Estudio bíblico de Romanos Introducción

Romanos - Introducción

Continuando con nuestra expedición a través de la Biblia, salimos hoy del Antiguo Testamento y entramos una vez más, en el Nuevo Testamento, para comenzar, como ya dijimos, nuestro estudio de la carta a los Romanos. La lectura de la carta del apóstol Pablo a los Romanos puede ser una de las experiencias que proporcione la mayor satisfacción en la vida de un creyente en Cristo. Ahora, con esto no queremos decir, que se deba leer como un artículo en una revista y luego ponerlo a un lado para dejarlo caer en el olvido. Es la lectura continua y repetida de esta epístola, lo que traerá verdaderos ríos de abundancia al creyente. Esta epístola es el mayor documento que haya en cuanto a nuestra salvación. Cada cristiano debe hacer por lo menos un esfuerzo por conocer bien el libro de Romanos, porque le proporcionará una base sólida para su fe. Ahora, hay tres aspectos que resaltarán en la vida de una persona que constantemente lea el libro de Romanos. En primer lugar, comprenderá los hechos y las verdades básicas en cuanto a la salvación. En segundo lugar, tendrá una convicción más profunda que lo usual, en cuanto a los asuntos relacionados con la fe. Y en tercer lugar, será una persona muy apta para el servicio cristiano práctico.

Ahora, al comenzar nuestro estudio de esta epístola del apóstol Pablo a los Romanos, hay tres áreas que debemos explorar a modo de introducción:

Primero, el escritor, que fue el apóstol Pablo.

Segundo, el lugar, que fue la ciudad de Roma.

Y tercero, el tema, que es la justicia de Dios.

Comencemos entonces dando una mirada al autor de esta epístola, el apóstol Pablo. Con sus escritos, nos encontramos con un método diferente de revelación. En el pasado Dios ha usado muchos medios diferentes para comunicar la verdad al hombre. Él dio el Pentateuco, o la Ley, por medio de Moisés. También presentó historia, poesía, profecía, y los evangelios. Llegamos ahora, a una nueva sección de la Biblia que es conocida como las Epístolas. Hay quienes han tratado de establecer alguna diferencia entre las palabras: "epístola" y "carta", pero nosotros concordamos con la opinión de que en realidad, no hay distinción alguna entre los dos vocablos. Las Epístolas son cartas personales y de hondo sentir humano. Ahora, leer una de estas epístolas es lo mismo que leer una carta que ha sido recién recibida y que ha venido por correo urgente o entrega inmediata. El Señor nos habla personalmente en cada una de estas cartas que San Pablo y los otros apóstoles escribieron a las iglesias.

En realidad, no hay mayor problema o discusión en cuanto al autor de esta Epístola a los Romanos, aunque Marción, el hereje de la Iglesia primitiva, y Baur, uno de los críticos bíblicos modernos, han cuestionado su autenticidad. En cuanto a esto, sin embargo, el Dr. Santiago Stifler ha escrito lo siguiente, escuche usted: "Ninguno de los dos ha podido negar que Pablo haya escrito esta Epístola. No hay ningún libro del Nuevo Testamento que sea más fidedigno en cuanto a su autoría".

El apóstol Pablo mismo, dijo lo siguiente en cuanto a esto, en el capítulo 15 de esta epístola, versículos 15 y 16, donde leemos: "Pero os he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento, como para haceros recordar, por la gracia que de Dios me es dada para ser ministro de Jesucristo a los gentiles o no judíos, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean como ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo".

En estos dos versículos, el apóstol Pablo aclaró sin lugar a dudas, que él era el apóstol a los gentiles. También dejó bien en claro que Simón Pedro era el apóstol a la nación de Israel. Por ejemplo, el apóstol Pablo dijo en su carta a los Gálatas, capítulo 2, versículos 8 y 9: "(pues el que actuó en Pedro para el apostolado de los judíos, actuó también en mí para con los no judíos), y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas de la iglesia, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los no judíos, y ellos a los judíos".

Así que aquí vemos que Pablo era el apóstol especialmente para los no judíos. Cuando uno lee en el último capítulo de esta carta a los Romanos, la lista de personas que Pablo conocía, encuentra que la mayoría no eran judíos. También en el libro de los Hechos de los apóstoles, podemos ver otra vez que Pablo era en forma especial, el apóstol a los gentiles. Y él quería ir a Roma para predicar el evangelio. En el capítulo 26 del libro de los Hechos, cuando Pablo estaba testificando al rey Agripa sobre esta misma verdad, Pablo citó lo que la voz del cielo le dijo. Y dijo en los versículos 17 y 18: "librándote de tu pueblo, y de los no judíos, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre el pueblo santo de Dios".

El apóstol Pablo poseía las mejores capacidades para este ministerio a los gentiles, debido a su experiencia, su educación y formación. El Dr. Griffith Thomas ha dicho lo siguiente: "Sus antecedentes formaron una combinación extraordinaria. Su nacimiento judío, su idioma hebreo, su ciudadanía romana, su educación judía y su cultura griega; todo esto contribuyó a hacer de Pablo el hombre que fue".

Pablo también poseyó un intelecto gigantesco, al ser educado en la fe judía, cultura griega y modales romanos. Podríamos decir que es el "Moisés del Nuevo Testamento". David Brown ha escrito esto en cuanto al apóstol Pablo, y dice: "Sus características naturales, al menos por lo que hemos podido conocer de sus escritos y de su vida, parece que incluyeron un intelecto genial y versátil, capaz de un pensamiento profundo y un razonamiento preciso; una rara combinación de valor y ternura; celo impetuoso, discreción sana con perseverancia indomable; en cuanto a carácter, honrado y directo".

La carta a los Romanos es pues, en forma especial, la proclamación global del evangelio de Pablo. Es al mismo tiempo su defensa, apología y examen del evangelio. Tenemos que concluir entonces, que el Espíritu Santo preparó a este hombre y le dio Su mensaje.

Dirijamos ahora nuestra mirada al lugar al cual fue escrita esta carta, o sea, la ciudad de Roma. Podemos declarar en forma categórica que el apóstol Pablo escribió esta epístola desde Corinto, allá en el año 58 D.C. El erudito bíblico Paley confirmó la fecha y el lugar de la manera siguiente; el dijo: "No es por la Epístola misma ni por nada que se declare dentro de la Epístola en cuanto a la fecha y el lugar; sino por una comparación entre las circunstancias referidas en la Epístola, con el orden de los eventos registrados en el Libro de los Hechos de los apóstoles, y con referencias a las mismas circunstancias, aunque para propósitos bastante diferentes, en las dos Epístolas a los Corintios".

Ahora, en cuanto a esto, el Dr. Griffith Thomas hizo una interesante observación y dice que: "Ciertos nombres indican claramente a la ciudad de Corinto como el lugar donde esta Epístola fue escrita". Luego, él añadió que la fecha probable para su escritura fue durante los meses de Marzo a Mayo del 58 D.C. Además debemos notar que la descripción de la crasa inmoralidad de los no judíos en Roma, que aparece en los primeros capítulos en esta carta, estaba basada en la situación paralela que Pablo observó en la ciudad de Corinto.

Pero Pablo no estaba solamente interesado en los aspectos negativos de los no judíos en Roma, sino que, como veremos en los últimos versículos de esta Epístola, el apóstol Pablo estaba en estrecho contacto con muchos creyentes en Roma, la gran mayoría de los cuales no eran judíos. O sea que, podemos decir que desde un comienzo la Iglesia Cristiana en Roma estaba formada por una mayoría de no judíos. Ahora, otro aspecto interesante en cuanto a esta Iglesia es que creemos que Pablo no habría estado interesado en visitar a Roma, si la Iglesia allí hubiera sido fundada por alguna otra persona. El caso es que, el apóstol Pablo declaró que estaba ansioso de ir a Roma. Allá en el capítulo 1, versículo 15 de esta carta leemos: "Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma".

Ahora, ya dijimos que Pablo estableció, sin lugar a dudas, que nunca habría ido a Roma, aunque estuviera ansioso de hacerlo, si alguien hubiese predicado el evangelio allí antes que él. En el capítulo 15 de esta carta, versículo 20, dice: "Y de esta manera me esforcé en predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiera sido anunciado, para no edificar sobre fundamento ajeno". Y Pablo no sólo dijo esto sino que lo practicó, pues vemos que él nunca fue a trabajar en la obra del Señor donde otro apóstol hubiese trabajado. De modo que esto, nos lleva a pensar y a creer que Pablo no habría ido a Roma, si otro apóstol hubiese ido allí antes.

Surge ahora la pregunta: Y bueno, ¿quién fue el fundador de la Iglesia en Roma? Creemos que Pablo fundó la Iglesia en Roma, y que la fundó a distancia, podríamos decir. Usted dirá, pero eso es imposible ya que en esos tiempos no había los medios de comunicación adecuados para ello, como, por ejemplo, el teléfono.

Permítanos aclarar lo que estamos diciendo: Roma era una ciudad muy grande, y Pablo nunca había estado allí. Ningún otro apóstol la había visitado todavía. Sin embargo, es un hecho que allí surgió una Iglesia Cristiana. ¿Cómo entonces llegó a existir una Iglesia en Roma? Bueno, es que Pablo había viajado a través de gran parte del imperio romano, ganando hombres y mujeres para Cristo; y como muchos viajaban hacia Roma desde los confines del imperio, pues, ocurrió que llegó el momento en que hubo muchos habitantes de Roma que conocían personalmente al apóstol Pablo; que lo habían conocido antes de trasladarse a la capital del imperio. Ahora, alguien quizá preguntará: ¿Está usted seguro que esto fue lo que ocurrió, que ésta era la situación? Bueno, observemos lo que dijo en el libro de los Hechos de los apóstoles, capítulo 18, versículos 1 al 3. ¿Quiénes fueron los que se encontraron con Pablo en Corinto? Leamos esa porción. Hechos capítulo 18, versículos 1 al 3: "Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos salieran de Roma. Fue a ellos, y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas".

Vemos, pues, que Pablo se encontró con Aquila y Priscila, habitantes de Roma, pero quienes habían tenido que abandonar esa ciudad, debido a una ola de antisemitismo y persecución desencadenada por el emperador Claudio. Ahora, ellos se encontraron con Pablo en Corinto. Y más tarde, vemos que acompañaron al apóstol Pablo en su viaje a Atenas. Esta pareja llegó a ser un extraordinario testimonio para el Señor Jesucristo, siendo usados poderosamente por el Espíritu Santo dondequiera que fueron.

Ahora, cuando Pablo escribió esta Epístola a los Romanos, vemos que ya habían vuelto a radicarse en Roma, pues, en sus saludos personales en el capítulo 16, Pablo los mencionó por nombre en el versículo 3, donde dijo: "Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús". Y, ¿qué podemos decir en cuanto a los otros? Pues, sólo esto: que Pablo los había conocido personalmente. En algún lugar él tuvo que haberles conocido y llevado a una fe personal en Jesucristo. Pablo fue entonces el fundador "a distancia" podríamos decir, de la Iglesia en Roma, mediante su contacto con estas personas a quienes había presentado el evangelio de Jesucristo, y quienes se fueron luego a vivir a la ciudad de Roma.

Destacó el Dr. McGee en uno de sus libros, que Pablo conocía la ciudad de Roma, aunque nunca había entrado en sus límites, antes de escribir esta carta a los Romanos. Roma era como un gran barco que viajaba durante la noche y que levantaba fuertes olas que se rompían en las costas lejanas. Su influencia era como la de una potente emisora de radio que penetraba cada esquina y escondrijo del imperio romano.

Pablo había visitado las ciudades coloniales tales como Filipos y Tesalónica. En estas ciudades había observado las costumbres romanas, las leyes, el idioma, las modas, y la cultura en plena exhibición. Pablo había viajado por los caminos romanos. Se había encontrado con los soldados romanos en esas carreteras y en los mercados, y también había dormido en las cárceles romanas. Pablo había tenido que acudir ante magistrados romanos y había disfrutado de todos los beneficios de la ciudadanía romana. De modo, que se puede ver que Pablo, conocía todo lo que debía saberse en cuanto a Roma, sin haberla visitado todavía.

Desde el escenario de la capital del mundo, Pablo iba a predicar el evangelio global al mundo perdido que Dios tanto amaba, que había dado a Su Hijo para que todo aquel que creyera en El, no se perdiera, sino que tuviese vida eterna. Roma era como una especie de gran imán, que atraía a su centro a los hombres y mujeres desde los confines del mundo entonces conocido. Mientras Pablo y los otros apóstoles viajaban por todas partes del gigantesco imperio, trajeron a grandes multitudes a los pies de la cruz. Iglesias Cristianas fueron establecidas en la mayoría de las grandes ciudades del imperio.

Con el transcurrir del tiempo, muchos creyentes en Cristo fueron atraídos al centro del imperio, o sea la ciudad de Roma. El dicho que "todos los caminos llevan a Roma" era una verdad muy evidente en aquel entonces y no simplemente un dicho. A medida que más y más cristianos fueron congregándose en esa gran metrópolis, comenzó a emerger una Iglesia. Es probable que la Iglesia de Roma no fuera establecida por un sólo hombre. Las que habían sido convertidas por medio del testimonio de Pablo y de otros apóstoles en las ciudades periféricas, se fueron a vivir a Roma, donde organizaron la primera Iglesia Cristiana. En verdad, continuó diciendo el Dr. McGee: "no creo que Pedro haya sido el que estableció la Iglesia en Roma, pues, vemos que su sermón en el día de Pentecostés y sus siguientes sermones estuvieron dirigidos exclusivamente a los israelitas. No fue sino hasta después de la conversión de Cornelio, que Pedro estuvo convencido de que los que no eran judíos también estaban incluidos en el cuerpo de creyentes". Hasta aquí, lo que escribió el Dr. Vernon McGee.

Ahora, resumiendo, hemos visto que el apóstol Pablo, fue el que estaba escribiendo a los Romanos. También hemos visto que más tarde, visitaría la ciudad de Roma, aunque ya la conocía muy bien. Y que él había sido entonces el fundador de la Iglesia en Roma.

Lo que todavía nos resta es considerar el mensaje, o sea el contenido de su carta a los Romanos. El gran tema es la justicia de Dios. Es un mensaje que hemos tratado de proclamar a través de muchos años. Y, por cierto, es un mensaje que el mundo en general no quiere escuchar ni aceptar. Lo que el mundo desea escuchar es acerca de las glorias de la humanidad. Quiere que la humanidad sea exaltada y no el Señor.

Y permítanos decir amigo oyente, que estamos totalmente convencidos, que cualquier ministerio que trate de destacar la gloria del hombre, es decir, que no presente su depravación total, ni revele que el hombre está totalmente corrompido y arruinado, no puede ser eficaz. La enseñanza que no incluya esa gran verdad, no puede levantar a la humanidad de su estado de postración, ni le podrá ofrecer remedio alguno, porque es un hecho que el único remedio que hay para el pecado del hombre es el remedio perfecto que tenemos en la persona del Hijo de Dios, el Señor Jesucristo y que Él ha provisto para una raza perdida y depravada. Éste es el gran mensaje de la carta a los Romanos.

Ahora bien, permítanos ilustrar esta verdad de esta manera. El autor de estos estudios bíblicos, el Dr. Vernon McGee, nos cuenta que en cierta ocasión, tuvo que regresar de un viaje a Europa y tierra santa, un día antes de lo que esperaba, porque había sido invitado a oficiar en los funerales de Audie Murphy, el héroe más condecorado durante la Segunda Guerra Mundial, y quien había perecido en un accidente aéreo. La esposa del señor Murphy le había pedido al Dr. McGee, que se encargara del funeral, ya que ellos habían asistido durante más de diez años a la Iglesia que el Dr. McGee pastoreaba. El Dr.McGee había conocido a esta señora cuando primero ella aceptó al Señor Jesucristo como su Salvador personal. Luego, pudo observar cómo ella crecía en la gracia y el conocimiento de Jesucristo. Ahora, ella le pedía que presentara un mensaje evangelístico durante los servicios funerales de su esposo. Y dice el Dr. McGee, que él pudo ver con toda claridad que en esa ocasión estaría, en lo que podríamos llamar, pleno territorio del enemigo. Es verdad que el capellán iba a estar allí en ese funeral, un buen hombre y firme en su fe cristiana. Y a él se le pidió que presentara una nota biográfica del fallecido y el panegírico. Bueno, él hizo todo en forma totalmente correcta y debida. Mencionó las diferentes medallas que el héroe fallecido había recibido, y hay que decir, que había sido un hombre sumamente valiente, un hombre que merecía cada una de las condecoraciones que había recibido durante la Segunda Guerra Mundial. Pero, entonces se levantó el Dr. McGee y presentó el evangelio, el evangelio que declara que los hombres no pueden ser salvos por cosa alguna que hagan, sino sólo por medio de algo que Dios ya ha hecho. Y que Dios sólo solicita a que acudamos a la cruz; que Él no le está pidiendo al mundo que haga cosa alguna; sólo le está haciendo una pregunta al mundo, y es: "¿Qué harás con mi Hijo que murió por ti?" Y que esa, es la pregunta de mayor importancia. Y aunque este hombre que había fallecido, había escuchado el evangelio y había tenido el ejemplo de su esposa ante él, y también el testimonio de sus dos hijos, nunca, dice el Dr. McGee, nunca que yo supiera, había aceptado el evangelio. Y añadió, "Pero quizá, durante ese momento de trauma y gran tensión, mientras el avión se precipitaba a tierra, quizá todas estas verdades habrán vuelto a su memoria. Él conocía los hechos en cuanto al evangelio. Y si en ese momento se hubiera vuelto a Jesucristo, pues habría sido salvado y estaría tan salvo, como cualquiera otra persona que se hubiese salvado. Porque el Señor Jesús dijo en el evangelio según San Juan, capítulo 6, versículo 37: ". . . y al que a mí viene, no le echo fuera".

Y, estimado oyente, permítanos hablarle acerca de aquel ladrón en la cruz del Calvario. El imperio romano había declarado que él no era apto para continuar viviendo en esa sociedad, y que por esa razón, lo estaba ejecutando. Sin embargo, el Señor Jesús le dijo en el evangelio según San Lucas, capítulo 23, versículos 39 al 43 que le haría apto para el reino de los cielos. Concretamente le dijo: "De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso".

Estimado oyente, Dios toma a pecadores perdidos tal como usted y como yo, nos introduce a la familia de Dios convirtiéndonos en hijos de Dios. Y lo hace a causa de la muerte de Cristo en la cruz; y no porque haya mérito alguno en nosotros. Éste es el gran mensaje de este libro de Romanos. Godet, expositor Bíblico, dijo que la Reforma fue ciertamente el producto de esta Epístola a los Romanos, y también de la carta a los Gálatas. Y añadió que es probable que cada renovación espiritual que pueda experimentar la Iglesia, esté vinculada tanto en causa como en efecto, es debido a un conocimiento más profundo de este Libro. Fue Martín Lutero quien escribió: "...la Epístola a los Romanos es la verdadera obra maestra del Nuevo Testamento, y el evangelio en su forma más pura, que bien vale la pena y merece que cada creyente en Cristo no sólo la aprenda de memoria palabra por palabra, sino que también debe tratarla diariamente como si fuera el pan diario para el alma de los hombres. Nunca podrá ser leída o estudiada demasiado bien. Mientras más es usada, más preciosa se torna, y su sabor es más agradable". Hasta aquí la cita de Lutero.

Ésta es pues, la epístola que estaremos considerando, estimado oyente. Permítanos ahora sugerirle que haga algo que le resultará provechoso. Lea este libro de Romanos, y léalo con regularidad. Si le resulta posible, anticípese usted en su lectura a nuestra exposición Bíblica, leyendo el capítulo siguiente al considerado en cada programa. Destacaremos los puntos culminantes de este libro. Esta carta de San Pablo, por su profundidad y alcance integral de la experiencia cristiana, afecta a toda nuestra estructura mental, a nuestro modo de ser, y requiere que oremos para que el Espíritu Santo pueda enseñarnos y ayudarnos a aplicar sus enseñanzas. El estudio de esta obra le instruirá al creyente en los conocimientos básicos de su fe y al no creyente, le revelará no sólo la situación real del ser humano delante de Dios, sino también el remedio al problema del pecado y la maldad, que Él ha provisto en la persona y obra en la cruz de Su Hijo, el Señor Jesucristo, para todo aquel que crea en Él.

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