Estudio bíblico de Job 3:13-26

Job 3:13-26

Continuamos nuestro estudio en el capítulo 3 del libro de Job. Y en la continuación de este estudio, debemos decir que este hombre Job había sido utilizado, digamos, como un caso de prueba. Satanás había desafiado a Dios, y le dijo que había puesto un cerco alrededor de Job y que le había dado todo lo que se puede tener en esta vida. Pero que si Dios le quitaba todas sus posesiones, Job lo iba a maldecir. Satanás estaba despreciando la reputación de la humanidad y blasfemando contra Dios. Las criaturas de Dios en los cielos tienen que haberse sorprendido enormemente y sonrojado de vergüenza al ver que Satanás, una criatura creada por Dios mismo, y que había caído en el pecado, en ese momento estaba calumniando al Dios Todopoderoso.

Dios le permitió a Satanás que atacara a Job y así comenzó a actuar en la vida de este hombre. Vimos que le quitó una cosa tras otra para tratar de quebrantarlo. Y deberíamos quizá hacer una pausa aquí, antes de seguir con los diálogos del capítulo 3, donde estábamos escuchando las expresiones de lamentación y desesperación de Job, y estudiar un poco más los antecedentes de esta situación.

Lo interesante en nuestros días es que usted y yo, estimado oyente, pertenecemos a una raza perdida. Es muy difícil pensar que usted y yo estamos viviendo entre muchos mentirosos, asesinos y ladrones. Ahora, alguien quizá diga: "Bueno, yo no soy como ellos". Amigo oyente, lamentablemente tenemos la misma naturaleza humana viciada por el pecado y la maldad. Nosotros pertenecemos a esta clase de raza. Y ésa es la razón por la cual Dios no nos puede llevar al cielo tal como somos. Después de todo, si Dios llevara al mundo al cielo en la misma condición en que se encuentra hoy, pues, no tendríamos allí nada diferente, sino otra vez el mismo mundo de siempre. Ahora, no sabemos cómo piensa usted, pero nosotros no encontramos ninguna razón para duplicarlo. Y Dios aparentemente, tampoco encuentra una razón para hacerlo. De modo que, Él no nos está llevando al cielo en la condición en que nos encontramos. Ésa es la razón por la cual el Señor Jesucristo, como vimos en Juan 3:7, tuvo que decirle a un refinado fariseo religioso culto: "Tenéis que nacer de nuevo". Y si esto es de algún consuelo para alguno de los que nos escuchan en esta ocasión, todos estamos en la misma situación. Nosotros hablamos de un comportamiento normal en nuestros días. Algunos profesionales han citado ese tipo de conducta. ¿Y cómo llegan ellos a definir un comportamiento normal? Lo que hacen es trazar un cuadro comparativo para buscar en qué parte del mismo se encuentra la mayoría de la gente; y a esas personas se le atribuirá lo que se llama "normal". En un extremo del cuadro, es decir en la parte más baja, se considera a la persona "anormal". Y en el otro extremo entonces, tenemos, a los "supernormales". En esos dos extremos se encuentran muy pocas personas. Pero, ¿cómo se sabe que el gran número del término medio es normal? No creemos que así lo sea, y Dios dijo que todos estamos en pecado en la actualidad.

Esta criatura llamada hombre es frágil, es débil y tiene muchos defectos. Es muy fácil hacer perder el equilibrio a cualquier persona. Nos puede pasar a cualquiera de nosotros. Dios ha colocado alrededor del hombre ciertos apoyos que lo ayudan a mantenerse en pie y bien erguido. El Libro de Eclesiastés, en el capítulo 7, versículo 29, lo expresa de la siguiente manera: He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero él se buscó muchas perversiones. Dios ha revestido al hombre con una armadura de protección, de seguridad. Dios les ha dado a todos los hombres ciertas ayudas; ya sean éstos hombres buenos o malos. Él hace que la lluvia caiga sobre el justo y sobre el injusto. El perverso recibe tanto sol y tanta cantidad de aire para respirar, y su salud es tan buena como la de aquellos que son rectos y pertenecen a Jesucristo en el día hoy. Ahora, el diablo sabe que si él puede acercarse a un hombre, remover sus apoyos, quitarle todo vestigio de ayuda que pueda tener, quitarle sus medidas de seguridad, él puede trastornarlo, disgustarlo, transformar su vida en un caos, puede destruir su moral, cambiar su forma de pensar, hacerle un lavado cerebral, digamos. Por tanto, Dios ha colocado alrededor del hombre, como un cerco de protección para mantener al diablo alejado. Ahora, a veces, figurativamente hablando, a Satanás se le permite derribar la puerta, y él puede despojar a una persona hasta dejar su alma desnuda. Y Dios le permitió a Satanás que hiciera ese trabajo de lavado cerebral en la persona de Job.

El Libro de Job nos presenta este problema; nos muestra la desnudez del alma del ser humano. No nos da la solución, aunque se sugieren respuestas. Tenemos que ir al Nuevo Testamento, para encontrar la verdadera respuesta. Aquí sólo tenemos sugerencias. Es como uno de esos libros de Algebra que se estudia en el instituto o en la universidad. Los problemas se presentan en la primera parte del libro, y las respuestas están en la segunda parte. Pues bien, la Biblia es algo similar: usted tiene el problema aquí en el Antiguo Testamento, pero tiene que dirigirse al Nuevo Testamento para encontrar la respuesta.

Ahora, en muchos aspectos, el Antiguo Testamento es un libro insatisfactorio. Como alguien ha dicho: "El Antiguo Testamento es expectativa; el Nuevo Testamento es realización".

En los capítulos 1 y 2, hemos visto al diablo atacando a Job. Él le despojó a Job de cualquier vestigio de cobertura, de protección. Necesitamos recordar este aspecto porque creemos que nos va a ayudar a entender los términos del diálogo que Job tendría con sus amigos.

1. Satanás le despojó de sus bienes materiales. Una de las necesidades básicas del ser humano son esas posesiones materiales. Cuando nace un animal, ya viene revestido con una piel. Cuando usted y yo venimos al mundo, cuando éramos pequeños, nuestros padres tuvieron que proporcionarnos algo con que cubrirnos. Y más adelante, cuando crecimos, nosotros mismos tuvimos que procurarnos nuestras propias ropas, así como la comida, el vestido y la vivienda que necesitamos. El animal puede sobrevivir a la intemperie, el hombre no lo puede hacer. Por lo tanto, el hombre necesita tener graneros, ganado, y tierras. Necesita tener todas estas cosas a su alrededor. Necesita tener un hogar. En las Escrituras se nos dice que Dios nos ha dado todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Y Dios quiere que el hombre disfrute de las cosas que Él ha colocado en este mundo. A pesar de la maldición del pecado que está sobre todo, Dios ha provisto lo necesario para el ser humano de una manera maravillosa.

Ahora, las cosas físicas en realidad pueden ser bendiciones espirituales. La prosperidad es un don de Dios. No hay nada malo con edificar graneros más grandes, es decir, en progresar económicamente; el peligro está en depender de estas cosas, apoyarnos en ellas como si la vida consistiera en todo esto.

Muchas de las ayudas y de las comodidades modernas que el hombre tiene en la actualidad, han estado creando como una prisión para él. Uno se sorprende al ver que las personas que viven en las grandes ciudades tratan en cualquier oportunidad de escapar por un tiempo del ambiente que les rodea. No quieren utilizar, por lo menos por unos días, sus comodidades en el hogar, sus televisores y todo lo demás que tienen en casa, y se van a lugares tranquilos, para estar en mayor contacto con la naturaleza. Quieren liberarse de todo aquello que sutilmente les va aprisionando.

En el día de hoy el creyente en Cristo debería salir por sí mismo y hacer un inventario de su vida. Debería preguntarse: ¿Estoy confiando yo en las cosas materiales o estoy confiando en Dios? Job lo perdió todo. Pasó de la prosperidad a la pobreza. Fue un gran desplazamiento, pero él no fue removido de su fundamento.

2. La segunda cosa que le ocurrió a Job, fue que Dios permitió que Satanás le arrebatara a sus seres queridos. Usted y yo, estimado oyente, necesitamos a nuestros seres queridos para apuntalarnos, para respaldarnos. Cuando estamos recién nacidos, necesitamos amor. Un bebé es algo tan hermoso, tan cariñoso, atractivo, que uno quiere abrazarlo y amarlo mucho. Y eso es precisamente lo que ellos necesitan.

Una de las grandes emociones que podemos gozar en la vida, es la de poder tener en nuestros brazos a un primer hijo. Y luego, quizá cuando seamos mayores, será el placer de tener en nuestros brazos a nuestros nietos. Dios nos ha hecho de esa manera.

El niño cuando comienza a crecer, busca a sus padres cuando necesita amor y simpatía. Cuando el niño se lastima, corre para refugiarse en los brazos de su madre, para que ella lo bese. Físicamente, no le eliminará el dolor, pero sí le ayudará a soportarlo. Ahora, si le faltaran estas cosas, la criatura desarrollaría conflictos y complejos en su vida. Creemos que los psicólogos tienen razón cuando dicen eso.

Luego el niño crece, y llega a la adolescencia y ya se hace menos dependiente de sus padres y después, transferirá su amor a alguna otra persona. Al transcurrir el tiempo, finalmente, expresará su amor a sus propios hijos. Pero siempre necesitará a sus seres queridos.

El pobre Job perdió a todos sus hijos en un día; ¡perdió a siete hijos y a tres hijas!

3. Luego tenemos algo que es un factor importante para el bienestar del hombre, y es su salud. Leemos en los periódicos de nuestros días que muchas personas se suicidan, en muchos casos, por sufrir graves y dolorosas enfermedades. Un número incontable de creyentes han permanecido postrados en sus lechos y apartados de una vida activa normal a causa de graves enfermedades. Quizás ellos han aprendido a confiar en Dios de una manera en la que usted y yo jamás hemos experimentado. Así fue que Satanás le quitó a Job su salud y esto fue un golpe tremendo para él.

4. Después Job perdió el amor y la simpatía de su compañera. Dios le dio a Adán una ayuda idónea. Esto de ayuda idónea quería decir "la otra mitad de él", alguien que le escuchase y respondiese, la otra parte de él. Y Dios ha instituido el matrimonio para el bienestar y la felicidad del ser humano. Hay muchos hombres y mujeres en el día de hoy, que están en la fragua de la vida, fieles y fuertes, que se enfrentan cara a cara con la lucha de las actividades diarias, con pesados trabajos y responsabilidades; pero cuando regresan a su hogar encuentran a alguien que les comprende, y entonces pueden desahogarse y compartir con esa persona todo lo que les está molestando. Pensando en la situación de Job, reconocemos que es maravilloso tener una esposa comprensiva y dispuesta a escuchar y a consolar. Ahora, como hemos leído, Job había perdido la simpatía y compasión de su propia esposa.

5. Por otra parte, los amigos de Job habían llegado para mostrarle su compasión, pero él descubrió que solo eran como un espejismo en el desierto. Cuando en medio de su dolor les vio venir, pensó que serían como un oasis, pero solo eran como la ilusión óptica del viajero del desierto. Y así fue que terminó llamándolos consoladores molestos. Y vamos a ver por qué les calificó de esa manera.

¿Qué más le podía hacer Satanás a Job? Le había arrebatado todos sus apoyos. Después el diablo actuaría para destruir todos los valores de la vida que Job tenía. Éste es el detalle que tenemos que observar a medida que estudiamos los diálogos que se sucederán.

6. Job perdió su sentido de valor y la dignidad de su propia personalidad. ¿Qué puede dar el hombre a cambio de su alma? Que Dios tenga compasión de esos jóvenes que en el día de hoy malgastan, desperdician su vida con alguna droga o para complacer a un grupo de compañeros mal pensados. Solamente Dios es quien le da al ser humano su verdadero valor. En Lucas 12:7, vimos que el Señor Jesucristo dijo que nosotros éramos más valiosos que las aves. Y aun dijo que Dios el Padre conoce a todos los gorriones, y no se olvida de ninguno de ellos ¿Sabe usted el motivo por el cual nosotros tenemos más valor? El hecho que lo comprueba es que Cristo murió por nosotros. Esta realidad nos dice cuanto valor tenemos para Dios. ¡Nuestro valor equivale a la sangre de Jesucristo! Porque Él murió por nosotros. Y ése es el valor de cada uno de nosotros, amigo oyente, la sangre de Cristo.

7. Luego Job perdería su sentido de la justicia de Dios y comenzaría a adoptar una actitud crítica y cínica, antes de que todo este proceso llegara a su fin. Al estudiar este Libro de Job tenemos que ser conscientes de que es inspirado, tal como toda la Biblia lo es. La inspiración garantiza la transmisión exacta, a través del texto, de lo que Dios quiso revelarnos, y la exactitud de lo que realmente ocurrió. Pero no todo lo que dijeron los personajes fue cierto. Una ilustración de lo que queremos decir la encontramos en Génesis 3:4: el diablo no estuvo inspirado al contarle una mentira a Eva, cuando le dijo: Ciertamente no moriréis. Pero el relato de su mentira fue inspirado. Algunas personas creen que cada frase que encontramos en la Biblia es acertada, pero en el texto Bíblico debemos observar cuidadosamente quién está hablando. Porque la Biblia registró fielmente las acciones y palabras erróneas de personas que cuando actuaron o hablaron se encontraban al margen de la voluntad de Dios. En cuanto a este libro de Job, encontraremos que las afirmaciones del diablo, y cosas que dijeron los amigos de Job, no eran ciertas.

8. Job también perdió su sentido del amor de Dios. El hombre que dijo: El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor, fue el mismo que dijo en 6:4, porque las flechas del Todopoderoso se me han clavado, su veneno lo ha bebido mi espíritu y los terrores de Dios combaten contra mí.

Después, en 9:33, le escuchamos lamentarse diciendo: No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre ambos. En otras palabras, "¡Ah, si hubiera alguien que tomara la mano de Dios y tomara también la mía, y así nos reuniera, nos reconciliase!" Pues bien, nosotros tenemos que ir al Nuevo Testamento para encontrar la respuesta al clamor de Job, a Primera de Timoteo 2:5, donde dice: pues hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre. Gracias a Dios que usted y yo tenemos a Alguien que es nuestro mediador.

Hemos dedicado mucho tiempo a esto porque es sumamente importante el comprender el diálogo que comienza aquí y se extiende hasta el capítulo 37. En nuestro programa anterior, leímos hasta el versículo 12, del capítulo 3 de Job. Leamos ahora los versículos 13 y 14:

"Ahora estaría yo muerto, y reposaría; dormiría, y tendría descanso junto a los reyes y consejeros de la tierra, los que para sí reconstruyen las ruinas"

Se refiere a aquellos que edificaron para sí mismos las grandes pirámides, los grandes monumentos. Leamos ahora los versículos 15 y 16:

"O junto a los príncipes que poseían el oro y llenaban de plata sus casas. ¿Por qué no fui ocultado como un aborto, como los niños que nunca vieron la luz?"

Job deseaba haber nacido muerto, se quejó de que el olvido le hubiera sido negado. Y describió a la muerte como un hecho igualador. Porque todos descansan de la misma manera.

En realidad hubo dos deseos que Job estuvo expresando en este tercer capítulo: que él deseaba no haber nacido nunca, y que habiendo nacido, desearía haber muerto en el momento de ver la luz. Y dijo en los versículos 17 al 24:

"Allí dejan de perturbar los malvados, y allí descansan los que perdieron sus fuerzas. Allí reposan también los cautivos y ya no oyen la voz del capataz. Allí están chicos y grandes; y el esclavo, libre ya de su amo. ¿Por qué darle luz al que sufre y vida a los de ánimo amargado; a los que esperan la muerte, y no les llega, aunque la buscan más que a un tesoro; a los que se alegrarían sobremanera y se gozarían de hallar el sepulcro? ¿Por qué dar vida al hombre que ignora su camino, al que Dios le cierra el paso? Antes que mi pan, llega mi suspiro, y mis gemidos corren como el agua"

En otras palabras, él presentó a la muerte aquí, como algo preferible a la vida. Dijo que la vida es una carga tan pesada, que no quería vivirla y prefería morir. Y Job dijo que le daría la bienvenida a la muerte, con la misma alegría de aquel minero que está buscando oro, y cuando lo encuentra grita de alegría. Se encontraba realmente en una condición desesperada, desolada. Y leemos en los versículos 25 y 26 de este capítulo 3 de Job:

"Porque me ha venido aquello que me espantaba, me ha acontecido lo que yo temía. ¡No he tenido paz, tranquilidad ni reposo, sino sólo turbación!"

Job había estado viviendo en paz y prosperidad en la tierra de Uz y las cosas le habían ido tan bien, que estaba rodeado de lujo y abundancia. Claro que también vivía intranquilo, y lo que temía, le llegó. Aun en los días de prosperidad, su tranquilidad fue perturbada por la incertidumbre de la vida.

Pensamos que ese es el temor que sufren hoy muchas personas. El temor de que algo terrible les pueda ocurrir. Nuestro problema es que nos apegamos a nuestras medidas de seguridad en vez de aferrarnos al Salvador. Deberíamos estar usando la Biblia como nuestra garantía de seguridad, en lugar de buscarla en otras partes. Necesitamos apoyarnos en la Palabra de Dios.

Uno casi se lleva la impresión de que Job había perdido su fe, pero no fue así. Esta no era otra cosa que la queja amarga de un hombre que estaba probando los mismos posos, los residuos de la copa amarga de la vida. La adversidad y la tragedia habían caído sobre él, y no entendía por qué le había alcanzado la desgracia justamente a él.

Éste fue, pues, un monólogo de quejas ante sus amigos sentados a su alrededor. El lenguaje fue tan dramático, que no podía ser más pesimista, y Job no tenía la respuesta. En este momento, sus tres amigos se disponían a hablar con Job. El primero de ellos sería Elifaz; él hablaría y luego Job le responderá. Después Bildad tomaría la palabra en segundo lugar y Job le responderá también a él. Y en tercer lugar lo haría Zofar, a quien Job también daría una respuesta. Finalizamos hoy recordando la lejanía, la gran distancia que Job reconoció que había entre él y Dios, cuando expresó en 9:33, su ansia por encontrar un mediador, un árbitro que pusiera su mano sobre ambos para acercarlos, para reunirlos. Dijimos que el pasaje de Primera de Timoteo 2:5 constituía la respuesta a aquel antiguo clamor, sin respuesta en el Antiguo Testamento, al afirmar que hay un solo mediador entre Dios y los hombres, y es Jesucristo, quien se presentó a sí mismo en Juan 14:6 como el camino, la verdad y la vida, afirmando que sólo por Él se podía llegar a Dios. Estimado oyente, Dios ya no está lejano, sino muy cerca. En la obra de Cristo en la cruz, Él se acercó a nosotros. Si usted, por la fe, acepta el don de la salvación, por el Espíritu Santo, usted se convierte en un hijo de Dios. Él oye lo que decimos, pero Él lee también nuestros pensamientos. Desde donde se encuentre en este momento, puede decírselo a Dios en oración ahora mismo, con sus propias palabras.

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