Estudio bíblico de 2 Reyes

Predicación escrita y en audio de 2 Reyes 6:26-8:10

2 Reyes 6:26-8:10

Continuamos hoy nuestro recorrido por el capítulo 6 de este Segundo Libro de Reyes, que estamos estudiando. Y en nuestro programa anterior, estuvimos hablando del sitio de Samaria por parte de Ben?adad rey de Siria, haciendo que la comida escaseara y se vendiera a elevadísimos precios. Los versículos 26 al 30 revelan el hecho horrible que llegaban al extremo de comerse a sus niños, decido a la desesperante falta de comida. Dice el versículo 31:

"Y el rey exclamó: Traiga Dios sobre mí el peor de los castigos, si la cabeza de Eliseo hijo de Safat queda hoy sobre sus hombros."

No sabemos por qué el rey consideró a Eliseo responsable de los horrores del sitio de la ciudad. Probablemente pensó que Eliseo tenía el poder de proporcionar comida de forma milagrosa y se enfureció, y estuvo dispuesto a ejecutarlo si no lo hacía.

Este episodio se continúa sin ninguna pausa en el próximo capítulo. Este fue otro incidente emocionante en la vida del profeta Eliseo. Pasemos ahora a

2 Reyes 7

En el capítulo anterior y el comienzo de éste, vemos que el rey envió a alguien para que ejecutase a Eliseo. Sin embargo Dios le advirtió al profeta y le dio las buenas noticias de que el hambre terminaría al día siguiente. Esa noche, cuatro leprosos que vivían fuera de la ciudad sitiada, entraron en el campamento del ejército sirio en su desesperación y lo encontraron abandonado. Durante la noche, el Señor había hecho que los sirios supersticiosos oyeran un gran bullicio, que ellos interpretaron como el de un gran ejército que se acercaba y que había sido contratado para atacarlos. Huyeron, pues, presa del pánico, dejando atrás todas sus provisiones. Los leprosos, entonces, dieron a conocer al pueblo hambriento de Samaria, que había una abundancia de comida en el campamento abandonado.

Usted recordará que en el capítulo anterior, capítulo 6, vimos que había una grande hambre seria tan sería que la cabeza de un asno se vendía por un precio altísimo: unas 80 monedas de plata. Y eso que no había mucha carne en la cabeza de un asno. Suponemos que sólo la podrían hervir y preparar un caldo. Pero, ¡a qué precio! La grave escasez de comida en la tierra, seguramente, era una evidencia del juicio de Dios sobre Su pueblo.

Ahora, al comenzar nuestro estudio de este capítulo 7, vemos que en medio de esa situación, Eliseo hizo una profecía extraordinaria. Leamos el primer versículo de este capítulo 7 del Segundo Libro de Reyes:

"Dijo entonces Eliseo: Oíd la palabra del Señor: Así dijo el Señor: Mañana a estas horas, a la entrada de Samaria, se podrían comprar siete litros de harina por una sola moneda de plata, y también, por una sola moneda de plata se podrán comprar quince litros de cebada."

Eso quería decir que la inflación monetaria terminaría. Pero, ¿cómo podría suceder tal cosa, cuando estaban sufriendo una verdadera hambre? ¿De dónde vendría la comida y cómo podría ser traída a la ciudad cuando el ejército sirio estaba acampando fuera de las murallas no permitiendo que nadie entrara o saliese? Aparentemente el rey creyó la audaz profecía de Eliseo porque le perdonó la vida en esa ocasión. Sin embargo, el que era su mano derecha se burló de esta predicción. Dice el versículo 2:

"Un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios y le dijo: Si el Señor abriera ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Él dijo: Tú lo verás con tus propios ojos, pero no comerás de ello."

Esta predicción se cumplió literalmente al día siguiente. Ahora la escena cambia a un grupo de hombres desesperados fuera de las puestas de la ciudad. Leamos los versículos 3 al 5:

"Había a la entrada de la puerta cuatro hombres leprosos, y se decían los unos a los otros: ¿Por qué estamos aquí esperando la muerte? Si tratamos de entrar en la ciudad, moriremos en ella, por el hambre que hay en la ciudad; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos, pues, ahora y pasémonos al campamento de los sirios: si ellos nos dan la vida, viviremos, y si nos dan la muerte, moriremos. Se levantaron, pues, al anochecer, para ir al campamento de los sirios, y al llegar a la entrada del campamento de los sirios, no había allí nadie."

Como aquellos eran leprosos, estaban excluidos de la vida en sociedad y dependían de que familiares o amigos les trajeran comida. En un momento en que la gente de la ciudad se estaba muriendo de hambre, por supuesto, ya no quedaba nada para ellos. Como ya hemos dicho, la lepra es una figura del pecado. La aplicación para nosotros es que antes de que viniéramos a Cristo, estábamos en una situación igualmente desesperada. Éramos como leprosos, habitando entre los muertos, sin esperanza y sin Dios en este mundo.

Los leprosos, conscientes de que no tenían nada que perder, decidieron abandonarse a la misericordia del enemigo. Pero cuando llegaron al campamento de los sirios, lo encontraron desierto. ¿Qué le habría sucedido a aquel gran ejército de unos cien mil soldados o incluso más? Pero, continuemos leyendo ahora los versículos 6 y 7 de este capítulo 7 del Segundo Libro de Reyes:

"El Señor había hecho que en el campamento de los sirios se oyera estruendo de carros, ruido de caballos y el estrépito de un gran ejército, por lo que se dijeron unos a otros: El rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los heteos y a los reyes de los egipcios para que vengan a atacarnos. Así que se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus caballos, sus asnos y el campamento tal cual estaba. Huyeron para salvar sus vidas."

El sonido de un ejército que se acercaba provocó el pánico de los sitiadores de la ciudad. Los sirios no huyeron de una manera ordenada sino precipitadamente y cada uno trató de salvarse a sí mismo. Estaban dispersándose en plena noche y se escaparon rápidamente. Dice el versículo 8:

"Cuando los leprosos llegaron al límite del campamento, entraron en una tienda, comieron y bebieron, tomaron de allí plata, oro y vestidos, y fueron a esconderlos. Después volvieron, entraron en otra tienda, y de allí también tomaron cosas que fueron a esconder."

En aquellos tiempos, los ejércitos transportaban toda la comida que iban a necesitar. En este caso se trataba de una campaña de larga duración, al ser el sitio de una ciudad como Samaria, situada en una colina. Después de que el ejército sirio huyera, los leprosos entraron al campamento y comieron hasta hartarse. Y entonces encontraron y escondieron más oro y plata del que jamás podrían necesitar. Dice también el versículo 9:

"Luego se dijeron unos a otros: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas noticias y nosotros callamos. Si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la noticia en la casa del rey."

Una vez que la excitación había pasado y se serenaron, comenzaron a pensar que mientras ellos se hartaban de comer los habitantes de la ciudad se morían de hambre. Decidieron entonces comunicarles a todos las buenas noticias.

Hay aquí una gran lección espiritual para nosotros. En este momento usted y yo estamos disfrutando de la Palabra de Dios. Hoy es un día de buenas noticias y nosotros nos sentamos y nos deleitamos con esa Palabra, ¿No tendríamos que salir a comunicarla a otros? ¿Qué está usted haciendo para compartir la Palabra de Dios con aquellos que se mueren espiritualmente de hambre? Debemos, pues, ocuparnos de hacer llegar la Palabra divina a los corazones necesitados. Dios espera que cada uno de nosotros use los talentos que Él nos ha concedido para proclamar el mensaje de las buenas noticias de la Palabra de Dios. No debemos guardar silencio en esta hora de desesperada necesidad espiritual.

Después de que los leprosos comunicaran las buenas noticias, los israelitas fueron al campamento sirio abandonado y encontraron suficiente comida como para alimentar a un ejército de varios miles de soldados, debido a la enorme abundancia de alimentos que allí había. Los vendedores de Samaria hicieron grandes ventas y fue posible comprar alimentos baratos. Así que la profecía de Eliseo se cumplió literalmente y el príncipe ayudante del rey que había dudado, murió atropellado por el pueblo, tal como lo había predicho el profeta de Dios. En este sentido, recomendamos que lea usted los versículos 10 hasta el 20, es decir, el resto del capítulo que nosotros hemos resumido, porque contiene un relato vívido y detallado de la actitud incrédula del rey cuando se enteró de la buena noticia traída por los leprosos y el desenlace de este incidente con el cumplimiento literal de la predicción del profeta Eliseo.

Y así concluye este capítulo 7 de este Segundo Libro de Reyes, y llegamos a

2 Reyes 8:1-10

El tema general de los capítulos 8 y 9 es el juicio de los malvados. En cuanto al contenido total del capítulo 8, del cual hoy sólo examinaremos 10 versículos, diremos que Eliseo predijo un hambre de 7 años y aconsejó a la viuda sunamita que saliera de la región durante esos años. Ella regresó después de los 7 años, y le pidió al rey que le devolviera sus tierras. Después de enterarse de quien era, el rey se las devolvió. También, Eliseo fue a Damasco y predijo la muerte al enfermo rey Ben?adad, de Siria y la ascensión de Hazael a su trono, quien a su vez destruiría a Israel. Hazael se declaró inocente de tales planes, pero de todos modos, los llevaría a cabo. También, en este capítulo, Joram, hijo de Josafat, comenzó a reinar en Judá, en el reino del sur. Siguió los pasos de los reyes de Israel porque se había casado con la hija de Acab. Edom se rebela contra él y también Libna. Joram murió, después de reinar 8 años. Le sucedió en el trono de Judá Ocozías su hijo, el cual se unió con Joram, hijo de Acab y rey de Israel, para hacer la guerra a Hazael, rey de Siria. Joram fue herido durante la guerra. Comencemos, pues, leyendo los primeros 2 versículos de este capítulo 8 del Segundo Libro de Reyes, para considerar

La predicción de Eliseo sobre el hambre

"Habló Eliseo con aquella mujer a cuyo hijo él había revivido, y le dijo: Levántate, vete tú y toda tu casa a vivir donde puedas, porque el Señor ha llamado al hambre, la cual vendrá sobre la tierra por siete años. Entonces la mujer se levantó e hizo como el varón de Dios le dijo: ella y su familia se fueron a vivir durante siete años a tierra de los filisteos."

Eliseo aconsejó a esta mujer sunamita que saliera de la tierra y se fuera a otro lugar porque habría siete años de hambre en la tierra. Ella creyó esta predicción y obedeció a Eliseo. Llevó a su familia a la tierra de los filisteos y habitaron allí durante todo el período del hambre. Ahora, ese período de hambre, una vez más, fue un juicio de Dios sobre el reino de Israel, o del norte. Eventos como este período de hambre, siempre son amonestaciones de Dios que han tenido lugar a los largo de la historia. Han sido como advertencias para que la raza humana se detuviera a reflexionar sobre su situación y cambiase su conducta y actitud hacia Dios. Pero continuemos leyendo los versículos 3 hasta el 6, en los cuales vemos que

La propiedad de la sunamita fue devuelta

"Cuando pasaron los siete años, la mujer volvió de la tierra de los filisteos, y fue a implorar al rey por su casa y por sus tierras. El rey estaba hablando con Giezi, criado del varón de Dios, y le decía: Te ruego que me cuentes todas las maravillas que ha hecho Eliseo. Y mientras Giezi le contaba al rey cómo había revivido a un muerto, llegó la mujer a cuyo hijo él había revivido, para implorar al rey por su casa y por sus tierras. Entonces dijo Giezi: Rey y señor mío, esta es la mujer y este es su hijo, al cual Eliseo revivió. El rey preguntó a la mujer y ella se lo contó. Entonces el rey le ordenó a un oficial: Haz que le devuelvan todas las cosas que eran suyas y todos los frutos de sus tierras, desde el día que dejó el país hasta ahora."

Cuando el período de hambre terminó, la mujer sunamita regresó a su primera casa. Al parecer, encontró que otros estaban viviendo ahora en sus tierras. Al mismo tiempo, según la providencia de Dios, el rey indagaba acerca de algunas de las obras menos conocidas del profeta. Y Giezi le estaba contando de cuando Eliseo había levantado de los muertos al hijo de la sunamita. El rey se sintió conmovido al oír sobre cómo Eliseo había levantado de los muertos al hijo de la sunamita. Y cuando ella, que llegó mientras estaban hablando, fue presentada por Giezi al rey, entonces ella le pidió al soberano que le devolviera sus tierras y el rey le dio más de lo que ella había pedido. El rey decidió que la propiedad de ella tenía que ser devuelta, incluyendo los frutos producidos por la tierra durante el tiempo de la ausencia de la viuda.

El siguiente párrafo nos expone los términos en los cuales

Eliseo predijo la traición de Hazael, rey de Siria

Tenemos así otro incidente en la vida de Eliseo, que fue realmente extraordinario. Recordemos que el rey Ben-adab de Siria había tratado de capturar a Eliseo para matarle. Pero ahora el rey era muy anciano y estaba enfermo. Leamos el versículo 7:

"Luego Eliseo se fue a Damasco. Ben-adad, rey de Siria, estaba enfermo, y le avisaron: El varón de Dios ha venido aquí."

El rey creyó que Eliseo le restauraría su salud. En vista del hecho de que su propia vida pudiera quedar en manos de Eliseo, no se atrevió a causarle ningún daño. Y veamos lo que hizo entonces, aquí en el versículo 8:

"Entonces el rey dijo a Hazael: Toma en tus manos un presente, ve a recibir al varón de Dios y consulta por medio de él al Señor, preguntando: ¿Sanaré de esta enfermedad?"

Hazael salió a recibir a Eliseo. Ahora, Hazael era el capitan del ejército de Ben?adad. Hubo una referencia a él, en el Primer Libro de Reyes, capítulo 19, versículo 15, donde leemos: "Y le dijo el Señor: Ve, vuelve por el mismo camino, hacia el desierto de Damasco. Llegarás, y ungirás a Hazael como rey de Siria". O sea, que Hazael ya había sido ungido como rey muchos años antes. Debía suceder a Ben?adad en el trono de Siria. Hazael simplemente estaba esperando la muerte de Ben?adad. Podemos comprender muy bien que cuando el viejo rey muriese, era muy difícil para el sucesor, fuera un hijo, o un General u otro cualquiera, derramar muchas lágrimas en el funeral, porque ese mismo funeral era lo que llevaría a su sucesor al poder. De modo que, Hazael salió para recibir a Eliseo, pero no creemos que saliera con mucho entusiasmo. Llevaba consigo un regalo muy magnífico para Eliseo, un regalo de parte del rey. Y dicen aquí los versículos 9 y 10:

"Tomó, pues, Hazael en sus manos un presente de entre los bienes de Damasco, cargados en cuarenta camellos, y fue a su encuentro. Al llegar, se detuvo ante él y le dijo: Tu hijo Ben-adad, rey de Siria, me ha enviado a preguntarte: ¿Sanaré de esta enfermedad? Eliseo le dijo: Ve y dile: Seguramente sanarás. Sin embargo, el Señor me ha revelado que ciertamente morirá."

Ahora, observemos el mensaje que Eliseo le dio a Hazael. Le dijo que el rey se sanaría, lo cual habría ocurrido si Hazael no hubiera interferido. Y después le dijo que, en realidad, el rey Ben-adab moriría. Eliseo evidentemente sabía que Hazael mataría al rey, aunque no se lo dijo. Esto era, en cambio, lo que Hazael sí quería oír. Podemos imaginar que en ese momento esbozó una sonrisa maligna, porque ello implicaba que él se convertiría en el rey.

En esta última parte de nuestro programa de hoy hemos visto, una vez más, las maniobras de un rey, Hazael, que había sido ungido, y que esperaba con gran ambición el momento de la muerte del rey Ben-adab, para ocupar su lugar. Los ejemplos de actitudes como ésta serían tan numerosos a lo largo de la historia, como para hacer imposible la tarea de enumerar, aunque sólo fuera, los casos más conocidos. La lucha por el poder convierte a las personas en seres despiadados, sin escrúpulos de ninguna clase. Por supuesto los métodos han cambiado y, muchas veces, se provoca la llamada muerte civil. Es que la perversidad humana se mantiene invariable. Sin embargo, al terminar deseamos recordar lo que ya hemos afirmado sobre las buenas noticias de la Palabra de Dios. Es que, estimado oyente, en un mundo donde millones de personas se debaten en la desesperanza, donde las personas están tan defraudadas que desconfían de las buenas noticias o incluso las reciben con escepticismo o incredulidad, queremos enfatizar que el Evangelio es una muy buena noticia, confirmada por todos aquellos que han aceptado, por la fe, la obra que el Señor Jesucristo realizó a favor de ellos en la cruz y le han recibido como su Salvador. Y así como aquellos mensajeros que habían saciado su hambre con los manjares que habían comido, librándose así de la muerte física, por todo el mundo millones de hombres y mujeres han experimentado en su vida la llegada de Jesucristo, el Pan de vida, y han bebido del Agua de vida que el Espíritu de Dios ha derramado en su alma, salvándose de la muerte espiritual. No querrá usted, estimado oyente, dar ese paso de fe y comprobar cuánta razón tenía el Señor Jesucristo cuando les dijo a los suyos, en el relato del incidente de Juan 6: "Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida."

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