Estudio bíblico de Ester 9:1-10:3

Ester 9:1 - 10:3

Llegamos hoy a nuestro último estudio en este libro de Ester. Refiriéndonos al Bosquejo que incluimos en nuestro primer programa sobre este libro de Ester, en la introducción, diremos que los capítulos 9 y 10 tratan el tema de la institución de la fiesta de Purim.

En nuestro programa anterior, vimos que Dios, por medio de Su providencia había dominado la situación, cuando un decreto del rey había sido publicado, en el cual se buscaba la exterminación de Su pueblo. Él estaba controlando las vidas de una joven, la reina Ester, y su padre adoptivo, Mardoqueo, por medio de Su providencia. Ellos estaban viviendo fuera de la voluntad de Dios, así como todo el pueblo, porque los israelitas no habían regresado a su tierra. Pero Él estaba actuando a favor del pueblo israelita, porque siempre cumpliría Sus promesas dadas al patriarca Abraham. Ya vimos en el Génesis 12:3, que Dios le había prometido lo siguiente: "Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra". Dios se encontraba, por así decirlo, oculto en las sombras, como hemos dicho en tantas ocasiones, aparentemente fuera de los acontecimientos que estaban teniendo lugar, pero cuidando fielmente a aquellos que le pertenecían. Así es que cuando llegó el momento propicio, Dios tenía ya a Ester en el trono, de manera que ella pudiera influir directamente en lo que se tramaba en las altas esferas del poder político. Ahora, al principio de esta historia no se veía claramente de qué manera esta joven podría ser utilizada por la providencia de Dios. Ella ganó el primer gran concurso mundial de belleza. Ella fue la Miss Universo de su tiempo, cuando aún no se realizaban concursos para elegir a la mujer más hermosa de un imperio. Pero al avanzar en esta historia vimos que ella llegó a ser la reina de uno de los más grandes reinos mundiales; en realidad, el segundo gran reino mundial. El reino de los Medos y los Persas. Así que esta joven estuvo en esa posición de poder en el momento propicio. Y Mardoqueo había tenido razón cuando, para animarla ante los momentos difíciles que habría de pasar al interceder ante el rey Jerjes, le dijo: ¿quién sabe si para esta hora has llegado al reino? Y así fue. ¿Por qué? Por la providencia de Dios. Dios estaba en control de la situación.

El acontecimiento clave de estos últimos programas fue la caída del malvado Amán en desgracia. Habiendo subido tanto en su posición social y política, hasta llegar al cargo de primer ministro, su caída fue vertiginosa y espectacular, en unas pocas horas, terminando su vida ahorcado como el criminal que realmente era. El otro acontecimiento clave fue la ascensión de Mardoqueo, un hombre honrado, fiel a sus convicciones religiosas, leal a su soberano y a su pueblo, hasta llegar a ocupar el cargo más alto del reino, después de los reyes, prácticamente la posición de la cual había caído Amán.

Una vez muerto Amán y encumbrado Mardoqueo, los judíos que estaban bajo el temor del decreto que por influencia de Amán se había promulgado para exterminarles, se enteraron con gran alegría de que el rey, por influencia de la reina Ester, estaba de parte de ellos y había publicado otro decreto para salvarles. Tuvieron que creer en ese decreto que les traía la salvación y obrar en consecuencia. Y cuando ellos lo hicieron, fueron salvos de aquel otro decreto de condenación.

Ahora, estimado oyente, nosotros tenemos un Salvador maravilloso en el día de hoy, y el trono de Dios no es un trono de juicio, es un trono de gracia. Dios no quiere su perdición. Él tiene Sus brazos abiertos, extendidos hacia un mundo perdido. Y Dios no quiere castigar a nadie. Dios está transmitiendo, por medio del Evangelio, un mensaje de amor y de gracia. Les está diciendo a todos y a cada uno, a nivel personal: Ven a mí. Tiene usted que creer en Él, pues no hay salvación si no cree en el Señor Jesucristo como su Salvador, aceptando el sacrificio realizado en la cruz a favor suyo.

Ahora, nosotros no vamos a entrar en mucho detalle en lo que nos queda por ver en este libro de Ester. En el momento de comenzar nuestra lectura de hoy, el día de la ejecución de los judíos estaba cercano. Vamos a comenzar nuestra lectura en los primeros dos versículos de este capítulo 9:

"En el mes duodécimo, que es el mes de Adar, a los trece días del mismo mes, cuando debía ser ejecutado el mandamiento del rey y su decreto, el mismo día en que los enemigos de los judíos esperaban ejercer dominio sobre ellos, sucedió lo contrario; porque los judíos ejercieron dominio sobre los que los aborrecían. Los judíos se reunieron en sus ciudades, en todas las provincias del rey Asuero, para descargar su mano sobre los que habían procurado su mal, sin que nadie les opusiera resistencia, porque el temor de ellos se había apoderado de todos los pueblos".

Los judíos se prepararon para el ataque. El nuevo decreto del rey les estaba protegiendo, así que ultimaron todos los preparativos para defenderse. Herodoto, el gran historiador Griego, registró que el rey Asuero (o Jerjes) regresó a su país después de su derrota en la campaña contra Grecia, en el año 480 AC., y que su esposa, llamada Amestris, era una mujer fría y vengativa. Esta mujer fue Ester, por supuesto. Y para un observador exterior, era comprensible que ella pareciese vengativa y fría. Después de todo, ella intervino para poner fin a las malvadas actividades de Amán, y también pudo salvar a su pueblo de sus enemigos de aquella época.

Leamos ahora los versículos 3 y 4 de este capítulo 9 de Ester:

"Y todos los príncipes de las provincias, los sátrapas, capitanes y oficiales del rey, apoyaban a los judíos, pues todos temían a Mardoqueo, ya que Mardoqueo era grande en la casa del rey y su fama se había extendido por todas las provincias. Así, día a día se engrandecía Mardoqueo".

La situación en el reino había dado un vuelco total. En ese momento Amán, el que hubiera exterminado a los judíos, había muerto, Y Mardoqueo, uno de los suyos, estaba encumbrado junto al rey. Así que el mismo trono que había condenado antes a los judíos, ahora les protegía.

El mismo trono de Dios nos protege hoy a los creyentes en Cristo. En Romanos 8:33 y 34, el apóstol Pablo dijo: ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aun, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. Observemos aquí cómo justifica: (1) Cristo murió; (2) Resucitó; (3) Además está a la derecha de Dios; (4) Él también intercede por nosotros. Ésas son las razones por las cuales nadie puede condenar a los creyentes. ¡Ésta es una hermosa verdad! En la actualidad hay un Hombre en la gloria celestial, que sabe exactamente cómo se siente usted, y sabe como me siento yo. Y desde esa alta posición, en el trono, Jesucristo está intercediendo por nosotros. El tener a alguien allí que está a favor nuestro, constituye una maravillosa realidad. Las cosas han cambiado para nosotros, los pecadores. Dice la carta a los Hebreos 4:14 al 16: Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que trascendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.

Yo tengo un Salvador que es despreciado por el sistema que predomina en el mundo. Cosas gravemente injuriosas se dicen de Jesús. Pero, estimado oyente, Él es el hombre que está en el cielo. Él es el Rey de reyes y el Señor de Señores. Él es la expresión total del amor de Dios. Por ello el poeta, en el Cantar de los Cantares, pensando en la estrecha llanura de Sarón, que se extiende sobre la costa del Mediterráneo, al sur del Monte Carmelo, y pensando en las hermosas flores que lo adornaban, se refirió a Él como la flor más hermosa, y como la rosa de los llanos de Sarón y como distinguido entre diez mil. Y algún día vendrá otra vez. Debiéramos prepararnos para doblar nuestras rodillas ante Él para adorarle y alabarle. Esto es muy importante. Esta expectativa debiera ser cada vez más ansiosa, con el transcurso del tiempo. Estimado oyente, si usted ya es cristiano, ¿no se alegra usted más hoy que hace un tiempo, o que hace mucho tiempo atrás? Yo doy gracias a Dios que hoy soy un cristiano más alegre que hace unos años.

Supongamos que un israelita viviendo en la época de la reina Ester hubiera dicho: "Bueno, yo no me fío de ese nuevo decreto que ha sido publicado por el rey. No me lo creo eso que dicen, de que sea tan bueno. Así que me voy a proteger de la mejor manera que pueda; me haré un refugio adecuado y me defenderé yo mismo". Seguramente esa actitud, esa conducta habría implicado la muerte para aquella persona que no había creído en el decreto del rey.

Observemos también que los judíos tuvieron que tener fe en el mensaje del rey. Y así como ellos, nosotros debemos tener fe en el mensaje de Dios, que es el mensaje del Evangelio. El Evangelio significa buenas noticias. El apóstol San Pablo, en Primera de Corintios 15:3 y 4 nos comunicó el mensaje de Dios en pocas palabras. Dijo así el apóstol: Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. La verdad es que Dios ha promulgado un decreto y lo ha comunicado a un mundo perdido. Las mujeres y los hombres son salvos por la fe y no por las obras. En ese mismo sentido Juan 1:12 dice: Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre. La fuerza vital del sermón de San Pedro en el día de Pentecostés fue el afirmar que en el nombre de Jesucristo había perdón de pecados.

O sea que lo que salva a los seres humanos en el día de hoy es el Evangelio. Y el significado básico del Evangelio es señalar a lo que Alguien ha hecho por nosotros. No es un pedido de Dios para que usted y yo hagamos algo. Al contrario, el Evangelio nos informa sobre lo que Él ha hecho por nosotros. Si no depositamos nuestra confianza en Cristo, no queda ninguna esperanza para nosotros. Ahora bien, usted puede desprenderse de algunos hábitos perjudiciales, abandonar el mal, ir a la iglesia, bautizarse, participar de la Comunión o la Eucaristía, y aún encontrarse en una situación espiritual miserable ante Dios. La única manera de experimentar una paz verdadera, es tomar en serio a Dios y a Su Palabra, y creer en el mensaje del Evangelio. Cuando usted cree en ese mensaje, entonces Dios le salva.

Y así sucedió también en aquellos días. Los judíos que no creyeron en el mensaje del rey no tuvieron esperanza alguna de salvarse. Pero aquellos que aceptaron confiadamente el decreto del rey se alegraron. ¿Por qué? Porque su fe en el decreto del rey les trajo la liberación de la muerte.

Continuemos leyendo el versículo 20:

"Escribió Mardoqueo estas cosas, y envió cartas a todos los judíos que estaban en todas las provincias del rey Asuero, cercanos y distantes"

Muchos se han preguntado sobre quién escribió el libro de Ester. Creo que este pasaje podría sugerir que Mardoqueo fue el autor. Continuemos leyendo los versículos 26 y 27:

"Por eso llamaron a estos días Purim, por el nombre Pur".

Asimismo, debido a lo relatado en esta carta, y por lo que ellos mismos vieron y lo que les llegó a su conocimiento, 27los judíos establecieron y prometieron que ellos, sus descendientes y todos sus allegados, no dejarían de celebrar estos dos días, según este escrito y esta fecha, de año en año.

En nuestro tiempo, la fiesta de Purim es conmemorada por los judíos ortodoxos primero en las sinagogas. Evoca el recuerdo de los acontecimientos narrados en este libro. Su nombre viene del hecho de que Amán había determinado por "suertes" (que corresponde a la palabra Purim) el día en que serían exterminados los judíos de Persia. La fiesta se celebraba el 14 y 15 del mes Adar, del calendario hebreo. Iba precedida por un día de ayuno. Por la noche se encendían las lámparas. Se iba a la sinagoga para oír la lectura del libro de Ester, interrumpida por gritos de maldición contra los enemigos de los israelitas. Al leerlo, cada vez que se menciona a Amán, escupían. Y usaban una de dos expresiones: "Que su nombre sea borrado" o "Sea maldito". También se oían gritos de "Bendito sea Mardoqueo". Entonces, al día siguiente, se reunían en un servicio religioso alegre, porque en esta fiesta conmemoran el acontecimiento en que Dios les liberó, y en ella también recordaban otras liberaciones posteriores, como por ejemplo, la que tuvo lugar después de las atrocidades cometidas contra ellos en la segunda guerra mundial. Y todo ello basado en la promesa dada al patriarca Abraham en Génesis 12: 3, que ya hemos mencionado, y donde Dios le había dicho: Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. El versículo 28 añade:

"que estos días serían recordados y celebrados por todas las generaciones, familias, provincias y ciudades; que estos días de Purim no dejarían de ser guardados por los judíos, y que su descendencia jamás dejaría de recordarlos".

Llegamos así a

Ester 10:1-3

En este último capítulo comprobaremos que el libro concluye con algunas aclaraciones interesantes y esclarecedoras. Leamos los versículos 1 al 3:

"El rey Asuero impuso tributo sobre la tierra y a las costas del mar. Todas las obras de su poder y autoridad, y el relato sobre la grandeza de Mardoqueo, a quien el rey engrandeció, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Media y de Persia? Pues Mardoqueo, el judío, fue el segundo del rey Asuero, grande entre los judíos y estimado por la multitud de sus hermanos, porque procuró el bienestar de su pueblo y la paz para toda su raza".

Es oportuno recordar que, como cristianos, usted y yo tenemos un Salvador que algún día va a traer una paz real a este mundo.

Resulta interesante observar que hay tres oraciones que pronuncian los judíos en la fiesta de Purim. En la primera oración le agradecen al Señor por haberlos considerado dignos de que Él interviniera para liberarles. En la segunda oración, le agradecen por haber protegido a sus antepasados. Y en la tercera oración, le agradecen por haber vivido para disfrutar de otra fiesta más.

Nosotros, como cristianos, vemos en nuestra fiesta de la Pascua un significado espiritual. El apóstol Pablo dijo en 1 Corintios 5:7, Nuestra Pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Él es para nosotros la salvación de Dios. En la fiesta de Purim vemos el poder protector de Dios, Su Providencia, Su soberanía. Como bien dijo el autor de Proverbios 16:33, Las suertes se echan en el regazo, pero la decisión es del Señor. Él guardará a su pueblo Israel; Él protegerá a Su iglesia; Él cuidará a aquellos que le pertenecen. Él puede salvar por completo y para siempre a aquellos que vienen a Dios por medio de Él.

Resulta triste comentar de la generación actual, que la mayoría de los cristianos conocen sólo una visión distante de Dios, que depende únicamente de Su providencia. Esa providencia con la que Él guía a aquellos que están alejados de Él, y que le han dejado de lado como guía, como los israelitas de aquella época de Ester. No han aprendido a caminar, a vivir con Dios en una estrecha relación de compañerismo, obedeciendo la Palabra de Dios. Él nos conoce, nos ama y nos protege y no hay ninguna verdad que pueda apagar el brillo de esta verdad. Porque Él proporciona lo mejor a aquellos que le dan su preferencia, su prioridad.

Estimado oyente, Dios quiere guiarle y conducirle bajo Su mirada. En la hora actual necesitamos acercarnos a Él.

¡Cuántos cristianos hoy están viviendo bajo los dictados de su propia voluntad! Las cosas, aparentemente, les están yendo bien. El sol está brillando en el firmamento, y no aparecen piedras ni obstáculos en el camino de su vida. Y piensan que pueden resolver los problemas que se les presentan por sí mismos, así que no buscan a Dios para que Él intervenga. Pero un día, el viento comienza a soplar con violencia, se agitan las olas; el camino se vuelve oscuro, y entonces, de pronto le suplican a Él: "Señor, sálvame. Estoy pereciendo. Muéstrame el camino". Y entonces, si superan esa crisis dicen: "El Señor me guió". Estimado oyente, solamente por Su providencia, Él le ha guiado. Porque usted no estaba viviendo de acuerdo con la voluntad de Dios. Nos preguntamos cuántos de los cristianos a los cuales estamos hablando en este momento, creen estar viviendo en la voluntad de Dios.

Oímos tanto hablar en la actualidad sobre la dedicación de nuestra vida y de nuestro corazón. Estimado oyente, yo no le estoy pidiendo que haga eso. Usted podría ponerse de rodillas ahora mismo y dedicar su corazón y su vida; y luego, mañana mismo usted podría volver a estar una vez más, completamente fuera de la voluntad de Dios. Y en ese momento usted comienza a andar otra vez, por la providencia de Dios. Pero tenga en cuenta que Él quiere guiarle, y desea guiarle directamente. No importa quien sea usted, donde se encuentra, o qué está haciendo. Dios puede ejercer el control sobre su vida. Y usted puede conocer la alegría y satisfacción de venir a Él. Y no se trata de un acto único, aislado, sino una acción continua, de momento a momento, de día a día, buscando la voluntad de Dios para su vida. Usted puede comenzar hoy mismo, desde el punto de su vida en que se encuentre, a vivir bajo la voluntad de Dios.

En nuestro próximo programa continuaremos en el Antiguo Testamento y comenzaremos nuestro estudio del libro de Job. Le invitamos a acompañarnos en este interesante libro que penetra en los secretos del sufrimiento desde las perspectivas divina y humana, pero le recordamos, que todo lo que hemos dicho sobre la necesaria guía de Dios en los asuntos de esta vida, requiere en primer lugar establecer una relación con Dios, aceptando por la fe lo que Jesucristo hizo a favor suyo en la cruz, pagando el castigo por nuestros pecados. Creemos oportuno concluir hoy con el versículo que hemos citado de Juan 1:12, que dice: Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre. Estimado oyente, la invitación queda en pie. Usted puede ser uno de aquellos que le reciben, que creen en Su nombre y se convierten en hijos de Dios.

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