Estudio bíblico de Esdras 1:1-6

Esdras 1:1-6

Al comenzar nuestro estudio en el libro de Esdras sería bueno hacer algunas declaraciones preliminares para que nos ayuden a comprender mejor este libro.

Aspectos esenciales

Los pasajes clave de este libro son Esdras 9:4, que dice: "4Todos los que temían las palabras del Dios de Israel se reunieron en torno a mí". Y también 10:3, que dice: "y de los que temen el mandamiento de nuestro Dios". El Dr. James M. Gray hizo la siguiente observación: "Ya hemos visto que la cautividad en Babilonia no provocó en los judíos un arrepentimiento nacional ni logró llevar a cabo una restauración nacional. Como podemos apreciar leyendo el libro de Esdras, cuando Ciro, el rey de Persia, autorizó a los cautivos a que regresaran a Jerusalén y reedificaran el templo, apenas unos 50,000 se aprovecharon de ese privilegio, de los cuales, una gran parte eran sacerdotes y levitas de las clases más humildes y pobres".

El libro de Esdras es el último de los libros históricos, pero ellos no siguen cronológicamente uno después del otro. En nuestra última ocasión cuando estuvimos en el Antiguo Testamento finalizamos con el Segundo Libro de Crónicas. Y en aquella ocasión, vimos que el reino del sur de Judá había sido llevado a la cautividad por 70 años y no habíamos oído nada más de ellos desde que fueron a Babilonia en la cautividad, hasta que Esdras retomó el curso de la historia. En realidad tenemos 3 libros históricos que se llaman "libros del post-cautiverio", es decir, libros que fueron escritos después del cautiverio. Tres de ellos son históricos, Esdras, Nehemías y Ester. También hay otros tres que son libros proféticos del postcautiverio: Hageo, Zacarías y Malaquías. Esdras y Nehemías fueron dos líderes que deben ser considerados conjuntamente. Esdras fue un sacerdote; Nehemías un laico, y ambos trabajaron juntos en tal forma que la voluntad de Dios pudo cumplirse en Jerusalén. Ellos fueron instrumentos claves en supervisar que las murallas, la ciudad de Jerusalén y el templo fueran edificados.

Hageo y Zacarías también trabajaron juntos y animaron a la gente para que edificara el templo. Hageo fue un hombre práctico, lo cual vamos a poder apreciar cuando leamos su libro. La reconstrucción y restauración del templo fue su pasión suprema. No era romántico ni poético, sino un hombre práctico. Zacarías, por el contrario, era un soñador. Hageo tenía sus pies en la tierra; sin embargo Zacarías tenía su cabeza en las nubes. Bien, Zacarías por ejemplo, vio a dos mujeres que llevaban por el aire una cesta con una medida: esa sí que fue una visión poética. Hageo nunca podía haber visto algo así. Pero lo interesante es que Zacarías nunca hubiera podido implicarse en los asuntos como la medición del templo y el considerar que hacían falta puertas y cimientos en su base. Así que Hageo y Zacarías trabajaron juntos, así como fue el caso de Esdras y Nehemías. Dios dispuso las cosas de tal manera que el hombre práctico y el poeta actuasen juntos.

Los libros de Hageo y Zacarías debieran ser leídos y estudiados junto con el libro de Esdras, porque estos tres libros fueron escritos a la sombra de la reedificación del templo, y fueron preparados para animar al pueblo en las obra de reedificación. Dice Esdras 5:1, "1Profetizaron Hageo y Zacarías hijo de Iddo, ambos profetas, a los judíos que estaban en Judá y Jerusalén en el nombre del Dios de Israel, quien estaba con ellos".

En este libro de Esdras nosotros tenemos dos grandes divisiones. Tenemos el regreso de los cautivos de Babilonia bajo el liderazgo de Zorobabel en los primeros seis capítulos. Como ya se ha mencionado, fueron sólo unos 50.000 los que regresaron. Luego tenemos el regreso a Palestina de aquellos que regresaron de Babilonia bajo la dirección de Esdras; esto se menciona en los capítulos 7 al 10. Los que regresaron con él fueron unos 2.000.

El escritor

Usted puede notar que el libro de Esdras es un libro que trata sobre la Palabra de Dios. Esdras es uno de los personajes de las Escrituras que nunca ha recibido el reconocimiento que merece. Para comenzar, podemos decir que él era un descendiente de Hilcías, el sumo sacerdote. Eso lo podemos ver en el capítulo 7, de este libro de Esdras, versículo 1. Hilcías fue quien encontró una copia de la ley durante el reino de Josías (2 Crónicas 34:14), y por medio de ella traería una renovación en su época. Y en esta época que hoy comenzamos a estudiar, Esdras también traería un avivamiento.

Esdras fue un sacerdote pero él no podía cumplir con sus obligaciones. Es que durante la cautividad; no había templo, porque había sido destruido. Pero él dedicó su tiempo a estudiar la palabra de Dios. Y se nos dice en el capítulo 7 de este libro de Esdras, versículo 6, que él era un escriba, un maestro instruido en la ley de Moisés.

Él era un gran reformador, un renovador. La renovación comenzó con la lectura de la palabra de Dios por medio de Esdras. Eso lo veremos cuando leamos el capítulo 8 del libro de Nehemías. También, él, probablemente fue el escritor de los dos libros de Crónicas y del Salmo 119, que es el capítulo más largo de la Biblia y que se encuentra en su mismo centro, dedicado a ensalzar la Palabra de Dios.

Esdras organizó la sinagoga. Él fue el fundador de la orden de los escribas. Ayudó a establecer el canon de las Escrituras y el orden de los Salmos. Y debemos darle a Esdras el tributo que se merece, pues fue el primero que comenzó una renovación del estudio bíblico. ¿Y, no es este acaso el programa de Dios para una renovación espiritual?

Nosotros no hemos tenido una renovación en nuestros días. Dwight L. Moody dijo: "La próxima renovación tiene que ser una renovación del estudio de la Biblia". Aquellos que han tratado de avivar el entusiasmo por movimientos de renovación por medio de organizaciones, métodos, o a través de los más variados recursos, han fracasado. La renovación vendrá en la medida en que la gente experimente un retorno a la Palabra de Dios.

El tema

Hay muchas referencias a la Palabra de Dios en el libro de Esdras. En realidad, se pueden contar por lo menos 10 referencias directas a la Palabra de Dios. Y el lugar de la Escrituras se puede apreciar en toda la vida de personas de los círculos religiosos, sociales, comerciales y políticos.

En este libro de Esdras nosotros tenemos dos grandes divisiones. Tenemos el regreso de Babilonia bajo el liderato de Zorobabel en los primeros seis capítulos. Como ya se ha mencionado, fueron sólo unos 50.000 los que regresaron. Luego tenemos el regreso a Palestina de aquellos que regresaron de Babilonia bajo la dirección de Esdras, esto se menciona en los capítulos 7 al 10. Los que regresaron con él fueron unos 2.000.

Bosquejo

I. El retorno a Babilonia conducido por Zorobabel (cap. 1 al 6) (regresaron unos 50.000).

1. Restauración del templo por el decreto de Ciro (cap. 1)

2. Restauración bajo Zorobabel (cap. 2)

3. Reedificación del templo (cap. 3)

4. Retraso de la reedificación por la oposición, (cap. 4) (Decreto de Artajerjes)

5. Reanudación de la reedificación del templo (cap. 5 y 6) (Decreto de Darío)

II. El retorno de Babilonia conducido por Esdras (cap. 7 al 10) (regresaron unos 2.000)

1. Retorno bajo Esdras (cap. 7 y 8)

2. Reforma bajo Esdras (cap. 9 y 10)

Esdras 1 y 2

Tema: El decreto y el retorno de un remanente a Jerusalén.

Ahora, vamos a comenzar nuestra lectura Bíblica con el versículo 1 del capítulo 1, en el en que encontramos

El decreto de Ciro para la restauración del templo

"En el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor anunciada por boca de Jeremías, despertó el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito en todo su reino, este decreto"

Ahora, vemos que desde el principio Esdras puso énfasis en la Palabra de Dios. Se menciona aquí al rey Ciro, rey de Persia quien fue uno de los grandes líderes mundiales del mundo antiguo. Fue el sujeto de una profecía predictiva. Su nombre le fue puesto antes que naciera, casi 200 años antes de que fuera rey de Persia. Isaías 44:28, dice:

"Yo soy el que dice de Ciro: Es mi pastor y cumplirá todo lo que yo quiero, al decir a Jerusalén: Serás edificada, y al Templo: Serán puestos tus cimientos".

Y en el 45:1, Isaías continuó diciendo:

"Así dice el Señor a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir puertas delante de él, puertas que no se cerrarán"

Ciro fue una figura de Cristo. Daniel fue un primer ministro en la corte de Ciro y evidentemente le condujo a un conocimiento del Dios vivo y verdadero. Ciro sabía lo que estaba haciendo cuando promulgó ese decreto proclamando que la nación de Israel podía regresar a su tierra, se nos dijo que la voluntad del Señor se cumplió en ese acto real. Así que en este pasaje que hoy estudiamos, tenemos profecía cumplida.

Fue durante el reinado de Ciro que Daniel pronunció algunas de sus principales profecías, incluyendo la profecía de las 70 semanas, relacionada con Israel.

Por lo menos, una cuarta parte de la Biblia fue de tipo profético cuando fue dada; de esa sección, una gran parte ya ha sido cumplida. Este pasaje de Esdras 1:1, es uno de los que se han cumplido. Más de 300 profecías sobre la primera venida de Cristo se han cumplido literalmente. Algunos dicen que también hay más de 300 profecías sobre la segunda venida de Cristo, aunque nunca nos hemos detenido a contarlas.

El nacimiento de Cristo fue predicho en el Antiguo Testamento, y de él se especificaron 4 detalles:

(1) Nacería en Belén (Miqueas 5:2)

(2) Se llamaría Nazareno (Mateo 2:23)

(3) Sería llamado de Egipto (Oseas 11:1)

(4) Habría llantos y grandes lamentos en Ramá, pequeña ciudad cerca de Jerusalén (Jeremías 31:15)

El evangelista Mateo reunió todas estas piezas y nos dejó la historia de la Navidad. O sea que Mateo 2 es pura profecía cumplida.

Y Esdras 1:1 es también una profecía cumplida. Los 70 años de la cautividad había concluido, el decreto fue promulgado y los israelitas pudieron regresar a su tierra. Sin embargo, pocos de ellos lo hicieron. Leamos el versículo 2, de este primer capítulo del libro de Esdras:

"Así ha dicho Ciro, rey de Persia: el Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha mandado que le edifique una casa en Jerusalén, que está en Judá".

El decreto de Ciro fue muy importante. En primer lugar, Ciro dijo que el Señor había puesto en sus manos todos los reinos de la tierra. Él se está refiriendo, pues, a todos los reinos que existían en aquel día. Entre todos los reyes, él era el principal.

Ciro fue consciente de que Dios le había elevado a esa posición. Nos preguntamos cuántos gobernantes del mundo, en esta era supuestamente civilizada, reconocen que son servidores de Dios. Lo sepan o no, han sido colocados en esa posición por Dios.

Queremos ahora, estimado oyente, que usted se de cuenta de esta expresión un poco peculiar "el Señor, el Dios de los cielos". Ésta es una designación de Dios peculiar a Esdras, a Nehemías y a Daniel. Se menciona aquí en Esdras, también la leemos en Nehemías y en el libro de Daniel, pero no encontramos esta expresión antes de llegar a estos libros. Es que después de la caída de Jerusalén y su destrucción, Dios ya no apareció relacionado con el templo, como el que moraba entre los querubines. La gloria Shekinah, la presencia visible de Dios había partido. Y la palabra "Icabod" fue escrita en el escudo de armas de Israel.

Ezequiel vio la visión de la gloria de Dios elevándose y partiendo del templo en Jerusalén; se detuvo por un momento, como si estuviera esperando ver al pueblo de Dios volviéndose a Él y apartándose de la idolatría. Pero ellos no lo hicieron, y entonces se elevó sobre la ciudad, pasó sobre las murallas y se detuvo nuevamente. Pero el pueblo no se volvió hacia Dios. Entonces la gloria Shekinah se elevó a la cumbre del monte de los Olivos y allí volvió a esperar. Pero no hubo ningún retorno a Dios y luego entonces la gloria del Señor se elevo hacia al cielo y no se la volvió a ver.

Pero un día, siguiendo el relato de Juan 2, Jesús entró al templo. Alguien que había hecho un látigo de cuerdas y limpió ese lugar. La gloria Shekinah no fue entonces visible; estaba cubierta por un cuerpo humano, pero era Dios. Él había dejado Su gloria cuando vino a este mundo a nacer en Belén.

Como Su gloria estaba encubierta, la gente le rechazó y le crucificaron. Y aunque los hombres lo crucificaron, Él era un rey. En el evangelio de Mateo vimos que Él nació como un rey, vivió como un rey, realizó milagros como un rey, enseñó como un rey, fue arrestado como un rey, juzgado como un rey, y murió como un rey. Fue sepultado como un rey, resucitó como un rey y regresó a los cielos como un rey. Y algún día vendrá otra vez como un rey. Él es el Rey de reyes y Señor de señores. Hoy Él es el Señor Dios del cielo. No tenemos que ir a Belén para verle, porque está en el cielo. Está a la derecha de Dios.

Cuando la presencia visible de la gloria fue removida de esta tierra, Dios entregó a Su pueblo en manos de los pueblos no judíos, quienes les condujeron a la cautividad de Babilonia. Él disolvió la teocracia en Israel y se convirtió en el Dios de los cielos. Todavía lo es para Su antiguo pueblo, y lo continuará siendo hasta que regrese a Jerusalén para establecer Su trono otra vez, pero como el Señor de toda la tierra. Jerusalén será entonces la ciudad del gran Rey.

Ahora, volviendo al versículo 2, observemos que el rey Ciro, sin lugar a dudas dijo, me ha mandado que le edifique una casa en Jerusalén. O sea, que Dios le había ordenado hacerlo. Éste fue un hecho notable, si recordamos que Ciro era en aquel tiempo, un gobernante mundial no judío. Aparentemente Ciro, por medio del ministerio del profeta Daniel, llegó a conocer al Dios vivo y verdadero. Entonces, vemos que Ciro dio permiso a los judíos que habían permanecido cautivos en Babilonia, para que regresaran a Jerusalén. Continuemos nuestra lectura con el versículo 3:

"Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, sea Dios con él, suba a Jerusalén, que está en Judá, y edifique la casa al Señor Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en Jerusalén".

Usted puede notar que Dios le había mandado que hiciera esto. Y Ciro les dio permiso para regresar pero no fue una orden. Luego dijo el rey en el versículo 4:

"Y a todo el que haya quedado, en cualquier lugar donde habite, que las gentes de su lugar lo ayuden con plata, oro, bienes y ganados, además de ofrendas voluntarias para la casa de Dios, la cual está en Jerusalén".

A aquellos que optaron por no regresar se les dijo que hicieran ofrendas de oro y plata, de bienes y de ganados, así como de otras cosas de valor que pudieran ayudar a aquellos que regresaban a Jerusalén para cumplir con ese mandamiento de reedificar el templo en Jerusalén. Ahora, los versículos 5 y 6, dicen:

"Entonces se levantaron los jefes de las casas paternas de Judá y de Benjamín, los sacerdotes y levitas, todos aquellos a quienes Dios puso en su corazón subir a edificar la casa del Señor, la cual está en Jerusalén. Y todos los que habitaban en los alrededores los ayudaron con plata y oro, con bienes y ganado, y con cosas preciosas, además de toda clase de ofrendas voluntarias".

Como indicamos anteriormente, en realidad, sólo un pequeño porcentaje del pueblo regresó a Jerusalén. No quisiera juzgarles porque pueden haber tenido muy buenos motivos para no regresar. Pero, aparentemente, era la volunta de Dios que ellos regresaran y muchos optaron por no ir. Se habían establecido en Babilonia. En mi opinión, muchos de ellos estaban disfrutando de las comodidades de la próspera sociedad de Babilonia. Muchos habían progresado económicamente y entonces prefirieron quedarse allí. Ellos, por lo menos creyeron que no era la voluntad de Dios ni el momento oportuno para regresar a Jerusalén. No corresponde decir, entonces, que aquellas personas se encontraban fuera de la voluntad de Dios. Lo que sí sabemos es que, más tarde, cuando lleguemos al libro de Esther, veremos la historia de aquellos que se quedaron en aquella tierra; y no será una historia muy bonita. En aquel tiempo estarían, sin lugar a dudas, fuera de la voluntad de Dios. Pero algo que cabe destacar a favor de ellos es que, aparentemente, no hubo ningún espíritu de enemistad entre esos dos grupos, los que regresaron a Jerusalén y los que se quedaron en Babilonia. Los que se quedaron ayudaron a sus hermanos de raza que regresaron, proveyéndoles lo que necesitaban.

Hemos visto, pues, la responsabilidad que en la época de Esdras sintieron los que se quedaron frente a los que regresaron a Jerusalén. El grupo que regresó pertenecía a la clase social más pobre. Ellos eran los jefes de las casas paternas de Judá y de Benjamín, los sacerdotes y los levitas. Se trataba de gente humilde. Y recordamos las palabras del salmista en el salmo 25:9, "Dirige a los humildes en la justicia, y enseña a los humildes su camino".

Pensando en aquellos que, en medio de su pobreza, resolvieron regresar a su tierra, para contribuir con su trabajo a la reedificación del templo donde se había manifestado en el pasado la presencia visible de Dios, recordamos las siguientes palabras del Señor en el libro del profeta Isaías 57:15,

"Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, pero habito también con el quebrantado y humilde de espíritu, para reavivar el espíritu de los humildes".

Y al despedirnos, estimado oyente, destacamos otra vez que Dios no se encuentra lejano e inaccesible. Dios está muy cerca, y conoce su situación personal, sus pensamientos, y sus dudas, aunque usted hasta ahora no le haya tenido en cuenta. Dios está atento a cualquier clamor y ruego que una persona le dirija. Si usted desea establecer una relación con Él, el Señor Jesucristo con su muerte y resurrección hizo posible que hoy pueda llamarle, y Él responderá. Su misericordia y Su gracia están a su alcance, para que por la fe, usted pueda hoy confiar en Él.

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