Estudio bíblico de 1 Corintios 7:23-40

1 Corintios 7:23-40

Continuamos hoy viajando por la Primera carta de San Pablo a los Corintios. Y nos encontramos en el capítulo 7. Y en nuestro programa anterior, vimos que el apóstol Pablo recomendó que, al convertirse a Cristo, cada uno debería permanecer en el estado en que se encontraba. Y vimos que esto podía aplicarse a cualquier relación humana. Pablo amplió la aplicación de este principio a otras relaciones de la vida. Ya hemos visto que la circuncisión era un mandamiento del Antiguo Testamento. ¿Cuáles eran las situaciones que podían presentarse? Por ejemplo, si alguien que estaba circuncidado, es decir un israelita, se convertía a Cristo, no debía tratar de comportarse como un no judío. Y si el convertido a Cristo era un no judío, no debía tratar de convertirse en un israelita. La circuncisión o el estado de no circuncidado ya no eran importantes. El asunto importante había pasado a ser la obediencia a Cristo. Porque tanto el israelita como el no judío eran uno, unidos a Cristo. Lo importante era que cada uno debía permanecer en el estado en que se encontraba en el momento de aceptar a Cristo.

Ahora, en esa época había personas esclavas y libres. Si alguien era el siervo de un hombre, no debía tratar de salir de esa situación, intentando liberarse, pensado que eso era lo que Dios quería que hiciese. Por ello, al convertirse, no debía preocuparse de su posición social. Su llamamiento cristiano consistía en servir a Dios donde se encontrara. Claro que esta norma no excluía que, si podía ganar su libertad legítimamente, así lo hiciese. Pero la relación con el Señor lo alteraba todo desde un punto de vista espiritual. Cuando un esclavo se convertía en un cristiano, era libertado de la esclavitud del pecado y de la muerte. Y cuando alguien que no era esclavo, se hacía cristiano, se transformaba en esclavo de Cristo, es decir que como creyente le debía a Él, que se había convertido en su Señor, completa lealtad y servicio.

Y ahora, leemos en el versículo 23 de este capítulo 7 de la Primera carta del apóstol Pablo a los Corintios:

"Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres".

Ahora que usted ha sido redimido por la sangre de Cristo, no se convierta en esclavo de alguna otra persona. El apóstol dijo aquí que habiendo sido comprados por Dios a un gran precio, los creyentes no debieran permitir que otras personas los esclavicen. Las influencias que eviten que un creyente pueda disfrutar de la libertad cristiana, pueden provenir de una relación profesional, de amistades, actividades absorbentes, y todo otro factor que cree tal dependencia que, pudiendo compararse a una forma de esclavitud, distancie a un creyente de su Señor y le impida disfrutar de la libertad que Cristo ofrece a los que se someten a Él. Y llegamos ahora, al versículo 24, donde leemos:

"Cada uno, hermanos, en el estado en que fue llamado, así permanezca para con Dios".

Aquí se reitera lo ya dicho en el versículo 20. Ésta es una consideración muy importante. Cuando una persona se convierte, indiferentemente de la actividad que esté llevando a cabo, de su ocupación profesional y del lugar en que se encuentre u ocupe en la sociedad, deberá quedarse en esa posición, siempre y cuando sea libre para vivir plenamente su relación con Dios. Dios debe ocupar el primer lugar en la vida del creyente, y esto se expresa directamente en la frase final de este versículo, cuando Pablo dijo: "así permanezca con Dios". Ahora, si su situación o circunstancias no permiten que Dios ocupe el primer lugar en su vida, entonces sí, deberá cambiar la situación. Y ése será un paso de fe. Y Dios, que honra la fe, le proporcionará un lugar mejor, junto con todo lo necesario para vivir y agradarle.

Ahora llegamos a un párrafo que se refiere a

El matrimonio de las hijas en edad de casarse

La discusión del resto de este capítulo constituye una respuesta a la segunda pregunta que los Corintios le habían formulado a Pablo, y estaba relacionada con la primera pregunta. Recordemos que todo esto deber ser interpretado a la luz de las circunstancias locales de Corinto en los días de Pablo, y después puede ser aplicado a los días en que vivimos, según nuestras propias circunstancias. Corinto era un lugar muy corrupto, y especialmente los hombres, se corrompían en esa ciudad. En cualquier ocasión en que la mujer llega a corromperse, el hombre descenderá a un bajo nivel moral. Eso siempre ha sucedido así. Y así es que surgió esta pregunta entre los creyentes en Corinto, entre los padres que tenían hijas adultas, en edad para contraer matrimonio. ¿Qué debían hacer en relación con sus hijas? Antes de haberse convertido, ellos conocían a los hombres que en estado de ebriedad subían al templo de Afrodita para tener encuentros con las prostitutas que allí se encontraban. ¿Qué debían hacer las jóvenes cristianas solteras? En el versículo 25 Pablo contestó esta pregunta. Y comenzó diciendo:

"En cuanto a las solteras no tengo mandamiento del Señor, pero doy mi parecer como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser digno de confianza".

Ahora, en algunas traducciones se ha dicho "hijas vírgenes" para distinguirlas de las otras que mencionamos anteriormente. Y creemos que eso clarifica mucho esto porque en realidad es lo que él estaba diciendo aquí. Esto nos revela que Pablo conocía los mandamientos del Señor Jesucristo, y lo que Él había enseñado. Sin embargo aquí Pablo dijo específicamente que en cuanto a estas jóvenes vírgenes, no tenía mandamiento del Señor. Pero iba a dar su opinión como un juez digno de confianza por haber obtenido la gracia y misericordia de Dios, y quería ser fiel a Dios. Por el testimonio del Espíritu el estaba seguro de que su opinión era acorde con el pensamiento de Dios. Aunque era consciente de sus debilidades humanas, Pablo afirmó que por la misericordia del Señor él podía hablar con autoridad. Ésa era la base que él tenía para decir que nosotros debemos dejar que los creyentes juzguen nuestros asuntos, porque ellos conocen la misericordia de Dios, ellos la han obtenido. En otras palabras, Pablo poseía las cualificaciones que un juez debía tener, tal como les había dicho en el capítulo 6. Y después les dijo en los versículos 26 y 27 de este capítulo 7 de la Primera Epístola a los Corintios:

"Tengo, pues, esto por bueno a causa de las dificultades del tiempo presente: que hará bien el hombre en quedarse como está. ¿Estás unido a mujer? No trates de separarte. ¿Estás libre de mujer? No trates de casarte".

Ahora, esta necesidad que apremiaba era la terrible situación que reinaba en Corinto y que Pablo sabía que no iba durar. Alguien quizás pregunte: ¿Cree usted que esta excesiva inmoralidad, que este desacato a las leyes continuará? No puede continuar, estimado oyente, porque si continuase, acabaría con nuestros hogares y destruiría totalmente nuestros pueblos. Y entonces sí que todo llegaría a su fin.

¿Y qué dijo después? Que en el contexto de la difícil situación de aquellos días, teniendo en cuenta que habían conocido a Cristo en un período tan difícil, si un hombre estaba unido a una mujer, debía quedarse con ella. Si ella no era salva, tendría que quedar a su lado el mayor tiempo posible. Al que no estuviera casado, entonces, a causa de la aflicción ocasionada por la tremenda inmoralidad de aquel lugar, le sería mejor no casarse. Y Pablo aclaró que aquella era su opinión. Y continuó diciendo en el versículo 28:

"Ahora bien, si te casas, no pecas; y si la joven se casa, no peca; pero los que se casan tendrán problemas en esta vida, y yo os los quisiera evitar".

Por supuesto, no era un pecado casarse. Pero lo que quería decir era que el mar del matrimonio era un mar encrespado, aun en las circunstancias más favorables. Y el estaba tratando de librarles de muchas dificultades. El quedarse soltero evitaba muchas aflicciones terrenales; esto podía ser también una referencia a los cuidados y problemas que, inevitablemente, están involucrados en la vida familiar. En nuestros días estamos presenciando el naufragio de un creciente número de matrimonios, incluso entre los creyentes, cada vez se presentan más casos. Esto revela que nosotros también nos encontramos en una necesidad que apremia, porque los métodos o consejos humanos pueden ayudar a suavizar por un tiempo algunos de los problemas de la convivencia, pero resultan insuficientes a la hora de sanar las heridas emocionales y provocar una actitud de perdón. Sólo la acción conjunta de la Palabra y el Espíritu puede transformar la situación, siempre y cuando los miembros de la pareja deseen sinceramente que Dios actúe para restaurar la unidad familiar perdida.

Después, Pablo pasó a tratar otros asuntos con sus lectores, todos ellos a la luz de los problemas de la época, la brevedad del tiempo, la urgencia y la proximidad de los acontecimientos. Entonces procedió a mencionar cinco cosas necesarias, todas inevitables, y que constituye la experiencia común de los seres humanos en este mundo. Y las mencionemos a continuación: el matrimonio, el dolor, la alegría, el comercio y el mundo en general.

El matrimonio fue el primer tema que trató. Pablo dijo que estaba bien que se casaran, pero debían recordar que iban a tener problemas. Y eso es algo que uno trata de mencionar siempre que tiene oportunidad de aconsejar a los jóvenes. La fase romántica del matrimonio pasará. Y cuando se deba hacer frente a ciertos gastos necesarios, y no haya suficiente dinero en la cuenta, entonces el aspecto romántico comenzará a esfumarse. Notemos ahora, lo que dijo el apóstol aquí en el versículo 29, de este capítulo 7, de la Primera carta a los Corintios:

"Pero esto digo, hermanos: que el tiempo ha sido acortado. De modo que de ahora en adelante los que tienen esposa sean como si no la tuvieran"

En otras palabras, Pablo decía que a pesar de la presión de aquellos momentos, debían colocar a Dios en primer lugar. Aparte de la angustia a causa de la situación local que, evidentemente, presionaba a los corintios, algunos expositores ven en la frase "el tiempo se ha acortado" una referencia a la inminencia del retorno del Señor. Es decir que, si estaban casados, ¿podían actuar como si no estuvieran casados y darle la prioridad a Dios? Luego él continuó hablando de otros asuntos. Leamos el versículo 30:

"Los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran"

Por lo tanto, desde aquel momento en adelante, ellos no deberían preocuparse más por todo lo que normalmente absorbía su atención, ya fueran sus relaciones terrenales con sus esposas, o las experiencias cotidianas como llorar, alegrarse y comprar. Este versículo nos enfrenta con algunas preguntas muy personales. ¿Va usted a permitir que alguna aflicción, alguna tragedia en su vida, le impida servir a Dios? ¿Va usted a permitir que el placer ocupe el lugar de su relación con Dios, como es el caso de muchos? ¿Permitiría usted que sus negocios ocuparan el lugar de Dios? Muchos han convertido a sus actividades comerciales en su dios. Y continuó luego el apóstol Pablo diciendo en el versículo 31:

"y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutaran, porque la apariencia de este mundo es pasajera".

Usted y yo, amigo oyente, estamos en el mundo, pero no pertenecemos al sistema que opera en este mundo. Pero esto no quiere decir que nosotros vamos a andar por el mundo con una actitud de no tocar, no probar, y de no asumir responsabilidades. Debemos disfrutar de todo lo hermoso que Dios ha creado en esta tierra. Cuando uno viaja puede contemplar en algunos lugares hermosos bosques con gigantescos árboles, ríos caudalosos, lagos y la inmensidad del mar. Éstas son experiencias que reaniman nuestros corazones. Uno puede admirar estas maravillas de la naturaleza, pero sin olvidarnos del que las creó, y a quien únicamente debemos atribuir todo el honor y la gloria de la creación. Y es bueno recordar esto en una época en que la gente tiende cada vez más a ensalzar el orden creado y a la sabiduría humana, y a rechazar al Creador. Dijo el apóstol; "porque la apariencia de este mundo es pasajera". O sea, que este mundo es transitorio, se ha de terminar. La frase como si no lo disfrutaran (refiriéndose al mundo) podría expresarse mejor, como lo traduce otra versión, "como si no lo aprovecharan plenamente", es decir, no disfrutándolo al máximo, es decir, no siendo absorbidos por sus cosas. Estimado oyente, ¿quién controla su vida, las cosas de esta vida, o Cristo? Estas son las opciones que planteó Pablo en este párrafo

Después, el apóstol volvió a tratar el asunto del matrimonio. Leamos el versículo 32:

"Quisiera, pues, que estuvierais libres de preocupación. El soltero se preocupa por las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor"

Aquí Pablo presentó algunas observaciones prácticas. El soltero no tiene por qué preocuparse de tareas como la provisión de alimentos para una familia, o del cuidado de los niños. Él, o ella, pueden dedicar más tiempo a los asuntos del reino de Dios. De esa manera, su ocupación será agradable para ellos y para el Señor. Leamos ahora el versículo 33:

"pero el casado se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer".

Y eso es algo normal, natural. Pablo no estaba diciendo que estuviera mal. Sólo que sus intereses estaban divididos. Es decir, que como buen esposo deseaba agradar a su esposa, y como buen cristiano, quería agradar a su Señor. Y en el próximo versículo veremos que la mujer confronta una situación similar, Continuemos leyendo los versículos 34 y 35:

"Hay asimismo diferencia entre la casada y la que no se casó. La que no se casó se preocupa por las cosas del Señor, para ser santa tanto en cuerpo como en espíritu; pero la casada se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. Esto lo digo para vuestro provecho; no para poneros una restricción, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al Señor".

O sea, que si la mujer era soltera, podía servir al Señor de todo corazón y sin las distracciones de una familia, aun cuando en sí mismas, fueran legítimas. Podía dedicarse a la santidad personal o a la consagración plena. Como dice el escritor, tanto en cuerpo como en espíritu. Pablo estaba dejando bien en claro que lo más importante era colocar a Dios en primer lugar. Ése debía ser el factor determinante para cada uno de los miembros de la relación matrimonial, indiferentemente de quienes sean, y del nivel espiritual que tengan. Si cada uno de los cónyuges no le da la prioridad a Dios en el matrimonio, entonces, ése no es un matrimonio cristiano ideal.

Leamos ahora los versículos 36 al 38, de este capítulo 7 de 1 Crónicas.

"Pero si alguno piensa que es impropio que a su hija virgen se le pase la edad, y que es necesario casarla, haga lo que quiera, no peca: que se case. Pero el que está firme en su corazón, sin tener compromiso que lo obligue, sino que, dueño de su propia voluntad, ha resuelto en su corazón guardar virgen a su hija, bien hace. De manera que el que la da en casamiento hace bien, pero el que no la da en casamiento hace mejor".

Alguna versión presupone que los versículos 36 al 38 se refieren a parejas comprometidas. Esto reflejaría una situación más reciente y accidental. En los días de Pablo los matrimonios eran arreglados por los padres. El versículo 36 podría significar "Si algún padre decide que no está cumpliendo con su deber para con su hija soltera". Era una desgracia para una doncella no tener sus cantos nupciales (Salmo 78:63). Y los peligros de Corinto pesarían sobre un padre cristiano. La frase "se le pase la edad" se refería a la edad usual para casarse. Una versión la aplica a la supuesta novia, y traduce "si es mucha su pasión". Ahora la frase "y que es necesario casarla" puede referirse a la ausencia del don de continencia, o a la existencia de un contrato de matrimonio. En tal caso, el padre debía "hacer lo que quisiese", es decir, actuar sobre la convicción de la hija debía casarse. El versículo 37 alude a un padre que "está firme en su corazón", convencido de que no había necesidad que su hija se casara, pero "sin tener compromiso que lo obligue" porque es "dueño de su propia voluntad ha resuelto guardar virgen a su hija".como prometida. Ésta fue pues una decisión que Pablo recomendó. Y en el versículo 38, Pablo juzgó que aquel casaba a su hija hacía bien, pero aquel que se abstenía de hacerlo, teniendo en cuenta la situación de aquel tiempo, hacía mejor.

Ahora, veamos lo que dice en el versículo 39, de este capítulo 7 de su Primera Epístola a los Corintios:

"La mujer casada está ligada a su marido por la ley mientras él vive; pero si su marido muere, queda libre para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor".

Es decir, que ha de casarse con otro creyente, por supuesto. Y el apóstol añadió lo siguiente en el versículo 40:

"Pero, a mi juicio, más dichosa será si se queda como está; y pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios".

Pablo aclaró que ésta era su opinión, su consejo. Para él lo que tenía una importancia fundamental era comprometerse en el servicio de Dios, colocándole en el lugar prioritario de la vida. Si una persona estaba casada, aun en el estado del matrimonio, Dios tendría que ocupar el primer lugar en su vida. Lamentablemente, hay muchos matrimonios cristianos en los que Dios no ocupa el primer lugar, el que le corresponde, en ese hogar.

En el proceso de tomar decisiones en cuanto al estado del matrimonio, la consideración más importante a tener en cuenta, no es lo que opinarán los amigos creyentes, o como los círculos sociales más próximos le considerarán a usted. La pregunta crucial que usted tendría que formularse a sí mismo será la siguiente: ¿De qué manera puedo yo hacer que Dios ocupe el primer lugar en mi vida? Y con esta pregunta, estimado oyente le dejamos frente a Dios. Si usted aún no ha establecido una relación con Él por medio del Señor Jesucristo, éste es el momento de dar ese paso de fe para recibir la vida eterna, y para comenzar a vivir una vida en la cual Dios ocupe el primer lugar, una vida que se prolongará en la eternidad.

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