Estudio bíblico de 1 Reyes 19:5-20:43

1 Reyes 19:5-20:43

Continuamos hoy estudiando el capítulo 19 del Primer Libro de Reyes. Y en nuestro programa anterior, dejamos a Elías huyendo de Jezabel. Y dijimos que después de esa experiencia que él había tenido en el monte Carmelo, estaba agotado. Estaba rendido después de la gran presión que significó declararse a favor de Dios en un ambiente pagano. Y dijimos que Elías quizás nunca habría huido de Jezabel, si no fuera por su estado físico y anímico. Y creemos, estimado oyente, que hoy necesitamos hombres que estén dispuestos a entregarse de esta manera al cumplimiento de su misión. Consideramos también el elemento o el factor sicológico implicado en esta situación, y dijimos que estos son los tiempos de la hipertensión, la frustración, la depresión, la debilidad nerviosa, el estrés, el desánimo, la tristeza, y el agotamiento. Elías era fuerte, era hombre de mucho ánimo. Tenía una apariencia exterior ruda, pero en su interior, era un hombre muy sensible, dominado por sus emociones. Poseía una fina sensibilidad y le agradaba lo artístico, lo estético. Quizás sufría, como dicen los sicólogos, de una psicosis maníaco depresiva. Hicimos también una comparación y dijimos que Dios había puesto pieles de tejones sobre toda la hermosura, la riqueza, y la obra artística del Tabernáculo. Una piel de tejones, era la parte exterior de algo maravilloso y hermoso. Y dijimos que la apariencia exterior de Elías era así. Pero ahora, en esas condiciones deplorables, le estaba pidiendo a Dios que le quitara la vida. Continuemos hoy leyendo los versículos 5 hasta el 7 de este capítulo 19 del Primer Libro de Reyes:

"Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; pero un ángel lo tocó, y le dijo: Levántate y come. Miró y vio a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas y una vasija de agua; comió, bebió y volvió a dormirse. Regresó el ángel del Señor por segunda vez, lo tocó y le dijo: Levántate y come, porque largo camino te resta."

Elías necesitaba descanso. Y el Señor lo sabía y entonces le hizo dormir. Así, cayó en un sueño profundo. También necesitaba un alimento nutritivo, pues no creemos que hubiera comido con regularidad. Se despertó, pues, y encontró una torta cocida sobre las brasas. Y ¿sabe usted quien preparó esa comida? Creemos que fue el mismo que preparó ese desayuno a la orilla del mar de Galilea, una mañana después de la resurrección. Fue el Señor quien consoló a Elías, le alimentó y luego le hizo dormir otra vez. Luego, le alimentó por segunda vez. Entonces, le dijo a Elías que el viaje que le esperaba sería demasiado largo para él.

Estimado oyente, puede que hoy sea un día muy feliz para usted. Quizás usted crea que usted mismo es suficiente para la batalla de la vida. Pero, permítanos decirle que el viaje por esta vida es demasiado largo para usted. Usted necesita un Salvador. Necesita a alguien que le ayude. Elías, tan fuerte como era, le necesitaba. Leamos el versículo, donde tenemos a

Elías en el monte Horeb

"Se levantó, pues, comió y bebió. Fortalecido con aquella comida anduvo cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios."

Fortalecido por el alimento y la bebida que fueron provistos milagrosamente por Dios, Elías fue hasta el monte Horeb, el monte en el cual la ley había sido dada a Moisés. Continuemos leyendo los versículos 9 y 10:

"Allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Llegó a él palabra del Señor, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? Él respondió: He sentido un vivo celo por Jehová, Dios de los ejércitos, porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares y han matado a espada a tus profetas. Solo yo he quedado y me buscan para quitarme la vida."

El Señor estaba tratando a Elías, que había trabajado en exceso y estaba necesitado de ayuda psicológica. La ayuda psicológica puede ser de gran utilidad en muchos casos. Por otra parte, la mayoría de nosotros estaríamos preparados para hacer frente a los problemas, si nos relajásemos ante el Señor Jesucristo y se lo contáramos todo a Él, compartiendo con el Señor toda nuestra carga de recuerdos y realidades presentes negativas por medio de la oración. Tengamos en cuenta que el Espíritu Santo, el Consolador, nos ayuda en esa tarea de conectarnos con la misma presencia de Dios. Y veamos lo que Dios le dice aquí en el versículo 11 de este capítulo 19 del Primer Libro de Reyes:

"El Señor le dijo: Sal fuera y ponte en el monte delante del Señor."

En ese momento pasaba el Señor, y un viento grande y poderoso rompía los montes y quebraba las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Tras el viento hubo un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto.

Ahora, en primer lugar hubo un grande e impetuoso viento que desgajaba los montes y quebraba las peñas. Y Elías, por su carácter y personalidad, era esa clase de persona a quien le agradaban esas manifestaciones ruidosas y violentas, y el sentir a la tierra temblar bajo sus pies. Y dice además el versículo 12:

"Tras el terremoto hubo un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Y tras el fuego se escuchó un silbo apacible y delicado."

Después del terremoto apareció un fuego. Después de todo, Elías era el hombre que hizo descender fuego del cielo en el Monte Carmelo, así que esta manifestación seguramente le agradó también. Pero resulta que Dios no estaba ni en el viento huracanado, ni en el terremoto, ni en el fuego. Claro que después del fuego vino un sonido suave y delicado. Y esto fue algo que no debió agradarle tanto a Elías. Él nunca había escuchado esa clase de voz, pero tuvo que aprender que Dios actuaba de esa forma tranquila. ¡Cuán maravilloso es ver obrar a Dios de esta manera! Estaba enseñando a Elías una gran lección. La batalla en verdad no fue ganada en el monte Carmelo por medio del fuego que descendió del cielo. Dios actúa de una manera misteriosa, sin ostentación, para realizar Sus obras magníficas. Dios se mueve de una forma silenciosa. Dios usa las cosas pequeñas para llevar a cabo Sus planes y propósitos. Alguien ha dicho que las puertas grandes giran sobre goznes pequeños. Y Dios usa esos elementos pequeños para abrir puertas importantes. Y eso es lo que le faltaba aprender a Elías. Y leemos ahora, en los versículos 13 y 14:

"Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto, salió y se puso a la puerta de la cueva. Entonces le llegó una voz que le decía: ¿Qué haces aquí, Elías? Él respondió: He sentido un vivo celo por el Señor, Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares y han matado a espada a tus profetas. Solo yo he quedado y me buscan para quitarme la vida."

Muchos de nosotros podemos identificarnos con Elías. Algunas veces en nuestras familias o comunidades estamos rodeados de no creyentes y tenemos la sensación de ser los únicos testigos de Cristo. Y dicen los versículos 15 al 17:

"El Señor le dijo: Ve, vuelve por el mismo camino, hacia el desierto de Damasco. Llegarás y ungirás a Hazael como rey de Siria. A Jehú hijo de Nimsi lo ungirás como rey de Israel, y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, lo ungirás como profeta para que ocupe tu lugar. Al que escape de la espada de Hazael, Jehú lo matará, y al que escape de la espada de Jehú, Eliseo lo matará."

Dios ordenó a Elías que se volviera hacia el norte, pues tenía más trabajo para él allí. Tenía que ungir a Hazael por rey de Siria, y a Jehú por rey de Israel. Luego Dios le informó a Elías acerca de su sucesor, Eliseo. Dice el versículo 18:

"Pero haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal y cuyas bocas no lo besaron."

Por último, Dios le recordó a Elías que había un remanente de siete mil, que no se habían arrodillado ante Baal. Dios siempre tiene un remanente, estimado oyente. Lo tuvo en los tiempos de Elías y tiene uno en nuestros tiempos. Y quizás hemos hecho algunas referencias negativas sobre ese remanente en los días de Elías. Estaban declarándose a favor de Dios. No se habían arrodillado ante Baal. Pero tenemos que reconocer que no se habían identificado públicamente como Elías lo había hecho, sino más bien silenciosamente. Con todo, habían sido fieles al Dios de Israel. Leamos los versículos 19 hasta el 21, donde se registró:

El llamado de Eliseo

"Partió de allí Elías y halló a Eliseo hijo de Safat, que estaba arando. Delante de él iban doce yuntas de bueyes, y él conducía la última. Elías pasó ante él y echó sobre él su manto. Entonces dejó los bueyes, salió corriendo detrás de Elías y le dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre; luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, regresa; ¿acaso te lo he impedido? Regresó Eliseo, tomó un par de bueyes y los mató; con el arado de los bueyes coció luego la carne y la dio al pueblo para que comieran. Después se levantó, se fue tras Elías y lo servía."

Dios estaba preparando las circunstancias para llevarse a Elías y designó a Eliseo para ocupar su lugar. Eliseo se convirtió así en el alumno de Elías y comenzó a entrenarse para hacerse cargo de su misión profética. Y esto nos conduce ahora a

1 Reyes 20

Este capítulo nos presenta a Israel atacado por Siria. Recordemos que esto ocurrió cuando el reino de Israel estaba dividido. Las 10 tribus del norte fueron designadas como el reino de Israel. Debido al pecado reiterado del rey y el pueblo, Dios estaba permitiendo a sus enemigos que les atacasen. Sin embargo, Dios tenía misericordia de ellos y les daba oportunidades de arrepentirse y volverse a Él. En este capítulo veremos que Dios liberó a Israel, aunque el poderoso ejército de Siria les superaba notablemente en número de efectivos. Este pasaje incluye los siguientes eventos: Ben?adad, rey de Siria, sitió a Samaria. Mediante la dirección del profeta, los sirios fueron derrotados. Así como el profeta le advirtió a Acab, los sirios confiando en los valles, lo atacan en Afec. Los sirios fueron vencidos nuevamente. Acab dejó partir a Ben?adad con un pacto. El profeta, haciendo que Acab se juzgara a sí mismo, amenazó con el juicio de Dios contra él. Dios le dio a Acab otra oportunidad de volverse hacia Él. Un profeta de Dios le prometió la victoria a Acab sobre los sirios. Y Dios le dio la victoria, aunque parecía imposible. Nuevamente, el profeta amonestó a Acab para que el rey de Siria regresara, porque Dios le daría otra victoria. Y Dios le dio esa otra victoria. Pero Acab dejó de obedecer a Dios al salvarle la vida a Ben?adad. El juicio de Dios, entonces, se pronunció sobre Acab. Leamos el primer versículo de este capítulo 20 del Primer Libro de Reyes, que comienza el relato de

La primera campaña siria de Acab y su victoria

"Entonces Ben-adad, rey de Siria, reunió a todo su ejército. Llevaba consigo a treinta y dos reyes con caballos y carros. Subió contra Samaria, le puso sitio y la atacó."

Dios estaba permitiendo que el enemigo entrara desde el exterior. Hasta ese momento, Dios no lo había permitido. Se nos dice, sin embargo, que aun así, Dios prometió la victoria a Acab. Leamos ahora, los versículos 13 y 14:

"Mientras, un profeta se presentó ante Acab, rey de Israel, y le dijo: Así ha dicho el Señor: ¿Has visto esta gran multitud? Pues yo la entregaré hoy en tus manos, para que conozcas que yo soy el Señor. ¿Por medio de quién??respondió Acab. Él dijo: Así ha dicho el Señor: Por medio de los siervos de los príncipes de las provincias. ¿Quién comenzará la batalla??preguntó Acab. Tú, respondió él."

La promesa de la liberación de Dios en esta situación no se basaba en la fidelidad de Acab, sino en el amor de Dios por Su pueblo. Dios le dio a este hombre una oportunidad para cambiar. Oímos hablar hoy, con frecuencia, en cuanto a las oportunidades perdidas, y sobre el hecho de que la oportunidad suele llamar una sola vez a la puerta de cada persona. Creemos que, desde el punto de vista de Dios, la oportunidad continúa presentándose. Dios prometió aquí a Acab una victoria y le dio esa gran victoria sobre los sirios. Leamos los versículos 20 y 21 de este capítulo 20 del Primer Libro de Reyes:

"Mató cada uno al que venía contra él; huyeron los sirios, seguidos por los de Israel. El rey de Siria, Ben-adad, se escapó en un caballo con alguna gente de caballería. Entonces salió el rey de Israel, hirió la gente de a caballo, se apoderó de los carros y deshizo a los sirios causándoles grandes estragos."

Leamos ahora el versículo 22, para considerar

La segunda campaña de Acab contra los sirios y la reprensión recibida por haber perdonado la vida de Ben-Adab

"Se presentó luego el profeta ante el rey de Israel y le dijo: Anda, fortalécete, considera y mira lo que has de hacer, porque dentro de un año el rey de Siria te atacará."

Dios estaba diciéndole a Acab que le había dado una victoria, pero le advirtió que no debía volver a la adoración de Baal. Le había demostrado que Él era su Dios, el Dios vivo. Y le anunció que el rey de Siria le atacaría nuevamente al transcurrir un año. O sea que el final de la lucha aún no había llegado. Ben?adad renovaría sus esfuerzos para derrotar a Israel. Leamos los versículos 27 y el 28:

"También pasaron revista a los hijos de Israel, y tomaron provisiones y le salieron al encuentro. Acamparon los hijos de Israel frente a ellos como dos rebañuelos de cabras, mientras los sirios llenaban la tierra. Se presentó entonces el varón de Dios ante el rey de Israel, y le dijo: Así ha hablado el Señor: Por cuanto los sirios han dicho: El Señor es Dios de los montes, y no Dios de los valles, yo entregaré toda esta gran multitud en tus manos, para que sepáis que yo soy el Señor."

Una vez más, Dios le dio a Acab la victoria sobre el rey de Siria. Pero, como veremos ahora, Acab, desafortunadamente cometió un grave error, al salvarle la vida a Ben?adad. Veamos ahora el versículo 34:

"Ben-adad le dijo: Las ciudades que mi padre tomó al tuyo, yo las restituiré. Hazte mercados en Damasco, como mi padre los hizo en Samaria. Por mi parte, yo?dijo Acab, te dejaré partir con este pacto. Hizo, pues, un pacto con él, y lo dejó ir."

Ahora, este acto de clemencia de parte de Acab para con Ben?adad, constituyó una abierta rebelión y desobediencia contra Dios, porque a Acab se le había ordenado eliminar al enemigo. Las instrucciones de Dios no permitían una negociación o un pacto, porque no había compromiso posible entre la adoración al único y verdadero Dios, y la idolatría y las aberrantes prácticas paganas. Y eso fue precisamente lo que el rey Acab había hecho. Veamos ahora las medidas que Dios tomó ante esa situación. Leamos los versículos 42 y 43, versículos finales de este capítulo 20 del primer libro de los Reyes:

"Dijo entonces al rey: Así ha dicho el Señor: Por cuanto dejaste escapar de tus manos al hombre que yo había condenado, pagarás con tu vida por la suya, y con tu pueblo por el suyo. El rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y llegó a Samaria."

Es muy difícil para un pecador juzgar a otro. Éste fue el caso de Acab, rey de Israel. Es por eso que le salvó la vida al rey Ben?adad.

La intransigencia de Dios estaba basada en la historia de Su pueblo. Todos los pactos y alianzas realizadas con los pueblos que practicaban la idolatría, habían desviado a los israelitas de su misión de testificar del Dios verdadero al mundo de aquellos tiempos, hacia la adoración pagana y a la aceptación de las costumbres destructivas de quienes las practicaban.

El Nuevo Testamente establece con claridad la diferencia irreconciliable entre la luz y las tinieblas. El Evangelista Juan en 1:5, nos presentó a la luz brillando en las tinieblas, declarando que la oscuridad no había podido apagarla. Es que la naturaleza de la luz es resplandecer y disipar la oscuridad. Juan estaba anunciando que la luz invadiría el dominio de las tinieblas, que Satanás y sus súbditos del reino de la oscuridad resistirían el avance de la luz, pero serían finalmente impotentes para hacer frente al poder de la luz. Es decir que, a pesar de la oposición, la Palabra de Dios resultaría victoriosa. Más adelante, en este mismo libro de Juan, en 8:12, se registraron las siguientes palabras de Jesús: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida". Los seguidores de Jesús debían entender que se encontraban en un mundo que vivía en la oscuridad, que era un símbolo del mal, el pecado y la ignorancia espiritual. Jesucristo es pues, como Juan mismo dijo, la Luz verdadera y no meramente una luz entre muchas otras, para todo el mundo. El que creyese en Él, pues, le seguiría y obedecería. Más tarde en su vida, Juan, en su primera carta, escribió para instruir a los cristianos sobre su vida práctica, haciéndoles ver la incongruencia de una doble conducta y les dijo en 1:5-7: "Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad. Si decimos que tenemos comunión con él y al mismo tiempo vivimos en la oscuridad, mentimos y no actuamos con verdad. Pero si vivimos en la luz, así como Dios está en la luz, entonces tenemos comunión entre nosotros y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado."

¿No le parece, estimado oyente, que la Biblia no deja lugar a dudas sobre la imposibilidad de un compromiso, de un arreglo, de un punto común de encuentro entre la luz y la oscuridad? Le invitamos entonces, a permitir, por un acto de fe, aceptando al Señor Jesucristo, la luz del mundo, para que la gracia de Dios ilumine su vida y la transforme, disipando toda oscuridad y toda sombra que le impida disfrutar de una relación de compañerismo con Dios.

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