Estudio bíblico de Ester 2:2-15

Ester 2:2-15

Estimado oyente, en este día regresamos una vez más a este breve, pero notable Libro de Ester. El título y tema del primer capítulo giró alrededor de la esposa que se negó a obedecer a su marido.

Se nos presentó el trono de un gran reino, un gran palacio y un salón de banquetes donde el rey de los medos y los persas, que era uno de los grandes gobernantes de este imperio mundial, ofreció un banquete para todos los líderes de las ciento veintisiete provincias que formaban su reino, para convencerles de la necesidad de una campaña militar contra Grecia.

Luego ocurrió algo que él ni siquiera había soñado. La reina se negó a acatar su orden cuando él le pidió que se presentara en el banquete para mostrar a los demás su hermosura. En realidad, él nunca habría dado una orden como ésa si no fuera que, en el momento de hacerlo estaba ebrio. Ella se negó a hacerlo y esta actitud de la reina provocó una gran conmoción. Algo tenía que hacerse en cuanto a esto, había que tomar alguna medida, y entonces, habiéndose promulgado una ley al respecto, ella fue apartada de sus funciones como reina. El rey entonces, llevó a cabo su campaña militar contra Grecia. Pero, habiendo sufrido una grave derrota, regresó a su palacio humillado, y en este estado emocional sintió más su soledad, echando de menos a la reina. Por tanto, sus siervos quisieron hacer algo para alegrarlo un poco. Leamos lo que dicen aquí los versículos 2 y 3 de este capítulo 2 de Ester:

"Entonces dijeron los criados del rey, sus cortesanos: Busquen para el rey jóvenes vírgenes de buen parecer. Nombre el rey personas en todas las provincias de su reino que lleven a todas las jóvenes vírgenes de buen parecer a Susa, residencia real, a la casa de las mujeres, al cuidado de Hegai, eunuco del rey, guardián de las mujeres, y que les den sus cosméticos"

En otras palabras, los ayudantes personales del rey observaron el malhumor y la soledad del rey y sugirieron que se llevara a cabo un concurso de belleza en el cual participaran mujeres hermosas de todas las provincias del reino. Seguramente reunieron a centenares de mujeres. Leamos ahora los versículos 4 y 5, en este capítulo 2, de este libro de Ester para ver qué es lo que ellos estaban pensando:

"y la joven que agrade al rey, reine en lugar de Vasti. Esto agradó al rey, y así lo hizo".

En este concurso, el rey sería el juez, el único juez. Leamos también el versículo 5:

"En Susa, la residencia real, había un judío cuyo nombre era Mardoqueo hijo de Jair hijo de Simei, hijo de Cis, del linaje de Benjamín"

Ahora, aquí tenemos el comienzo de la verdadera historia. Todo lo que hemos visto hasta ahora ha sido a modo de introducción. Fue como la preparación de un escenario, como la decoración de un escaparate. Se nos presentó esta corte pagana, impía; y se nos mostró lo que estaba ocurriendo para un propósito bien definido. Nos explica el por qué del concurso de belleza, y cómo Ester llegó al trono. Al convertirse en reina pudo intervenir e interceder a favor de su pueblo. Toda una nación podría haber sido exterminada en aquella época si ella no hubiera ocupado esa posición en el reino. Ahora comenzaremos a darnos cuenta que la mano de Dios se estaba moviendo en todo lo que ocurría en este palacio.

Hasta este momento de la historia, no había ocurrido ningún acontecimiento espiritual en el palacio. Éste era un lugar tan pagano como el que más, con sus orgías y todo lo que ello implicaba. Pero Dios estaba detrás de todo lo que sucedía y vamos a ver Su providencia. Él estaba permitiendo ciertos eventos para que en el momento oportuno, Él tendría a alguien que intercedería a favor de su pueblo, los judíos.

El poder de Dios para dominar los acontecimientos es una de las lecciones más importantes de este breve libro de Ester. Y tiene una aplicación práctica para nuestro tiempo, porque muchos cristianos están viviendo al margen de la voluntad de Dios. No están siendo realmente dirigidos por la voluntad divina. No están actuando en la esfera de Su voluntad. Sin embargo, Dios les dirige por Su providencia. Y Ester es un ejemplo de esa situación, en la cual participó en acontecimientos que Dios permitió que ella se implicase.

Aquí se nos presenta a Mardoqueo, que pertenecía a la tribu de Benjamín. Aquí surge inmediatamente una pregunta: ¿Qué estaba él haciendo allí? Pertenecía a la familia real de Israel. Pertenecía a la familia del rey Saúl. Otra de las evidencias que tenemos se menciona en el versículo 6, de este capítulo 2 de Ester, donde se dice de él lo siguiente:

"El cual había sido deportado de Jerusalén con los cautivos que fueron llevados con Jeconías, rey de Judá, en la deportación que hizo Nabucodonosor, rey de Babilonia".

Dios le había permitido a Su pueblo que regresara a su propia tierra, como había profetizado por medio de Isaías. El rey Ciro había promulgado un decreto permitiéndoles regresar y aquellos que estaban viviendo de acuerdo con la Voluntad de Dios regresaron a Palestina. Sin embargo, muy pocos retornaron a su patria. La mayoría de los judíos se habían adaptado a la tierra de su cautiverio; habían aprendido de los no judíos a desempeñarse como comerciantes y optaron por quedarse en un lugar que había llegado a gustarles. Así fue que cuando fueron libres para regresar, no quisieron volver a su tierra natal. Por ello hemos dicho que muchos, que vivían al margen de la voluntad divina, resolvieron no regresar. Y Mardoqueo fue uno de ellos. Él tendría que haber estado en la tierra de Israel. Pero de todos los lugares donde habría podido estar, observemos donde se encontraba. En el palacio real, ocupando un cargo político.

Recordemos que José también ocupó un cargo político en Egipto, sin embargo él estaba viviendo en una dependencia directa de Dios y de Su voluntad. Tenemos también otro ejemplo: Daniel, en la corte de Babilonia, también vivía de acuerdo con la voluntad de Dios. Pero Mardoqueo, no estaba directamente viviendo en la esfera de la voluntad divina. Ya hemos dicho que el libro de Ester es el libro de la providencia de Dios. Y Mardoqueo, aun en su situación espiritual, iba a ser utilizado en los planes de Dios, aunque no había buscado la ayuda de Dios. Incluso en una época en que uno hubiera pensado que él y su pueblo se hubieran vuelto a Dios, no lo hicieron. En este libro no hay ninguna mención a Dios ni a la oración, porque aquella gente permanecía apartada de Dios.

Y así, Mardoqueo y Ester surgen en las páginas de la Biblia sin mucho brillo, aunque indudablemente eran personas de un elevado nivel, como veremos más adelante en nuestra historia. Mardoqueo había sido llevado cautivo siendo muy joven, probablemente en la segunda deportación de cautivos que salieron de Jerusalén. Ello ocurrió durante el reino de Joaquím. La primera deportación que salió de Jerusalén incluyó a los príncipes, a la nobleza, a la clase alta; en está última se hallaba Daniel. En la segunda deportación fueron llevados por el rey Nabucodonosor a Babilonia, los que podríamos considerar pertenecientes a la clase media alta. Mardoqeo estaba incluido en este grupo.

Después de la tercera deportación, cuando Jerusalén fue finalmente destruida, solo quedó en aquella tierra la clase más pobre. Ahora Mardoqueo tenía una prima joven cuyos padres posiblemente murieron cuando Nabucodonosor tomó la ciudad. Porque en aquella ocasión, verdaderas multitudes fueron muertas por los invasores.

Y dice aquí el versículo 7:

"Y había criado a Hadasa, es decir, a Ester, hija de su tío, porque era huérfana. La joven era de hermosa figura y de buen parecer. Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la adoptó como hija suya".

El nombre hebreo de Ester era Hadasa, que significa estrella. En cierto sentido era una verdadera estrella y una joven muy hermosa, de acuerdo con el relato Bíblico. Mardoqueo la había adoptado como hija, y como se destacaba por su belleza, cuando se hizo el anuncio de que se elegiría otra reina para el rey Asuero, Mardoqueo se interesó inmediatamente por el asunto. Sin duda, su posición en el palacio le dio la oportunidad de ver a las diferentes mujeres que fueron traídas de todas las regiones del reino para participar en el concurso de belleza. Seguramente las comparó con Ester y llegó a la conclusión de que ninguna de ellas era tan atractiva como su hija adoptiva. Continuemos leyendo el versículo 7 de Ester 2:

"Sucedió, pues, que cuando se divulgó el mandamiento y el decreto del rey, y habían reunido a muchas jóvenes en Susa, residencia real, a cargo de Hegai, Ester también fue llevada a la casa del rey, al cuidado de Hegai, el guardián de las mujeres. La joven le agradó y halló favor delante de él, por lo que se apresuró a proporcionarle cosméticos y alimentos. También le dio siete doncellas escogidas de la casa del rey, y la llevó con sus doncellas a lo mejor del harén o casa de las mujeres".

Así es que podemos ver la providencia de Dios actuando en esta situación. Mardoqueo entonces introdujo a su joven prima Ester en el concurso de belleza. Debo decir que en esta coyuntura, este hombre no parecía merecer mucho respeto. Antes de que termine la historia, seguramente le veremos desde otra perspectiva y modificaremos nuestra opinión. Pero en este momento concreto le vemos actuar negativamente. En primer lugar, estaba desobedeciendo a Dios. Dios le había dicho a Su pueblo que no realizaran casamientos con los paganos. Sin lugar a dudas, Mardoqueo estaba quebrantando la ley de Moisés, al haberla introducido en un concurso, permitiendo la posibilidad de que ella se convirtiese en la próxima reina. Las mujeres que no ganaran el concurso, entraría a formar parte automáticamente del harén del rey. Si Ester no hubiera resultado ganadora, habría sido obligada a convertirse en una concubina del rey. Y habría quedado expuesta a una vida horrible. Pero Mardoqueo estuvo dispuesto a correr el riesgo.

En este punto de la historia podemos ver a Dios tomar el mando de la situación. Ester fue traída a la casa del rey. Ella le agradó a Hegai, el guardián de las mujeres. Consiguió que la tratase con amabilidad, y él le proporcionó todo lo necesario para que se convirtiera incluso, en una mujer más atractiva. Y dice el versículo 10:

"Ester no declaró cuál era su pueblo ni su parentela, porque Mardoqueo le había mandado que no lo dijera".

Recordemos que los judíos eran un pueblo cautivo y el antisemitismo siempre ha estado presente en las naciones del mundo. Y ése era el caso en esta nación. Uno no puede leer el relato de la destrucción de Jerusalén a cargo de Nabucodonosor sin percibir su odio por aquel pueblo. Fue ese rey el que les llevó cautivos a Babilonia. Pero en este momento de nuestra historia él ya no se encontraba en la escena y otra nación se había hecho cargo de ellos. Sin embargo, los sentimientos antisemíticos persistían. Consciente de ello, Mardoqueo advirtió a Ester que no revelara su nacionalidad. El silencio equivalía a negar la religión de ella, porque la religión había sido el elemento de identificación de ese pueblo a través de los años. En el momento en que Mardoqueo y Ester negaron su nacionalidad, negaron su religión. Y por otra parte, ya hemos destacado que permaneciendo en la tierra de su cautiverio, se encontraban fuera de la esfera de la Voluntad de Dios. Resulta interesante observar que en la actualidad, cuando hombres y mujeres se encuentran fuera de la Voluntad de Dios, tienen poco que decir a los demás acerca de su fe en Dios.

Notemos ahora lo que dice aquí, el versículo 11:

"Y cada día Mardoqueo se paseaba delante del patio de la casa de las mujeres, para saber cómo le iba y cómo trataban a Ester".

Siempre hemos oído que si uno se encuentra viviendo de acuerdo con la Voluntad de Dios, puede descansar en el hecho de que, como dijo San Pablo, Dios dispone todas las cosas para el bien de los que le aman. Mardoqueo no estaba descansando espiritualmente en Dios al estar al margen de la Voluntad de Dios. Más bien, estaba paseando de un lugar a otro, inquieto, preguntándose cómo acabaría este asunto. Se preguntaría si no habría cometido un error de bulto introduciendo a Ester en ese concurso de belleza. Incluso habrá sentido temor por lo que había hecho y no podía dormir de noche. Éste era, pues, el estado de ánimo de Mardoqueo. Porque cuando uno se encuentra fuera de la relación con Dios y apartado de Su Voluntad, no se siente uno seguro para relajarse y esperar que todo lo que ha planeado le salga bien. Seguramente no sabía nada sobre la providencia de Dios. Sin embargo, Dios estaba controlando la situación.

Recordemos una de las definiciones de la providencia de Dios que ya hemos mencionado: Es la manera en que Dios guía a una persona que no se ha puesto bajo la dirección de Dios. En este momento especial de esta historia, vemos con mayor claridad que Dios comenzó a actuar. O sea, que no fue un accidente que a Ester se le otorgase el lugar más importante, que fuera objeto de todos los favores, y que se le dieran todas las facilidades. Es que tenemos que recordar que no hay accidentes en los planes de Dios.

Veamos pues el tratamiento de belleza que se puso en marcha, Leamos el versículo 12:

"El tratamiento de belleza de las jóvenes duraba doce meses: seis meses se ungían con aceite de mirra y otros seis meses con perfumes aromáticos y cosméticos para mujeres. Después de este tiempo, cada una de las jóvenes se presentaba por turno ante el rey Asuero".

Cualquier tratamiento de belleza que se utilice en la actualidad en los salones de belleza parecerá insuficiente comparado con éste, que preveía un año entero de cuidados especiales. Los primeros seis meses incluían métodos para rebajar el peso y tratamientos para la piel. Y los seis meses restantes, se dedicaban a la aplicación de cremas y perfumes, probando las mejores formas de favorecer a cada una de las concursantes en el momento en que se presentasen ante el rey. Podemos ver aquí el gran énfasis que se ponía en el aspecto físico, lo cual era típico de una cultura pagana. En realidad esta costumbre nos resulta familiar, ya que en nuestro tiempo existe un enorme interés por la imagen, el aspecto físico de las personas, que dedican bastante tiempo en mejorar su condición y aspecto físico, sometiéndose normalmente a rígidas disciplinas. Por supuesto que se mantiene una buena salud llevando a la práctica una disciplina de ejercicios regulares. Aunque algunos quizás vayan al extremo de obsesionarse con su apariencia física. Es interesante que este énfasis de nuestros días coincida con un alejamiento de los valores espirituales, y con una creciente secularización y un aumento del interés de la gente en los valores materiales de la vida.

En el caso de Ester, vemos que Dios permitió este proceso por medio de Su providencia. Su entrada en el concurso de belleza y la aceptación del hombre encargado de la supervisión de las concursantes, fueron eventos ordenados y controlados por Dios. Hegai, el guardia de las mujeres debió pensar que Ester tenía ya el aspecto de una vencedora, así que la colocó en primera línea, otorgándole su preferencia hasta el final del proceso de preparación, lo cual fue un paso adelante en el programa de Dios. Ciertamente, no fue un accidente. La providencia de Dios estaba controlando la vida de Ester.

Continuemos viendo la culminación de este concurso, leyendo los versículos 13 y 14 de este capítulo 2 de Ester:

"Cuando una joven se presentaba ante el rey, al cumplirse sus doce meses, se le daba todo cuanto pedía, para que fuera ataviada con ello desde la casa de las mujeres hasta la casa del rey. Iba por la tarde, y a la mañana siguiente pasaba a la segunda casa de las mujeres, a cargo de Saasgaz, eunuco del rey, guardián de las concubinas. No se presentaba más ante el rey, a menos que este lo deseara y la llamara expresamente".

Después de un año de preparación, llegaba el momento en que cada mujer debía presentarse en las cámaras privadas del rey. Para esa visita, ella podía ir vestirse con las ropas que quisiera y llevar las joyas que prefiriese. Pronto llegaría el día en que Ester tendría que presentarse ante el soberano. Ella se encontraba ante una grave posibilidad. Si no ganaba, se convertiría en una de las concubinas del rey de Persia, lo cual habría constituido una tragedia para esta mujer judía. Por este motivo Mardoqueo se encontraba tan inquieto. Sabía que su vida se encontraba fuera del ámbito de la voluntad de Dios, y conocía el tremendo riesgo que aquella joven, a quien él había criado, estaba corriendo. Pero Dios iba a controlar el desenlace de este proceso. Leamos ahora el versículo 15:

"Cuando le llegó el turno de presentarse ante el rey, Ester, hija de Abihail, tío de Mardoqueo, quien la había tomado por hija, ninguna cosa pidió, sino lo que le indicó Hegai, eunuco del rey y guardián de las mujeres. Ester se ganaba el favor de todos los que la veían".

Cuando llego el momento de que Ester se presentase ante el rey, se decidió que la suya era una belleza natural, y que no necesitaba lo que para otras mujeres era indispensable. Alterar su aspecto natural habría sido como tratar de embellecer a una flor. Ella ya era atractiva y encantadora, y por ello se destacaba sobre todas las demás. ¿Estaba Dios actuando? Si. Su mano se estaba moviendo por medio de Su providencia. Iba a colocarla en el trono que estaba junto al trono del rey, porque si ella no estuviera allí en esa posición, toda la nación de Israel resultaría destruida. Y si eso sucediera, Dios estaría incumpliendo Su Palabra. Y Dios nunca lo hace.

Ya hemos dicho que el nuevo personaje de nuestro relato, Mardoqueo, vivía sin tener una relación con Dios. Tomó decisiones arriesgadas, y quedó inquieto sobre las consecuencias. Así les sucede a las personas que intentan regir sus propios destinos sin contar con Dios. Toman sus decisiones confiando únicamente en su estrategia humana, pero no pueden evitar sentir el temor y la inseguridad. Estimado oyente, le invitamos a iniciar una relación con Dios, que se inicia con un paso de fe al confiar en la obra realizada por el Señor Jesucristo en la cruz por sus pecados. Cuando le entregamos a Dios el control de nuestra vida, Él por Su Espíritu llena nuestros corazones de paz y de consuelo, y podemos apoyarnos en Su poder, en Su fuerza, y en su Sabiduría, para vivir y afrontar las dificultades y tristezas de esta vida, hasta que lleguemos a la vida eterna.

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