Estudio bíblico de Salmos

Predicación escrita y en audio de Salmos 120-123

Salmos 120, 121, 122 y 123

En este día, amigo oyente, llegamos a una nueva sección del Libro de los Salmos. Cuando decimos una nueva sección, nos referimos a una de las grandes divisiones de este Libro. Ya hemos visto que este Libro de los Salmos, que es el Libro más largo de la Biblia con 150 Salmos, está dividido como el Pentateuco. Tenemos secciones correspondientes al Génesis, al Éxodo, al Levítico, a Números y al Deuteronomio; ahora nos encontramos en la sección correspondiente al Deuteronomio. Pero a través de toda la lectura de este Libro de los Salmos nos hemos dado cuenta que estas grandes secciones se subdividen a su vez, en grupos más pequeños y que existen pequeñas series a través de ellas. Algunas veces son simplemente dos o tres Salmos, mientras que en otras ocasiones, serían una media docena o más de ellos.

Llegamos, pues, ahora, con el Salmo 120, a una de estas series mencionadas. Lo que tenemos ante nosotros es un grupo de 15 Salmos, comenzando con este Salmo 120, y hasta el Salmo 134. Se llaman: Cánticos graduales. Lo que en realidad tenemos son como lo tradujo Martín Lutero: los Salmos graduales o "Cánticos para el coro de ascenso". Un destacado erudito hebreo lo tradujo como "Canciones de las caravanas de peregrinos" o "Marchas hacia el hogar". Estos 15 Salmos eran Salmos para los viajes y eran utilizados, creemos, de dos maneras diferentes. Cuando los cautivos regresaban de Babilonia cantaban estos Salmos, los cantaban por el camino que conducía a Jerusalén. Y ese mismo uso del término "ascender" fue utilizado en Esdras 7:9, donde dice: "El primer día del primer mes había dispuesto su partida de Babilonia, y el primero del mes quinto llegaba a Jerusalén. ¡La buena mano, estando con él!" (es decir, con Esdras). Este versículo estaba hablando del viaje de Esdras "subiendo" de Babilonia a Jerusalén. Sin embargo, el uso más común de estos Salmos tenía lugar durante los tres viajes anuales que tenían que realizar a Jerusalén para adorar, como Dios lo había requerido. Dios había dispuesto que los hombres efectuaran esos viajes, y cuando ellos subían hacia Jerusalén, llevaban a sus familias consigo. Al ascender hacia Jerusalén de todas las regiones del mundo civilizado, ya que en esa época estaban esparcidos, entonaban estos Salmos en el camino. Un día cantaban un Salmo, al día siguiente cantaban otro, y al acercarse y llegar a mayor altura, al aproximarse más a Jerusalén, continuaban cantando estos Salmos hasta llegar al último, el Salmo 134; y entonces uno los encontraba en el santuario del Señor cantando alabanzas. Ahora, por este motivo fueron llamados cánticos graduales, de ascenso, o canciones de los peregrinos.

Estamos seguros que usted recordará un incidente que tuvo lugar en la vida del Señor Jesucristo durante ese lapso de silencio que existe desde su nacimiento virginal hasta cuando Él comenzó Su ministerio, cuando tenía 30 años de edad. El Evangelista Lucas registró ese incidente. El Señor, que tenía 12 años, fue con sus padres a Jerusalén para celebrar una de las fiestas. A un día de viaje de Jerusalén, todas las caravanas se encontraban en cierto lugar para poder llegar juntas a Jerusalén. Allí disfrutaban de compañerismo, renovaban las amistades, hablaban de otros tiempos y se informaban mutuamente de su situación. A partir de allí, viajaban juntos a Jerusalén, cantando estos salmos. El lugar donde se reunían las caravanas es aun bien conocido en la actualidad situado, como dijimos a un día de viaje de Jerusalén. Cuando la fiesta finalizaba, los padres de Jesús descubrieron que el niño no se encontraba en el grupo y tuvieron que regresar a la ciudad para buscarlo. El relato se encuentra en Lucas 2:41 al 50.

Ahora, alguien podría preguntarse si podemos estar seguros de que estos salmos se usaban de esta manera. Podemos decir que sí, porque tenemos esta información en el Salmo 122:3 y 4, donde leemos lo siguiente: Jerusalén, que se ha edificado como una ciudad unida entre sí. Allá subieron las tribus, las tribus del Señor, conforme el testimonio dado a Israel, para alabar el nombre del Señor. Así que estos salmos eran cantados tres veces al año, en las fiestas de la Pascua, de Pentecostés, y de los Tabernáculos, cuando viajaban hacia Jerusalén para darle gracias a Dios, para adorarle y para ofrecer sacrificios.

Hay un significado espiritual en estos 15 salmos. Es interesante que muchos escritores del Talmud hayan señalado el hecho de que la vida es así, como un ascenso. Nos acercamos a Dios como pecadores, habiendo estado lejos de Él, separados de Él, apartados de Él. Y entonces, venimos a Él para recibir la salvación, y habiéndola obtenido, proseguimos avanzando en el proceso de la santificación a medida que crecemos en gracia y en el conocimiento del Señor Jesucristo; así es que todo este proceso es como un constante ascenso. Tenemos que estar ascendiendo desde un punto de vista espiritual. Estimado oyente, usted y yo deberíamos estar mucho más adelante hoy, en una posición espiritual más avanzada y elevada de lo que estábamos hace un año.

Bien, comenzamos ahora este viaje con el Salmo 120, y en este salmo podemos contemplar al peregrino y vamos a ver donde vive. Leamos entonces los siete versículos que forman este Salmo 120:

"Al Señor clamé estando en angustia y él me respondió. ¡Libra mi alma, Señor, del labio mentiroso y de la lengua fraudulenta! ¿Qué te dará o qué te aprovechará, lengua engañosa? Agudas saetas de valiente con brasas de enebro. ¡Ay de mí, que moro en Mesec y habito entre las tiendas de Cedar! Mucho tiempo ha morado mi alma con los que aborrecen la paz. Yo soy pacífico, pero ellos, apenas hablo, me hacen guerra".

Este es un salmo apropiado para la hora presente; especialmente para la nación de Israel. El peregrino de este salmo dijo que vivía en Mesec, en Cedar. Ahora, ¿quién era Mesec? Mesec era uno de los hijos de Jafet, según Génesis 10:2. De Jafet salieron las naciones gentiles o no judías, e Israel hoy se encuentra disperso entre los no judíos por todo el mundo. Ellos están morando en Mesec. Y Cedar era el hijo de Ismael. Ahora, ¿le dice esto algo a usted? El peregrino estaba viviendo entre árabes. Y este hecho es una situación bastante contemporánea ¿no le parece?

En el versículo 2 él clamó: "¡Libra mi alma, Señor, del labio mentiroso y de la lengua fraudulenta!" Parece que no había gente buena viviendo cerca de él. Entre sus vecinos había personas maliciosas que mentían. El hombre que había ido a residir en Mesec había sido engañado, calumniado y perseguido. Lo interesante es que el judío ha sido del todo capaz de abrirse camino entre las naciones y pueblos. Ha sido criticado, y el anti-semitismo ha sido algo real a través de la historia. Sin embargo él ha sido capaz de sobrevivir a todo, aun formando parte de un grupo minoritario entre todos los pueblos del mundo.

Y el peregrino de este salmo no sólo vivía entre gente maliciosa, sino que también vivía en un mundo en guerra. Dijo en los versículos 6 y 7: "Mucho tiempo ha morado mi alma con los que aborrecen la paz. Yo soy pacífico, pero ellos, apenas hablo, me hacen guerra".

Había llegado el momento de recoger todas sus pertenencias y con sus problemas pendientes, comenzar el viaje hacia Jerusalén. El salmista dejó sus cargas en casa. Así es que, él dejó su Mesec y dejó su Cedar, y entonces se dirigió hacia Jerusalén para adorar a su Dios. Jerusalén era la ciudad de la paz. No lo es en el día de hoy; es más bien un lugar peligroso para estar, pero era diferente en los días del peregrino, y será diferente en el futuro.

Y llegamos ahora al:

Salmo 121

Este salmo es la siguiente canción gradual o de ascenso, a medida que el peregrino viajaba hacia Jerusalén para adorar. Vislumbramos por un momento su situación personal, que había dejado al iniciar su viaje. Ahora, en este Salmo se nos dice que él podía contemplar a la distancia las montañas de Jerusalén. Y el primer versículo de este Salmo 121, dice:

"Alzaré mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi socorro?"

Este peregrino no estaba buscando ayuda en lo alto de las montañas; estaba buscando a Dios. Su respuesta está en el versículo 2, que dice:

"Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra".

Su ayuda vendría de Dios y no de los montes. A medida que el peregrino se acercaba a Jerusalén, no había diferencia si se aproximaba desde el norte, del este, del sur o del oeste. En cualquier caso, tendría que atravesar montañas.

Así fue que cuando este hombre llegaba al lugar desde donde podía ver las montañas de Judá, podía contemplar los lugares de la adoración pagana en las cimas de las montañas. Allí era donde los paganos habían edificado sus altares. Y con toda seguridad, su ayuda no vendría de la cima de aquellas montañas. Jeremías, en el capítulo 3 de su libro, versículo 23: "Ciertamente vanidad son los collados y el bullicio sobre los montes; ciertamente en el Señor, nuestro Dios, está la salvación de Israel". Esta era la idea que estaba presente en la canción del peregrino mientras se acercaba a Jerusalén. Continuemos leyendo los versículos 3 y 4 del Salmo 121:

"No dará tu pie al resbaladero ni se dormirá el que te guarda. Por cierto, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel".

La afirmación "no permitirá que tu pie resbale" significa que Dios no permitirá que usted se tambalee. Leamos ahora los versículos 6 al 8:

"El sol no te fatigará de día ni la luna de noche. El Señor te guardará de todo mal, él guardará tu alma. El Señor guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre".

Aquí el viajero, aunque con otras palabras, nos indicó claramente que no estaba esperando recibir ninguna fuerza de los montes. Estaba esperando recibir la ayuda del Señor. El Señor era su guardián protector.

Observemos esa palabra que encontramos en los versículos 7 y 8, donde dice: El Señor te guardará. Esto tiene que ver con el maravilloso poder protector de Dios. Él lo preservará a usted, estimado oyente. Recordemos que el apóstol Pedro, en su primera carta 1:5, lo expresó de la siguiente manera: "Guardados por el poder de Dios". Ahora, hay dos formas de conservar las frutas o los vegetales: en azúcar o en vinagre. Y hay muchos creyentes que son preservados por ambas formas. Hay muchos creyentes que son preservados en azúcar, que son personas muy amables, por cierto. Y las otras son preservadas en vinagre, y aquí el término explica por sí mismo el carácter de algunas personas.

En nuestro salmo, el peregrino estaba dirigiéndose hacia Jerusalén. En su camino atravesaba montañas y campos. Y el viajero dependía de Dios para su seguridad. Ésta era una hermosa certeza. El salmista dijo que su ayuda provenía del Señor, quien no le dejaría resbalar y caer. Hay otras referencias en las Sagradas Escrituras: Proverbios 3:26, dice: "Porque el Señor será tu confianza; él evitará que tu pie quede atrapado". Realmente, podemos tener la certeza de que Él no nos dejará caer. Y el Salmo 37:24, dice: "Cuando el hombre caiga, no quedará postrado, porque el Señor sostiene su mano". En 1 Samuel 2:9, Ana, en su canción de gratitud a Dios por haberle dado un hijo, dijo: "El guarda los pies de sus santos, más los impíos perecen en tinieblas". Y una de las últimas bendiciones de la Biblia se encuentra en la carta del apóstol Judas, 24 y 25. Dice así: "A aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, 25al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y poder, ahora y por todos los siglos. Amén". Es decir, que Él puede guardarnos, protegernos. Dios es el que protege a Israel y el protector de los Suyos en la actualidad.

Y recordemos que Él nos protege de día y de noche. Dios no se adormece, no se duerme. Cuando los peregrinos acampaban para pasar la noche y se encontraban durmiendo, Dios no dormía, sino que les continuaba vigilando y protegiendo. Él los cuida de día y de noche.

El salmo dice "El sol no te fatigará de día ni la luna de noche". Estos peregrinos viajaban en ciertas temporadas en las que el calor del sol era muy intenso. Pero Él había prometido protegerles del calor abrasador. ¿Pero, qué podemos decir de la luna de noche? Algunos se inclinan por pensar que la luz de la luna produce efectos en aquellos que están expuestos a la luz que refleja. Y otros creen que la expresión del salmista incluye al sol y a la luna, porque estos astros representan a los peligros que pueden presentarse de día o de noche. O sea, que el Señor protegía a los peregrinos de todos los adversarios, tanto como si les atacaban de día como de noche.

Y en la última frase el salmista y peregrino afirmó: "El Señor guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre". Le guardaría en el hogar y en el camino.

Y llegamos ahora al

Salmo 122

Esta es la tercera canción gradual. En el Salmo 120 vimos al judío peregrino en su aflicción porque se encontraba en un contexto hostil, en el cual era engañado y calumniado. Salió de allí y con su familia se dirigió hacia Jerusalén para celebrar una de las fiestas anuales. En el Salmo 121 le vimos llegar al lugar en que podía contemplar las montañas de Judea. Continuó su viaje hasta que llegó a la ciudad de Jerusalén. Allí acudían las tribus para celebrar las fiestas del Señor. Leamos los versículos 1 al 4:

"Yo me alegré con los que me decían: ¡A la casa del Señor iremos! Nuestros pies estuvieron dentro de tus puertas, Jerusalén. Jerusalén, que ha sido edificada como una ciudad que está bien unida entre sí. Allá subieron las tribus, las tribus de Jah, conforme al testimonio dado a Israel, para alabar el nombre del Señor"

Después de su largo viaje, los cansados peregrinos se encontraban, al fin, ante las puertas de su amada Jerusalén. Alzaban sus ojos al templo, que se destacaba con su oro reluciente por la luz brillante del sol. Y un grito alegre pasaba de boca en boca: "A la casa del Señor iremos".

Este hermoso salmo es también una profecía. Es un salmo del reino que espera con ansia el tiempo en que todas las tribus subirán a Jerusalén y se reunirán allí para adorar.

Ellos habían estado fuera de su ciudad por mucho tiempo. En realidad no la poseen totalmente hoy. No pueden edificar su templo en el lugar tradicional porque allí se encuentra la mezquita de Omar. Todos los lugares sagrados están bien ocupados por pueblos no judíos. En Oseas 3:4-5 leemos: "4Porque muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin estatua, sin efod (o ropas sagradas) y sin terafines (o ídolos). 5Después volverán los hijos de Israel, buscarán al Señor, su Dios, y a David, su rey; y temerán al Señor y a su bondad al fin de los días".

Habrá una Jerusalén del reino milenial. ¿Y qué encontrarán las tribus que regresen? El Dr. Gaebelein la describió como una hermosa ciudad cohesionada, no sólo desde el punto de vista arquitectónico sino también cohesionada espiritualmente, libre de ataques ni amenazas. Y así llegamos al:

Salmo 123

El tema de los Salmos 123 al 125 se resume diciendo que en ellos los peregrinos vieron el templo, el Monte de Sion y finalmente, se instalaron en la seguridad de Jerusalén. Estos Salmos son también una parte del grupo de las canciones de los peregrinos y forman un grupo de tres Salmos que presentan una historia. El Salmo 123 ha sido llamado "el ojo de la esperanza" porque el templo se hacía visible y los israelitas dirigían sus ojos a Dios con esperanza. El templo era un medio para acercarse a Dios. Leamos el primer versículo de este Salmo 123:

"A ti alcé mis ojos, a ti que habitas en los cielos".

El salmista estaba dejando claro que Dios no está confinado al templo. Él no se encontraba en un "cofre" en Jerusalén. Estaban equivocados los críticos que dijeron que los israelitas consideraban a Jehová Dios como una deidad local que vivía en su pequeño templo de Jerusalén. El salmista aclaró ampliamente que Israel no creía tal cosa. El poeta aquí se dirigió a Dios como el que habita en los cielos. El peregrino al fin tenía al templo ante su vista, pero ello le impulsaba a elevar su mirada al cielo, sabiendo que Dios moraba allí, en la esfera celestial. Y, como ya dijimos, el templo era sólo un medio para acercarse a la presencia de Dios. Leamos ahora el versículo 2:

"Como los ojos de los siervos miran la mano de sus señores, y como los ojos de la sierva, la mano de su señora, así nuestros ojos miran al Señor, nuestro Dios, hasta que tenga misericordia de nosotros".

Cuando usted está trabajando para alguien, usted mira el reloj y mira a su jefe. Y usted se asegura de estar trabajando cuando él le esté mirando. Nos preguntamos cuántos de nosotros estamos viviendo como si Dios nos estuviera observando todo el tiempo. Porque siempre nos encontramos bajo Su mirada. Y el versículo 3, dice:

"Ten misericordia de nosotros, Señor, ten misericordia de nosotros, porque estamos muy hastiados del menosprecio".

Los israelitas, en medio del desprecio de otros pueblos, estaban llegando a Jerusalén. Estaban pidiendo misericordia y compasión, sabiendo que eran pecadores y necesitaban la misericordia de Dios. No habían venido a Jerusalén para felicitarse mutuamente. Y dice finalmente el versículo 4:

"Hastiada está nuestra alma de la burla de los que están satisfechos, y del menosprecio de los soberbios".

Israel había llegado a Jerusalén, "el ojo de la esperanza". Estaban buscando a Aquel que habita en los cielos. Estimado oyente, ¿está usted mirando en esa dirección hoy? ¿En qué se basa su esperanza para la vida presente y futura, y para la vida que se encuentra más allá de la muerte, la vida eterna?

Esperamos que pueda usted hacer suyas las siguientes palabras del apóstol Pedro en su primera carta 1:3, ¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva.

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