Estudio bíblico de Romanos 8:6-14

Romanos 8:6-14

Volvemos hoy al octavo capítulo de la epístola del apóstol Pablo a los Romanos. Comenzaremos con el versículo 7, pero antes de hacerlo quisiéramos mencionar una vez más, que nos encontramos en una sección muy importante. Quisiéramos que usted notara los diferentes temas tratados en las divisiones de este capítulo 8 de esta epístola a los Romanos. En su segunda epístola a los Corintios, capítulo 5, versículo 17, escribió el apóstol Pablo: "Las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas". Hemos podido ver eso al comienzo, ahora tenemos una nueva ley. Y ésa es la ley del Espíritu viviente. Él no obra en una manera descuidada. También vimos al Espíritu Santo, frente a la ley, la ley mosaica, o cualquier principio de ley. Y que para vivir la vida cristiana necesitamos al Espíritu Santo. Estamos implicados hoy en una lucha completamente nueva, no podemos evadirnos de ella. Pero gracias a Dios que si nosotros no podemos triunfar, el Espíritu Santo sí puede vencer a la débil condición humana. Ahora, en esta nueva división del capítulo enfrentamos una nueva lucha.

Y quisiéramos repasar primero algo de lo que hablamos anteriormente. Volvamos al versículo 5 de este capítulo 8, y leamos: "Porque los que son de la carne piensan en las cosas de esta débil condición humana; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu". En otras palabras, los que están en la carne acatan las cosas de esa naturaleza. Ya hemos visto eso también en el capítulo 6 de esta misma carta a los Romanos. Hay algunos creyentes en nuestros días que dicen: "Bueno, yo simplemente tengo que hacer esas cosas; vivo de acuerdo con mi naturaleza humana". Estimado oyente, si usted vive en la carne y obedece las cosas de esa naturaleza siempre, y la nueva naturaleza no le reprende; entonces, no debe tener la nueva naturaleza. ". . . pero los que son del Espíritu", continúa el versículo, atienden a "las cosas del Espíritu". Usted ha recibido una nueva naturaleza, y usted puede entregarse a esa nueva naturaleza. Es un acto de su propia voluntad. Y ésta es la nueva lucha que se nos presenta aquí. Leamos otra vez el versículo 6:

"El preocuparse de la carne, sólo de lo que es humano, lleva a la muerte, pero el preocuparse de las cosas del Espíritu lleva a la vida y la paz".

El pensamiento de la carne "lleva a la muerte". Y esto quiere decir simplemente que usted está separado de la comunión y del compañerismo con Dios. Y se refiere a la muerte aquí y ahora. El Espíritu, sin embargo, mora en el creyente y le trae vida y paz. Usted puede notar que aquí "muerte" significa estar separado de Dios y todo lo que ello implica.

Cuando nosotros pecamos, estimado oyente, debemos confesar nuestros pecados y ser restaurados a la comunión.

Ahora, la palabra "vida" aquí, habla de una satisfacción completa y del ejercicio total de las capacidades de una persona. ¡Ah!, si pudiéramos vivir esta "vida" en toda su plenitud. Muchos creen que están viviendo esa clase de vida pero, en realidad, están experimentando una sustitución de mala calidad de la vida que Dios quiere proveer.

Y la palabra "paz", quiere decir que usted puede disfrutar de tranquilidad y bienestar en lo que concierne al presente y al futuro. Estimado oyente, cuánto necesitamos nosotros entrar en esa zona donde podamos disfrutar de esa "paz".

Una cosa es segura. Si usted es un hijo de Dios y está viviendo controlado por su naturaleza humana, no está teniendo una relación de comunión o compañerismo con Dios. El Señor Jesucristo le dijo al apóstol Pedro cuando se encontraban en el aposento alto, allá en el capítulo 13, del evangelio según San Juan, versículo 8: "Si no te lavare, no tendrás parte conmigo". Él no tendrá esa relación de compañerismo con usted, si está persistiendo en cometer un pecado. Claro que alguien preguntará: ¿Y entonces, qué debo hacer? Pues lo que hizo el apóstol Pedro, que permitió que el Señor le lavara los pies. Usted y yo, en tal caso, necesitamos confesar nuestro pecado. En 1 Juan 1:9, dice: "Si confesamos nuestros pecados..". Y, ¿a quienes se refiere? Pues a nosotros, los cristianos. Y continuó diciendo que "Él es fiel y justo para perdonar", en base a la sangre de Cristo. Usted y yo, estimado oyente, tenemos que tener conciencia del carácter malvado de nuestra naturaleza, asumiendo nuestra condición real. De esa manera, podemos acercarnos a Él para que nos limpie.

El Dr. Newell ha hecho algunas declaraciones significativas y quisiéramos compartirlas con usted. Él dijo: "El tratar de mejorar es dejar de vernos en Cristo solamente". Se trata de esa idea que tenemos de querer ser mejores. Usted sabe que no lo es. Necesita verse hoy mismo en Cristo para darse cuenta de que sólo el Espíritu de Dios puede hacerlo en usted. Luego el Dr. Newell continuó diciendo: "El desilusionarse de uno mismo quiere decir que usted ha creído en sí mismo". Quizá alguien diga: "Estoy tan desilusionado de mí mismo". Y esto de quedar defraudado de uno mismo es bueno, porque nos confirma que no hay nada bueno que pueda salir de esta débil condición humana. No crea más en usted mismo, estimado oyente. Crea que el Espíritu de Dios hoy le puede ayudar, a través de la nueva naturaleza, a vivir para Dios. Y también dijo el citado expositor Bíblico: "El sentirse desanimado, implica incredulidad". Algunas personas enfatizan el estado decaído de su ánimo ¿Sabe una cosa? Eso quiere decir que no confían en Dios. Dios tiene un propósito, un plan, una bendición para usted. Y usted necesita aferrarse a este propósito. Y una última frase expresa lo siguiente: "Ser orgulloso, es una forma de ceguera". Nosotros no tenemos ninguna posición ante Dios. Estimado oyente, usted debe verse tal cual lo ve Dios. Alguien ha dicho que, "Si pudiéramos vernos como nos ve Dios, no nos podríamos tolerar".

Leamos ahora los versículos 7 y 8, en cuales dijo Pablo:

"Por cuanto los designios de la carne, o débil condición humana, son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la Ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven sometidos a los deseos de esa condición humana no pueden agradar a Dios".

Este versículo revela cuán desesperadamente incorregible y totalmente miserable es la débil condición humana. Y esa naturaleza antigua es una anarquista espiritual. Y esto, creemos nosotros, destruye cualquier teoría de que el hombre tiene en sí mismo una chispa divina, y que de una u otra manera tiene una secreta inclinación hacia Dios. La verdad estimado oyente, es que el hombre es enemigo de Dios. No sólo está muerto espiritualmente en su pecado y maldad sino que está activo en su rebelión contra Dios. El hombre incluso se vuelve religioso para poder estar lejos del Dios viviente y de la persona de Jesucristo. Si el hombre en su condición natural fuera llevado al cielo, comenzaría una rebelión. Jacob en su condición natural se vio envuelto en una lucha, relatada en el capítulo 32 del libro de Génesis, versículo 24. Él no la buscó, pero respondió luchando cuando Dios luchó con él. Y no fue sino hasta que Jacob cedió, hasta que él se entregó, que pudo vencer.

Cualquier cosa producida por la carne, es decir, por esa naturaleza humana, no es aceptable ante Dios. Las llamadas obras buenas, la civilización, la cultura, el alardeado progreso resultan inaceptables. Incluso las actividades religiosas realizadas en la tibieza e indiferencia de la naturaleza humana, sólo provocan un malestar en Cristo, como podemos ver en las palabras de condenación dirigidas, en el libro de Apocalipsis 3:15 y 16, a la iglesia de Laodicea.

Nos preguntamos si estamos dispuestos a aceptar la opinión de Dios sobre nuestra jactancia. Porque éste es un terrible cuadro del hombre pero, es preciso. Sin embargo, hay liberación en el Espíritu de Dios. ¿No estaría dispuesto, estimado oyente, a darle la vuelta a esta situación sometiéndola al Espíritu Santo, dejando de confiar en su naturaleza humana débil y controlada por el pecado?

Veamos ahora lo que el apóstol nos dijo aquí en el versículo 9 de este capítulo 8 de su Epístola a los Romanos:

"Pero vosotros no vivís según los deseos de la carne o naturaleza humana, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios está en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él".

Note aquí la palabra "si", ese si condicional no está en realidad en el original. Ahora, Pablo no estaba dudando de la salvación de los romanos. Ellos eran salvos. Pero lo que él estaba diciendo se podría expresar de la manera siguiente, "Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, ya que el Espíritu de Dios mora en vosotros". Ésa es la prueba verdadera.

"Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él". La verdadera prueba del que ha sido renacido por el Espíritu, del creyente genuino, es la presencia del Espíritu de Dios morando en él. Y Pablo se podía dirigir a los creyentes carnales de Corinto diciendo lo que encontramos en su Primera Carta a los Corintios capítulo 6, versículo 19: "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual habéis recibido de Dios, y que no sois vuestros?" Cuando Pablo fue a visitar a los efesios por primera vez, estos le dijeron que ellos eran creyentes, pero él notó que faltaba algo, la señal distintiva del creyente. Así que les preguntó lo que leemos en el capítulo 19 de los Hechos de los Apóstoles, versículo 2: "¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído que hubiera Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan". Ahora, el bautismo de Juan era sólo de arrepentimiento, no era de fe en el Señor Jesucristo. Y entonces Pablo comenzó a predicarles a Cristo. Entonces ellos le recibieron y fueron bautizados en Su nombre y "vino sobre ellos el Espíritu Santo", como quedó registrado en el capítulo 19 de los Hechos de los apóstoles, versículo 5. Un creyente es una nueva creación. ¿Ama usted al Señor? ¿Desea servirle? ¿Están estas verdades por encima de todo en su mente y corazón? ¿O está usted en una actitud de rebelión contra Dios? Veamos ahora el versículo 10.

"Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, pero el espíritu vive porque Dios os ha declarado justos".

Lo que Pablo está diciendo aquí, estimado oyente, es que si usted y yo estamos unidos a Cristo, cuando dice que Él murió, quiere decir que nosotros también morimos. Tenemos que reconocer esto. Ya lo hemos visto antes. Tenemos que rendirnos, es decir, presentarle nuestros cuerpos. Es por eso que el apóstol Pablo pudo decir en su carta a los Gálatas, capítulo 2, versículo 20: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí".

Yo creo que el creyente que no está consciente de la presencia del Espíritu de Dios en su vida y no tiene el deseo de servir a Dios, debería leer y hacer lo que Pablo sugirió en su segunda carta a los Corintios, capítulo 13, versículo 5: "Examinaos a vosotros mismos para ver si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos? ¿No sabéis que Jesucristo está en vosotros? ¡A menos que estéis reprobados!" Y el Señor quiere que nosotros sepamos que estamos unidos a Cristo. En su segunda carta a los Colosenses, capítulo 1, versículo 27, Pablo dijo: "...a quienes Dios quiso dar a conocer la riquezas de la gloria de este misterio entre los que no son judíos, que es Cristo en vosotros, esperanza de gloria".

Y si usted no se encuentra seguro de que Cristo está en usted, Él le extiende ahora la invitación de Apocalipsis, capítulo 3, versículo 20, que dice: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo". Estimado oyente, ¿Está su puerta abierta? ¿Ya ha entrado Cristo? El cuerpo ha sido puesto en el lugar de la muerte. Y eso es algo que el hijo de Dios tiene que reconocer y debe entregar su vida al Espíritu de Dios diciéndole definitivamente: "Yo no puedo Señor, pero Tú lo puedes hacer a través de mí". Veamos ahora el versículo 11 de este capítulo 8 de la epístola a los Romanos:

"Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús está en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús dará nueva vida también a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que está en vosotros".

Estos cuerpos que usted y yo tenemos deberán ser puestos en la tumba uno de estos días, si el Señor no viene antes. Sin embargo el Espíritu Santo que habita en ellos es nuestra garantía, nuestra seguridad de que nuestros cuerpos serán resucitados de los muertos. Porque Cristo fue resucitado de los muertos, nosotros mismos seremos resucitados también. El Espíritu Santo nos librará de este cuerpo destinado a la muerte, de esta vieja naturaleza. Usted puede leer en cuanto a esto, en la segunda carta del apóstol Pablo a los Corintios, capítulo 5, versículos 1 al 4. Sigamos adelante ahora, leyendo el versículo 12:

"Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a los deseos de la débil condición humana"

En otras palabras, no debemos vivir aquí conforme a los deseos de esa vieja naturaleza o condición humana. Dios creó al hombre con cuerpo, alma y espíritu. Y cuando el hombre pecó su espíritu murió inmediatamente en relación con Dios. Porque Dios advirtió en el capítulo 2 de Génesis, versículos 16 y 17: "De todo árbol del huerto podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás". Ahora, después de que Adán comió del fruto, vivió unos 900 años, físicamente. Pero desde un punto de vista espiritual, sí murió inmediatamente. El cuerpo, la naturaleza humana se convirtió en la fuerza dominante. Hoy el ser humano está espiritualmente muerto. La regeneración significa que su ser nace otra vez, espiritualmente, y que usted recibe una naturaleza que quiere servir a Dios.

Por todo ello, lo importante es permanecer cerca de Cristo. Incluso un cristiano hiperactivo, implicado en actividades cristianas, puede vivir a una gran distancia de Cristo, espiritualmente hablando, ajeno a una relación de compañerismo con Él. Y Pablo dijo aquí en este versículo 12, que nuestro deber no consiste en vivir conforme a los deseos de la débil condición humana. No tenemos ninguna deuda con esa vieja naturaleza. Aquellos que se han entregado al control de esa naturaleza para satisfacer sus deseos, han alcanzado los mayores extremos de inmoralidad. Prestemos atención ahora al versículo 13 de este capítulo 8 de la epístola a los Romanos:

"porque si vivís conforme a esos deseos, moriréis; pero si por el Espíritu los hacéis morir, viviréis".

Observemos que dice que vivir conforme a los deseos de esa naturaleza humana débil y controlada por el pecado, implica la muerte espiritual en relación con Dios. Es decir, que no hay comunión con Él. No estamos hablando aquí en términos teóricos. Si usted, estimado oyente, es un hijo de Dios, ya sabe esto por experiencia. Si siendo un hijo de Dios usted tiene en su vida un pecado no confesado, ¿tiene usted deseos de unirse a la comunidad de los creyentes en la iglesia? ¿Quiere usted leer su Biblia? ¿Tiene deseos de orar? Por supuesto que la respuesta a todas estas preguntas es negativa. Porque usted se encuentra separado de una relación de compañerismo con Dios. Sin embargo, en este versículo dice que si por medio del Espíritu hace usted morir esos deseos de la vieja naturaleza, hay para usted una promesa de vida auténtica, de verdadera calidad de vida.

Veamos entonces, ¿cuál es su problema? ¿Cuál es su duda? Seamos prácticos. Cualquiera que sea el pecado, el problema, o las dudas, ¿por qué no lo confiesa a Dios, colocándolo bajo el control del Espíritu Santo? Ninguna persona le resultaría de ayuda espiritual, porque incluso podría transferir su complejo de culpa a otra área de su vida, sin que usted se librara realmente de ese pecado. Cristo, estimado oyente, Cristo es el Único que lo puede eliminar de su vida. Ésa es su labor. Jesús dijo: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar". De esta manera usted sabrá por experiencia lo que es tener los pecados perdonados.

Comenzamos ahora una nueva división con el versículo 14, que tiene que ver con la naturaleza del hombre. Leamos ahora el versículo 14, para iniciar esta sección titulada

El nuevo hombre

"Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios".

Esto tiene sentido, ¿verdad? Dios no empuja a sus ovejas, Él las guía. Cuando nuestro Señor hablaba de la seguridad y protección de sus ovejas, dejó bien claro que ellas no eran forzadas u obligadas a hacer Su voluntad o la del Padre. Él dijo en el evangelio según San Juan, capítulo 10, versículo 27: "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y ¿las empujo?" No, no dice eso. Dice: "y me siguen". Ellas son las que están seguras y protegidas. Ellas siguen a Cristo. Son guiadas por el Espíritu de Dios. Oyen Su voz porque tienen una nueva naturaleza y, por lo tanto, le siguen. Como predicador siempre tengo el privilegio de exponer la Palabra de Dios. Y aquellos que son Sus ovejas escuchan Su voz. ¿Y los otros? Ellos la odian. Ellos se oponen a esa Palabra divina. ¿Sabe usted por qué, estimado oyente? Porque no son Sus ovejas. Cristo dijo en el capítulo 15, del evangelio según San Juan, versículo 18: "Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros".

Y ya que hemos concluido citando a Jesucristo como el Pastor, sería bueno recordar lo que dijo cuando se expresó como un pastor. En el citado capítulo 10 de Juan, versículos 11 y 18, dijo: "Yo soy el buen pastor, el buen pastor su vida da por las ovejas. . . Nadie me quita la vida, sino que la doy por mi propia voluntad. Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar". Estimado oyente, le invitamos a recurrir a este Pastor que se entregó voluntariamente a la muerte por usted, y que resucitó con poder. Si usted por la fe cree en Él, Él comenzará a transformar su vida en este mundo por el poder del Espíritu Santo, y cuando llegue el momento de partir de este mundo, comenzará usted a disfrutar de la vida eterna.

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