Estudio bíblico de Efesios 1:12-17

Efesios 1:12-17

Regresamos hoy, amigo oyente, a la Epístola a los Efesios, y en nuestro programa anterior finalizamos con la obra del Señor Jesucristo, quien pagó el precio por la Iglesia. Dios el Padre había planificado la Iglesia, y Dios el Hijo pagó por la Iglesia. Vamos a ver hoy que Dios el Espíritu Santo protege la Iglesia.

El versículo 12, de este primer capítulo de la epístola a los Efesios es una de las grandes doxologías que encontramos en las epístolas. Cada vez que el Apóstol Pablo terminó de decirnos algo acerca de una de las personas de la Trinidad, se detuvo y expresó una doxología, y luego continuó hablando de la otra persona. Y aquí, habiendo acabado de hablarnos acerca de la obra del Hijo, que nos redimió por medio de Su sangre, que reveló el misterio de Su voluntad, y que recompensa a los Suyos con una herencia, nos dijo en el versículo 12, de este capítulo 1:

"A fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo."

Eso es algo maravilloso. El creyente existe para la alabanza de su gloria. Amigo oyente, Dios no existe para satisfacer los caprichos y deseos del creyente, y el creyente existe para la gloria de Dios. Cuando el creyente se encuentra en el centro de la voluntad de Dios, está viviendo una vida de plenitud, llena de satisfacción y alegría. Y cuando usted no se encuentra en esa esfera de la voluntad de Dios, los problemas se avecinan. El vivir de acuerdo con la voluntad de Dios añade propósito y significado a la vida y el creyente que vive de esa manera traerá honra y gloria a Dios. Esta vida de calidad es la que confiere valor, una posición honorable, dignidad, propósito, alegría y honra a la vida. Existimos para la alabanza de Su gloria y esto es suficiente.

Por supuesto, esta doxología mira anticipadamente al futuro, a la venida de Cristo. La tercera doxología, como veremos ahora, se refiere a la obra del Espíritu Santo. Vamos entonces a considerar como

Dios el Espíritu Santo protege a la iglesia

Cuando destacamos la obra del Espíritu Santo, vemos que: (1) Él nos regenera, (2) Él es un refugio para nosotros, y (3) da realidad a nuestras vidas. Primero tenemos la regeneración. Veamos lo que dice el versículo 13:

"En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa"

Creemos que esta sección en la cual nos encontramos, es sin lugar a dudas una de las más destacadas de las Sagradas Escrituras. Alguien podría decir que aquí el escritor no mencionó a la regeneración pero en realidad, la mencionó y de una forma sublime, porque ahora estamos pasando de la obra de Dios a favor nuestro, a la obra del Espíritu Santo en nosotros. La obra de Dios de planear la iglesia y la obra del Señor Jesús de redimir a la iglesia y pagar un precio por ella fueron objetivas. La obra del Espíritu Santo de proteger a la iglesia es diferente porque es subjetiva; ocurre dentro de nosotros.

En esta obra de regeneración y de renovación, el Espíritu Santo motiva al pecador a oír y creer en su corazón; eso es lo que lo convierte en un hijo de Dios. El Señor Jesucristo dijo en Juan 3:7: "Os es necesario nacer de nuevo". Y, ¿cómo puede uno renacer? Juan explicó en 1:12 de su Evangelio: "Mas a todos los que lo recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios". Sencillamente, tenemos que creer en Su nombre.

Aquí en Efesios 1:13, En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad. Oír aquí, no quiere decir escuchar simplemente el sonido de las palabras, sino el de escuchar con comprensión. Pablo escribió en Primera de Corintios 1:23 y 24, "Los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los no judíos locura. En cambio para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder y sabiduría de Dios". Ahora, ¿quiénes son los llamados? ¿Son los que han oído simplemente el sonido de las palabras? No. Son aquellos que han escuchado con entendimiento, con comprensión. Dios los llamó. No es meramente una llamada donde se escuchan palabras, sino que constituye un llamado donde el Espíritu Santo hace que estas palabras sean reales y verdaderas. La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios. (Rom. 10:17) Aquellos que son llamados oyen la Palabra de Dios y responden a ella, ¿entonces qué sucede? Bueno, el apóstol Pedro lo explicó de esta manera, en su primera epístola, capítulo 1, versículo 23, dice Pedro: "pues habéis renacido, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre". O sea, que la Palabra de Dios es predicada, como está siendo expuesta en este mismo instante o por la palabra impresa. Nosotros estamos diciendo que el Hijo de Dios ha muerto por usted y si usted confía en Él, será salvo. "Bien", podría decir alguien: "Yo oigo estas palabras, o las leo, pero ellas no tienen ningún significado para mí. Sin embargo, alguien más oye o lee este mensaje, y el Espíritu de Dios lo aplica a su corazón de manera que esa persona cree, y en el momento en que confía en Cristo, es regenerada. El creer es el paso lógico después de haber oído. Puede que no sea el próximo paso cronológico, pero es el paso lógico. En Él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en Él. Ésta es la mejor explicación de lo que significa nacer de nuevo que hemos leído en la Palabra de Dios. Usted escucha la Palabra de Verdad, el Evangelio de su salvación, las buenas noticias de su liberación, y usted deposita su confianza en Cristo.

Y el versículo 13 finaliza diciendo: y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa. Esto significa que cuando usted oye y cree, es también sellado; todo ocurre al mismo tiempo. Otra versión traduce este versículo de la siguiente manera: "cuando oísteis el mensaje de la verdad, el evangelio que os trajo la salvación, y lo creísteis, fuisteis marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido". Por cierto, en este momento tiene lugar el bautismo del Espíritu Santo. Usted es bautizado en el momento en que cree en Cristo. Usted es también sellado en el momento en que confía en Cristo. El Espíritu Santo abre primero el oído para poder oír, y entonces implanta la fe. Su próximo paso lógico es el de sellar al creyente.

Ahora, sabemos que hay quienes discuten hoy si es Dios el Padre o Dios el Hijo, el que sella con el Espíritu Santo, o si es el Espíritu Santo mismo quien sella. Realmente, esa discusión y sus argumentos pueden llegar a producir cierto cansancio. Nos recuerdan ciertas discusiones de la Edad Media, en la cual se producían polémicas por los detalles más minuciosos y se dejaban de lado asuntos importantes. Ahora, la verdad es que si uno discute asuntos como éstos, en realidad, nunca llega a ninguna parte. Creemos que este versículo expone que el Espíritu Santo es el sello. Dios el Padre entregó al hijo a morir en la cruz, pero el Hijo se ofreció a sí mismo voluntariamente. Así que Dios el Padre y Dios el Hijo, ambos, dieron. Y Dios el Padre y Dios el Hijo enviaron al Espíritu Santo para realizar una obra determinada, pero es el Espíritu el que realiza esa obra. Él regenera al pecador, y sella al pecador al mismo tiempo. Y creemos que el Espíritu mismo es el sello.

Ahora creemos que hay un doble propósito en la obra del Espíritu Santo al sellar al creyente. Él implanta la imagen de Dios sobre el corazón para proporcionar una realidad al creyente. Usted sabe que un sello se coloca en un documento, y que ese sello tiene una imagen. Creemos que eso es exactamente lo que el Espíritu de Dios hace en el creyente. El Apóstol Juan en el capítulo 3, del evangelio que lleva su nombre, versículo 33, dijo: "El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz". Aparentemente, ésa es la idea aquí. Dios ha implantado Su imagen sobre el creyente.

Ahora, el segundo propósito de este sello es indicar el derecho de una legítima propiedad. En la Segunda Epístola a Timoteo, capítulo 2, versículo 19, leemos: Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. Ahora, que Él provea esta seguridad para usted, no quiere decir que usted puede vivir en el pecado. Si usted invoca el nombre de Cristo, usted se va a apartar de la iniquidad. Y si no es así, si no hay esta evidencia, entonces usted no ha sido regenerado o sellado.

El Espíritu Santo es el sello, y eso garantiza que Él nos va a entregar, porque el apóstol Pablo, un poco más adelante en esta Epístola dirá: "con el cual, o sea con el Espíritu Santo, fuisteis sellados para el día de la redención". Llegará un día en que el Espíritu Santo nos entregará a Cristo y es muy bueno estar sellados de esta manera. Somos como una carta asegurada. En la actualidad, en una carta certificada se coloca un sello especial, lo cual significa que el correo garantiza la entrega de esa carta.

Ahora llegamos a la tercera y final obra del Espíritu Santo al proteger a la iglesia. Se menciona en el versículo 14, de este primer capítulo de la epístola a los Efesios y dice:

"Que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria."

El dinero de las Arras constituye la entrega al contado de una parte del precio acordado, o el depósito de una cantidad con la que se garantiza el cumplimiento de una obligación. Se da como prenda en señal, en algún contrato. Es decir, que si uno va a comprar alguna propiedad y quiere que el vendedor le reserve la propiedad, usted, deja cierto dinero como un depósito, como una señal. También quiere decir que más adelante usted entregará más dinero, lo que falta para completar el pago de la propiedad. Ahora, el Espíritu Santo es como ese dinero de las arras, como esa garantía. Dios nos ha dado a los creyentes el Espíritu Santo como una promesa y señal de que hay más bendiciones espirituales en el futuro. Ya hemos visto anteriormente que tenemos una herencia. Es decir, que queda por recibir más al tomar posesión de la herencia. Y el Espíritu Santo es la garantía. Otra versión traduce este versículo 14 de la siguiente manera: "el Espíritu Santo garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios."

Y todo esto es para la alabanza de su gloria. Y aquí encontramos la tercera doxología en este capítulo. Como ya hemos visto, Pablo presentó una doxología después de considerar la obra de cada miembro de la Trinidad. Aquí el hecho de que el Espíritu Santo nos regenera, se convierte en nuestro refugio y sello, y nos proporciona una realidad espiritual, es un motivo para la alabanza de Su gloria. Y estas grandes verdades entonces impulsaron al apóstol Pablo a expresar una oración. Vamos a leer entonces los versículos 15 y 16, en los que comienza

La oración de Pablo por conocimiento y poder para los efesios

"Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones"

Esta Iglesia se destacaba por su fe y por su amor. El amor no era para esa gente simplemente un lema o una etiqueta. Los cristianos de esa congregación expresaban un verdadero amor, que estaba basado en su fe en el Señor Jesús. Y ésa era la Iglesia en su más elevada expresión. En el Libro de Apocalipsis, en el capítulo 2, la iglesia en Éfeso representa a la Iglesia cristiana primitiva en la situación ideal. Pablo le dio gracias a Dios por el amor y la fe de los Efesios.

En el día de hoy, las circunstancias que nos impulsan a orar son las dificultades, las enfermedades, los problemas, o una crisis de una determinada iglesia. Y es triste que nuestra oración tenga que estar motivada por causas negativas. Pero en el caso del apóstol Pablo, lo que le impulsaba a orar a él, eran las cosas positivas. En nuestro caso, la oración a Dios está motivada por el deseo de tener ciertas cosas y de esa manera, se convierte en una lista de pedidos. ¿Por qué no le expresamos nuestro agradecimiento con mayor frecuencia? A Dios le agradaría que le expresáramos nuestra gratitud de una forma regular. En algunas iglesias, la reunión de oración se apartó de su monotonía habitual y recibió un nuevo impulso cuando los asistentes acordaron que no harían otra cosa que expresarle a Dios su gratitud en oraciones breves, pero que brotaron del corazón. Así lo hicieron y pudieron comprobar que, a medida que oraban, iban apareciendo más y más motivos de gratitud por lo que Dios había hecho por ellos y la duración de la reunión se extendió más allá de lo habitual, porque el tiempo no resultaba suficiente para dar gracias a Dios. A nadie se le ocurrió pedir nada. Y disfrutaron de una hermosa experiencia espiritual.

Éste fue el impulso que sintió el apóstol Pablo cuando recibió las noticias e informes de la iglesia en Éfeso. Y dijo, "no ceso de dar gracias por vosotros". Resulta interesante que no pensamos con demasiada frecuencia en Pablo como un destacado hombre de oración. Le colocamos en el primer lugar de la lista como un gran misionero de la cruz. No nos imaginamos un mejor ejemplo de apostolado que el del apóstol Pablo. Si tuviéramos que preparar una lista de los 10 mejores predicadores de la iglesia, con toda seguridad le colocaríamos en el primer lugar. El apóstol Pablo también fue uno de los mejores maestros de las Sagradas Escrituras. El Señor Jesús fue, por supuesto el mejor maestro: Recordemos lo que dijeron los guardias en su informe a los principales sacerdotes y fariseos sobre Jesús, palabras registradas en Juan 7:46: "¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!" Y el apóstol Pablo continuó con esa tradición. También fue un ejemplo como un buen pastor. De acuerdo con el relato de Lucas en los Hechos 20, Pablo lloró al despedirse de los creyentes en Éfeso. El les amaba profundamente y ellos a él.

Siempre solemos evaluar el nivel de vida espiritual de una iglesia por la manera en que sus miembros aman a su pastor, o a sus líderes, siempre y cuando éstos sean fieles a la Palabra de Dios. La iglesia en Éfeso no sólo amaba al apóstol Pablo, sino que también amaban a la Palabra de Dios.

Como hemos dicho, siempre que pensamos en alguien que se destacara en un área del servicio cristiano en la iglesia primitiva, el nombre de Pablo ocupa el primer lugar. ¿Por qué no colocarle también en un lugar de honor como representativo de un gran hombre de oración? Consideramos a Moisés como un gran intercesor en oración en la cima del monte. Recordamos al rey David con sus salmos y la confesión de su grave pecado. Pensamos en el profeta Elías, que se puso en pie él solo frente a un altar empapado con agua en el Monte Carmelo, y ante cuya oración descendió fuego del cielo. Y después recordamos al profeta Daniel que abría su ventana orientada hacia Jerusalén y oraba, aunque vivía en una tierra hostil gobernada por un poder enemigo. Y el Señor Jesucristo fue el Hombre de oración, hasta tal punto que uno de Sus discípulos le pidió: "Señor, enséñanos a orar". (Lucas 11.1).

Si hiciéramos una lista de citas Bíblicas de las veces en que Pablo dijo que estaba orando por alguien, nos sorprendería comprobar la extensa lista de oración que tenía el apóstol. Él oró por mucha gente. Fue un gran hombre de oración.

En esta epístola hay dos de las oraciones de Pablo. Estas oraciones revelan la preocupación de Pablo como un hijo de Dios por otros creyentes. Una de las razones para evaluar si una persona es un hijo de Dios es su vida de oración. ¿Qué nivel de dependencia de Dios siente esa persona? Si ella tiene una necesidad personal, se dirigirá a Dios en oración. Y también acudirá a Dios en intercesión por otros. Recordemos, según el relato de los Hechos 9:11, cuando Ananías, en la ciudad de Damasco, se inquietó cuando el ángel le dijo que se acercara a Saulo de Tarso y él puso objeciones porque Saulo era el hombre que perseguía a la iglesia. Pero entonces el ángel le dijo que Saulo estaba orando. Ésa fue una indicación a Ananías de que algo le había sucedido a Saulo de Tarso, a quién luego conoceríamos como el apóstol Pablo.

En el versículo 16, Pablo dijo que no cesaba de dar gracias a Dios por ellos. Ellos estaban en su lista de oración y suponemos que todas las iglesias estaban incluidas en dicha lista.

Continuó diciendo haciendo mención de vosotros en mis oraciones. Seguramente mencionó a los Efesios por sus nombres. El mencionar nombres concretos en nuestras oraciones es un ejemplo a imitar.

Ya hemos mencionado que el motivo de la oración de Pablo eran buenas noticias. Ahora veremos que no oró por cosas materiales sino por bendiciones espirituales. Éstas son las bendiciones de primera importancia. Leamos, finalmente por hoy, el versículo 17 de Efesios 1:

"Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él"

Habiendo escrito que la iglesia es el cuerpo de Cristo. Y que el Padre la planeó, que Dios el Hijo pagó un precio por ella, y que Dios el Espíritu Santo la protegía, reconoció que los Efesios no serían capaces de comprender estas verdades, a menos que el Espíritu de Dios fuera su maestro y les explicara la Palabra de Dios. Porque sólo el Espíritu de Dios puede revelar el conocimiento de Dios.

Un destacado maestro de la Biblia, el Dr. Ironside, practicó una dependencia total del Espíritu Santo en su propio ministerio. En una ocasión, cuando estaba enseñando el libro del Cantar de los Cantares, dijo que nunca había quedado satisfecho con el material que había encontrado en los tratados de Estudio Bíblico y entonces, se puso de rodillas y le pidió a Dios que le revelara el mensaje de ese libro. La verdad es que este hombre escribió una obra sobre el Cantar de los Cantares y, con toda sinceridad, su interpretación es la única que ha satisfecho mi propio corazón.

¡Qué experiencia hermosa y fructífera es tener al Espíritu de Dios como el maestro que nos enseñe! Y el versículo 17 dice: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo. . . os de espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de él. ¿Y cómo tendrá lugar esa acción divina? Se llevará a cabo por el Espíritu de Dios, el único que puede abrir nuestros ojos y enseñarnos la Palabra de Dios. Estimado oyente, usted puede considerarse incluido en esa oración, como todos los creyentes en Cristo. Le invitamos a leer la Biblia, sugiriéndole que dirija una sencilla oración a Dios, pidiéndole que el Espíritu Santo ilumine su mente y le guíe en su lectura.

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