Estudio bíblico de 2 Corintios 12:16-13:14

2 Corintios 12:16 - 13:14

Continuamos hoy con el capítulo 12 de esta Segunda epístola del apóstol San Pablo a los Corintios, en esta división que trata sobre la revelación del apostolado de Pablo. En nuestro programa anterior, vimos que Pablo nos estaba diciendo de la ocasión cuando él fue arrebatado hasta el tercer cielo. Contó su experiencia pero no nos pudo decir nada sobre el cielo mismo. Dios permitió que Pablo tuviera un aguijón en su cuerpo para que él no se envaneciera demasiado. Dios le dio poder para que sobrellevara esa espina e hizo que permaneciera como un hombre humilde, haciendo que Su poder se mostrara a través de la debilidad de Pablo. Y podemos apreciar su paciencia y actitud humilde en estos últimos capítulos.

A partir del versículo 14, el texto mencionaba los planes de Pablo para visitar Corinto. Pudimos ver a Pablo como el padre espiritual de todos ellos. Él les había conducido a Cristo y había establecido la iglesia en Corinto. Pero, a pesar de ese importante vínculo espiritual, Pablo les tuvo que decir que parecía que cuanto más les quería, menos le querían ellos a él. Y notemos lo que dijo aquí en el versículo 16:

"Pero en todo caso: Yo no os fui carga. No obstante (algunos dicen que) siendo astuto, os sorprendí con engaño".

Observemos a este hombre. En el versículo 14 les había dicho que no buscaba lo que ellos tenían, o su dinero, sino que les buscaba a ellos. El los quería ganar a ellos para Cristo. ¿Acaso no fue eso lo que el Señor Jesús les dijo a sus apóstoles? Recordemos Sus palabras: "Seguidme, y os haré pescadores de hombres". Él no les dijo que cada pez que pescaran tendría una moneda de oro en su boca. Él les convirtió en pescadores de hombres, y es aquí donde debe ponerse el énfasis. Y dijo en los versículos 17 y 18:

"¿Acaso os he engañado por medio de alguno de los que he enviado a vosotros? Rogué a Tito, y envié con él al hermano. ¿Os engañó acaso Tito? ¿No hemos procedido con el mismo espíritu? ¿No hemos seguido en las mismas pisadas?"

Pablo dijo que no había utilizado ningún método ingenioso para tomar ventaja sobre ellos. Había predicado la Palabra de Dios en toda su sencillez. No había enviado a otros emisarios para aprovecharse de ellos. Y continuó diciendo en los versículos 19 y 20:

"¿Acaso pensáis aún que nos disculpamos con vosotros? Delante de Dios en Cristo hablamos; y todo, muy amados, para vuestra edificación, pues me temo que cuando llegue, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado por vosotros cual no queréis. Temo que haya entre vosotros contiendas, envidias, enojos, divisiones, difamaciones, chismes, arrogancias, desórdenes"

Ésta era la situación que Pablo esperaba encontrar en la iglesia cuando llegara. Por su parte, ellos esperaban mucho de Pablo. Y Pablo esperaba mucho de ellos. ¿Pero con qué se encontraría? Seguramente habría entre los Corintios polémicas y discusiones. Las incidencias que Pablo mencionó aquí caracterizan a cualquier iglesia o comunidad cristiana contemporánea. Siempre estará presente el cotilleo. Algunas personas creen cualquier chisme que alguien les cuente. Por "arrogancias" seguramente se aluda al comportamiento soberbio, pomposo o arrogante de algunas personas. Un expositor Bíblico comparaba estas actitudes con la rana que se encuentra a la orilla de un arrollo o junto a un estanque, toda hinchada, con una apariencia equivalente al doble de su tamaño normal. Pero si usted le arroja una piedra, se empequeñece y se arroja al agua. Por "desórdenes" se refiere a la formación de grupos de presión o camarillas que se dedican a causar problemas. Continuemos leyendo el versículo 21 de este capítulo 12 de Segunda de Corintios:

"Temo que cuando vuelva, me humille Dios entre vosotros, y quizá tenga que llorar por muchos de los que antes han pecado y no se han arrepentido de la impureza, inmoralidad y sensualidad que han practicado".

Corinto era una ciudad de un nivel moral bajo. Era conocida como un centro de pecado y de maldad por todo el Imperio Romano. Era la ciudad a la cual la gente acudía para cometer todo tipo de desenfreno moral. Claro que siempre fue cierto que cuando el pecado se desbordó en una sociedad, la gracia de Dios se derramó de manera aún más abundante. Sin embargo este ambiente hizo que la gente de Corinto tomara a la ligera las acciones pecaminosas.

Parece que esta situación no presentaba una imagen muy atractiva de la iglesia, ¿verdad? Seguramente lo habrá usted pensado al recorrer esta carta de Pablo. Pero algunos de los problemas que caracterizaron a aquella congregación pueden presentarse en la actualidad, porque la naturaleza humana no ha cambiado en absoluto.

Supongamos por un momento que el Señor removiera la iglesia fuera de este mundo. ¿Qué sucedería si Él se llevara a todos los verdaderos cristianos o creyentes que están en el mundo? Comenzaría una gran tribulación, Y la ausencia de la iglesia contribuiría a ese tiempo de gran aflicción. Porque la iglesia es hoy la sal de la tierra, la luz del mundo, y el Espíritu Santo habita en la iglesia en la actualidad.

¿Está la situación del mundo mejorando o empeorando? Algunos dicen que la iglesia no ha mejorado al mundo porque éste se encuentra peor hoy que hace unos 2.000 años. En términos generales no estamos de acuerdo con esa afirmación. Es cierto que Segunda de Timoteo 3:13 dice, "Pero los hombres malos e impostores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados". Pero esta declaración no afirma que el mundo va cada vez peor. Dice que los malvados se irán poniendo cada vez peor. Lo que creemos que quiere decir es que se pondrán peor durante su vida y después vendrá otra generación, y así sucesivamente.

El mundo está hoy un poco mejor que hace 2.000 años, porque en aquel momento de la historia cometieron un pecado que hubiera sido imperdonable si el Señor no hubiera dicho desde la cruz: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Los hombres crucificaron al Hijo de Dios. Reconocemos que el mundo actual, por su rechazo de Cristo, es como si le estuviera crucificando de nuevo. Porque el peor pecado en todo el mundo es el rechazo de Cristo. Cada generación que ha pasado por esta tierra ha sido culpable de ese pecado. El Señor Jesús dijo que cuando el Espíritu Santo viniera, convencería al mundo de pecado y, como Él mismo dijo en Juan 16:9, porque no creen en mí. Hay muchos pecados que son malos, pero el peor de todos, como dijimos, es el rechazo de Cristo. Y el mayor crimen que jamás fue cometido en esta tierra fue la muerte del Hijo de Dios. El mundo de hoy es tan corrupto, tan vil, tan cruel y tan malvado como lo era entonces.

Pero también debemos decir que, desde un punto de vista material, el mundo nos ofrece una mejor calidad de vida, un lugar más cómodo para vivir, con una cantidad de elementos que nos facilitan la vida y el trabajo, que hubieran resultado inconcebibles al principio de la era cristiana. Pero necesitamos reconocer que el propósito de la Iglesia en este mundo no es el de plantar flores, así como el propósito de Israel, no era el de sembrar flores en el desierto. Ellos eran peregrinos que se encontraban de viaje, que tenían un mensaje y un testimonio. Y ése ha sido también el propósito de la Iglesia a través de las edades.

Ahora, la Iglesia de hoy tiene que ser un grupo de personas santas, consagradas y apartadas para Dios y que tendrían que vivir para Dios. Nos gustaría señalar a la Iglesia y poder decir que está cumpliendo esa misión. Su fracaso en esta área es una de las razones por las que el interés actual en la Palabra de Dios, en muchos casos, deja de lado a la iglesia local. Muchos sectores del cristianismo están demasiado ocupados en solucionar problemas internos. Sin embargo todo ello no invalida el hecho de que la iglesia es aquel grupo de personas que son amadas por el Señor Jesucristo. Él dio su vida por la iglesia, para poder limpiarla, purificarla, y para hacer que cada creyente viva una vida aceptable para Dios. Y aunque como iglesia estemos lejos de lo que realmente debiéramos ser, tendríamos que estar moviéndonos en esa dirección.

Así que aquí en las cartas de Pablo a los Corintios nos permiten hacernos una idea de cómo era una iglesia que estaba situada en la peor ciudad del Imperio Romano. No podemos decir, en manera alguna, que la iglesia no influencia al mundo que se encuentra a su alrededor. A primera vista podría parecer que esa influencia es muy limitada y, sin embargo, en aquella época y en la actualidad, si ese grupo de gente fiel, consagrada y santa fuera removida de este mundo, el mundo estaría en una condición mucho peor.

Vamos a pasar ahora a

2 Corintios 13:1-14

Al llegar a este capítulo 13, último de esta carta, y por lo tanto el último capítulo de la última división del libro, titulada, "El llamamiento del apóstol Pablo" (que abarcaba los capítulos 10 al 13), tenemos el tema de la ejecución del apostolado de Pablo, entre los versículos 1 y 10, y finalmente, la conclusión del apostolado de Pablo, entre los versículos 11 y 14. Leamos entonces el versículo 1, que encabeza el párrafo titulado

La ejecución del apostolado de Pablo

"Esta es la tercera vez que voy a vosotros. Por el testimonio de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto".

El apóstol Pablo volvió a repetir lo que había dicho antes. Iba a Corinto por tercera vez para ejercer su oficio como apóstol. Todo debía ser autenticado cuando él llegara allí. Cada asunto iba a ser tratado abiertamente. Y al ejercitar su ministerio como apóstol, iba a mostrar las pruebas de su apostolado por el poder de Cristo operando a través de la debilidad de Pablo. Leamos ahora los versículos 2 y 3:

"He dicho antes, (cuando estuve presente la segunda vez) y ahora digo otra vez como si estuviera presente, y ahora, que estoy ausente, lo escribo a los que antes pecaron, y a todos los demás, que si voy otra vez, no seré indulgente. Así tendréis una prueba de que habla Cristo en mí, y él no es débil para con vosotros, sino que es poderoso en vosotros".

Fue evidente que Pablo se había presentado ante ellos en una condición de debilidad, pero la Palabra de Dios fue poderosa y les había transformado, incluso en esta ciudad hundida en el pecado y la maldad. Y dijo el apóstol en el versículo 4:

"Aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. Y también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para con vosotros".

Pablo nos habló aquí de aquel que fue "crucificado en debilidad". ¿No es cierto que suena extraño hablar de la debilidad de Dios? ¿Cuál es esa debilidad? Cuando Cristo fue a la cruz, estimado oyente, esa fue la debilidad de Dios. Sin embargo añadió que Cristo "vive por el poder de Dios".

A continuación Pablo iba a decir algo muy importante. Es que hay un inventario que cada cristiano debiera hacer regularmente. Escuchemos lo que dijo en el versículo 5:

"Examinaos a vosotros mismos, para ver si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos? ¿No sabéis que Jesucristo está en vosotros? ¡A menos que no paséis la prueba!"

Esto no tiene nada que ver con la libre voluntad, o con la elección, o con la seguridad del creyente. Pablo dijo que debiéramos examinarnos a nosotros mismos, poniéndonos a prueba, para ver si estamos en la fe o no. Debiéramos estar dispuestos a hacer frente a esta prueba. Creemos que tendríamos que hacer esto de vez en cuando.

Pablo construyó normalmente estas preguntas en relación con la posición de haber sido declarados justos por Dios; o sea, ¿eran o no cristianos? Pero aquí más probablemente su desafío se refería al desarrollo del proceso de la santificación de aquellos Corintios, es decir, al proceso de su crecimiento espiritual. ¿Podían demostrar ellos que estaban en la fe, que Cristo estaba en ellos por obedecer Su voluntad? ¿Tenían la vitalidad de una fe que funcionaba? ¿Estaban viviendo una vida de fe? Pasar la prueba implicaba hacer lo que a Dios agradaba; y fracasar en ella implicaba ser desobediente y por lo tanto, estar expuesto a la disciplina de Dios. Escuchemos lo que Pablo dijo aquí en el versículo 6, de este capítulo 13 de su Segunda epístola:

"Espero que reconoceréis que nosotros no estamos reprobados (no hemos fracasado en la prueba)".

Pablo había realizado su inventario espiritual personal y quiso que ellos supieran que él estaba viviendo una vida de fe, impulsado por esa fe. Y siguió diciendo en el versículo 7:

"Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros aparezcamos como reprobados"

Pablo les estaba diciendo que simplemente quería que ellos fueran la clase de creyentes que deberían ser. Y dice el versículo 8:

"Porque nada podemos hacer contra la verdad, sino solo a favor de la verdad".

Aquí tenemos otra gran verdad que debemos subrayar. Estimado oyente, usted no puede hacer nada contra la verdad. Nosotros no debemos preocuparnos por aquellos que no están de acuerdo con la Palabra de Dios. No pueden hacer nada contra la verdad. Debiéramos proclamar la Palabra de Dios y no pasar nuestro tiempo defendiéndola. Dios no nos pidió que la defendiéramos, sino que la difundiéramos. Dice el versículo 9:

"Por lo cual nos gozamos cuando nosotros somos débiles, y vosotros fuertes; y aun oramos para que vosotros seáis hechos perfectos".

Aquí la palabra "perfectos" no significa lo que nosotros pensamos habitualmente en cuanto a la perfección, sino que se refiere a la madurez. Pablo deseaba que ellos alcanzaran esa madurez cristiana, que crecieran en la gracia y en el conocimiento de Cristo Jesús. Y el versículo 10 dice:

"Por esto os escribo estas cosas estando ausente, para no usar de severidad cuando esté presente, según la autoridad que el Señor me ha dado para edificación, y no para destrucción".

A Pablo le agradaba poder escribirles en esta ocasión. Lo estaba haciendo para contribuir a su edificación espiritual y no para derribarles.

Ahora vamos a leer el versículo 11, último párrafo del capítulo, y de la carta, que comienza a hablar sobre

La conclusión del apostolado de Pablo

"Por lo demás, hermanos, regocijaos, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros".

Vemos que otra vez les dijo que buscaran la perfección, es decir, la madurez, que dejaran atrás la infancia espiritual. Estas recomendaciones son muy relevantes para muchísimos cristianos de nuestro tiempo. También volvió el apóstol a recomendar, que se animaran, que se consolaran, como lo hizo al principio de esta carta, cuando se refirió a la consolación de Dios, que significa "ayuda". Implica que Dios es el que está a nuestro lado para ayudarnos, para darnos fuerza, para estimularnos. Y estimado oyente, Dios quiere hoy hacer esto por usted. Yo no se quien es usted, donde se encuentra, o cómo se encuentra usted. Dios quiere ayudarle, Él puede hacerlo a través de Su Palabra, mediante el ministerio del Espíritu Santo.

Estos son verdaderamente grandes versículos, que expresan grandes verdades prácticas. Dios está con nosotros para consolarnos. Tenemos que crecer espiritualmente hacia la madurez: No podemos hacer nada en contra de la verdad, sino por la verdad. Ciertamente, después de recibir tal estímulo, debemos continuar adelante con Dios.

"Con un mismo sentir" significa en armonía, con el mismo sentir que hubo en Cristo. "Vivid en paz" presupone que nosotros no podemos lograr la paz en este mundo, pero sí podemos vivir en paz, con la ayuda del Espíritu Santo. "Y el Dios de paz y de amor estará con vosotros". Ésta es la paz de Dios, que supera todo entendimiento humano. Es la paz que Dios hizo mediante la sangre derramada por Cristo en la cruz. Debemos vivir hoy en paz. Tenemos que alegrarnos en nuestra salvación. Y dijo además el apóstol que Él "estará con nosotros". No olvidemos que no estamos solos. Hay una tremenda y maravillosa realidad, y es que Dios "está con nosotros". Leamos ahora los versículos 12 al 14:

"Saludaos unos a otros con beso santo. 13Todos los santos os saludan. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén".

Al pronunciar la bendición de la Trinidad, estaba incluyéndonos a nosotros junto a los cristianos de la iglesia de Corinto. Tenemos entonces que deleitarnos por todo lo que tenemos en el Señor Jesucristo: es decir, en la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo.

Y así concluye esta Segunda epístola de San Pablo a los Corintios. En nuestro próximo programa, volveremos al Antiguo Testamento para comenzar nuestro estudio del libro de Ester con una historia apasionante que usted no debe perderse; en consecuencia, le invitamos a sintonizar nuestro próximo programa. Mientras tanto, estimado oyente, le invitamos a apropiarse por la fe, de este amor de Dios, de Su gracia revelada en la entrega del Señor Jesucristo para morir por usted en la cruz, y del Espíritu Santo, el Consolador, que le llevará a un conocimiento de Cristo, y le irá transformando para que se parezca más al Señor.

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