Estudio bíblico de Efesios 2:8-17

Efesios 2:8-17

Recordemos que nos encontramos en el capítulo 2, que hemos titulado "La iglesia como un templo", y que estamos considerando la primera parte de ese capítulo, (versículos 1 al 10) que trata sobre los materiales de la construcción del templo. Al comenzar hoy nuestro estudio, estimado, vamos a leer los versículos 8 y 9, de este capítulo 2 de la epístola a los Efesios; y allí dice:

"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe"

Éstas son grandes versículos con los que culmina esta sección en la cual el apóstol Pablo nos ha presentado el pasado, el presente y el futuro del creyente. Nosotros estábamos muertos en nuestros delitos y pecados; andando conforme a la corriente de este sistema que se opone a Dios. Y ahora, Dios por medio de Su gracia infinita, nos resucitó espiritualmente elevándonos a las regiones celestiales con Cristo Jesús; y algún día estaremos allí exhibiendo la gracia de Dios. Ningún aspecto de esa realidad depende de nuestras propias obras o mérito. Aquí dice por gracia sois salvos. Y deberíamos usar el artículo, diciendo "La Gracia", destacando así que se trata de algo especial. El gran énfasis es la gracia de Dios. Es un favor concedido a quienes no son dignos de él, y que no lo merecen.

Nadie puede andar diciendo por ahí "espero ser salvo". Si usted ha depositado su confianza en Cristo, puede decir "Yo soy salvo". Alguien podría expresar dudas diciendo; "Bueno, no me atrevería a afirmar eso porque no se que deparará el futuro". Estimado oyente, su salvación se apoya en la gracia de Dios, y no en su propia fidelidad. Usted puede confiar en la siguiente afirmación del apóstol Pablo en Filipenses 1:6, "El que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús". Si usted es un hijo de Dios, podrá alejarse de Él, pero Él siempre le facilitará el camino de regreso porque es por gracia, y sólo por gracia que usted es salvo. Usted tiene una salvación completada, consumada. En base a lo que Cristo ha hecho por usted y por el hecho de que el Espíritu Santo le ha inclinado hacia Cristo, habiendo usted creído a la Palabra de Dios y confiado en Él, usted puede afirmar "Yo soy salvo". No se trata de decir "así lo espero" o "intentaré salvarme". Es una salvación lograda por la gracia de Dios, por medio de la fe, y ello no ha dependido de usted, sino que es un regalo, un don de Dios.

La gracia de Dios ha sido definida como un favor inmerecido. Me agrada hablar de ello como de "amor en acción".

Quisiéramos que usted escuche ahora lo que dijo el Dr. Lewis Sperry Chaefer sobre la gracia y el amor de Dios: "Existe una diferencia bien marcada entre el amor compasivo de Dios por los pecadores, y Su gracia que ahora se les ofrece por medio del Señor Jesucristo. El amor divino y la gracia divina no son una y la misma cosa. Dios puede amar a los pecadores con una compasión indecible y sin embargo, a causa de una justicia divina y una santidad ultrajada, no puede rescatarlos de su justo castigo. Sin embargo, como se ha dicho anteriormente, si el amor pudiera proveer en forma gratuita para ese pecador todo lo que esa justicia divina y la santidad requieren, el amor de Dios quedaría entonces libre para actuar sin ninguna limitación, en favor de aquellos por los cuales se realizó ese sacrificio sustitutivo perfecto. Ése es el logro realizado por Cristo sobre la cruz. Por otra parte, la gracia divina en la salvación es la compasión ilimitada de Dios, actuando hacia el pecador, en base a esa libertad que ya ha sido asegurada a través del juicio justo contra el pecado, asegurada por Cristo en Su muerte sacrificial. El amor divino puede desear salvar, sin embargo puede resultar incapaz de hacerlo justicieramente; pero la divina gracia está libre para actuar ya que Cristo murió. Se observa entonces, que el propósito general de Dios no es únicamente el de la manifestación de su amor, aun cuando Su amor y Su misericordia son, como su gracia, mencionados en este contexto y expresados en la muerte de Cristo; sino que ese propósito es más bien la manifestación de Su gracia".

Del cofre de los tesoros de Dios, Él colma a los pecadores de Su gracia sin restricción ni obstáculo.

Ahora la fe es la causa instrumental de la salvación. Es el único elemento que el pecador trae a la gran transacción de la salvación. Sin embargo, la fe también es un don de Dios. Claro que alguien podría decir: "ya que la fe es un don de Dios y Él no me lo ha dado, supongo que nadie me puede culpar si yo no creo". Pero en este caso la respuesta es la siguiente. Dios ha dejado bien claro que como dijo el apóstol Pablo en Romanos 10:17, la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios. O sea, que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo. Si usted quiere confiar en Cristo, tendrá que escuchar la Palabra de Dios. Dios dará fe a todos los que hagan caso, que tomen en cuenta el mensaje del Evangelio.

Encontramos esta enseñanza en Segunda de Corintios: Moisés tenía un velo sobre su rostro, no porque estuviera deslumbrando o cegando a todos como si fuera un faro, sino para que la gente no pudiera ver la gloria reflejada en su rostro que estaba desapareciendo. Era la gloria que pertenecía al sistema mosaico, la gloria de la Ley. Dice Segunda de Corintios 3:14, 14Pero el entendimiento de ellos se embotó, porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo sin descorrer, el cual por Cristo es quitado. Hoy no hay necesidad de velo porque Él es el Cristo descubierto, sin velo; el Evangelio es libremente proclamado. Pero en los versículos que siguen de este pasaje, 15 y 16, dice: 15Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. 16Pero cuando se conviertan al Señor, el velo será quitado. O sea, que cuando ellos se vuelvan a Cristo, el velo será quitado. En cualquier momento en que usted esté dispuesto a volverse a Cristo, usted puede hacerlo, puede dirigirse hacia Él.

Algunos dicen: "quizás a mí no se me ha dado el don de la fe". Ése no es su problema. Su problema es que usted no quiere dejar sus pecados, que la Biblia condena. Cuando usted esté harto de sus pecados, cuando quiera desligarse de su propia naturaleza vieja, de los valores del sistema del mundo, de esa aparente religiosidad, de todo lo que la Biblia condena para volverse a Cristo, entonces usted recibirá el don de la fe. Y podrá confiar en Él.

Nos agobia el oír a personas decir que no creen porque tienen problemas intelectuales. En realidad verían que tienen problemas más morales que intelectuales, si estuvieran dispuestos a enfrentarse con ellos, si estuvieran preparados para admitirlo. El pecado es hoy el verdadero problema en los corazones de muchísimas personas. Incluso muchos cristianos no disfrutan de su salvación por ese mismo motivo. Los sicólogos de cierta universidad realizaron un estudio y como resultado del mismo concluyeron que la segunda razón más frecuente por la que muchas personas están perturbadas emocionalmente y mentalmente inestables es porque están viviendo en el pasado. Están preocupadas por errores y fracasos pasados, y se están mirando a sí mismas en vez de mirar a Cristo y confiar en Él.

La fe es el instrumento de la salvación. El célebre predicador Spurgeon dijo: "No es su alegría en Cristo lo que le salva; es Cristo. No es su esperanza en Cristo lo que le salva; es Cristo. No es incluso su fe en Cristo, aunque ése es el instrumento; es la sangre y los méritos de Cristo".

Pablo no estaba hablando sobre la fe cuando dijo: y esto no (procede) de vosotros. Se estaba refiriendo a la salvación. La salvación es un don que elimina la jactancia humana. Todo depende de Dios y no de nosotros. Es un regalo de Dios. Y el versículo 10, continúa el pensamiento:

"Pues somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas."

Dice aquí que somos hechura suya. La palabra griega es "poiema", de la cual proviene nuestra palabra poema. La iglesia es Su poema y Su nueva creación. Pablo no estaba hablando de la iglesia o congregación local, sino más bien sobre el cuerpo de creyentes existente entre el día de Pentecostés hasta el momento en que Cristo recoja a Su iglesia. Los que son realmente cristianos (y la mayoría de ellos son miembros de comunidades locales). Ese cuerpo de creyentes es Su creación y su nueva creación en Cristo Jesús.

Ahora, ¿para qué hemos sido creados? Para buenas obras. Cuando lleguemos a la última parte de esta carta a los Efesios, se nos dirá que tenemos que vivir de una manera que sea encomiable y aceptable para Dios. Aunque espiritualmente estemos sentados en las regiones celestiales en Cristo Jesús, aquí en la tierra tenemos que vivir de una forma que traiga honor y gloria a Su nombre.

Leamos ahora los versículos 11 y 12, que nos inician al tema de

El método de construcción de la Iglesia como templo de Dios

"Por lo tanto, recordad los no judíos de nacimiento, los que sois llamados "incircuncisos" por aquellos que se llaman de la circuncisión, la cual se hace en el cuerpo por mano humana, recordad que en ese entonces estabais separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo."

La iglesia en Éfeso estaba constituida mayormente por no judíos, aunque había allí una pequeña colonia de judíos. Los no judíos eran además identificados como la "incircucisión". Esta etiqueta les había sido puesta por la llamada "circuncisión", es decir, por los judíos.

Dios hizo una verdadera distinción entre el judío y el no judío, comenzando con Abraham y avanzando hasta la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Israel ocupó una posición única entre las naciones. Un no judío podía añadirse a ese pueblo únicamente como un prosélito. Con el tiempo, esta distinción causó fricciones porque Israel se enorgulleció de su posición. Los israelitas llegaron a despreciar a los no judíos, y el odio empezó a aparecer en el corazón de ambos grupos.

En estos versículos hay una descripción de la triste suerte y desesperada situación de los no judíos. Son también una imagen exacta de cualquier ser humano perdido. Esto es lo que significa estar perdido:

1. Sin Cristo: Ésta es la mejor definición de una persona perdida. Es lo opuesto a estar en Cristo, unido a Cristo.

2. Alejados de la ciudadanía de Israel: O separados de la ciudadanía de Israel. Ésta era la definición exacta de un no judío. El no judío no tenía una religión dada por Dios, como la tenía el judío. No tenía derecho a mirar atrás al Antiguo Testamento y a tomar las promesas que Dios había hecho a Israel y apropiárselas. Nosotros tampoco tenemos ese derecho. Dios no nos hizo aquellas promesas a nosotros.

3. Ajenos a los pactos de la promesa: Dios había hecho ciertas promesas a la nación de Israel. Los pactos que hizo con Israel son aún válidos, pero ningún no judío tenía derecho a apropiárselos. Dios les había prometido a los israelitas una tierra. Algún día ellos la conseguirán, pero bajo las condiciones de Dios, no las de ellos. La promesa que Él nos ha dado a nosotros se encuentra en Juan 14:2-3, y es ésta: "voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis".

4. Sin esperanza: Observemos a las religiones del mundo, no tienen una esperanza segura. No pueden prometer resurrección y son vagos o confusos acerca de lo que sucede después de la muerte. Los cultos o sectas no ofrecen ninguna esperanza. Erigen un obstáculo que ningún ser humano podría superar. La falta de esperanza era la condición trágica de los no judíos. Para el ser humano perdido, la vida presente es sumamente importante y si el pierde el bienestar y las diversiones aquí, queda doblemente desesperado. En el mundo pagano la muerte sólo podía traer desolación y era una verdadera tragedia.

5. Sin Dios en el mundo: Esto no significaba que Dios se había apartado del ser humano, sino que era más bien el hombre el que se había apartado de Dios. El hombre se queda sin Dios por decisión propia. Se encuentra en la oscuridad, deambulando con el resto de la humanidad perdida. Francamente, si yo estuviera hoy en la posición de una persona perdida, me hundiría en la desesperación y no se lo que haría para olvidarme de todo, pues ya no me quedaría ninguna esperanza. ¿Qué más podría hacer una persona en semejante situación? Lo único que me quedaría por hacer sería exprimir esta vida al máximo como una fruta, para obtener todo el jugo que pudiera. No habría ninguna esperanza o expectativa para después de la muerte. Eso es lo que implicaría estar sin esperanza y sin Dios.

En estos versículos Pablo describió una terrible y trágica condición humana. Pero observemos lo que sucedió, leyendo el versículo 13:

"Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo."

En el templo se encontraba el patio de los no judíos en un costado apartado. A los no judíos se les permitía ir allí, pero se encontraban lejanos, apartados. Pero a partir de la primera venida de Cristo, para los no judíos que se habían unido a Él, todo había cambiado. Estaban separados de Cristo, y en el nuevo orden, estaban unidos a Él. La distancia y el muro que les separaban de Dios habían sido derribadas, y Dios les había acercado por medio de la sangre de Cristo. Veamos ahora lo que dicen los versículos 14 al 17, de este capítulo 2, de la epístola a los Efesios:

"Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades (la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas), para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos y a los que estáis cerca"

Así es que cuando usted viene al Señor Jesucristo, estimado oyente, no solamente pasa a formar parte de un cuerpo, sino que es llevado a un lugar donde usted puede estar ante Dios en un mismo nivel con los demás. Usted y yo podemos estar al mismo nivel ante Él. Así que hoy no debería de haber ni un punto de separación entre creyentes en Cristo bajo ninguna circunstancia. Hemos sido hechos uno en Cristo. Si usted es un creyente en Cristo, y no importa quién sea usted, usted y yo vamos a estar juntos por toda la eternidad.

El contraste en este pasaje es realmente entre el judío y el que no lo es. El Señor Jesucristo es la paz que ha sido lograda entre ellos. La pared intermedia de separación, de enemistad entre ambos ha sido derribada. De los dos Él ha hecho un nuevo hombre. Hemos sido colocados juntos en Cristo, quien ha conseguido la paz. Esto significa que ahora tenemos paz con Dios, y también tendríamos que tener paz entre nosotros.

La reconciliación de Dios, ya ha sido completada. Él está dispuesto a recibirle a usted, si usted está dispuesto a venir. En consecuencia, el mensaje que se difunde es, como dijo Pablo en Segunda de Corintios 5:20, Reconciliaos con Dios. Si usted se reconcilia, será introducido en un nuevo cuerpo, un cuerpo de creyentes, y no hay diferencia en que sea usted un no judío o un judío. El color de la piel tampoco establece ninguna diferencia. Hemos sido convertidos en un hombre nuevo y deberíamos tener paz.

El énfasis de este pasaje recae en la persona gloriosa de Cristo. Él no sólo hizo paz por medio de la cruz, sino que aquellos que confían en Él y son colocados en Él, unidos a Él, se convierten en nuevas personas. Originalmente, Dios había hecho una diferencia separando al judío de las demás naciones. Con el tiempo, el judío desarrolló un orgullo espiritual y eso condujo al odio final entre el judío y el que no lo era. Al ser unidos ambos a Cristo, hubo paz y no sólo por la existencia de una nueva posición, sino también porque algo nuevo había comenzado a existir. Algo que Pablo identificó como el nuevo hombre. Fue por ese motivo que Pablo escribió a los Corintios, en su primera carta 10:32, que no dieran mal ejemplo a nadie, ni a los judíos, ni a los no judíos, ni a los que pertenecían a la iglesia de Dios. Esta "iglesia" era el nuevo hombre.

No era que el no judío había sido elevado a la posición del judío. Cristo había elevado a ambos a un nivel superior. Crisóstomo lo explicó de esta manera: "Él no quería decir que nos había elevado a nosotros a la alta dignidad de ellos, pero Él nos ha elevado a ambos a un nivel aún más alto. . . . . Os daré una ilustración. Imaginemos que hay dos estatuas, una de plata y la otra de plomo, y que entonces ambas se funden, y se convierten en oro. Y así, Él ha hecho de las dos, una sola". Ésta es una hermosa ilustración de cómo hemos sido unidos en Cristo.

No creemos en la fraternidad universal de las personas, ni en la paternidad universal de Dios. Es una gran herejía. Creemos que la verdadera hermandad está formada por aquellos que están unidos a Cristo. Éste es el edificio, el templo que Dios está construyendo hoy.

Más que decir que el no judío ha sido elevado a la posición del judío, podríamos decir que es el judío el que ha sido rebajado al nivel del no judío, porque ambos, el judío y el no judío están en el mismo estado de pecado. En realidad, como pecadores, somos todos hermanos, al ser todos descendientes de Adán. Dijo Pablo en Romanos 3:9, "9¿Qué, pues? ¿Somos los judíos mejores que ellos? ¡De ninguna manera!, pues hemos demostrado que todos, tanto judíos como no judíos, están bajo el pecado". Ésta es la posición en la que estamos todos. La paz de este pasaje es la paz entre judíos y no judíos. Cuando ambos grupos vienen a la cruz como pecadores, son convertidos en una nueva creación. Se convierten en un nuevo hombre, el cuerpo de Cristo, el templo del Espíritu Santo.

El templo del Antiguo Testamento, que sucedió al tabernáculo de Moisés, estuvo caracterizado por divisiones. Había tres entradas para tres departamentos: el patio exterior, el Lugar Santo, y el Lugar Santísimo. Había secciones del edificio para los sacerdotes, el pueblo, las mujeres y los no judíos. Cristo, por Su muerte, retiró el velo o cortina y se convirtió en el Camino (el patio exterior), la Verdad (el Lugar Santo) y la Vida (el Lugar Santísimo). Ahora podemos ir por medio de Cristo directamente a la presencia de Dios el Padre. Aquellos que vienen a Él son traídos de sus pequeños departamentos o secciones, y colocados en Cristo, el nuevo Templo en el cual no hay secciones ni departamentos. La cruz disuelve todas las vallas, y el Evangelio es predicado a los no judíos, a los que se encontraban lejos, y a los judíos, que se encontraban cerca. Es una gran imagen la que tenemos aquí. Por ello, el mensaje del amor de Dios revelado en Cristo, llega a todos los pueblos de la tierra, a todas las personas, cualquiera que sea su condición. Y le llega a usted, estimado oyente, de una manera personal, para invitarle a formar parte de este edificio que Dios está edificando.

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