Estudio bíblico de Romanos 8:15-27

Romanos 8:15-27

Continuamos hoy estudiando el capítulo 8 de la epístola a los Romanos. Y en nuestro programa anterior comenzamos una nueva división con el versículo 14, donde tenemos un nuevo hombre, como hijo de Dios. Y vimos que el Señor no empuja a Sus ovejas, sino que las guía. Recordamos cuando nuestro Señor Jesucristo hablaba de la seguridad y protección de Sus ovejas. Él dejó bien claro el punto de que ellas no son forzadas u obligadas a hacer Su voluntad. En el evangelio según San Juan, capítulo 10, versículo 27, el Señor Jesucristo dijo: "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen". Ellas son las que están seguras y protegidas y siguen a Cristo. Son guiadas por el Espíritu de Dios y le siguen, escuchan Su voz. Tienen una nueva naturaleza. Siempre que tengo el privilegio de exponer de la Palabra de Dios, hay quienes escuchan Su voz. Pero, asimismo hay otros que odian la Palabra de Dios, porque no son Sus ovejas. El mismo Señor Jesucristo dijo en el evangelio según San Juan capítulo 15, versículo 18: "Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros". Ahora, en el versículo 15 de este capítulo 8 de la epístola a los Romanos leemos:

"Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!"

Nosotros no experimentamos ese temor, preocupándonos sobre nuestra condición espiritual, tristes y desalentados. En cambio, usted puede estar lleno de gozo porque es hijo de Dios. Y el Espíritu de Dios lo llena a uno de tal manera que le hace exclamar: ¡Abba, Padre! Ahora, esa palabra aramea "Abba" no ha sido traducida nunca. Los traductores al principio tenían gran reverencia por la Palabra de Dios, creyendo firmemente que era la Palabra de Dios, y por tanto nunca la tradujeron. Nos dicen que es un término muy íntimo. Se podría traducir como "mi Papá". Pero, estimado oyente, uno nunca habla de Dios de esa manera, ¿verdad? Nosotros no solemos utilizar esta palabra con referencia a Dios ante el riesgo de dirigirnos a Él con excesiva familiaridad. Pero esta palabra expresa un clamor del corazón, especialmente en tiempos de angustia. Dice el versículo 17:

"El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios".

Nos cuenta un amigo lo que él pensaba la primera vez que tuvo que ser internado en un hospital. Dice que volvió su rostro hacia la pared y habló como lo hizo el rey Ezequías, y dijo: "Señor, he visitado este hospital muchas veces, he tenido en mis manos las manos de los enfermos y he orado con ellos, y les he dicho: Confíe en el Señor, Él le ayudará. Les dije eso Señor, pero ahora es la primera vez que me toca a mí estar aquí. Quiero saber si es verdad o no. Quiero que me lo muestres de una manera real. Si Tú eres mi Padre, quiero saberlo". Y realmente, lo sintió como una experiencia real, gracias a la obra del Espíritu Santo en él. Y ésa es una experiencia posible para todos los creyentes. Y para usted también, estimado oyente.

Bien, continuando ahora nuestro estudio aquí en este capítulo 8 de la epístola a los Romanos, leamos el versículo 17:

"Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él estemos en su gloria".

Deberíamos decir aquí, "ya que sufrimos con él". Estimado oyente, ¿está pasando usted por alguna experiencia de sufrimiento por causa de Cristo? Pablo mostró que nuestro sufrimiento aquí es algo leve, liviano. Hay algo de mucho más peso, un peso de gloria eterna que nos llegará algún día. Pensamos que muchos de nosotros cuando lleguemos a la eternidad, quizás desearemos haber sufrido un poco más por Él, porque ésa es la manera por la cual Él nos educa, nos prepara. El escritor de la carta a los Hebreos, dijo en el capítulo 12 de esa carta, versículo 6: "Porque el Señor al que ama, disciplina". Algunos de los hijos de Dios están sufriendo mucho hoy en día.

Bien, comenzamos ahora una nueva división en este capítulo 8 de la epístola a los Romanos. El tema es

Una nueva creación

Lo antiguo frente a lo nuevo. La esclavitud ante la libertad. Y esto está comprendido entre los versículos 18 hasta el 22. Todo es nuevo en este capítulo. Como ya hemos indicado anteriormente, eso lo podemos apreciar como algo de gran valor. Hemos visto la nueva ley, la nueva lucha, el nuevo hombre, la nueva creación y el cuerpo nuevo; también el nuevo propósito de Dios y la nueva seguridad del creyente. Todo ha sido hecho nuevo cuando estamos en Cristo Jesús. Y de Él hemos estado hablando.

No sólo los cuerpos de los creyentes serán redimidos, sino que todo este universo físico, esta tierra en la que usted y yo habitamos también será redimida, como podremos ver más adelante. Ése es el propósito de Dios, y Él lo llevará a cabo. En realidad cambiaremos esta tierra vieja por una tierra nueva, recibiremos un nuevo modelo de tierra, por decirlo así; donde no habrá más pecado, ni maldición por causa del pecado, y éste no volverá sobre ella. ¡Viviremos así una maravillosa experiencia!

Cuando estábamos estudiando el libro de Los Hechos alguien dijo: "Yo creo que hay sanidad en la expiación". Y cuando le contestamos que creíamos lo mismo, esa persona se sorprendió. No sólo hay sanidad en la expiación que Cristo hizo a favor nuestro, sino que allí se encuentra también un nuevo cuerpo y un nuevo mundo; todo ello debido a la expiación de Cristo.

Pero, esto no es aún una realidad. Las instituciones de representación ciudadana y las organizaciones internacionales han estado tratando por muchos años que ese mundo fuera una realidad, pero cada vez se hace más evidente que no lo tenemos, ni lo tendremos por los recursos humanos actuales. Pero Cristo lo hará una realidad por medio de Su redención. Yo tendré un cuerpo nuevo. Y pensar en eso, estimado oyente, me alegra muchísimo. Este cuerpo que ahora tengo se está gastando progresivamente y me gustaría poder cambiarlo por uno nuevo. Eso será una realidad. También lo será la sanidad. La tenemos entre nosotros hoy pero no en la medida que la quisiéramos tener. Veamos ahora lo que Pablo dijo aquí en el versículo 18 de este capítulo 8 de la epístola a los Romanos:

"Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse"

Habiendo reconocido que tendremos cuerpos redimidos, consideró las aflicciones del la época presente, que constituyen la experiencia común de todos los creyentes. Esta generación, que está disfrutando de mayores comodidades que cualquier otra en la historia, trata de evitar el pensar en este lado oscuro de la vida. Pero los creyentes actuales no pueden eludir la experiencia del sufrimiento. Y muchos de nosotros tenemos un gran peso en nuestro pasado, en la vieja naturaleza del pecado. Y es muy difícil poder cambiar. Cuando usted cree en Cristo, la nueva naturaleza que recibe toma el control de las cosas, quiere cambiar de camino porque no desea que usted continúe viviendo en el pecado. La nueva naturaleza no quiere pecar. Pablo ya lo dijo en el capítulo anterior, que no podía hacer lo que quería y terminaba haciendo lo que no debía. Pero la vieja naturaleza no quiere dar un paso hacia atrás. Y entonces, surgen los conflictos. Pero esta lucha terminará cuando nuestro cuerpo sea redimido. Escuche ahora lo que escribió Pablo aquí en el versículo 19, de este capítulo 8 de la epístola a los Romanos:

"Porque el anhelo ardiente de la creación es el de esperar la manifestación de los hijos de Dios".

Otra versión traduce este versículo de esta manera: "La creación espera con gran impaciencia el momento en que se manifieste que somos hijos de Dios". El mundo no está esperando el amanecer pregonado por los evolucionistas, ese sueño nunca se convertirá en realidad. La creación es hoy como una estatua cubierta por un velo. Y cuando a los hijos de Dios les sea removida la cobertura física exterior, la creación también verá removido el velo que la cubre. Realmente, ése será un hermoso día. Veamos ahora lo que dice el versículo 20:

"La creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza".

Otra traducción lo expresa así: "Porque la creación perdió toda su razón de ser. No por propia voluntad, sino por aquel que así lo dispuso; pero le quedaba siempre la esperanza". ¿Recuerda usted al sabio Salomón? Era un pesimista cuando escribió el libro de Eclesiastés, y dijo allí: "Todos los ríos van al mar, y el mar no se llena. Al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo" Bajo el impulso de las leyes del Creador, el agua llega al océano. El viento lleva las nubes sobre la tierra seca, y luego llueve nuevamente. Ésta, llena los ríos, los ríos van hacia el mar, pero éste nunca se llena. Hay cierta monotonía en este movimiento repetido e incesante de la naturaleza. Es como si la naturaleza estuviera esperando por la prometida revelación final.

Se nos dice aquí: "Porque la creación (la naturaleza) fue sujetada a vanidad", porque Dios la hizo de esa manera. La maldición del pecado llegó al hombre por la desobediencia de Adán, y el mundo físico también quedó sujeto a la misma maldición. ¿Recuerda usted lo que le dijo Dios a Adán, en el capítulo 3 del libro de Génesis, versículos 18 y 19, hablando de la tierra? Escuche usted: "Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra. . ".

Uno de los lugares más hermosos, es sin duda las islas hawaianas. Podemos estar de acuerdo con la propaganda turística que lo presenta como un paraíso. Pero, ése es un paraíso que, como otros lugares de esta tierra tiene muchos espinos y presenta el deterioro propio producido por los daños que el ser humano provoca allí donde llega su influencia sobre el medio ambiente. Ahora, la palabra que se tradujo aquí como "vanidad", quiere decir en realidad vacío, inútil insustancial, fracaso, algo que presenta decaimiento, que es perecedero, que no tiene ningún sentido. La naturaleza parece que nunca llega a realizar ningún resultado, que no se dirige hacia ninguna meta o se mueve de forma circular.

Permítanos ahora compartir con usted lo que también dice el capítulo 1 del libro de Eclesiastés desde el versículo 5 en adelante: "Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta". (Tiene que hacer eso nuevamente en el próximo día) Ahora, "El viento sopla hacia el sur, luego gira hacia el norte; y girando sin cesar, de nuevo vuelve el viento a sus giros. . . Todas las cosas son fatigosas, más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír".

Y aquí recalcamos nuevamente la idea de la monotonía. Lo mismo pasa con la vieja naturaleza que tenemos; nunca está satisfecha. No importa cuánto ha visto u oído, quiere ver más y oír más. Ahora, esto no sucedió porque la naturaleza lo quiso así, sino que fue consecuencia del pecado del hombre. Veamos ahora lo que sucederá aquí en el versículo 21 de este capítulo 8 de la epístola a los Romanos:

"Por tanto, también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios".

Ésa es la maldición que está sobre la naturaleza. El hombre tiene un cuerpo que está muriendo. Alguien dijo: "Desde el momento en que Él nos da vida, Él comienza a quitárnosla". Hay un deterioro y muerte en la naturaleza a nuestro alrededor. Usted puede ir a un hermoso monte, por ejemplo, y allí encontrará un árbol caído, muerto, pudriéndose. Ésa es la naturaleza, en medio de cuya belleza puede también percibirse el hedor de los cuerpos putrefactos de los animales muertos. Escuche ahora lo que dijo Pablo aquí en el versículo 22.

"Sabemos que toda la creación gime a una, y sufre como una mujer con dolores de parto hasta ahora".

Browning, en uno de sus poemas escribió lo siguiente: "Dios está en el cielo y todo anda bien con el mundo". Un creyente sabe que eso no es cierto. Dios sí está en el cielo, pero no todo anda bien en este mundo. La Palabra de Dios es más realista. En contraste podemos ver lo que el profeta Joel dijo en el capítulo 1, versículo 18 de su libro: "¡Cómo gemían las bestias! ¡Cuán turbados andaban los hatos de los bueyes, porque no tenían pastos! Y fueron también asolados los rebaños de las ovejas".

Hay quienes han señalado el hecho de que parece como si la naturaleza cantase en un tono menor. Si usted ha tenido oportunidad de estar en las montañas de noche y de escuchar el sonido del viento soplando a través de los pinos, o cuando uno se detiene a la orilla del mar y escucha el sonido de las olas al romperse. En ambos casos parece percibirse un sonido parecido, como un lamento. Se ha grabado la música de los árboles. Y es algo triste, lúgubre. Y luego, allá en los montes se escucha el grito angustiado de algún animal pequeño o de un ave, un sonido penetrante en la noche, ¡nos hiela la sangre!

La naturaleza presenta, pues, un testimonio perceptible de la veracidad de las Escrituras. Godet citó a Shelling en algo relacionado con este tema, y dijo: "La naturaleza, con su coro melancólico se parece a la novia, que en el momento en que terminaba de adornarse para su boda, ve morir a su novio. Allí queda, con una fresca corona sobre sus sienes, engalanada con su vestido nupcial, pero con sus ojos llenos de lágrimas". ¡Qué cuadro este de la naturaleza! La creación gime. Es una realidad. Llegamos ahora a una nueva sección. Leamos aquí en el versículo 23, que comienza a hablarnos de

El cuerpo nuevo

"Y no sólo la creación, sino que también nosotros mismos, que ya tenemos el Espíritu como anticipo de lo que hemos de recibir, nosotros también gemimos, sufrimos intensamente dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo"

Ahora no sólo la naturaleza gime, sino que el creyente se encuentra en armonía con ella. Creemos que este versículo es el más devastador para aquellos que mantienen la teoría de que la señal de un verdadero creyente es un rostro con una sonrisa permanente. Pero nosotros gemimos en estos cuerpos. Cuando llega a la edad madura comienza a sentir ciertos dolores que antes no existían, y surgen motivos para quejarse. En la segunda carta del apóstol Pablo a los Corintios, capítulo 5, versículo 2, leemos: "Y por esto también gemimos, mientras vivimos en nuestra casa actual, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial". Y el salmista dice en el Salmo 6, versículo 6: "Me he consumido a fuerza de gemir; todas las noches inundo de llanto mi lecho". Debemos decir también que nuestro Señor Jesús lloró en algunas ocasiones. Creemos que Él era una persona alegre. Pero, hubo momentos en los cuales lloró. Veamos ahora el versículo 24, al proseguir con el estudio del capítulo 8 de la epístola a los Romanos:

"Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; ya que lo que alguno ve, ¿para qué esperarlo?"

Estas palabras nos hablan de la obra de Cristo por nosotros en la cruz y de nuestra fe en Él. En otras palabras, hemos sido salvos y esperamos el cumplimiento de nuestra esperanza. Todavía no lo hemos logrado. Pero lo lograremos un día. Tendremos un nuevo cuerpo en el futuro. Leamos ahora el versículo 25:

"Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos".

Ya sabe usted que la fe, la esperanza y el amor, son partes vitales en la vida del creyente. No habría esperanza si todo se hubiera ya cumplido. Algún día la esperanza se tornará en realidad. En efecto, la fe y la esperanza pasarán, en la gloria que será revelada en nosotros; sólo permanecerá el amor. Luego Pablo continuó diciendo en el versículo 26:

"De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles".

El Dr. H. C. Gabelein se encontraba predicando en cierta ocasión y en la audiencia se hallaba un creyente lleno de entusiasmo que a cada momento decía "amén" en voz alta. Ahora, esto molestó un poco al Dr. Gabelein, quien finalmente le dijo al creyente: "Hermano, la Escritura dice que "el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras", así que, si se trata del Espíritu de Dios, por favor, no diga nada, manténgalo sin expresarlo". Nos encontramos a veces en una situación en la que no sabemos siquiera cómo debemos orar. Pero el Espíritu de Dios hace intercesión con gemidos que no se pueden pronunciar.

¿Ha llegado usted alguna vez en oración ante Dios y se encontró que no sabía cómo orar? Y todo lo que pudo hacer fue llegar ante Él y decir: "Padre", y eso fue todo lo que pudo decir. No le podía pedir nada a Dios porque no sabía qué pedirle. Pues, bien, esto sucede con mucha frecuencia en nuestras oraciones. Pero el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. ¡Eso es maravilloso! Llegamos ahora al versículo 27 de este capítulo 8 de la epístola a los Romanos. Escribió el apóstol Pablo aquí:

"Pero el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos".

Si yo llego delante del Señor en oración y le digo: "Señor, yo quiero que Tú hagas esto de esta manera". Quizás no reciba respuesta a mi oración. Pero, es maravilloso ir delante del Señor y decirle en oración: "Señor, no sé cómo pedirte algo, no sé qué decir. Pero me presento ante Tu presencia como Tu hijo. Y mi deseo es que se haga Tu voluntad". Y el Espíritu de Dios intercederá por nosotros según la voluntad de Dios. Estimado oyente, le invitamos a iniciar una relación con Dios por medio de su aceptación, por la fe, de la obra de Jesucristo en la cruz a favor suyo. Sólo así podrá verdaderamente dirigirse a Dios como Su Padre, y sentir en sí mismo la acción del Espíritu de Dios guiándole, enseñándole al leer la Biblia, dándole energía y fuerzas para las luchas de la vida, consolándole, y ayudándole en sus oraciones.

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