Estudio bíblico de 2 Crónicas 16:10-18:2

2 Crónicas 16:10 - 18:2

Continuamos nuestro recorrido por el capítulo 16 del Segundo Libro de Crónicas. En nuestro programa anterior estuvimos halando de los puentes que tenemos que cruzar para experimentar en nuestros días una renovación espiritual. Y mencionamos tres de ellos: el primero, era un conocimiento de la Palabra de Dios; el segundo, una separación inspirada en las Sagradas Escrituras. Y vimos cómo el rey Asa, temiendo la amenaza de Baasa, rey de Israel, decidió hacer alianza con Ben-adad, rey de Siria, quien estaba en Damasco. Esta actitud no fue aceptada por el Señor, y entonces Dios envió al vidente Hanani a Asa, para que le hablara y le reprendiera. Ahora, ¿por qué reprendió Dios a Asa? Sencillamente, estimado oyente, por su falta de fe. Y el tercer puente, que tenemos que cruzar hacia una renovación, es la fe, la fe en Dios. No una fe en métodos, ni en el hombre, ni en una iglesia; ni siquiera la fe en un sistema o en una organización; sino una fe en Dios mismo.

Tenemos que comprender claramente que hay un acto puntual de fe que nos salva, es decir, cuando somos justificados por la fe. En el momento en que depositamos nuestra confianza en el Señor Jesucristo, somos salvos. Ahora, la vida no llega a su fin cuando somos salvos. Por ello, tenemos que continuar viviendo por la fe. Pablo escribió en Romanos capítulo 1 versículo 16: "16No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree, del judío primeramente y también del griego". Y luego el apóstol usó otra expresión muy fuerte en el versículo que le sigue en su misma carta. "17pues en el evangelio, la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá". ¿Qué significa que en el Evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe? Quiere decir que somos salvos por la fe, y que a partir de ese momento, tenemos que vivir por la fe.

Hanani le dijo al rey Asa que los ojos del Señor contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen un corazón perfecto para con Él. Esto significa que Dios está buscando a un hombre o a una mujer que crea en Él. Por cierto, estimado oyente, ¿no le agradaría ser esa persona que cree en Dios? Nadie dice que usted, ni nadie, deba convertirse en un fanático e intolerante, pero usted sí puede creer a Dios y al sólido testimonio de Su Palabra, ¿Sabe usted que no puede agradar a Dios a menos que crea en Él? Dijo el escritor a los Hebreos (11:6) que "sin fe es imposible agradar a Dios". También afirmó este escritor (en 12:1) que tenemos alrededor nuestro muchos testigos que han demostrado su fe, debemos "despojarnos de todo peso y del pecado que nos asedia". ¿Y cuál es ese pecado? Es la incredulidad, la falta de fe. Y el escritor a los Hebreos dijo que en consecuencia, debíamos correr con paciencia la carrera que tenemos por delante. Usted sabe que muchos de nosotros vivimos como agnósticos, y sin embargo decimos que somos salvos. Veamos ahora lo que dice el versículo 10 de este capítulo 16 del Segundo libro de Crónicas:

"Entonces se enojó Asa contra el vidente y lo echó en la cárcel, pues se encolerizó mucho contra él a causa de esto. También oprimió Asa en aquel tiempo a algunos del pueblo".

Esto fue realmente sorprendente. Este hombre no aceptó la reprensión de Dios. ¿Por qué? Porque no creyó en ella. Ni tampoco tuvo una fe real ni una actitud de total dependencia de Dios. Vivir sin Dios, quiere decir en realidad, que estamos muertos espiritualmente; y entonces no hay ninguna forma en la que Dios nos pueda usar aquí en este mundo. Podemos ver aquí, que Dios castigó a Asa con una enfermedad. Leamos el versículo 12 de este capítulo 16 del Segundo Libro de Crónicas:

"En el año treinta y nueve de su reinado, Asa enfermó gravemente de los pies, pero en su enfermedad tampoco buscó al Señor, sino a los médicos".

Su enfermedad fue grave y su estado, crítico. No hubo nada malo en que recurriese a los médicos. El problema fue en que en todo este asunto él no recurrió a Dios. Y creemos que para un creyente, cuando esté enfermo, es tan importante recurrir a Dios como el llamar al médico. Cuando uno tiene una enfermedad grave, entonces tiene que buscar al médico, pero es sumamente importante que recurra a Dios. Tiene que dirigirse a Él en oración. Él es el mejor médico de todos. El que fue probablemente el escritor más práctico del Nuevo Testamento, el apóstol Santiago, dijo en su carta en el capítulo 5 versículo 14:"¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia para que oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor". O sea, habló de hacer dos cosas. La primera fue orar a Dios en el nombre del Señor. Y luego añadió que se ungiese con aceite al enfermo. Ahora, esa palabra "ungir" aquí no es algo que se refiere a una ceremonia. Esto no es un acto religioso, sino medicinal.

El problema con el rey Asa fue que él llamó al médico pero no a Dios. Fue sorprendente y grave ver a un hombre que había experimentado una renovación, y que sin embargo no estaba en ese momento en una relación de compañerismo con Dios ni viviendo por la fe.

Estimado oyente, vivir por la fe significa tener una fe viva y permanente en Dios. Implica llevar nuestros problemas y dificultades ante el Señor. Es una fe que acepta cualquier respuesta que Él nos dé, porque Él oye y contesta nuestras oraciones de acuerdo con Su punto de vista. Puede que no responda necesariamente de acuerdo a nuestra manera de evaluar las cosas, pero sí responderá de acuerdo con Su voluntad. Usted puede estar seguro de una cosa: que si usted entrega cualquier petición, problema o circunstancia en Sus manos, usted permanecerá en los términos de Su voluntad, y entonces recibirá la mejor respuesta que podría obtener, mucho mejor que lo que usted pueda haberle pedido. Leamos los versículos 13 y 14, de este capítulo 16 del Segundo Libro de Crónicas:

"Y durmió Asa con sus padres; murió en el año cuarenta y uno de su reinado. Lo sepultaron en los sepulcros que él había hecho para sí en la Ciudad de David; y lo pusieron en un ataúd, el cual llenaron de perfumes y diversas especias aromáticas, preparadas por expertos perfumistas; e hicieron un gran fuego en su honor".

En conclusión, diremos que el reinado de Asa experimentó el toque de una renovación espiritual. Este rey recorrió parte del camino con Dios y, sin embargo, Dios le utilizó. Llegamos así a

2 Crónicas 17

Entre los capítulos 17 y 20, se nos habla del segundo gran período de renovación, el cual tuvo lugar durante el reino de Josafat. Esta renovación fue mucho más grande que la que tuvo lugar durante el reinado de Asa. Josafat, el hijo de Asa, fue un hombre usado de una manera maravillosa por Dios. Resulta significativo que estos movimientos de renovación quedaran incluidos en este libro. Recordemos que Crónicas nos dejó el punto de vista de Dios sobre el período de los reyes, y registró lo que Dios consideró importante durante el reinado de aquellos hombres. Leamos, pues, el primer versículo de este capítulo 17, del Segundo Libro de Crónicas:

"Reinó en su lugar Josafat, su hijo, el cual se hizo fuerte contra Israel".

Es decir, que fortaleció al reino de Judá, el reino del sur, contra Israel, el reino del norte. Ahora, el versículo 2, dice:

"Puso ejércitos en todas las ciudades fortificadas de Judá y colocó gente de guarnición en tierra de Judá, y en las ciudades de Efraín que su padre Asa había tomado".

Recordemos que en el capítulo anterior leímos acerca de la guerra entre Judá e Israel. El rey Josafat estaba tomando precauciones para proteger su reino. Y escuchemos lo que dice el versículo 3:

"El Señor estuvo con Josafat, porque anduvo por los caminos que anteriormente había seguido David, su padre; no buscó a los ídolos del dios pagano Baal"

Observemos que dice que este rey procedió como David, su antepasado, lo había hecho al principio. No en la forma en que anduvo David vivió en su ancianidad, sino en la forma en que actuó cuando era un rey joven. Es decir que Josafat, siendo un rey joven confió en Dios. Leamos los versículos 4 y 5, de este capítulo 17, del Segundo Libro de Crónicas:

"sino que buscó al Dios de su padre y anduvo en sus mandamientos, no según las obras de Israel. Por tanto, el Señor confirmó el reino en sus manos; todo Judá traía a Josafat presentes, y tuvo riquezas y gloria en abundancia".

En el Antiguo Testamento, la prosperidad material era una señal de la aprobación de Dios. Escuchemos ahora un testimonio magnífico, aquí en los versículos 6 al 9 de este capítulo 17 del segundo libro de Crónicas de cómo

Enseñaron la Palabra

"Se animó su corazón en los caminos del Señor, y quitó los lugares altos y las imágenes de Asera de en medio de Judá. Al tercer año de su reinado envió a sus príncipes Ben-hail, Abdías, Zacarías, Natanael y Micaías, para que enseñaran en las ciudades de Judá. Con ellos envió a los levitas Semaías, Netanías, Zebadías, Asael, Semiramot, Jonatán, Adonías, Tobías y Tobadonías, y también a los sacerdotes Elisama y Joram, los cuales enseñaron en Judá, llevando consigo el libro de la ley del Señor; y recorrieron todas las ciudades de Judá enseñando al pueblo".

¿Sabe lo que él hizo? Él comenzó un programa como este mismo programa de radio, La fuente de la Vida, también conocido a nivel internacional como A Través de la Biblia. Eso fue lo mismo que hizo Josafat. Usted sabe que el autor de estos estudios bíblicos titulados A través de la Biblia se llamaba J. Vernon McGee, como lo mencionamos al principio de cada programa. Y él decía que siempre firmaba su nombre con la inicial "J". Y la gente le preguntaba qué quería decir con esa "jota". Él, generalmente daba una respuesta humorística a esa pregunta. Él decía que la "J" era la inicial de Josafat, porque Josafat fue el primero en comenzar un programa llamado A Través de la Biblia. Pues, bien, Josafat envió a los levitas. Como él no disponía en ese entonces de medios modernos de comunicación, como la radio, centenares de levitas tuvieron que salir personalmente para propagar y enseñar la Palabra de Dios por todo el reino. Estimado oyente, ésta fue la manera de traer una renovación.

Hasta que la iglesia experimente un retorno a la Palabra de Dios, no se producirá una verdadera renovación. Todos los movimientos de renovación que surjan dentro o fuera de las iglesias quedarán en la nada a menos que estén basados en la Palabra de Dios. Hay que reconocer que están ocurriendo grandes cosas en nuestro tiempo, algunas dentro de la esfera de la iglesia y otras fuera de la estructura oficial de la iglesia organizada. En la medida en que estos acontecimientos estén fundamentados en la Palabra de Dios, producirán una auténtica renovación espiritual que revitalizará a todas las iglesias. Ése fue el tipo de renovación que promovió Josafat. Ahora, observemos la reacción que se produjo ante la enseñanza de la Palabra de Dios, leyendo los versículos 10 al 12 de este capítulo 17 de 2 Crónicas.

"El terror del Señor cayó sobre todos los reinos de las tierras que estaban alrededor de Judá, de manera que no osaron hacer guerra contra Josafat. Los filisteos traían presentes y tributos de plata a Josafat. Los árabes también le trajeron ganados, siete mil setecientos carneros y siete mil setecientos machos cabríos. Iba, pues, Josafat engrandeciéndose mucho; edificó en Judá fortalezas y ciudades de aprovisionamiento".

El rey Josafat tuvo que construir lugares de almacenamiento donde se guardaban todos los regalos que le fueron entregados. Es que este hombre fue maravillosamente usado por Dios. Y cuando esta renovación llegó al reino de Judá, tuvo su efecto en todas las naciones situadas a su alrededor. Este movimiento se extendió y aun los filisteos que eran enemigos empedernidos de David, se comportaron amistosamente y le enviaron regalos a este rey. Incluso los árabes de ese tiempo, le enviaron rebaños de animales.

Y es digno de destacar que no hubo guerras contra el rey Josafat. Realmente, una renovación espiritual evitó la guerra. Si una nación desea tener paz, entonces lo que debe hacer es acercarse a Dios. Ése es el método de Dios y siempre lo ha sido. Por otra parte, si una nación se encuentra constantemente en estado de guerra, se debe a que se ha alejado de Dios.

Leamos ahora el versículo 13:

"Llevó a cabo muchas obras en las ciudades de Judá, y tuvo hombres de guerra muy valientes en Jerusalén".

Éste fue un tiempo de paz, aunque el rey Josafat mantuvo un ejército para asegurar la protección del reino. En los versículos siguientes se mencionan los capitanes del ejército. Evidentemente, este rey fue un gran gobernante y proveyó los medios para proteger a su pueblo en caso de que se produjera un ataque del enemigo. Sin embargo, Dios permitió que el reinado de Josafat fuera un período de paz. Y se nos dice un poco más adelante, en este capítulo 17, en el versículo 19:

"Éstos eran siervos del rey, sin contar los que el rey había puesto en las ciudades fortificadas en todo Judá".

Y después de haber reconocido la grandeza de Josafat, le vemos hacer algo increíble. Y sin embargo, cuando uno comienza a estudiarlo, se da cuenta que hubo una razón para ello, había una motivación para que él hiciera lo que hizo. Llegamos entonces a

2 Crónicas 18

Leamos el primer versículo del capítulo 18, de este Segundo Libro de Crónicas, en relación con

La alianza de Josafat con el rey Acab

"Tenía, pues, Josafat riquezas y gloria en abundancia; y emparentó con Acab".

Josafat se asoció con Acab, rey de Israel. No podemos imaginar a dos personas más diferentes entre sí que estos dos reyes. Ahora, veamos el versículo 2:

"Después de algunos años descendió a Samaria para visitar a Acab, por lo que Acab mató muchas ovejas y bueyes para él y para la gente que con él venía, y le persuadió que fuera con él contra Ramot de Galaad".

Este suceso resulta difícil de entender. Fue una de las asociaciones más extrañas que encontramos aquí en las páginas de la Biblia o en cualquier otro lugar. Es casi como decir que uno puede tener el día y la noche en el mismo momento y como afirmar que uno puede tener luz y oscuridad al mismo tiempo. La unión de aquellos dos hombres constituyó un misterio. Espiritualmente, no tenían nada en común. El rey Josafat fue uno de los reyes más piadosos personalmente, y ya hemos hablado de cómo Dios le usó para producir una renovación en el reino. Él amaba a Dios y la Palabra de Dios. Era lo que uno llamaría, un hombre espiritual. Por otra parte, Acab era todo lo contrario. Era el típico hombre sin Dios. Odiaba a Dios, como ya hemos visto. Se había entregado a la idolatría y a la inmoralidad. Ahora, ¿cómo pudieron estos dos ser tan amigos? ¿Cómo pudo cada uno de ellos disfrutar de la compañía del otro? ¿Qué fue lo que tuvieron en común? Bueno, podríamos investigar algo al respecto. Es que se trataba de una alianza reforzada por tres factores, todos ellos basados en razones físicas y materiales:

1. Había una alianza matrimonial. Usted puede ver que el hijo de Josafat, Joram se había casado con Atalía, la hija de Acab y de Jezabel. Atalía, fue una mujer de una trayectoria sangrienta, que siguió la conducta de sus padres. Hemos leído esa historia en los libros de los Reyes. Suponemos que estos dos hombres pensaron que podrían consolidar las relaciones entre Judá e Israel y reunificar así a un reino dividido. E intentaron lograrlo por medio de un matrimonio. Por supuesto, se trató de un error.

Es evidente que la Biblia no se muestra a favor de una relación matrimonial entre un creyente y un no creyente cristiano y una persona que no lo es. En este relato Bíblico, el hijo de Josafat, formado en una renovación espiritual se casó con hija despiadada y cruel de Acab y Jezabel. Esta unión ocasionó una tragedia. De hecho, casi exterminó la línea de descendencia de David.

Ha habido más tragedias y sufrimiento, más vidas truncadas y más hijos inadaptados a causa del problema de los hogares deshechos, que por cualquier otra situación social. Es que la unión entre un cristiano con uno que no lo sea, no funciona. Por supuesto, la situación es diferente si dos no cristianos se casan y luego, uno de ellos se convierte a Cristo. Éste caso fue comentado específicamente por el apóstol San Pablo.

2. Los reyes Josafat y Acab tenían una alianza comercial. Según 1 Reyes 22 y en 2 Crónicas 20, Josafat se asociaría con Ocozías, hijo de Acab que se convertiría en rey de Israel, para enviar naves a Tarsis en una misión comercial. Pero habría un naufragio y se perdería la carga. Es que Dios no podría bendecir esa alianza.

3. Josafat y Acab tenían una alianza militar. Acab estaba teniendo problemas con Siria, así que le pidió a Josafat que formara una alianza con él para atacar a la ciudad de Ramot de Galaad. Y organizó una gran fiesta en honor de Josafat, con gran abundancia de ovejas y reses. De esa manera convenció a Josafat. Observemos que Josafat, con esa actitud, cumplió las palabras del Salmo 1:1, o sea, que siguió el consejo de los malvados e hizo causa común con los que se burlaban de Dios. Lo que el ejército del reino de Israel, o del norte, no pudo conseguir contra el reino del Judá, o del sur, Acab lo logró implicando a Josafat en una guerra contra Siria. Evidentemente, ésa fue una alianza que Dios no podía bendecir.

Concluimos pensando en la siguiente reflexión del apóstol Pablo en 2 Corintios 6:14 -16; "No os unáis en un mismo yugo con los que no creen, pues ¿qué tienen en común la justicia y la injusticia? ¿O qué unión puede haber entre la luz y la oscuridad? No puede haber armonía entre Cristo y el diablo, ni entre un creyente y un incrédulo. No puede haber nada en común entre el templo de Dios y los ídolos. Porque nosotros somos el templo del Dios viviente, como él mismo dijo: Viviré y andaré entre ellos; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo". Estimado oyente, la promesa de Dios de habitar en medio de Su pueblo se cumplió, en última instancia, en Cristo. Le invitamos, pues, a reconocer por la fe al Señor Jesucristo como su Salvador. De esa manera establecerá usted una relación con Dios, alejándose de toda forma de idolatría, y se sentirá unido a Él, unido al reino de la luz. Porque en Juan 8.11, Jesucristo se presentó a sí mismo como la Luz del mundo y proclamó que la persona que le siguiera, tendría la luz que le da vida, y nunca andaría en la oscuridad. Esa luz, como también dijo Juan, brilla en las tinieblas, y las tinieblas no han podido apagarla.

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