Estudio bíblico de Salmos 49-50

Salmos 49 y 50

Llegamos hoy estimado oyente, al Salmo 49. Con este Salmo concluye la primera sección de Salmos que comenzaba con la sección equivalente al Éxodo en este Libro de Salmos, comprendida entre los Salmos 42 y 49. Hemos visto la vindicación de los caminos de Dios en conexión con los malvados y con los justos. Hemos visto que Dios guía a Su pueblo que está apartado de Él, a salir de la tierra. El ha hecho conocer Su intención de reunirse con los Suyos y de protegerlos durante un tiempo de gran angustia, así como sacó a Su pueblo de la tierra de Egipto cuando estaban viviendo en la esclavitud y oprimidos por un dictador.

Este fue un Salmo escrito para contrastar los caminos de Dios al tratar con los malvados y los justos. Podemos decir que no tiende exactamente a filosofar acerca de la incertidumbre de las riquezas o de la brevedad de la vida; sino que nos da más bien un gran mensaje. No es simplemente una disertación agradable que nos ofrece soportar valientemente todos nuestros sufrimientos y peligros, diciéndonos que la virtud es su propia recompensa, y que la justicia triunfará al final. Más exactamente, este salmo nos muestra no sólo la vanidad de las riquezas, sino el fin de aquellos que se jactan en las riquezas. Quizá este Salmo podría parecer algo revolucionario, según la forma de pensar actual, pero creemos que es una obra que debería recibir una consideración especial en los días en que vivimos. Leamos los primeros cuatro versículos de este Salmo 49;

"Oíd esto, pueblos todos; escuchad, todos los habitantes del mundo, tanto los plebeyos como los nobles; el rico y el pobre juntamente. Mi boca hablará sabiduría, y el pensamiento de mi corazón inteligencia. Inclinaré al proverbio mi oído; declararé con el arpa mi enigma".

Vamos a escuchar estos versículos en otra versión que los traduce así: Oíd bien esto, pueblos y habitantes de todo el mundo, lo mismo los ricos que los pobres, lo mismo los poderosos que los humildes. Voy a hablar con sabiduría, y expresaré sentimientos profundos; pondré atención a los refranes, y diré mi secreto al son del arpa. Lo que el salmista estaba haciendo en este Salmo y también en el siguiente, es hacer un llamado a las criaturas de Dios para que "oigan". Vamos a ver lo mismo cuando lleguemos al primer capítulo del libro de Isaías. Ya lo hemos observado cuando estudiamos el Libro de Deuteronomio. Recordemos que cuando el Señor estaba listo para colocar a esta gente en la tierra que les había prometido, Él puso al cielo y a la tierra como testigos de que no solo les estaba entregando esa tierra, sino también de cuáles eran las condiciones bajo las cuales les estaba estregando esa tierra. Lo hizo en forma de canción, como dice Deuteronomio 32:1; Escuchad, cielos, y hablaré; oiga la tierra los dichos de mi boca. Este era el principio de la canción de Moisés. En esta canción, Dios llamó a los cielos y a la tierra como testigos de las condiciones bajo las cuales El les estaba introduciendo en la tierra. Al menos unos 800 años más tarde, Dios estaba dispuesto a expulsarles de la tierra a causa de su pecado. Nuevamente, en el libro de Isaías 1:2, Dios llamó al cielo y a la tierra para ser testigos de que echar a Su pueblo de la tierra era un acto de justicia.

Ahora aquí en este Salmo tenemos un llamado de Dios a oír algo que puede estar perturbando a muchos de nosotros en la actualidad, y que comienza con una pregunta. Leamos el versículo 5:

"¿Por qué he de temer en los días de adversidad, cuando la iniquidad de mis opresores me rodee?"

Aquí uno se pregunta quién estaba planteando un interrogante. ¿Era el escritor de este Salmo? ¿O fue esta pregunta formulada por los ricos que confiaban en sí mismos? Quizás fue una pregunta de los justos que sufren injustamente en manos de los malvados, o hecha por la gente que estaba pasando por necesidad. Creemos que se trata de la pregunta de una persona pobre. Uno puede observar la prosperidad que gozan algunos en el presente. ¿Por qué permite Dios que haya personas que tengan tanta abundancia de recursos económicos? ¿Por qué se las arreglan algunos para vivir con tanta abundancia y parecen salirse con la suya, sin tener que soportar las aflicciones que sufren otras personas? ¿Por qué no hace Dios algo para corregir esta situación? Veamos lo que este salmo tiene que decir al respecto. Vamos a ver los versículos 6 y 7, de este Salmo 49:

"Los que confían en sus bienes y de sus muchas riquezas se jactan, ninguno de ellos podrá, en manera alguna, redimir al hermano ni pagar a Dios su rescate"

No importa cuán rica sea una persona; nunca podrá comprar su salvación. Las personas de todas las clases sociales tienen que dirigirse al mismo lugar para conseguir la salvación. No tienen que pagar nada por ella. El dinero no cuenta ante un asunto tan importante. El apóstol Pablo, en su epístola a los Romanos, capítulo 4, versículo 5, dice: Pero al que no trabaja, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Y ahora llegamos a un paréntesis. Leamos el versículo 8:

"(pues la redención de su vida es de tan alto precio que no se logrará jamás)"

Nadie podría tener suficiente dinero como para comprar la salvación. Y dice el versículo 9:

"Para que viva en adelante para siempre, sin jamás ver corrupción"

Aquellos que tienen muchas riquezas morirán como todos los demás. Creemos que fue en base a este salmo que el Señor pronunció la parábola sobre el hombre rico y Lázaro, el pobre, registrada en Lucas 16:9-31. Ninguna persona, indiferentemente de cuan rico sea, puede redimir su alma ni la de otra persona, para tener la vida eterna. Continuemos leyendo el versículo 10:

"Pues se ve que aun los sabios mueren; que perecen del mismo modo que el insensato y el necio, y dejan a otros sus riquezas".

No importa quién sea usted, estimado oyente, o cuánto dinero tenga; algún día usted tendrá que morir y dejarlo. Usted puede tomar todo lo que tiene; depositarlo en una caja de seguridad, en una cámara acorazada o bajo tierra; puede pensar que es suyo y que nadie podrá arrebatárselo. Y tendrá razón; nadie se lo robará. Sin embargo, existe alguien que sí puede quitarlo a usted de todo eso, apartarlo de todas sus riquezas; y ese es el Señor. Un día la muerte llamará a su puerta, y en ese momento usted quedará tan pobre como cualquier otra persona. Hay un antiguo dicho que dice: "no hay bolsillos en la mortaja".

Hace algún tiempo murió una persona muy rica. Sus parientes estaban esperando ansiosamente las noticias de su testamento, y le preguntaron al abogado del difunto: "¿cuánto dejó?", y éste respondió: "lo dejó todo, no se llevó nada con él". Y dice el versículo 11, de este Salmo 49:

"Su íntimo pensamiento es que sus casas serán eternas, y sus habitaciones para generación y generación. ¡Dan sus nombres a sus tierras!"

Hay muchas personas que tratan de perpetuar sus nombres. Quizá usted puede ver en algunos países los nombres de algunos de los personajes más ricos, que están inscritos en edificios o placas conmemorativas de su ciudad. Pero debemos decir que eso no hace a los nombres perpetuos; uno de estos días esos edificios serán destruidos y la memoria colectiva olvidará a tales ciudadanos. Veamos ahora lo que dice en el versículo 12:

"Pero el hombre no gozará de honores para siempre. ¡Es semejante a las bestias que perecen!"

Así es que aquellos que ostentan elevadas posiciones irán a parar a la tumba y regresarán al polvo como cualquier otra persona. Ahora el salmista dijo en el versículo 13:

"Este su camino es locura; con todo, sus descendientes se complacen en el dicho de ellos. Selah"

Ahora, aquí llegamos a una expresión interesante. Continuemos leyendo el versículo 14:

"Como a rebaños que son conducidos al sepulcro, la muerte los pastoreará. Los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana, se consumirá su buen parecer y el sepulcro será su morada".

Aquí la palabra "Seol", traducida sepulcro, se refiere al mundo de los muertos. Los ricos, como ovejas, son dejados en ese mundo. La traducción literal sería "la muerte es su pastor". En contraste con esta afirmación, David dijo en el Salmo 23: El Señor es mi pastor. Y El es la vida. El apóstol Juan dijo en su primera carta, 5:12, El que tiene al Hijo, tiene la vida. Pero el otro pastor, el pastor falso, es la muerte. Aquí dice la muerte los pastoreará. Esto es interesante, Un pastor debería alimentar a sus ovejas, pero aquí tenemos a un pastor que está devorando a sus ovejas.

Aquí también dice se consumirá su buen parecer y el sepulcro será su morada. Una persona puede gastar prácticamente una fortuna en un salón de belleza tratando de mejorar o resaltar su buen aspecto, pero estimado oyente, después de un tiempo en la tumba tendrán el aspecto inexorable de la muerte, que siempre ofrecerá el mismo aspecto repulsivo. Y el versículo 15, continúa diciendo:

"Pero Dios redimirá mi vida del poder del sepulcro, porque él me tomará consigo. Selah"

La palabra Selah aquí nos indica nuevamente una pausa para reflexionar en lo que hemos leído. Solo Dios puede redimir el alma. Así que el tema importante de nuestra vida en la tierra no es nuestra posición social. En un análisis final, cuando uno entra en la eternidad, lo importante es si usted ha sido o no redimido; si usted es, o no, un hijo de Dios por medio de la fe en Cristo. Y dice el versículo 16:

"No temas cuando se enriquece alguno, cuando aumenta la gloria de su casa"

Algunas personas que poseen grandes riquezas aprovechan el poder para cometer todo tipo de abusos e injusticias. Y las personas más desfavorecidas y con menos recursos no obtienen un trato justo en esta vida. Es por tal motivo que yo he encomendado mi vida al Señor Jesús, quien va a juzgar a los pobres con justicia. Y todos los que hemos confiado en El recibiremos un trato justo. Veamos lo que dicen ahora los versículos 17 hasta el 20, de este Salmo 49:

"Porque cuando muera no llevará nada ni descenderá tras él su gloria. Aunque, mientras viva, llame dichosa a su alma y sea alabado porque prospera, entrará en la generación de sus padres, y nunca más verá la luz. El hombre que goza de honores y no entiende, semejante es a las bestias que perecen".

Este versículo es interesante. Oímos hablar en la actualidad, que el hombre ha evolucionado de las bestias o de los animales. Y en realidad la Biblia enseña lo contrario. Dios ha creado al hombre y lo ha creado a Su imagen. El hombre cayó, y como resultado, el hombre puede vivir en la actualidad separado de Dios, como un animal, y es como el animal cuando muere. El hombre no evoluciona, sino que está sufriendo un proceso degenerativo. El ser humano no recorre un sendero que se va elevando. Su tendencia es ir descendiendo de nivel y esta inclinación puede verse en todos los aspectos de la vida. Todo lo que vemos a nuestro alrededor que tenga que ver con la vida misma contradice a la evolución. Nada se eleva por sí mismo. Así como la ley de gravedad en el mundo físico atrae todas las cosas hacia abajo, también existe una ley de la gravedad en el mundo moral, que atrae irremediablemente al ser humano hacia la inmoralidad y le hace descender de nivel. Así que no debemos preocuparnos cuando veamos que los malvados prosperan. Y ahora llegamos al

Salmo 50

Este es el primer Salmo de Asaf, que era músico y uno de los tres principales directores de música del templo, cuyos nombres eran: Heman, Asaf, y Etan. Este es un gran Salmo de juicio, que revela que Dios llegará en justicia para juzgar a Su pueblo y a los malvados. Pero, veamos los primeros tres versículos de este Salmo 50 ahora:

"El Dios de dioses, el Señor, ha hablado y ha convocado la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone. Desde Sión, perfección de hermosura, Dios ha resplandecido. Vendrá nuestro Dios y no callará; fuego consumirá delante de él y tempestad poderosa lo rodeará".

La introducción a este salmo proclama que "el Dios poderoso viene". ¡Qué anticipación más gloriosa debería ser este futuro acontecimiento para el Hijo de Dios! Algún día, estimado oyente, veremos a nuestro Señor. Esa es la perspectiva y esperanza de todo creyente en el día de hoy. Escuchemos lo que dice el versículo:

"Convocará a los cielos de arriba y a la tierra, para juzgar a su pueblo".

Cuando Dios esté listo para juzgar, Él querrá tener muchos testigos para que puedan asegurarse de que lo que Él será justo en todo lo que haga. Y él dijo en el versículo 5:

"Juntadme mis santos, los que hicieron conmigo pacto con sacrificio".

Aquí los santos, o consagrados, que han hecho un pacto con Dios mediante un sacrificio son los judíos, los israelitas. Ahora, el versículo 6, dice:

"¡Los cielos declararán su justicia, porque Dios es el juez! Selah"

El Señor Jesucristo va a ser el juez. En Juan 5:22 el Señor dijo que El Padre no juzgaría a nadie, sino que todo juicio lo había delegado en el Hijo. Y ahora, en el versículo 7, leemos:

"Oye, pueblo mío, y hablaré; escucha, Israel, y testificaré contra ti: Yo soy Dios, el Dios tuyo".

Si usted hubiera estado viviendo en Jerusalén cuando el templo se encontraba allí, usted quizás se habría preguntado por qué el Señor criticaba a esa gente. Ellos asistían regularmente a los servicios religiosos del templo (equivalentes a nuestros servicios religiosos de hoy). Estaban muy ocupados con el servicio del templo. Pero así como en la actualidad, la asistencia y participación en las actividades de la iglesia no es el tema más importante. Por supuesto que tiene su importancia, pero esa actitud, por sí misma, no establece necesariamente una relación con Dios. Sería mejor que usted, estimado oyente, estableciera esa relación por medio del Señor Jesucristo, para que su asistencia a la iglesia fuera del agrado de Dios. Leamos ahora los versículos 8 al 10:

"No te reprenderé por tus sacrificios ni por tus holocaustos, que están continuamente delante de mí. No tomaré de tu casa becerros ni machos cabríos de tus apriscos, porque mía es toda bestia del bosque y los millares de animales en los collados".

Dios les estaba diciendo que no creyeran que le estaban dando algo cuando le traían sacrificios, porque todos los animales, de cualquier manera ya le pertenecían. Esto nos recuerda lo que dijo el profeta Jeremías 7:22 y 23: 22Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto. 23Pero esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien. Y el profeta Miqueas dijo algo parecido en 6:6-8: ¿Con qué me presentaré ante el Señor y adoraré al Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agrada el Señor de millares de carneros o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Hombre, él te ha declarado lo que es bueno, lo que pide el Señor de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios. Veamos ahora lo que dice el versículo 12:

"Si yo tuviera hambre, no te lo diría a ti, porque mío es el mundo y su plenitud".

Si el Creador tuviera hambre, seguramente no tendría necesidad de contárselo a sus criaturas. Dice el versículo 15:

"Invócame en el día de la angustia; te libraré y tú me honrarás".

Dios le pide a Su pueblo que se acerque a Él. Pero Dios también dice que Él tiene la intención de juzgar a los malvados y que ellos no se saldrán con la suya; no podrán evitar las consecuencias. Dicen los versículos 21 y 22:

"Estas cosas hiciste y yo he callado; pensabas que de cierto sería yo como tú; ¡pero te reprenderé y las pondré delante de tus ojos! Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios, no sea que os despedace y no haya quien os libre".

Estimado oyente, Dios no estaba hablando solo para los israelitas. También nos está hablando hoy a nosotros. El desenmascara la hipocresía. El que Dios permanezca en silencio no significa que apruebe algo. Llegará el día de ajustar las cuentas. Dios dice aquí que reprenderá al ser humano sus maldades y le denunciará cara a cara. Pero Dios nunca deja de mostrar compasión, gracia y misericordia. En el versículo 23, finalizando este Salmo 50, dijo:

"El que ofrece sacrificios de alabanza me honrará, y al que ordene su camino, le mostraré la salvación de Dios".

Esos sacrificios no debían ser la mera realización de un ritual externo. No debían ser ofrecidos a menos que el que los presentara hubiera experimentado por la fe y personalmente la obra de Dios en su vida. Aquí El prometió la salvación a quien que reconozca ante El su condición, su conducta, y habiendo experimentado la gracia de Dios a su favor, entonces podrá alabar al Señor como una expresión espontánea de lo que Dios ha hecho en su vida. ¿Estimado oyente, es esa su relación con Dios?

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