Estudio bíblico de 2 Reyes 11:11-13:2

2 Reyes 11:11-13:2

Continuamos hoy nuestro estudio del capítulo 11 del Segundo Libro de Reyes. Y en nuestro programa anterior, estuvimos hablando de cómo Joás había llegado al trono de Judá. Cuando Joás tenía como 6 años, Joiada, el sacerdote, mandó a buscar a los jefes, a los capitanes y gente de la guardia de Israel y les reveló que el rey había tenido un hijo que aún vivía. Ahora, cuando ellos se dieron cuenta de que había un hijo, del linaje de David se alegraron y se sintieron esperanzados. Creemos que se habían cansado ya de esta mujer Atalía, porque se habían dado cuenta cuán sanguinaria era. Joiada, pues impartió a los jefes, a los capitanes y a la gente de la guardia de Israel instrucciones precisas con respecto a la seguridad personal de Joás, el nuevo rey. Y vimos que debían estar alrededor del rey, teniendo cada uno sus armas en las manos. O sea que, se tomaron precauciones adicionales para proteger la vida de este niño, porque su vida correría serio peligro si Atalía se daba cuenta que estaba vivo. El deseo de Atalía, sin duda alguna, era matar a su propio nieto. Ella era tan cruel como lo había sido Jezabel. De modo que, el niño fue protegido hasta el tiempo en que pudiera ser presentado al pueblo. Continuamos hoy, leyendo los versículos 11 y 12 de este capítulo 11 del Segundo Libro de Reyes:

"Los de la guardia se pusieron en fila, cada uno con sus armas en la mano, desde el lado derecho hasta el lado izquierdo de la Casa, junto al altar y el Templo, alrededor del rey. Sacó entonces Joiada al hijo del rey, le puso la corona y el Testimonio, y ungiéndolo lo hicieron rey. Luego batieron palmas y gritaron: ¡Viva el rey!"

Aquel fue un gran día para el reino del sur, el de Judá, el día de coronar a un rey de la descendencia de David. Leamos el versículo 13, que inicia el relato de

La muerte de Atalía

"Cuando Atalía oyó el estruendo del pueblo que corría, entró al templo del Señor, donde estaban todos."

Por supuesto, no habían invitado a Atalía a la coronación del rey. Evidentemente ella estaba en el palacio de David en el monte de Sión, desde cuya altura podía contemplar todo lo que acontecía en el área del Templo. Cuando oyó los gritos y el estruendo del pueblo, fue al templo para ver qué estaba ocurriendo. Y leemos en el versículo 14:

"Miró y vio al rey, que estaba junto a la columna, conforme a la costumbre, a los príncipes y los trompeteros junto al rey, y a todo el pueblo del país que se regocijaba y tocaba las trompetas. Entonces Atalía, rasgando sus vestidos, clamó a voz en cuello: ¡Traición, traición!"

Éste, claro, era el concepto de Atalía en cuanto a la traición. Y continuamos leyendo los versículos 15 y 16 de este capítulo 11 de este Segundo Libro de Reyes:

"Pero el sacerdote Joiada ordenó a los jefes de centena que gobernaban el ejército: Sacadla fuera del recinto del Templo, y al que la siga, matadlo a espada. Como el sacerdote había dicho que no la mataran en el templo del Señor, le abrieron paso y la mataron en el camino por donde entran los de a caballo a la casa del rey."

Atalía trató de huir, pero no tenía a donde ir. No había ninguna manera de trasladar su juicio a otro distrito donde pudiera recibir un juicio justo. La mataron mientras ella trataba de huir, y así evitaron una apelación a la Corte Suprema. Al avanzar en nuestro estudio, llegamos a un párrafo que se podría titular

Una renovación

Ahora, la remoción de Atalía apartó una nube negra del reino del sur. Había ahora, un nuevo rey, pero este niño tenía que disponer de consejeros para reinar en su lugar, debido a que era muy joven. Uno de aquellos consejeros, que lo había gestionado todo en cuanto a la ascensión de Joás al trono, era el sacerdote Joiada. Él había sido quien también había dirigido la ejecución de Atalía. Leamos ahora el versículo 17:

"Entonces Joiada hizo un pacto entre el Señor, el rey y el pueblo, que sería el pueblo de del Señor; asimismo entre el rey y el pueblo."

Éste fue el principio de un retorno a Dios. Joiada el sacerdote, dirigió entonces un movimiento de regreso a la adoración del Señor. La adoración de Baal se había generalizado en aquellos días. Se había introducido aun en Judá. Creemos que el pueblo iba aún al Templo del Señor pero, al mismo tiempo, adoraban a Baal. Y lo mismo sucede hoy. Muchas personas que profesan ser cristianas tienen un comportamiento religioso los domingos, y luego viven totalmente ajenas a Dios por el resto de la semana. Y después se extrañan por la falta de una energía vital en el cristianismo actual. Y leemos ahora, los versículos 18 al 21 de este capítulo 11 del Segundo Libro de Reyes:

"Luego todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal y lo derribaron. También despedazaron completamente sus altares y sus imágenes, y mataron a Matán, sacerdote de Baal, delante de los altares. Después el sacerdote puso una guardia en la casa del Señor, tomó a los jefes de centenas, los capitanes, la guardia y todo el pueblo del país, y llevaron al rey, por el camino de la puerta de la guardia, desde la casa del Señor hasta la casa del rey. Y se sentó Joás en el trono de los reyes. Todo el pueblo de la tierra se regocijó. Y como Atalía había muerto a espada junto a la casa del rey, la ciudad permaneció tranquila. Siete años tenía Joás cuando comenzó a reinar."

Éste fue el principio de un gran movimiento espiritual que resultó en una gran renovación en el reino de Judá. Había una alegría general por tener a un descendiente de David en el trono y por haber apartado de la nación a la malvada usurpadora extranjera y a su templo de Baal. Y así concluimos el capítulo 11 de este Segundo Libro de Reyes, y pasamos ahora a

2 Reyes 12 - El reino de Joás de Judá

En este capítulo tenemos el reino de Joás, que reinó por 40 años e hizo lo recto ante los ojos del Señor. Restableció el culto divino y reparó el templo. Vemos también en este capítulo que los sirios tomaron a Gat y Joás tuvo que pagar a Hazael, rey de Siria, a fin de que se alejara de Jerusalén. Y finalmente, Joás fue muerto por una conspiración de sus siervos. Y le sucedió en el trono, Amasías su hijo.

Veremos que fue Joiada quien llevó los asuntos de su reino. En esta coyuntura quisiéramos hacer una evaluación de los reyes. Hubo un total de 19 reyes, que reinaron sobre el reino del norte o de Israel. Hubo un total de 20 reyes, que reinaron sobre el reino de Judá, en el sur. Entre los 19 reyes que reinaron sobre Israel, ninguno pudo ser considerado un rey justo. En realidad, lo único que se puede decir en cuanto a ellos, es que todos fueron malvados. No hubo ningún buen rey entre todos ellos.

En el reino del sur o de Judá, hubo veinte reyes, y sólo a diez de ellos se les podría haber considerado como buenos. Cinco de estos reyes fueron excepcionales y durante sus reinados tuvieron lugar cinco períodos de reforma y renovación. Podemos decir que toda la reforma y bendición se incubó en el nido de la renovación espiritual. Estos períodos breves de respiro mantuvieron ardiendo los fuegos sobre los altares, los que en otros tiempos casi se apagaron. Cinco veces el fuego purificador de un movimiento de renovación se encendió tal como lo hace el fuego en un bosque, y se extendió por toda la nación. Por supuesto, no se trataba de un fuego destructivo, sino de construcción espiritual e instrucción. Dios visitó a Su pueblo con tiempos reconfortantes enviados desde el cielo. Hubo un retorno a la Palabra de Dios y a la adoración de Dios. Hubo poder y prosperidad.

Estimado oyente, cuando tiene lugar una renovación espiritual, surge una nueva alegría en la Iglesia, así como un poder renovado. Habrá un nuevo amor. Sin embargo, en primer lugar, tiene que haber un retorno a la Biblia. Un regreso a la Palabra de Dios ha producido todos los grandes movimientos de renovación espiritual. Personalmente creemos que nosotros podemos experimentar una gran renovación en el día de hoy. Hace algunos años el Dr. Griffith Thomas dijo: "No veo en ninguna parte de las Escrituras que una renovación de la verdadera Iglesia, sea contraria a la voluntad de Dios". Y el Dr. James Gray dijo: "no recordamos nada en las cartas apostólicas que justifique la conclusión de que las experiencias de la Iglesia primitiva, no pueden ser repetidas en el día de hoy". Estimado oyente, hagamos nuestra parte para divulgar la Palabra de Dios para que Dios pueda llevar a cabo una obra real de gracia en nuestro tiempo. En este capítulo 12, pues, vemos a Joás comportándose como un adulto. Leamos, pues, el primer versículo de este capítulo 12 del Segundo Libro de Reyes:

"En el séptimo año de Jehú comenzó a reinar Joás y reinó cuarenta años en Jerusalén. El nombre de su madre era Sibia, de Beerseba."

Joás comenzó a reinar siendo un niño de siete años y continuó hasta que tenía cuarenta y siete años. Su madre era Sibia de Beerseba. Recordemos la frecuencia con la que los nombres de las madres se mencionan, porque ellas influyeron mucho en sus hijos. Dice el versículo 2:

"Joás hizo lo recto ante los ojos del Señor todo el tiempo que lo dirigió el sacerdote Joiada"

Joás sin duda fue instruido en la Palabra de Dios. Y amigo oyente, lo que necesitamos hoy son hombres instruidos en la Palabra de Dios y que conozcan a Dios. Necesitamos una renovación que sólo nos puede venir, mediante la Palabra de Dios. Leamos ahora, el versículo 3 de este capítulo 12 del Segundo Libro de Reyes:

"Con todo, los lugares altos no se quitaron, porque el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos."

La renovación no significó que todos se hubieran vuelto a Dios. Muchos todavía sacrificaban y quemaban incienso en los lugares altos. Incluso entre los sacerdotes había quienes no habían experimentado realmente una renovación. Prosigamos ahora con los versículos 4 y 5:

"Joás dijo a los sacerdotes: Todo el dinero consagrado que se acostumbra traer a la casa del Señor, el dinero del rescate de cada persona, según está estipulado, y todo el dinero que cada uno de su propia voluntad trae a la casa del Señor, 5que lo reciban los sacerdotes, cada uno de manos de sus familiares, y con él reparen los portillos del Templo dondequiera que se hallen grietas."

El Templo necesitaba algunas reparaciones. Los sacerdotes habían estado tomando el dinero destinado para reparar las grietas del Templo y lo habían utilizado para otras cosas. Avancemos ahora con los versículos 6 al 8:

"Pero en el año veintitrés del rey Joás aún no habían reparado los sacerdotes las grietas del Templo. Llamó entonces el rey Joás al sumo sacerdote Joiada y a los demás sacerdotes y les dijo: ¿Por qué no reparáis las grietas del Templo? De ahora en adelante, pues, no toméis más el dinero de vuestros familiares, sino dadlo para reparar las grietas del Templo. Los sacerdotes consintieron en no tomar más dinero del pueblo, ni tener a su cargo reparar las grietas del Templo."

Es lo mismo que sucede en la actualidad. Francamente creemos que se puede comprobar la fidelidad de los cristianos por el uso o el abuso del dinero.

¿Qué hicieron, pues para remediar esta situación? Pues, prepararon un arca para que el dinero estuviera guardado con seguridad, a fin de que los sacerdotes no lo tocaran. Leamos el versículo 9:

"Pero el sumo sacerdote Joiada tomó un cofre e hizo en la tapa un agujero, lo puso junto al altar, a la mano derecha conforme se entra en el templo del Señor, y los sacerdotes que guardaban la puerta ponían allí todo el dinero que se traía a la casa del Señor."

Creemos que el empleo de esta arca fue una buena idea. La llamaron el arca de Joás; el dinero era contado ante testigos, quienes también tomaban parte en el control de su manejo.

Ahora, aunque había tenido lugar un gran movimiento de renovación, la nación estaba comenzando un período de decadencia. Leamos los versículos 17 y 18 de este capítulo 12 del Segundo Libro de Reyes, que nos relatan como

Los tesoros del templo fueron utilizados para sobornar a Hazael

"Por ese entonces subió Hazael, rey de Siria, y peleó contra Gat y la tomó. Luego Hazael se propuso subir contra Jerusalén, por lo que Joás, rey de Judá, tomó todas las ofrendas que habían dedicado sus antepasados Josafat, Joram y Ocozías, reyes de Judá, y las que él mismo había dedicado, y todo el oro que se halló en los tesoros de la casa del Señor y en la casa del rey, y lo envió a Hazael, rey de Siria, el cual se retiró de Jerusalén."

En otras palabras, el rey Joás estaba tratando de ganar tiempo, sobornando a Hazael, rey de Siria. Leamos los versículos 19 y 20:

"Los demás hechos de Joás y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Sus siervos se levantaron, tramaron una conjura y mataron a Joás en la casa de Milo, cuando descendía a Sila."

Hablaremos más sobre la renovación cuando lleguemos a los dos Libros de Crónicas. Joás murió a la edad de 47 años. Fue asesinado por sus siervos y sepultado junto a sus padres en la ciudad de David. Joás había sido, pues, un buen rey. Y encontraremos que su hijo Amasías sería también un buen rey. Amasías fue el noveno rey de Judá. Luego, Azarías seguiría a Amasías en el trono. Lo conoceremos a él también como a Uzías, quien reinó durante el ministerio profético de Isaías. Fue un gran período del reino del sur o de Juda; pero, durante este tiempo veremos que el reino del norte fue llevado a Babilonia para un largo período de cautiverio.

Y así concluye nuestro estudio del capítulo 12 del Segundo Libro de Reyes. Pasamos ahora a

2 Reyes 13:1-2

El tema general se refiere a los actos finales del profeta Eliseo. En este capítulo, Joacaz, hijo de Jehú, reinó sobre Israel por 17 años y siguió el mal ejemplo de Jeroboam. En desesperación, se volvió al Señor, cuando el rey de Siria lo oprimió. El Señor los libertó, pero ellos volvieron a practicar los pecados de Jeroboam. Tenemos luego, la muerte de Joacaz. Y Joás, hijo de Joacaz, sucedió a su padre en el trono de Israel o reino del norte. Nada de importancia se logró durante su reinado, excepto el hecho de que renovó la guerra contra Judá, donde reinaba Amasías. También en este capítulo, Eliseo enfermó de una enfermedad fatal. Lo visitó Joás, rey de Israel y el profeta le prometíó la victoria sobre los sirios. Luego, murió Eliseo. Los sirios oprimieron a Israel, pero Dios fue bondadoso y misericordioso con los israelitas.

Estimado oyente, ésta es una porción penosa de las Escrituras, y sin embargo puede ser muy útil para nuestro corazón. Ésta es una sección muy apropiada para los soberanos de las naciones. Estamos siguiendo a ambos reinos: Israel y Judá. Las diez tribus constituían el reino del norte o Israel y el reino del sur lo constituía las tribus de Judá y Benjamín. El linaje de David, reinaba en el sur. Esta era la línea que seguiría directamente hasta el Nuevo Testamento, y conducirá al nacimiento del Señor Jesucristo. Ahora, el linaje de David fue casi eliminado por Atalía hija de Acab y Jezabel, quien se había casado con descendientes de David, como vimos en el capítulo 11 de este Segundo Libro de Reyes. Aquí en el capítulo 13, veremos que

Joacaz reinó sobre Israel

Joacaz hijo de Jehú reinó sobre Israel por diecisiete años, y siguió el ejemplo de Jeroboam su padre. En realidad no hubo nada de sensacional ni de interesante en cuanto a su reinado. Muchos creen que el pecado trae emoción a la vida. No hay nada que sea tan aburrido como el pecado, después de un tiempo. En cambio, estimado oyente, hay una verdadera emoción cuando Dios está actuando. Cuánto necesitamos que Dios obre en el día de hoy. Leamos, pues, los primeros dos versículos de este capítulo 13 del Segundo Libro de Reyes:

"En el año veintitrés de Joás hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel en Samaria Joacaz hijo de Jehú. Reinó diecisiete años, pero hizo lo malo ante los ojos del Señor, pues siguió en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; y no se apartó de ellos."

Ya hemos dicho que Jeroboam fue la norma de maldad para el reino de Israel o del norte. Instituyó la adoración del becerro en Israel. Es decir, apartó a Israel de la adoración del verdadero Dios y los guió al pecado, a la idolatría. Cuando Acab y Jezabel llegaron al trono, llegaron mucho más lejos en su maldad. Implantaron la adoración activa de Baal, la cual en realidad fue una demonolatría o adoración de los demonios. Y ahora, Joacaz, como su padre Jehú, no adoró a Baal, ni se sumergió en las profundidades del pecado como Acab y Jezabel hicieron. Llegó, sin embargo, hasta donde llegó su antepasado Jeroboam, lo cual ya fue bastante trágico.

En este programa hemos hablado de la decadencia del reino del norte, el de Israel. Hemos visto como el pecado y la maldad estaba minando rápidamente a un pueblo y a sus instituciones, comenzando por las más altas instancias del poder. Como muchos otros reinos de la historia comprobaron, llega un momento en el que resulta imposible apuntalar lo que se está cayendo, especialmente si lo que se derrumba está siendo destruido por la naturaleza humana de sus gobernantes y su pueblo. Y esta destrucción tiene lugar primero en el interior de las personas, de manera que toda empresa que ellas acometan lleva en sí misma el sello de su deterioro irreversible. Nuestro programa de hoy comenzó describiendo como una mujer malvada e influyente, fue destronada y perdió el poder, a pesar de haber recurrido a los medios más sanguinarios para conservarlo. El profeta Amós profetizó en una ocasión al reino de Israel y dijo, en 9:10 que el juicio de Dios alcanzaría a aquellos que, pensando librarse del merecido castigo de Dios decían: No se acercará ni nos alcanzará el mal. Pero antes del castigo, tanto en el pasado, a través de los siglos y en el presente, Dios ofrece una oportunidad a los seres humanos. Dijo el apóstol Pablo escribiendo su primera carta a su discípulo Timoteo, 2:4, que Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad, pues hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos. Estimado oyente, ésta es la puerta abierta para iniciar una relación con Dios, éste es el camino, ésta es la salvación y la vida eterna, esta es su gran oportunidad.

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