Estudio bíblico de 1 Reyes 22:16-53

1 Reyes 22:16-53

El capítulo 22 de este Primer Libro de Reyes, es otro capítulo extraño en la Palabra de Dios. Y hasta aquí habíamos estado siguiendo la trayectoria del reino del norte y su rey Acab. Pero, dijimos que allí en el sur, también hubo otro rey que llegó al trono, y su nombre era Josafat. Era un buen rey, pero lamentablemente hizo una alianza con Acab. Ahora, ¿por qué haría una alianza un buen rey como Josafat, con un rey tan malvado como Acab? ¿Por qué fraternizó con el enemigo natural? ¿Por qué formaron una alianza tan anormal? Lo comprenderemos mejor más tarde cuando veamos que Joram, hijo de Josafat se había casado con Atalía, hija de Acab y Jezabel.

Ahora, vimos que Acab, rey de Israel, había invitado a Josafat para que se uniera a él, en su guerra contra Ramot de Galaad. Ramot de Galaad era una de las ciudades principales de la tribu de Gad y había sido tomada por el rey de Siria. Y señalamos que uno de los objetivos de la guerra proyectada, era el de volver a tomar esta ciudad. Y al parecer, Acab estaba encantado de recibir el apoyo de Josafat en el sur. Pero, debían haber dejado las cosas como estaban. Josafat debía haber permanecido fuera de todo esto. Debía haber seguido el consejo que le dio el profeta. Este conflicto, en realidad, no le correspondía a Josafat en ninguna manera. Galaad no le pertenecía, le pertenecía a Acab. Era pues, una disputa territorial de Acab. Y vimos que Josafat, como hombre de Dios, deseaba conocer cuál era la voluntad de Dios con respecto a esta guerra. De modo que le sugirió a Acab que consultara la Palabra del Señor. Y entonces, el rey de Israel reunió a sus 400 profetas y les preguntó si debía ir a la guerra contra Ramot de Galaad o si debía quedarse en casa. Y vimos que ellos le dijeron que subiera, porque el Señor la entregaría en la mano del rey. Pero Josafat desconfió del consejo de aquellos profetas. Es decir, Josafat tenía un verdadero discernimiento y una percepción espiritual. De modo que, preguntó una vez más insistiendo si no había algún otro profeta del Señor a quien se pudiera consultar.

Y Acab, entonces, presentó a Micaías. Y vimos que le presentó de una manera bastante despectiva, hasta el punto en que Josafat mismo le dijo que no hablara así. Creemos que el mejor cumplido que podría haberse hecho en cuanto a Micaías, fue el que Acab dijera que lo aborrecía En realidad, Micaías era el mejor amigo que Acab jamás hubiera tenido, pero Acab, simplemente no lo sabía. Micaías podría decir, como dijo el apóstol Pablo en su carta a los Gálatas, capítulo 4, versículo 16, preguntando: ¿me he hecho pues, vuestro enemigo por deciros la verdad?

Y vimos que para atender la petición que había hecho Josafat, Acab entonces envió a un oficial a que trajera a Micaías a la sala del rey. En la sala del trono, Micaías presenció una escena bastante tragicómica. Allí había 400 profetas profetizando y diciéndole a Acab que atacara al rey de Siria. Uno de los profetas incluso llegó más lejos, profetizando con cuernos de hierro y diciendo: "Con estos, acornearás a los sirios hasta acabarlos". ¡Qué escena! Ante los dos reyes en sus tronos. Y vimos también, que el oficial que había recibido la orden de traer a Micaías a la sala del rey, trató de ponerle sobre aviso a Micaías, diciéndole que todos los profetas, sin excepción, habían dado una respuesta favorable al ataque militar, aconsejándole que él dijera al rey lo mismo que los demás, pues era lo que el rey deseaba oir. Y suponemos que este oficial creía estar ayudando a Micaías a recuperar el favor del rey. Micaías evaluó la situación, al ver a los dos reyes sentados en sus tronos y todos los profetas profetizando en la sala. Personalmente creemos que en su respuesta al rey, Micaías fue tan sarcástico como Elías habría sido en una situación semejante. De modo que le dijo al rey: "Sube y serás prosperado, y el Señor entregará la ciudad de Ramot de Galaad en mano del rey". Ahora, el rey se dio cuenta de que estaba siendo ridiculizado. Y leemos aquí la respuesta del rey en el versículo 16 de este capítulo 22 del Primer Libro de Reyes:

"El rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces he de exigirte que no me digas sino la verdad en nombre del Señor?"

El rey se debió dar cuenta de su sarcasmo o falta de sinceridad, o quizás se extrañó que Micaías estuviera de acuerdo con los demás profetas, pues estaba acostumbrado al lenguaje negativo del profeta Micaías. Entonces, cambiando el tono le respondió con solemnidad, aquí en los versículos 17 y 18:

"Entonces él dijo: He visto a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor. El Señor ha dicho: Estos no tienen señor. Que cada cual vuelva a su casa en paz. El rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había dicho yo? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino solamente el mal."

El rey de Israel dijo entonces al rey Josafat: "¿No te dije que éste no hablaría nada bueno en cuanto a mí?" Y entonces Micaías le dijo: "Todavía no he terminado de hablar. Tengo más que decirte y debes escucharlo". Y entonces, expuso una parábola, y es una parábola absurda y de contraste. Y usted no encontrará parábolas como esta, hasta llegar a las enseñanzas del Señor Jesucristo en el evangelio según San Lucas como, por ejemplo, la parábola del juez injusto. Y Dios, por supuesto, no es un juez injusto. Continuó pues, Micaías hablando al rey Acab y le dijo aquí en los versículos 19 y 20 de este capítulo 22 del Primer Libro de Reyes:

"Entonces él dijo: Oye, pues, la palabra del Señor: Yo vi al Señor sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda. Y el Señor dijo: ¿Quién inducirá a Acab para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Uno decía de una manera y el otro decía de otra."

Ahora, ¿No le parece ridículo este detalle? ¿Puede usted imaginarse a Dios convocando una reunión para pedir consejo en cuanto a qué debiera hacer en un caso como éste? Dios ya sabía lo que iba a hacer, y no necesitaba de ningún consejo. Continuemos con la parábola y leamos los versículos 21 y 22:

"Entonces se adelantó un espíritu, se puso delante del Señor y le dijo: Yo lo induciré. El Señor le preguntó: ¿De qué manera? Él dijo: Saldré y seré un espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas. El Señor le dijo: Tú conseguirás inducirlo; ve, pues, y hazlo así."

Aquí, por supuesto, no podemos imaginarnos a Dios enterándose de un plan que no se le había ocurrido. De esta manera Micaías estaba desautorizando el mensaje de todos estos profetas. Y veamos entonces lo que ocurre aquí en los versículos 24 hasta el 27:

"Entonces se acercó Sedequías hijo de Quenaana y golpeó a Micaías en la mejilla diciendo: ¿Por dónde se me fue el espíritu del Señor para hablarte a ti? Micaías respondió: Tú mismo lo verás el día en que te vayas metiendo de aposento en aposento para esconderte. Entonces el rey de Israel dijo: Toma a Micaías y llévalo ante Amón, gobernador de la ciudad, y ante Joás, hijo del rey. Tú les dirás: Así ha dicho el rey: Echad a este en la cárcel y mantenedlo con pan de angustia y con agua de aflicción, hasta que yo vuelva en paz."

Sedequías, el supuesto profeta golpeó a Micaias en la mejilla. Éste fue un insulto extremo. Ahora, en respuesta a ese insulto, Micaías dijo que llegaría el día cuando todos los profetas como él tendrían que esconderse por el terror que sentirían. Y ese día llegaría cuando Acab estuviera muerto e Israel fuera derrotado. Entonces, Sedequías sabría cual era la verdad. Y volviéndose hacia Acab le dijo, aquí en el versículo 28:

"Micaías respondió: Si logras volver en paz, el Señor no ha hablado por mi boca. Y a continuación dijo: Oíd, pueblos todos."

O sea que Micaías le dijo a Acab que no regresaría de esa guerra. Si acaso volviera, eso querría decir que el Señor no había hablado por medio de Micaías. Y luego volviéndose al pueblo dijo: "En vista del hecho de que no volverás, Acab, quiero que el pueblo oiga y de testimonio de que lo que he hablado es verdad". Iniciamos ahora el párrafo que relata

La derrota y muerte de Acab

Israel salió a la batalla. Prestaron atención a los supuestos profetas. ¿Y qué sucedió? Pues, Israel perdió la batalla, fue derrotado. Acab demostró que era un engañador desde el principio hasta el final. Es que el único hombre en la batalla que llevaba las ropas del rey era Josafat, lo cual le destacaba poniendo en peligro su vida. Acab, por su parte, se había disfrazado como un soldado normal. Hasta podríamos suponer que Acab deliberadamente quiso convertir a Josafat en un objetivo del ataque para que muriera en la batalla. Y, después de todo esa no era un conflicto de Josafat, estuvo a punto de ser atacado y muerto en la lucha. Leamos los versículos 31 al 33:

"Pero el rey de Siria había mandado a los treinta y dos capitanes de sus carros, diciendo: No peleéis ni con grande ni con chico, sino solo contra el rey de Israel. Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: Ciertamente éste es el rey de Israel. Y se volvieron contra él para atacarlo; pero el rey Josafat gritó. Al ver los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, se apartaron de él."

Aquí vemos que Josafat casi perdió su vida en la batalla a causa del engaño de Acab. Continuemos leyendo los versículos 34 y 35:

"Pero un hombre disparó su arco al azar e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura, por lo que dijo él a su cochero: Da la vuelta y sácame del campo, pues estoy herido. Aquel día había arreciado la batalla y el rey tuvo que ser sostenido en su carro frente a los sirios. A la caída de la tarde murió, y la sangre de la herida corría por el fondo del carro."

O sea, que Acab no fue herido porque un soldado le apuntó deliberadamente. El soldado a quien probablemente le quedaba una flecha en su aljaba, la quitó, la puso en el arco, disparó al azar y la flecha encontró al rey Acab. En el registro de la batalla, la muerte de Acab se habrá considerado como accidental, pero en el registro de Dios fue un acto providencial el que dirigió la flecha hasta su objetivo.

En el lenguaje del Salmo 64:7, se utiliza simbólicamente el lenguaje del arco y las flechas: dice allí, "Dios los herirá con sus flechas, los herirá por sorpresa". Es una forma de comunicar que hay quienes piensan que se han escapado del castigo de Dios. Nadie puede ocultarse, como hizo el rey Acab disfrazándose. Al final, el juicio de Dios le alcanzó. Y leemos en los versículos 36 al 38:

"A la puesta del sol corrió un pregón por el campamento que decía: ¡Cada uno a su ciudad y cada cual a su tierra! ¡El rey ha muerto! Entonces el rey fue traído a Samaria y lo sepultaron allí. Lavaron el carro en el estanque de Samaria y los perros lamían su sangre (también las rameras se lavaban allí), conforme a la palabra que el Señor había dicho."

Todo lo que Dios había predicho por medio de Elías se cumplió. Acab murió y los perros lamieron su sangre en el mismo lugar en que Nabot había muerto, por el crimen urdido por Acab y Jezabel. Acab había tratado de mantenerse lejos de ese lugar, pero una vez muerto, el carro fue conducido hasta la viña de Nabot. El carro fue lavado y al quitarle la sangre de su interior, los perros estaban allí para lamerla. Así que la profecía se cumplió literalmente. Como dice la cita Bíblica mencionada anteriormente, lo que el ser humano siembre, eso mismo segará. ¿Por qué? Porque de Dios nadie puede burlarse. El pecado y la maldad humana no pueden quedar impunes. El Señor está en su trono y se ocupará de que su justo castigo se cumpla. Leamos ahora los versículos 39 y 40 de este capítulo 22 del Primer Libro de Reyes:

"El resto de los hechos de Acab y todo lo que hizo, la casa de marfil que construyó y todas las ciudades que edificó, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Acab durmió con sus padres y reinó en su lugar su hijo Ocozías."

A la muerte de Acab, accedió entonces al trono de Israel en el norte, Ocozías su hijo. Ahora, vamos a apartarnos por unos momentos del reino del norte, el reino de Israel que hemos estado considerando hasta aquí, y vamos a dirigir nuestra mirada hacia el sur, al reino de Josafat, en Judá. Leamos los versículos 41 al 43 de este capítulo 22 del Primer Libro de Reyes:

"Josafat hijo de Asa comenzó a reinar sobre Judá en el cuarto año de Acab, rey de Israel. Tenía Josafat treinta y cinco años de edad cuando comenzó a reinar y reinó veinticinco años en Jerusalén. El nombre de su madre era Azuba, hija de Silhi. Siguió en todo el camino de Asa, su padre, sin desviarse de él, e hizo lo recto ante los ojos del Señor. Con todo, los lugares altos no fueron quitados, porque el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en ellos."

Como ya hemos mencionado antes, Josafat era un hombre de Dios. Quería saber cuál era la voluntad de Dios para su vida. Y precisamente por esto, fue también un buen rey. Y lo encontramos aquí confirmado, cuando dice que vivió de acuerdo con el ejemplo de Asa, haciendo lo recto ante los ojos del Señor. Y tenemos también mencionado aquí en el versículo 42, el nombre de la madre de Josafat. Y esto quiere decir que Azuba, su madre, ejerció su influencia en el buen carácter de Josafat. Y el resultado, fue un rey que hizo actuó con la aprobación del Señor. Aunque aquí se menciona un gran error de este rey, al permitir que continuasen los viejos santuarios paganos, donde el pueblo ofrecía sacrificios y quemaba incienso. Sin embargo, de acuerdo con 2 Crónicas 17:6, Josafat eliminó los lugares altos. Lo que sucedió probablemente fue que Josafat aparentemente los quitó al principio, pero cuando la gente los restauró, l no los destruyó nuevamente. No obstante, fue considerado un buen rey porque sirvió a Dios en su vida personal. Continuemos leyendo el versículo 44:

"Josafat vivió en paz con el rey de Israel."

Éste fue también un error. Desafortunadamente este tratado de paz implicó el casamiento del hijo de Josafat, Joram, con la hija del rey Acab, Atalía, que siguió el ejemplo de Jezabel, su madre, y causaría problemas al reino de Judá.

Además resulta significativa la cita de 2 Crónicas, donde el vidente Jehú, salió al encuentro del rey Josafat, que regresaba de la batalla. Dice 2 Crónicas 19:2-3, "Y le salió al encuentro el vidente Jehú hijo de Hanani, el cual dijo al rey Josafat:¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen al Señor? Por esto ha caído sobre ti la cólera del Señor. 3Pero se han hallado en ti buenas cosas, por cuanto has quitado de la tierra las imágenes de Asera y has dispuesto tu corazón para buscar a Dios."

Volviendo ahora a este capítulo 22 del Primer Libro de Reyes, leamos los versículos 48 y 49:

"Josafat había hecho naves de Tarsis, las que debían dirigirse a Ofir por oro; pero no fueron, porque se rompieron en Ezión-geber. Entonces Ocozías hijo de Acab dijo a Josafat: Vayan mis siervos con los tuyos en las naves. Pero Josafat no quiso."

Ocozías, el hijo de Acab que había accedido al trono de Israel, el reino del norte, quiso que Josafat se uniera a él en un acuerdo comercial que, en realidad, sería en esta ocasión una misión de paz. Pero Josafat no se comprometería esta vez, porque había aprendido la lección. Continuemos leyendo el versículo 50:

"Josafat durmió con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David, su padre. En su lugar reinó su hijo Joram."

Ahora, para concluir este capítulo 22, volvemos una vez más al reino del norte, o de Israel, y los últimos 3 versículos de este capítulo, nos describen brevemente el carácter de Ocozías. Leamos los versículos 51 al 53:

"Ocozías hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, el año diecisiete de Josafat, rey de Judá. Reinó dos años sobre Israel. Hizo lo malo ante los ojos del Señor, siguió el camino de su padre y el camino de su madre, y el camino de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel, porque sirvió a Baal y lo adoró, y provocó la ira del Señor, Dios de Israel, conforme a todas las cosas que había hecho su padre."

El reinado de Ocozías en el norte, fue un reinado muy breve. Reinó solamente dos años. Y engrosó la lista de los malos reyes de Israel en el norte. Dice el versículo 52 que, siguiendo el ejemplo de su padre, sus hechos fueron malos ante los ojos del Señor. Se menciona también aquí a la madre de Ocozías. Dice también que siguió el ejemplo de su madre. Y sabemos que la madre de Ocozías fue Jezabel, esposa de Acab. Y ya hemos visto cómo era Jezabel, una mujer malvada y perversa. De ahí la mala influencia que ejerció sobre Ocozías. Hablaremos más de Ocozías en nuestro estudio del Segundo Libro de los Reyes.

Y así concluye este capítulo 22 y con él, concluye también nuestro estudio de este Primer Libro de Reyes. En nuestro próximo programa, continuaremos nuestro recorrido por el Antiguo Testamento y comenzaremos a estudiar el Segundo Libro de los Reyes. Hemos visto hoy, aparte del juicio de Dios sobre las manifestaciones del pecado y la maldad, y la mala influencia de los padres en la vida del rey Ococías, y la buena influencia del hogar de los padres del rey Josafat. El contraste nos muestra la influencia nefasta de la idolatría y el alejamiento de Dios, y la influencia de la Palabra de Dios en las vidas de los gobernantes y de sus pueblos. Porque la Palabra de Dios transforma a las personas de cualquier condición social que, en medio de sus errores y debilidades, la colocan como norma de vida. Y ésa es la enseñanza principal que nos han dejado las vidas de reyes, sacerdotes, profetas, soldados y demás personas que hemos encontrado en nuestro relato, y que la Biblia nos ha descrito con gran objetividad, resaltando tanto sus aciertos como sus errores. Por todo ello, para que la Palabra de Dios puede ser aplicada como norma de vida, estimado oyente, es necesario, en primer lugar, iniciar una relación con Dios aceptando, por la fe, la obra de Jesucristo en la cruz. Entonces, el Espíritu de Dios comenzará en usted su obra de renovación.

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