Estudio bíblico de 2 Crónicas 32:1-33:2

2 Crónicas 32:1 - 33:2

Continuamos hoy nuestro estudio del Segundo Libro de Crónicas. Y en nuestro programa anterior, estábamos hablando del rey Ezequías, y dijimos que había comenzado un gran período de reformación y vimos cómo él estaba guiando todo esto. En primer lugar, decíamos que era un hombre de fe. Y cuando decimos eso, dijimos que queríamos decir algo más que lo que se quiere indicar en el día de hoy cuando oímos la palabra fe. En el presente, la fe popular y la fe de la Biblia, son dos cosas distintas.

La concepción moderna de la fe nos hace recordar de una visita que uno puede hacer a esos parques de diversión donde por lo general hay un lugar donde tienen un juego que tiene como un termómetro grande, y hay un martillo, un mazo muy grande que uno debe golpear para que una pieza de metal suba por ese termómetro hasta golpear la campanilla que se encuentra al tope del mismo. Si uno puede hacerlo, entonces recibe un premio. Entonces, lo que uno trata es de esforzarse al máximo para poder alcanzar a golpear esa campanilla; darle a ese mazo con toda la fuerza que uno tiene para poder hacer subir el peso y así ganarse el premio. Y muchas personas, estimado oyente, hoy en día, piensan que la fe es algo así; que hay que hacer un esfuerzo muy grande, supremo para poder tener esa fe. Bueno, estimado oyente, la fe no es la respuesta sicológica a alguna cosa. No es eso. La fe no se encuentra en los sentimientos, sino que es un hecho consumado. Fe es lo que llega a nuestra alma, que se produce en el alma por medio del Espíritu Santo. Es una convicción profunda que nace en el espíritu del hombre.

Recordemos que en Mateo 16:17, después que Simón Pedro había hecho esa gran confesión de fe en Cristo, el Señor le dijo: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló ningún ser humano, sino mi Padre que está en los cielos". De modo que podemos ver entonces, que la fe no es un mérito propio. El apóstol Pablo nos dijo en Efesios 2:8, que "somos salvos por gracia por medio de la fe". Así que la fe es sólo el instrumento. Cristo es el Salvador y Él es el objeto de nuestra fe.

El gran predicador Carlos Spurgeon dijo una vez: "No es la manera de asirte de Cristo lo que te salva. ¡Es Cristo mismo! No es el gozo que sientes en Cristo lo que te salva, es Cristo mismo. Ni siquiera es tu fe, aunque ése es el medio, el instrumento. El mérito está en la sangre de Cristo". Hasta aquí la cita. No hay mérito en la fe misma. No se trata de creer lo suficiente. Porque uno puede incluso creer en algo equivocado. Hay muchas personas que mueren como mártires a causa de sus creencias fanáticas. Esas personas pueden tener mucha fe, pero una fe depositada en las personas o creencias erróneas.

La fe es presentarse ante Dios sin nada, para recibirlo todo. La fe dice: "Señor, yo creo, ayúdame en mi incredulidad". La fe confía en Dios.

Ahora, en el resto de este capítulo 31, vemos más reformas de Ezequías. Estimado oyente, cuando Jesucristo le salva, también usted experimentará reformas en su vida. Él va a cambiar su vida de una manera total.

Recuerde que, siguiendo el relato de Lucas 5:22-24, cuando le presentaron a Jesús a un hombre paralítico, Jesús le dijo al enfermo que sus pecados quedaban perdonados. Entonces, la multitud de escribas y fariseos comenzó a murmurar, diciendo que ése era un caso de blasfemia. Y Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo; "¿Qué pensáis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: Tus pecados te son perdonados, o decir, Levántate y anda?" Ellos no supieron qué responderle. Obviamente, era tan fácil hacer lo uno como lo otro. Sólo Dios puede realizar cualquiera de las dos acciones. Dios es el único que puede perdonar el pecado. Y sólo Dios puede hacer que un paralítico se levante y ande. Y entonces, Jesús continuó diciéndoles: "Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados, dijo al paralítico, a ti te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa:"

Y así llegamos a

2 Crónicas 32

Ahora, en el capítulo 32 parece que las tinieblas llegaron a este reino. Fue como si el Señor hubiera permitido que Judá pasara de la luz del sol de la bendición de Dios a la oscuridad del desastre. El rey Senaquerib, de Asiria, llegó nuevamente y se dispuso a atacar a Jerusalén y comenzó por aterrorizar a sus habitantes. En el libro de Reyes vimos como se acercó a la ciudad y gritó para que todos lo pudieran oír claramente que nadie los podía librar de las manos de Senaquerib. Que nunca había existido un dios capaz de librar a alguna nación y si ellos pensaban que su Dios les iba a librar, pues, estaban equivocados. Leamos entonces el versículo 1 de este capítulo 32:

"Después de estas cosas y de esta fidelidad, vino Senaquerib, rey de los asirios, invadió a Judá y acampó contra las ciudades fortificadas con la intención de conquistarlas".

Ezequías adoptó medidas para reforzar la seguridad de la ciudad, fortificándola, pero su confianza estaba depositada en Dios. Ezequías animó a la gente a confiar en Dios. Dicen los versículos 7 y 8:

"Esforzaos y animaos; no temáis ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. Con él está el brazo de carne, pero con nosotros está el Señor, nuestro Dios, para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo tuvo confianza en las palabras de Ezequías, rey de Judá".

Después de esto, Senaquerib envió representantes para intimidar al pueblo y quebrantar su moral y debilitar su confianza en Dios. Continuemos con los versículos 14 y 15:

"¿Qué dios hubo de entre todos los dioses de aquellas naciones que destruyeron mis padres, que pudiera salvar a su pueblo de mis manos? ¿Cómo podrá vuestro Dios libraros de mis manos? Ahora, pues, no os engañe Ezequías ni os persuada de ese modo, ni le creáis; que si ningún dios de todas aquellas naciones y reinos pudo librar a su pueblo de mis manos y de las manos de mis padres, ¿cuánto menos vuestro Dios os podrá librar de mis manos?"

Y Senaquerib envió también cartas para desmoralizarles. Dice el versículo 17:

"Además de esto escribió cartas en que blasfemaba contra el Señor, el Dios de Israel, y hablaba contra él diciendo: Así como los dioses de las naciones de los países no pudieron librar a su pueblo de mis manos, tampoco el Dios de Ezequías librará al suyo de mis manos".

El relato de 2 Reyes nos cuenta este incidente con mayor detalle. Cuando Ezequías recibió la carta, fue al templo y expuso la carta ante el Señor. Su extraordinaria oración está registrada en 2 Reyes 19:14-19, y nos muestra que Ezequías era un verdadero hombre de oración. Leamos el versículo 20, de este capítulo 32, del Segundo Libro de Crónicas:

"Pero el rey Ezequías y el profeta Isaías hijo de Amoz oraron por esto, y clamaron al cielo".

Ezequías dependió del Señor para recibir ayuda, y Dios liberó a la ciudad de una manera milagrosa. Y no sólo eso, sino que se nos dice en los versículos 21 y 22:

"Y el Señor envió un ángel, el cual destruyó a todo valiente y esforzado, y a los jefes y capitanes en el campamento del rey de Asiria. Por tanto, éste volvió a su tierra avergonzado; y al entrar en el templo de su dios, lo mataron a espada sus propios hijos. Así salvó el Señor a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén de las manos de Senaquerib, rey de Asiria, y de las manos de todos; y les dio reposo por todos lados".

Leamos ahora el versículo 24, que nos habla sobre

La enfermedad de Ezequías

"En aquel tiempo Ezequías enfermó de muerte; y oró al Señor, quien le respondió y le dio una señal".

En 2 Reyes 20, el relato nos cuenta que Ezequías volvió su cara hacia la pared y allí oró y lloró ante el Señor. Dios le dijo a Ezequías que él iba a morir. Cuando Isaías vino y le dio la noticia, Ezequías se encerró y se puso a orar ante Dios. Y Dios añadió 15 años a su vida. Dios escuchó su oración. Sólo Dios podía ayudarle. Cuando se puso de cara a la pared, le recordó al Señor que le había servido fiel y sinceramente, haciendo lo que a Él le agradaba. El profeta Isaías mandó hacer una pasta de higos, que fue aplicada sobre su parte enferma. No sabemos si su mal era un cáncer pero, el caso es que Dios le sanó y añadió a su vida 15 años. Dicen los versículos 25 y 26:

"Pero Ezequías no correspondió al bien que le había sido hecho, sino que se enalteció su corazón, por lo cual vino la ira contra él, contra Judá y Jerusalén. Pero después de haberse enaltecido su corazón, Ezequías se humilló, él y los habitantes de Jerusalén; por eso no estalló sobre ellos la ira de Jehová en los días de Ezequías".

El reino de Judá se había empobrecido mucho durante el reinado de Acaz. Pero en la época de Ezequías, se había vuelto a enriquecer. Dice el versículo 27:

"Ezequías tuvo riquezas y gloria, muchas en gran manera; y adquirió tesoros de plata y oro, piedras preciosas, perfumes, escudos, y toda clase de joyas deseables".

Pero actuando de manera insensata, él mostró esto a los embajadores que habían llegado de Babilonia, algo que en realidad, él no debió haber hecho. Vemos este detalle en 2 Reyes 20:12-19. Aquí tenemos el comentario de Dios al respecto. Leamos el versículo 31:

"Pero en lo referente a los mensajeros de los príncipes de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había acontecido en el país, Dios lo dejó, para probarle y conocer todo lo que estaba en su corazón".

Parece desagradable tener que decir esto, pero hubiera sido mejor que Ezequías hubiera muerto cuando su hora había llegado a causa de su enfermedad. Estos eventos tuvieron lugar después de que Dios hubiera prolongado su vida y fueron acciones realmente insensatas. Llegó a mostrarle sus tesoros a los mensajeros del rey de Babilonia, lo que le causaría graves problemas en el futuro; Ezequías engendró a un hijo, Manasés, que fue el más malvado de todos los reyes, que reveló su arrogancia con el mayor descaro en sus últimos años. Y así fue que el rey Ezequías se dejó dominar por el orgullo, como nos lo destacó 2 Crónicas 32:25. Todo esto no hubiera ocurrido si él hubiera muerto en el momento designado por Dios.

Continuemos ahora leyendo los versículos 32 y 33, que nos hablan sobre:

La muerte de Ezequías

"Los demás hechos de Ezequías y sus misericordias están escritos en la profecía del profeta Isaías hijo de Amoz, en el libro de los reyes de Judá y de Israel. Durmió Ezequías con sus padres y lo sepultaron en el lugar más prominente de los sepulcros de los hijos de David, y lo honró en su muerte todo Judá y toda Jerusalén. Reinó en su lugar su hijo Manasés".

Ahora comentaremos algo sobre lo que implica un movimiento de renovación y debemos tener en cuenta la soberanía de Dios también en este tema. En Juan 3:8, el Señor dijo: "El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo aquel que nace del Espíritu". Sólo Dios puede enviar una renovación a los creyentes, y Él es soberano en ello por medio de la obra del Espíritu Santo.

Recordemos lo que le ocurrió a Elías en el Monte Carmelo. Aun cuando los profetas de Baal se habían quedado afónicos de tanto gritar, lo habían hecho como fanáticos, sin embargo no pudieron hacer caer fuego sobre el sacrificio. Y luego, Elías arregló las rocas ordenadamente, también acomodó la leña allí y el sacrificio sobre la leña, y luego derramó agua sobre el holocausto. Y entonces él oró. Él era un hombre con las mismas pasiones y debilidades que nosotros. En otras palabras, él estaba diciendo aquí al Señor, "Señor todo lo que nosotros podemos hacer es poner estas piedras en orden, poner la leña y el sacrificio, pero Tú Señor eres el Único que tiene que enviar el fuego". Elías sabía que el fuego debía venir de Dios, y Dios le respondió en aquel momento.

Ahora, yo creo que en el día de hoy estamos viendo que surgen movimientos de renovación y hay un retorno a la Palabra de Dios. En muchos casos estos movimientos no surgen directamente de la estructura oficial de algunas iglesias. Pero lo que hay que destacar es que toda renovación debe estar centrada en la Palabra de Dios.

Pero también se requiere un examen personal, como un inventario de nuestra propia vida. Si usted quiere que Dios tenga actividad en su vida, permítanos indicarle estas cinco preguntas. Pregúntese: ¿Soy yo sincero? ¿Soy una persona que dice la verdad? ¿Soy una persona fiel, en quien se puede confiar? ¿Soy puro, en una época caracterizada en gran medida por la impureza, que se revela en el lenguaje y en lo que vemos? ¿Soy yo en realidad una persona dedicada, un hijo de Dios? Estimado oyente, lancémonos a la corriente y dejemos que el agua de vida fluya de nosotros para un mundo de personas sedientas que la necesitan. Salgamos a difundir, a proclamar la Palabra de Dios.

Llegamos ahora a

2 Crónicas 33

El tema general del capítulo es el reino del malvado Manases. Hemos estado observando el reinado de Ezequías y la renovación que tuvo lugar durante su reino. Como ya hemos dicho, él fue el mejor rey que tuvo la nación después de David; Ezequías fue el que más se pareció a David de todos ellos, y que fue el que más se destacó de todos los reyes. Como hemos visto, Ezequías estaba enfermo y como respuesta a su oración Dios prolongó su vida. Pero al mirar a la continuación de esta historia, uno se pregunta si lo ocurrido fue lo mejor. Como ya hemos visto, después que Dios añadió 15 años a la vida de Ezequías, él mostró imprudentemente la riqueza de su reino a los embajadores de Babilonia, lo cual, más tarde abriría las puertas para que Nabucodonosor entrara y se apoderara de la ciudad, porque él sabía donde estaba el oro guardado y lo tomara por la fuerza. Lo que Ezequías hizo en esa ocasión, pues, fue algo muy imprudente.

Luego vemos que ocurrió algo más. Usted notará que aquí en este versículo primero dice que Manasés tenía doce años cuando comenzó a reinar. De modo que Manasés había nacido durante ese período de 15 años que Dios había añadido a la vida de Ezequías. Ahora, Manasés fue el peor de todos los reyes. Se alejó tanto de Dios, que Dios tuvo que intervenir. Vamos a leer los versículos 1 y 2 de este capítulo 33:

"Doce años tenía Manasés cuando comenzó a reinar, y cincuenta y cinco años reinó en Jerusalén. Pero hizo lo malo ante los ojos del Señor, conforme a las abominaciones de las naciones que el Señor había echado de delante de los hijos de Israel".

Así que aquí tenemos algo bastante extraño, y es que ante nosotros se nos presenta al mejor rey que había tenido Israel, Ezequías, que había guiado a la nación a una renovación. Luego, llegó su hijo al trono y fue el más malo de todos los reyes. Lo mismo sucede en nuestro tiempo con hijos de padres cristianos, quienes debido a la mala influencia de algunas de sus amistades, orientan su vida en una dirección contraria a la formación cristiana que han recibido. Pero también hemos visto que muchos de estos jóvenes que en una primera etapa de su vida hicieron una profesión de fe en Cristo y después se alejaron de Dios, regresaron y se acercaron otra vez al Señor. El rey cuya historia estamos considerando, Manasés, es una ilustración de esta situación. La maldad de su reinado superó toda imaginación. Creemos que la presencia visible de Dios salió del templo. El profeta Ezequiel contempló una visión de la gloria de Dios elevándose y saliendo del lugar Santísimo a causa de los pecados y la rebelión del pueblo. Salió de aquel lugar hacia las murallas de Jerusalén y esperó allí. Pero el pueblo no se volvió a Dios. Entonces, la gloria de Dios se retiró al Monte de los Olivos y permaneció allí. Sin embargo, no se produjo en el pueblo ningún movimiento de retorno al Señor. Así que la presencia visible de la gloria de Dios, se trasladó al cielo. Por ello, la palabra "Icabod", que significa, "la gloria ha partido" fue escrita sobre las puertas del templo.

Sabemos que muchos expositores Bíblicos creen que la gloria salió del templo durante el período de la cautividad de los judíos. Nosotros creemos que si la gloria no salió de allí durante el reinado de Manasés, no vemos otro período de la historia de Israel más oportuno para que la demostración visible de la gloria de Dios abandonara el templo.

Observemos también el tiempo que duró este reinado: 55 años en Jerusalén. Reinó más tiempo que David, que Salomón, y que su propio padre. ¿Por qué? Porque Dios fue misericordioso y paciente. Dios no quiere que nadie perezca. Después de todo, Él tiene todo el tiempo en Sus manos. Está rodeado de eternidad. Y Dios le dio al rey Manasés, grandes oportunidades de volver a Él. Más adelante veremos que este rey, al llegar al límite de su angustia, volvió a Dios.

De la misma manera hoy, estimado oyente, Dios provee ocasiones y facilita las situaciones para que el ser humano, que está alejado de Dios, pueda acercarse a Él por medio del único camino que llega hasta el mismo Dios, y que es Jesucristo. Y entonces, al creer en Él, los pecados de la persona que adopta ese paso de fe, son perdonados. Esperamos que usted, amigo que nos escucha, pueda experimentar la paz indescriptible que llena la vida en esta tierra, cuando uno sabe que ha sido aceptado por Dios para estar con Él por toda la eternidad.

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