Estudio bíblico de Job 38:8-42:17

Job 38:8 - 42:17

Continuamos hoy estimado oyente, estudiando el capítulo 38 de este Libro de Job. Como dijimos en nuestro programa anterior, cuando se presentó Dios ante Job, Él comenzó a hablarle dirigiéndose directamente a la situación en la cual se encontraba Job, allí en ese basural en las afueras de la ciudad. Se había desatado una tormenta y Dios le habló a Job desde la misma tormenta. Aparentemente el libro de Job proviene del período anterior a cualquier texto Bíblico escrito. Dios comenzó a tratar con Job en el mismo punto en que comenzó a tratar con todos los seres humanos en aquel período en particular, es decir, en base al tema de la creación. El apóstol Pablo comenzó en el mismo punto cuando habló de la revelación de Dios a toda la humanidad. Y dijo en Romanos 1:18-20, "18La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad, 19porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó: 20Lo invisible de él, su eterno poder y su deidad, se hace claramente visible desde la creación del mundo y se puede discernir por medio de las cosas hechas. Por lo tanto, no tienen excusa".

Para nosotros es sumamente importante ver que Dios estaba hablando a Job y a la gente de su tiempo a través de Su creación. Ellos estaban tan próximos a la creación, como para que no existiera el ateísmo. En cambio, había politeísmo. En realidad, adoraban a la criatura antes que al Creador. Éste fue el tema tratado por San Pablo en el capítulo 1 de Romanos, especialmente entre los versículos 21 al 23.

Como Pablo dijo en Romanos, la creación habla de Dios; de la persona de Dios, del poder de Dios, y de la sabiduría de Dios. La creación revela la grandeza de nuestro Dios. Ésa es la impresión que nos impacta cuando Dios habló del hecho de que Él es el Creador y sabe muchísimas cosas que el ser humano desconoce. En realidad, el ser humano llegó relativamente tarde al universo de Dios. Había alegría y júbilo en la Creación, incluso antes de que el hombre fuese creado.

Por eso vemos que Dios continuó hablando a Job. Entre los versículos 8 y 21, encontramos una serie de preguntas y afirmaciones que enfatizan la grandeza, la inmensidad de la creación, y el carácter finito de la sabiduría humana para abarcar las dimensiones incalculables del universo y para comprender el funcionamiento del mismo. Pero vamos a concentrar nuestra atención en un par de versículos interesantes. Leamos el 22 y el 23:

"¿Has penetrado tú hasta los depósitos de la nieve? ¿Has visto los depósitos del granizo, que tengo reservados para el tiempo de angustia, para el día de la guerra y de la batalla?"

Ahora, de esta declaración se han sacado algunas interpretaciones realmente fantásticas, acerca de cómo se utiliza la nieve y el granizo en la guerra. Por ejemplo, se ha hablado de que la nieve ha producido la derrota de ejércitos en grandes batallas de la historia. En Apocalipsis 8:7 se nos dice que Dios usará granizo en uno de Sus juicios sobre la tierra. Pero aquí Dios simplemente estaba haciéndole comprender a Job que Su creación superaba la comprensión del ser humano. Sólo Dios la conoce. Ahora Él continuó describiendo los cielos estrellados. Leamos los versículos 31 al 33:

"¿Podrás tú anudar los lazos de las Pléyades? ¿Desatarás las ligaduras de Orión? ¿Haces salir a su tiempo las constelaciones de los cielos? ¿Guías a la Osa Mayor con sus hijos? ¿Conoces las leyes de los cielos? ¿Dispones tú su dominio en la tierra?"

¿Qué sabemos nosotros de esas inmensas estrellas que se encuentran allá en los cielos? Yo no sé cuánto sabían los hombres de esa época sobre ellas; pero aparentemente sabían mucho más que lo que nosotros reconocemos que sabían. Entendemos que los egipcios, por ejemplo, podían medir exactamente la distancia al sol. Por lo tanto, deben haber tenido un conocimiento considerable de astronomía.

Estimado oyente, ¿ha conocido usted a Dios a través de Su creación? ¿Puede usted realmente conocer a Dios por medio de la creación? Creemos que Él le estaba dejando bien claro a Job, el hecho de que la creación revela Su grandeza. Uno puede conocer algo acerca de Dios por medio de Su creación, pero la creación no hará que el ser humano adquiera un conocimiento de Dios como salvador.

El capítulo 38 nos ha mostrado a Dios en Su creación pasada. El capítulo 39 nos revelará a Dios en la naturaleza, como el sustentador de Su creación. Ésta es, pues, Su revelación por medio de la creación en el presente. Pasemos por unos momentos al versículo 1 de

Job 39

"¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿Has mirado tú cuando las ciervas están pariendo?"

En otras palabras, Dios es el Dios de la naturaleza, y las cosas suceden hoy en el mundo de la naturaleza porque Dios hace que sucedan. Sin Dios, la naturaleza estaría muerta; nada ocurriría, no habría primavera, ni verano; no habría otoño ni invierno; no habría tormentas; tampoco habría ninguna clase de movimiento en este universo. Todo llegaría a paralizarse, a un punto muerto si no hubiera un Creador y Sustentador detrás. ¡Piénselo detenidamente, estimado oyente! Eso es lo que Dios le estaba explicando a Job. Él estaba revelando Su grandeza. Después, Job tuvo la oportunidad de contestar y deseamos que usted preste atención a lo que él dijo. Continuemos con los versículos 1 y 2, de

Job 40

"Además respondió el Señor a Job y dijo: ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? ¡Responda a esto el que disputa con Dios!"

¿Estaba Job en una posición como para darle a Dios una lección? En realidad, Job había estado hablando sin sabiduría. Había estado intentando instruir a Dios. Había estado tratando de decirle algo a Dios y no estaba en posición de hacerlo porque había estado pronunciando palabras sin conocimiento. Entonces, Dios quería una respuesta por parte de Job. Escuchemos lo que dijo en los versículos 3 al 5:

"Entonces respondió Job al Señor y dijo: Yo soy vil, ¿qué te responderé? ¡Me tapo la boca con la mano! Una vez hablé, mas no replicaré más; aun dos veces, más no volveré a hablar".

Job dijo: "Debería haberme quedado callado, ahora veo que soy vil". ¿Era este el hombre que dijo que mantendría su integridad a pesar de lo que ocurriera? ¿Era este el hombre que declaró que él era un hombre justo y que por tanto tenía que haber algún error en el proceder de Dios, para haber permitido que eso le ocurriera a él? Ahora, este mismo hombre estaba diciendo que él era infame.

Como alguien ha dicho: Si nosotros nos pudiéramos ver como Dios nos ve, no nos podríamos soportar. Y cuando lleguemos a la presencia de Dios, reconoceremos que somos infames.

Esta aparición de Dios ante Job tuvo un triple efecto sobre él; tuvo un efecto sobre su relación con Dios, en su relación consigo mismo, y en su relación hacia sus amigos. Éste era el hombre que había hablado sin conocimiento. Sus palabras carecían de sabiduría, y ahora este hombre deseaba haber mantenido su boca cerrada. Repentinamente, se quedó callado. Como si se hubiera puesto la mano cubriendo su boca. Pero escuchemos lo que dicen los versículos 6 hasta el 8, del capítulo 40:

"Respondió el Señor a Job desde el torbellino y dijo: Ahora cíñete la cintura como un hombre: yo te preguntaré y tú me contestarás. ¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás a mí, para justificarte tú?"

La tormenta se desencadenó en toda su furia, y Dios habló desde la misma tormenta. Él continuó su llamamiento a Job. Dios le estaba preguntando, en otras palabras: "¿Estás tratando de decirme que estoy equivocado?" Por supuesto, Dios no se equivoca. Finalmente Job le podría decir más adelante a Dios, en el capítulo 42, versículo 2: "Yo reconozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que te sea oculto". Realmente, Job iba a recorrer un largo camino.

La verdad era que Job estaba avanzando, haciendo progresos. No se había conocido a sí mismo, pero en ese momento llegó al punto de descubrir que era vil. Cuando una persona descubre esta realidad, significa que ha recorrido un largo trayecto. Éste fue el primer paso que tomó Job en su acercamiento a Dios.

Dios continuó apelando a Job en base a Su creación. "Job", le dijo Dios, "mira a tu alrededor, hay muchas cosas que tú no conoces. ¿Cómo puedes juzgarme a mí, y a mi gobierno moral de este universo?"

Hay tantas personas en el día de hoy que efectúan declaraciones insensatas en relación a Dios. Hemos oído hasta a los cristianos decir cosas ridículas e infantiles en cuanto al Señor. Debemos tener mucho cuidado en lo que decimos sobre Él y tenemos que mantener nuestras expresiones en el contexto de la Palabra de Dios.

Resulta evidente que, de hecho, Job no conocía a Dios. Estaba expresando palabras sin tener conocimiento de lo que realmente decía. Y cuando el Señor se le apareció, le hizo algunas preguntas más. Leamos los versículos 1 y 2, que comienzan

Job 41

"¿Pescarás tú al leviatán con un anzuelo o sujetándole la lengua con una cuerda? ¿Le pondrías una soga en las narices? ¿Perforarías con un garfio su quijada?"

Aquí le estaba diciendo: "Job, ¿qué sabes realmente de este gran monstruo de los mares? En nuestro siglo los científicos han estado estudiando las grandes ballenas, haciendo muchas investigaciones para saber más de ellas. Hemos progresado mucho desde los días de Job, pero aun así, no sabemos mucho acerca de estos grandes monstruos marinos. Y ¿qué diremos de los dinosaurios? Los científicos continúan investigando y tratando de responder a los interrogantes que su existencia presenta.

Cualquier investigador que se sienta debidamente preparado en el día de hoy, no importa cuál sea su área de estudio, tendrá que admitir que no ha llegado a controlar su campo de acción, y tendrá la sensación de que está simplemente comenzando a aprender.

En cualquier caso tenemos que decir que ningún ser humano está en la posición de juzgar a Dios. Fue por ese motivo que Dios dirigió la atención de Job hacia atrás, al amanecer de la historia. Pasemos ahora a

Job 42

Al llegar a este punto, vemos que

Job se arrepintió

Observemos la reacción que se produjo en él.

"Respondió Job al Señor y dijo: Yo reconozco que todo lo puedes y que no hay pensamiento que te sea oculto".

¿Es esa la clase de Dios que usted tiene, estimado oyente, que puede hacer cualquier cosa? Hay un antiguo dicho que dice: "¿Puede Dios hacer una roca tan grande que no la pueda levantar?" Es que nadie puede responder a una pregunta así, al dudar si contestar que sí, o que no. La pregunta sobre Dios no tiene respuesta porque Dios no actúa con insensatez. Él siempre hace las cosas dentro del contexto de Su carácter, y Él siempre es fiel a sí mismo y coherente con sí mismo. Así que usted no le puede pedir a Dios que haga algo que Él no puede hacer. ¿Sabe por qué? Porque usted, estimado oyente, no está en posición de hacer ese pedido. Y Dios no es su recadero. Él no va a hacer cosas simplemente para complacer un pedido arbitrario, o hecho bajo un impulso egoísta o caprichoso para complacerlo a usted. Escuchemos ahora lo que Job estaba diciendo en el versículo 3, de este capítulo 42:

"¿Quién es el que, falto de entendimiento, oscurece el consejo? Así hablaba yo, y nada entendía; eran cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía".

Job admitió que había estado hablando de cosas de las cuales no sabía absolutamente nada. Cosas que no alcanzaba a comprender, cosas maravillosas que le resultaban desconocidas. Él estaba hablando sin un conocimiento previo. Pero escuchemos lo que Job dijo en los versículos 4 al 6, de este capítulo 42:

"Escucha, te ruego, y hablaré. Te preguntaré y tú me enseñarás. De oídas te conocía, mas ahora mis ojos te ven. Por eso me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza".

Job tenía entonces un nuevo concepto de Dios. Él no estaba en una posición de cuestionar a Dios en ninguna de las cosas que Él hacía. Tenía que confiar en Dios. Tenía una nueva relación con Dios.

En primer lugar, Job se vio tal como realmente era, y entró en una nueva relación consigo mismo. Se vio como una persona vil; se aborreció a sí mismo. Luego, se encontró con que tenía una nueva relación con Dios. Se arrepintió allí, sentado en medio del polvo y la ceniza.

Aquí tenemos los tres pasos de un verdadero arrepentimiento. Un arrepentimiento que tiene lugar en la esfera de la fe. Primero, usted debe verse a sí mismo en toda su miseria; en segundo lugar, tiene que sentir aversión hacia sí mismo. Cuando usted deja de confiar en sí mismo, y deja de vivir en el cadáver de su viejo yo, y se vuelve al Dios vivo, podemos decir que ha experimentado un arrepentimiento real.

Job reconoció la soberanía de Dios. Confesó su pecado y se arrepintió. Dios había cumplido Su propósito de la vida de Job. Evidentemente Job se dio cuenta de que la razón por la cual Dios permitió que él sufriera fue conducirlo al arrepentimiento. Él se vio a sí mismo a la luz de la presencia de Dios. Bien se podrían aplicar aquí las palabras de 1 Juan 1:6-7, "6Si decimos que tenemos comunión con él y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. 7Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado". Llegamos así al

Epílogo

Finalmente, en tercer lugar y último lugar, Job entró en una nueva relación con sus amigos. Leamos los versículos 7 al 9:

"Aconteció que después que habló el Señor estas palabras a Job, el Señor dijo a Elifaz, el temanita: Mi ira se ha encendido contra ti y tus dos compañeros, porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job. Ahora, pues, tomad siete becerros y siete carneros, id a mi siervo Job y ofreced holocausto por vosotros. Mi siervo Job orará por vosotros y yo de cierto lo atenderé para no trataros con afrenta por no haber hablado de mí con rectitud, como mi siervo Job. Fueron, pues, Elifaz, el temanita, Bildad, el suhita, y Zofar, el naamatita, e hicieron como el Señor les había dicho. Y el Señor aceptó la oración de Job".

En vez de oponerse a sus amigos y debatir con ellos, Job iba a orar por ellos. Iba a ofrecer un sacrificio por ellos. Nosotros no debemos discutir asuntos de religión o luchar entre nosotros. ¿Qué es lo que debemos hacer? El apóstol Pablo escribió en Gálatas 6:1: "Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre". Como acabamos de decir, Job tuvo una nueva relación consigo mismo, con Dios, y con sus amigos. Entonces el Señor hizo algo por Job. En el versículo 10, de este capítulo 42, leemos:

"Cuando Job hubo orado por sus amigos, el Señor le quitó la aflicción; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job".

¿Cómo le dio Dios estas cosas? Pues bien, Él utilizó medios humanos. En el versículo 11 leemos:

"Todos sus hermanos, todas sus hermanas y todos los que antes lo habían conocido vinieron a él y comieron pan con él en su casa. Se condolieron de él, lo consolaron de todo aquel mal que el Señor había traído sobre él y cada uno le dio una moneda de plata y un anillo de oro".

Ésta fue la forma en que Job empezó. Estos amigos le ayudaron a emprender un nuevo comienzo. Y Job era un buen hombre de negocios. Dios le dio dos veces más que lo que tenía antes. Y ahora, en los versículos 12 y 13 leemos:

"El Señor bendijo el postrer estado de Job más que el primero, porque tuvo catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas. También tuvo siete hijos y tres hijas".

O sea, que el número de animales se duplicó. Pero aquí dice que tuvo siete hijos y tres hijas. Alguien podría decir que Dios no duplicó el número de hijos. Pues, sí, lo hizo. Es que Job no había perdido a aquellos hijos e hijas que había muerto. Aún eran suyos. Algún día estaría con ellos otra vez. Y está con ellos hoy, en la eternidad. No perdemos a nuestros seres queridos en la muerte. Y los versículos 14 y 15 nos hablan de las hijas de Job.

"A la primera le puso por nombre Jemima; a la segunda, Cesia, y a la tercera, Keren-hapuc. Y no había en toda la tierra mujeres tan hermosas como las hijas de Job, a las que su padre dio herencia entre sus hermanos".

Y en los versículos 16 y 17, de este capítulo 42, leemos:

"Después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Job murió muy anciano, colmado de días".

Esta edad avanzada le coloca a Job en la época de los patriarcas. Incluso después de lo que le había sucedido, vivió para ver a sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, es decir, hasta cuatro generaciones.

Estimado oyente, confiamos en que haya usted aprovechado las valiosas enseñanzas que la historia del patriarca Job tiene para nosotros y que éstas continúen siendo de inspiración. En nuestro próximo programa, regresaremos al Nuevo Testamento, comenzando nuestro estudio por la carta del apóstol Pablo a los Gálatas. Le invitamos a acompañarnos. Y al despedirnos le preguntamos: ¿Ha oído usted hablar del mediador que Job buscaba, el Salvador que murió por usted en la cruz y resucitó? Le invitamos a abrir su corazón ante Dios, que nos ve tal cual somos, en nuestro interior, y a dar ese paso de fe de aceptar al Señor Jesucristo como su Salvador. Y entonces, al tener ese encuentro personal con el Señor, podrá sentir lo que Job sintió cuando, en su último capítulo pronunció estas palabras: "Yo reconozco que todo lo puedes y que no hay pensamiento que te sea oculto. De oídas te conocía, mas ahora mis ojos te ven".

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