Estudio bíblico de 1 Reyes 8:62-10:25

1 Reyes 8:62-10:25

Llegamos hoy al final del capítulo 8 del Primer Libro de Reyes. Y después de haber considerado la dedicación del Templo y la bendición de Salomón, llegamos ahora a los sacrificios y a la expresión de la alegría de Israel. Leamos los versículos 62 al 65 de este Capítulo 8:

"Entonces el rey, y todo Israel con él, ofrecieron sacrificios delante del Señor. Salomón ofreció al Señor, como sacrificios de paz, veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas."

Así dedicaron el rey y todos los hijos de Israel la casa del Señor. 64Aquel mismo día el rey santificó el centro del atrio que estaba delante de la casa de Jehová, porque ofreció allí los holocaustos, las ofrendas y la grasa de los sacrificios de paz, por cuanto el altar de bronce que estaba delante del Señor era pequeño y no cabían en él los holocaustos, las ofrendas y la grasa de los sacrificios de paz.

"En aquel tiempo Salomón, y con él todo Israel, una gran muchedumbre que acudió desde la entrada de Hamat hasta el río de Egipto, hizo fiesta delante del Señor, nuestro Dios, durante siete días, y aun otros siete días, esto es, durante catorce días."

Evidentemente no había suficiente lugar en los altares del Templo para ofrecer todos los sacrificios que son mencionados en este pasaje. Por eso fueron preparados algunos altares provisionales para poder ofrecer los sacrificios adicionales realizados durante el tiempo de la dedicación de este Templo. Creemos que estos altares se extendieron desde Hamat en el norte hasta el río de Egipto en el sur. Fue, pues, un gran tiempo de fiesta. Después de que los animales hubieran sido sacrificados, fueron retirados de los altares y repartidos entre el pueblo. Fue aquel un tiempo de gran celebración que terminó con alegría. Dice el versículo 66:

"Al octavo día despidió al pueblo, y ellos, bendiciendo al rey, se fueron a sus casas alegres y gozosos de corazón, por todo el bien que el Señor había hecho a David, su siervo, y a su pueblo Israel."

Llegamos así al final del capítulo 8 y a

1 Reyes 9

Los capítulos 9 y 10 tratan el tema de la fama de Salomón, la prosperidad de su reino la visita de la reina de Sabá. En este capítulo tenemos el Pacto de Dios con Salomón, en una visión; los presentes recíprocos de Salomón y de Hiram. La mudanza de casa de la hija de Faraón. Los solemnes sacrificios anuales de Salomón. Y finalmente, la flota de Salomón buscó oro de Ofir. Leamos los versículos 1 al 3 de este capítulo 9, en los que vemos que

Dios se le apareció a Salomón por segunda vez

"Cuando Salomón acabó la obra de la casa del Señor, la casa real y todo lo que quiso hacer, el Señor se le apareció a Salomón por segunda vez, como se le había aparecido en Gabaón, y le dijo: He oído tu oración y el ruego que has hecho en mi presencia. He santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días."

O sea, que Dios estaba diciéndole a Salomón: "Yo me encontraré contigo aquí en el Templo. Éste es el lugar donde tendréis que venir tú, el pueblo y el mundo. Éste es el lugar de reunión". Y continuó diciendo en el versículo 4:

"Y si tú andas delante de mí como anduvo David, tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado y guardando mis estatutos y mis decretos, yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como le prometí a tu padre David, cuando dije: Nunca faltará un descendiente tuyo en el trono de Israel."

Así, de esta manera, exhortó el Señor a Salomón. El ejemplo de David era una norma humana, y no una norma elevada según el nivel requerido por Dios. Pero desde el punto de vista humano ésta era una norma bastante alta, pues David había tenido una gran capacidad para relacionarse con Dios y amaba a Dios; pero fracasó, titubeó y cayó. Sin embargo, David se levantó y se acercó a Dios en confesión. Quiso tener comunión y compañerismo con Dios. Dios le dijo ahora a Salomón que quería que él viviese delante de Él como David su padre había vivido, conservando a pesar de todo su integridad de corazón.

Es muy importante conservar hoy la integridad, en una época en que suele manifestarse con frecuencia una actitud hipócrita de ocultación y simulación. Y no es posible engañar a Dios. Cuéntele al Señor los hechos, estimado oyente, porque Él ya los conoce. Si hubiese pecado, confiéselo. David anduvo ante Dios en integridad de corazón. Claro que cayó, pero confesó su pecado y pidió ser limpiado. Aunque su fe falló por un momento, debajo de su fe debilitada y su desobediencia, había una fe que nunca falló. Aunque era un hombre imperfecto, Dios le colocó al nivel de una norma a seguir. Por ello le dijo a Salomón: "Vive cerca de mí, como vivió tu padre". Hay alguien, estimado oyente, cuyas manos llevan la señal de los clavos, y que llevan también el cetro de este universo. Y cuando confesamos nuestros pecados, Él está dispuesto a perdonar y nos perdonará. Continuemos leyendo ahora, los versículos 6 hasta el 9 de este capítulo 9 del Primer Libro de Reyes. Continuó Dios hablando a Salomón en esta visión y le dijo:

"Pero si obstinadamente os apartáis de mí vosotros y vuestros hijos y no guardáis los mandamientos y estatutos que yo he puesto delante de vosotros, sino que vais y servís a dioses ajenos, y los adoráis, yo eliminaré a Israel de sobre la faz de la tierra que les he entregado. Y esta casa que he santificado a mi nombre, la echaré de delante de mí, e Israel será motivo de burla y escarnio entre todos los pueblos. Cualquiera que pase por esta casa, antes sublime, se asombrará y se burlará. Y se preguntará: ¿Por qué ha hecho así el Señor a esta tierra y a esta casa? Y le dirán: Por cuanto abandonaron al Señor, su Dios, que había sacado a sus padres de la tierra de Egipto, y echaron mano a dioses ajenos, los adoraron y los sirvieron; por eso ha traído el Señor sobre ellos todo este mal."

Y esto, estimado oyente, ha llegado a ocurrir cumpliéndose de una manera literal. Si usted va al sitio donde una vez se alzó el Templo, verá que ha sido destruido. La mezquita de Omar se encuentra allí ahora. ¿Por qué se encuentra la tierra de Israel en su condición actual? Pues, porque Israel abandonó a Dios. Ésa es la respuesta. Ahora se nos dice que Salomón tenía un problema con Hiram. No creemos que Salomón e Hiram se llevaran tan bien como David su padre se había llevado con Hiram. Leamos los versículos 10 al 12 de este capítulo 9 del Primer Libro de Reyes, donde empieza una sección que trata sobre

La fama de Salomón

"Aconteció al cabo de veinte años, cuando Salomón ya había edificado las dos casas, la casa deL Señor y la casa real, para las cuales Hiram, rey de Tiro, le había traído madera de cedro y de ciprés y cuanto oro quiso, que el rey Salomón dio a Hiram veinte ciudades en tierra de Galilea. Hiram salió de Tiro para ver las ciudades que Salomón le había dado, y no le gustaron."

Se nos dice que Salomón e Hiram tuvieron un problema. Cuando Hiram vio las veinte ciudades pensó que no había sido compensado debidamente por todo lo que había hecho por Salomón en la edificación del Templo. En realidad, tuvo lugar un desacuerdo que produjo un distanciamiento entre los dos hombres. Y dijo entonces Hiram, aquí en los versículos 13 y 14:

"Entonces dijo: ¿Qué ciudades son estas que me has dado, hermano? Y las llamó, Tierra de Cabul, nombre que tiene hasta hoy. Hiram había enviado al rey tres mil novecientos sesenta kilos de oro."

Las ciudades constituían el pago por el oro que Hiram le había enviado al rey. La madera, la piedra y la mano de obra habían sido pagadas con maíz, vino y aceite. Continuemos leyendo los versículos 15 hasta el 19 de este Primer Libro de Reyes:

"Ésta es la razón del trabajo obligatorio que el rey Salomón impuso para edificar la casa del Señor y su propia casa, Milo y el muro de Jerusalén, Hazor, Meguido y Gezer: El faraón, rey de Egipto, había subido y tomado a Gezer; después la quemó, dio muerte a los cananeos que habitaban en la ciudad y la dio en dote a su hija, la mujer de Salomón. Restauró, pues, Salomón a Gezer y a Bet-horón de abajo, a Baalat y a Tadmor en tierra del desierto; asimismo todas las ciudades donde Salomón tenía provisiones, las ciudades de los carros, las ciudades de la gente de a caballo y todo lo que Salomón quiso edificar en Jerusalén, en el Líbano y en toda la tierra de su señorío."

Este pasaje describe la extensión del reino de Salomón y su espectacular proyecto de edificación. Leamos a continuación los versículos 26 hasta el 28:

"Hizo también el rey Salomón naves en Ezión-geber, que está junto a Elot en la ribera del Mar Rojo, en la tierra de Edom. Hiram envió en ellas a sus siervos, marineros y diestros en el mar, con los siervos de Salomón, los cuales fueron a Ofir y tomaron de allí oro, cerca de catorce mil kilos de oro, y lo trajeron al rey Salomón."

Salomón monopolizó el mercado del oro de aquel entonces. También dispuso de una buena flota. Ezión?geber estaba situado en el brazo oriental del Mar Rojo. Éste era el puerto de Salomón y estaba situado cerca del puerto Israelí Elat. Se cree que su flota extendía su zona de navegación a puntos tan lejanos como Ofir en la parte suroeste de Arabia.

Y así concluye el capítulo 9 de este Primer Libro de Reyes. Llegamos así a

1 Reyes 10:1-25

En este capítulo, vemos que la reina de Sabá, se admiró de la sabiduría de Salomón. También oiremos sobre el oro de Salomón, sus escudos, el trono de marfil, sus vasos, sus presentes, sus carros y caballos. La primera sección nos describe la ocasión en que

Salomón fue visitado por la reina de Sabá

La visita de la reina de Sabá reveló que Salomón había tenido éxito en dar testimonio de Dios al mundo de su época. La fama de Salomón se había divulgado y era obvio que multitudes llegaban a Jerusalén para adorar al Dios vivo y verdadero. En nuestros días, a la iglesia le corresponde ir al mundo. Pero la comisión de ir a todo el mundo, no le fue dada a la nación de Israel. Mientras Israel fue fiel a Dios, Israel fue un testigo ante el mundo. Y de todo el mundo, vinieron a Jerusalén para adorar. El holocausto, en el versículo 5, era la ofrenda que hablaba más ampliamente de Cristo y de Su muerte por nosotros. La reina de Sabá y el mundo, llegaron a conocer a Cristo por medio del holocausto. Recuerde usted que la Palabra de Dios dice que "sin derramamiento de sangre, no se hace remisión". El testimonio de la reina de Sabá, revela que ella había llegado a conocer al Dios vivo y verdadero. Ésta fue una experiencia elegida entre muchas que podrían haber sido relatadas. El libro de los Hechos de los Apóstoles, relata solamente ciertas conversiones, tales como aquella del eunuco etíope. En los versículos 14 al 21 de este capítulo 10, tenemos la riqueza de Salomón. El lujo de su reino, se revela en el versículo 22. Los lujos fueron, por ejemplo, los monos para diversión, pavos reales para embellecer los jardines; y oro, plata y marfil, como adornos magníficos. Hay una nota frívola y trágica aquí, que es a la vez sintomática. Salomón fue llamado para dar un testimonio al mundo y gastó su energía y su tiempo con monos y pavos reales para satisfacer sus antojos. En el capítulo 10 tenemos una gran ilustración de la influencia de Salomón en aquel entonces. La visita de la reina de Sabá muestra los efectos del reino de Salomón, como representante de Dios, sobre las naciones del mundo. Comencemos, pues, leyendo el primer versículo de este capítulo 10 del Primer Libro de Reyes:

"Cuando la reina de Sabá oyó de la fama que Salomón había alcanzado para honra del Señor, vino a probarlo con preguntas difíciles."

Ella vino a Salomón debido a lo que había escuchado sobre él. Había oído acerca de un Templo que había sido edificado, donde uno podría acercarse a Dios y quiso saber más al respecto. También había oído contar de la sabiduría de Salomón y vino para probarle haciéndole preguntas difíciles. Continuemos leyendo, versículos 2 hasta el 5:

"Llegó a Jerusalén con un séquito muy grande, con camellos cargados de especias, oro en gran abundancia y piedras preciosas. Al presentarse ante Salomón, le expuso todo lo que en su corazón tenía. Salomón le contestó todas sus preguntas; nada hubo que el rey no le contestara. Cuando la reina de Sabá vio toda la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado, 5así como la comida de su mesa, las habitaciones de sus oficiales, el estado y los vestidos de los que le servían, sus maestresalas y los holocaustos que ofrecía en la casa del Señor, se quedó asombrada."

Ahora esta reina presenció que Salomón se acercó a Dios por medio de un holocausto. Ésta es la ofrenda que habla de una manera más amplia de Cristo y Su muerte en sustitución del pecador, que todas las otras ofrendas. El escritor a los Hebreos, dijo en el capítulo 9 de su carta, versículo 22: "Y según la ley, casi todo es purificado con sangre; y sin derramamiento de sangre no hay remisión, o perdón". El holocausto fue todo un testimonio para la reina de Sabá.

Ella también se quedó asombrada por la sabiduría de Salomón y por sus programas de construcción. Se admiró de la liberalidad, del lujo y de la prosperidad temporal. Al menos, por un breve período de tiempo, el pueblo de Dios, sirvió de testigo fiel y verdadero a Dios. Y así reaccionó ella por todo lo que había visto y oído. Continuamos leyendo en los versículos 6 y 7:

"Y dijo al rey: ¡Es verdad lo que oí en mi tierra de tus cosas y tu sabiduría! Yo no lo creía hasta que he venido y mis ojos han visto que ni aun se me dijo la mitad: tu sabiduría y tus bienes superan la fama que yo había oído."

La reina de Sabá no había creído todo lo que había oído acerca de Salomón y su reino. Pero acabó descubriendo que ni siquiera le habían contado la mitad. Y continuó diciéndole aquí en los versículos 8 y 9:

"¡Bienaventurados tus hombres, dichosos estos tus siervos, que están continuamente delante de ti y oyen tu sabiduría! ¡Y bendito sea el Señor, tu Dios, que te vio con agrado y te ha colocado en el trono de Israel!, pues el Señor ha amado siempre a Israel, y te ha puesto como rey para que hagas derecho y justicia."

Éste fue su testimonio y creemos que revela que ella había llegado a conocer al Dios vivo y verdadero. Y el versículo 10 dice:

"Luego dio ella al rey tres mil novecientos kilos de oro, muchos perfumes y piedras preciosas. Nunca llegó tal cantidad de especias como la que dio la reina de Sabá al rey Salomón."

La reina de Sabá trajo consigo muchísimas riquezas y se las entregó a Salomón. Ahora, además de eso, la flota de Hiram llegó y también le trajo mas riquezas. Leamos los versículos 11 y 12:

"La flota de Hiram, la que había traído el oro de Ofir, traía también de Ofir mucha madera de sándalo y piedras preciosas. De la madera de sándalo hizo el rey balaustres para la casa del Señor y para las casas reales, arpas y también salterios para los cantores. Nunca había llegado, ni se ha visto hasta hoy, semejante madera de sándalo."

La flota de Hiram, en este caso el rey de Tiro, es decir de los fenicios, que eran un pueblo marinero. Vemos aquí que Salomón continuó su programa de construcción. Hizo columnas para la casa del Señor y para el palacio real. Hizo fabricar también arpas y salterios para los cantores. Continuemos con el versículo 13:

"El rey Salomón dio a la reina de Sabá todo lo que ella quiso y todo lo que pidió, además de lo que personalmente le regaló. Después ella se despidió y regresó a su tierra con sus criados."

Ahora, la reina de Sabá fue solamente un ejemplo de los que llegaron a conocer a Dios durante este tiempo. De la misma manera, el libro de los Hechos de los Apóstoles registró solo ciertas conversaciones como, por ejemplo, aquellas con el eunuco Etíope, Saulo de Tarso y Cornelio. Sin embargo sabemos que literalmente miles de personas llegaron a conocer a Cristo en ese tiempo. En forma análoga, fueron miles los que vinieron a conocer a Dios por medio del Templo en Jerusalén y del testimonio de la gente de la época de Salomón. Veamos ahora, el esplendor de Salomón. Leamos los versículos 14 al 16 de este capítulo 10 del Primer Libro de Reyes:

"El peso del oro que Salomón recibía de renta cada año era de unos veintidós mil kilos de oro, sin contar lo que aportaban los mercaderes, la contratación de especias, y lo de todos los reyes de Arabia y los principales de la tierra. Hizo también el rey Salomón doscientos escudos grandes de oro batido, empleando unos seis kilos de oro en cada escudo."

O sea que, Salomón llegó a monopolizar el mercado mundial del oro de aquel entonces. El reino había llegado a su apogeo. De hecho, David lo había hecho alcanzar esa posición, pero Salomón fue el que pudo consolidarlo y disfrutar de aquella paz, abundancia y prosperidad. Y el versículo 22 dice:

"Ya que el rey tenía en el mar una flota de naves de Tarsis, junto con la flota de Hiram, y una vez cada tres años la flota de Tarsis venía y traía oro, plata, marfil, monos y pavos reales."

Todos estos eran artículos de lujo: monos para el entretenimiento (para el zoológico de Salomón); los pavos reales, por su parte, que eran adornos que proporcionaban belleza al ambiente; el oro, la plata y el marfil que se eran para la elaboración de adornos suntuosos. Todo esto, pues, constituye una nota frívola y trágica, que era sintomática de la condición del reino de Salomón. Él fue llamado a presentar un testimonio al mundo y el mundo vino hasta su misma puerta. ¿Y qué hizo él? Dedicó su tiempo y energía con monos y pavos reales, simplemente para satisfacer un capricho. Y leemos en los versículos 23 y 24:

"Así excedía el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría. Toda la tierra procuraba ver el rostro de Salomón, para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón."

Y así, el reino en su apogeo se caracterizó por un testimonio fiel. Lo hemos visto ilustrado en la vida de la citada reina de Sabá y se nos dice que muchos otros personajes vinieron también a Jerusalén. Podemos decir que en ese período, Salomón fue un testigo de Dios ante el mundo. Y el versículo 25 de este capítulo 10 del Primer Libro de Reyes nos dice:

"Y todos le llevaban cada año sus presentes: alhajas de oro y de plata, vestidos, armas, especias aromáticas, caballos y mulos."

Francamente, los presentes de estas visitas ayudaron a Salomón a fortalecer un reino que fue notable por sus riquezas. Claro que más tarde las riquezas hicieron que Israel fuera objeto de despojo por parte de otras naciones, cuando el reino se dividió y debilitó. Bien habría hecho el rey en recordar el consejo de su padre David, cuando dijo, en el Salmo 62:10, "Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas". Estimado oyente, recuerde la advertencia del trágico final de aquel hombre de la parábola que Jesús relató en Lucas 12, que en la lucha por atesorar riquezas, desechó a Dios y perdió su alma. Y el triste epitafio de aquella vida fue: "Eso le pasa al hombre que acumula riquezas, pero no es rico delante de Dios."

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