Estudio bíblico de Hechos 7:1-60

Hechos 7:1-60

Continuando nuestro recorrido por el libro de los Hechos, llegamos hoy al capítulo 7. En este capítulo tenemos la defensa de Esteban y su martirio. Esteban, ante el concilio, hizo un recuento de la historia de la nación de Israel, incluyendo una descripción de su oposición y rebelión contra Dios. Acusó a los miembros del concilio de haber sido los traidores y asesinos de Jesús. Eso, por supuesto, engendró un odio más violento en ellos y condujo al apedreamiento de Esteban. Al repasar la historia de la nación, Esteban dejó en claro que nunca hubo habido un tiempo en que toda la nación adorara a Dios. Sin embargo, por otra parte, en la nación de Israel siempre había habido un remanente que permaneció fiel a Dios, tal como lo hay en la actualidad. Leamos pues, los primeros dos versículos de este capítulo 7 de los Hechos, para comenzar a considerar

El discurso de Esteban

"El Sumo sacerdote dijo entonces: ¿Es esto así? Esteban dijo: Hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria se apareció a nuestro padre Abraham cuando aún estaba en Mesopotamia, antes que viviera en Harán"

El capítulo anterior concluyó con una acusación contra Esteban. Y ahora, le preguntaron si la acusación que se le había hecho era verdad, o no. Por lo tanto, Esteban comenzó su defensa.

Y observemos ¡qué comienzo tan conciliador! Les llamó hermanos. Eran sus hermanos, físicamente. Y llamó padres a los más ancianos. Él era más joven que ellos y les mostró su respeto. Así era este joven, que sería el primer mártir de la Iglesia.

A veces oímos decir que en sus comienzos, el cristianismo fue realmente un movimiento juvenil. Y en realidad, no creemos que ésta sea una afirmación errónea. Por ejemplo, dos jóvenes que ocuparon un lugar muy prominente fueron Esteban, el de nuestro relato, y Saulo de Tarso. A Saulo de Tarso, le conoceremos más adelante como el apóstol Pablo. Estos dos hombres jugaron un papel clave en la formación del curso de la Iglesia primitiva. Ambos eran jóvenes muy notables. Ambos tenían dones y fueron usados por el Espíritu Santo. Sin embargo, la única vez en que estos dos jóvenes se encontraron fue siendo enemigos. La cruz separó a Esteban y a Saulo de Tarso tan verdaderamente, como separó a los dos ladrones que fueron crucificados con Jesús. El apóstol Pablo, Saulo antes de su conversión, sabía lo que decía cuando en su Primera Epístola a los Corintios, capítulo 1, versículo 18, dijo: "Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios". Cuando Saulo vio a Esteban, él creyó que era un insensato, un loco.

Esta defensa de Esteban aquí, constituyó un golpe maestro. Él hizo un repaso de la historia de la nación, comenzando con Abraham. Allí es donde comenzó la historia de la nación de Israel. No retrocedió más que hasta Abraham. Usted encontrará lo mismo en el evangelio según San Mateo. Este libro, escrito a la nación de Israel, trazó la genealogía de Jesucristo hasta Abraham. Ahora, si usted quiere remontarse hasta Adán, tendrá que ir al evangelio según San Lucas. Esteban pues, comenzó con Abraham, un hombre de fe.

Y aunque en este discurso histórico encontramos la oposición y la rebelión de la nación contra Dios, siempre quedó un resto de creyentes. Es decir, un remanente fiel a Dios.

Y hoy ocurre lo mismo. En la Iglesia organizada, en la Iglesia visible, la cual usted y yo podemos ver, hay siempre un remanente de creyentes. En la Iglesia visible no todos son verdaderos creyentes, aunque lo parezcan. Algunos se cuestionan si ciertas personas que profesan ser cristianas son realmente creyentes, aunque asistan a la iglesia. Y así como en la nación de Israel había un remanente fiel, así también en la Iglesia visible hay un remanente de verdaderos creyentes. Eso todavía es cierto en la actualidad.

Abraham fue un hombre de fe. Creyó a Dios, y obedeció a Dios, porque la fe siempre conduce a la obediencia. Esteban comenzó su discurso con Abraham, cuando éste vivía en Mesopotamia en el valle de los ríos Tigris y Éufrates. Ese fue el lugar donde se encontraba el pueblo natal de Abraham. Fue allí donde Dios le llamó. Leamos ahora el versículo 3 de este capítulo 7 de los Hechos:

"y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela y vete a la tierra que yo te mostraré."

Dios llamó a Abraham a salir de su hogar porque era un lugar de idolatría. Ahora, los versículos 4 y 5 dicen:

"Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, cuando murió su padre, Dios lo trasladó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora. No le dio herencia en ella ni aun para asentar un pie, pero prometió dársela en posesión a él y a su descendencia después de él, aunque él aún no tenía hijo."

Como ya dijimos, Esteban estaba presentando un relato de la vida de Abraham, y describió aquí el comienzo de la fe de Abraham. Dios le había prometido un hijo, y le había prometido también una tierra. Aunque Abraham no tenía ni lo uno, ni lo otro. Sin embargo, creyó a Dios. Continuemos con los versículos del 6 al 8 de este capítulo 7 de los Hechos:

"Dios le dijo que su descendencia sería extranjera en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre y los maltratarían por cuatrocientos años. Pero yo juzgaré, dijo Dios, a la nación de la cual serán siervos; y después de esto saldrán y me servirán en este lugar. Le dio el pacto de la circuncisión, y así Abraham engendró a Isaac, y lo circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas."

Esteban prosiguió ahora relatando la historia desde Abraham, hasta el período patriarcal. Habló de los hermanos de José quienes, motivados por envidia y odio, vendieron a José a la esclavitud en Egipto. Luego contó cómo Dios anuló los planes de sus hermanos y usó a José para salvarles. Lo que tenemos aquí es realmente la interpretación del Espíritu Santo del Antiguo Testamento. Eso es lo que hace que esta sección sea una sección especialmente notable. Continuemos ahora con los versículos 9 hasta el 16:

"Los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a José para Egipto; pero Dios estaba con él y lo libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría delante del faraón, rey de Egipto, el cual lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa. Hubo entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y gran tribulación; y nuestros padres no hallaban alimentos. Cuando oyó Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres la primera vez. Y en la segunda, José se dio a conocer a sus hermanos, y fue manifestado al faraón el linaje de José. José envió a buscar a su padre Jacob y a toda su familia, en número de setenta y cinco personas. Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él y también nuestros padres, los cuales fueron trasladados a Siquem y puestos en el sepulcro que Abraham, a precio de dinero, había comprado a los hijos de Hamor en Siquem."

Ahora, Esteban llegó a otro período en la historia de esta nación. Y les hizo recordar su liberación de Egipto. Dios convirtió a Moisés en el libertador. Y mostró que en el principio, los hijos de Israel se negaron a seguir a Moisés, y que Moisés tuvo dificultades con ellos por todo el camino a través del desierto. Continuemos con los versículos 17 hasta el 21:

"Pero cuando se acercaba el tiempo de la promesa que Dios había jurado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto, hasta que se levantó en Egipto otro rey que no conocía a José. Este rey, usando de astucia con nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres hasta obligarlos a que expusieran a la muerte a sus niños para que no se propagaran. En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios; y fue criado tres meses en casa de su padre. Pero siendo expuesto a la muerte, la hija del faraón lo recogió y lo crió como a hijo suyo."

Los comentarios que Esteban añadió confirmaron algunas de las cosas que ya dijimos cuando estudiamos acerca de Moisés. Si Ramsés II había sido el Faraón de la opresión, Moisés podría haber sido el próximo Faraón. La hija de Faraón le crió como a su propio hijo. Es que Faraón no tenía hijos, y por tanto, a Moisés le habría correspondido ser su sucesor en el trono. Ahora, el versículo 22 dice:

"Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras."

Moisés fue criado en medio de la sabiduría de los egipcios. La sabiduría de los egipcios no puede ser ignorada aun en nuestra época. Habían desarrollado las matemáticas, la química, la ingeniería, la arquitectura, y la astronomía en un alto grado. Habían desarrollado estos campos de estudio de una manera realmente extraordinaria. Consideremos las pirámides, por ejemplo; y los colores que hallamos en las tumbas; colores que han permanecido brillantes durante el paso de los siglos. Ellos eran verdaderos expertos en cuanto al embalsamamiento de cadáveres. También habían calculado la distancia existente entre la tierra y el sol. Realmente, su cultura fue muy avanzada.

Moisés, pues, disfrutó de todas las ventajas de aquel entonces, siendo criado como hijo de la hija de Faraón. Fue enseñado en toda la sabiduría de los egipcios. Fue sobresaliente en todo. Sin embargo, él no estaba preparado para guiar al pueblo de Dios. Todos los conocimientos del mundo de aquel entonces, no le capacitaron como para guiar al pueblo. Y de la misma manera, toda la sabiduría que los hombres tienen hoy, no es suficiente para que puedan comprender la Palabra de Dios. Les resulta demasiado difícil. ¿Por qué? Porque como dijo el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios, capítulo 2, versículo 14: "pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente". Por tanto, después de cuarenta años de formarse en la sabiduría de Egipto, Dios le envió al desierto. Y allí Dios le preparó adecuadamente para ser el libertador. Bien, continuemos con los versículos 23 al 25 de este capítulo 7 de los Hechos. Continuó Esteban hablando y dijo:

"Cuando cumplió la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, y dando muerte al egipcio, vengó al oprimido. Él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya, pero ellos no lo habían entendido así."

Fíjese usted que Moisés hizo algo que consideró bien hecho. Tuvo la intención de liberar a sus hermanos. Pero ellos en realidad, no lo entendieron así. En verdad, Moisés tampoco lo entendió. Todavía no había alcanzado la madurez y Dios, entonces, necesitó llevarlo al desierto. Continuemos con los versículos 26 al 28:

"Al día siguiente se presentó a unos de ellos que reñían, e intentaba ponerlos en paz, diciéndoles: Hermanos sois, ¿por qué os maltratáis el uno al otro?. Entonces el que maltrataba a su prójimo lo rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? ¿Quieres tú matarme como mataste ayer al egipcio?."

Imaginemos el temor de Moisés en esta situación. Continuemos con los versículos 29 al 31:

"Al oír esta palabra, Moisés huyó y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos. Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza. Entonces Moisés, mirando, se maravilló de la visión; y al acercarse para observar, vino a él la voz del Señor"

Moisés había querido liberar a los hijos de Israel, pero no estaba preparado para hacerlo, y los israelitas tampoco estaban preparados para aceptarlo como libertador. No estaban dispuestos a aceptar su liderazgo, y hasta se opusieron. Ahora, Dios le llamó para ser el libertador. Leamos los versículos 32 al 34, de este capítulo 7 de los Hechos:

"Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Y Moisés, temblando, no se atrevía a mirar. Le dijo el Señor: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa. Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, he oído su gemido y he descendido para librarlos. Ahora, pues, ven, te enviaré a Egipto."

Dios le dijo a Moisés que Él había oído la queja de ellos. Él vio su necesidad. Fue por eso que los liberó. Y fue por la misma causa, estimado oyente, que proveyó un Salvador para nosotros, para usted y para mí. No fue porque nosotros fuésemos unas buenas personas. No miró aquí abajo diciendo. ¡De ninguna manera! Dios miró aquí abajo y no vio nada sino a pecadores contaminados, con una inclinación natural al mal. Todos estábamos en un estado de perdición. Pero, Él nos amó a pesar de nuestra condición tan lamentable. Ahora, el versículo 35 de los Hechos dice:

"A este Moisés, a quien habían rechazado diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?, a éste envió Dios como gobernante y libertador por mano del ángel que se le apareció en la zarza."

Observemos el énfasis que se puso sobre el ministerio de los ángeles en la vida de la nación de Israel. Veremos también que el ministerio de los ángeles fue prominente a través de toda su historia. La ley misma fue dada a Moisés por medio del ministerio de los ángeles.

Oímos hablar mucho acerca de los ángeles en el tiempo de la Navidad. ¿A quiénes se dirigieron los ángeles? Y, ¿para qué? Tenían un mensaje para el pueblo de Israel; para María, para José, para Zacarías, y para los pastores. Ahora, Dios no está enviando mensajes por medio de los ángeles durante este período de la Iglesia. Pero, en contraste, los ángeles sí se aparecieron y trajeron mensajes de Dios para los miembros de la nación de Israel. Y ahora Esteban continuó describiendo las experiencias en el desierto. Continuemos con los versículos 36 al 39 de este capítulo 7 de los Hechos:

"Éste los sacó, habiendo hecho prodigios y señales en tierra de Egipto, en el Mar Rojo y en el desierto por cuarenta años. Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis. Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida para darnos. Pero nuestros padres no quisieron obedecer, sino que lo desecharon, y en sus corazones se volvieron a Egipto"

Ahora, Israel no se volvió a Egipto en un sentido físico, material. Pero, en sus corazones, regresaron a Egipto muchas veces. De la misma manera, hoy hay quienes dicen que deploran ciertos pecados del mundo y los pecados de la naturaleza humana, pero no los pueden apartar de su mente. Siempre es tan fácil señalar con el dedo a otros, condenándolos por su pecado. Pero, hay ciertas preguntas que debemos hacernos. ¿Me gustaría a mí vivir así? ¿Dónde está mi corazón? Israel pues, se volvió a Egipto en su corazón. No querían salir al desierto. Ahora, dice el versículo 40:

"cuando dijeron a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque a este Moisés que nos sacó de la tierra de Egipto no sabemos qué le haya acontecido."

No sabían lo que le había ocurrido a Moisés, ni les importaba. Habían rechazado a Moisés. Dice el versículo 41:

"Entonces hicieron un becerro, ofrecieron sacrificio al ídolo y en las obras de sus manos se regocijaron."

Esteban está mostrándole a esta gente, que Israel siempre ha sido un pueblo rebelde. Ahora leamos el versículo 42 de este libro de los Hechos, capítulo 7:

"Dios se apartó de ellos y los entregó a que rindieran culto al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas: ¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel?"

Es decir, se volvieron a la idolatría. Es por eso que vemos que Moisés, y más tarde Josué, imploraron al pueblo que escogiera a Dios y se apartara de sus ídolos. Ahora, leamos los versículos 43 al 46 de este capítulo 7 de los Hechos:

"Antes bien llevasteis el tabernáculo de Moloc y la estrella de vuestro dios Refán, figuras que os hicisteis para adorarlas. Os transportaré, pues, más allá de Babilonia. Tuvieron nuestros padres el Tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciera conforme al modelo que había visto. El cual, recibido a su vez por nuestros padres, lo introdujeron con Josué al tomar posesión de la tierra de los gentiles, a los cuales Dios arrojó de la presencia de nuestros padres hasta los días de David. Éste halló gracia delante de Dios y pidió proveer tabernáculo para el Dios de Jacob."

Ahora, destacaremos aquí que el templo fue la idea de David. Siempre hemos creído que debía haberse llamado "el templo de David", aunque Salomón fue el que lo edificó. Ahora, los versículos 47 al 50 dicen:

"Pero fue Salomón quien le edificó Casa, si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas?""

Ahora, Esteban llegó al momento de su discurso en que condenó a las autoridades religiosas de aquel entonces. Escuche usted los versículos 51 al 53. Dijo Esteban:

"¡Duros de cerviz! ¡Incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, a quien vosotros ahora habéis entregado y matado; vosotros que recibisteis la Ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis."

Ahora, físicamente, estos hombres habían cumplido el rito de la circuncisión. Pero, desde el punto de vista espiritual, en sus corazones y en sus oídos, eran incircuncisos, o sea, no circuncidados. Es decir, que eran tercos y en ninguna manera estaban más dispuestos a escuchar a Dios, que lo que estuvieron sus antepasados durante todos esos años.

Este fue un discurso sobresaliente. Esteban les recordó su liberación de Egipto. Dios mismo había nombrado como libertador a Moisés, pero los israelitas se negaron a obedecerle. La experiencia en el desierto consistió en una serie de rebeliones contra Dios, que culminó con la fabricación de un becerro de oro. Más adelante en la historia, una verdadera plaga de idolatría se propagó nuevamente en la tierra, como consecuencia de la cual fueron llevados al cautiverio babilónico. Ahora, Esteban concluyó esta presentación hablando de Josué (cuyo nombre equivale a la palabra griega Jesús) quien les guió hasta la tierra prometida, y de Jesús, el Único camino al cielo. Dijo que la ley les había sido dada sobrenaturalmente por el ministerio de ángeles y que ellos no la obedecieron. Creemos que ellos se acordarían que el nacimiento de Jesús fue anunciado por los ángeles. Evidentemente, ellos mismos habían sido sus traidores y asesinos.

Pasemos ahora a considerar

El martirio de Esteban

Esteban fue el primer mártir de la iglesia cristiana. También en esta sección del capítulo 7 de los Hechos, se nos presenta por primera vez a Saulo de Tarso. Leamos el versículo 54 de este capítulo 7 de los Hechos:

"Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones y crujían los dientes contra él."

¡Observemos cómo odiaban a Esteban por hablar lo que hablaba! Dice el versículo 55:

"Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba a la derecha de Dios"

Dios es Espíritu. ¿Cómo entonces puede tener Dios una parte derecha? Bueno, esto quiere decir que la derecha de Dios es un lugar de gran importancia, el lugar de honor. Dios había prometido a Jesucristo que le glorificaría, y le daría el más excelente de todos los nombres. Jesucristo fue exaltado. Y está ahora a la derecha de Dios. Eso quería decir que Su obra fue completada y la redención ya había sido consumada. Pero eso no quiere decir que Él no esté aún trabajando a favor nuestro. Y no hay duda que Él estaba allí en aquella ocasión, listo para recibir a Su primer mártir. Leamos los versículos 56 al 58 de este capítulo 7 de los Hechos:

"y dijo: Veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios. Entonces ellos, gritando, se taparon los oídos y arremetieron a una contra él. Lo echaron fuera de la ciudad y lo apedrearon. Los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo."

Estos dos jóvenes: Esteban y Saulo; se encontraron aquí juntos por primera vez, por única vez, y por última vez. Y se encontraron como enemigos. Se encontraban en lados opuestos de la cruz de Cristo. Y los versículos finales de este capítulo 7, versículos 59 y 60 dicen:

"Mientras lo apedreaban, Esteban oraba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu». Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Habiendo dicho esto, durmió."

Sí, Esteban durmió. Jesús puso a dormir su cuerpo para esperar el arrebatamiento de la iglesia. Esteban entró en la presencia de Cristo, quien estaba allí listo para recibirle. Esteban fue el primer mártir de la Iglesia, que fue para estar con su Señor.

El otro joven que allí se encontraba, era fariseo y creía que lo tenía todo. Debió mirar al cielo cuando Esteban dijo que había visto los cielos abiertos. Pero aunque Saulo miró con atención al cielo cuando Esteban afirmó que veía el cielo abierto, suponemos que tuvo que admitir: "No veo nada, pero me gustaría ver lo que él ve. Pero yo tengo un corazón muy vacío". Esteban fue un gran testigo ante Saulo. Personalmente creo que él fue el que preparó a Saulo quien, como dijimos, luego sería conocido como el apóstol Pablo, para la aparición del Señor Jesucristo en el camino de Damasco, como veremos más adelante.

Hemos visto a Esteban morir y contemplar inmediatamente a Jesús en la presencia de Dios. Estimado oyente, así sucede con todo aquel que por la fe ha creído en el Señor Jesucristo como su Salvador.

Copyright © 2001-2016 ( TTB - Thru the Bible, RTM - Radio Transmundial, EEA - Evangelismo en Acción). Todos los derechos reservados
CONDICIONES DE USO
Estudio bíblico
"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2 Ti 3:16)

Compartir

Estudios relacionados

Libros electrónicos

Comentario bíblico de Marcos
Comentario bíblico de Marcos
Descarga gratuita

Estudios en video

Prédica: Juan el Bautista, un hombre de Dios (Marcos 1:4-6)
Prédica: Juan el Bautista, un hombre de Dios (Marcos 1:4-6)