Estudio bíblico de 1 Samuel 28:8-30:6

1 Samuel 28:8-30:6

Continuamos estudiando hoy el capítulo 28 de este primer libro de Samuel. Y en nuestro programa anterior, vimos que ante la posibilidad de enfrentarse con los ejércitos de los filisteos, Saúl consultó al Señor, pero el Señor no le respondió. Entonces les pidió a sus criados que le buscaran a una mujer que tuviera un espíritu de adivinación para que él pudiera consultarla. Le dijeron que había una mujer en Endor que tenía espíritu de adivinación. Saúl, entonces, se preparó para ir a visitar a la adivina o hechicera de Endor. Vamos, pues, a leer hoy este pasaje comprendido entre los versículos 8 y 14 de este capítulo 28, que nos habla de esta visita que Saúl hizo a esta hechicera. Dice así:

"Se disfrazó Saúl poniéndose otras vestiduras y, acompañado por dos hombres, vinieron a aquella mujer de noche y él dijo: Te ruego que me adivines, por el espíritu de adivinación, y hagas venir a quien yo te diga. La mujer le respondió: Bien sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha extirpado de la tierra a los evocadores y a los adivinos. ¿Por qué, pues, me pones esta trampa para hacerme morir? Entonces Saúl le juró por el Señor: ¡Vive el Señor!, que ningún mal te sobrevendrá por esto. La mujer dijo: ¿A quién te haré venir? Hazme venir a Samuel, respondió él. Al ver la mujer a Samuel, lanzó un grito y dijo a Saúl: ¿Por qué me has engañado?, pues tú eres Saúl. No temas. ¿Qué has visto? le respondió el rey. He visto dioses que suben de la tierra,dijo la mujer a Saúl. ¿Cuál es su forma?le preguntó él. Un hombre anciano viene, cubierto de un manto?respondió ella. Comprendió Saúl que era Samuel, y cayendo rostro en tierra, hizo una gran reverencia."

Observemos el terror que sintió aquella adivina al ver a criaturas sobrenaturales que subían de la tierra. Si uno lee el relato cuidadosamente, se da cuenta que Saúl no vio realmente a Samuel. Fue la adivina, quien posiblemente nunca hubiera visto a Samuel en vida, la que dijo que vio a un anciano cubierto con un manto o una capa. Por supuesto, ellos llegaron a la conclusión de que esa figura era Samuel. Entonces, esa figura humana respondió como si fuera Samuel, porque los demonios pueden hacerse pasar por una persona o imitarla. Saúl se había abierto ampliamente a la influencia de Satanás y éste, se introdujo en su persona. Continuemos leyendo el versículo 15, de este capítulo 28 de 1 Samuel:

"Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir? Saúl respondió: Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí. Dios se ha apartado de mí y ya no me responde, ni por medio de los profetas ni por sueños; por esto te he llamado, para que me digas lo que debo hacer."

Aquí vemos nuevamente que Saúl había sido abandonado por Dios, y estaba desesperado y asustado por el avance de los filisteos. Continuemos leyendo los versículos 16 al 19:

"Samuel respondió: ¿Para qué me preguntas a mí, si el Señor se ha apartado de ti y es tu enemigo? El Señor te ha hecho como predijo por medio de mí, pues el Señor ha arrancado el reino de tus manos y lo ha dado a tu compañero, David. Como tú no obedeciste a la voz del Señor, ni atendiste al ardor de su ira contra Amalec, por eso el Señor te ha hecho esto hoy. Junto contigo, el Señor entregará a Israel en manos de los filisteos; mañana estaréis conmigo, tú y tus hijos. El Señor entregará también al ejército de Israel en manos de los filisteos."

Resulta interesante observar que en estas palabras no se añadió nada nuevo. Saúl no consiguió ninguna información nueva. Samuel, antes de su muerte, ya había hablado sobre el rechazo, la destrucción y la muerte de Saúl. Con este incidente, Saúl, pues, no obtuvo ningún consuelo ni dirección, ni ninguna nueva información sobre su incursión al mundo de los espíritus.

Esto nos recuerda un relato de uno de los amigos de Job. Por la forma en que se expresó, uno pensaría que había recibido una revelación extraordinaria. Se encuentra en Job 4:12-17, y dice así:

"El asunto me llegó como un susurro; mis oídos lograron percibirlo. En la imaginación de visiones nocturnas, cuando el sueño cae sobre los hombres, me sobrevino un espanto y un temblor que estremeció todos mis huesos: y al pasar un soplo por delante de mí, se erizó el pelo de mi cuerpo. Delante de mis ojos se detuvo un fantasma cuyo rostro no reconocí, y lo oí decir muy quedo: ¿Será el mortal más justo que Dios? ¿Será el hombre más puro que el que lo hizo?"

Después de que aquel hombre tuviera esa gran experiencia que describió con gran cantidad de giros y expresiones, al ver este resultado nos preguntamos ¿percibimos alguna nueva verdad? Realmente, no. Y la conclusión en forma de pregunta que dice ¿Será el hombre más puro que el que lo hizo? ¿No es acaso una verdad evidente? En este caso, el "fantasma" o personaje mencionado en el versículo 16, no reveló nada nuevo.

En el incidente de 1 Samuel, resulta obvio que Dios no estaba de acuerdo con este procedimiento. En primer lugar, Dios no llamaría a Samuel, pues Saúl dijo claramente que Dios ya no hablaba con él. ¿Le fue entonces posible a Satanás llamar a Samuel? Ésta es, por supuesto, la cuestión.

Ahora, al leer la Escritura debemos entender que Cristo fue el único que se comunicó con los muertos. Sólo Él puede hablar con los muertos. Este hombre, Saúl, había sido abandonado por Dios. Por lo que a él se refería, el Cielo permanecía en silencio. Y por tanto, Saúl acudió al infierno. Ahora, ¿se le apareció Samuel a Saúl? Ante esta pregunta, se han ofrecido varias explicaciones. Hay quienes descartan el incidente como un fraude. No creen que haya en él ningún elemento genuino. Dicen que la adivina era ventrílocua y que escenificó todo el espectáculo. Nosotros también creemos que ella era una impostora, pero tenemos que reconocer que, como ella se quedó tan asustada como Saúl de lo que sucedió, no podemos descartar el elemento sobrenatural.

El mago Houdini, en sus tiempos, dijo que él podía duplicar un 95 por ciento de todos los llamados actos sobrenaturales que el espiritismo alegaba poder hacer y que aparentemente hacía. Ahora, considerando que un 99 por ciento de eso era un fraude, ¿qué diremos del resto? Bueno, creemos que lo que ocurrió en Endor, fue algo sobrenatural, pero no creemos que Dios tuviera algo que ver con ello. Claro que también hay otro factor que ayuda a explicar algo de lo que ocurre en estos casos, y se trata del deseo irresistible de los familiares de comunicarse con sus seres queridos que han fallecido.

Luego, hay otra explicación que se ha dado. Hay quienes dicen que la adivina en realidad hizo venir a Samuel de los muertos. Estimado oyente, esa explicación no se puede sostener ni es compatible con el resto de las Escrituras. Aquí en el versículo 15, dice: "Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí. Dios se ha apartado de mí y ya no me responde". Saúl quería hallar una solución a su problema y Dios ya no le hablaba. Creemos que la pitonisa era un fraude. En realidad, lo que apareció era un demonio. Ella estaba controlada y gobernada por un demonio adivinador. Al fin y al cabo no le reveló ninguna información nueva a Saúl. Samuel ya le había dicho a Saúl que Dios lo había desechado. Usted recordará que en el capítulo 15 de este primer libro de Samuel, en el versículo 23, dice: "Como pecado de adivinación es la rebelión, como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto rechazaste la palabra del Señor, también él te ha rechazado para que no seas rey". También le dijo que el reino pasaría a David.

Es muy significativo lo que se nos dice en el primer libro de Crónicas, capítulo 10, versículo 13: "Así murió Saúl a causa de su rebelión con que pecó contra el Señor, contra la palabra del Señor, la cual no guardó, y porque consultó a una adivina". Estimado oyente, Dios condenó lo que Saúl hizo.

Ahora, hay quienes utilizan el versículo 12, en este capítulo 28 del primer libro de Samuel, para intentar probar que Dios hizo que Samuel se apareciera. Dice así: "Y viendo la mujer a Samuel, lanzó un grito y dijo a Saúl: ¿Por qué me has engañado?, pues tú eres Saúl". No nos adherimos a esta teoría. Creemos que fue un espíritu que se hizo pasar por Samuel imitándole, y no Samuel, el que apareció. Dios ya no hablaba con Saúl. Y lo que era aun peor, Saúl ya no tenía una relación con Dios. Los muertos no pueden comunicarse con los seres vivos de ninguna manera, y por eso, este incidente fue satánico desde el principio hasta el fin.

Cuando decimos que los muertos no se pueden comunicar con los vivos, hay una sola excepción. ¿Quiere escuchar una voz de los muertos? Pues, bien, escúchela en Apocalipsis, capítulo 1, versículos 17 y 18, donde leemos: "Cuando le vi, caí a sus pies como muerto. Y él puso su diestra sobre mí diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último, el que vive. Estuve muerto pero vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves del reino de la muerte". Es el Señor Jesucristo el que tiene las llaves de la tumba y la muerte. Él sí ha muerto y ha triunfado sobre la muerte regresando de los muertos. Si usted necesita ayuda, acuda a Él. Si usted es consciente de que necesita la salvación, vaya hacia Él. Jesús cruzó el portal de la muerte por usted y por mí, y regresó con su inmenso poder, que está a disposición de los que están dispuestos a creer, y al alcance de los suyos.

Los versículos 20 al 25, con los que finaliza este capítulo 28 de 1 Samuel, simplemente relatan el final de la entrevista con la adivina. Llegamos así a

1 Samuel 29

Este capítulo, describe la vida de David entre los filisteos. Como ya vimos en el capítulo 27, David se había sentido tan desalentado por la determinación de Saúl de matarle, que salió de las tierras de Israel. Dios no le había dicho que saliese, así como tampoco, en la época de los patriarcas, tampoco la había dicho a Abraham que abandonase la tierra. Ya indicamos anteriormente que la fe de estos dos hombres se debilitó. Así que entonces, David no consultó a Dios, ni recibió el consentimiento divino para tomar esta decisión y se trasladó al país de los filisteos.

Ahora debemos tener en cuenta que los filisteos eran acérrimos enemigos de su pueblo. Sucedió entonces que mientras David estuvo viviendo allí se hizo amigo de Aquis, rey de Gat, uno de los líderes de los filisteos. Pero la guerra estalló una vez más entre los israelitas y los filisteos y entonces David se encontró en una situación bastante difícil, porque, siendo amigo de uno de los líderes de aquel país, se sintió obligado a quedarse con los filisteos y ser su aliado. Pero Dios intervino e impidió que David atacara a su propio pueblo. Ésta sí que fue una solución de último momento. Si Dios no hubiese intervenido, David habría hecho algo que hubiera lamentado durante toda su vida.

Y amigo y hermano que nos escucha. No nos damos cuenta de las muchas ocasiones en que Dios interviene en nuestras vidas. A veces traspasamos los límites que Dios ha fijado y no nos encontramos en el lugar donde debiéramos estar, o no hacemos lo que debiéramos estar haciendo. Cuando cometemos estos errores de juicio o de apreciación, Dios muchas veces interviene bondadosamente y nos guarda de cometer algún pecado o error que lamentaríamos durante el resto de la vida. Estamos seguros que usted puede mirar atrás en el camino de su vida y recordar muchas de estas ocasiones en las que Dios intervino. Comencemos, pues, este capítulo 29, leyendo los primeros dos versículos:

"Los filisteos reunieron todas sus fuerzas en Afec, e Israel acampó junto a la fuente que está en Jezreel. Mientras los príncipes de los filisteos pasaban revista a sus compañías de a ciento y de a mil hombres, David y sus hombres iban en la retaguardia con Aquis."

Cuando la guerra estaba para estallar, David y sus hombres se encontraban con los filisteos. Ahora, los príncipes de los filisteos conocían a David y cuando le vieron marchando con ellos, no les gustó nada, y con toda la razón. Estamos seguros que si usted viera marchando juntamente con usted a alguien que, habiendo sido su enemigo se pone repentinamente de su lado, querría estar seguro que tal persona no se le fuera a acercar por detrás para atacarle. A veces una persona que usted tenía por enemigo, de repente se convierte en su aliado y usted se pregunta si en verdad es su amigo, o si tiene otras intenciones ocultas. Y leamos ahora el versículo 3 de este capítulo 29 del primer libro de Samuel, en al cual vemos que

Los filisteos desconfiaron de que David luchase contra Israel

"Entonces los príncipes de los filisteos dijeron: ¿Qué hacen aquí estos hebreos? Aquis respondió a los príncipes de los filisteos: ¿No ven que es David, el siervo de Saúl, rey de Israel? Ha estado conmigo por días y años, y no he hallado falta en él desde que se pasó a mi servicio hasta el día de hoy."

El príncipe filisteo Aquis no encontró ninguna falta en David porque le había sido leal. Durante el tiempo que pasó allí, nunca trató de socavar su posición. Se había dado cuenta de que David no era ese tipo de persona. Veamos ahora el versículo 4:

"Entonces los príncipes de los filisteos se enojaron contra él, y le dijeron: Despide a este hombre, para que regrese al lugar que le señalaste y no venga con nosotros a la batalla, no sea que en la batalla se vuelva enemigo nuestro; porque ¿con qué cosa retornaría mejor a la gracia de su señor que con las cabezas de estos hombres?"

Así razonaron los soldados filisteos y hasta cierto punto tenían razón. Quizá David quisiera hacer las paces con Saúl y, ¿qué mejor que luchando contra los filisteos durante la batalla contra Israel? Eso seguramente le reconciliaría con Saúl. Y como los soldados no conocían a David, nadie podía culparles por no querer correr ese riesgo. Y continuaron hablando aquí en el versículo 5 y dijeron:

"¿No es este el David de quien cantaban en las danzas: Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles?"

Esto sí que fue memoria colectiva. ¡Pues sí que se había hecho popular esa canción, después que David hubiera vencido al gigante Goliat! Los príncipes filisteos habían oído hablar de David y sabían que podría convertirse en un enemigo formidable. Por lo tanto creemos que su posición era razonable y lógica. Aquis, sin embargo, confiaba completamente en David. Y dijo aquí en los versículos 6 y 7:

"Entonces Aquis llamó a David y le dijo: ¡Vive el Señor, tú has sido un hombre recto!, y me ha parecido bien que salgas y entres en el campamento conmigo, porque ninguna cosa mala he hallado en ti desde que viniste a mí hasta el día de hoy; pero no eres grato a los ojos de los príncipes. Regresa, pues, y vete en paz, para no desagradar a los príncipes de los filisteos."

O sea, que Aquis fue superado por la opinión general, que no deseaba la ayuda de David. Y para mantener la armonía entre ellos, Aquis despidió a David. Esta actitud fue realmente nada menos que la providencia del Dios Todopoderoso. Libró a David de tener que luchar contra su propio pueblo. Y leemos aquí en el versículo 8 de este capítulo 29 del primer libro de Samuel:

"David dijo a Aquis: ¿Qué he hecho yo? ¿Qué has hallado en tu siervo desde que entré a tu servicio hasta el día de hoy, para que yo no vaya y pelee contra los enemigos del rey, mi señor?"

Aunque el rey Saúl fuera enemigo de David en aquel tiempo, era inconcebible que David se volviese en contra de su propio pueblo. Sin embargo, el debilitamiento de la fe de David al salir de su tierra, reveló que también se estaba apartando de la voluntad de Dios. Y esta actitud abrió el camino para que el pecado entrara en su vida. Estimado oyente cristiano, es interesante comprobar que cuando un hijo de Dios se aparta de la voluntad de Dios, no perderá su salvación, pero se complicará la vida con problemas y no gozará de la guía y bendición de Dios.

David se apartó de la voluntad de Dios y aquí vemos que estuvo a punto de cometer un pecado terrible y un error trágico. Pero Dios intervino a tiempo. Leamos en el versículo 11 de este capítulo 29 del primer libro de Samuel:

"Se levantaron David y sus hombres de mañana para irse y regresar a la tierra de los filisteos; y los filisteos se fueron a Jezreel."

Ahora, Jezreel estaba situada en el norte. Si usted dispone de un buen mapa, debiera mirar la geografía de esta zona y mucho de lo que tuvo lugar aquí, le resultará más claro y comprensible. Jezreel estaba cerca del valle de Esdraelón. En realidad, diríamos que era una parte de este valle. Las Escrituras dicen que será aquí, en este mismo valle de Esdraelón donde tendrá lugar la última gran batalla del final de los tiempos, es decir, la gran batalla de Armagedón. En la actualidad, éste es un valle fértil.

David, pues, no subió a Jezreel, sino que los filisteos subieron sin él y David y sus hombres se dirigieron hacia Siclag donde, como veremos en el capítulo siguiente, no disfrutaron de una alegre bienvenida.

Y así llegamos al final de nuestro estudio de este capítulo 29 del primer libro de Samuel, y llegamos a

1 Samuel 30:1-6

Considerando el capítulo en su totalidad, diremos que David pidió consejo a Dios y persiguió a los amalecitas. Recobró todo lo robado, repartió igualmente el botín; y envió obsequios a sus amigos. Comenzando pues nuestro relato al principio de este capítulo, veremos en el primer párrafo que

David luchó contra los amalecitas por haber destruido a Siclag

Mientras David y sus hombres estaban fuera de su casa, un enemigo procedente del sur, los amalecitas, habían invadido el país de los filisteos destruyendo a Siclag. Observando el mapa, usted observará que Siclag estaba situada en la zona sur, incluso al sur de Berseba, en el país filisteo. Veamos, pues, los primeros tres versículos de este capítulo 30:

"Cuando David y sus hombres llegaron al tercer día a Siclag, los de Amalec habían invadido el Neguev y Siclag, habían asolado a Siclag y le habían prendido fuego. Se habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los que estaban allí, del menor hasta el mayor, pero a nadie habían dado muerte, sino que se los llevaron y siguieron su camino. Llegó, pues, David con los suyos a la ciudad, y se encontró que estaba quemada, y que sus mujeres, sus hijos e hijas, habían sido llevados cautivos."

¿Puede usted imaginarse, estimado oyente, cómo se sentirían David y sus seiscientos hombres? Habían regresado a su pequeña aldea de Siclag, que se había convertido en su hogar, esperando reunirse con sus familiares. Y se encontraron con que Siclag había sido destruida con fuego y abandonada. David y sus hombres se quedaron angustiados, sumidos en la impotencia y desesperación. Habían perdido a sus esposas e hijos. Por lo que ellos sabían, sus seres queridos habían sido todos muertos. Y leemos aquí en los versículos 4 y 5 de este capítulo 30 del primer libro de Samuel:

"Entonces David y la gente que lo acompañaba lloraron a voz en cuello, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar. Las dos mujeres de David, Ahinoam jezreelita y Abigail, la que fue mujer de Nabal, el de Carmel, también habían sido llevadas cautivas."

Esta desgracia cayó como un gran golpe sobre David. Entre las esposas perdidas estaba su propia esposa Abigail. Usted recordará que Abigail había estado casada antes con un hombre rico cuyo nombre era Nabal. Después de la muerte de éste, David se había casado con Abigail. Ella fue una influencia muy buena sobre la vida de David, siendo la única mujer que fue una verdadera bendición para él. Y dice aquí el versículo 6 de este capítulo 30 del primer libro de Samuel:

"David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues el alma de todo el pueblo estaba llena de amargura, cada uno por sus hijos y por sus hijas. Pero David halló fortaleza en el Señor, su Dios."

David se angustió mucho, no solamente porque perdió a sus amados, sino también porque el pueblo habló de apedrearlo. David era el jefe y ellos le culparon por lo que había sucedido. Lo culparon por haberse ido de Siclag y asociarse con los filisteos. Había cometido un error trágico. Pero observemos lo que dice la última parte del versículo 6: "mas David halló fortaleza en el Señor su Dios."

Estimado oyente, cuando alguien se ve acorralado por las consecuencias de sus errores, cae en una desesperación tal, que solo Dios puede salvarle y restaurarle para que continúe teniendo deseos de vivir. Bien pudo David escribir en el Salmo 86: 6 y 7, las siguientes palabras: "Escucha Señor mi oración, y está atento a la voz de mis ruegos. En el día de mi angustia te llamaré, porque tú me respondes". Es que Dios escucha los ruegos que brotan desde lo más profundo del corazón, cuando ya no quedan palabras para expresar lo que sentimos.

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