Estudio bíblico de Esdras 3:4-4:24

Esdras 3:4 - 4:24

Continuamos nuestro estudio del capítulo 3 de Esdras, que comenzamos en nuestro programa anterior. Para nosotros, el detalle de mayor interés es que ellos examinaron las Sagradas Escrituras y encontraron lo que estaba escrito en la ley de Moisés. Y cuando encontraron lo que se había escrito, no hubo allí ninguna controversia, ni diferencias de opinión. No sólo regresaron a su tierra, sino que también volvieron a reconocer la Ley de Moisés. La Biblia era su autoridad y por lo tanto, ni las ideas ni las opiniones de los individuos interfirieron en su decisión. Las cosas no se hicieron por oportunidad, o por conveniencia. Ahora, éste es un gran principio de mucha importancia para nosotros, y tiene una aplicación para nuestras propias vidas. Lo que las personas dicen o piensa, no es lo importante. Las Escrituras son totalmente suficientes y contienen, creemos, todas las instrucciones necesarias para la guía de aquellos que quieren ser fieles a Dios, en cualquier período concreto de la historia de la Iglesia.

Es por esa razón que nosotros, no presentamos instrucciones detalladas o específicas sobre diversos temas que preocupan a los individuos o a la sociedad en general. Sino que nos limitamos a aplicar a la vida diaria los principios expuestos en la totalidad de la Palabra de Dios y no sólo en algunos pasajes Bíblicos conocidos. Damos gracias a Dios por esos pasajes que nos resultan tan familiares como entrañables, pero creemos que algunos de ellos han recibido un énfasis mayor, a expensas de otras secciones igualmente importantes de la Palabra de Dios. Creemos que si tomamos la Palabra de Dios de forma integral, y la apreciamos en su totalidad, el Espíritu Santo que la inspiró nos ayudará a encontrar las respuestas que vayamos necesitando al confrontar los interrogantes y problemas de nuestra vida diaria, a nivel personal, y en relación con la totalidad de nuestras relaciones de nuestra vida en sociedad. Leamos nuevamente, el versículo 3 de este capítulo 2 de Esdras:

"Colocaron el altar firme sobre su base, porque tenían miedo de la gente de la región, y ofrecieron sobre él holocaustos al Señor, los holocaustos de la mañana y de la tarde".

Este altar para ofrecer holocaustos nos habla de la cruz de Cristo. El holocausto, que era un sacrificio en el que la víctima se quemaba por completo, era una figura del la persona de Cristo y de Su sacrificio por nosotros. Cristo se ofreció a Sí mismo, sin defecto alguno, a Dios. Él murió en lugar del pecador. Lo que ellos estaban haciendo al ofrecer este sacrificio era reunirse alrededor de la persona de Cristo en Su muerte expiatoria. Éste es también en la actualidad, el lugar de reunión de los creyentes cuando se reúnen para recordar Su sacrificio en la cruz.

Cada creyente debería comprender que aquellos que han confiado en Jesucristo como Salvador y han sido bautizados por el Espíritu Santo en el cuerpo de los creyentes, que es la iglesia, son hermanos. Un hermano es aquel con quien uno puede tener compañerismo y comunión. Ese compañerismo no depende del color de la piel de una persona, de su posición social, ni de los bienes que posea. Tampoco tiene nada que ver con que una persona pertenezca a una determinada iglesia o a otra. Esas diferencias externas no cambian nada ni establecen una distinción entre los individuos. La pregunta fundamental es si esa persona es un creyente en el Señor Jesucristo. Eso es lo importante. Si una persona es un hijo de Dios, ella y yo podemos reunirnos y disfrutar del compañerismo cristiano, lo cual constituye una hermosa experiencia.

En aquellos israelitas que regresaron de la cautividad vemos una maravillosa unidad, que debería caracterizar a todos los hijos de Dios. El autor del Salmo 133:1 dijo: "Mirad cuan bueno y agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía". Aquellos viajeros que habían regresado a la tierra eran pobres y humildes. Y no estaban buscando una posición en la vida; sólo estaban intentando cumplir la voluntad de Dios.

Estamos todos viviendo en el final de la época, y resulta apropiado que aquellos que tienen una comprensión de los tiempos, desechen toda presunción y pretensiones. Dice el Salmo 25:9, "Él dirige a los humildes en la justicia, y enseña a los humildes su camino". Y es con esa actitud de humildad que debemos reunirnos alrededor de la persona de Jesucristo, así como aquel remanente que regresó a su tierra se reunió alrededor del sacrificio que simbolizaba la persona y el sacrificio de Cristo.

Continuemos ahora, leyendo los versículos 4 y 5, de este capítulo 3 de Esdras:

"Celebraron asimismo la fiesta solemne de los Tabernáculos, como está escrito, y los holocaustos cotidianos, según el rito de cada día; 5además de esto, el holocausto continuo, las nuevas lunas, todas las fiestas solemnes del Señor, todo sacrificio espontáneo y toda ofrenda voluntaria al Señor".

Encontramos aquí que esta gente estaba regresando a las enseñanzas de la Palabra de Dios. Habían edificado el altar y después comenzarían a construir los cimientos del templo. Leamos los versículos 8 al 10, de este capítulo 3 de Esdras:

"En el segundo año de su venida a la casa de Dios en Jerusalén, en el segundo mes, comenzaron la obra Zorobabel hijo de Salatiel, Jesúa hijo de Josadac, con el resto de sus hermanos, los sacerdotes y los levitas, y todos los que habían regresado a Jerusalén de la cautividad; y pusieron a los levitas mayores de veinte años a dirigir la obra de la casa del Señor. También Jesúa, sus hijos y sus hermanos, Cadmiel y sus hijos, hijos de Judá, como un solo hombre, se pusieron a dirigir a los que hacían la obra en la casa de Dios, junto con los hijos de Henadad, sus hijos y sus hermanos levitas. Cuando los albañiles del templo del Señor echaron los cimientos, se pusieron en pie los sacerdotes, vestidos de sus ropas y con trompetas, y los levitas hijos de Asaf con címbalos, para alabar al Señor, según la ordenanza de David, rey de Israel".

Hasta ese momento estas personas simplemente habían construido el altar y colocado los cimientos del templo. Pero ellos estaban tan emocionados y entusiasmados que actuaron como si todo el templo ya hubiera sido edificado. Y tuvieron una reunión de dedicación y un tiempo de adoración, con cánticos de alabanza a Dios. Fue para ellos una experiencia jubilosa. Veamos ahora el versículo 11:

"Cantaban, alabando y dando gracias al Señor, y decían: Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel. Todo el pueblo aclamaba con gran júbilo y alababa al Señor porque se echaban los cimientos de la casa del Señor".

Ahora, estas personas pertenecían al grupo más joven y nunca habían contemplado el templo antiguo de Salomón. Leamos los versículos 12 y 13:

"Muchos de los sacerdotes, levitas y jefes de familia, ancianos que habían visto la primera casa, al ver como echaban los cimientos de esta casa, lloraban en alta voz, mientras otros muchos daban grandes gritos de alegría. No se podía distinguir el clamor de los gritos de alegría de las voces del llanto, porque clamaba el pueblo con gran júbilo y el ruido se oía hasta de lejos".

O sea, que había dos grupos presentes durante el servicio religioso de dedicación. Estaban los más jóvenes, que nunca habían visto el antiguo templo. Para ellos ésta era una experiencia nueva. En su juventud y entusiasmo estaban alabando a Dios, y el Señor les bendijo. El otro grupo estaba formado por los mayores, los ancianos. Ellos recordaron el templo de Salomón en toda su belleza. Muchos habrán dicho seguramente, "este segundo templo no es nada comparado con el otro. ¡Ah si estos jóvenes hubieran visto el templo de Salomón!" Lo que estaban diciendo no era muy estimulante para el grupo de jóvenes, pero era cierto. Y Dios por medio del profeta Hageo le dijo al pueblo que siguieran adelante, que reedificaran el templo, que Dios estaba con ellos. Dios le animó y alentó.

Hay muchas personas de cierta edad que desaniman a los que están trabajando en la obra del Señor. Por tal motivo, algunos movimientos de renovación surgen fuera de la iglesia. Esas personas añoran otras épocas y se desentienden de las necesidades de la hora actual. Ellos recuerdan los días pasados y no quieren cambiar, no quieren entrar en la nueva época. Y hay un peligro de que nosotros nos pongamos a juzgar a esos movimientos en el día de hoy. Pero no debemos anticiparnos a lo que creemos que vaya a suceder. El Señor sabe quiénes son aquellos que le pertenecen. Él va a separar el trigo de la cizaña. Ésa es Su propia obra. No es cosa nuestra. Y démosle gracias a Dios de que en la actualidad haya movimientos de renovación espiritual de retorno a Dios y alegrémonos por ello, en vez de compararlos obsesivamente con el despertar espiritual de otros tiempos.

En cierta ocasión un predicador tuvo la oportunidad de visitar una pequeña Iglesia y predicar el evangelio, y el Señor bendijo Su Palabra y hubo personas que fueron salvadas. Muchos jóvenes de la Iglesia estaban regocijándose en la escalinata de esa iglesia, y el predicador se encontraba feliz con ellos. Y allí junto a todo el grupo, estaba sentado un anciano que no había dicho nada por mucho tiempo. Luego dijo: "Muchachos, ustedes han tenido una reunión hermosa, por cierto, pero yo recuerdo otros tiempos mejores ..". Y ahí oyeron todo lo que había ocurrido en "aquellos días". Cuando el anciano finalizó, esa reunión a los más jóvenes ya no les parecía tan hermosa como lo había sido antes. Se sintieron desanimados por esas palabras. Y todos abandonaron el lugar un poco deprimidos esa noche, por lo que aquel hombre había tratado de decir sobre los tiempos ya pasados.

Bien, llegamos ahora a

Esdras 4:1-24

Y a un nuevo párrafo que nos habla sobre el

Retraso en la reedificación por un decreto del rey Artajerjes

La oposición al programa de reedificación no vino de dentro, del propio pueblo, sino del exterior. Y ésta es una sección bastante detallada y no vamos a detenernos mucho tiempo analizando todo lo que aquí se mencionó, sino que destacaremos algunos puntos de gran significación. Leamos, pues, los primeros dos versículos de este capítulo 4 de Esdras:

"Cuando los enemigos de Judá y de Benjamín oyeron que los que habían vuelto de la cautividad edificaban un templo al Señor, Dios de Israel, fueron a ver a Zorobabel y a los jefes de familia, y les dijeron: Edificaremos con vosotros, porque, como vosotros, buscamos a vuestro Dios, y a él ofrecemos sacrificios desde los días de Esar-hadón, rey de Asiria, que nos hizo venir aquí".

Más adelante vamos a tener ocasión de destacar el hecho de que no sólo dos tribus regresaron, sino que las doce tribus volvieron en realidad. Usted puede notar aquí que esta gente estaba diciendo que ellos ya habían regresado en los días de Esar-hadón rey de Asiria. Recordemos que el reino de Asiria se había llevado cautivos a las tribus del reino del norte. Algunos de ellos, aparentemente, fueron regresando poco a poco a su tierra y estaban en esta época mezclados con los samaritanos. Y como resultado los samaritanos querían unirse para ayudar en los trabajos de edificación a los que habían regresado de Babilonia. Así que el primer esfuerzo de los enemigos para entorpecer la edificación del templo fue su oferta de convertirse en aliados.

Esa siempre ha sido la forma sutil en que Satanás ha intentado obstaculizar la unidad y el crecimiento de la iglesia, en las sucesivas etapas del desarrollo del cristianismo en todo el mundo.

En este pasaje, los adversarios de las tribus de Judá y Benjamín, alegando que ellos habían estado adorando a Dios todo ese tiempo, sugirieron que a partir de aquel momento adorasen juntos y colaborasen en la reedificación del templo. En principio, esas palabras sonaban bien pero, como veremos más adelante, no eran genuinas. Leamos el versículo 3, de este capítulo 4 del libro de Esdras:

"Zorobabel, Jesúa y los demás jefes de casas paternas de Israel dijeron: No nos conviene edificar con vosotros la casa de nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos al Señor, Dios de Israel, como nos mandó Ciro, rey de Persia".

La respuesta de los jefes de familia israelíes no se caracterizó por un talante muy amistoso que digamos. Hoy diríamos su respuesta no fue políticamente correcta. Porque rechazaron tajantemente que sus enemigos se convirtieran en aliados. Pero lo interesante que debemos notar aquí es que ellos tenían razón. Lo importante aquí es si tenían razón, o no la tenían. Y en este caso, tenían razón, como veremos a continuación, por la reacción de los pobladores de la tierra. Cuando cualquier actitud humana entra en conflicto con la palabra de Dios, ésta tiene que prevalecer ante el hijo de Dios. Leamos ahora, los versículos 4 y 5 de este capítulo 4 de Esdras:

"Entonces la gente del país intimidó al pueblo de Judá y lo atemorizó para que no siguiera edificando. Sobornaron además contra ellos a algunos consejeros para frustrar sus propósitos, durante todo el tiempo que Ciro fue rey de Persia y hasta el reinado de Darío, rey de Persia".

Esta actitud reveló que nunca habían dejado de ser enemigos y que su actitud amistosa era fingida. Apenas fueron rechazados, comenzaron a oponerse activamente a los israelitas. Leamos ahora el versículo 7 de este capítulo 4 del libro de Esdras:

"También en días de Artajerjes escribieron Bislam, Mitrídates, Tabeel y los demás compañeros suyos, a Artajerjes, rey de Persia; y la carta estaba escrita en arameo, y traducida".

Aquí vemos que decidieron redactar una carta al rey de Persia con falsas acusaciones contra el remanente que había regresado a reconstruir Jerusalén. Leamos los versículos 11 al 13, de este capítulo 4 del libro de Esdras:

"Esta es la copia de la carta que enviaron: Al rey Artajerjes: Tus siervos del otro lado del río te saludan. Ha de saber el rey que los judíos que de parte tuya vinieron a nosotros, llegaron a Jerusalén y edifican esta ciudad rebelde y mala. Ya levantan los muros y reparan los fundamentos. Sepa, pues, el rey, que si aquella ciudad es reedificada y los muros son levantados, no pagarán tributo, impuesto y rentas, y el tesoro de los reyes será perjudicado".

O sea que presentaron a Jerusalén como una ciudad rebelde y que Artajerjes tendría problemas de nuevo si permitía que la ciudad fuera reedificada. Entonces, el rey aprobó el consejo de los opositores y envió como respuesta la orden de detener el trabajo. Leamos ahora los versículos 19 al 22, de este capítulo 4 de Esdras:

"Ordené que se investigara, y se ha encontrado que aquella ciudad se subleva desde antiguo contra los reyes, y que en ella se han fomentado revueltas e insurrecciones. Que hubo en Jerusalén reyes fuertes, cuyo dominio se extendía a todo lo que hay más allá del río, y que se les pagaba tributo, impuestos y rentas. Ahora, pues, ordenad que se detengan aquellos hombres, y no sea esa ciudad reedificada hasta nueva orden enviada por mí. Procurad no ser negligentes en esto; ¿por qué habrá de crecer el daño en perjuicio de los reyes?"

Y así fue como ante esta carta del rey de Persia, los supuestos amigos de los israelitas que se habían ofrecido a cooperar con ellos en el programa de edificación, se apresuraron a traer la carta hasta el lugar donde se estaba trabajando para la reconstrucción del templo. Leamos los versículos 23 y 24, versículos finales de este capítulo 4 de Esdras, que nos cuenta el resultado de esa trama:

"Cuando la copia de la carta del rey Artajerjes fue leída delante de Rehum, de Simsai, el secretario, y de sus compañeros, salieron apresuradamente hacia Jerusalén, donde estaban los judíos, y les hicieron cesar los trabajos utilizando la fuerza y la violencia. Así se detuvo la obra de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, la cual quedó suspendida hasta el segundo año del reinado de Darío, rey de Persia".

O sea que los israelitas tuvieron que interrumpir todos los trabajos de reedificación del templo. Esto nos conduce ahora al capítulo 5 de que junto con el capítulo 6, nos hablarán de la reanudación de los trabajos de reedificación del templo. Vimos ya, que la reedificación del templo había sido detenida por la oposición del enemigo. Ellos habían escrito una carta al rey, tratando de dar una impresión falsa de la ciudad de Jerusalén. La llamaron una ciudad rebelde y mala. El rey Artajerjes hizo cierta investigación examinando los registros históricos y encontró que en esa parte del reino, había habido una rebelión y que ella había tenido lugar en la última etapa del reino del sur, en el de Judá. Ellos se habían rebelado contra las autoridades tres veces en sus últimos días como reino y finalmente Nabucodonosor había llegado y destruido toda la ciudad. Pero en el incidente que nos ocupa, diremos que la investigación del rey no fue completa. Porque aunque la rebelión había realmente ocurrido, no examinaron los registros minuciosamente y entonces no encontraron el decreto que se había promulgado para que se reedificara la ciudad de Jerusalén.

Éste fue pues un período de gran desaliento. No sólo abandonaron las obras de reconstrucción; sino que se sintieron tentados a abandonar la totalidad del proyecto, pensando que sería la única manera de resolver sus problemas. Hoy hay mucha gente que piensa que si se pudiera trasladar a otro lugar, sus problemas se solucionarían. Esto no siempre es cierto, estimado oyente. Usted no puede escaparse de sus problemas. Afortunadamente, y en esa ocasión, aquella gente no huyó de aquel lugar. Y Dios llamó a los profetas Hageo y Zacarías. Estimado oyente, Dios puede usar las circunstancias adversas, los problemas por los que usted está pasando, para que usted vuelva su mirada hacia Él. Dios quiere, que por la fe, usted reciba al Señor Jesucristo en su vida, como su Salvador, aceptando Su obra a favor suyo en la cruz. Y, más allá de los momentos de incertidumbre o confusión que está experimentando, desea darle una nueva vida, que se prolongará en la vida eterna, en la cual Él cumplirá un propósito que nada ni nadie podrá frustrar.

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