Estudio bíblico de Mateo 1:1-15

Mateo 1:1-15

Tema: La genealogía de Jesucristo y el relato del nacimiento virginal de Cristo

La genealogía

La genealogía que inaugura el Evangelio según Mateo y el Nuevo Testamento es, desde muchos puntos de vista, el documento más importante de las Sagradas Escrituras. La totalidad de la Biblia se basa en su exactitud. Observarás que se divide en tres partes:

1. Genealogía desde Abraham hasta David, versículos 1 -- 6

2. Genealogía desde Salomón hasta el cautiverio Babilónico, versículos 7 -- 11.

3. Genealogía desde el cautiverio Babilónico hasta José, el carpintero, versículos 12 -- 17

En nuestro estudio del Génesis hemos observado que es un libro sobre familias. Las genealogías son muy importantes y las veremos aquí, al comenzar el Nuevo Testamento.

Debo confesar que, a primera vista podría parecer aburrido. Especialmente si regalas a alguien un Nuevo Testamento, y esa persona empieza a leer por este pasaje, podría desanimarse y no continuar leyendo, Alguien no familiarizado con la Biblia debería comenzar a leer cualquiera de los otros Evangelios, preferentemente el de Marcos. Pero esta sugerencia en ninguna manera disminuye la importancia de esta genealogía.

El nuevo Testamento se fundamenta en la precisión de esta genealogía, porque ésta expone el hecho de que el Señor Jesucristo pertenece a la línea de descendencia de Abraham y a la de David. Ambas son muy importantes. La descendencia de Abraham le sitúa en la nación y la descendencia de David, en el trono, como perteneciente a esa línea real.

Las genealogías eran muy importantes en la historia de Israel, porque a través de ellas, podía verificarse si una persona tenía derecho a presentar una reclamación legítima con respecto a una línea de descendencia en particular. Por ejemplo, cuando Israel regresó del cautiverio, encontramos en el libro de Esdras 2:62; las siguientes palabras:

"Estos buscaron en su registro de genealogías, pero no se hallaron, y fueron considerados inmundos y excluidos del sacerdocio."

Es que en la época de Esdras, era posible comprobar el registro de la tribu de Leví y eliminar a aquellos que habían presentado reclamaciones falsas.

Evidentemente, estas genealogías se mantenían bajo control del gobierno y se ponían a disposición del público. Yo tengo la impresión de que se guardaban en el templo, porque Israel tenía un gobierno teocrático y, en realidad, la comunidad religiosa y el estado eran una sola entidad. Esta genealogía estaba obviamente expuesta públicamente y pudo haber sido copiada de los registros públicos hasta que el templo fue destruido en el año 70 D.C. Los enemigos de Jesús podrían haberlos examinado y probablemente lo hicieron. Este es un detalle interesante porque ellos pusieron en duda cada movimiento del Señor Jesús, llegando incluso a ofrecer una explicación que sustituyese a la resurrección, pero nunca cuestionaron Su genealogía. Seguramente la comprobaron y la encontraron exacta.

Esto es sumamente importante porque coloca a Jesús en una posición única. Seguramente recordarás que, en el Evangelio según Juan 10:1-2, El declaró que el Pastor de las ovejas entra por la puerta del redil, pero el ladrón y el salteador suben trepando por cualquier otro lugar para entrar al redil. Ese "redil" era la nación de Israel. El pastor no se introdujo en el redil saltando la valla por algún lugar oculto ni por un callejón. El entró por la puerta. Nació del linaje de David y de la descendencia de Abraham. Esta es la realidad que el Evangelista Mateo nos expone. Él era el cumplimiento de todas las profecías y figuras mencionadas en el Antiguo Testamento. Por todo ello, los enemigos de Cristo nunca pudieron confrontarle con dudas sobre Su genealogía. Tuvieron que encontrar otras maneras de cuestionarle y, por supuesto, lo hicieron.

A veces he escuchado dudas sobre la utilidad del estudio de las genealogías e incluso, muchas personas evitan leerlas. Yo creo que si el Espíritu de Dios ha dedicado tiempo y espacio para incluirlas en el texto Bíblico, preservándolas ante el paso de los siglos, será porque tienen para nosotros un valor que debemos conocer. Así que vamos a comenzar e examinar esos detalles importantes de esta primera genealogía del nuevo Testamento, para lo cual vamos a leer solo algunos versículos claves de la misma.

Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.

La frase "libro de la genealogía" es peculiar a Mateo. Es una expresión única que no encontraremos en ningún otro pasaje del Nuevo Testamento. Si la buscásemos por el Antiguo Testamento, desde los libros proféticos de Malaquías, Zacarías y Hageo, retrocediendo hasta los libros del Pentateuco, por Deuteronomio, Números, Levítico, Éxodo y hasta Génesis, llegaríamos casi a la conclusión que tal expresión no se encuentra en la Biblia, excepto aquí en Mateo. Pero, de repente, llegamos al quinto capítulo del Génesis y leemos: "Este es el libro de las generaciones de Adán". Aquí tenemos otra vez esa frase. Es que hay dos libros: el libro de las generaciones de Adán y el libro de las generaciones de Jesucristo. ¿Cómo llegaste a entrar en la familia de Adán? Pues, por el nacimiento. No lo has llevado a cabo tu mismo; en realidad, no tuviste nada que ver. Pero esa es la manera en que tú y yo entramos a formar parte de la familia de Adán; por el nacimiento. Pero, según nos recordó el apóstol Pablo en la carta a los Romanos 5:12, en Adán todos morimos. Es así que el libro de Adán es un libro de muerte.

Después está el otro libro, el libro de las generaciones de Jesucristo. ¿Y cómo entraste a formar parte de esa familia? Entraste por medio de un nacimiento, del nuevo nacimiento. En el Evangelio según Juan 3:3, el Señor Jesús dijo que tenemos que nacer de nuevo para ver el reino de Dios. Ello nos coloca en el libro de la vida del Cordero, en el cual entramos al creer en Cristo. Todos estamos en el primer libro; el libro de las generaciones de Adán. Mi estimado oyente, confío en que tú estés también en el libro de la vida del Cordero.

El Evangelista Mateo dice que Jesús es "hijo de David, hijo de Abraham". ¿No sabía Mateo que Abraham vino antes que David? Por supuesto, y así lo aclara en el resto de la genealogía. ¿Entonces, por qué lo expresó en ese orden? Porque él estaba presentando al Señor Jesús como el Mesías, Aquel que es el Rey, y Aquel que establecerá el reino de los cielos en la tierra. Y eso viene en primer lugar; porque El tenía que estar en la línea de descendencia de David, en cumplimiento de las profecías que Dios le había anunciado a David. Él era el Hijo de David.

El es también el Hijo de Abraham, y era muy importante que así fuese, porque, como vimos en Génesis 22:18, Dios le había dicho a Abraham: "En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra". Y en el Nuevo Testamento, en su carta a los Gálatas 3:16, el apóstol Pablo explicó quién era esa "simiente" o "descendencia".

"Ahora bien, las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia. No dice: y a las descendencias, como refiriéndose a muchas, sino más bien a una: y a tu descendencia, es decir, Cristo."

Así que Jesucristo es el Hijo de Abraham.

Continuemos leyendo los versículos 2 al 6:

"Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, y Esrom a Aram; Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón; Salmón engendró, de Rahab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, y Obed engendró a Isaí; Isaí engendró al rey David."

Una consideración cuidadosa de la genealogía que sigue no solo resulta interesante sino que puede llegar a ser emocionante. Se destacan cuatro nombres, como si fuesen luces de neón. Es sorprendente encontrarlos incluidos en la genealogía de Cristo. En primer lugar, están los nombres de las mujeres y, en segundo lugar, los nombres de Gentiles, es decir, de otras naciones diferentes de Israel, y consideradas idólatras.

No se acostumbraba a incluir los nombres de mujeres en las genealogías hebreas. En los tiempos de Jesús era realmente extraño encontrar el nombre de una mujer en una genealogía. Y aquí tenemos cuatro nombres. Y no solo eran mujeres sino que, además, eran Gentiles. Como es sabido, Dios en la Ley dijo que su pueblo no debía unirse en matrimonio con pueblos paganos. Incluso a Abraham, Dios le dijo que buscase en su propio pueblo una esposa para su hijo Isaac. Y lo mismo sucedió en el caso de Isaac con su hijo Jacob. Es que Dios había dispuesto que el monoteísmo debía ser la creencia que prevaleciese entre aquellos que formaban parte de la línea de descendencia que conduciría al Señor Jesucristo. Sin embargo, en su genealogía están los nombres de estas cuatro mujeres; dos de ellas eran cananeas, otra era moabita y la cuarta era hitita. Por lo cual uno podría preguntarse cómo entraron a formar parte de la genealogía de Cristo.

La primera fue Tamar, citada en el versículo 3. Hemos leído su historia en el capítulo 38 de Génesis, capítulo que habíamos destacado como uno de los más lamentables de la Biblia. Tamar fue incluida en esta genealogía simplemente como una mujer pecadora.

La siguiente era Rahab, mencionada en el versículo 5. Según su historia en el capítulo 2 del libro de Josué, no tenía precisamente una buena reputación. Aunque se convirtió en una persona maravillosa cuando tuvo un conocimiento personal del Dios vivo y verdadero. Y, como veremos más adelante al llegar al libro de Josué, Rahab protegió en su casa a los enviados de Josué, poco antes de la caída de Jericó. El escritor de la carta a los Hebreos 11.31, la recordó con estas palabras:

"Por la fe la ramera Rahab no pereció con los desobedientes, por haber recibido a los espías en paz."

Aquella mujer, entró en la genealogía de Cristo por el sencillo motivo de que creyó: tuvo fe. Observemos aquí la progresión. Vino como una pecadora, y entonces extendió la mano de la fe.

Otra mujer, Rut, es mencionada en el versículo 5. Era una persona encantadora, sin ninguna faceta negativa en su carácter. Pero en los tiempos de Rut la ley estaba vigente y la excluía, porque especificaba que ningún moabita o amonita podía entrar en la congregación del Señor, según se detallaba en el libro del Deuteronomio 23:3. Pero aunque la ley no la admitía, hubo un hombre llamado Booz que un día la vio en su campo y se enamoró de ella. Entonces la hizo objeto de su gracia y misericordia, extendiendo su manto alrededor de ella e introduciéndola en la congregación de Israel. Y ella le preguntó: "¿Por qué he hallado gracia ante tus ojos?" Tú y yo podemos formular a Dios hoy la misma pregunta, en cuanto a Su gracia para nosotros. Una vez más, tomemos nota de la progresión. Venimos como pecadores, y extendemos la mano de la fe y El, por su maravillosa gracia, nos salva.

La otra mujer, Betsabé, no es mencionada por su nombre sino llamada, en el versículo 6, "la que había sido mujer de Urías". Su nombre no se menciona porque no fue ella la que pecó, sino David. Y fue él quien realmente tuvo que pagar por su pecado. Ella fue introducida en la genealogía de Cristo porque Dios no desecha a uno de sus hijos cuando peca. Una oveja puede salir fuera del redil y convertirse en una oveja perdida, pero nosotros tenemos un Pastor que sale a buscarla y la trae de vuelta al redil. De la misma manera, El trajo al rey David junto a sí otra vez. Es así que vemos expresada aquí, en esta genealogía, toda la historia de la salvación.

Hay algunos otros detalles interesantes en esta genealogía. Si la comparamos con la que se encuentra en el primer libro de Crónicas 3: 11,12, aparte de que algunos nombres se escriben de forma diferente, encontraremos que en el versículo 8 de Mateo, se dejan fuera los nombres de Ococías, Joas y Amasías. Esto nos muestra que las genealogías se citan para proporcionarnos una visión de conjunto de una cierta línea de descendientes, y que cada individuo no está necesariamente mencionado en todas las genealogías de la Biblia. Debiéramos recordar esto en las genealogías que hemos visto en el libro del Génesis antes del Diluvio. No son necesariamente genealogías completas, sino que pretenden trazar para nuestro estudio, una línea determinada. Por lo tanto no pueden utilizarse para hacer cálculos de tiempo ni para deducir la antigüedad del ser humano sobre la tierra.

Continuemos leyendo los versículos 10 y 11;

"Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos durante la deportación a Babilonia."

En el versículo 11 vemos que Mateo omitió a Joacín, pero incluyó a Jeconías. Jeconías merece especial atención porque Dios había dicho que ninguno de sus descendientes se sentaría en el trono. Leamos en el libro del profeta Jeremías 22:24 y 30:

"Vivo yo -- declara el Señor -- aunque Conías, hijo de Joacín, rey de Judá, fuera un anillo en mi mano derecha, aun de allí lo arrancaría."

(Aquí conviene aclarar que su nombre era Jeconías, pero Dios eliminó la "Je" de su nombre, por ser el prefijo de Jehová, porque fue un rey malvado)

Continuamos con el versículo 30

"Así dice el Señor: Inscribid a este hombre como con sin hijos, hombre que no prosperará en sus días; porque ninguno de sus descendientes logrará sentarse sobre el trono de David ni gobernar de nuevo en Judá."

Por causa del pecado de este hombre, Jeconías, ninguno de su línea de descendencia podría jamás sentarse en el trono de David. Es que José estaba en estaba en esta línea, pero José no era el padre natural de Jesús. Este es uno de los hechos más notables de las Sagradas Escrituras y Mateo estaba tratando de aclararlo para nosotros. José le dio a Jesús el título, el título legal para el trono de David, porque José era el esposo de María, quien dio a luz a Jesús. Jesucristo no era descendiente de José, ni descendiente de Jeconías. Tanto José como María tenían que pertenecer al linaje de David y así fue, a través de dos líneas de descendencia diferentes, de dos diferentes hijos de David. Cuando estudiemos la genealogía del Evangelio de Lucas, veremos que la línea de María venía de David a través de su hijo Natán. La línea de José venía a través de la línea real por medio de Salomón. Por lo tanto, José y María tuvieron que ir a Belén para inscribirse por causa de los impuestos, porque ambos eran del linaje de David.

En nuestro próximo programa culminaremos esta genealogía con el nacimiento de Jesús. Podemos ver así que el estudio de estas genealogías es interesante, fascinante e importante para observar cómo Dios va desarrollando en la historia su plan de redención escogiendo a personas, no en base a sus méritos personales sino, más bien, a pesar de sus pecados y errores, por su amor y su gracia. Por ello, podemos concluir nuestra reflexión y estudio de hoy con las sencillas y sentidas palabras de una conocida canción:

Sublime gracia del Señor
que a un infeliz salvó,
¡Oh cuán precioso fue a mí ser
Cuando El me transformó!

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