Estudio bíblico de Romanos 14:5-17

Romanos 14:5?17

En el día de hoy volvemos a considerar el versículo 5 del capítulo 14 de esta epístola a los Romanos, y continuamos con el tema de la conducta del creyente. Estamos hablando de lo que es la separación para con Dios. Y de la separación de los hijos de Dios. Usted puede recordar que al comienzo mismo de este libro, Pablo dijo que él fue un "apóstol, apartado para el evangelio". Y dijimos al principio, creo que en nuestro primer estudio en esta epístola a los Romanos, que la separación no es de algo sino para algo.

Cuando un joven se casa, es separado, apartado para una joven. Y es mejor que lo sea, porque eso es lo que significa el matrimonio. La separación no es la parte importante. Lo que sí tiene importancia es, para qué ha sido separado. De modo que el problema de hoy en la conducta del creyente y en la separación, es la de entender que somos separados para Cristo. Pablo fue separado para el evangelio, separado para Cristo. Y eso es lo que la palabra "santo", quiere decir. ¿Qué era un vaso santo? Bueno, eran los utensilios que se usaban en el tabernáculo. En la jornada por el desierto, éstos se estropeaban y no lucían muy bien. Y usted dice: "¿Me quiere decir entonces que esos instrumentos son santos?" Sí, señor. Ellos eran usados exclusivamente para Dios, y esa es la posición que tiene que tener cada creyente. Eso es lo que quiere decir, estar separado, apartado para Dios. Todo lo que en realidad está enseñando es, que somos separados para Él.

Creemos, personalmente que cualquier cosa que haga el creyente, tiene que hacerlo con convencimiento, con entusiasmo; y ése es el primer gran principio presentado por Pablo en el versículo 5, que podríamos leer de la siguiente manera: "Asimismo hay quienes dan más importancia a un día que a otro, y hay quienes piensan que todos los días son iguales. Cada uno debe estar convencido de lo que piensa".

Seguramente recordará usted que Simón Pedro siguió al Señor desde lejos cuando fue arrestado. Pedro entró en la sala de juicios del sumo sacerdote y fue allí donde negó conocer al Señor Jesús tres veces. Estoy convencido de que Pedro no debía haber entrado allí en aquella noche. Por otra parte Juan, que aparentemente tenía una casa en Jerusalén y era conocido en el palacio del sumo sacerdote, fue allí y no negó conocer al Señor. Era correcto para Juan estar en aquel lugar, pero fue un error que Pedro estuviera allí. En aquella situación, Pedro era el creyente con una conciencia débil. En nuestro tiempo, ese tipo de creyente es el que establece para su conducta un sistema de normas sobre lo que debe y no debe hacer.

Y permítanos enfatizar otra vez, estimado oyente, que el creyente de conciencia débil es aquel que se ha separado completamente. El hijo de Dios hace lo que tiene que hacer con entusiasmo por Dios. Y éstos son los que logran completar la tarea en nuestros días.

Hemos pasado mucho tiempo en este asunto, y lo hemos hecho intencionalmente porque es algo de importancia. Lo que hemos querido decir es que las opciones dudosas de conducta son malas para el creyente que cree que son dudosas para él. En todo este pasaje debemos tener en cuenta que, por lo considerado en esta y otras cartas, es evidente que los cristianos se encuentran en diferentes niveles de madurez. Proceden de contextos diversos que influencian sus actitudes y prácticas. Una lección muy importante aquí es que deben aprender a vivir armoniosamente con otros cristianos y por lo tanto, deben evitar criticarles. Continuemos pues con nuestra consideración de este primer gran principio de la conducta cristiana que es la convicción, leyendo el versículo 6:

"El que distingue un día de otro, lo hace para el Señor; y el que no distingue el día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y también da gracias a Dios".

Los mismos principios debían observarse en cualquier asunto acerca del cual existiesen opiniones honestas y diversas. Ya fuesen por guardar días especiales o por otros motivos. Un área conflictiva, en la que se manifestaban diferentes escrúpulos, era el de la comida, particularmente, el comer carne. No se especifica aquí el por qué algunos cristianos eran vegetarianos. Teniendo en cuenta que el asunto estaba relacionado con su vida espiritual, aquella su preferencia por la comida vegetariana podría haber estado determinada por su deseo de asegurarse de no comer carne que había sido ofrecida a los ídolos (en referencia a ésta posibilidad, puede leerse 1 Corintios 8; y 10:23-30). Lo que debemos notar es que la persona que come algo, da gracias a Dios, y el que no lo come, también da gracias a Dios. No es lo que está en la mesa lo que marca la diferencia, estimado oyente, sino lo que está en el corazón del hombre. Eso es lo valioso para Dios. Y eso es lo que determina la conducta del creyente. Leamos ahora los versículos 7 hasta el 9:

"Ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Cristo para esto murió, resucitó y volvió a vivir para ser Señor así de los muertos como de los que viven".

Lo que debemos notar aquí es que hay muchas personas que dicen: "Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí". Y utilizan esto para enseñar que nuestras vidas afectan e influencian las de otros. Pero eso no es lo que se enseña aquí, estimado oyente. Es algo completamente diferente. Lo que dice es que nosotros no podemos vivir nuestras vidas aparte de Cristo; en el caso de que vivamos, entonces vivimos para Él, y en el caso de que muramos, tendremos que morir para Él. De modo que el nivel de nuestra conducta no se limita o no se mide por la cantidad de comida expuesta sobre la mesa, sino por la manera en que nuestra vida se encuentra expuesta delante de Dios. Eso es lo importante. Y usted tendrá que rendir cuentas por las cosas hechas en esta vida. El apóstol Pablo dijo en su segunda carta a los Corintios 5:10, "porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo". Recuerde que usted tendrá que presentarse delante de Dios para dar cuenta de sus actos. Y eso no va a ser un asunto de cierta clase de comida colocada sobre la mesa. Sino que va a ser un asunto de su relación con Él cuando se sienta a la mesa. Y usted puede estar sin una relación apropiada con Dios aun cuando no coma cierta comida. Y también puede estar sin esa relación con Dios comiendo esa clase de comida, por supuesto. Eso es lo que debemos notar aquí. Llegamos ahora con el apóstol Pablo a los versículos 10 hasta el 12 de este capítulo 14 de su epístola a los Romanos:

"Tú, pues ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano?, porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo, pues escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí".

Ya vemos que Pablo confirmó la certeza de la comparecencia ante el tribunal de Cristo, citando un pasaje del Antiguo Testamento, concretamente Isaías 49:18 y 45:23, relacionados con la actitud de todos presentándose ante el Señor para reconocerle como Señor, en armonía también con pasajes Bíblicos de exaltación de Cristo, como el de Filipenses 2:10-11.

Teniendo en cuenta que Pablo estaba escribiendo a los creyentes de Roma, como vimos en el capítulo 1 versículo 7 de esta carta, y se incluyó a sí mismo en el primer pronombre personal "nosotros" al decir que "todos compareceremos", deducimos que ese tribunal será solamente para los creyentes en el Señor. El importante asunto de la seguridad eterna del creyente no está en juego en ese tribunal, porque este tema ya fue solucionado por la fe del individuo en Cristo, como ya vimos en el capítulo 8 versículo 1, donde claramente estableció que no había ninguna condenación para aquellos que estaban unidos a Cristo Jesús. En el tribunal de Cristo, por el contrario, será examinada la vida de servicio y consagración de cada creyente. En tal evaluación, algunos obtendrán la justa recompensa por haber cultivado su fruto y crecimiento espiritual, mientras que otros, no obtendrán ningún reconocimiento, por haber malgastado su tiempo en asuntos perecederos y pasajeros. En cualquier caso, la mención a esta evaluación de todos los creyentes, enfatiza claramente el Señorío de Jesucristo sobre Su Iglesia.

Al escuchar este reproche del versículo 10, por parte del apóstol, debiéramos recordar la historia que se relató en el capítulo 8 del evangelio según San Juan, cuando los escribas y los fariseos trajeron delante de Jesús a una mujer que había sido sorprendida en adulterio. Jesús les dijo: "El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella". Y ninguno de ellos arrojó ninguna piedra ese día. Cuando pensamos en esto tenemos que considerar en lo que haremos nosotros ante Jesús. Y esto nos hace preocupar porque ¿cómo le explicaremos algunas de las cosas que hemos hecho? Es por eso que yo no puedo sentarme a juzgarlo a usted estimado oyente. Tengo demasiado por lo que preocuparme conmigo mismo. Y el versículo 13 nos dice:

"Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de poner en peligro la fe de vuestro hermano".

Pablo iba a desarrollar ese pensamiento de que mi conducta tiene que ver directamente con la conciencia cristiana débil del creyente que se estaba desarrollando. La advertencia se refiera a las actitudes y acciones de algunos cristianos hacia las actitudes y acciones de otros. La otra cara de la moneda sería evaluar el impacto de las convicciones en otros cristianos. Utilizando un ejemplo sumamente sencillo de la vida práctica, si yo estoy viajando con un hermano creyente que no cree que debe hacerlo los días domingos, que me ha manifestado su convencimiento de que en tal día no puede viajar, entonces, deberé interrumpir mi viaje y quedarme con él, no porque yo piense igual, sino por respeto a su conciencia débil. Pablo nos dijo en los versículos 14 y 15 de este capítulo 14 de la epístola a los Romanos:

"Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es impuro en sí mismo; pero para el que piensa que algo es impuro, para él lo es. Pero si por causa de la comida tu hermano es entristecido, ya no andas conforme al amor. No hagas que por causa de tu comida se pierda aquel por quien Cristo murió".

El considerar que Cristo estuvo dispuesto a morir por el creyente que tiene una conciencia débil, debiera conducirnos a una actitud de abstenernos de hacer ciertas cosas que, a nivel personal, nos resultan normales, y que equivaldría a colocar obstáculos que podrían perjudicarle en el proceso de su crecimiento espiritual en la vida cristiana. La pérdida aquí mencionada, o sea el perjuicio, sería temporal. Porque un cristiano forzado a actuar en contra de sus escrúpulos, aunque éstos sean más estrictos que los necesarios, podría quedar perjudicado por una conciencia herida. Ahora, leamos en el versículo 16:

"No deis, pues, lugar a que se hable mal de vuestro bien"

En otras palabras, la libertad cristiana que usted tiene no puede conducir a una manera abusiva de decir algo u obrar que pueda afectar negativamente a aquellos cristianos de conciencia cristiana aún no debidamente desarrollada. Se trata de una autolimitación, de una limitación voluntaria que es una consecuencia lógica del amor que une a los creyentes. Esa libertad deberá ejercitarse bajo el control del Espíritu Santo, para que facilite el crecimiento espiritual de los creyentes, para que ellos también sean fortalecidos en la capacidad de discernir espiritualmente en su capacidad de elegir, en su conducta cristiana, la actitud que sea aprobada por Dios. En el versículo 17 leemos:

"Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo".

Aquí cabe destacar que esta es la primera referencia en esta carta apostólica al Reino de Dios. No creemos que el Reino de Dios sea sinónimo del Reino de los Cielos mencionado en el Evangelio de Mateo, que alcanzaría su cumplimiento final en el reino mesiánico sobre la tierra. Creemos que la expresión "Reino de Dios" es más amplia y abarca todo lo que se encuentra en el universo creado de Dios lo cual, por supuesto, incluye a la iglesia. Un expositor redactó la siguiente definición del Reino de Dios, que consideramos satisfactoria: "Es la esfera celestial de la vida en la cual la Palabra y el Espíritu de Dios gobiernan y cuyo órgano en la tierra es la iglesia". Éste fue precisamente el uso que el Señor hizo del término, como podemos comprobar en Juan 3:3, cuando, hablando con el fariseo Nicodemo, le dijo lo siguiente: "Te aseguro que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios". Bien, ésta es la esfera celestial de la vida en la que la Palabra y el Espíritu gobiernan. Un expositor bíblico, el Dr. Stifler, dijo lo siguiente en su Comentario a la Epístola a los Romanos: "Dios reina en todas partes, pero hay una región donde Él gobierna por medio de fuerzas y leyes espirituales solamente". Y ésta es el área de la vida del creyente. El hombre es totalmente incapaz de ver o entrar en ese reino sin primero experimentar un nuevo nacimiento espiritual. Ese reino no tiene nada que ver con el comer, o el beber, o con el ayuno, o con el dejar de comer carne los viernes, o no comer cerdo, o mantener una dieta vegetariana. Estos detalles no entran en este ámbito de la vida. ¡Qué bueno y positivo es llegar a comprender que tenemos que ser guiados, gobernados por medio de principios espirituales!

"Justicia" en este versículo significa lo mismo que en los capítulos 1 y 3 de esta carta a los Romanos. Significa estar en una correcta relación con Dios, es decir, en vivir una vida que a Él le agrade.

La referencia al "Espíritu Santo" aparentemente va ligada a la justicia y se refiere, no a nuestra posición, sino a nuestro caminar, es decir, a nuestra vida, porque debemos vivir controlados por el Espíritu Santo. Es una conclusión práctica antes que teológica. Es más moral que verbal. Se trata de una justicia relacionada con el Espíritu Santo más que de una justicia relacionada con Cristo.

La mención al "gozo" se refiere al fruto del Espíritu Santo en las vidas de los creyentes. Desafortunadamente, este sentimiento se encuentra con frecuencia ausente de la vida de muchos. Esta alegría debería estar presente en nuestra experiencia personal al caminar por este mundo. Por supuesto, no implica exteriorizar nuestra forma de ser con una sonrisa permanente, sino una vivencia gozosa profunda en el corazón. Algunos pensarán que este capítulo 14 es tan importante como el capítulo 8 de Romanos. Bueno, no sentimos lo mismo, pero le estamos dedicando mucho tiempo a su consideración, porque cubre un área de mucha controversia. Lo que aquí se menciona ha llevado cándidamente a algunos creyentes que se consideran tan separados para Dios, que miran en sus propias vidas y no hallan nada que esté mal. Sin embargo, muchos de ellos se han entregado por completo a un examen crítica de las vidas de los demás. Algunos hasta son deshonestos en la forma de actuar con los demás. Es necesario notar que no hay ciertas leyes escritas que los creyentes deban seguir, sino que, hay ciertos principios que debemos aplicar a nuestras vidas. Es por esos principios que hemos dedicado tanto tiempo a esta porción en particular.

Y así es que concluimos hoy con la mención de estos tres factores, la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo, que resultan expresiones esenciales de la obra de Dios para que en la comunidad de los creyentes reine la armonía, el compañerismo y la solidaridad cristiana. Un creyente sinceramente inquietado para contribuir al bien común se preocupará primordialmente de la obra del Espíritu Santo en su vida, para desarrollar una conducta honesta, una vivencia de la auténtica satisfacción y el gozo del cristiano, antes que en obligar a otros cristianos a que adopten su propio estilo de vida, o en imponer sus opiniones en asuntos que no resultan en absoluto esenciales para la vivencia ni el testimonio de la experiencia cristiana.

Parece que siempre volvemos al mismo punto. Es que otorgamos frecuentemente mayor importancia a las apariencias, a las supuestas expresiones externas de nuestra fe cristiana. Que a las realidades íntimas del corazón. Vivimos pendientes de los demás: de sus palabras, de su conducta, de su coherencia y trayectoria cristiana. Y al malgastar nuestro tiempo de esta manera descuidamos nuestra propia vida, de la cual tendremos que dar cuenta en el día en que debamos comparecer ante la presencia de Dios.

Haríamos bien en recordar las siguientes palabras del apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios 4:5, expresadas ahora en otra versión actualizada: "Por lo tanto, no juzguéis nada antes de tiempo; esperad a que el Señor venga y saque a la luz lo que ahora está en la oscuridad, y dé a conocer las intenciones del corazón. Entonces Dios dará a cada uno la alabanza que haya merecido".

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