Estudio bíblico de 1 Crónicas Introducción

1 Crónicas - Introducción

En el día de hoy, estimado oyente, comenzamos nuestra consideración de los dos Libros de Crónicas, en el Antiguo Testamento. No sólo hemos descendido de la cumbre que es el libro de Romanos, sino que ahora nos encontramos en el desierto. Gran cantidad de personas encuentran estos libros históricos del Antiguo Testamento, un poco faltos de interés. Sin embargo, nos alegra saber que muchas de las personas que han estado viajando con nosotros A Través de la Biblia, han descubierto hasta ahora que ellos son sumamente interesantes. Quisiéramos decir que tanto el Primero, como el Segundo libro de Crónicas, probablemente pueden parecer menos interesantes que la mayoría de los otros libros; sin embargo, creemos que ésta es una porción emocionante de la Palabra de Dios.

Vamos a pasar de una manera muy rápida por esta sección, más rápido aun, que por cualquiera otra sección que hemos estudiado anteriormente. Y quisiéramos que usted escuche con atención la introducción que daremos a los dos libros de Crónicas. Estos dos libros de Crónicas y Reyes son, en muchos aspectos, muy similares. Muchos consideran al libro de Crónicas como si fuera un duplicado del libro de los Reyes. Ambos cubren el mismo período, desde el rey Saúl hasta el rey Sedequías. ¿Y no es eso una duplicación? Históricamente, ambos analizan el mismo terreno.

En realidad este libro no es un duplicado del libro de los Reyes. Los libros no son iguales. Los traductores griegos llamaron a estos dos libros, los de las "cosas omitidas". Este título no es totalmente adecuado. Aquí hay mucho más que lo que se dejó de decir en los otros libros históricos. Éste es otro ejemplo de aquello que señalamos al comienzo de este estudio, o sea, la Ley de la Repetición, o la Ley de la Recapitulación.

El programa y plan de acción del Espíritu Santo al darnos la Palabra de Dios, es el de dar mucha extensión a la verdad, el de cubrir gran cantidad de terreno y luego regresar y seleccionar ciertas secciones sobre las que desea hacer una ampliación. Es como si el Espíritu de Dios tomara un telescopio, observara el paisaje por nosotros, y luego toma una sección en particular y la pone en el microscopio para que nosotros la podamos observar más detalladamente. Eso es lo que está sucediendo aquí, en estos dos libros de Crónicas.

Hemos visto esta ley en acción previamente. Usted seguramente recuerda el segundo capítulo de Génesis; repasó los siete días de la creación y colocó el énfasis en una sola cosa: la creación del hombre. Para nosotros eso es importante ya que pertenecemos a esa raza. También vimos algo similar en el Libro de Deuteronomio, libro que es más que una repetición de la ley. Su nombre, Deuteronomio, significa la segunda ley. Lo que en realidad consideramos fue que no era una repetición de la ley sino la interpretación de la ley bajo la experiencia de cuarenta años con esa ley en el desierto.

Lo que nosotros vamos a encontrar aquí en Crónicas, es que Dios volvió a recorrer el terreno cubierto en los dos libros de Samuel, y en los dos libros de Reyes, para poder agregar algunos detalles y poner énfasis en asuntos que Él consideró importantes. Ése es el caso que tenemos delante de nosotros en este Primer Libro de Crónicas.

Por ejemplo, el tema aquí en 1 Crónicas es David. En el Segundo Libro de Crónicas, lo que se destaca es la casa de David, la posteridad de David.

En Crónicas vemos la historia de Judá, el reino del sur, y el reino del norte quedó prácticamente ignorado cuando se hizo la división entre los reinos del norte y del sur. Otro detalle es que el pecado de David ni siquiera se mencionó en Crónicas. ¿Por qué? ¿Por qué no lo mencionó Dios en este Libro? Porque cuando Él perdona completamente un pecado, ya no lo vuelve a mencionar. Cuando Dios perdona, es como si se olvidase. Cuando Él separa nuestros pecados de nosotros, los aleja a una gran distancia.

En el Salmo 103, versículo 12, leemos: "12Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones". Éstas quedan tan lejos, que Dios no vuelve a traerlas delante de nosotros. Por tal motivo, Él no menciona aquí en Crónicas las rebeliones que había ya perdonado.

En Crónicas también ocupa un lugar de importancia el templo de Jerusalén. En los libros de Reyes, vimos la historia de la nación desde el punto de vista del trono. Pero en Crónicas, la encontramos desde el punto de vista del altar. Otro ejemplo es que en el libro de los Reyes, el centro es el palacio, mientras que en Crónicas, el centro de atención fue ocupado por el templo. Otra diferencia es que en los libros de Reyes se expuso el relato de la historia política de la nación, mientras que en los libros de Crónicas se presentó el relato de la historia religiosa.

Crónicas es una interpretación del libro de Reyes, de ahí la continuo referencia a este libro cuando leemos Reyes. Usted seguramente recordará que leímos en varias ocasiones en el libro de los Reyes la siguiente frase: "¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel"? ¿Por qué? Porque Crónicas es la interpretación. Es importante destacar que el libro de los Reyes nos dio el punto de vista humano, mientras que Crónicas nos dio el punto de vista divino. Al leer los primeros capítulos de Crónicas, usted se dará cuenta que ahora estamos observando el punto de vista de Dios. Y eso es de suma importancia para nosotros y lo debemos apreciar debidamente.

Quisiéramos que usted notara los primeros capítulos porque aquí no los vamos a leer, ya que ellos son simplemente una serie de genealogías. ¿Ha notado usted, cómo comienza este Libro? En realidad tenemos ante nosotros uno de los pasajes más destacados de la Palabra de Dios. Los primeros nueve capítulos contienen estas genealogías, que en muchos sentidos, constituyen una parte destacada en la Palabra de Dios. Prestemos atención a los primeros cuatro versículos del capítulo 1 de este Primer Libro de Crónicas:

"Adán, Set, Enós, Cainán, Mahalaleel, Jared, Enoc, Matusalén, Lamec, 4Noé, Sem, Cam y Jafet".

Aquí están los nombres de los cuales hemos leído en los primeros 8 capítulos del Génesis. Al repasar la genealogía, usted observará que aquí se siguió el mismo sistema que fue usado en el libro de Génesis: la línea rechazada se presentó en primer lugar, y luego se mencionó la línea que debía seguirse a través de la Biblia hasta llegar a Cristo.

Luego en el versículo 5 se comenzó a hablar de los hijos de Jafet. Se siguió con los de Cam, y luego los de Sem. Sólo continuó la línea de Sem, que condujo hasta Abraham. Luego se mencionó la posteridad de Abraham; Ismael y sus hijos, también los hijos que Abraham tuvo con Cetura, y finalmente su hijo Isaac. Luego se siguió la línea de Isaac, incluyendo primero en la lista a los hijos de Esaú. Sin embargo, la línea de descendencia que conduciría al Señor Jesús continuaría a través de Jacob, el otro hijo de Isaac.

En el capítulo 2 se mencionaron los descendientes de Jacob, lista que continuará hasta el capítulo 9 de Crónicas, siguiendo la línea de descendencia de Israel. En el versículo 15 encontramos la descendencia de Isaí. Este Isaí tuvo un hijo llamado David. Seguiremos esa línea de descendencia, que conduciría a Cristo.

Ahora, en el capítulo 3 usted puede ver que se mencionó a la familia de David, y encontramos que él tuvo algunos hijos, de los cuales no sabíamos mucho antes. Ellos no fueron mencionados, ni en los dos libros de Samuel, ni en los dos libros de Reyes. En el versículo 5 del capítulo tercero de este Primer Libro de Crónicas, se mencionó a Simea y a Sobab. ¿Ha oído usted hablar de ellos alguna vez? Luego se mencionó a Natán, y Salomón. Eso es interesante. De Salomón, ya conocemos mucho, pero quizá alguien diga, "no hemos oído nada de Natán". Sin embargo, cuando uno lee la genealogía del Señor Jesucristo que se mencionó en el evangelio según San Lucas, encontramos que la línea de descendencia de María, la madre de Jesús, pasó a través de Natán a David, y no a través de Salomón. Así que en el evangelio según San Mateo, que incluye la genealogía de José, el Señor Jesús tuvo el título legal al trono de David a través de Salomón, y en el evangelio según San Lucas, que incluye la genealogía de María, Jesús tuvo el título por parentesco al trono de David a través de Natán. Y es importante recalcar esa diferencia.

En el capítulo 4 se mencionaron los descendientes de Judá, a través de Caleb y Sela, así como la tribu de Simeón. El capítulo 5 siguió la trayectoria de la tribu de Rubén hasta la cautividad. El capítulo 6, siguió a la tribu de Leví, que era la familia de los sumos sacerdotes, a través de los hijos Gerson, Coat y Merari. El capítulo 7 presentó las genealogías de las tribus de Isacar, Benjamín, Neftalí, Manasés, Efraín y Aser. Todas estas tribus fueron llevadas a la cautividad por Asiria. El capítulo 8 trazó la genealogía de la tribu de Benjamín, con una referencia especial a Saúl y Jonatán. Y el capítulo 9 se inició con una notable declaración sobre la conservación de las genealogías, leámoslo:

"Contado todo Israel por sus genealogías, fueron escritos en el libro de los reyes de Israel".

Es la genealogía más larga en las Sagradas Escrituras, y es notable porque es la lista más larga, más extensa en la Biblia, y no hay nada similar en toda la literatura universal. Comenzó con Adán y llegó hasta Cristo. Comenzó con el primer Adán y concluyó con el último Adán, que es como se llamó a Cristo en el Nuevo Testamento Tenemos el cuadro genealógico más grande de toda la humanidad; y por esto, nos damos cuenta que todos nosotros pertenecemos a la misma familia. Usted puede leer en el versículo 1 del capítulo 9 de este Primer Libro de Crónicas, lo siguiente: "1Contado todo Israel por sus genealogías, fueron escritos en el libro de los reyes de Israel. Y los de Judá fueron transportados a Babilonia por su rebelión".

Estas genealogías de todas las tribus de Israel fueron exhibidas en el templo. Fueron registradas hasta que Israel fue llevado a la cautividad, fueron preservadas, traídas nuevamente a Jerusalén. Cuando el remanente reedificó el templo, estaban allí. Allí estuvieron también en los días de Jesús y seguramente los enemigos de Jesús fueron al templo para comprobar su genealogía y todavía existían en el año 70 D.C., cuando fueron destruidas por Tito. Lo importante es destacar que en Crónicas, las genealogías se trazaron hasta el tiempo de la cautividad. Entonces, después del regreso del remanente de Israel, se continuaron hasta el tiempo del Señor Jesucristo. Después de Jesús, el registro desapareció. Es que Dios estaba interesado en que Jesucristo procedía de la línea de Adán: recordemos que en el Nuevo Testamento el sería llamado "el último Adán". Ya no habrá otro y Jesús encabezaría la última familia formada aquí en la tierra. Sólo hubo dos familias: la de Adán y la familia de Dios.

Ahora, una de los detalles que se destacan son ciertas omisiones que saltan a la vista: Caín y su familia, por ejemplo, ni siquiera fueron mencionados. ¿No tuvo acaso Adán un hijo que se llamaba Caín? Sí, pero no aparece mencionado aquí, porque su descendencia se terminó. Fue destruida con el diluvio. Hay omisiones en todos los cuadros genealógicos, aun en el Libro de Génesis. No creemos que el Espíritu de Dios tuviera intención de darnos todas las genealogías, cuya lectura puede resultar monótona, al ser listas que incluyen un nombre después de otro.

Ahora en cuanto al autor de los libros de las Crónicas, diremos que, probablemente, Esdras fue el escritor de esta obra. Hay en ella una sorprendente similitud con el estilo y el lenguaje de los libros de Esdras y Nehemías. Evidentemente, Crónicas fue escrito durante la cautividad que los judíos sufrieron en Babilonia. Los dos libros de Crónicas no sólo constituyeron un libro en su estado original, sino que aparentemente también incluyeron a los libros de Esdras y Nehemías. Este hecho apoya la afirmación de la tradición judía, de que Esdras es el autor de las Crónicas. Para tener una idea de cómo está distribuido el material presentado en el libro de 1 Crónicas, incluimos el siguiente bosquejo:

I. La primera sección del libro incluye las Genealogías, en los capítulos 1 al 9.

II. La segunda sección, presenta el reinado de Saúl, en el capítulo 10.

III. La tercera sección expone el reinado de David, en los capítulos 11 al 29, incluyendo los siguientes aspectos de su vida:

a. Los valientes de David; en los capítulos 11 y 12.

b. David y el Arca del pacto; en los capítulos 13 al 16.

c. David y el Templo; en el capítulo 17:

d. Las guerras de David; en los capítulos 18 al 20.

e. El pecado de David al realizar un censo en el pueblo; en el capítulo 21.

f. La organización y los preparativos realizados por David para la edificación del Templo; en los capítulos 22 al 29.

Bien, hemos recorrido mucho camino; volvamos a echar una mirada hacia Adán. ¿Estuvo Dios en lo cierto, en lo correcto en cuanto a Adán y sus descendientes? ¿Sucedieron las cosas como Dios dijo que sucederían? Las ciencias humanas clasifican al hombre según sus logros y aptitudes. Ahora la perspectiva de Dios es totalmente diferente. Todos deben entrar bajo Su clasificación, y ¿sabe lo que Dios dice? Que no hay nadie que, desde su punto de vista, sea normal. Su valoración llega a la siguiente conclusión: Todos han pecado, y están lejos de la presencia gloriosa de Dios.

Hay 3 hechos universales establecidos en la Biblia que constituyen realidades innegables.

1. Adán y todos sus descendientes debían morir. Dios le dijo: "El día que de él comieres, ciertamente morirás". Ahora, Dios no creó al hombre para morir. Pero se nos dijo que "el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y la muerte pasó a todos los hombres".

La aparición y desaparición de las diversas generaciones detalladas en las genealogías de la Biblia nos recuerda que este mundo en el que usted y yo vivimos, estimado oyente, no es otra cosa que un gigantesco cementerio. Y todos los caminos nuestros terminan en el cementerio. El rey David dijo en su lecho de muerte, según 1 Reyes 2:2, "Yo sigo el camino de todos en la tierra". Recordemos las palabras del Salmo 23: "Aunque ande en valle de sombra de muerte. . ". Ése es el cuadro del hombre transitando a través de la vida. La muerte acecha a este mundo como si fuera un monstruo gigantesco. Ahora, hay tres clases de muerte. Una de ellas es la muerte física. Adán no murió hasta que tuvo 900 años, después de haber desobedecido a Dios, aunque él ya había muerto espiritualmente. La muerte es separación. La muerte física es la separación del espíritu del cuerpo. La muerte espiritual es la separación del hombre, de Dios. Y la muerte eterna es la separación del hombre, de Dios, eternamente.

2. Y ahora, note usted que aquí encontramos otro gran factor universal. Adán, junto con todos sus descendientes son pecadores. Ése es el cuadro descriptivo del ser humano, que expresamos anteriormente: "Todos han pecado, y están destituidos de la gloria de Dios". En 1 Corintios 15:22 dice, "en Adán todos mueren". Todos pecaron en Adán.

El capítulo 59 del libro del profeta Isaías, es un capítulo que todos nosotros deberíamos leer. En el versículo 2, de ese capítulo 59, dice: "2pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho que oculte de vosotros su rostro para no oíros". El pecado es un azote, una enfermedad, una plaga. Ha contagiado a toda la raza. Todos, estimado oyente, todos han pecado, quedando de esta manera gravemente afectados. Pero hubo una gran excepción, a esta descripción del género humano: y fue el Señor Jesucristo. Él no tenía que morir. Jesús dijo a los judíos de su tiempo: "¿Quién de vosotros puede demostrar que he cometido pecado?" Y nadie le pudo acusar. Y en el evangelio según San Juan, capítulo 10, versículo 17 y 18, leemos: "17Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. 18Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar". Como vemos, estimado oyente, el Señor Jesucristo fue la única excepción.

3. El tercer factor universal es que Adán y todos sus hijos obtuvieron misericordia. Observemos por un momento a algunos nombres célebres del Antiguo Testamento. ¿Recuerda usted a Enoc, de quien leímos en Génesis 5? Aquel capítulo parecía presentarnos la imagen real de un verdadero cementerio. Pero Enoc fue salvado. ¿Cómo? Por fe. Enoc, caminó, es decir, que vivió con Dios. Él fue trasladado por Dios, es decir, desapareció porque le llevó Dios. Ahora, Noé por la fe fue un buen hombre. Pero él no fue salvo por ser un buen hombre. Fue su fe la que le llevó a actuar y preparó el arca en que él y su familia se salvarían. También Abraham fue un buen hombre. Nos dice la Biblia que Abraham creyó a Dios, y por tal motivo, Dios le aceptó como justo. Porque Abraham era un pecador. Luego tenemos a David, un gran hombre de Dios. Pero todos estamos de acuerdo en que el fue un pecador, pero Dios tuvo misericordia de él. Se nos dice en la Biblia que Dios es rico en misericordia. Eso es lo que dijo el apóstol Pablo en su Epístola a los Efesios. Y según escribió el apóstol Pedro en su primera carta, capítulo 1, versículo 3, Su misericordia es grande y abundante. Nuestro Dios ha hecho posible que los descendientes de Adán pudieran obtener Su misericordia. ¿Ha recibido usted, estimado oyente, la misericordia de Dios? Está allí precisamente para usted. Esto es parte del mensaje que encontramos en los primeros capítulos de este Primer Libro de Crónicas. Hemos hablado sobre la genealogía, la descendencia de Adán, en la que nos encontramos usted y yo. Todos pertenecemos a la misma raza. Todos hemos caído. Todos somos iguales. Todos tenemos una naturaleza caída. Estamos en el mismo nivel, y en un sentido hemos nacido iguales unos a otros en el sentido en que hemos pecado y nos encontramos alejados de la presencia de Dios. La salvación hoy es para toda la humanidad. Por tal motivo, estimado oyente, hoy le invitamos a creer en el Señor Jesucristo como su Salvador. Porque, como dijo el apóstol Pablo a los Efesios Dios nos amó tanto, que nos dio vida juntamente con Cristo cuando todavía estábamos muertos a causa de nuestros pecados. Y además, concluyó el apóstol, que unidos a Cristo Jesús por la sangre que Él derramó, podemos acercarnos a Dios para establecer una relación con Él.

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