Estudio bíblico de Hechos 18:12-19:10

Hechos 18:12-19:10

Continuamos nuestro estudio del capítulo 18 de los Hechos. Y en nuestro programa anterior, vimos cómo Pablo había salido de Atenas y había ido hasta Corinto. Y que allí en Corinto había conocido a una pareja, Aquila y Priscila, quienes habían escapado de Roma, debido a la ola de antisemitismo que Claudio había promovido. Y vimos que Pablo fue a vivir con ellos, porque ellos desempeñaban el mismo oficio de Pablo, o sea, el de hacer tiendas o carpas. Y así fue que les condujo al Señor. Vimos también que Corinto era un gran centro comercial del imperio romano y, al mismo tiempo, una ciudad de moralidad depravada. Había una exhibición vulgar y ostentosa de la riqueza y también una pobreza horrible y cruel. Corinto era pues, la feria de la vanidad de aquel entonces. Sin embargo, aunque algunos creyeron, Pablo también se encontró con gran oposición entre los judíos. De modo que, entonces, se dirigió a los no judíos. Y vimos también que el Señor le habló a Pablo, porque estaba entrando en una nueva y gran dimensión de su obra misionera. Y creemos que cuando él recibió esa oposición, estaba dispuesto a salir de allí, pero el Señor mismo intervino y detuvo a Pablo, diciéndole que quería que se quedara en esa ciudad porque muchos creerían en Cristo. Y vimos que Pablo en obediencia se quedó en Corinto 18 meses, enseñándoles la Palabra de Dios. Ahora, una vez más, el evangelio causó oposición. Leamos ahora el versículo 12 de este capítulo 18 de los Hechos:

"Pero siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se levantaron de común acuerdo contra Pablo y lo llevaron al tribunal"

Este tribunal es el que Pablo mencionó en su carta a los Corintios. Le condujeron al tribunal, y allí lanzaron su acusación contra él, diciendo aquí en el versículo 13:

"diciendo: Éste persuade a los hombres a honrar a Dios contra la Ley."

Ahora, ellos no quisieron decir que Pablo hacía algo que era contrario a la ley del Imperio Romano, ni contrario a la ley de Corinto. Lo que querían decir era que obraba de una manera contraria a la ley del sistema legal de Moisés. Y veamos entonces lo que ocurrió. Leamos los versículos 14 al 17 de este capítulo 18 de los Hechos:

"Al comenzar Pablo a hablar, Galión dijo a los judíos: Si fuera algún agravio o algún crimen enorme, judíos, conforme a derecho yo os toleraría; pero si son cuestiones de palabras, de nombres y de vuestra Ley, vedlo vosotros, porque yo no quiero ser juez de estas cosas. Y los echó del tribunal. 17Entonces todos los griegos, apoderándose de Sóstenes, alto dignatario de la sinagoga, lo golpeaban delante del tribunal. Pero Galión no hacía caso alguno."

Muchos han condenado a este hombre Galión. Lo han descrito como un juez típico e insensible de aquel entonces. Pero quisiéramos decir algo en defensa de Galión. Damos gracias a Dios por él, y vamos a decir por qué, él probablemente fue la primera persona que hizo una separación entre la Iglesia y el estado. Galión dijo que si la cuestión se refería a la religión, debían tratarlo ellos mismos. Él era un magistrado romano y su responsabilidad era hacer cumplir la ley romana. Pero mientras el caso no involucrara a la ley romana, él no intervendría. No quería intervenir en asuntos religiosos y les invitó a solucionarlos ellos mismos. Es decir que, adoptó una política de no intervención, él separó la Iglesia y el Estado, y no intervendría en cuanto a la libertad de Pablo de predicar en la ciudad de Corinto. Corinto era una ciudad de libertades civiles, incluyendo a la libertad religiosa.

Continuemos ahora leyendo el versículo 18 de este capítulo 18 de los Hechos, en que se nos dice que

Pablo navegó hacia Antioquía

"Pablo permaneció allí muchos días. Luego se despidió de los hermanos y navegó a Siria, junto con Priscila y Aquila. En Cencrea se rapó la cabeza, porque tenía hecho voto."

Hay muchos que culpan a Pablo por haber hecho un voto. Dicen que éste fue el hombre que predicó que no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia, y por tanto no debía haber hecho este voto. Pero tales personas están diciendo que Pablo debía hacer las cosas de acuerdo a lo que ellos piensan. Bajo la gracia de Dios, estimado oyente, si usted quiere hacer un voto, muy bien puede hacerlo. Y si no quiere hacer un voto, pues, no tiene por que hacerlo. Pablo nunca obligó a nadie a hacer un voto. El hecho es que dijo muy enfáticamente que nadie estaba obligado a hacer eso. Pero, si Pablo quiso voluntariamente hacer un voto, eso le concernía personalmente a él. Esa es la maravillosa libertad que tenemos hoy bajo la gracia de Dios.

Nuestra relación es con el Señor Jesucristo y es una relación de amor. El Señor Jesucristo dijo en el evangelio según San Juan, capítulo 14, versículo 15: "Si me amáis, guardad mis mandamientos". No cumplimos Sus mandamientos por obligación. Pero si le amamos, no haremos nada que interrumpa nuestra relación de compañerismo con Él.

La Biblia nos dice lo que debemos hacer en cuanto a tales cosas. Si uno quiere abstenerse de ciertas cosas o simplemente hacerlas como, por ejemplo, comer carne, tiene libertad para ello. Si uno desea guardar cierto día, tiene libertad para guardarlo. Dijo el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios, capítulo 10, versículo 31: "Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios". El hacer algo o abstenerse de ello, no le hace más, o menos aceptable ante Dios. No vamos pues a culpar aquí a Pablo. En este pasaje particular, el pobre Galión y también Pablo, verdaderamente se enfrentaron con dificultades ante sus críticos. De modo que deseamos defender a los dos.

Pablo pues, regresó entonces de su segundo viaje misionero. La ciudad de Corinto había sido el punto más lejano de su viaje y ahora emprendía el regreso. Navegó desde de Cencrea, que era el puerto de Corinto situado en su parte oriental. Hay un canal que atraviesa la península corintia hoy, pero, no lo había en aquel entonces. Y entonces, arrastraban los barcos por tierra. Si usted va hoy por esa región, puede ver las rocas gastadas por los barcos que eran arrastrados por el istmo hasta el otro lado. Cencrea era, pues, el puerto de Corinto al lado oriental. Pablo fue allí con Aquila y Priscila, y allí subieron al barco. Y ya no siguió rumbo hacia el oeste, sino que navegó de regreso a casa. Leamos ahora el versículo 19 de este capítulo 18 de los Hechos:

"Llegó a Éfeso y los dejó allí; y entrando en la sinagoga, discutía con los judíos."

Recordemos que cuando Pablo salió en su segundo viaje misionero, el Espíritu de Dios no le había permitido ir a Éfeso. Pero en su viaje de regreso, se detuvo en Éfeso, aunque no se quedó allí por mucho tiempo. Continuemos con los versículos 20 y 21:

"Estos le rogaban que se quedara con ellos más tiempo, pero él no accedió, sino que se despidió de ellos, diciendo: Es necesario que en todo caso yo celebre en Jerusalén la fiesta que viene; pero otra vez volveré a vosotros, si Dios quiere. Y zarpó de Éfeso."

Ahora, quizá, alguien se preguntará otra vez por qué Pablo guardaba las fiestas judías. Recordemos sus antecedentes. Era judío, así como Simón Pedro. Tenía antecedentes del sistema mosaico. Y él sabía que muchos de sus amigos estarían en Jerusalén para la fiesta. Y quizá quería subir a la ciudad para hablarles del Señor. Aquí podemos recordar la presencia de Jesús en fiestas judías, y la forma en que se presentó en ella, como el cumplimiento de esas fiestas. En el caso de Pablo, él creyó que, en cualquier caso, le era necesario estar presente en esta fiesta en Jerusalén. Sin embargo, y como hemos dicho antes, estaba bajo la gracia de Dios y si él quería guardar la fiesta, esa cuestión personal le concernía solo a él.

De todos modos, observemos que Pablo vio que se le había abierto una puerta grande, una oportunidad en Éfeso. Pablo tenía corazón de misionero, y quería regresar para estar con aquellos creyentes. Éfeso era una de las grandes ciudades del Imperio Romano. Sigamos adelante, ahora con el versículo 22 de este capítulo 18 de los Hechos:

"Habiendo llegado a Cesarea, subió para saludar a la iglesia y luego descendió a Antioquía."

Vemos pues, que Pablo desembarcó en Cesarea. Ahora, Cesarea y Jope eran los puertos desde donde uno subiría a Jerusalén. Se fue, pues, a Jerusalén y dio allí su informe. Luego volvió al norte a su Iglesia que estaba en Antioquía. Y esto concluyó el segundo viaje misionero de Pablo. Ahora, observemos que Pablo salió inmediatamente en su tercer viaje misionero. Leamos el versículo 23 de este capítulo 18 de los Hechos:

"Después de estar allí algún tiempo, salió y recorrió por orden la región de Galacia y de Frigia, animando a todos los discípulos."

Éste fue entonces el tercer viaje de Pablo a través de Galacia. Veremos que en este tercer viaje también incluiría la ciudad de Éfeso, y que tendrá allí un gran ministerio. Pero, veremos que mientras tanto, alguien había entrado en Éfeso. Se trataba de Apolos, otro gran predicador de la Iglesia primitiva. No era tan conocido como Pablo, pero podremos aprender mucho acerca de él. Leamos, pues, el versículo 24 de este capítulo 18 de los Hechos, que comienza el párrafo titulado

Apolo en Éfeso

"Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, hombre elocuente, poderoso en las Escrituras."

Ahora, Apolos era judío, y por lo tanto había sido formado en la ley de Moisés. Su nombre Apolos, era griego. De modo que, era helenista de la Diáspora, es decir, que pertenecía al grupo de judíos dispersos, fuera de Palestina. Sin embargo, no había nacido en Grecia ni en aquella región de Macedonia. Nació en Alejandría en la parte norte de África, que en realidad está en el norte de Egipto. Alejandría, ciudad que había sido fundada por Alejandro Magno, era uno de los grandes centros de la cultura griega. Allí había una gran universidad y también una de las mejores bibliotecas de todo el mundo. Fue allí donde se tradujo la versión griega del Antiguo Testamento de los Setenta, o Septuaginta. Había un templo judío en Alejandría, y esta ciudad llegó a ser uno de los grandes centros de la Iglesia primitiva junto con Jerusalén y Antioquía. El centro de la iglesia primitiva se desplazaría de Jerusalén y Antioquia hacia Alejandría, que retuvo su importancia por varios siglos de historia de la iglesia. Atanasio, Tertulio, y Agustín, tres grandes hombres de la Iglesia primitiva eran de allí. Y Filón, el filósofo judío heleno, era contemporáneo de Apolos. Filón había mezclado la filosofía griega con el judaísmo, o sea que combinó el platonismo y el judaísmo. Y todas estas cosas sin duda influyeron en la formación de Apolos.

Se nos dice que Apolos era un hombre elocuente, y un gran predicador. También era muy efectivo en la exposición de las Escrituras. Es decir, conocía muy bien el Antiguo Testamento. Continuemos con el versículo 25 de este capítulo 18 de los Hechos:

"Éste había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solo conocía el bautismo de Juan."

Había sido instruido en el camino del Señor. Esto quiere decir que había tenido una educación formal en las Escrituras. Pero, no quería decir en manera alguna que hubiese recibido una revelación directa. Él hablaba con fervor de espíritu, y no necesariamente con el poder del Espíritu Santo, o sea, que tenía una verdadera pasión para las cosas de Dios. Éste fue el testimonio que el Espíritu dio en cuanto a él. Francamente, tenemos que concluir que Apolos era un gran hombre, un hombre extraordinario.

Este hombre hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor. Enseñaba todo lo que había aprendido de las Escrituras, pero solo sabía acerca del bautismo de Juan. No podía ir más allá de eso. Aparentemente no había oído hablar acerca de Jesús. Y el versículo 26 nos dice:

"Comenzó, pues, a hablar con valentía en la sinagoga; pero cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron aparte y le expusieron con más exactitud el camino de Dios."

O sea que Priscila y Aquila invitaron a Apolos a su casa para comer con ellos después del servicio religioso. Y como comprobaron que la información que tenía era muy limitada, le hablaron sobre Jesús. Continuemos con el versículo 27 de este capítulo 18 de los Hechos:

"Cuando él quiso pasar a Acaya, los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos que lo recibieran. Al llegar allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído"

Apolos era un hombre brillante, pero, hasta que Aquila y Priscila le llevaron a casa para comer, no conocía el evangelio de la gracia de Dios. Aquí tenemos pues, un caso en que una mujer ayudó mucho a un predicador. Ella le enseñó algo que él no sabía. Y el versículo 28 dice:

"porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo."

Apolos había enseñado con eficacia y entusiasmo el Antiguo Testamento, y hasta el bautismo de Juan el Bautista. Pero no había avanzado más en su conocimiento, hasta que Priscila y Aquila le pusieron al día y le guiaron en su conversión a Cristo. Entonces fue a Acaya, visitando las iglesias de Grecia, incluyendo a Corinto y Atenas, predicando a Jesús como Mesías y Salvador.

Y así concluye el capítulo 18 de los Hechos de los Apóstoles. Llegamos ahora a

Hechos 19:1-10

Ya notamos que el relato sobre el tercer viaje misionero de Pablo comenzó en realidad en el capítulo 18, versículo 23, donde se nos dice que salió nuevamente de Antioquía. Volvió sobre sus pasos por una parte de la misma ruta recorrida en sus primeros dos viajes misioneros. Después se dirigió a Éfeso, donde, como veremos ahora, pudo cumplir un gran ministerio, enseñando en la escuela de Tirano por dos años. Allí también realizó milagros que provocaron una marcha de protesta contra él, organizada por Demetrio y sus compañeros plateros. El alboroto fue calmado por el secretario de la ciudad, que les pidió que apelasen a la ley, en vez de recurrir a la violencia. Leamos pues los primeros dos versículos de este capítulo 19 de los Hechos, que nos introducen a

El ministerio de Pablo en Éfeso

"Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les preguntó: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Ellos le dijeron: Ni siquiera habíamos oído que hubiera Espíritu Santo."

Recordemos que Pablo había pasado por Éfeso en su viaje de regreso de su segundo viaje misionero, y que les había dicho que volvería a visitarles si Dios se lo permitía. No se había quedado en Éfeso previamente y no había tenido ningún ministerio allí.

Ahora regresaba a Éfeso, pero allí le había precedido el gran predicador Apolos, como vimos en el capítulo anterior. Al comienzo, y como también dijimos anteriormente, Apolos no había conocido nada acerca de la muerte, ni de la resurrección de Jesucristo hasta que Aquila y Priscila tuvieron que tomarle aparte y contarle acerca de Jesús. Todo lo que Apolos había predicado hasta entonces era el bautismo de Juan, que era hasta donde había llegado su conocimiento. Como resultado de esto, los que habían oído sus enseñanzas, habían sido instruidos solamente hasta el tema del arrepentimiento y el bautismo de Juan, y por lo tanto, no habían oído hablar del Espíritu Santo. Y Pablo, fue consciente de ello.

Y les preguntó: "¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Ellos contestaron que ni siquiera habían oído si había un Espíritu Santo. No habían sido instruidos en cuanto al Señor Jesús y no sabían nada acerca de Pentecostés. Entonces dice aquí el versículo 3:

"Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan."

Es que estos discípulos habían sido bautizados, pero todavía no habían sido salvados. No habían recibido el Espíritu Santo porque no eran salvos. Estimado oyente: en el momento en que usted confía en Cristo, usted es regenerado por el Espíritu de Dios, el Espíritu de Dios viene a morar en usted, y así usted es sellado por el Espíritu Santo, y bautizado y unido al cuerpo de creyentes por medio del Espíritu Santo. Esto sucede en el momento preciso en que usted cree y confía en Cristo. Pablo descubrió que aquella gente no había pasado por aquella experiencia de conversión. Entonces, Pablo les explicó que tenían que confiar en el Señor Jesucristo para ser salvos y, como veremos ahora, muchos respondieron a su mensaje y creyeron. Leamos ahora los versículos 4 y 5 de este capítulo 19 de los Hechos:

"Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyeran en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús."

El bautismo de Juan era un bautismo de arrepentimiento. Era una preparación para la venida del Señor Jesucristo. Ahora, estos hombres se convirtieron a Cristo y fueron salvos. No habían sido salvados bajo el ministerio de Apolos porque él mismo no conocía nada acerca de Cristo cuando les había predicado. Algunos hoy creen que ellos ya eran salvos, y que luego, cuando Pablo les habló, recibieron el Espíritu Santo. Pero, según la Biblia, eso no es verdad. Sigamos adelante con los versículos 6 y 7 de este capítulo 19 de los Hechos:

"Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas y profetizaban. Eran entre todos unos doce hombres."

A estos hombres ahora les fue posible hablar en otros idiomas, en idiomas que pudieran ser comprendidos y les fue posible predicar el Evangelio. Éfeso era una ciudad políglota del Imperio Romano. Allí se hablaban muchos idiomas, así como fue el caso de los que habían estado presentes en el día de Pentecostés. Se encontraban en esa costa muchas personas del oriente y del occidente, al ser Éfeso una de las grandes ciudades de aquel entonces. A estos hombres, pues, les fue posible anunciar las buenas nuevas de Cristo a la totalidad de la ciudad. Y dice aquí que eran doce hombres. Éste fue el principio del ministerio en Éfeso. Pablo tuvo un gran ministerio en Corinto y un ministerio incluso mayor en Éfeso. Sigamos con los versículos 8 al 10 de este capítulo 19 de los Hechos:

"Entrando Pablo en la sinagoga, habló con valentía por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. Pero como algunos se rehusaban a creer y maldecían el Camino delante de la multitud, Pablo se apartó de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno. Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús."

Pablo tuvo que salir de la sinagoga porque recibió mucha oposición. Cambió entonces su centro de operaciones y comenzó a enseñarles diariamente en la escuela de Tiranno, que se menciona aquí. Ahora, ¿Cuál era esta escuela de Tiranno? Bueno, era una escuela para los efesios. Tenían su tiempo para la siesta, probablemente por unas dos o tres horas. Nos imaginamos que quizá alquiló el salón, y allí, aprovechando la pausa de la hora de la siesta, después del mediodía, Pablo predicó la Palabra de Dios por un período de dos años. Como resultado de esto, toda la provincia de Asia oyó la Palabra de Dios, tanto judíos como griegos.

El relato nos da alguna idea de cómo la Palabra de Dios crecía en ese tiempo. Al parecer, desde este lugar ventajoso la Iglesia en Colosas tuvo sus comienzos. Es que Pablo les escribió a los colosenses tal como les escribió a los romanos, sin haberles visitado antes. Sin embargo, Pablo fue el fundador de esas iglesias. ¿Cómo pudo ser? Bueno, pues, se debió al simple hecho de que en la escuela de Tiranno el evangelio se proclamó y se divulgó a todas partes. Ahora, sabemos que los corintios habían deseado que Pablo les visitara, pero él les escribió lo siguiente en su primera carta a los Corintios, capítulo 16, versículos 7 al 9: "No quiero veros ahora de paso, pues espero estar con vosotros algún tiempo, si el Señor lo permite. Pero estaré en Éfeso hasta Pentecostés; porque se me ha abierto una puerta grande y eficaz, aunque muchos son los adversarios."

Por dos años el evangelio se proclamó en Éfeso a fin de que todo el mundo lo pudiese escuchar en la provincia de Asia. Creemos que las siete iglesias de Asia Menor debieron su existencia a la predicación del apóstol Pablo en aquí en Éfeso. Y creemos que fue aquí fue donde Pablo tuvo el ministerio más amplio de toda su vida.

Hemos visto actuar a la Palabra de Dios, al mensaje de las buenas noticias del Evangelio de Cristo, en aquel mundo cosmopolita, mundano y complejo de aquella ciudad de Éfeso. A pesar de la dura oposición y a los influyentes medios empleados para detenerla, esa palabra avanzó, se abrió paso y penetró en las vidas de muchísimas personas, transformándolas. Estimado oyente, le invitamos a abrirse a ella porque, como bien dijo el escritor de la carta a los Hebreos 4:12: "La palabra de Dios tiene vida y poder. Es más aguda que cualquier espada de dos filos; penetra hasta lo más íntimo de la persona, y somete a juicio los pensamientos y las intenciones del corazón".

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