Estudio bíblico de 1 Reyes 21:1-22:15

1 Reyes 21:1-22:15

En nuestro recorrido por el Primer Libro de Reyes, llegamos hoy al capítulo 21. En este capítulo vemos la codicia de Acab por la viña de Nabot. Tenemos aquí otra página en las vidas de Acab y Jezabel, los malvados reyes de Israel, que nos revelan algo más de su codicia y crueldad. Recorreremos los siguientes eventos: Nabot rehuyó dar su viña a Acab. Jezabel ordenó entonces la muerte de Nabot. Acab tomó posesión de la viña. Y Elías pronunció juicios contra Acab y Jezabel. Leamos, pues, para comenzar, el primer versículo de este capítulo 21, que inicia el relato en que

El rey Acab codició la viña de Nabot

"Pasadas estas cosas, aconteció que Nabot, de Jezreel, tenía una viña junto al palacio de Acab, rey de Samaria."

Ahora, en cuanto a Samaria, diremos que en verdad es uno de los sitios más hermosos en toda Palestina. Uno puede situarse hoy en la colina de Samaria donde estaba el palacio de Acab y Jezabel, que el rey Omri construyó. Desde allí se puede mirar hacia el sur y ver Jerusalén. Mirando hacia el norte se puede ver el valle de Esdraelón y el mar de Galilea. En dirección al este se puede ver el río Jordán, y en dirección al oeste, el Mar Mediterráneo. O sea que mirando en cualquier dirección, hay una vista panorámica admirable. No hay muchos lugares como ese. Si yo viviera en esa tierra, pues, ese sería el sitio donde me gustaría tener mi casa. Leamos ahora los versículos 2 y 3:

"Acab dijo a Nabot: Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana a mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te parece, te pagaré su valor en dinero. Nabot respondió a Acab: ¡Líbreme el Señor de darte yo la heredad de mis padres!"

Nabot tenía cerca del palacio una viña, ahora, con un palacio hermoso como Acab tenía, uno pensaría que ya se encontraría satisfecho. Pero no fue así y él quería tener también esa viña. Nabot, por su parte, no quería cambiar ni vender la tierra que le pertenecía, porque Dios se la había dado a sus antepasados y esta heredad había pasado de padre a hijo. Pero ahora el rey, se había encaprichado con esa viña y había que ser un hombre valiente como Nabot para no ceder ante las demandas del rey. Continuemos leyendo el versículo 4:

"Acab se marchó a su casa triste y enojado, por lo que Nabot, de Jezreel, le había respondido, al decirle: No te daré la heredad de mis padres. Se acostó en su cama, volvió su rostro y no comió."

Acab, pues, no pudo comprar lo que quería tener, y por tanto regresó al palacio frustrado como un niño pequeño. Acab, malvado como era, se portó como un niño mimado y no quiso comer, ni beber, porque no había podido logar su capricho. Los versículos siguientes nos relatan

La trama asesina de Jezabel para obtener la viña de Nabot

Ahora, Acab no tenía idea alguna de cómo obtener esa viña de Nabot, pero a Jezabel se le ocurrió una idea, e inventó un plan macabro, podríamos decir, que permitiría a Acab obtener esa viña. Leamos los versículos 5 hasta el 7, de este capítulo 21 del Primer Libro de Reyes:

"Su mujer Jezabel se le acercó y le dijo: ¿Por qué estás tan decaído de espíritu y no comes? Él respondió: Porque hablé con Nabot, de Jezreel, y le dije que me vendiera su viña o que, si lo prefería, le daría otra viña por ella. Y él respondió: Yo no te daré mi viña. Su mujer Jezabel le dijo: ¿No eres acaso tú el rey de Israel? Levántate, come y alégrate; yo te daré la viña de Nabot de Jezreel."

Jezabel era una mujer dominante y tiránica. Cualquiera de nosotros le habría tenido miedo. No podía ser más mala de lo que era. Ideó un plan para que dos hombres perversos presentaran un falso testimonio contra Nabot. Ellos dijeron que él había blasfemado a Dios y al rey. En consecuencia, le llevaron fuera de la ciudad y le mataron apedreándole. Ahora, ¿Puede usted pensar en algo que fuera más injusto que esto? Bueno, no habría que sorprenderse porque esto mismo ha sucedido muchas veces en la historia del mundo, cuando los poderosos se han aprovechado de los débiles para arrebatarles sus posesiones.

Ahora, ¿se salió con la suya Acab con la muerte de Nabot? Estimado oyente, nadie puede quedar impune con el pecado. No importa quién sea el que lo cometa. Llegará el día en que el transgresor tendrá que rendir cuentas. Y así ocurrió con Acab. Leamos ahora los versículos 15 y 16 de este capítulo 21 del Primer Libro de Reyes:

"Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y muerto, dijo a Acab: Levántate y toma posesión de la viña de Nabot, de Jezreel, la que no te quiso vender, pues Nabot ya no vive, sino que ha muerto. Al escuchar Acab que Nabot había muerto, se levantó para descender a la viña de Nabot, de Jezreel, y tomar posesión de ella."

Aquí vemos que Jezabel le anunció a su marido Acab que, muerto Nabot, podía tomar posesión de la viña. ¿Se había salido Acab con la suya con esa acción malvada? Pues no fue así. Dios tenía allí a un hombre. Gracias a Dios que había alguien presente para declarar la Palabra de Dios. Continuemos leyendo los versículos 17 al 19, donde se predice

La predicción del juicio de Acab y Jezabel

"Entonces llegó la palabra del Señor a Elías, el tisbita, diciendo: Levántate, desciende a encontrarte con Acab, rey de Israel, que está en Samaria. Él está en la viña de Nabot, a la cual ha descendido para tomar posesión de ella. Tú le dirás: Así ha hablado el Señor: ¿No sólo has matado, sino que también despojas? Y volverás a decirle: Así ha dicho el Señor: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre."

El apóstol Pablo, escribiendo a los Gálatas, dijo en el capítulo 6 de esta carta, versículo 7: "No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará". Si pudiéramos hablar con los hombres del pasado, hayan estado del lado de Dios o en el de Satanás, nos dirían que es una ley inmutable de Dios, una ley que no se puede cambiar. Y hay varios ejemplos en la Biblia del cumplimiento de esta ley.

Jacob, por ejemplo, encontró en su vida que esta ley era verdad. El Faraón de Egipto que dio muerte a los niños hebreos, creyó que saldría con impunidad de su crimen, pero un día descubrió que su propio hijo primogénito estaba muerto. David, por su parte, cometió un pecado terrible, pero su acción no quedaría impune, porque tuvo que sufrir las consecuencias. Luego, en el Nuevo Testamento, Saulo de Tarso fue líder en el apedreamiento de Esteban, pero llegó un día, mientras se encontraba en Asia Menor, en Antioquía de Pisidia, en que le apedrearon y lo dejaron por muerto. El hecho es que estuvo muerto, y Dios lo levantó de los muertos. Volviendo ahora, a este capítulo 21 del Primer Libro de Reyes, leamos los versículos 21 y 22, para ver el juicio que fue pronunciado sobre Acab y Jezabel:

"Yo voy a traer el mal sobre ti, barreré tu posteridad y destruiré hasta el último hombre de la casa de Acab, tanto al siervo como al libre en Israel. Pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat y como la casa de Baasa hijo de Ahías, por la rebelión con que provocaste mi ira y por haber hecho pecar a Israel."

Y así Dios le anunció a Acab que acabaría con la descendencia de su casa real. Ningún descendiente suyo podría ya reinar. Y continuó el mensaje de Dios en el versículo 23:

"De Jezabel también ha hablado del Señor, diciendo: Los perros se comerán a Jezabel en el muro de Jezreel."

Podemos leer el cumplimiento de la profecía contra Jezabel, en el capítulo 9, versículos 30 al 37 del Segundo Libro de los Reyes. Tanto Acab como Jezabel, pagaron por su pecado y maldad, cosechando así lo que habían sembrado en sus vidas. Y así concluye nuestro estudio de este capítulo 21 del Primer Libro de Reyes. Llegamos ahora, a

1 Reyes 22:1-15

Este pasaje trata sobre Acab y el profeta Micaías. En este capítulo tenemos el cumplimiento del juicio del Señor contra Acab. Hemos estado siguiendo la trayectoria de este rey del reino del norte, en Israel. En el sur, Josafat llegó al trono de Judá. Fue un buen rey, aunque hizo una alianza con Acab. Se destacan en este capítulo los siguientes eventos: Acab seducido por los profetas que supuestamente profetizaron de parte del Señor, fue muerto en Ramot de Galaad, según la palabra de Micaías. Ocozías su hijo, le sucedió en el trono. Tenemos luego, el buen reinado de Josafat en el sur, en Judá. Su hijo Joram, sucedió a Josafat y por último, se destaca el mal reinado de Ocozías, en Israel. Leamos los versículos 1 y 2:

"Tres años pasaron sin guerra entre los sirios e Israel. Aconteció al tercer año, que Josafat, rey de Judá, descendió a visitar al rey de Israel."

Ahora, ¿Por qué haría una alianza un buen rey como Josafat con un rey tan malvado como Acab? ¿Por qué fraternizó con su enemigo natural? Formaron una alianza anormal, realmente, pero descubriremos más tarde que Joram hijo de Josafat se había casado con Atalía, hija de Acab y Jezabel. Continuemos leyendo los versículos 3 y 4:

"Y el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que Ramot de Galaad es nuestra y nosotros no hemos hecho nada para tomarla de manos del rey de Siria? Luego preguntó a Josafat: ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad? Yo soy como tú, mi pueblo como tu pueblo y mis caballos como tus caballos, respondió Josafat al rey de Israel."

Ramot de Galaad era una de las ciudades principales de la tribu de Gad y había sido tomada por el rey de Siria. Uno de los objetivos de la guerra proyectada era el de recuperar esta ciudad. Lo mejor habría sido dejar las cosas como estaban. Al menos, Josafat habría permanecido fuera de ese asunto. Él debía haber seguido el consejo que le fue dado por el profeta del Señor. De todas formas, éste no era un conflicto de Josafat, porque Galaad no le pertenecía a él, sino a Acab; era una disputa territorial de Acab y no de Josafat. Continuemos leyendo los versículos 5 al 7, a partir de los cuales

Los profetas mentirosos le prometieron a Acab una victoria

"Dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que consultes hoy la palabra del Señor. Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, unos cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Debo ir a la guerra contra Ramot de Galaad o debo renunciar a ella? Sube, porque el Señor la entregará en manos del rey, le respondieron ellos. Dijo Josafat: ¿Hay aquí algún otro profeta del Señor por medio del cual podamos consultar?"

Josafat era fiel a Dios y quiso saber cuál era la Voluntad de Dios, porque sospechó que no la podrían conocer por medio de estos profetas falsos. Él tenía un verdadero discernimiento o percepción espiritual y por ello preguntó si no habría algún profeta del Señor para consultar. Leamos el versículo 8:

"El rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay un varón por el cual podríamos consultar al Señor, Micaías hijo de Imla, pero yo lo aborrezco, porque nunca me profetiza el bien, sino solamente el mal. No hable el rey así, dijo Josafat."

Acab entonces habló de Micaías, expresándose despectivamente de él; Josafat se extrañó de hablara así de un profeta de Dios. Continuemos leyendo los versículos 9 al 12:

"Entonces el rey de Israel llamó a un oficial y le ordenó: Trae pronto a Micaías hijo de Imla. El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, estaban sentados cada uno en su silla, vestidos con sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria, mientras todos los profetas profetizaban delante de ellos. Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos cuernos de hierro y gritaba: ¡Así ha dicho el Señor: Con estos cornearás a los sirios hasta acabarlos! Todos los profetas profetizaban de la misma manera y decían: Sube a Ramot de Galaad y serás prosperado, porque el Señor la entregará en manos del rey."

Al final trajeron a Micaías que estaba cerca, pues Acab le mantenía en la prisión. Y aquí tenemos otra escena de cierto dramatismo. Podemos imaginar a aquellos 400 profetas diciéndole a Acab que atacase al rey de Siria. Uno de ellos era especialmente dramático, gritando con sus cuernos de hierro, que eran el símbolo de la fuerza invencible. Así que imaginemos la escena, encabezada por los dos reyes sentados en sus tronos, escuchando aquel griterío incitando al rey a luchar y anunciándole la victoria.

Continuemos nuestra lectura con el versículo 13, que presenta el párrafo en el cual

Micaías profetizó la derrota

"El mensajero que había ido a llamar a Micaías le dijo: Mira que las palabras de los profetas a una sola voz anuncian al rey cosas buenas; que tu palabra sea ahora como la palabra de alguno de ellos y anuncia tú también buen éxito."

El mensajero que fue a buscar a Micazas le aconsejó sumarse a la opinión de los demás profetas que le anunciaban al rey la victoria. Seguramente pensó que esa manera estaba ayudando a Micaías a recuperar el favor del rey. Veamos la respuesta de Micaías en el versículo 14:

"Micaías respondió: ¡Vive el Señor, que lo que el Señor me hable, eso diré!"

La respuesta de Micaías fue no sólo dramática. Tuvo incluso cierto sentido del humor. Apenas Micaías llegó, evaluó la situación. Vio a los dos reyes en sus tronos y a todos los profetas moviéndose por aquella gran sala. Todos le decían al rey Acab cosas positivas. Pero Micaías iba a ser bastante negativo. Veamos lo que le dijo en un principio. Leamos el versículo 15:

"Llegó, pues, ante el rey, y el rey le dijo: Micaías, ¿iremos a pelear contra Ramot de Galaad o renunciaremos a ella? Él le respondió: Sube y serás prosperado: el Señor la entregará en manos del rey."

Observemos la respuesta de Micaías a los reyes. Para él aquella era una escena tragicómica. Y fue todo lo sarcástico que podía llegar a ser, tanto como Elías lo hubiera sido en una situación similar. Inmediatamente, el rey se dio cuenta de que estaba siendo ridiculizado.

En los versículos siguientes, que consideraremos en nuestro próximo programa, ante la insistencia del rey de que Micaías le dijera la verdad, el profeta expuso una parábola que, de un modo sutil, aunque efectivo, estaba desautorizando a los profetas que no habían expresado la voluntad de Dios. Después, a partir del versículo 18 veremos la reacción del rey Acab a la profecía de Micaías y los graves acontecimientos que tuvieron lugar en la persona del profeta y durante la batalla contra los sirios.

Hemos terminado hoy con la escena en la cual más de cuatrocientos profetas trataban de halagar al rey de Israel con previsiones optimistas y buenas noticias, mientras que uno de ellos se disponía a anunciar lo contrario. Iba a ser tan negativo que tendría que pagar un triste precio por las malas noticias que iba a comunicar. Las buenas noticias suelen halagar la vanidad de los que preparan los planes, y la de los que los ejecutan. En cambio, las malas noticias humillan, suscitan resentimiento y provocan la impopularidad de los mensajeros. Quizás al ser humano en general le molesta escuchar las previsiones pesimistas sobre la capacidad humana para mejorar la calidad humana integral de la sociedad. Y decimos integral, porque la calidad de vida incluye factores materiales y también espirituales. Pero la verdad es que la Palabra de Dios comunica muy malas noticias sobre las posibilidades del ser humano para liberarse de su pecado, maldad y perversidad natural, fuerzas que destruyen a la persona a nivel individual y desintegran a la familia y a la sociedad. La entrada de estas fuerzas en la humanidad frustró el propósito original de la creación de Dios. Y como dijo Jesús en el Evangelio de Juan 8:34, "Todo aquel que practica el pecado, esclavo es del pecado". Sin embargo, queremos concluir hoy con las buenas noticias. Estimado oyente, la Palabra de Dios tiene para usted hoy la buena noticia del Evangelio. En el mismo pasaje del citado libro de Juan, dijo Jesús, hablando de sí mismo: "si el Hijo de Dios os liberta, seréis verdaderamente libres". ¡Ésta sí que es una buena noticia! Porque los seres más libres de esta tierra son aquellos que han sido salvados por Dios para vivir una vida de auténtica calidad, de verdadera libertad, al ver cumplir en su existencia, en su vida diaria, en su experiencia personal, el propósito original de Dios.

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