Estudio bíblico de Efesios

Predicación escrita y en audio de Efesios 2:16-22

Efesios 2:16-22

Para situar nuestro estudio de hoy en el lugar del Bosquejo general que presentamos en la introducción a la carta a los Efesios, diremos que estamos bajo el título general de "La iglesia como un templo", y en nuestro programa anterior consideramos el material para la construcción del templo, que se extendía hasta el versículo 10. También, a partir del versículo 11, comenzamos a estudiar el método de construcción del templo, que continuamos hoy, y que se extenderá hasta el versículo 18. Y finalmente, concluiremos con el aspecto del significado de la construcción del templo, que se extiende desde el versículo 19, hasta el versículo 22, que a su vez finaliza este capítulo 2.

Comenzaremos hoy repasando algunos conceptos explicados en nuestro programa anterior, especialmente entre los versículos 14 al 17, que nos servirán de introducción para emprender este último estudio sobre el capítulo 2 de la carta del apóstol Pablo a los Efesios.

El énfasis de este pasaje recae en la persona gloriosa de Cristo. Él no sólo hizo paz por medio de la cruz, sino que aquellos que confían en Él y son colocados en Él, unidos a Él, se convierten en nuevas personas. Originalmente, Dios había hecho una diferencia separando al judío de las demás naciones. Con el tiempo, el judío desarrolló un orgullo espiritual y esto condujo al odio final entre el judío y el que no lo era. Al ser unidos ambos a Cristo, hubo paz y no sólo por la existencia de una nueva posición, sino también porque algo nuevo había comenzado a existir. Algo que Pablo identificó como el nuevo hombre. Fue por ese motivo que Pablo escribió a los Corintios, en su primera carta 10:32, que no dieran mal ejemplo a nadie, ni a los judíos, ni a los no judíos, ni a los que pertenecían a la iglesia de Dios. Esta "iglesia" era el nuevo hombre.

No era que el no judío había sido elevado a la posición del judío. Cristo había elevado a ambos a un nivel superior. Crisóstomo lo explicó de esta manera: "Él no quería decir que nos había elevado a nosotros a la alta dignidad de ellos, pero Él nos ha elevado a ambos a un nivel aún más alto. . . . . Os daré una ilustración. Imaginemos que hay dos estatuas, una de plata y la otra de plomo, y que entonces ambas se funden, y se convierten en oro. Y así, Él ha hecho de las dos, una sola". Ésta es una hermosa ilustración de cómo hemos sido unidos en Cristo.

No creemos en la fraternidad universal de las personas, ni en la paternidad universal de Dios. Es una gran herejía. Creemos que la verdadera hermandad está formada por aquellos que están unidos a Cristo. Éste es el edificio, el templo que Dios está construyendo hoy.

Más que decir que el no judío ha sido elevado a la posición del judío, podríamos decir que es el judío el que ha sido rebajado al nivel del no judío, porque ambos, el judío y el no judío están en el mismo estado de pecado. En realidad, como pecadores, somos todos hermanos, al ser todos descendientes de Adán. Dijo Pablo en Romanos 3:9, "9¿Qué, pues? ¿Somos los judíos mejores que ellos? ¡De ninguna manera!, pues hemos demostrado que todos, tanto judíos como no judíos, están bajo el pecado". Ésta es la posición en la que estamos todos. La paz de este pasaje es la paz entre judíos y no judíos. Cuando ambos grupos vienen a la cruz como pecadores, son convertidos en una nueva creación. Se convierten en un nuevo hombre, el cuerpo de Cristo, el templo del Espíritu Santo.

El templo del Antiguo Testamento, que sucedió al tabernáculo de Moisés, estuvo caracterizado por divisiones. Había tres entradas para tres departamentos: el patio exterior, el Lugar Santo, y el Lugar Santísimo. Había secciones del edificio para los sacerdotes, el pueblo, las mujeres y los no judíos. Cristo, por Su muerte, retiró el velo o cortina y se convirtió en el Camino (el patio exterior), la Verdad (el Lugar Santo) y la Vida (el Lugar Santísimo). Ahora podemos ir por medio de Cristo directamente a la presencia de Dios el Padre. Aquellos que vienen a Él son traídos de sus pequeños departamentos o secciones, y colocados en Cristo, el nuevo Templo en el cual no hay secciones ni departamentos. La cruz disuelve todas las vallas, y el Evangelio es predicado a los no judíos, a los que se encontraban lejos, y a los judíos, que se encontraban cerca. Es una gran imagen la que tenemos aquí. Por ello, el mensaje del amor de Dios revelado en Cristo, llega a todos los pueblos de la tierra, a todas las personas, cualquiera que sea su condición. Y le llega a usted, estimado oyente, de una manera personal, para invitarle a formar parte de este edificio que Dios está edificando.

Veamos ahora lo que dice aquí el versículo 18, de este capítulo 2, de la epístola a los Efesios:

"Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre."

Me pregunto yo si usted se ha dado cuenta de que este pequeño versículo aquí, es un gran versículo. Es como un pequeño átomo. Aquí encontramos a la Trinidad. Notemos lo que dice: Porque por medio de él, o sea Cristo, los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu, y éste aquí es el Espíritu Santo, al Padre que es Dios el Padre. Usted puede ver que el judío y el gentil ante la cruz, están en un mismo nivel como pecadores. Además, a través de Cristo ambos tienen acceso igual a Dios, lo cual es un privilegio glorioso para cualquier ser humano. Pablo hizo referencia en el capítulo 5 de su epístola a los Romanos, a que la justificación por la fe es un beneficio disponible para todos. Nosotros tenemos acceso a Dios por medio de Jesucristo, y eso es hermoso.

Yo no creo que esto signifique que uno pueda entrar a la presencia de Dios de una manera descarada o precipitadamente, pero nos da el privilegio real de tener acceso al Padre por medio del Señor Jesucristo. Cualquier creyente tiene tanto derecho a tener acceso a Dios como cualquier otro creyente. El Dr. J. Vernon McGee, autor de estos estudios bíblicos, contaba que hubo muchas personas que le preguntaron que por qué no había pedido a unos pocos que oraran por él cuando estaba enfermo de cáncer. ¿Por qué había pedido a todos que oraran por él? A lo cual él contestó: "Porque yo creo en el sacerdocio de los creyentes, es decir, que todos nosotros tenemos acceso a Él". Leamos ahora los versículos 19 y 20, donde se nos comienza a hablar sobre

El significado de la construcción de la Iglesia como templo de Dios

"Por eso, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo."

El apóstol Pablo les recordó a los creyentes no judíos que aunque ellos eran extranjeros y marginados, alejados de Dios, la posición presente de ellos había mejorado infinitamente. Ellos ya no eran extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos.

Y santos aquí no era una referencia a los santos del Antiguo Testamento. Los creyentes no judíos eran conciudadanos con los santos del Nuevo Testamento, los otros miembros del cuerpo de Cristo. Ellos pertenecen a una familia, no como siervos, sino como parientes, miembros de la familia de Dios, porque todos ellos son Sus hijos. Juan dijo en su primera epístola 2:12, "Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre". Nosotros somos Sus hijitos. Ésta es una nueva relación. Una relación que era extraña al Antiguo Testamento. Aun David, un hombre que ocupaba un lugar especial en el corazón de Dios, fue llamado, en el Segundo libro de Samuel, capítulo 7, versículo 8: mi siervo David; y el término de Dios para Moisés fue también mi siervo en Números, capítulo 12, versículo 7.

Ahora esta ciudadanía no era en Israel o en la Jerusalén terrena, sino que estaba en los cielos. El Apóstol Pablo dijo, en su epístola a los Filipenses, capítulo 3, versículo 20, "Pero nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo". Así es que somos conciudadanos, pertenecemos ahora al cielo.

Y somos edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas. Esto es importante. No quiere decir que los apóstoles y los profetas eran el fundamento, sino que ellos personalmente colocaron el fundamento. La Iglesia primitiva construyó su doctrina sobre la de los apóstoles. En el libro de los Hechos, capítulo 2, versículo 42, inmediatamente después de mencionar el día de Pentecostés, dice que aquellos que habían sido añadidos a la Iglesia, perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

Se ha escrito mucho acerca de la identidad de los profetas del versículo 20. Ahora, ¿eran los profetas del Antiguo Testamento o eran profetas del Nuevo Testamento? El hecho de que los profetas están aquí en la misma clasificación como apóstoles, sin el artículo "los", parecería indicar que ellos son profetas del Nuevo Testamento. Y creemos que esto será confirmado cuando lleguemos al capítulo tercero de esta Epístola a los Efesios.

El Señor Jesucristo mismo Siendo la principal piedra del ángulo, revela que Cristo es la Roca sobre la cual se edificó la Iglesia. El apóstol Pablo lo dijo de una manera muy clara en su Primera Epístola a los Corintios, capítulo 3, versículo 11: "Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo". Y el apóstol Pedro lo dijo de la manera siguiente, en su primera epístola, capítulo 2, versículos 6 al 8: "6Por lo cual también dice la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; el que crea en él, no será avergonzado. 7Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso. En cambio, pero para los que no creen: La piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; 8y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer. Ellos, por su desobediencia, tropiezan en la palabra. ¡Ese es su destino!" Lo importante de notar aquí es que Pedro dijo que el Señor Jesucristo era la piedra angular. Así es que Pedro entendió muy bien lo que el Señor Jesucristo quiso decir en las siguientes palabras del evangelio según San Mateo, capítulo 16, versículo 18: "Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no la dominarán". Aquí Jesús estaba hablando de Sí mismo. Él es la Roca sobre la cual está edificada la Iglesia. Los apóstoles y los profetas colocaron el fundamento, y Cristo es la piedra angular, la Roca. Veamos ahora los versículos 21 y 22, de este capítulo 2, de la epístola a los Efesios:

"En él todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu."

Nuevamente la analogía con el templo del Antiguo Testamento es evidente; sin embargo, hay un contraste revelado en la analogía. Había varios edificios en el templo de Jerusalén. Sin embargo, no creemos que Pablo se estaba refiriendo a esos diferentes edificios. Él quiso decir que cada creyente individualmente era colocado dentro de la estructura total. Y Pedro lo expresó de la misma manera cuando escribió que nosotros somos piedras colocadas, encajadas e incorporadas a la casa espiritual, como podemos ver en Primera de Pedro 2:5.

Pablo habló de la iglesia como un templo que estaba siendo construido. Eso es muy interesante porque en los días del apóstol Pablo, el templo de Herodes, que era el templo de aquella época, aún no había sido concluido. Durante los días del Señor Jesucristo, ya se habían dedicado 40 años a su construcción, y fue destruido en el año 70 D.C. y aún en el momento de su destrucción no había sido finalizado. La iglesia se encuentra hoy en construcción, y será finalizada.

Dice aquí en el versículo 21 que la iglesia va creciendo para ser un templo santo en el Señor. Y eso nos confirma que aún no ha sido concluida la construcción. Su estructura es también diferente. No consiste en una piedra colocada encima de otra de una manera fría. Este templo está creciendo. Dios está tomando un material muerto, muerto en delitos y pecados, y le está dando vida. Las piedras vivas, nacidas de nuevo, están creciendo incorporadas a un templo viviente.

Así como el templo de Salomón fue edificado sin el sonido del martillo, así el Espíritu Santo coloca silenciosamente, a cada pecador muerto espiritualmente en el templo vivo a través de la regeneración y el bautismo. El apóstol Pablo en su Primera Epístola a los Corintios, capítulo 12, versículo 13, dijo: "Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu".

Se lo llamó un templo santo. Es santo porque en él mora el Espíritu Santo. Por el bautismo del Espíritu Santo el pecador salvado es colocado en el Señor. El Espíritu Santo mora en cada creyente. Esta verdad es mencionada en la epístola a los Romanos, capítulo 8, versículo 9, que dice: "Pero vosotros no vivís según la naturaleza pecaminosa, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios está en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él".

La iglesia, el cuerpo de Cristo, es una "habitación", un templo permanente de Dios en el Espíritu. Cuando los creyentes se reúnen en un edificio para adorar, el Espíritu Santo está presente. En ese sentido, Dios se encuentra en ese edificio. Pero cuando cada creyente ha salido de ese edificio, Dios también ha salido. Dios no está más en cualquier edificio de iglesia que lo que está en cualquier otro edificio o establecimiento. Dios mora hoy en los creyentes, no en los edificios. En un programa anterior hemos destacado que Dios nunca ha morado en ningún edificio construido por manos humanas. Sólo una filosofía pagana coloca a Dios en una estructura edificada por seres humanos.

El propósito de la Iglesia como templo, es revelar la presencia y la gloria de Dios sobre la tierra. Cuando los creyentes se reúnen en una Iglesia, debería transmitirse claramente la noción ante el mundo, aun en esta época, que Dios se encuentra en Su templo santo. El mundo debería sentir que Dios puede ser hallado en una reunión de la Iglesia. Pero, yo me pregunto: ¿puede Él estar allí hoy? Quizás más personas serían atraídas a al iglesia si ellas estuvieran seguras de que Dios está presente.

En nuestro próximo programa entraremos al capítulo 3 de esta carta del apóstol Pablo a los Efesios. Teniendo en cuenta el tema que trata, a este capítulo le hemos asignado el título "La Iglesia como un misterio". En los primeros cuatro versículos de este capítulo tenemos la explicación de este misterio, no revelado específicamente en el Antiguo Testamento. En los versículos 5 al 13 tenemos la definición del misterio, basado en que los judíos y los no judíos son participantes en el mismo cuerpo, que es la iglesia. Luego, en los versículos 14 al 21, tenemos la segunda oración del apóstol Pablo en esta carta a los Efesios; ésta fue una oración pidiendo que los creyentes de aquella ciudad fueran fortalecidos en lo íntimo de su ser, y para que pudieran comprender en toda su dimensión el amor de Cristo.

Y así es como el apóstol Pablo concluyó este capítulo 2 con una oración a favor de los creyentes de Éfeso, y teniendo en cuenta que las verdades de la Palabra de Dios requieren Su ayuda y guía para ser no sólo entendidas, sino también aplicadas a la vida práctica. Nosotros también queremos concluir nuestro programa de hoy asegurándole que oraremos por usted, estimado oyente. Y en esta oración le pediremos a Dios que le ayude y guíe por medio de Su Espíritu, para que a través de la lectura y estudio de toda la Biblia y, en estos días, de la carta a los Efesios, usted también pueda comprender y experimentar a nivel personal ese amor que sobrepasa los límites del conocimiento humano, y que supera todos los recursos humanos de poder e influencia para transformar las vidas de las personas. El amor de Dios por nosotros fue revelado en el sacrificio de Cristo en la cruz. Oramos entonces para que usted pueda abrirse totalmente a la influencia del Espíritu de Dios, de manera que Él actúe en su corazón y usted pueda depositar su fe en el Salvador, el Señor Jesucristo, y así convertirse en una piedra viva más incorporada a ese organismo vivo, añadiéndose a otras piedras vivas que están continuamente siendo añadidas a ese edificio espiritual que Dios está construyendo aquí en la tierra.

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Comentario bíblico de 2 Timoteo