Estudio bíblico de 1 Corintios 15:1-8

1 Corintios 15:1-8

Continuamos hoy nuestro estudio en esta Primera Epístola del apóstol San Pablo a los Corintios. Y llegamos a un capítulo que bien puede clasificarse como uno de los más importantes y cruciales de toda la Biblia. Si usted se pusiera a elegir diez de los capítulos más destacados de la Biblia, como se ha venido haciendo desde el comienzo de la era cristiana, usted verá que el capítulo 15 de la Primera Epístola a los Corintios, aparece prácticamente en todas las listas de preferencias. Así es de importante. Y lo es porque constituyó una respuesta a la primera herejía que se presentó en la Iglesia y que fue el negar la resurrección corporal del Señor Jesucristo.

En este capítulo el apóstol Pablo llegó al tercero de los grandes temas espirituales de su carta. Usted recordará que en la primera parte él habló de las cuestiones carnales o referentes a la naturaleza física, y trató esos asuntos que a los Corintios les parecían tan importantes, y que son importantes también para nosotros en el día de hoy. Después, Pablo pasó a hablar de los temas espirituales. En esa sección pudimos apreciar lo importante que es saber que cada creyente tiene un don del Espíritu Santo. No podemos encontrar una experiencia más emocionante que saber que Dios nos ha dado a usted y a mí un don para ser útil ejercitándolo en este mundo, y que estamos asociados a Jesucristo en la magna tarea de hacerlo conocer a esta generación.

Luego Pablo escribió su gran capítulo del amor. Todos los dones deben ser ejercitados en amor, y el amor es un fruto del Espíritu Santo. Y es algo que no podemos desarrollar. Nos ha sido dado. Por encima de todo lo demás, necesitamos ver el amor, este fruto del Espíritu, en la vida de un creyente.

Ahora, llegamos al tercero de esos grandes temas espirituales y es el de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo y nuestra propia resurrección. La gloria de la fe cristiana es que nunca piensa que la vida termina con la muerte, o que la vida lo es todo. Siempre mira más allá del amanecer y del ocaso hacia la eternidad. Y qué esperanza la que presenta. Yo espero, estimado oyente, vivir una eternidad. Yo no tengo ninguna prisa en llegar allí, de eso puede estar seguro. Quiero estar aquí en esta vida lo más que pueda, porque creo que aquí es donde uno puede servir, ser de utilidad y creo que también éste es un lugar de preparación, y que la recompensa que recibiremos está determinada por lo que estamos haciendo aquí en esta tierra. Por lo tanto, quiero acumular algunas buenas obras en este lado de la vida. Por ese motivo prefiero permanecer aquí todo el tiempo que Dios me permita vivir.

Estimado oyente, nuestro deseo es que podamos tener esa tremenda visión que debería tener todo creyente de la resurrección del Señor Jesucristo. Hemos perdido de vista la ascensión y tenemos nuestra mente ocupada con cosas sin verdadera importancia, y eso por supuesto, agrega una tragedia tras otra a las vidas de los que profesan ser creyentes.

Este capítulo 15, de la Primera Epístola a los Corintios como ya hemos dicho, trata el tema del evangelio, y muestra que lo más importante del evangelio es la resurrección de Cristo. Sin ese hecho fundamental, todo lo demás, incluso la misma muerte de Cristo, no tiene sentido. En el capítulo 4 de la epístola a los Romanos, versículo 25 se nos dice que Jesús fue entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitado para declararnos justos. En su muerte, Él quitó nuestro pecados, pero en Su resurrección, Él nos dio una entrada segura y amplia en el cielo. Podemos sentirnos firmes en Su justicia.

Lo mejor que podemos hacer al comenzar este capítulo es definir y delinear claramente el significado de la resurrección. La resurrección no es espiritual, sino física. La palabra utilizada aquí es "anastasis nekron". Quiere decir levantar un cuerpo, un cadáver. Quiere decir que estos cuerpos nuestros serán levantados. La resurrección en las Escrituras siempre se refiere al cuerpo. "Anastasis" quiere decir levantarse; "histemi", poner en pie; "ana", significa levantar a un cuerpo, ponerlo en pie y no puede referirse a una resurrección espiritual.

C. S. Lewis, ese extraordinario hombre de letras de la Universidad de Oxford, puso en ridículo a los escépticos que en su día decían que la resurrección era espiritual, y les preguntaba: "¿En qué posición se pone un espíritu cuando se levanta?" Está claro que las Sagradas Escrituras enseñan que la resurrección es corporal.

En la época del apóstol Pablo, en Corinto y en el mundo romano en general, había en realidad tres filosofías sobre la muerte, y sobre la vida después de la muerte. Estaba el estoicismo. El estoicismo enseñaba que el alma se unía a la deidad al morir. Por lo tanto, tenía lugar una destrucción de la personalidad. Semejante concepto, convertía a la resurrección en una nulidad, en algo sin ningún valor. Después estaba la filosofía epicúrea, que era materialista. Enseñaba que no había existencia después de la muerte. La muerte era el final de la existencia. Y la tercera corriente filosófica era el platonismo, que enseñaba la inmortalidad del alma, y creía en un proceso parecido a una transmigración, es decir, que era como pasar de un cuerpo a otro. Uno puede encontrar esa clase de creencia en la India y en los cultos de América. Niega la resurrección del cuerpo. A causa de estas ideas filosóficas, cuando Pablo mencionó en Atenas el tema de la resurrección, ellos pensaban que él estaba hablando de un nuevo dios.

Tenemos que comprender muy bien que Pablo no estaba hablando aquí de una resurrección espiritual. El alma, estimado oyente, no muere. En el mismo momento en que el cuerpo de una persona muere, esa persona va a otro lugar. Si es un hijo de Dios, estar ausente del cuerpo implica estar presente con el Señor (como podemos ver en 2 Corintios 5:6-8). Si el individuo que muere no es un hijo de Dios, entonces va a un lugar de tormento. El Señor Jesucristo lo describió de esa manera, no nosotros.

Las divisiones naturales de este capítulo 15 de 1 Corintios, son las siguientes:

1. La prominencia de la resurrección en el evangelio (vv. 1 al 4)

2. Las pruebas de la resurrección. (vv. 5 al 19)

3. La proclamación de la resurrección (vv. 20 al 28)

4. El programa y modelo de la resurrección (vv. 29 al 50)

5. El poder de la resurrección (vv. 51 al 58)

En primer lugar, veamos el párrafo que destaca

La prominencia de la resurrección en el evangelio

Pablo declaró que la resurrección formaba parte del evangelio; de hecho, no había evangelio sin la resurrección. El Dr. Machen dijo que la cristiandad no se apoyaba en un conjunto de ideas o de credos, sino en hechos. El evangelio no es el Sermón del Monte, tampoco lo son los Diez Mandamientos. El evangelio es una serie de hechos relacionados con una persona, y esa persona es Jesucristo. Escuchemos ahora lo que Pablo dijo en los versículos 1 al 4 de este capítulo 15 de su Primera Epístola a los Corintios:

"Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes; por el cual también sois salvos, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, a no ser que hayáis creído en vano. Primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras"

Ahora, algunas veces surgió la pregunta de si el evangelio se había originado con Pablo. El dijo: "os he enseñado lo que asimismo recibí". ¿De quién lo recibió, y dónde? Pues, lo recibió allá en el desierto de Arabia, porque allí fue donde el Señor lo llevó y le enseñó. Cuando Pablo fue confrontado por el Señor en el camino de Damasco, no sabía que Jesús había regresado de los muertos, ya que, como vemos en los Hechos 9:5, le preguntó: "¿Quién eres, Señor?" Pablo no pensaba que "el Señor" fuera Jesús. Pablo tuvo que convencerse del hecho de la resurrección de Jesucristo. Él no elaboró esa idea ni se la inventó. Sino que la recibió como una revelación.

De modo que Pablo dijo que él les había predicado el evangelio. Ahora, ¿cuál era el evangelio? Pues era la siguiente declaración: "Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras". Éste es el Evangelio. Éstos son los hechos. Estimado oyente, no hay ningún evangelio aparte de esos tres hechos: Cristo murió, fue sepultado y resucitó. Éste es el Evangelio, y es una buena noticia.

El Evangelio no nos habla de algo que nosotros debamos hacer, de algo en lo cual debamos ocuparnos en llevar a cabo, con nuestro propio esfuerzo y actividad, de algo que podamos intentar conseguir en el futuro. El Evangelio nos informa de lo que Jesucristo ya ha hecho por nosotros, expresado en su muerte, sepultura y resurrección.

Se nos dice que Jesús murió. Su muerte fue un hecho histórico. Pocos se atreverían a negarlo. Y hay que añadir que fue sepultado. ¿Por qué es importante este detalle? Porque prueba que Él no desapareció simplemente. Nicodemo y José de Arimatea, y los otros que le vieron crucificado, le conocían bien y sabían que se trataba de su cuerpo y le sepultaron. El hacer constar su sepultura fue importante, porque confirmó Su muerte.

Ahora bien, Jesús resucitó al tercer día de acuerdo con las Escrituras. La resurrección es, pues, una parte del evangelio. La tumba estaba vacía. Ésta fue la prueba. Entonces el Evangelio consiste en estros tres hechos: Jesús murió, fue sepultado y resucitó. Ésta fue la primera prueba.

Hubo otra prueba de la resurrección y ésa fue la experiencia de los Corintios, que vemos en los versículos 1 y 2 que ya hemos leído: "1Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes; 2por el cual también sois salvos, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, a no ser que hayáis creído en vano". O sea que la misma existencia de la iglesia era una prueba de la resurrección de Jesús.

Había en Jerusalén y en sus alrededores, once hombres desanimados, los discípulos de Jesús. Estaban dispuestos a volver a practicar su antiguo oficio de la pesca. Ya habían pasado por bastantes problemas. Si Jesús estaba muerto, no querían que su cuerpo estuviera fuera de la tumba. Querían que permaneciera allí. Ellos no iban a violar el sello romano que había sido estampado sobre la tumba, no se enfrentarían con la guardia romana para robar un cuerpo, lo cual les traería más problemas. Pero entonces, ¿qué sucedió? ¡Llegó la noticia de que Jesucristo había resucitado de los muertos! Ese acontecimiento transformó las vidas de aquellos hombres y culminó en la formación de la iglesia. Por veinte siglos millones de personas han estado proclamando que Cristo vive. Realmente, no se puede explicar la iglesia aparte del hecho de la resurrección. Yo he sido salvo por la muerte y resurrección de Jesús. Sin Su resurrección, no tendría ni el Evangelio, ni un Cristo vivo, ni un Salvador. Entonces, la existencia del cuerpo de creyentes, que llamamos la iglesia, es la segunda gran prueba de la resurrección.

Pero hay otra prueba más. Observemos que el texto que leímos dice que Jesús murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, que fue sepultado y resucitó al tercer día conforme a las Escrituras. Ahora, ¿qué Escrituras? Las Escrituras del Antiguo Testamento. Me hubiera gustado estar con el apóstol Pablo cuando llegó a Europa y se dirigió hacia Filipos, Tesalónica, después a Atenas, y luego a Corinto. Pienso que llevaría consigo un pergamino que contendría el texto del Antiguo Testamento. Me imagino que cuando fue a la sinagoga y mencionó la muerte del Señor Jesús los judíos le dijeron: "Pero esto no se encuentra en nuestras Escrituras Sagradas". Entonces, el apóstol les mostró el libro del Génesis, diciéndoles: "Me gustaría recordaros el ofrecimiento de Isaac y cómo Abraham, en cierto sentido, le recibió como si regresara de los muertos, porque estaba dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac. De la misma manera, Dios no perdonó a Su propio Hijo, sino que le entregó a la muerte por todos nosotros". Entonces, imagino que Pablo se habrá referido al sistema mosaico de los sacrificios, a las cinco ofrendas del libro de Levítico, y les habrá mostrado como ilustraban a la persona y obra de Cristo. Luego, también les habrá hablado del Gran Día de la Expiación y de los dos machos de cabra, que describían la muerte y resurrección de Cristo. También es posible que citase la vara de Aarón que retoñó y al libro de Jonás, cuya experiencia simbolizaba la resurrección. Después, les habrá mencionado los Salmos 22 y 16, así como también los capítulos 25 y 53 del profeta Isaías, que destacaron que Él fue traspasado por nuestras rebeliones y molido por nuestras maldades. Y que todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino, y el castigo por nuestra paz cayó sobre Él. Así, de esa manera, el apóstol Pablo les pudo demostrar desde las Escrituras del Antiguo Testamento que Jesucristo moriría y resucitaría de los muertos. La expectativa del Antiguo Testamento no se dirigía solamente hacia esta vida sino también hacia la vida futura, la vida eterna.

Hay personas que dicen que no creen en una religión para el más allá, sino en una religión para aquí y ahora. Aquí debo aclarar que mi fe y mis creencias abarcan ambas, para aquí y ahora, y para el más allá.

Continuamos con las

Pruebas de la resurrección

diremos que la cuarta prueba que tenemos es la proporcionada por una lista de testigos. Y uno no puede dejar de lado a los testigos. Cualquier abogado que tuviera que presentar un juicio, estaría muy contento de tener tantos testigos para apoyar su presentación como los que Pablo enumeró aquí como prueba de la resurrección. Leamos entonces el versículo 5 de este capítulo 15 de 1 Corintios:

"y que apareció a Cefas, y después a los doce".

El mencionó a Cefas primero que era, por supuesto, Simón Pedro, y a quién Jesús se le apareció en privado. Él se le apareció a Cefas en forma privada. Y usted podría preguntarse: ¿Qué sucedió? Y eso no nos incumbe a nosotros realmente. Los detalles del encuentro no han quedado registrados. Jesús apareció a Pedro, y recordemos que, después de todo, él había negado conocer a Jesús. Pedro tenía que restaurar su relación con el Señor. Y al ver los resultados de aquella entrevista, podemos decir que el Señor aún estaba ocupándose de la tarea de lavar los pies de sus discípulos.

Después, el Señor resucitado fue visto por "los doce". ¿Y quiénes eran los doce? Había aparecido a Pedro en privado y después apareció ante los 11 (porque Judas ya estaba muerto en aquel momento). La frase "los doce" era un término colectivo para referirse al grupo de los discípulos y por lo tanto no implica que estuvieran los 12 discípulos presentes. Sin embargo, si uno los reúne a todos y añade al apóstol Pablo, eran 12 hombres. Ahora, leamos el versículo 6:

"Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún y otros ya han muerto".

Quinientos de ellos vieron a Jesús en una misma ocasión. Creemos que esto pudo haber tenido lugar en Galilea, cerca del mar de Galilea. Recordemos que Él les dijo que se encontraría con ellos en Galilea. Creo que Sus verdaderos seguidores se dirigieron a Galilea para encontrarse con Él allí. Pensamos que cuando estas personas estaban viajando hacia ese lugar, los amigos o vecinos les preguntarían: "¿Adónde vais? Ahora que Jesús murió, ¿volveréis a trabajar en la pesca?" Entonces, seguramente habrán respondido: "No, Jesús ha resucitado de los muertos y vamos a reunirnos con Él". Imaginemos entonces, a este numeroso grupo de 500 creyentes, dirigiéndose con ilusión y entusiasmo al encuentro de Jesús. Y, finalmente por hoy, leamos los versículos 7 y 8, de este capítulo 15 de la Primera carta a los Corintios:

"Después apareció a Jacobo y después a todos los apóstoles. Por último, como a un abortivo, se me apareció a mí".

La aparición a Santiago fue probablemente una entrevista privada. Y después fue visto nuevamente por todos los apóstoles. Finalmente, el Señor resucitado fue visto por el apóstol Pablo. Y aquí también vemos que Pablo consideró haber nacido de forma anormal, porque no había pasado por el período de gestación de haber estado con Cristo durante Su ministerio terrenal. Tenemos que reconocer que si estuviéramos allí en aquellos días, nos resultaría muy difícil contradecir a hombres y mujeres que le habían visto y habían hablado con Cristo resucitado.

Y podemos comprender el tremendo impacto que debió significar para aquellos hombres y mujeres ver al Cristo resucitado frente a ellos, y escuchar sus palabras. A partir de aquellos días y a través de los siglos, hasta llegar a nuestro tiempo, un número casi incontable de personas de todos los pueblos y culturas ha tenido, por la fe, un encuentro personal con el Señor resucitado, que había muerto en la cruz por sus pecados. Le han recibido como su Salvador y han recibido de Él el perdón y la vida eterna. Ese encuentro les ha transformado para comenzar a vivir en esta tierra una nueva vida. Ha sido como nacer otra vez y, por la obra del Espíritu Santo en sus vidas, hoy disfrutan de la compañía y dirección de aquel Señor que les prometió estar con ellos todos los días hasta el final de los tiempos. De un estado de esclavitud del pecado, de la maldad, han pasado a disfrutar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Como dijo el mismo Pablo, "si alguno está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; han sido hechas nuevas". Estimado oyente, ¿no querría ser usted uno de ellos?

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