Estudio bíblico de Job 2:4-3:12

Job 2:4 - 3:12

Continuamos hoy nuestro estudio del libro de Job, y estamos contemplando, en los versículos 1 al 6 del capítulo 2, la cuarta escena que se presenta en este libro y que transcurre en el cielo; y vemos aquí que el Señor había destacado de una manera particular el ejemplo de Job, que a pesar de las máximas pérdidas humanas que un ser humano podía tener, pérdidas como su familia, y la totalidad de sus bienes materiales, se mantenía firme en su dependencia de Dios y en su conducta intachable. Y leemos ahora en el versículo 4, de este capítulo 2 de Job:

"Respondiendo Satanás al Señor, dijo: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene lo dará por su vida".

Satanás por lo general acierta al analizar a la mayoría de los cristianos. Hay un resquicio en nuestra armadura. Tenemos nuestro talón de Aquiles, una determinada debilidad. Y cuando nos enfrentamos a las cosas más básicas, entonces nos derrumbamos, nos hundimos. Pero, de acuerdo con Primera de Corintios 10:13, Dios nos ha prometido que Él no nos dejará sufrir pruebas más duras de lo que podamos soportar. Por el contrario, cuando llegue la prueba Dios también nos dará el modo de salir de ella, para que podamos soportarla.

Estimado oyente, donde quiere que usted se encuentre, y cualquiera sea la prueba que usted está soportando, sepa que Dios puede sostenerle. Esta verdad constituye un gran consuelo. No sabemos lo que un nuevo día nos deparará. Si alguna tragedia que no se puede expresar con palabras, o momentos llenos de encanto y felicidad. Sea lo que fuere, Dios hará posible que pasemos por esas experiencias. Él se ocupará de que nuestra armadura resista cualquier ataque. Veremos eso más adelante pero, desde ya podemos disfrutar de esa seguridad. Satanás es un ser mentiroso y dijo que Job estaría dispuesto a sacrificarlo todo por salvar su cuerpo y su vida, y que si a él se le permitiese tocar su cuerpo, él maldeciría a Dios en su cara.

Pasemos ahora a la quinta escena, comprendida entre los versículos 7 y 10 de este capítulo 2 de Job. Leamos entonces los versículos 7 y 8, que nos llevan nuevamente a

La tierra de Uz

"Salió entonces Satanás de la presencia del Señor e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. Y Job, sentado en medio de ceniza, tomaba un trozo de tiesto y se rascaba con él".

Este hombre estaba siendo probado en cada parte de su propia vida. Y en realidad, Satanás estaba tratando de derribarle, de quebrarle. Este hombre ha perdido todas sus posesiones materiales, después a su familia; y ahora su cuerpo físico estaba siendo atacado.

No hay aparentemente, ninguna explicación humana para los sufrimientos de Job. No era un castigo por sus pecados, y no tendría ningún sentido si uno no tuviera una percepción clara de lo que estaba ocurriendo. Ése fue el motivo por el cual Dios nos dio una explicación al principio del libro, para que pudiéramos entender esta tragedia. Lo que estaba sucediendo tenía un propósito elevado y digno. Había una razón suficiente y buena en los designios internos de Dios.

Y cuando se reúnen todos los hechos, y se consideran todos los aspectos, se puede apreciar que Dios tenía un propósito en todo este drama. Y era el de la disciplina. Podemos decir que era bueno para Job.

Recordemos que la forma de actuar de Dios no es como la nuestra. Bien dijo Isaías 55:9, "Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos". Nos cuesta entender, asimilar la disciplina de Dios, así como cuando éramos pequeños, nos costaba asimilar la disciplina de nuestros padres. Es como la historia que se cuenta de ese padre que estaba castigando a su hijo pequeño y mientras tanto le decía: "Esto me duele a mí más que a ti". A lo cual el niño respondió: "Si, pero no en el mismo lugar".

Tratamos de librar a nuestros hijos de problemas y tristezas. Hacemos todo lo posible para evitarles situaciones de apremio. Les damos todo lo que podemos para hacerles la vida agradable, pero de esa manera les perjudicamos.

Ahora, llegó el día cuando Job se dio cuenta que algo bueno estaba surgiendo de esta experiencia suya. Pero, al principio, él no podía comprenderlo. Y no sólo era para el bien de Job, sino para la gloria y el honor de Dios. El carácter de Dios había sido puesto en entredicho por Satanás. Usted se puede imaginar lo que esas criaturas inteligentes creadas por Dios habrán pensado al escuchar que Satanás estaba difamando a Dios. La implicación satánica era que Dios no era digno de ser amado. Que Dios tenía que pagar a Job, que tenía que comprarle para que éste le amara y le sirviera.

¿Y qué diremos del caso nuestro? ¿Somos contemporizadores? Dios es bueno y misericordioso con nosotros. Nosotros disfrutamos de Su bondad, pero cuando estamos bajo una prueba, es entonces cuando demostramos lo que verdaderamente somos. Usted sabe que el fuego siempre quema la escoria y la prueba revela lo que es genuino. Nosotros tenemos que ser la luz del mundo. La luz es para la oscuridad, y Él nos coloca en la oscuridad para que nuestra luz brille.

Dios nunca ha prometido a ninguno de Sus hijos una vida fácil. Por el contrario, Él prometió que el camino sería escabroso. Pero si sufrimos con Él, reinaremos con Él. Sin dolor no hay gloria ni honor. Si no hay sufrimiento, ni lucha, tampoco habrá una supremacía ni un lugar de honor. Es muy difícil para nosotros doblegarnos bajo la poderosa mano del Dios Todopoderoso. Ésa es la razón por la cual Pablo pudo decir: "Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres".

Ahora, ¿qué clase de problema tenía Job? Se nos dice aquí que él tenía una especie de úlcera repulsiva y dolorosa, y que él se rascaba con un tiesto, es decir, un trozo de una vasija de barro. Ha habido mucha especulación sobre la naturaleza de la enfermedad de Job. Un destacado médico, el Dr. Cedric Harvey, afirmó en Londres que Job fue en realidad víctima de una dermatitis psicosomática.

Se trata de una enfermedad producida por la ansiedad. En cuanto a los síntomas de esta dolencia, el citado investigador escribió en una revista médica opinando que un estudio de este libro destaca el insomnio de Job, sueños terribles o pesadillas, y un estado general de ansiedad. Otro médico, el Dr. Charles Brim, especialista en cardiología opinó que Job sufría de pelagra, que es una enfermedad con manifestaciones cutáneas, digestivas y nerviosas, producida por la falta de vitamina B1 en la alimentación. Se ha sugerido, incluso que sufría de cáncer.

Satanás se puso entonces en acción para arrebatarle todo aquello en lo que el ser humano se apoya para tener dignidad en esta vida. Y el relato nos presenta a su esposa. Escuchemos lo que ella dijo, leyendo el versículo 9:

"Entonces le dijo su mujer: ¿Aún te mantienes en tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete!"

Sobre la extraña sugerencia de su mujer las opiniones varían entre quienes piensan que quería librarse de él, y aquellos que opinan que su consejo fue una sugerencia tierna, porque ella no le podía ver sufrir de esa manera. Ante el hecho de que Satanás le quitó a Job todo lo que tenía surge la pregunta de por qué no le arrebató también a su mujer. Creemos que no lo hizo así porque ella no era de ninguna ayuda para él. Parecía como si ella de hecho cumplía las órdenes o las intenciones de Satanás. Continuemos leyendo el versículo 10 de este capítulo 2 de Job:

"Él le dijo: Como suele hablar cualquier mujer insensata, así has hablado. ¿Pues qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios".

Job había mantenido su integridad hasta este punto. En realidad, el Libro de Job comienza en el próximo versículo, el versículo 11. Y aquí tenemos la segunda gran sección de este libro, que en el bosquejo hemos titulado "Diálogo", escrito en prosa, y que se extiende desde este capítulo 2:11 hasta el capítulo 42:6. Esta escena es la sexta, y tiene lugar en el basurero de la ciudad, y es descrita hasta el capítulo 37:24. Leamos entonces el versículo 11, que nos lleva a

Basurero de la ciudad

"Tres amigos de Job, Elifaz, el temanita, Bildad, el suhita, y Zofar, el naamatita, al enterarse de todo este mal que le había sobrevenido, llegaron cada uno de su tierra, habiendo acordado venir juntos a condolerse con él y a consolarlo".

En los versículos 11 al 13, veremos que Job se enfrentó con la falta de comprensión de sus amigos. Pero vamos a intentar identificar a estos amigos. Elizaf, era un Temanita. Temán era un nieto de Esaú, de acuerdo con Génesis 36:10-11. Bildad era un suhita. Súa era hijo de Abraham, de acuerdo con Génesis 25:2. Y Zofar era un naamatita. Naama estaba en la parte norte de Arabia. Estos hechos nos conducen a fijar la época de Job en el período de los patriarcas y también nos proporcionan la localización geográfica general donde Job vivió, aunque no se conoce el lugar exacto.

Estos hombres, pues, llegan para condolerse junto con Job, y ya que vamos a decir algunas cosas bastante negativas acerca de sus amigos, creemos que sería conveniente decir todo lo bueno que podamos sobre ellos. Ellos eran amigos verdaderos de Job hasta que le ocurrió esto. Esta experiencia los hizo alejarse de su amigo. Y la razón de ese distanciamiento era que ellos no conocían a Dios y tampoco sabían por qué Dios hacía ciertas cosas.

Pensamos que ésa es una buena razón por la cual muchos de nosotros deberíamos tener mucho cuidado, cuando tratamos de explicar por qué ocurren ciertas cosas en las vidas de otras personas. No tenemos en realidad, el derecho de decir: "Bueno, Dios ha permitido que eso le suceda a tal persona por esta y esa razón". Podremos pensar que hemos acertado con una buena razón para explicar lo ocurrido, cuando el problema es que realmente no sabemos la verdadera razón por la cual algo le ha ocurrido a alguien.

Ahora, estos amigos estaban tan seguros de sus razones, como lo estamos nosotros en el día de hoy, del por qué ocurren ciertas cosas; ellos pensaban que sabían por qué ocurrían ciertas cosas, pero estaban completamente equivocados. Pero tengamos en cuenta que ellos eran amigos de Job, y usted quizá nos pregunte: "¿Cómo sabe usted eso?" Bueno, escuchemos lo que dicen aquí los versículos 12 y 13, de este capítulo 2 de Job:

"Estos, alzando los ojos desde lejos, no lo reconocieron. Entonces lloraron a gritos, y rasgó cada cual su manto y esparcieron polvo los tres sobre sus cabezas hacia el cielo. Así permanecieron sentados con él en tierra durante siete días y siete noches, y ninguno le decía una palabra, porque veían que su dolor era muy grande".

Estos hombres habían oído que su amigo Job estaba atravesando por problemas, pero nunca se imaginaron que estos fueran tan graves como eran en realidad. La última oportunidad en que habían visto a Job, él se encontraba en su hermosa casa, rodeado de sus hijos e hijas; habían contemplado la riqueza de Job que era evidente por todas partes, hasta donde alcanzaba la vista en el paisaje que podían contemplar. Y ahora, llegaban a visitar a su amigo. Por lo menos esperaron que se encontrara en su lujosa casa en su casa, pero le vieron en pleno basurero de la ciudad, donde se arrojaban los desperdicios, rascándose con un trozo de una vieja vasija de barro. Ya no le quedaba absolutamente nada, todo había desaparecido. ¡Pobre Job!

Y estos amigos se lamentaron con él, lloraron, y gritaron de dolor. Y por siete días ellos se sentaron con él y no dijeron ni una sola palabra; simplemente pasaron siete días y siete noches sentados allí, junto a Job. Podemos decir que eran verdaderos amigos. En la medida en que sabían hacerlo, trataron de consolarlo simplemente acompañándole durante esos 7 días. Ahora, aunque se lamentaron con él durante todo ese tiempo, no estaban en condiciones de consolarlo por tres razones: en primer lugar, ellos no comprendían a Dios; en segundo lugar, ellos tampoco comprendían a Job; y en tercer lugar, ellos no se comprendían a sí mismos.

Durante aquellos siete días de lamentación, Job estuvo bajo su mirada crítica y ellos meneaban sus cabezas con un gesto de comprensión. Eran personas brillantes, filósofos, que dedicaban mucho tiempo a pensar. Estuvieron reflexionando todo ese tiempo, y llegaron a una conclusión. Llegaron a ella desde diferentes perspectivas, pero la conclusión era la misma: Job tenía que haber sido un pecador terrible para que le ocurrieran estas cosas. Dios tenía que estar castigándole. Y lo mejor que podía hacer Job era enderezar su vida. Ésta fue, pues, la conclusión a la que llegó cada uno de ellos.

Finalmente Job ya no puede aguantar más esa situación. Ellos están moviendo sus cabezas de una manera tal, que lo estaban acusando, y con una sonrisa sarcástica en sus rostros. Por su expresión era como si le estuvieran diciendo: "Al fin sale todo a la luz. Has estado viviendo en pecado, y al mismo tiempo dando la impresión de que eras un hombre piadoso. Ahora nos damos cuenta de que estas desgracias han caído sobre ti porque tu pecado ha sido descubierto". Y Job no pudo soportar esa acusación. Pudo soportar todo lo que le había sucedido, pero no una acusación falsa. Y de esta manera comenzó el diálogo entre ellos. Job fue el primero en hablar. En el capítulo que sigue a continuación escucharemos la expresión del sufrimiento de este hombre. Llegamos entonces a

Job 3:1-12

Y éste es el primer discurso pronunciado por Job. Es una expresión de su miseria, de su desesperación y de sus quejas. No vamos a poder observar todo este discurso en esta ocasión, pero vamos a por lo menos, contemplar algo para comprender mejor su forma de pensar. Leamos los primeros cinco versículos del capítulo 3 de Job de este

Primer discurso de Job

"Después de esto, abrió Job su boca y maldijo su día. Exclamó, pues, Job y dijo: ¡Perezca el día en que yo nací! y la noche en que se dijo: ¡Un varón ha sido concebido! Que aquel día se vuelva sombrío; que no lo tenga en cuenta Dios desde arriba ni haya luz que sobre él resplandezca. Cúbranlo tinieblas y sombra de muerte, y repose sobre él nublado que lo haga horrible como día tenebroso".

En realidad estaba diciendo: "Hubiera deseado no haber nacido". Eso era, en realidad, lo que estaba expresando. Y, ¿cuántas veces ha dicho usted eso, estimado oyente? Bueno, pensamos que muchos de nosotros lo hemos dicho, especialmente en los días de nuestra juventud, cuando alguna experiencia que vivimos nos desilusionó y nos trajo tal frustración, tal sensación de fracaso, que nos hizo contemplar toda nuestra vida desde una perspectiva totalmente negativa. Job está pues expresando esta conclusión tan pesimista de una manera poética. Ahora, leamos los versículos 6 al 12, de este capítulo 3:

"Apodérese de aquella noche la oscuridad; no sea contada entre los días del año ni entre en el número de los meses. ¡Ojalá fuera aquella una noche solitaria, que no hubiera canción alguna en ella! Maldíganla los que maldicen el día, los que se aprestan para despertar a Leviatán. Oscurézcanse las estrellas del alba; que en vano espere la luz y no vea el parpadeo de la aurora, por cuanto no cerró las puertas del vientre donde yo estaba, ni escondió de mis ojos la miseria. ¿Por qué no morí yo en la matriz? ¿Por qué no expiré al salir del vientre? ¿Por qué me recibieron las rodillas y unos pechos me dieron de mamar?"

En estos versículos se mantiene su lamento y de una manera clara y rotunda Job continuó expresando su pesar por haber nacido. Usted puede apreciar estimado oyente, que esta actitud nunca soluciona ninguno de nuestros problemas en esta vida. Simplemente el desear que uno no hubiera nacido, o el desear la muerte, nunca cambia la situación real en que nos encontramos. Uno no puede cambiar el hecho de haber nacido. Uno puede desear la muerte, pero no la provocará por el mero hecho de desearlo. Esta forma de pensar constituye una pérdida de tiempo y energía. Podrán ser éstas expresiones para desahogarnos, para dejar escapar la tensión y la frustración, pero nada más.

Estimado oyente, la vida es un regalo de Dios. Y solo podemos vivirla significativamente, cuando la vivimos en armonía con Él. Aquellos que se encuentran alejados de Dios, no pueden percibir otra cosa que los efectos del pecado en la naturaleza humana y sus trágicas consecuencias. Pero hay otra manera de vivir. Y es volver a Dios por el único camino que Él ha provisto. Jesucristo mismo afirmó que Él era y es el camino para llegar a la presencia de Dios. Y Él abrió ese camino por su sacrificio en la cruz a favor nuestro, al cargar con nuestros pecados y al sufrir el castigo que nosotros merecíamos. Estimado oyente, las experiencias dolorosas y los pensamientos destructivos llevan a muchas personas a despreciar su propia vida. Ante esta situación que no tiene salida, le invitamos a iniciar una nueva vida, aceptando por la fe al Señor Jesucristo como su Salvador. Y entonces, por la acción del Espíritu Santo, usted vivirá por anticipado la posesión de la vida eterna, y su relación con Dios como hijo, como hija, lo cual le dará la fuerza necesaria para surgir triunfante de toda situación, con nuevas fuerzas y con una ilusión renovada por vivir una vida de calidad.

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