Estudio bíblico de Nehemías 8:1-18

Nehemías 8:1-18

Continuamos hoy nuestro recorrido por el libro de Nehemías. Nos corresponde hoy el capítulo 8 que, en nuestro bosquejo general inicia la segunda y última sección de este libro, titulada "Renovación y Reforma", que abarca desde el capítulo 8 hasta el 13. En nuestro programa anterior, vimos que Nehemías había hecho todos los preparativos necesarios para que la ciudad de Jerusalén estuviese bien protegida. También nombró cantores, porque él quería que los habitantes de la ciudad experimentaran la alegría de su relación con en el Señor. Esta actitud era esencial para una renovación espiritual. El tema central de este capítulo, es la lectura pública de la Palabra de Dios, llevada a cabo por Esdras. Pues bien, escuchemos lo que nos dice el primer versículo del capítulo 8:

"Entonces se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron al escriba Esdras que trajera el libro de la ley de Moisés, la cual el Señor había dado a Israel".

Esdras, que era un maestro, un escriba, fue llamado para llevar a cabo una lectura bíblica. Ellos iban a tener, entonces, una lectura bíblica pública de grandes proporciones. Veamos lo que dice el versículo 2:

"El primer día del mes séptimo, el sacerdote Esdras trajo la Ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender".

Observemos que aquellos que estaban reunidos eran personas con uso de razón. Dice aquí: de todos los que podían entender lo que oían. Y esto quiere decir que ellos tenían un servicio de guardería para las criaturas más pequeñas. No sabemos los detalles de cómo se llevó a cabo este cuidado de los niños, pero es evidente que se hicieron preparativos adecuados para que los adultos allí reunidos se pudieran concentrar en escuchar la lectura de la Palabra de Dios. En el versículo 3 se nos dice de Esdras:

"Desde el alba hasta el mediodía, leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la Ley".

Usted recordará, estimado oyente, que cuando estudiamos las puertas de Jerusalén dijimos que la puerta de las aguas era un símbolo de la Palabra de Dios y entonces ellos habían hecho un púlpito y lo habían colocado en este lugar, y desde allí leyó Esdras.

Sería realmente difícil encontrar hoy una congregación que nos escuchara leer la Biblia desde la mañana hasta el mediodía. La gente siempre ha tenido dificultad para escuchar un mensaje de 45 minutos, que ya incluye la lectura. Sin embargo, aquellos israelitas que se reunieron para escuchar la Palabra de Dios estaban verdaderamente interesados en oírla. Habían estado en el cautiverio por setenta años y nunca antes habían escuchado la Palabra de Dios. Para ellos fue una nueva experiencia. Leamos entonces el versículo 4:

"Y el escriba Esdras estaba sobre un estrado de madera que habían levantado para esa ocasión, y junto a él estaban, a su derecha, Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maasías; y a su mano izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam".

Éstos eran los 13 hombres que estaban junto a Esdras. Veamos ahora, el versículo 5:

"Abrió, pues, Esdras el libro ante los ojos de todo el pueblo, pues estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, el pueblo entero estuvo atento".

Se nos da la indicación aquí que ellos estaban de pie, escuchando la lectura de la ley y quiere decir que así permanecieron durante todo el tiempo que duró la lectura, sin sentarse para descansar, desde el amanecer hasta el mediodía. En primer lugar, ellos elevaron una alabanza a Dios. Leamos el versículo 6:

"Bendijo entonces Esdras al Señor, Dios grande. Y todo el pueblo, alzando sus manos, respondió: ¡Amén! ¡Amén!; y se humillaron, adorando al Señor rostro en tierra".

Esto quiere decir que ellos se inclinaron hasta tocar con sus frentes el suelo. Ésa es la forma en que ellos adoraban en esos días. Y entonces Esdras alabó al Señor. Luego, continuando con nuestra lectura, leamos el versículo 7:

"Los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la Ley, mientras el pueblo se mantenía atento en su lugar".

Aquí tenemos una lista de nombres, y los mencionamos porque fueron de personas de bastante importancia. Fueron los que explicaron la Palabra de Dios a la gente allí reunida. Y dice el versículo 8:

"Y leían claramente en el libro de la ley de Dios, y explicaban su sentido, de modo que entendieran la lectura".

Esta gran asamblea de todo el pueblo, se había reunido a la puerta de las Aguas, dentro de los muros de Jerusalén. Los hombres mencionados en el versículo 7, fueron colocados en diferentes lugares entre la multitud. El sacerdote Esdras, el escriba, leía una cierta parte de la ley, y luego se detenía, mientras cada uno de esos hombres convenientemente distribuidos al frente de grupos, entre la multitud, le preguntaba a su grupo si había comprendido lo que se acababa de leer. Y quizá la mayoría de la gente, movería su cabeza asintiendo, indicando que había comprendido. Pero quizás otros levantaban sus manos indicando que no habían entendido. Entonces, el hombre asignado les explicaría el significado de esa parte de la ley. Después, Esdras continuaba leyendo otra sección de la ley, y se detendría para dar lugar a las preguntas de la gente que tuviera dudas y así, sucesivamente, el maestro de cada grupo las respondería.

Nos preguntamos si hoy, en las iglesias cristianas, nosotros simplemente leyéramos más extensamente la Biblia, dedicándole más tiempo; ¿qué ocurriría? Es decir, que alguna persona se levantara y sólo leyera la Biblia; y luego, uno tuviera maestros preparados, colocados en diferentes partes de la congregación a cargo de sus respectivos grupos, para responder a las preguntas que pudieran surgir. Supongamos que se leyera el primer capítulo de Efesios en la actualidad. Uno no tendría que llegar muy lejos en su lectura, antes de que apareciera un problema o una duda. Efesios 1:4, dice: "según nos escogió en El antes de la fundación del mundo..". Creemos que alguien pudiera leer a la congregación este versículo, seguido de los versículos 5 y 6, y luego se detendría. Lo leído daría lugar a preguntas tales como: ¿Qué quiso decir Pablo? ¿Estaba enseñando la doctrina de la elección? Es posible que una lectura extensa comentada detalladamente conduciría a una renovación espiritual. Al menos esta lectura que tuvo lugar en los tiempos de Nehemías, sí lo logró.

La lectura de la ley, junto con la formulación de preguntas y las respuestas dadas por los maestros, hizo que la gente entendiera la ley. Al escuchar cada uno desde su lugar la exposición de la Palabra, apenas se escuchaba algo que no se entendiera, inmediatamente era clarificado. Personalmente creemos que toda la Biblia debería ser enseñada de esta manera, y que cada versículo que no resulte claro, tendría que ser explicado. Lo que sucede es que hoy existe una gran falta de interés en la Palabra de Dios. No creemos que sea muy adecuado ni didáctico el sistema de tomar un versículo y luego irse por todas partes, por dentro y fuera de la Biblia en un mensaje de predicación del evangelio, y sin volver al pasaje leído para explicarlo debidamente. No creemos que ése sea el sistema correcto. Creemos que Dios quiere que leamos la Biblia e intentemos explicarla a medida que avanzamos en su lectura. El actuar de otra manera, lo único que consigue es fomentar la falta de interés en la Palabra de Dios.

Y eso no es todo. Aquí, en este capítulo 8:8, tenemos otra gran lección para todos. Hay muchos métodos que se pueden utilizar en la predicación. Hay un acercamiento psicológico a la Palabra, y una aproximación erudita o intelectual, y muchos se distribuyen por otras opciones. Y creemos que hay una manera de exponer la Palabra, y es el método utilizado en este pasaje Bíblico que estamos considerando. Y es este, resumido en la siguiente afirmación que hemos leído en el versículo 8: "Y leían claramente en el libro de la ley de Dios, y explicaban su sentido, de modo que entendieran la lectura". Realmente, necesitamos comprender lo que Dios está diciendo en Su Palabra. Continuemos entonces con nuestra lectura, leyendo el versículo 9 de Nehemías 8:

"Entonces el gobernador Nehemías, el sacerdote y escriba Esdras y los levitas que hacían entender al pueblo dijeron a todo el pueblo: Hoy es día consagrado al Señor, nuestro Dios; no os entristezcáis ni lloréis; pues todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la Ley".

Muchas de estas personas nunca habían escuchado la palabra de Dios. La lectura clara y la enseñanza de la ley les hizo sentir una convicción profunda de su pecado. Y esto causó algo así como un estallido emocional, que hizo brotar lágrimas de arrepentimiento. Y posiblemente lloraron también de alegría, porque estaban muy conmovidos. Notemos lo que cuidadosamente indicó Nehemías en la primera parte del versículo 10, de este capítulo 8 de su libro, que leemos a continuación:

"Luego les dijo: Id, comed los mejores alimentos, bebed vino dulce y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque éste es día consagrado a nuestro Señor. No os entristezcáis, porque el gozo del Señor es vuestra fuerza".

Ahora, éste fue un servicio social. Éste es el aspecto de solidaridad social del Evangelio. Estimado oyente, si la Palabra de Dios tiene algún significado para usted, y si usted recibe algo de ella, entonces le impulsará a salir y a hacer algo por el bien de otra persona. Éste deber ser uno de los efectos de la Palabra de Dios en su vida. Y lo importante es que le motivará a usted a hacer algo por Dios.

Nehemías dijo que ellos deberían enviar porciones a los que no tenían nada preparado. Es decir, que debían hacer algo a favor de los pobres. También les dijo que no se entristecieran, porque la alegría experimentada por su relación con el Señor, era para ellos un refugio, una fortaleza. Recordemos que el apóstol Pablo dijo a los creyentes en Filipenses 4:13, "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece... , alegraos siempre en el Señor". Y en ese mismo capítulo 4:4 les dijo: "Os lo repito: ¡Alegraos!" Lo que Pablo les quiso enseñar fue que el origen del poder era esa alegría. El secreto es la oración, pero la fuente del poder para el cristiano es la alegría. La Palabra de Dios, estimado oyente, debería hacerle feliz. Ésa es una de las razones por la cual pensamos que algo anda mal en el servicio religioso de una Iglesia, si no lo hace a uno sentirse feliz y resulta de bendición para su corazón.

El Dr. J Vernon McGee, autor de estos estudios bíblicos, contaba que durante un período de 21 años en la ciudad de Los Ángeles, California, él tuvo el privilegio de tener lo que se consideró en su tiempo el servicio religioso de mitad de semana más grande del país. El dijo: "Nosotros teníamos entre 1.500 a 2.500 personas asistiendo a las clases de la Biblia. Y yo siempre salía y me quedaba en la puerta de la Iglesia para dar la mano a los que salían al terminar la reunión. Siempre me podía dar cuenta, de cómo había ido el estudio bíblico, si había sido una bendición para la gente, o no. Muchas veces la gente salía, y sólo murmuraba algo cortésmente pero sin mucho sentido al darme la mano, entonces, yo me daba cuenta", comenta el Dr. McGee, "de que esa noche la enseñanza impartida no había sido una verdadera bendición. Pero en otras ocasiones, algunos salían alegres y con un rostro radiante me daban la mano, expresando que la Palabra de Dios había traído paz y alegría a sus corazones. Entonces, yo me daba cuenta", decía el Dr. McGee, "que esa noche el estudio Bíblico había logrado su objetivo".

Es que, estimado oyente, la Palabra de Dios debe traerle alegría. Después de despertar nuestra conciencia a la presencia del pecado, y de corregirnos, haciéndonos sentir la tristeza por habernos apartado de ella, debe producir en nosotros alivio, paz y alegría. Dios no quiere que usted tenga sólo un poco de alegría, sino que usted disfrute mucho leyendo Su Palabra, estudiándola. Ahora, el estudio de la Palabra de Dios debería traer ese gozo a su vida. Y si el estudio de la Palabra de Dios no le está trayendo alegría a su vida, entonces, hay algo radicalmente malo en usted y hay que enfrentar ese problema. Usted tiene que dirigirse a Dios en oración y decirle: "Señor, yo quiero que Tu Palabra traiga gozo a mi vida. Y si hay una nube que se interpone, que está interfiriendo en nuestra relación de compañerismo y comunión, cualquiera que sea, quiero que sea removida, para que cuando estudie la Palabra, yo pueda experimentar la alegría que el Señor trae". Y eso es lo que será el ir a la Iglesia, una experiencia que realmente se pueda disfrutar, es decir, una experiencia alegre.

¿Ha visto usted las multitudes que se dirigen a los acontecimientos deportivos? Es como si acudieran a una fiesta, por la alegría que muestran. ¿Ha visto a la gente yendo una Iglesia un domingo por la mañana? Parecen reflejar pensamientos como ¡qué obligación! ¡qué carga! Y hay muchas personas que están soportando cargas pesadas. Pero esas cargas deberían ser dejadas en las reuniones, y las personas deberían salir de esos lugares con sus corazones rebosando de alegría, o demostrando que se acaba de disfrutar de una grata experiencia. Luego en el versículo 12, de este capítulo 8 de Nehemías se nos dice:

"Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, a obsequiar porciones y a gozar de gran alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado".

Esperamos, estimado oyente, que este estudio bíblico le haga feliz a usted. Esa es la razón por la cual a veces nosotros leemos las cartas dirigidas a nuestro programa. Oímos de personas que sienten el desaliento en sus vidas, y la Palabra de Dios entonces, les trae gozo; de un hogar en el que la pareja estaba a punto de separarse y entonces la Palabra de Dios les dio motivos para reanudar una vida de pacífica convivencia; de un hombre que tiene amargura y resentimiento en su corazón contra otros, y la Palabra de Dios comienza a obrar y a transformar su vida. Permítanos decirle que la Palabra divina puede también tener un efecto en usted. Ahora, el versículo 13, dice:

"Al día siguiente, se reunieron los cabezas de familia de todo el pueblo, sacerdotes y levitas, junto al escriba Esdras, para estudiar las palabras de la Ley".

El estudio inicial de la Ley de Dios hizo que muchos de los dirigentes acudieran a Esdras al día siguiente para recibir más instrucción. Esto es muy importante porque muestra el interés genuino que ellos tenían en la Palabra de Dios y que ésta había comenzado ya a actuar en ellos, comenzando su obra de renovación, de transformación. Veamos ahora lo que sucedió aquí en los versículos 14 al 18 de este capítulo 8 de Nehemías:

"Y hallaron escrito en la ley que el Señor había mandado por medio de Moisés, que habitaran los hijos de Israel en tabernáculos en la fiesta solemne del mes séptimo; y que hicieran saber e hicieran pregonar por todas sus ciudades y por Jerusalén, diciendo: Salid al monte y traed ramas de olivo, de olivo silvestre, de mirto, de palmeras y de todo árbol frondoso, para hacer tabernáculos, como está escrito. Salió, pues, el pueblo, y trajeron ramas e hicieron tabernáculos, cada uno sobre su terrado, en sus patios, en los patios de la casa de Dios, en la plaza de la puerta de las Aguas y en la plaza de la puerta de Efraín. Toda la asamblea que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo gran alegría. Leyó Esdras el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el último; hicieron la fiesta solemne por siete días, y el octavo día fue de solemne asamblea, según el rito establecido".

Ésta fue una celebración de la Fiesta de los Tabernáculos. El habitar en tiendas debía servir como recordatorio para ellos del cuidado paternal y la protección de Dios mientras Israel viajaba de Egipto a Canaán. Aquí en los días de Nehemías, ellos estaban obedeciendo la Ley que les había sido leída. Ellos habían oído la Palabra de Dios y estaban cumpliendo lo que ella mandaba. Estimado oyente, usted puede leer y estudiar la Biblia y experimentar el gozo que ella trae a su corazón, y esperamos que usted haga eso; pero esa alegría se desvanecerá a menos que usted obedezca lo que ha leído y permita que tenga su efecto en usted, es decir, que afecte a su vida.

Y así concluimos nuestro estudio del capítulo 8 de Nehemías. Ahora en el capítulo 9 veremos que el resultado de esta gran lectura bíblica, lectura pública, explicada y aplicada a la vida de cada uno, fue una renovación espiritual. Esperamos que usted nos acompañe en nuestro recorrido por ese capítulo 9 de Nehemías.

En este programa hemos destacado la verdadera fuente de alegría que es la Palabra de Dios. Por ello el autor del Salmo 119 pudo decir, "Tus testimonios he tomado como herencia para siempre, porque son el gozo de mi corazón". Y aquí queremos resaltar el tremendo contraste que existe entre la Palabra que Dios ha pronunciado, y lo que brota de la boca de los seres humanos. Bien decía el apóstol Santiago, que la lengua humana es como un fuego, como un mundo de maldad, y un pequeño miembro del cuerpo humano que nadie en este mundo puede dominar. Llegó a decir que era un mal turbulento y lleno de veneno mortal. En su capítulo 2:9 dijo: "Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que han sido hechos a la imagen de Dios. De la misma boca proceden bendición y maldición. ¿Acaso una fuente por la misma abertura echa agua dulce y amarga?" Frente a esta imagen de destrucción incontrolada, hemos visto los efectos de la Palabra de Dios. Esa Palabra destruye el pecado, el mal, para que éstos no destruyan al ser humano y después, construye, edifica, restaura lo que se ha destruido, limpia, purifica y trae alegría. No se trata de la alegría superficial, frívola, sino de una satisfacción auténtica, que va en aumento en la medida en que el ser humano la deja actuar en su vida por la obra del Espíritu Santo. Por ello, estimado oyente, le invitamos a aceptar por la fe la obra del Señor Jesucristo en la cruz, recibiéndole como su Salvador y entonces, la Palabra y la acción del Espíritu irán transformando una vida que era una fuente contaminada por la amargura de su experiencia vital, en una fuente que rebose alegría, dulzura y la paz de la relación con Dios y la posesión de la vida eterna.

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