Estudio bíblico de 2 Corintios 1:1-3

2 Corintios 1:1-3

En el día de hoy, estimado oyente, llegamos a la Segunda epístola del apóstol Pablo a los Corintios. Hace algún tiempo estudiamos la primera carta y dijimos entonces que esa carta era muy importante; esa epístola trataba los asuntos de la iglesia. Si nosotros no tuviéramos esa epístola ahora, no sabríamos mucho sobre el gobierno en la iglesia; no sabríamos cómo debería comportarse la iglesia en este mundo. Quisiéramos decir varias cosas a modo de introducción. Al observar esta carta, vemos que trata de cosas que solamente el Espíritu de Dios puede aclarar para nosotros. Y creemos que sólo con la ayuda del Espíritu de Dios podremos captar, percibir, la enseñanza que Dios tiene aquí para nosotros. Mucho se ha predicado y se ha escrito sobre esta epístola. Con todo, aún nos falta mucho por aprender. Pablo escribió esta Segunda carta a los Corintios, muy poco tiempo después de haber escrito la primera carta desde Éfeso. Se encontraba allí en desarrollo de un ministerio muy activo. Como él mismo había dicho en 16:9, "porque se me ha abierto puerta grande para el servicio eficaz, y hay muchos adversarios". Creemos que el ministerio más amplio de Pablo tuvo lugar en Asia Menor, siendo Éfeso el punto de partida y caja de resonancia para el evangelio. Creemos que probablemente el evangelio cubrió esa área en una forma mucho más efectiva que en cualquier otra región y en cualquier otra época. Eso es lo que Pablo quiso decir cuando señaló que se le había abierto una puerta grande y eficaz.

A causa de sus actividades en el ministerio, él no podía simplemente abandonar esa obra e ir a Corinto donde él había establecido esta nueva iglesia. Esta iglesia estaba llena de creyentes en un estado de niñez espiritual, que actuaban como tales, es decir que eran inmaduros en el conocimiento de Cristo. Querían que Pablo fuera donde ellos estaban, querían que él les prestara atención, que estuviera pendiente de ellos. Querían que él los alimentara y les cambiara la ropa, por así decirlo, como una madre hace con sus hijos pequeños. Incluso se lamentaban como los niños de corta edad. Pablo no podía ir y entonces ellos estaban algo dolidos, disgustados. De modo que, Pablo les escribió la primera epístola y les informó que les visitaría más tarde.

Pablo permaneció en Éfeso por unos tres años, no pudo ir a Corinto tan pronto como habría querido y ellos estaban molestos. Pablo envió a Tito a Corinto, al no poder ir él personalmente en esa oportunidad. Más tarde Timoteo y Pablo que estaban juntos en Éfeso se dirigieron a Troas para esperar a Tito, que les traería noticias de Corinto (2 Corintios 2:12 y 13). En vista de que Tito no llegó, Pablo y Timoteo fueron a Filipos, donde se encontraron con él y les dio un informe sobre la situación en Corinto. Tito trajo buenas noticias de allí, porque los Corintios habían obedecido lo que Pablo les había aconsejado hacer en su primera respuesta a sus preguntas, concretamente, en su primera carta a los Corintios.

En Filipos Pablo se sentó a escribir su segunda carta a los Corintios. Ellos aún se sentían inquietos y querían que el gran apóstol fuera y se quedara con ellos. Sin embargo cualquier ruptura o distanciamiento entre Pablo y los Corintios quedó solucionado. En esta epístola Pablo abrió su corazón de una manera amplia. A decir verdad, Pablo nos está permitiendo conocerle más personalmente en esta carta, que en ninguna otra.

En cuanto al tema de esta segunda carta a los Corintios, diremos que trata sobre las condiciones del ministerio cristiano dentro de la iglesia. Recordemos que Primera de Corintios trataba sobre las condiciones y correcciones en la iglesia.

Leyendo en las notas para considerar un bosquejo general, vemos que esta epístola es muy difícil de bosquejar ya que esta carta está menos organizada estructuralmente que cualquiera de las otras cartas de Pablo. Pero es una carta que contiene un mayor número de detalles personales. En cada uno de sus capítulos siempre se desarrolla un tema menor, que algunas veces parece ocupar el lugar del tema principal, y que generalmente es expresado en un versículo destacado. Esto puede explicar lo que a primera vista parece difícil de bosquejar y organizar en la epístola. Consideraremos este detalle en cada uno de los capítulos.

Quisiéramos ahora, presentar el bosquejo de la carta en forma breve, porque creemos que es muy importante para el estudio.

En los primeros siete capítulos tenemos el consuelo, la consolación, el estímulo, el aliento de Dios. Esto tiene mucho que ver con el vivir cristiano en el lugar donde nosotros estamos situados hoy. El consuelo de Dios se manifestó en los planes de la vida (1:3-24), en restaurar a un creyente que cayó en el pecado (capítulo 2), en el ministerio glorioso de Cristo (capítulo 3), en el ministerio de los sufrimientos de Cristo (capítulo 4) en el ministerio del martirio por causa de Cristo (capítulo 5), en todas las circunstancias del ministerio de Cristo (capítulo 6) y finalmente, en el consuelo derramado por Dios en el corazón de Pablo (capítulo 7).

Luego, tenemos dos capítulos donde habló sobre la ofrenda, la colecta, para los creyentes pobres en Jerusalén (capítulos 8 y 9). Aquí no se habla ya del vivir cristiano sino del dar cristiano. Tenemos el ejemplo del dar cristiano (8:1-6), la exhortación al dar cristiano (8:7-15), la explicación del dar cristiano (8:16 - 9:5) y finalmente, un estímulo al dar cristiano (9:6-15).

Luego en los capítulos 10 hasta el 13, el apóstol Pablo habló de una manera muy personal, y allí expuso su llamado como apóstol. Habiendo hablado del vivir cristiano y de la actitud cristiana de dar, aquí tenemos la protección cristiana. Recordemos que primero fue el vivir cristiano, luego el dar cristiano y ahora, la protección cristiana. En esta sección, vemos primero, la autenticación del apostolado de Pablo (capítulo 10), luego la justificación o reivindicación del apostolado de Pablo (capítulo 11), después, la revelación del apostolado de Pablo (capítulo 12), a continuación, la ejecución o cumplimiento del apostolado de Pablo (13:1-10) y finalmente, la conclusión del apostolado de Pablo (13:11-14).

Comenzamos entonces a considerar

2 Corintios 1:1-3

Los dos primeros versículos constituyen una introducción a la epístola. Y después, como hemos anticipado en nuestro bosquejo general, se comienza a desarrollar el tema del consuelo de Dios en los planes de la vida. Pablo realmente comenzó su carta en un nivel alto. Leamos entonces el versículo 1 de esta capítulo 1 de Segunda de Corintios, para examinar la

Introducción

"Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya"

Pablo estaba escribiendo con la autoridad de un apóstol. Creemos que cualquiera que está hoy dedicado al ministerio de la palabra de Dios, debería hablar con autoridad. Porque no sería de ninguna utilidad tratar de presentar la palabra de Dios si uno mismo no está convencido de que ella es la verdad. Y si alguien no está expresando la Palabra con autoridad, debiera dedicarse a otra actividad diferente al ministerio cristiano. Esta posibilidad explicaría la debilidad del testimonio cristiano actual en muchos lugares.

En la iglesia primitiva, cuando comenzó la persecución, los creyentes decían, "Señor, Tú eres Dios". Y, estimado oyente, si usted no está seguro de que Él es Dios, entonces usted no está seguro de nada. Aquellos primeros cristianos estaban seguros de la veracidad y autoridad de la Palabra de Dios y confiaron continuamente en ella. De modo que Pablo, con esta autoridad les escribió diciendo: "Pablo, apóstol de Jesucristo",.

Y luego dijo, "por la voluntad de Dios". Uno no puede llegar a un nivel más elevado. Aquí radica la autoridad. Si lo que usted está haciendo, es decir, su misma vida, se encuentra en la esfera de la voluntad de Dios, entonces no habrá ninguna duda en su mente. Si usted está viviendo según la voluntad de Dios, da lo mismo cómo se encuentre usted, ni cuáles sean sus circunstancias: porque entonces está en un lugar el mejor lugar, en una posición extraordinaria. Quizá usted esté incluso en un hospital, pero si ésa es la voluntad de Dios en este momento, ése será para usted el lugar más apropiado, el mejor.

Y luego el apóstol añadió algo entrañable, "y el hermano Timoteo". Él era su hermano cristiano espiritualmente hablando, y hermano de los creyentes de la iglesia de Corinto. En otro pasaje Bíblico Pablo le llamó su hijo en la fe. Pero cuando le escribió a la iglesia, él colocó a Timoteo en el mismo nivel en que Pablo se encontraba. Y nos agrada ver esa forma que tenía el apóstol de colocar a los demás en el mismo plano en que él se encontraba. Luego dijo, "a la iglesia de Dios". Estamos hablando aquí de la iglesia de Dios. Muchas veces escuchamos a personas que dicen: "mi iglesia", y muchas de esas personas que así hablan actúan como si la iglesia les perteneciera personalmente. Se olvidan que la iglesia es de Dios y que es la iglesia del Señor Jesucristo, que Él compró con su sangre. Y considerando el precio que Él pagó por ella, usted y yo, estimado oyente, mejor que no seamos creyentes de poco valor, de poca calidad, tratando de expresar o hacer prevalecer nuestra pequeña voluntad en la iglesia.

Siguiendo el texto leemos, "La iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya". Pablo no limitó esta realidad solamente a Corinto, sino que la amplió a todos los lugares de Acaya, que era una provincia del Imperio Romano, porque en cualquier lugar donde había llegado el mensaje del evangelio en esos días, había personas que eran testigos. Porque ellos llevaban el evangelio a otros.

Cuando uno visita esa tierra de Acaya, puede ver que es un lugar hermoso, fértil, con viñedos extraordinarios. También puede apreciar flores hermosas y fragantes. Podemos imaginar a aquellos creyentes que estaban controlados por el pecado de la iglesia de Corinto. Entonces, cuando llegó Pablo, fue como si las escamas hubieran caído de sus ojos. La luz irrumpió en sus almas oscurecidas. Y se volvieron de sus pecados al Cristo viviente. Después, fueron por toda Acaya dando testimonio de Cristo y, como consecuencia, muchos creyeron en Él. En esta carta, Pablo estaba también hablando a todos ellos, es decir, a todos los creyentes que residían por toda esa provincia de Acaya. Veamos ahora lo que dice el versículo 2:

"Gracia y paz a vosotros de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo".

El apóstol Pablo utilizó con frecuencia este saludo. La gracia y la paz son aquellos grandes dones de Dios para el creyente. Continuemos leyendo el versículo 3, que da comienzo a la consideración del tema que en nuestro bosquejo titulamos:

El consuelo de Dios en los planes de la vida

"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación"

La palabra que se utiliza aquí para "bendito" podría ser en realidad "alabado". "Alabado sea el Dios y Padre". Nos preguntamos, ¿cuánto alabamos en realidad a Dios? David dijo en el Salmo 34, versículo 1: "Bendeciré al Señor en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca". Si ésta fuera nuestra actitud, estimado oyente, nos libraríamos de muchas quejas. Se nos dice aquí que debemos alabar al Señor. En el Salmo 50, versículo 23, dice: "El que ofrece sacrificio de acción de gracias me honra".

Pablo dijo aquí en su Segunda epístola a los Corintios, "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo". Dios es el Padre, es decir, esa es su posición en la Trinidad, y de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su hijo unigénito. Él es el Hijo único en el sentido de que ocupa una posición totalmente única. Él es el Hijo eterno de Dios y Dios es el Padre eterno. Si hay un Padre y un Hijo de esta naturaleza, entonces nunca hubo un tiempo cuando tuvo lugar una procreación en el sentido de que hubo un nacimiento, o de que hubo un principio para el Hijo. Así que esta expresión indica las posiciones en la Trinidad. Tanto el Padre como el Hijo son eternos.

Después Pablo le llamó "Padre de misericordias y Dios de toda consolación". Quisiéramos dedicar unos momentos a hablar sobre estas tres palabras, que son: amor, misericordia (o compasión) y gracia.

Una de las palabras es "amor", Ya hemos mencionado esto antes. Se ha dicho mucho acerca del amor. Nos parece una expresión teológica más que sentimental, decir que Dios nos salva por Su amor. Ahora bien, es cierto que Dios nos ama. ¡Y cómo nos ama! Incluso no sabemos hasta qué punto nos ama. Nuestro corazón se quebrantaría si pudiéramos comprender lo mucho que nos ama. Pero Dios no nos salva por Su amor. Las Sagradas Escrituras nos enseñan que somos salvos por la gracia de Dios.

Ahora, ¿qué es la gracia? Bien, gracia es "un favor inmerecido", lo cual quiere decir que Dios nos salva sobre en una base diferente, que no tiene nada que ver con el mérito propio. Dios nos ama, pero no nos salva por Su amor; nos salva por Su gracia. ¿Por qué? Porque Él también es el Dios de toda misericordia, el Padre de misericordia y compasión. Y, la gracia significa que Dios nos ha amado tanto que nos ha provisto un Salvador porque Él no podía salvarnos de ninguna otra manera. Y cualquier cosa que usted y yo tenemos hoy es una muestra de la compasión y misericordia de Dios. En realidad, se dice de Él que es rico en gracia y misericordia.

¿Necesita usted misericordia hoy? Si usted necesita algo material, como el dinero, por lo general va al banco. Y si usted necesita misericordia, compasión, ayuda, debe ir a aquel que es el Padre de misericordias. Diríjase a Él. Cualquier cosa que usted y yo poseamos, sea mucho o poco, es inmerecido. Se debe a la misericordia de Dios.

Así que todo lo que tenemos, se debe a la misericordia de Dios, incluso las enfermedades. Por ello los primeros siete capítulos que tenemos aquí tratan sobre la misericordia, el consuelo de Dios precisamente donde lo necesitamos, en los planes de la vida. Él, pues "es el Padre de misericordias, y Dios de toda consolación". Esto lo podemos probar en el crisol de la vida. El sufrimiento es la prueba decisiva. Él es el Dios de todo consuelo. Él lo consolará a usted en el hospital y ante la muerte de algún ser querido. Él lo puede consolar a usted en cualquier lugar y en cualquier circunstancia. Realmente, podemos decir con el apóstol que "Él es el Dios de toda consolación".

Ahora, hay un consuelo auténtico y hay uno falso. No nos gusta escuchar a algunos que, suspirando con resignación dicen: "Ah, si Dios ha permitido que esto suceda yo lo acepto" cuando, en realidad, no lo aceptan y se rebelan contra ello. Tenemos que ser honrados con Dios y, en esas circunstancias dolorosas, decirle cómo nos sentimos. Debemos decirle que lo que nos ha sucedido no nos agrada en absoluto. De todos modos, Dios ya lo sabe y quiere que seamos sinceros con Él. Por ello decimos que hay un consuelo genuino y otro que no lo es.

Existe la noción popular de que el consuelo es como algún tipo de edulcorante sentimental con algún matiz de debilidad. Cuando yo era pequeño, y me caía, me lastimaba las rodillas. Yo siempre me preguntaba por qué mi madre no me ponía pantalones largos, pero ella nunca lo hizo. Y cuando yo me quejaba de las heridas, ella se me acercaba y me besaba para consolarme. Me decía, "bueno, no es nada, ya pasó". Y ella me consolaba y yo creía en lo que ella estaba diciendo y dejaba de llorar. Eso es algo sentimental, es dulce, es agradable, pero llegó un día cuando tuve que ausentarme del hogar para estudiar y estaba desanimado, porque no tenía ningún dinero. Entonces ella se sentaba junto a mí, me hablaba y sus palabras eran como una medicina fuerte. Y solía decirme: "Tú, debes ser un hombre ahora, tienes que actuar como un hombre". Y ésa también era una forma de dar ánimo y consuelo.

Hay personas que recurren a toda clase de cosas para encontrar consuelo o alivio. A veces intentan encontrarlo en el alcohol o en las drogas. Pero lo único que consiguen es arruinar sus vidas y en muchos casos, a sus familias. ¿Qué es lo que quiere decir en realidad, estímulo, consuelo?

Bueno, la palabra para consuelo es "parakaleo". Eso quiere decir, "llamado al lado de". El Espíritu Santo es llamado el Paracleto, es decir, aquel que ha sido llamado para estar a nuestro lado. Cuando el Señor Jesucristo prometió enviar al Espíritu Santo les dijo a los suyos: "No os dejaré huérfanos, vendré a vosotros". Y en Juan 16:7 les dijo: "Os conviene que me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré".

Entonces, ¿qué es un consolador? Escuche estimado oyente, no es alguien que simplemente se limita a besar la herida. Es un ayudante, alguien que fortalece, un abogado. Alguien llamado para ayudarme, para darme fuerzas, para aliviar mi soledad, para mitigar mi dolor, y para calmar mis temores. Él quiere ser mi auxilio en momentos de sufrimiento o problemas sin solución. El Salmo 30:10 dice: "Escucha oh Señor, y ten piedad de mí; oh Señor, se tú mi socorro". Ése es el lamento de un alma que necesita el Consolador; y Él es el Dios de toda consolación. Estimado oyente: Dios, que ve nuestro interior y conoce todas nuestras necesidades permitió que usted escuchara hoy esta exposición de Su Palabra. Si usted se reconoce perdido y que necesita un Salvador, dé el paso de fe de creer en el Señor Jesucristo como su Salvador. Entonces, el Espíritu Santo, el Consolador, entrará en su vida para controlarla, para consolarle a usted, y para convertir en realidad lo que Él sólo puede dar. Amor, alegría y auténtica paz.

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