Estudio bíblico de Gálatas

Predicación escrita y en audio de Gálatas 6:1-5

Gálatas 6:1-5

Continuamos hoy estudiando la epístola del apóstol San Pablo a los Gálatas y nos encontramos en la sección práctica de la carta, que comenzó en el capítulo 5 y trata el tema de la santificación práctica por el Espíritu. Vimos allí que el ser salvo por fe y vivir bajo la ley, perpetúa la caída del principio de la gracia. Eso fue lo que vimos en los primeros 15 versículos, luego en nuestro programa anterior, vimos que el ser salvo por fe y andando en el Espíritu, produce el fruto del Espíritu. En otras palabras, vimos lo que quería decir el Andar en el Espíritu. Eso es algo que debemos aprender a hacer. Debemos comenzar el proceso de aprendizaje; nos caeremos, pero nos levantaremos y deberemos continuar andando. Eso lo encontramos en el capítulo 5, versículos 16 al 26. Y al llegar hoy al capítulo seis, entramos en la tercera y última subdivisión de esta parte práctica, que abarca los primeros 10 versículos. Ahora veremos cómo el fruto del Espíritu afectará a nuestra vida.

Leamos entonces el primer versículo del capítulo 6, de Gálatas, que comienza esta tercera subdivisión titulada

Habiendo sido salvos por la fe el fruto del Espíritu presenta el carácter cristiano

"Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado".

Muy bien, entonces, escuche lo que aquí dice Pablo: Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta. Ahora, ¿a quién se refiere este alguno? Bueno, es un término genérico e incluye a cualquier persona que sea creyente; puede referirse a un hombre o una mujer. Quiere decir que si un creyente fuere sorprendido en alguna falta, podríamos decirlo así. Y la palabra "falta", traduce al término griego "paraptoma", que significa "caída" o "contratiempo". Como verbo puede significar "tropezar". No se refiere necesariamente a un pecado grave sino a un error más o menos importante.

Ahora, ¿cómo se debe actuar con una persona que haya sido sorprendida en alguna falta? Bueno, aquellos que son espirituales, (y hay muchos que piensan que lo son, por supuesto), interpretan esta declaración como que tienen que limitarse a juzgar y castigar a esa persona. Siempre existe el peligro de no querer restaurar al afectado y que se prefiera condenarle y criticarle. Sin embargo, el creyente no pierde su salvación cuando ha pecado. Si un creyente es descubierto habiendo cometido o cometiendo una falta, el creyente espiritual, es decir, el creyente que busca ser controlado por el Espíritu, debe restaurarle con una actitud de mansedumbre. Y cabe destacar también que la mansedumbre forma parte del fruto del Espíritu Santo.

La palabra utilizada para "falta" en este versículo es la misma palabra usada para describir al Señor Jesucristo en el jardín de Getsemaní, cuando se postró sobre Su rostro y oró, como vimos en Mateo 26:39. Si alguien, como en nuestro pasaje de hoy, es sorprendido en alguna falta, ha tropezado. Puede tratarse de un pecado no grave o de una gran equivocación.

Una de las cosas maravillosas que se expresaron en la profecía del Señor Jesucristo, se encuentra en el libro de Isaías, capítulo 63, versículo 9, donde dice: "En toda angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó; en su amor y en su clemencia los redimió, los trajo y los levantó". En algunos de los mejores manuscritos dice, incluyendo el final del versículo 8: "Se convirtió en el Salvador de todas sus angustias. Él mismo los salvó; no envió un mensajero ni un ángel. En su amor y misericordia los rescató; los levantó y los llevó en sus brazos como en los tiempos de antaño". El Señor Jesucristo anda conmigo por el camino de la vida, y estoy seguro que Él va con usted también, estimado oyente, y cuando yo caigo, cuando yo tropiezo y caigo, Él está allí a mi lado. ¿Y sabe usted que hace? Él me levanta, sacude mis ropas y me dice que comience a andar de nuevo. Es consolador tener a mi lado a alguien que no ha tropezado y caído conmigo pero está a mi lado en todo momento para acompañarme en mi aflicción, como lo hizo por su pueblo cuando vagaban por el desierto.

Ahora aquí aconseja restaurar al que se ha equivocado. La palabra usada para restauradle es un verbo que quiere decir, "arreglar, componer un hueso fracturado". Si alguien se cae y se quiebra una pierna, ¿qué es lo que hace usted entonces? No se va y lo deja abandonado allí. No. Pablo dijo: "Vosotros que sois espirituales, arreglad ese hueso roto, haciendo todo lo posible para que esa persona se pueda levantar nuevamente y continuar caminando". Es decir, que con humildad, hay que ayudarle a corregirse.

Había un gran predicador que se había convertido a Cristo mientras estaba dominado por un determinado vicio. Su conversión fue una experiencia transformadora notable y quedó liberado de ese vicio. Su ministerio adquirió grandes proporciones, demandando de él mucha energía. Pero un día, después de haber experimentado grandes presiones y tentaciones no pudo resistir el estrés y cayó en el vicio que había superado. A la mañana siguiente se sintió tan avergonzado que reunió a los diáconos de su iglesia y después de contarles el error que había cometido les presentó su dimisión. Era evidente que se sentía arrepentido y avergonzado. Entonces, para su sorpresa, se colocaron alrededor de él rodeándole con sus brazos y oraron. No aceptaron su dimisión. Y alguien que estuvo presente el domingo siguiente en su predicación matinal declaró que nunca le había escuchado pronunciar un sermón tan efectivo, que impactó a toda la congregación. Es que aquellos diáconos se habían comportado con él como verdaderos cirujanos, uniendo el hueso fracturado, colocándolo en su lugar y restaurándolo a su función con amor, delicadeza y humildad. Otras personas le hubieran expulsado inmediatamente del ministerio. Pero aquellos diáconos colocaron al pastor nuevamente sobre sus pies y entonces Dios le utilizó de una manera extraordinaria después de este incidente.

Pablo dijo: Vosotros que sois espirituales, restauradle. Y ¿cómo lo hace uno? Con el fruto del Espíritu: Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, y ahora, escuche usted: MANSEDUMBRE. Ésa es la palabra.

Se le debe restaurar con espíritu de mansedumbre. ¿Y por qué? Considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. No piense usted que es inmune a aquello mismo que está señalando con el dedo y por lo cual está reprochando y culpando a un hermano por haberse equivocado. Usted podría haber cometido el mismo error. Así que la actitud recomendada es restaurar al caído con amor y mansedumbre. Fue ese gran hombre Germán Girdy quien dijo: "Yo no he visto cometer pecado o crimen que yo mismo no hubiera podido cometer". Llegamos ahora al versículo 2 de este capítulo 6, de la epístola a los Gálatas.

"Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo".

Y quisiéramos que usted lo observe con atención porque es un versículo muy importante. En la Biblia hay varias palabras para traducir la palabra "cargas". Esto quiere decir que hay varias clases de cargas. Hay algunas cargas que se pueden compartir, y otras que uno mismo debe llevar y no puede compartirlas con nadie más. Así que la respuesta a esa aparente contradicción es sencilla y satisfactoria.

Las cargas son aquellas cosas que todos nosotros tenemos en común; todos tenemos cargas. No todos somos ricos, pero todos tenemos cargas. No todos gozamos de buena salud, pero tenemos igualmente cargas. No todos tenemos un talento natural. Así que no tenemos muchas características comunes, pero todos tenemos cargas.

Hay un proverbio español que dice: "No hay casa donde tarde o temprano no se haga silencio". El silencio llega a todos los hogares. También tenemos un proverbio francés que dice: "Cada uno piensa que su carga es la más pesada". Y Jorge Herbert lo expresó de esta manera: "Nadie conoce el peso de la carga de los demás". Una maestra con prolongada experiencia entre los niños solía decir: "Hasta los niños tienen su carga".

Ahora, todos nosotros tenemos cargas, pero no todos tenemos la misma carga. Lo que Pablo hizo en este capítulo 6 de Gálatas fue dividir las cargas en dos clases: cargas que podemos compartir, y cargas que debemos llevar solos, que no podemos compartir. El versículo 2, el que ya hemos leído, puede traducirse así: "continuad llevando mutuamente las cargas de cada uno" La palabra griega para carga es "baros", que significa "algo pesado". Nuestro Señor la usó en Mateo 20:12, cuando habló sobre aquellos que habían soportado la carga al calor del día. La misma palabra fue también usada en la iglesia primitiva, en los Hechos 15:28, cuando se reunió en el primer concilio de Jerusalén y se tomó la siguiente decisión: "ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias". Allí se estaba hablando de una carga que los cristianos debían compartir con la iglesia en Jerusalén. Alguien ha dicho que una carga equivale sólo a media carga cuando la están llevando entre dos.

Una dama subió a un autobús llevando una canasta muy grande. Se sentó en un asiento y puso esa gran canasta sobre sus rodillas. Un pasajero que estaba de pie a su lado, consciente del peso que la mujer llevaba y de la incomodidad que éste le causaba, le dijo: "¿Por qué no pone la canasta en el suelo? Este autobús puede cargar tanto la canasta como a usted". Muchos de nosotros tenemos cargas que podemos compartir con los demás, y las deberíamos compartir

Ahora, la palabra griega para carga "baros" (que hemos mencionado antes) incluye el significado de "falta", en la frase: Si alguno fuere sorprendido en alguna falta. Ésta es su carga. Usted puede ayudar a esa persona a llevar la carga. Puede tratarse de una enfermedad, una debilidad, una ignorancia, una presión, una tensión o cierto dolor de una aflicción. Todos tienen un fallo, un defecto, que constituye un peso, una carga. Muchas veces caemos y vemos a un hermano caer. De ahí el pedido del apóstol a aquellos que quieren dejarse controlar por el Espíritu, para que restauren a tal persona.

Hay otra carga que usted y yo podemos compartir: me refiero a las tensiones de nuestro tiempo. El tomar algo que nos relaje no resolverá nuestros problemas. Estamos viviendo en tiempos en los que experimentamos tensiones o presiones que la familia humana jamás había experimentado. Especialmente los que vivimos en zonas densamente pobladas nos enfrentamos a grandes presiones. Recibimos nueva información a gran velocidad, tenemos que tomar decisiones rápidas, casi sin tiempo para reflexionar en ellas. Por otra parte, nuestra actividad, bajo la presión del tiempo, debe realizarse más rápidamente, para acomodarse al rumbo veloz de los acontecimientos. Todo este proceso produce un gran desgaste físico y emocional que a veces produce cansancio físico y mental, hasta llegar a un estado de saturación. Ésta es, pues, una carga pesada que necesitamos compartir los unos con los otros.

Hay un tercer tipo de cargas que usted y yo podemos compartir. Es la carga conocida como la aflicción. El peso de una tragedia, la carga del dolor, la tristeza, la desilusión, la depresión, que son inevitables en la experiencia humana. Lo más probable es que usted, estimado oyente, ya las haya experimentado. Cuando nos encontramos en esa condición, necesitamos a nuestro lado a un amigo, alguien que esté a nuestro lado. Hemos criticado a los amigos del patriarca Job por haberle sometido a una verdadera maratón de conversaciones y razonamientos inculpatorios, pero en realidad antes de aconsejarle, pasaron siete días acompañándole, sin atreverse a decirle nada y afligiéndose con él.

En un libro de historia natural he encontrado la siguiente frase: "el hombre es el único ser que no sabe nada y no puede aprender nada sin que se le enseñe. No puede hablar, ni caminar, ni comer. En pocas palabras, no puede hacer nada frente a las acciones e influencias de la naturaleza sino llorar". Todo lo que usted y yo podemos hacer cuando llegamos a este mundo es llorar. Llegamos a la vida con un grito y necesitamos consuelo, desde el mismo principio de nuestros días y durante toda la vida necesitamos consuelo debido al hecho de que hemos nacido en este mundo de desgracias y aflicciones.

En el libro de Rut 2:13, pudimos leer las siguientes palabras de Rut a Booz: "me has consolado" Ella era extranjera, había llegado de un país lejano y de quien se esperaba que se mantuviera apartada y al margen de la sociedad. Pero a su vida llegó alguien que mostró interés por ella y la hizo objeto de atenciones. Por eso ella pudo decir con gratitud: "me has consolado".

María quebró un recipiente de alabastro con ungüento sobre el Señor. Lo hizo poco antes de la crucifixión porque ella sabía lo que iba a ocurrir. Nadie más pareció ser consciente de lo que estaba sucediendo, pero ella sí se dio cuenta. Y el Señor dijo, como leemos en Mateo 26:12: "al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura". De todos los que allí estaban sólo ella comprendió los sufrimientos del Señor. Jesús entonces añadió este comentario sobre ella: "De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella". Y podemos decir que la fragancia de aquel perfume se extendió por todo el mundo. Así que el dolor es algo que usted puede compartir. Habrá algunos que en su aflicción se acercarán a usted. Luego el apóstol Pablo continuó diciendo en el versículo 3:

"El que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña".

Algo tiene que ser quitado de la vida si un creyente va a compartir una carga, y es la vanidad. Una actitud que alimenta la intolerancia ante los errores de los demás y le hace pensar al vanidoso que él está a salvo de cometer equivocaciones.

El remedio para esta presunción se encuentra en el próximo versículo. Es que hay cargas que no podemos compartir. Leamos el versículo 4 de Gálatas 6:

"Así que, cada uno someta a prueba su propia obra y entonces tendrá, sólo en sí mismo y no en otro, motivo para presumir"

Antes de compararse con los demás, el creyente debiera dar un paso atrás y dirigirse a sí mismo una mirada objetiva para examinar sus propios logros. Entonces podrá sentirse honrado por lo que Dios ha hecho en su vida y en la de los otros. Y continuó diciendo en el versículo 5:

"Porque cada uno cargará con su propia responsabilidad".

La palabra "responsabilidad" aquí corresponde a la palabra griega "phortion", que significa "una carga que hay que llevar". Esta palabra se usa para hablar de la carga de un barco. También se utiliza para referirse al niño en el vientre de su madre, que sólo una madre puede llevar. Esa carga y responsabilidad es imposible de compartir. Una versión menos literal del nuevo Testamento lo expresa de la siguiente manera: "cada uno debe llevar sobre sus hombros su propia mochila". O sea, que hay cargas y responsabilidades que usted y yo no podemos compartir.

En cierto sentido, cada vida está separada, aislada, como en cuarentena con respecto a toda otra vida. Por tal motivo, algunas cargas tenemos que sobrellevarlas en solitario. Y mencionaremos algunas de ellas.

La primera es el sufrimiento. Usted tendrá que sufrir solo. Nadie puede sufrir por usted. Usted ha llegado a este mundo solo, un mundo de desgracias y aflicción, y tendrá que sufrir solo. Y tendrá que enfrentarse solo a ciertos problemas. Algún día llegará a su vida el sufrimiento físico; cuando usted se enferme, nadie podrá ocupar su lugar.

Usted se puede dar cuenta de esto cuando alguno de sus hijos se enferma y tiene una fiebre muy alta. Usted mismo desea tener esa fiebre para que el pequeño no sufra; pero es algo que no se puede hacer. También existe la angustia mental, la depresión. Cuánta gente está amargamente desanimada, por haber vivido una gran desilusión. Éstos y otros son sufrimientos que debemos soportad en soledad.

Otra carga que usted y yo no podemos compartir con nadie es la muerte. Llegará un momento en que cada uno de nosotros tendrá que cruzar el valle de la sombra de la muerte. Y pasaremos por tal lugar absolutamente solos. Thomas Hobbes, un agnóstico de toda la vida, una mentalidad muy brillante, dijo cuando se acercó a la muerte: "Estoy dando un salto terrible en la oscuridad y solo". Y después gritó: "¡Oh Dios, qué soledad!" Así sucede con esta experiencia que no se puede compartir. Y qué trágico es el tener que hacerlo de esa manera, estimado oyente.

Llegamos ahora a la tercera carga que mencionaremos. Por cierto, lleva un nombre inusual. Se le llama el "bema" (en griego). Es el tribunal de Cristo. No es para los que no son salvos, sino para los cristianos. Sí habrá un tribunal para los no creyentes, que es el juicio del gran trono blanco, mencionado en el capítulo 20 de Apocalipsis. El tribunal de Cristo es para el cristiano. Dice Segunda de Corintios 5:10, "10porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo". Allí, todo lo que hayamos hecho en esta vida como cristianos será juzgado para ver si hemos de recibir un premio o no. La salvación no será cuestionada, porque semejante asunto ya ha sido solucionada para el creyente en la cruz de Cristo. Pero las obras del creyente serán examinadas en el tribunal de Cristo y, como también dijo San Pablo en Romanos 14:12, "De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí".

Después, en al versículo 7 Pablo establecerá un principio que es aplicable a cada situación de la vida, pero ha sido dado específicamente a los creyentes: "7No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará" El principio es aplicable al reino de la naturaleza. La clase de semilla que se siembra, determina la cosecha. Y como cristiano, usted cosechará lo que siembre. ¿Cómo ha sido su vida desde que usted aceptó a Cristo? ¿Ha habido pecado en su vida? ¿Lo ha confesado? Todos tendremos que presentarnos ante el tribunal de Cristo. Conviene recordar aquí el pasaje de Primera de Juan 4:7: "Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado".

Alguien dirá: "Yo soy un cristiano y no tengo pecado" Si usted dice eso revela que no está en la luz. Si usted se acerca a la luz, usted descubrirá la presencia del pecado en su vida. La luz, que es la Palabra de Dios, revela lo que hay en usted. Recordemos las palabras del apóstol Santiago en 4:17, "17El que sabe hacer lo bueno y no lo hace, comete pecado". ¿Es esta palabra apropiada para usted? Creo que resulta apropiada para todos nosotros. Así que la vida como un hijo de Dios es una carga, una responsabilidad que usted lleva, y de la cual tendrá que rendir cuentas ante Cristo algún día.

Ahora, hay otro tipo de carga que usted no puede llevar ni compartir. Es lo carga de la cual la Biblia habla como el peso del pecado. Pablo habló sobre ella en la primera parte de Romanos. Y el rey David en el Salmo 38:4 añadió: "4porque mis maldades se acumulan sobre mi cabeza; como carga pesada me abruman". El pecado es una carga que usted no puede compartir con nadie. También del libro de los Salmos, del 55:6 nos llegan estas palabras: "¡Quién me diera alas como de paloma! Volaría yo y descansaría". ¿No se ha sentido usted así? Pero usted y yo no podríamos huir de todo porque tenemos un complejo de culpa. Un psicólogo dijo que dicho complejo forma parte de nosotros mismos tal como, por ejemplo, uno de nuestros miembros. Se dice que a Sir Arthur Conan Doyle, el creador de novelas policiales y de Sherlock Holmes le gustaba hacer bromas elaboradas. En una ocasión envió un telegrama a doce personajes famosos de Londres a quienes él conocía. El telegrama decía: "Huye inmediatamente. Todo ha sido descubierto". Y se cuenta que los doce salieron del país; sin embargo, eran considerados como ciudadanos honrados. Todos tenemos un complejo de culpa. El pecado es una carga que no podemos compartir ni llevar: Es demasiado pesada para nosotros.

Sólo hay un lugar donde usted puede librarse de esa carga y es en la cruz de Cristo. Dice el Salmo 55:22, "Echa sobre el Señor tu carga y él te sostendrá; no dejará para siempre caído al justo". Y el Señor Jesús dijo, en Mateo 11:28, "28Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar". Sólo Cristo puede levantar hoy la pesada carga del pecado, porque Él pagó el castigo por él pecado. Sólo Dios puede quitarla de usted.

¿Estimado oyente, está usted soportando el peso de su carga de pecado en este día? Tráigala al pie de la cruz, el Señor Jesucristo ya la llevó por usted. Si usted por la fe acepta ese sacrificio a favor suyo y le pide que tome el control de su vida, ya puede usted respirar aliviado y darle las gracias por el perdón de sus pecados, por la salvación y por la vida eterna. Y puede ya comenzar una nueva vida, una vida de libertad, colocándose bajo la dirección, la fortaleza y el consuelo que sólo el Espíritu de Dios puede dar.

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