Estudio bíblico de 1 Samuel 13:15-15:3

1 Samuel 13:15-15:3

Continuamos hoy estudiando el capítulo 1 de este primer libro de Samuel. Y en nuestro programa anterior, decíamos que el rey Saúl había tenido la osadía de pensar que porque era rey, podría ofrecer un holocausto. Y vimos cómo había mentido diciendo que se había esforzado para ofrecer holocausto y hacer su petición al Señor. Y con esto solamente había demostrado tener un falso sentimiento religioso. Señalamos también el hecho de que a Saúl se le había dicho en el principio, que si obedecía a Dios, Dios le bendeciría. Pero que si desobedecía, habría juicio. Un rey debía obedecer al Señor. Lo que el mundo necesita hoy es que los gobernantes sean gobernados por el Señor. Ése es nuestro problema. Claro que no tendremos uno, hasta que el Señor Jesucristo mismo, vuelva a la tierra. Éste es el propósito final de Dios en Su plan para esta tierra. Ahora, Saúl había desobedecido. De modo que Dios tenía a otro para que fuese el rey y el le colocaría en la escena un poco más tarde. Y ni siquiera Samuel en ese momento sabía quién sería ese hombre.

Hoy vamos a considerar el desamparo de Israel ante los filisteos. Leamos los versículos 15 al 17 de este capítulo 13 del primer libro de Samuel:

"Samuel se levantó y subió de Gilgal a Gabaa de Benjamín. Saúl contó la gente que se hallaba con él, y eran como seiscientos hombres. Saúl, su hijo Jonatán, y el pueblo que con ellos se hallaba, se quedaron en Gabaa de Benjamín, mientras los filisteos acampaban en Micmas. Entonces salió una avanzada del campamento de los filisteos en tres escuadrones; un escuadrón marchaba por el camino de Ofra hacia la tierra de Sual"

Ahora, la batalla estaba por comenzar. Y vemos aquí el verdadero peligro de que los israelitas estuvieran desarmados en esas circunstancias. Hoy en día hay muchos que creen que la paz mundial se conseguirá por medio del desarme. Creen que si pueden ser destruidas todas las armas, que de una u otra manera, la guerra será eliminada. De verdad, ¿cree alguien que aquellos que se están armando, algunos abiertamente y otros en secreto porque tienen ambiciones expansionistas o porque no confían en otras potencias y desean defenderse, accederían a desarmarse, de buena fe, y quedar inermes ante sus adversarios? Éste es un modo de pensar idealista pero, desgraciadamente, alejado de la realidad. Bueno, continuemos leyendo los versículos 18 hasta el 21:

"En toda la tierra de Israel no se hallaba herrero, porque los filisteos habían dicho: Para que los hebreos no hagan espada o lanza. Por lo cual todos los de Israel tenían que acudir a los filisteos para afilar cada uno la reja de su arado, su azadón, su hacha o su hoz. El precio era dos tercios de siclo por afilar las rejas de arado y los azadones, y la tercera parte de un siclo por afilar las hachas y por componer las aguijadas."

Los filisteos habían desarmado a los israelitas. Sin embargo, a los israelitas se les había permitido tener algunos utensilios de uso agrícola y del hogar. Pero aún para poder afilar estos artefactos, los hebreos tenían que acudir a los filisteos. De esta manera, al enemigo le fue posible llevar un buen control de lo que los israelitas tenían en cuanto a armas. Y los versículos finales de este capítulo 13, versículos 22 y 23 dicen:

"Así aconteció que en el día de la batalla ninguno de los del pueblo que estaban con Saúl y Jonatán tenía en sus manos una espada o una lanza, excepto Saúl y Jonatán, su hijo, que sí las tenían. Mientras tanto, un destacamento de los filisteos avanzó hasta el paso de Micmas."

Solamente dos hombres, Saúl y Jonatán tenían espadas. Los otros miembros del ejército posiblemente disponían de rejas de arado, azadones, hachas y otros utensilios similares. Así que, ésta era la forma en que el ejército de Saúl estaba equipado para luchar.

Y llegamos ahora a

1 Samuel 14

Y en este capítulo vemos que Jonatán milagrosamente derrotó a la guarnición de los filisteos. Un terror divino hizo que lucharan los unos contra los otros. Y por último tenemos, que la orden precipitada de Saúl fue anulada. Nuevamente Jonatán ganó una victoria, pero otra vez, Saúl se la atribuyó a sí mismo, como veremos en los versículos 24 y 25. Los celos de Saúl se revelaron en los versículos 37 al 45. Veremos que Saúl realmente estaría dispuesto a destruir a su hijo si éste le resultaba un obstáculo. El capítulo 14 nos da la estrategia de batalla que Jonatán empleó contra los filisteos. Éste es el capítulo que, según se dice, el General británico Allenby leyó la noche antes de que llevara a cabo su ataque exitoso contra los turcos en la primera guerra mundial. Estamos seguros de que cuando el General Allenby leyó este capítulo, para él fue una revelación emocionante ver cómo Jonatán ejecutó sus tácticas militares. El General Allenby era un cristiano que conocía su Biblia.

Ahora, no pensamos entrar en la estrategia de batalla que Jonatán usó contra los filisteos, que usted mismo podrá leer después en los versículos 1 al 14, de este capítulo 14 de 1 Samuel. Más bien, veremos la gran lección espiritual de este incidente. Comencemos, pues, leyendo el versículo 18:

"Entonces Saúl dijo a Ahías: Trae el Arca de Dios. Porque el Arca de Dios estaba entonces con los hijos de Israel."

Saúl no debiera haber llevado el arca al campo de batalla. Como ya lo hemos visto, en los días de Samuel los hijos de Israel hacían uso del arca de una manera supersticiosa, creyendo que les ayudaría a ganar sus batallas. Aparentemente Saúl quiso sacar aquí nuevamente el arca con el mismo propósito. Leamos ahora los versículos 19 al 23:

"Pero aconteció que mientras aún hablaba Saúl con el sacerdote, el alboroto que había en el campamento de los filisteos aumentaba, e iba creciendo cada vez más. Entonces dijo Saúl al sacerdote: Detén tu mano. Luego Saúl reunió a todo el pueblo que con él estaba y llegaron hasta el lugar de la batalla. Allí vieron que cada uno había desenvainado su espada contra su compañero y que había gran confusión. Los hebreos que desde tiempo antes habían estado con los filisteos, y que desde los alrededores habían subido con ellos al campamento, se pusieron también del lado de los israelitas que estaban con Saúl y con Jonatán. Asimismo todos los israelitas que se habían escondido en los montes de Efraín, al oír que los filisteos huían, también los persiguieron en aquella batalla, que se extendió hasta Bet-Avén. Así salvó el Señor aquel día a Israel."

A pesar del deseo y la acción de Saúl de sacar el arca, fue la estrategia y el valor de Jonatán lo que ganó la batalla desde el punto de vista humano. Vemos claramente que Dios estaba con este joven. Pero lastimosamente veremos que no viviría por mucho tiempo. Y aquel día, Dios salvó a Israel. Leamos los versículos 24 al 27 de este capítulo 14 del primer libro de Samuel, para ver como

La orden precipitada de Saúl fue anulada

"Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel día, porque Saúl había hecho jurar al pueblo, diciendo: Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que me haya vengado de mis enemigos, sea maldito. Y nadie había probado bocado. Todo el pueblo llegó a un bosque, donde había miel en la superficie del campo. Entró, pues, el pueblo en el bosque, y vieron que allí corría la miel; pero no hubo quien la probara, porque el pueblo temía al juramento. Jonatán, que no había oído cuando su padre había hecho jurar al pueblo, alargó la punta de una vara que traía en su mano, la mojó en un panal de miel y se llevó la mano a la boca. Entonces se le aclararon los ojos."

Es interesante notar que Jonatán no tenía conocimiento de la orden extraña de su padre, que había prohibido al ejército comer hasta que se ganara la batalla. En realidad, Jonatán ya había ganado la batalla pero Saúl se atribuyó el mérito. No estaba dispuesto a reconocer el mérito de su hijo. Su modestia aparente había desaparecido y sus celos se estaban poniendo en evidencia. Su modestia ha desaparecido y sus celos se hicieron evidentes. Prosigamos leyendo los versículos 28 hasta el 30 de este capítulo 14 del primer libro de Samuel:

"Uno del pueblo le habló, diciendo: Tu padre ha hecho jurar solemnemente al pueblo: Maldito sea el hombre que tome hoy alimento. Y el pueblo desfallecía. Respondió Jonatán: Mi padre ha turbado al país. Ved ahora cómo han sido aclarados mis ojos por haber probado un poco de esta miel. ¿Cuánto más si el pueblo hubiera comido libremente hoy del botín tomado a sus enemigos? ¿No hubiera sido mayor el estrago entre los filisteos?"

Fue una orden insensata la que Saúl había dado. Los hombres estaban cansados. Habían peleado una batalla, habían ganado y necesitaban algo de comer. Pero Saúl había dicho: "Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que me haya vengado de mis enemigos, sea maldito". Su modestia había desaparecido por completo. Y pasando al versículo 35, leemos hasta el versículo 39 de este capítulo 14 de 1 Samuel:

"Edificó Saúl un altar al Señor, y ése fue el primero que edificó al Señor. Dijo Saúl: Descendamos esta noche contra los filisteos y los saquearemos hasta la mañana; no dejaremos de ellos ninguno. Ellos dijeron: Haz lo que bien te parezca. Dijo luego el sacerdote: Acerquémonos aquí a Dios. Y Saúl consultó a Dios: ¿Debo descender tras los filisteos? ¿Los entregarás en manos de Israel? Pero Jehová no le dio respuesta aquel día. Entonces dijo Saúl: Venid acá todos los principales del pueblo, averiguad y ved en qué ha consistido este pecado de hoy. 39¡Vive el Señor!, que ha salvado a Israel, que aunque se trate de mi hijo Jonatán, de seguro morirá. Y no hubo en todo el pueblo quien le respondiera."

Saúl sin la más mínima autoridad para hacerlo, edificó un altar y ofreció sacrificios al Señor. Fue así más evidente que Dios no estaba usando a este hombre de ninguna manera. Saúl había obrado mal, pero no está dispuesto a aceptar la culpa. Saúl avisó entonces al ejército que alguien había pecado. El ejército se mantuvo en silencio. Los hombres sabían que la victoria era de Jonatán. Y ahora Saúl estaba diciendo: "La razón por la cual Dios no me contestó, es porque alguien me desobedeció y violó el juramento". Los hombres sabían que Jonatán había gustado la miel, y sabían que Saúl estaba fingiendo en esos momentos; de modo que permanecieron sin responder debido a que él era el rey. Y dice aquí el versículo 40:

"Dijo luego a todo Israel: Vosotros estaréis a un lado, y yo y Jonatán, mi hijo, estaremos al otro lado. Haz lo que bien te parezca?respondió el pueblo a Saúl."

Aquí vemos que el pueblo habló lo menos posible. Ahora, el versículo 41 dice:

"Entonces dijo Saúl al Señor, Dios de Israel: Da a conocer la verdad. La suerte cayó sobre Jonatán y Saúl, y el pueblo quedó libre."

Saúl creyó entonces que Jonatán era el que había comido. Y los versículos 42 y 43, dicen:

"Saúl dijo: Echad suertes entre mí y mi hijo Jonatán. Y la suerte cayó sobre Jonatán. Entonces Saúl dijo a Jonatán: Cuéntame lo que has hecho. Jonatán respondió: Ciertamente gusté un poco de miel con la punta de la vara que traía en mi mano; ¿y he de morir?"

Jonatán era culpable. Era culpable de hacer lo que Saúl no quería que hiciera. Saúl había dicho en el versículo 28: "Maldito sea el hombre que tome hoy alimento". Pero, ¿era acaso ésta una razón válida para morir? Y leemos en los versículos 44 y 45, que Saúl respondió:

"Saúl le dijo: Traiga Dios sobre mí el peor de los castigos, si no te hago morir, Jonatán. Pero el pueblo dijo a Saúl: ¿Ha de morir Jonatán, el que ha logrado esta gran victoria en Israel? ¡No será así! ¡Vive el Señor! que no caerá en tierra ni un cabello de su cabeza, pues lo hizo con ayuda de Dios. Así el pueblo libró de morir a Jonatán."

Saúl en verdad destruiría a su propio hijo si se interpusiera en su camino. ¿Por qué? Porque Saúl tenía celos de Jonatán. Quería toda la gloria para sí mismo. Los hombres del ejército habían permanecido en silencio mientras Saúl había estado despotricando. Pero cuando la vida de Jonatán estuvo en peligro, ya no pudieron permanecer callados.

En estos incidentes estamos viendo el verdadero carácter de Saúl. Más tarde veremos cómo se comportaría desobedeciendo directamente a Dios. Iba a hacer algo que resultaría en una tragedia para la nación de Israel, y si Dios no hubiera intervenido, habría significado la destrucción total de la nación. Saúl estaba revelando el hecho de que no era en ninguna manera un hombre de Dios. En realidad, era un hombre controlado por Satanás. En el próximo capítulo veremos que Saúl ya no obedecería más a Dios, sino que seguiría sus propios designios. Finalmente, el Espíritu de Dios ya no le hablaría más. Dios no le guiaría más y él se apartaría de Dios para actuar de acuerdo con el mundo demoníaco, como también veremos más adelante en el relato.

Y así concluye nuestro estudio de este capítulo 14 del primer libro de Samuel. Llegamos ahora a

1 Samuel 15:1-3

En este párrafo, el tema central es

La rebelión de Saúl en cuanto a Agag

La rebelión de Saúl contra el mandamiento de Dios se verá en este capítulo. En este capítulo Samuel envió a Saúl para destruir a Amalec. Saúl salvó a Agag y lo mejor del despojo de guerra. Dios lo desechó, debido a su desobediencia. Y por último tenemos, la humillación de Saúl.

La rebelión notoria de Saúl se revelaría en su desobediencia en cuanto a Agag. Quiso salvar las apariencias, encubriendo su pecado delante del pueblo, para lo cual quiso tener la ayuda de Samuel. Saúl entonces fue desechado como rey, sin esperanza alguna de cualquier recuperación. Samuel demostró que amaba a Saúl por la forma en que se lamentaba por él.

¿Por qué se usó entonces una cirugía tan extrema, de matar a los amalecitas y a Agag? La respuesta puede encontrarse en el libro de Ester. Miremos lo que ocurriría en unos 500 años. El malvado Amán, que casi tuvo éxito en destruir a la totalidad de la raza judía, era descendiente de Agag, un amalecita, como podemos comprobarlo en el capítulo 3:1 del libro de Ester. Dios, conocía el verdadero carácter de este pueblo, revelado por primera vez en su ataque perverso y no provocado contra los israelitas en el desierto. (Éxodo 17:8?16).

Al seguir nuestro estudio en la vida de Saúl, por la forma en que estaba dominado por sus pasiones, vemos que en realidad era un hombre de Satanás. Personalmente creemos que nunca fue salvado, y más aun, creemos que Saúl era también bastante hipócrita. Fingió ser un hombre de Dios, pero nunca lo fue en realidad. La rebelión notoria de Saúl se reveló entonces en su desobediencia y rebelión en cuanto a Agag. Leamos, pues, los primeros tres versículos de este capítulo 15 del primer libro de Samuel:

"Un día Samuel dijo a Saúl: El Señor me envió a que te ungiera rey sobre su pueblo Israel; ahora, pues, escucha las palabras del Señor. Así ha dicho el Señor de los ejércitos: Yo castigaré lo que Amalec hizo a Israel, cortándole el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, hiere a Amalec, destruye todo lo que tiene y no te apiades de él; mata hombres, mujeres y niños, aun los de pecho, y vacas, ovejas, camellos y asnos."

Estas instrucciones pueden parecer extremas a los que no están familiarizados con la historia de Amalec. Moisés, que se encontraba allí cuando sucedió, había repasado el episodio con la generación más joven, al final de la travesía del desierto. Recordemos, pues, sus palabras, registradas en Deuteronomio 25:17?19, donde dijo: "17Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salías de Egipto; 18de cómo te salió al encuentro en el camino y, sin ningún temor de Dios, te desbarató la retaguardia de todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y sin fuerzas. 19Por tanto, cuando el Señor, tu Dios, te dé descanso de todos los enemigos que te rodean, en la tierra que el Señor, tu Dios, te da como heredad para que la poseas, borrarás la memoria de Amalec de debajo del cielo; no lo olvides". Si usted ha seguido esta historia en el Antiguo Testamento, reconocerá que los amalecitas se oponían a Dios de una forma total. Eran rebeldes contra Él. De modo que Dios dijo que los juzgaría debido a esta rebelión. El hecho es que, si a esta gente se le hubiera permitido vivir, probablemente habría causado en el futuro, aun mayores dificultades que las que nos es posible imaginar. Aparentemente, Saúl salvaría la vida a un amalecita, y cuando lleguemos al libro de Ester, conoceremos a uno sus descendientes, que sería Aman. Ese hombre trataría de destruir totalmente a la nación hebrea, y habría tenido éxito si no hubiera sido por la intervención de Dios. Cuando uno mira las cosas desde la perspectiva de Dios, estimado oyente, entonces muchas veces puede entender Su acción inmediata.

Recordando la situación de Saúl, diremos que cuando alguien resuelve alejarse de Dios rebelándose contra Su autoridad, su vida comienza a caracterizarse por una serie de errores que se suceden rápidamente. La mente se va obcecando cada vez más, sus decisiones son crecientemente descabelladas y la mente se va cerrando a cualquier llamado al sentido común. Es como si alguien comenzara a caer por una pendiente y la velocidad de la caída va aumentando progresivamente. Hasta que, al final, se encuentra en un callejón sin salida y el retroceso ya no es posible. Estimado oyente, le invitamos a reflexionar sobre su situación actual frente a Dios. El apóstol Pablo nos recuerda en 2 Tesalonicenses 1:8, que habrá un juicio para los que no conocieron a Dios ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Pero vivimos hoy en tiempos de salvación. Y en otro de sus escritos, en 1 Timoteo 2:4, hablando de Dios nuestro Salvador, el apóstol Pablo dice que "Él quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad, pues hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos".

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