Estudio bíblico de 1 Crónicas 13:1-15:2

1 Crónicas 13:1 - 15:2

Continuamos hoy nuestro recorrido por este Primer Libro de Crónicas, y llegamos al capítulo 13. Deseamos mencionar una vez más, que aquí estamos hablando del rey David. En nuestro programa anterior, hablamos sobre los valientes de David. Ahora, tenemos a David y el arca, que se menciona en los versículos 13 al 16 de este capítulo 13, y además, esperamos poder cubrir hoy, por lo menos, dos capítulos de este Primer Libro de Crónicas. Ahora, ya tenemos los antecedentes que nos ayudan a comprender lo que está ocurriendo. Éste es el punto de vista de Dios del primer intento de David de llevar el arca a Jerusalén. Usted quizás recuerde que durante el período de los jueces, el arca del pacto fue capturada en una guerra contra los filisteos. Como a éstos el arca les causó innumerables problemas, la colocaron en un carro nuevo y la enviaron de vuelta a Israel (1 Samuel 6). Desde aquel día hasta el momento de nuestro relato, el arca permaneció en la casa de Abinadab en Quiriat-jearim. Entonces David realizó un intento de traer el arca a la capital, que era Jerusalén. Dios tomó nota de eso, porque le complació que David pusiera este énfasis en los asuntos espirituales. Aquí veremos, que las cosas tuvieron un mal comienzo. Leamos el primer versículo de este capítulo 13:

"Entonces David consultó con los capitanes de millares y de centenas, y con todos los jefes".

David era entonces el nuevo rey de Israel. Tenía grandes planes. Él tenía una gran visión de futuro y quería traer el arca de Dios. Así fue que buscó el consejo de aquellos líderes. Creemos que cometió un error al consultar a aquellos hombres. Porque Dios era quien le estaba guiando y le estaba dando instrucciones sobre lo que tenía que hacer; por lo tanto, no tenía necesidad de consultar a nadie, y al tratar de escuchar a todos le llevó a tener problemas. Veamos lo que nos dicen los versículos 2 y 3, de este capítulo 13, del Primer Libro de Crónicas:

"Y dijo David a toda la asamblea de Israel: Si os parece bien y si es la voluntad del Señor, nuestro Dios, enviaremos a todas partes por nuestros hermanos que han quedado en todas las tierras de Israel, y por los sacerdotes y levitas que están con ellos en sus ciudades y ejidos, para que se reúnan con nosotros; y traigamos el Arca de nuestro Dios junto a nosotros, porque desde el tiempo de Saúl no hemos hecho caso de ella".

Ésta es una información aclaratoria sobre lo que ocurrió en los días de Saúl. Durante ese período, la adoración a Dios en el tabernáculo fue omitida completamente. Por eso toda la organización del tabernáculo se disolvió. Los levitas fueron esparcidos. Y entonces se enviaron mensajes por toda la tierra anunciando que David quería traer el arca del pacto. Veamos ahora el versículo 4:

"Y dijo toda la asamblea que se hiciera así, porque el asunto parecía bien a todo el pueblo".

Bueno, ¿Y qué del Señor? ¿Qué pensaba el Señor de todo esto? Como dijimos, estaba bien hacer eso, pero no de la forma en que se hizo. La decisión fue unánime, porque todos querían traer el arca a Jerusalén. Y ahora, el versículo 5 dice:

"Entonces David reunió a todo Israel, desde Sihor de Egipto hasta la entrada de Hamat, para que trajeran el Arca de Dios desde Quiriat-jearim".

En 1 Samuel 7 se encuentra el relato de cuando el arca fue llevada Quiriat-jearim y dejada allí por las malas experiencias que habían tenido con ella. Ahora, el versículo 6, dice:

"Y subió David con todo Israel a Baala de Quiriat-jearim, que está en Judá, para trasladar de allí el Arca del Señor Dios, que habita entre los querubines, sobre la cual su nombre es invocado".

Por supuesto, Dios no moraba en el arca, ni se encontraba entre los querubines. Pero aquel era el lugar que Dios había designado como punto de encuentro o reunión con el pueblo de Israel. Su presencia se manifestaba allí.

En aquel momento iban a cometer una equivocación tremenda. Iban a hacer lo correcto de una manera incorrecta. Estaba bien llevar al arca a Jerusalén, pero el método para hacerlo era equivocado. Ahora, el versículo 7, dice:

"Y llevaron el Arca de Dios de la casa de Abinadab en un carro nuevo; y Uza y Ahío guiaban el carro".

Dios había dado instrucciones específicas sobre como trasladar el arca. Otras partes del tabernáculo podían ser transportadas en carros, pero no el arca. Eso era algo que ellos debían haber sabido. Escuchemos lo que Dios dijo por medio de Moisés, en el capítulo 4 del libro de Números, versículo 15: "Después que acaben Aarón y sus hijos de cubrir el santuario y todos los utensilios del santuario, cuando haya que mudar el campamento, llegarán los hijos de Coat para llevarlos, pero no tocarán cosa santa, no sea que mueran. Estas serán las cosas que cargarán los hijos de Coat en el tabernáculo de reunión". O sea que el arca nunca debía ser trasladada en un carro. Tenía que ser llevada sobre los hombros de los hijos de Coat. ¿Por qué? Porque el arca habla de Cristo. Y Él debe ser llevado, incluso hoy, por individuos.

A mucha gente le encanta llevar a cabo las tareas de la forma más fácil. Pero, estimado oyente, el difundir la Palabra de Dios requiere un intenso trabajo. Algunos se quejan de los gastos que ello ocasiona y nosotros también deploramos esos gastos. Pero el extender la Palabra de Dios tiene su precio. Figurativamente hablando, diremos que no podemos llevarla sobre ruedas. Debemos llevarla nosotros mismos. Cada uno tiene que llevar su propia responsabilidad. El apóstol Pablo dijo en Gálatas 6:5, "Porque cada uno cargará con su propia responsabilidad". En otras palabras, arrimemos el hombro para difundir la Palabra de Dios en un mundo que la necesita desesperadamente. Dios no escribe su Evangelio sobre el cielo. Porque este mensaje tiene que ser transmitido por Sus hijos.

Bien, veamos ahora, lo que dice aquí el versículo 8, de este capítulo 13 del Primer Libro de Crónicas:

"David y todo Israel se regocijaban delante de Dios con todas sus fuerzas, con cánticos, arpas, salterios, tamboriles, címbalos y trompetas".

David era un gran intérprete musical; y créanos que esta fue una ocasión para que todos estuvieran alegres. Pero todo eso fue interrumpido repentinamente. Leamos ahora los versículos 9 y 10:

"Pero cuando llegaron al lugar conocido como la era de Quidón, Uza extendió su mano hacia al Arca para sostenerla, porque los bueyes tropezaban. Se encendió contra Uza el furor del Señor, y lo hirió, porque había extendido su mano hacia el Arca; y murió allí delante de Dios".

¿Por qué? Porque lo estaban haciendo mal. No estaban dando el testimonio correcto, tal como Dios lo había establecido. Alguien ha dicho que ese castigo fue algo muy severo, porque el hombre simplemente extendió su mano para sostener el arca. En primer, diremos que el arca no debió haber estado en el carro. Y en segundo lugar, el arca no necesitaba que Uza lo sostuviera.

En nuestros días hay muchas personas que están metiendo sus manos en la obra del Señor actuando a su manera, por métodos humanos que no cuentan con la aprobación de Dios. Estas actuaciones, generalmente llevadas a cabo con buenas intenciones, constituyen una interferencia en los planes de Dios y un impedimento para el progreso de Su obra. Como resultado, Dios interviene, o se abstiene de intervenir, no apreciándose ninguna bendición. Así sucedió en el caso del arca. Leamos los versículos 11 y 12:

"David tuvo pesar, porque el Señor había castigado a Uza; por lo que llamó a aquel lugar Pérez-uza, hasta el día de hoy. Y David temió a Dios aquel día, y dijo: ¿Cómo he de llevar a mi casa el Arca de Dios?"

David, lógicamente, se disgustó mucho, y lo mismo nos habría sucedido a nosotros. ¡Cuántas veces, estimado oyente, tratamos de hacer las cosas a nuestra manera y luego, cuando fracasamos, le echamos la culpa a Dios! Y entonces nos preguntamos, como David, ¿Cómo voy a hacer esto para el Señor? Bueno, hagámoslo de la manera que Dios quiere que se haga, estimado oyente. Entreguémosle el control a Dios. Eso es lo que finalmente tuvo que hacer David. Leamos los versículos 13 y 14 de este capítulo 13 del Primer Libro de Crónicas:

"Y no trasladó David el Arca a su casa, a la ciudad de David, sino que la llevó a casa de Obed-edom, el geteo. El Arca de Dios estuvo tres meses en la casa de la familia de Obed-edom; y bendijo el Señor la casa de Obed-edom, y todo cuanto tenía".

Esta acción de David concluyó este triste y trágico episodio. El arca no iba a ser llevada en aquel momento a Jerusalén. Dios bendijo a la familia que la custodió. Y David tuvo que concentrar su atención en otros asuntos. Veamos ahora, el primer versículo del capítulo 14 de este Primer Libro de Crónicas, donde comienza a hablarse de

La prosperidad de David

"Hiram, rey de Tiro, envió a David embajadores y madera de cedro, y albañiles y carpinteros, para que le edificaran una casa".

Aquí vemos que Dios prosperó a David y su fama comenzó a extenderse. David y el rey de Tiro, Hiram, eran grandes amigos. Hiram apreciaba mucho a David y quiso ayudarle a edificar su casa, que en realidad era un palacio. Ahora, los versículos 2 y 3 nos dicen:

"Entonces entendió David que Jehová lo había confirmado como rey sobre Israel, pues había exaltado su reino sobre su pueblo Israel. También David tomó mujeres en Jerusalén, y engendró más hijos e hijas".

Ahora, alguien quizá se pregunto ¿Permitió Dios esto? Sí, Dios permitió que el aumentara el número de sus mujeres, pero no dio Su aprobación. Y más aún, esto le iba a crear problemas a David y eventualmente, Dios le juzgaría. Y ello le traería tristeza y dolor por el resto de su vida. Lo que hizo David, estuvo mal, fue un error pero él lo hizo así. Ahora, esto fue mencionado aquí, no porque tuviera la aprobación de Dios. Se registró en este texto de la Biblia porque Dios quiere que sepamos exactamente lo que ocurrió. Se trata de un registro histórico y al seguirlo, descubriremos la actitud que Dios adoptó.

Por otra parte, en un tiempo, durante el período en que David fue rechazado, los filisteos creyeron que David se había convertido en uno de ellos (1 Samuel 27). Pero ahora que él había regresado a su propio pueblo convirtiéndose en su rey, los filisteos se pusieron en contra de él. Ahora, leamos los versículos 9 hasta el 12, donde vemos que David salió a luchar contra ellos.

"Los filisteos llegaron y se extendieron por el valle de Refaim. Entonces David consultó a Dios, diciendo: ¿Subiré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mis manos? El Señor le respondió: Sube, porque yo los entregaré en tus manos. Subieron, pues, a Baal-perazim, y allí los derrotó David. Dijo luego David: Dios abrió una brecha entre mis enemigos por mi mano, como un torrente de agua. Por esto llamaron el nombre de aquel lugar Baal-perazim. Dejaron allí sus dioses, y David dijo que los quemaran".

Ésta fue una gran victoria lograda por David contra los filisteos e Israel no había tenido muchas victorias sobre ellos. Luego, en los versículos 13 y 14, continuamos leyendo algo de la estrategia que siguieron en la lucha:

"Volvieron los filisteos a extenderse por el valle, y volvió David a consultar a Dios, y Dios le dijo: No subas tras ellos, sino rodéalos y atácalos frente a las balsameras".

Una vez más, David salió a luchar contra los filisteos y Dios le dio la victoria. En base a eso, David podría haber dicho: "Aquí están los filisteos otra vez. Puedo ir contra ellos otra vez". Pero no lo hizo así, sino que consultó a Dios. Y Dios le dijo que no lo hiciera, y que se retirara, atrayendo a los filisteos hacia las balsameras o moreras. En aquel lugar, David tendría ventaja sobre ellos.

Estimado oyente, Dios quiere que nosotros usemos un sentido común espiritual. No debemos confundir la fe, con el atrevimiento o la presunción. Existe el peligro de actuar siguiendo impulsos humanos, en vez de actuar llevados por la voluntad de Dios, siguiendo sus instrucciones. Lo que uno ve, a veces, no es fe, sino actitudes naturales impulsadas por el carácter de las personas. En muchos casos, los acontecimientos pudieran irse de las manos, desbordándonos, fuera de control, cuando no nos dejamos controlar por el Espíritu de Dios.

Estimado oyente, por supuesto que debemos confiar en el Señor. Pero debemos asegurarnos de que estamos recibiendo Sus instrucciones. A veces, tendremos que salir a la batalla espiritual, enfrentando al enemigo. Pero en otras ocasiones, como en el relato que nos ocupa, la estrategia exige retirarse a una posición segura. Bien, veamos lo que dice ahora el versículo 15 de este capítulo 14 del Primer Libro de Crónicas:

"Cuando oigas venir un estruendo por las copas de las balsameras, sal a la batalla, porque Dios saldrá delante de ti y herirá el ejército de los filisteos".

Hay ocasiones en que usted y yo deberemos esperar hasta que no haya ninguna duda de que Dios está preparando el camino que hemos de recorrer. A veces, la actitud impulsiva de lanzarse y avanzar por la fe, puede que no indique en absoluto una actitud de fe. Bien pudiera ser, como ya hemos dicho, orgullo, presunción, o la evidencia humana de un carácter agresivo o emprendedor. Debemos esperar una señal clara del Señor, así como David y los suyos tuvieron que esperar por aquella señal inequívoca del sonido sobre las copas de los árboles. Esa actitud, sí será una actitud de fe, que descansa en la certeza de que Dios intervendrá en el momento oportuno, de acuerdo con Sus planes y propósitos. Leamos ahora los versículos 16 y 17:

"Hizo, pues, David como Dios le mandó, y derrotaron al ejército de los filisteos desde Gabaón hasta Gezer. Y la fama de David se divulgó por todas aquellas tierras; y el Señor puso el temor de David sobre todas las naciones".

Aquí encontramos el por qué de lo que dijimos que David era uno de los líderes más grandes del mundo, y que su reino fue uno de los más grandes de su época. Dios estaba con este hombre. Esa pequeña nación, establecida en un territorio no muy extenso, llegó a ser uno de los grandes poderes mundiales.

Esto no debiera sorprendernos pues ha habido otros casos similares en la historia. Por ejemplo, Venecia. La ciudad de Venecia llegó en un tiempo a ser un poder mundial. Y no era más que una ciudad. Así, en este pasaje Bíblico tenemos un caso de cómo una pequeña nación como Israel, pudo transformarse en un poder mundial. El versículo 2 nos dice que el Señor había confirmado a David como rey de Israel, y el versículo 17 nos dice que el Señor hizo que las demás naciones le temieran y respetaran. Fue Dios, entonces, el que convirtió a David en el líder de una potencia.

Ahora, al llegar al capítulo 15, vemos que David iba a trasladar el arca de la manera correcta. Leamos el primer versículo del capítulo 15:

"Hizo David también casas para sí en la Ciudad de David, y arregló un lugar para el Arca de Dios, y le levantó una tienda".

Vemos que David se ocupó de que le construyeran casas en la capital, lo cual implicó un gran proyecto de edificación de viviendas. Pero Dios consideró más importante la preparación de un lugar apropiado para la instalación del arca del pacto. Y en el versículo 2, David dijo lo siguiente:

"Entonces dijo David: El Arca de Dios no debe ser llevada sino por los levitas; porque a ellos ha elegido el Señor para que lleven el Arca del Señor, y le sirvan perpetuamente".

Aquí vemos que David aprendió la lección. Y nos preguntamos por qué no lo hizo así la primera vez y tuvo que pasar por aquella triste experiencia antes de hacerlo correctamente. Después de todo, ésa es la manera en que la mayoría de nosotros aprendemos las lecciones de la vida. Para nosotros resulta fácil decir que David tendría que haber actuado correctamente en un principio. Pero nuestra experiencia nos hace reconocer que nosotros aprendemos de nuestros errores.

Recapitulando, diremos que tenemos aquí, cuatro capítulos que comprenden esta sección: los capítulos 13 hasta el 16, dedicados a este tema de David y el arca, es decir, del proyecto de traer el arca a Jerusalén, al lugar que había sido elegido por David. Eso es algo bien interesante, porque en estos capítulos se nos podía haber informado de los asuntos de Estado y de las muchas decisiones que tuvo que tomar David durante su reinado. Quizá, algunos tratados que hizo con sus enemigos. O tal vez, poner un énfasis en las guerras o en ciertas actividades del gobierno. Se nos podría haber presentado la información como la escuchamos en algunos noticieros. En cambio, en estos capítulos se nos ha informado sobre los movimientos del arca del pacto.

Hay aquí una lección, que nos ayuda a ver lo que realmente es importante desde el punto de vista de Dios. Habitualmente se nos da cualquier clase de información y propaganda. Sería interesante saber la opinión de Dios al respecto. ¿En qué pondría Él el énfasis? En este pasaje que estamos considerando, vemos que la atención se concentró en los movimientos del arca, es decir, que Dios estaba interesado en la adoración de Su pueblo. El arca del pacto o de la alianza, era el centro de la adoración en Israel. Allí es donde Dios colocó el énfasis que se refleja en este relato.

Ahora, otra de las preguntas que se nos presenta es, ¿qué sucedió con el tabernáculo? Si usted quiere aceptar lo que creemos firmemente, es que el tabernáculo se gastó. Después de todo, era una tienda, mayormente construida con una cobertura de tela. Probablemente, las tablas cubiertas de oro, así como los pilares de bronce y los vasos de plata, todo eso había desaparecido porque, tal vez los enemigos se los llevaron. No hay ningún registro de lo que le sucedió al tabernáculo, excepto en lo que concernía al arca, que para Dios era lo importante. ¿Por qué? Porque coronando el arca estaba la tapa o propiciatorio, que era el lugar donde Dios se encontraba con Su pueblo para perdonarlo.

Por lo tanto, el énfasis de este pasaje Bíblico nos enseña que lo más importante para usted y para mí, estimado oyente, es tener un lugar donde podamos recibir el perdón y la misericordia de Dios, eso es lo que necesitamos hoy en día. Todos necesitamos la misericordia de Dios. Dios está preparado para extender Su misericordia y, figurativamente hablando, Él tiene un propiciatorio hoy, y ese propiciatorio, es decir, el lugar donde se manifiesta la gracia de Dios, es el Señor Jesucristo. Dijo Juan en su primera carta, 2:1,2: "Si alguno comete pecado, tenemos ante el Padre un abogado, que es Jesucristo el Justo. Jesucristo se ofreció en sacrificio para que nuestros pecados sean perdonados; y no sólo los nuestros sino los de todo el mundo". Es por todo ello que, así como en el relato Bíblico Dios pasó por alto muchos detalles sobre el reino de David, y le dio la prioridad sobre todos los demás sucesos de la época, a todo lo que tenía que ver con el arca. Así también hoy, aunque no minimizamos el valor de las noticias que nos revelan la situación del mundo y las decisiones de los líderes mundiales, aunque no restamos importancia a los sucesos que conmueven a la sociedad en que vivimos, podemos destacar la importancia que Dios da en la actualidad a las decisiones que Él ha tomado con respecto al método que ha dispuesto para hacer llegar a los seres humanos su ofrecimiento de salvación. Hoy el relato nos ha llevado a recordar el antiguo pacto, simbolizado en el arca o cofre del pacto de la antigua alianza que Dios había establecido. Por ello hoy concluimos presentando a Jesús, el mediador de un nuevo pacto, y quien murió en al altar del sacrificio que fue la cruz. Allí, Él espera recibir al pecador, al ser humano que está alejado de Dios. Recuerde que Él dijo: "Al que a mi viene, no le echo fuera".

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