor Abraham. He aquí, estoy de pie junto a la fuente de agua, y las hijas de los hombres de la ciudad salen para sacar agua. Que sea la joven a quien yo diga: Por favor, baja tu cántaro para que yo beba, y que responda: Bebe, y también dará de beber a tus camellos, la que tú has designado para tu siervo Isaac; y por ello sabré que has mostrado misericordia a mi señor."

Resulta interesante observar a este siervo que, en su sencillez, se dirige al Dios de su amo Abraham en oración. Evidentemente había aprendido a reconocerle como su Señor y se presentó ante El con confianza, pidiéndole una prueba de su dirección en todo este asunto. Por muchos siglos, sobre todo en las civilizaciones rurales, una de las tareas encomendadas a las mujeres era sacar agua del pozo, dar de beber a los animales y hacerse cargo del cuidado del ganado. Por consiguiente no era extraño el pedido formulado por el siervo en su oración. Y el siervo se dispuso a esperar, porque no hubiera sido un comportamiento adecuado para él, siendo un extranjero, dar de beber a sus camellos antes que otros que viviesen en aquella comunidad y, además, no le estaba permitido utilizar el pozo de otra persona sin el debido permiso. Pero el siervo dependió de Dios desde el principio. Así como Abraham había puesto esta misión en las manos del Señor, así también este siervo hizo lo mismo. La respuesta de Dios no se hizo esperar mucho, y el relato nos cuenta como

El siervo conoce a Rebeca junto al pozo

Leamos los versículos 15 al 21;

"Y sucedió que antes de haber terminado de hablar, he aquí que Rebeca, hija de Betuel, hijo de Milca, mujer de Nacor, hermano de Abraham, salió con el cántaro sobre su hombro. La joven era muy hermosa, virgen, ningún hombre la había conocido; bajó ella a la fuente, llenó su cántaro y subió. Entonces el siervo corrió a su encuentro, y dijo: Te ruego que me des a beber un poco de agua de tu cántaro. Y ella dijo: Bebe, señor mío. Y enseguida bajó el cántaro a su mano, y le dio a beber. Cuando había terminado de darle de beber, dijo: Sacaré también para tus camellos hasta que hayan terminado de beber. Y rápidamente vació el cántaro en el abrevadero, y corrió otra vez a la fuente para sacar agua, y sacó para todos sus camellos. Entretanto el hombre la observaba en silencio, para saber si el Señor había dado éxito o no a su viaje."

Como hemos leído, una hermosa joven llegó y recogió agua en su cántaro y, cuando ya se alejaba, el siervo le pidió de beber. La respuesta de la muchacha colmó sus expectativas pues la joven se ofreció también para dar de beber a todos los camellos. Recordemos que eran diez los camellos, así que debió de llevarle bastante tiempo y trabajo ir calmando la sed de todos ellos. Mientras tanto, el siervo, al contemplarla, trataba de evaluar si aquella joven sería la respuesta de Dios a sus oraciones. Por lo que sigue en el relato, parece que fue precisamente ésa la convicción que sintió. Leamos los versículos 22 al 27;

"Y aconteció que cuando los camellos habían terminado de beber, el hombre tomó un anillo de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez siclos de oro, y dijo: ¿ de quién eres hija ? Dime, te ruego, ¿hay en la casa de tu padre lugar para hospedarnos? Ella le respondió: Soy hija de Betuel, el hijo que Milca dio a luz a Nacor. Y le dijo además: Tenemos suficiente paja y forraje, y lugar para hospedarse. Entonces el hombre se postró y adoró al Señor, y dijo: Bendito sea el Señor, Dios de mi señor Abraham, que no ha dejado de mostrar su misericordia y su verdad hacia mi señor; y el Señor me ha guiado en el camino a la casa de los hermanos de mi señor."

Una vez que el siervo hubo recompensado su ayuda, trató de identificarla y quiso saber si la familia de la joven podía ofrecerle hospedaje a él y a sus camellos. La respuesta de la muchacha llenó su corazón de alegría. En efecto, se trataba de la nieta de Nacor, hermano de Abraham. Entonces el siervo se postró y adoró a Dios satisfecho, sintiendo que había recibido Su respuesta. Y su oración, además de reconocer la fidelidad de Dios en la vida de Abraham, contiene una frase clave; "el Señor me ha guiado en el camino". La lección aquí es que, a los que le obedecen, a aquellos que transitan por Su camino, a aquellos que desean ser guiados por El, dispuestos a hacer lo que El les indique y a formar parte de sus planes El, con total seguridad y de forma permanente, les guía y les conduce a un buen final. ¿No es maravilloso experimentar esta paz y seguridad que se sienten al ver que El nos guía y protege en los momentos más variados de la vida? El siempre está dispuesto a tomar en sus manos a un corazón que quiere ser guiado por El.

Continuemos el relato, porque la muchacha, maravillada, estupefacta por el encuentro con aquel hombre, regresó apresuradamente a su casa. Leamos los versículos 28 al 30:

"La joven corrió y contó estas cosas a los de la casa de su madre. Y Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán; y Labán salió corriendo hacia el hombre, afuera, a la fuente. Y sucedió que cuando él vio el anillo y los brazaletes en las manos de su hermana, y cuando oyó las palabras de su hermana Rebeca, diciendo: Esto es lo que el hombre me dio, Labán fue al hombre; y he aquí que estaba con los camellos junto a la fuente."

Podría parecer extraño que después de escuchar el sorprendente relato de Rebeca, el primero en levantarse, salir y dirigirse hacia la fuente no fuese el padre Betuel, sino su hermano Labán, Pero ésta era una costumbre muy consolidada en aquella época; uno de los hermanos tenía la responsabilidad sobre todos los otros, especialmente sobre su hermana. Es así que Labán salió apresuradamente para hablar con aquel extranjero que tan generosamente había recompensado a su hermana. Cabe agregar que éste último versículo nos muestra el carácter eminentemente práctico de Labán, que seguramente fue atraído no tanto por lo que aquel extraño había dicho a su hermana sino más bien por el anillo y los brazaletes que aquel había obsequiado a Rebeca, que revelaban que era un hombre rico. Más adelante en nuestro estudio, cuando examinemos la vida de Jacob y sus relaciones con Labán, comprobaremos que éste, aunque hospitalario, estaba muy apegado a los bienes materiales y era un hábil negociante. Leamos pues los últimos versículos de nuestro estudio de hoy, que relatan como fue

El siervo invitado a la casa de Betuel

Leamos los versículos 31 y 32;

"Y le dijo: Entra, bendito del Señor. ¿ Por qué estás fuera ? Yo he preparado la casa y un lugar para los camellos. Entonces el hombre entró en la casa, y Labán descargó los camellos y les dio paja y forraje, y agua para lavar los pies de él y los pies de los hombres que estaban con él."

En este programa hemos visto como Dios, que había cumplido su promesa a Abraham proveyéndole a su hijo Isaac, continuó siendo fiel a todo lo que le había prometido en cuanto a su descendencia. En nuestro pasaje Bíblico de hoy, hemos visto a Dios implicado en guiar a Abraham y a su siervo Eliezer en todo lo referente a encontrar una esposa para Isaac. Hemos interrumpido nuestra lectura en el momento en que las circunstancias se encuentran encaminadas hacia un feliz encuentro entre Isaac y Rebeca. Dios obró de forma sobrenatural y el milagro consistió en el encadenamiento divino de todas las circunstancias de este incidente Bíblico.

Y ahora, una reflexión final. Vivimos en una época en que la institución matrimonial se debate entre tensiones que dificultan, más que nunca antes, su supervivencia. Esta situación, por supuesto, afecta a la formación de la juventud y a la sociedad en general.

Según la Biblia, Dios desea contribuir al desarrollo y fortalecimiento de una institución que El mismo ha creado. El está interesado en guiar a sus hijos en el proceso de elección y preparación de la pareja y la familia.

Así pues la guía de Dios en el proceso que condujo al encuentro entre Isaac y Rebeca constituyó un verdadero milagro. Al principio de este programa veíamos el significativo detalle que el evangelista Juan, en su Evangelio, incluía en primer lugar y como primer milagro el que Jesús realizó como invitado en las bodas de Cana de Galilea. Aquel milagro marcaría, sin duda, las vidas de los contrayentes y de todos los presentes en la fiesta.

Dios puede guiarte sobrenaturalmente en el proceso que conduce al matrimonio. Pero también es importante agregar que Dios puede guiarte para transformar las situaciones conflictivas que pueda haber actualmente en tu hogar.

Dios, es el mismo Dios que habló con Abraham, y con tantos otros desde entonces. Su guía sobrenatural sigue actuando. Puedes orar, puedes dirigirte a El, contándole tu ilusión, o tu desilusión. Y comprobarás que el milagro se repite, porque Dios sigue actuando.

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