Estudio bíblico de 1 Corintios 16:1-24

1 Corintios 16:1-24

Llegamos hoy a nuestro último estudio en esta Primera Epístola a los Corintios, y vamos a analizar el capítulo final, el capítulo 16. El tema son las exhortaciones finales del apóstol Pablo. No es en realidad un capítulo muy largo. Nos pasamos tres días estudiando el capítulo 15, el capítulo anterior, y allí el tema estaba relacionado con la resurrección; en particular, con la resurrección del Señor Jesucristo.

Ahora, al llegar a este capítulo 16, veremos que su contenido es variado, abarcando asuntos diversos. En primer lugar, Pablo trató sobre una colecta para los creyentes pobres en Jerusalén, pero después pasó a considerar otros asuntos como, por ejemplo, las oportunidades y la oposición, sobre velar y orar, la conducta en la iglesia, la prueba decisiva de la doctrina, y sobre asuntos eclesiásticos. En este capítulo se tiene una perspectiva de la totalidad de la iglesia. Los versículos 3 y 4 tratan sobre la colecta; los versículos 5 al 9 tienen un carácter personal y en ellos Pablo habla de sus planes personales. En los versículos 10 al 24, se mencionan diferentes personalidades, es decir, creyentes que caminaron por las calles de la corrupta ciudad de Corinto, y que dedicaron sus vidas a Cristo. Ellos supieron conservarse sin mancha en medio de una sociedad abiertamente entregada a la inmoralidad, y permanecieron fieles al Señor. Leamos el primer versículo del capítulo 16, donde se comienza a hablar de

La colecta u ofrenda

"En cuanto a la ofrenda para los del pueblo santo, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia".

Así es como comenzó Pablo este capítulo; ¡hablando sobre una ofrenda o colecta! Uno podría haber pensado que después de que Pablo hablara de la resurrección, la doctrina más gloriosa de la fe cristiana, hubiera continuado en las alturas, por así decir, tratando esos hermosos temas espirituales. En cambio, repentinamente pasó a descender a uno de los temas más terrenales que existen, como era pensar en una colecta para los creyentes pobres de la ciudad de Jerusalén.

Algunos creyentes parecen adoptar la actitud supuestamente piadosa de evitar hablar de un asunto tan material como el dinero y prefieren ocuparse de temas que, supuestamente también, parecen más espirituales. Este tema del dinero, pues, les parece embarazoso. Sin embargo Pablo iba a establecer en este pasaje Bíblico un método para que los creyentes presentasen sus ofrendas.

Ahora, Pablo dijo que la colecta que se enviaría a los creyentes pobres de Jerusalén, debía ser recogida según las instrucciones que había dado en tal sentido a las iglesias de Galacia. Hay personas que preguntan cómo debe dar el creyente. Prestemos atención al método que Pablo recomendó para aquella ocasión, leyendo el versículo 2 del capítulo 16 de la Primera Epístola a los Corintios:

"Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas".

Aquí debemos destacar un detalle importante: "Cada primer día de la semana". Ahora, si usted no se iba a reunir el primer día de la semana a adorar a Dios, entonces usted debería ir ese día a presentar su ofrenda, que era parte de la adoración. Esto sería ridículo, por supuesto. Porque cuando Pablo habló de presentar la ofrenda en el primer día de la semana, vemos que ése era el día en el cual la iglesia se reunía regularmente para recordar al Señor Jesús en Su muerte y Resurrección. Él había resucitado en el primer día de la semana, es decir en un día domingo.

Ahora, Pablo dijo: "Cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado". Aquí no se dice nada sobre diezmos y ofrendas. Sino que uno tiene que separar una cantidad de dinero según lo que Dios le hubiera permitido ganar. Pablo no quería que su reunión con ellos sufriera la presión ni el apremio de estar recogiendo apresuradamente una colecta, desviando así la atención de la iglesia de otros asuntos como, por ejemplo las cuestiones internas de la congregación, o la evangelización.

Ahora, Pablo dijo aquí en los versículos 3 y 4, de este capítulo 16 de la Primera carta a los Corintios:

"Y cuando haya llegado, enviaré a quienes vosotros hayáis designado por carta para que lleven vuestro donativo a Jerusalén. Y si es conveniente que yo también vaya, irán conmigo".

Lo que Pablo estaba diciendo es que él quería que ellos eligieran un comité, un grupo de personas que llevaran la ofrenda a Jerusalén con él. Era una buena medida la de no tener a una persona sola que tuviera la responsabilidad total de administrar y controlar las ofrendas en la iglesia, porque si no, podrían presentarse situaciones de riesgo y desconfianza. ¿Era que entonces había dudas sobre la honestidad de una persona para controlar las finanzas? Bueno, podría haber sido ese el caso. Porque incluso si una persona es honesta, la situación es propicia para sentir alguna tentación. Por ello Pablo propuso una manera adecuada para llevar el control de una colecta. Y su método se parecía a prácticas comerciales normales muy prácticas y ordenadas.

Pablo habló aquí del donativo o la contribución de ellos. Es interesante analizar las palabras que se utilizan para diferentes palabras para los donativos de los cristianos. En algunos casos se usa la palabra "logia" que quiere decir "colecta". También está la palabra "karis", que es la palabra que se usa para "gracia" y que también se traduce como "liberalidad", que es una disposición de bienes a favor de alguien, sin ninguna prestación suya. En su carta a los Romanos, capítulo 15, versículo 26, Pablo la llamó una contribución, y la palabra usada allí fue "koinonía" que es una muestra de comunión. En su segunda carta a los Corintios, capítulo 9, versículo 5, la llamó "eulogía", que quiere decir "bendición". Y allí el texto usa la palabra generosidad. En el mismo capítulo 9, de esa Segunda carta a los Corintios, versículo 12, la llama "diakonía", que significa "administración", "ministerio" y allí se tradujo como servicio. Y el libro de los Hechos, capítulo 24, versículo 17, habló de "eleemosune", que es un acto de bondad y que fue traducido como limosnas. Todas estas palabras tienen que ver con el dar al Señor y uno puede usar cualquiera de estos términos.

La palabra interesante aquí es "liberalidad", que debe ser dar de gracia, que es dar sin recibir nada a cambio. Ahora, ¿cómo ha sido bendecido usted por Dios, estimado oyente? ¿Puede ser considerada la forma como usted da como una liberalidad? Creemos que en nuestra época, cuando Dios ha prosperado a una persona, ella no solamente debería dar una décima parte, o sea, el diezmo, sino mucho más. No queremos volver a ponerlo bajo la ley, pero si usted va a utilizar el método o la forma del Antiguo Testamento, entonces tendrá que notar que no era simplemente una décima parte. En el libro de Levítico, se dieron instrucciones para que el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento presentara sus ofrendas. Al principio, la nación de Israel era una teocracia, o sea una nación gobernada directamente por Dios. Así que los diezmos entregados por los israelitas sostenían económicamente al gobierno y al templo. En total contribuían con tres décimas partes, es decir que llegaban aproximadamente a un treinta por ciento de sus ingresos totales. Esto nos indica cuál era la contribución que los israelitas daban en el Antiguo Testamento en la época de la ley de Moisés. ¿Cuál diríamos entonces que sería una "liberalidad" adecuada para la época de la gracia, en la que vivimos nosotros?

Leamos ahora los versículos 5 y 6, que dan comienzo a un párrafo sobre

Comentarios personales

"Iré a visitaros cuando haya pasado por Macedonia, (pues por Macedonia tengo que pasar), y puede ser que me quede con vosotros, o aun pase el invierno, para que vosotros me encaminéis a donde haya de ir".

Nos llama la atención la frase a donde haya de ir, porque nos indica que Pablo no sabía hacia donde debía ir. ¿Quiere decir que el gran apóstol Pablo no tenía un plano o un mapa de carreteras provisto por el Señor detallándole los lugares por los que tenía que ir? Pues si. Pablo estaba dando a entender que el Señor le iba conduciendo y guiando paso a paso, en el momento oportuno y según Sus planes divinos. Pablo estaba en una hermosa posición de dependencia total, diríamos "gloriosamente indeciso". No estaba seguro de lo que iba a hacer. Lo cual nos recuerda que hay algunos creyentes que aparentan saber ya de antemano cuáles serán sus planas a medio y largo plazo. Y esta actitud de Pablo, a pesar de ser un siervo tan destacado de Dios, nos estimula, nos anima, porque nos permite sentirnos identificados con él. Porque muchas veces hemos pasado por la experiencia de sentir que no es siempre posible ver la voluntad del Señor para nuestra vida en el momento en que lo deseamos, y tomar decisiones importantes para el futuro. Leamos ahora el versículo 7:

"No quiero veros ahora de paso, pues espero estar con vosotros algún tiempo, si el Señor lo permite".

Aquí Pablo estaba diciendo que planeaba ir a Corinto, pero sólo si el Señor se lo permitía. ¿Quiere decir esto que no debemos hacer planes? Por supuesto que no. Es importante hacer planes, pero con una actitud de sensibilidad y sumisión a la voluntad de Dios. Debemos estar dispuestos a cambiarlos. Cuando Pablo salió, no tenía un programa rígido para sus viajes misioneros. Se fue dejando guiar por el Señor. En el libro de los Hechos vemos que el Señor prácticamente le cambió la ruta en su segundo viaje misionero. Recordemos que él estaba viajando en dirección a Asia, pero el Espíritu de Dios le envió a Europa. Él no sabía que iba a ir a Europa, ni había hecho previsiones para ese viaje. Pablo iba donde el Espíritu Santo le guiaba. Ahora, en el versículo 8, dijo el apóstol:

"Pero estaré en Éfeso hasta Pentecostés"

Ese era su plan, y la razón es la siguiente; leamos el versículo 9:

"porque se me ha abierto una puerta grande y eficaz, aunque muchos son los adversarios".

Ahora, este es un versículo maravilloso que colocamos junto con el que se mencionó en Apocalipsis, capítulo 3:8, dirigido a la iglesia de Filadelfia, donde el Señor dijo: "he puesto delante de ti una puerta abierta". Y Pablo dijo: "se me ha abierto una puerta grande y eficaz". He encontrado que estos dos versículos se han cumplido en el ministerio que el Señor me ha encomendado. También es cierto que hoy hay, como entonces, muchos adversarios. Cualquiera que en la actualidad quiera difundir la Palabra de Dios hallará enemigos y oposición. Ésa fue la experiencia de Pablo y también la mía. Sin embargo, el Señor abre una puerta, entonces, nadie puede cerrarla. Y le doy gracias a Dios por ello.

Así que vemos a Pablo, inmensamente feliz, alegrándose en el cumplimiento de la volunta de Dios. Si el Señor quería que fuese a Corinto, estaba dispuesto a ir.

El próximo párrafo, en los versículos 10 al 24, menciona a diversas

Personalidades

Éstas son las personas que mencionamos antes; aquellos que vivieron en aquella ciudad corrupta y caminaron por sus calles. Corinto, con sus variadas formas de sensualidad, estaba totalmente entregada a la inmoralidad. Sus habitantes sabían más del sexo ilícito que muchas generaciones de nuestra época. Sin embargo, estas personas, que conocieron al Señor Jesús y vivieron para Él, se mantuvieron puras en aquella sociedad. Leamos los versículos 10 y 11:

"Si llega Timoteo, procurad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace la obra del Señor lo mismo que yo. Por tanto, nadie lo tenga en poco, sino encaminadlo en paz para que venga a mí, porque lo espero con los hermanos".

¿Por qué podrían despreciarle? Bueno, Pablo le había dicho a Timoteo en el capítulo 4:12, de su primera carta, que no permitiese que le despreciaran por ser joven. Y aquí le estaba diciendo a la iglesia en Corinto que aceptara a Timoteo, aunque fuera joven. Porque era un predicador de la Palabra de Dios. Y continuemos leyendo el versículo 12:

"Acerca del hermano Apolos, mucho le rogué que fuera a vosotros con los hermanos, pero de ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora; pero irá cuando tenga oportunidad".

Recordemos que la iglesia en Corinto tenía divisiones producidas por las preferencias sobre Pablo, Apolos y Pedro. Pablo sentía mucho afecto por Apolos, y dejó bien en claro que ambos estaban juntos sirviendo al Señor. Y les aseguró que Apolos, iría a visitarles dentro de un tiempo. Y continúan diciendo los versículos 13 y 14:

"Manteneos alerta, permaneced firmes en la fe, sed valientes y fuertes. Todas vuestras cosas sean hechas con amor".

Ésa es una palabra de aliento magnífica para el día de hoy. Y continuamos con los versículos 15 y 16:

"Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas fueron los primeros convertidos de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los hermanos en la fe. Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan".

Aquí Pablo les rogó que se sometiesen a aquellos que habían ido a servirles. Y el versículo 17, dice:

"Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia"

Aparentemente estas personas, o sea Estéfanas, Fortunato y Acaico, formaron parte de la delegación que había llevado una carta de la iglesia de Corinto a Pablo, y Pablo les estaba diciendo a los de Corinto, que estos tres creyentes realmente habían sido tan especiales para él, que habían suplido lo que el resto de la iglesia no podía darle. Ahora, el versículo 18, nos dice:

"porque confortaron mi espíritu y el vuestro; reconoced, pues, a tales personas".

Como ellos le habían dado ánimos, lo mismo que a todos los demás, les pidió que reconociesen su labor cuando regresaran. Continuamos con el versículo 19:

"Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor".

Allí fue donde muchas de estas personas habían llegado a conocer a Cristo. Ahora, pasemos al versículo 20:

"Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con beso santo".

Fue principalmente una expresión simbólica de amor, perdón y la unidad que existía entre los cristianos. Como tal, estuvo asociado a la celebración de la Cena del Señor, como un preludio a la misma. Ahora el versículo 21, dice:

"Yo, Pablo, os escribo esta salutación de mi propia mano".

O sea que, él había dictado la carta y la firmó. Ahora, escuchemos lo que Pablo dijo en el versículo 22:

"El que no ame al Señor Jesucristo, quede bajo maldición. ¡El Señor viene!"

Recordemos que en Juan 21:17, el Señor le había preguntado a Pedro: "¿Me amas?" Él ni siquiera le preguntó si lo negaría otra vez, Él sólo le preguntó: "¿Me amas?" Y estimado oyente, ésa es la prueba decisiva en estos días. ¿Ama usted al Señor Jesucristo? La severa advertencia de este versículo fue probablemente dirigida a los falsos maestros. Pablo invocó la ira de Dios sobre ellos, apelando al regreso del Señor. Y luego, Pablo finalizó esta Primera carta a los Corintios, diciendo en los dos versículos finales, versículos 23 y 24, de este capítulo 16:

"La gracia del Señor Jesucristo esté con vosotros. Mi amor en Cristo Jesús esté con todos vosotros. Amén".

Y, estimado oyente, si usted ama al Señor Jesucristo, usted amará a los que creen en Él. La Epístola finaliza con una elevada nota de amor, por parte del apóstol.

Y así, estimado oyente, concluimos nuestro estudio de esta Primera epístola del apóstol San Pablo a los Corintios. Dios mediante, en nuestro próximo programa, volveremos al Antiguo Testamento y comenzaremos a estudiar el libro de Esdras. Será también un estudio muy interesante, de modo que le invitamos a que nos acompañe. Al despedirnos hoy, le recordamos las últimas palabras del apóstol, antes de sus saludos finales. Dijo Pablo: "¡El Señor viene!". Estimado oyente, ¿está usted preparado para encontrarse frente a Él? Si es así, para usted Su regreso será el acontecimiento más feliz. Pero si aún no ha establecido usted una relación con Dios aceptando por la fe la obra de Jesucristo al morir en la cruz en su lugar, y la victoria que logró al resucitar y que hoy está a su alcance, le rogamos que lo considere, pensando que estamos aún en el día de la gracia de Dios. Y así podrá apropiarse personalmente de esta frase de la despedida de Pablo: "La gracia del Señor Jesucristo esté con vosotros".

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