Estudio bíblico de Efesios 4:25-5:2

Efesios 4:25 - 5:2

Estimado oyente, en estos días estamos observando a la Iglesia en su andar por este mundo. Estamos observando al creyente, al creyente en forma individual, cuando él camina a través de este mundo.

En nuestro estudio anterior, consideramos los versículos 22 al 24 de este capítulo 4, que estamos estudiando. Pablo había dicho: "Despojaos del viejo hombre. . . y vestíos del nuevo hombre". Esto quiere decir que tenemos que quitarnos el ropaje de la vieja naturaleza, y ponernos el ropaje de la nueva naturaleza, de la misma manera en que cambiamos nuestra ropa. Es como quitarse ropa vieja y sucia, y ponerse ropa nueva y limpia. Pero este cambio de ropa no puede hacerse con el esfuerzo propio, ni por procurar imitar la conducta de Cristo. Esto fue hecho para el pecador que cree mediante la muerte de Cristo. En este sentido, somos como niños que no podemos vestirnos a nosotros mismos. Como cristianos, nunca alcanzamos el momento en que podemos hacerlo, y no necesitamos intentarlo porque ya ha sido hecho por nosotros. En la epístola a los Romanos 6:6, se nos dice que nuestra vieja naturaleza ya ha sido crucificada en la muerte de Cristo. Dice el citado pasaje: Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado. En vista de que nuestra vieja naturaleza ya ha sido crucificada con Cristo, debemos quitárnosla en el poder del Espíritu Santo. Esto no significa que la vieja naturaleza ha sido eliminada para siempre de nuestra vida. No nos libramos de ella. Pero no debemos vivir de acuerdo con ella; es decir, que no tenemos que permitir que controle nuestras vidas.

Por otra parte, tenemos una nueva naturaleza. Éste es el resultado de la regeneración por el Espíritu Santo. Cualquier persona que esté unida a Cristo, es una nueva criatura. Tenemos que vivir en esa nueva naturaleza, en esa nueva persona, en esa nueva creación. Ésta es, pues, una repetición del mensaje principal de la carta a los Romanos.

Y como dijo Pablo en este versículo 24, este nuevo hombre, esta nueva naturaleza ha sido creada a imagen de Dios, es decir, según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Esta es la justicia imputada a nosotros por Cristo, y todo ello consecuente con el carácter santo de Dios. Ya que hemos sido declarados justos, y estamos unidos a Cristo, sentados en las regiones celestiales, nuestro andar, nuestra vida aquí en la tierra tendría que corresponder a nuestra posición.

Leamos ahora lo que dicen los versículos 25 al 27, de este capítulo 4, de la epístola a los Efesios:

"Por eso, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo."

Pablo regresó una vez más aquí, a las prohibiciones que había comenzado en el versículo 17. Al creyente se le pidió que no viviera como los no judíos vivían. Veremos que estos mandamientos continúan por el resto de esta carta apostólica.

La frase hablad verdad cada uno con su prójimo expresa el mandamiento que encabeza la lista de todos los demás. Cuando la vieja naturaleza o el viejo hombre fue dejado a un lado en la crucifixión de Cristo, la lengua mentirosa y el corazón engañoso fueron colocados sobre esa cruz. Una de las razones por las cuales Jesús tuvo que morir por nosotros fue que usted y yo somos mentirosos. Siempre deberíamos decir la verdad. El rey David dijo en el Salmo 116:11, "Y dije en mi apresuramiento: Todo hombre es mentiroso". El Dr.W.Y.Carrol dijo hace tiempo que David había expresado esta opinión en un momento de apresuramiento y añadió: "pero yo tuve mucho tiempo para pensar en ello y continúo estando de acuerdo con David."

El decir la verdad resolvería la mayoría de los problemas en algunos círculos cristianos. Sería inútil, y una pérdida de tiempo ponerse a señalar o aclarar todas las mentiras o exageraciones que se oyen. Es mejor adoptar una actitud o norma de decir la verdad de manera permanente, pues no se trata de una opción sino de un imperativo para los creyentes, teniendo en cuenta que forman parte de un mismo cuerpo.

Aquí tenemos algo que dijo Crisóstomo que, aunque pueda parecer ridículo, ilustra la verdad: "Que el ojo no le mienta al pie, ni que el pie le mienta al ojo. Si en el camino uno se encuentra con un hoyo profundo que está cubierto superficialmente con paja y que le presente al ojo la apariencia de que es tierra firme, ¿no utilizaría el ojo al pie para comprobar si allí abajo hay un vacío? ¿O sí lo que lo cubre es firme y puede resistir? ¿Dirá el pie una mentira y no la verdad tal cual es? ¿Y si el ojo observara a una serpiente o a una bestia salvaje, le dirá alguna mentira al pie?" El pie nunca engañaría a los ojos porque son miembros del mismo cuerpo. Ni el ojo engañaría a los pies. Así que entre cristianos tendría que reinar la honestidad y la verdad.

Luego Pablo dijo: Airaos pero no pequéis. Al creyente se le manda que no se enoje con ciertas condiciones y con ciertas personas. Algunos piensan que los creyentes son personas afables y flexibles bajo todas las circunstancias y condiciones. Pero ningún creyente puede ser neutral en la lucha por la verdad. Debería detestar la mentira y la lengua chismosa, especialmente al escuchar a otro creyente. El apóstol Pedro dijo en su primera carta 2:1 que la malicia no debería formar parte de la vida del creyente, que era algo que debíamos evitar. La malicia, como alguien dijo, es como un enojo congelado. Cuando una mala actitud o un error se corrigen, no debería quedar el rencor. El principio es perdonar y olvidar. Abrigar sentimientos de odio y maldad proporciona al diablo una ventaja en nuestras vidas. Muchos tienen ciertos complejos. Odian a algunas personas porque no pueden superar ciertos incidentes, ni perdonar ni olvidar. Si una persona está dispuesta a rectificar su actitud por habernos mentido o causado otro mal, debemos perdonar y olvidar.

El Señor Jesús mostró Su enojo. En cierta ocasión fue a la sinagoga y allí había un hombre con la mano seca. Lo que le enojó fue que los fariseos habían puesto allí a se hombre para ver lo que el Señor iba a hacer. Recordemos entonces lo que dijo en el evangelio según San Marcos, capítulo 3, versículo 5: "Entonces, mirándolos con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones dijo al hombre: Extiende tu mano. Él la extendió y la mano le fue restaurada sana". Así podemos ver que el Señor estaba enojado por la actitud de los fariseos. También se nos ha dicho que Dios está enojado todo el día con los malvados, pero en el momento en que ellos abandonen su maldad y se vuelvan hacia Él, les salvará. Ésa tendría que ser la actitud del cristiano.

Ante situaciones de maldad, de abusos y de injusticia en las relaciones personales, el cristiano no puede permanecer neutral. El tolerar algunas de estas situaciones para evitar problemas, para no perder una amistad o un cargo, o una determinada posición, no es precisamente una actitud cristiana. No olvidemos que el creyente se encuentra implicado en una lucha espiritual en la cual no puede ser neutral, como veremos más adelante en esta carta. Continuemos ahora leyendo los versículos 28 y 29 de Efesios 4:

"El que robaba, no robe más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes."

El versículo comenzó con una frase dura: El que robaba, no robe más. El hombre tiene una naturaleza pecaminosa que puede inclinar a robar o a mentir. Estos pecados están en el corazón del ser humano como parte de esa naturaleza.

Y continuó diciendo el apóstol sino que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga que compartir con el que padece necesidad. El cristiano no debería enriquecerse para satisfacer sus propios fines egoístas. Más bien, tendría que ayudar a otros con todo aquello que no necesite.

Aquí la palabra corrupta significa obscena, grosera. Una lengua incontrolada en la boca de un cristiano constituye un indicio de una vida corrupta.

Los creyentes que suelen contar historias dudosas o cuestionables desde un punto de vista moral, simplemente para intentar divertirse con otros, revelan las inclinaciones que hay en su corazón. Lo que existe en la fuente del corazón saldrá al exterior por la boca. Bien dice el libro de los Proverbios 15:28, "El corazón del justo piensa antes de responder; la boca de los malvados derrama maldad". La forma de hablar del cristiano tendría que estar en el elevado nivel de instruir y comunicar ánimo y estímulo a otros creyentes. Uno puede divertirse y disfrutar de la vida, y el buen sentido del humor ocupa un lugar importante, pero el humor no debería estar corrompido por los malos pensamientos. Luego, Pablo continuó desarrollando un tema importante en el versículo 30:

"Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención."

Aquí el ruego del apóstol fue de gran trascendencia: no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios. El Espíritu Santo es una persona que puede ser entristecida, agraviada, ofendida. ¿Y qué es lo que le entristece? Las ofensas o pecados que hemos mencionado. Cuando el cristiano miente, cuando tiene malos pensamientos, entristece y ofende al Espíritu Santo. ¿Y qué sucede cuando una persona está triste u ofendida? Se interrumpe la relación de camaradería, la comunión. El Espíritu no puede actuar en su vida cuando usted le ha agraviado, cuando la relación con Él se ha roto.

Y el apóstol añadió, con el cual fuisteis sellados. Este pasaje nos dice que podemos entristecer al Espíritu, pero no podemos entristecerle de manera que se aparte totalmente de nosotros, porque estamos sellados en Él. Ésta es una hermosa realidad. Hemos sido sellados en el Espíritu Santo en el momento en que fuimos regenerados.

Y añadió Pablo para el día de la redención. Él le sella a usted hasta el día en que le presentará al Señor Jesucristo. Un creyente no puede romper ese sello anulando Su obra, que continuará hasta el día de la redención, pero el creyente puede entristecerlo. ¿Cuál es hoy la gran diferencia entre los cristianos? La gran diferencia es que algunos cristianos viven con un Espíritu Santo entristecido y otros, con un Espíritu Santo en acción, que no ha sido contristado. Ahora, finalizando este capítulo 4, de su epístola a los Efesios, Pablo dijo en los versículos 31 y 32:

"Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería, calumnias y toda malicia. Antes sed bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo."

Estos dos últimos versículos están en gran contraste el uno con el otro. Por ejemplo, el versículo 31, menciona una lista adicional de aquello que contrista al Espíritu Santo. Estos son los pecados de una naturaleza emocional. Y el versículo 32 tenemos las respuestas emocionales que Dios quiere que tengamos.

La amargura es un estado mental irritable que provoca opiniones duras y ásperas en otros. Muchas personas hablan desde su amargura y entonces hacen daño. Esto entristece al Espíritu Santo.

También se mencionan el enojo, la ira. Son arrebatos de pasión. La ira denota la pasión profunda, intensa, y el enojo, la pasión crónica.

Tenemos luego, gritería. Y eso quiere decir la afirmación atrevida de algunos supuestos derechos y quejas. O sea, que se actúa de forma extemporánea y con violencia verbal y además, fuera de control.

Ahora, Maledicencia nos habla aquí de pronunciar blasfemias, pero también se refiere a toda clase de calumnias. Y Malicia, como ya hemos indicado antes, es un odio congelado.

La expresión quítense de vosotros es, en el griego, un imperativo, que requiere una acción única y decisiva, para que el Espíritu Santo no sea entristecido. Es decir, que se debe tomar una decisión concreta para que todos estos pecados sean quitados de nuestra vida.

Y el apóstol Pablo dijo entonces: "antes sed bondadosos". El imperativo marca un contraste, un cambio radical que debe ocurrir en el creyente para que no quede un lugar vació en su vida. Aquí tenemos a la cortesía cristiana. Nos habla de un afecto profundo y maduro. Todos hemos conocido cristianos con este carácter que expresan sus sentimientos con sus gestos y demostraciones de cariño. Y misericordiosos además, el aspecto compasivo de la persona bondadosa.

Luego, Pablo continuó diciendo: "Perdonándoos unos a otros". Ésta es una frase que nos demuestra la actitud que debe existir entre nosotros en relación con las faltas de uno y del otro. Debemos perdonar, en vez de magnificar las faltas de los otros.

Y la frase de perdonar se completa con "como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo". Todo esto tiene que ser hecho en una base doble. En primer lugar, esta conducta no contristará al Espíritu Santo. Y en segundo lugar, la base del perdón no es algo legal sino de gracia. No es un mandamiento bajo la ley, sino que se basa en la gracia de Dios que se manifiesta en nuestro perdón porque Cristo murió por nosotros. Tenemos que perdonar porque hemos sido perdonados. No es que perdonamos para obtener perdón. Observemos el contraste: el Señor Jesucristo estableció en el Sermón del Monte la base legal para ser perdonado, cuando dijo en Mateo 6:14-15, "14Por tanto, si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15pero si no perdonáis sus ofensas a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas". Y aquí en Efesios 4, se nos dice que debemos perdonar en base a la gracia de Dios, que Él manifestó al perdonarnos a nosotros por causa de Cristo, porque Cristo murió por nosotros. Y así llegamos a un nuevo tema en

Efesios 5 - La Iglesia será una esposa

Admitimos que esto es en realidad mezclar metáforas. En el capítulo 4, la Iglesia fue llamada el nuevo hombre y ahora la Iglesia ha de ser una esposa. La iglesia no es hoy una esposa. La Iglesia no es una esposa en el día de hoy. La Iglesia es un hombre nuevo que vive en este mundo en la actualidad, y la Iglesia ha sido comprometida con Cristo, pero aún no se ha casado con Él. La boda aún no se ha celebrado. La iglesia será una esposa con Cristo después de que Él recoja a Su iglesia de este mundo. En este sentido podemos leer Apocalipsis 21:2 y 9, que dicen: "2Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de parte de Dios, ataviada como una esposa hermosamente vestida para su esposo. Entonces vino a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras y habló conmigo, diciendo: Ven acá, te mostraré la desposada, la esposa del Cordero".

En este mundo nosotros debemos vivir como si fuéramos una futura esposa. Estamos comprometidos. Eso es lo que Pablo les escribió a los Corintios en su Segunda epístola, capítulo 11, versículo 2, diciéndoles: "Os he desposado con un solo Esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo". Cuando una joven se ha comprometido y se está preparando para su boda, no tiene tiempo para sus amigos de antes. Ya no saldrá con ellos. Está comprometida y ya no tiene ningún interés en los demás hombres. Y entonces, ¿cómo podemos nosotros estar comprometidos con Cristo y vivir como vive el mundo? Algún día vamos a ser presentados a Cristo. Vamos a vivir con Él a través de toda la eternidad y Él será nuestro Señor y maestro.

En el capítulo 5, tenemos las siguientes divisiones. El compromiso de la Iglesia, en los versículos 1 al 17; La experiencia de la Iglesia, en los versículos 18 al 24; y la expectativa de la Iglesia en los versículos 25 al 33. Leamos ahora los primeros dos versículos de este capítulo 5, de la epístola a los Efesios, que comienzan con el párrafo dedicado a

El compromiso de la Iglesia

"Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, como ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante."

Aquí la expresión "pues" conecta esta sección con la anterior, donde el andar o la vida del creyente se encontraba bajo consideración, y continúa exponiendo los mandamientos para la conducta cristiana. Estos mandamientos tienen una relevancia indudable para la iglesia, que será presentada a Cristo sin mancha ni ninguna imperfección. Una meta tan elevada y noble, que se debe totalmente a la obra de Cristo, es una dinámica convincente y fascinante para tener una conducta pura aquí y ahora.

Hemos aprendido que el Espíritu Santo habita en cada creyente y sella a cada creyente, aunque nosotros podemos entristecer al Espíritu Santo. Si nos dejamos arrastrar por los pecados mencionados en Efesios 4:31, quiere decir que entristeceremos al Espíritu Santo; lo cual no significa que ya no somos hijos de Dios. Quiere decir que las personas que no son salvas no creerán que seamos hijos de Dios. Sin embargo, estamos sellados por el Espíritu Santo hasta el día de la redención, el día en el que el Espíritu de Dios presentará la iglesia al Señor Jesús. Y ya dijimos que esta meta debería impulsarnos a llevar una vida pura.

El creyente tiene que ser un imitador de Dios, especialmente en el tema del perdón. Sin embargo, esto se aplica a todos los aspectos de la vida cristiana. Los no judíos, que anteriormente vivían en un nivel inferior habían sido llevados al elevado nivel del amor. En esa nueva situación eran entonces llamados hijos amados. El plano del amor al cual han sido elevados es el amor que Cristo mostró cuando nos amó hasta el punto de entregarse a Sí mismo por nosotros como una ofrenda y un sacrificio.

Y la última frase del versículo 2, que dice, se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante, es una clara referencia a la cruz. Presenta a la cruz de Cristo como algo más que la ejecución pública de un criminal. La cruz era como el altar de bronce del Antiguo Testamento, donde el Cordero de Dios fue ofrecido como un holocausto. Ese sacrificio quita el pecado del mundo. Identifica a Cristo con cada sacrificio que fue ofrecido en el Antiguo Testamento por mandato de Dios. Todos aquellos sacrificios señalaban a Cristo.

En vista de que Cristo murió en lugar de cada uno de nosotros en la cruz, el creyente tiene que alcanzar un nivel elevado de amor. El creyente no puede vivir con un Espíritu Santo entristecido, agraviado u ofendido, porque sólo el Espíritu puede producir este fruto en la vida. Recordemos que en Gálatas 5:22, el amor ocupa el primer lugar en la lista como fruto del Espíritu.

Estimado oyente, si usted acepta por la fe el sacrificio de Cristo en la cruz, el Espíritu le regenerará, y comenzará en usted una obra de transformación que le permitirá experimentar constantemente el amor de Dios, sintiendo Su presencia e influencia en cualquier estado de ánimo en el que usted se encuentre, así como en todas las situaciones y circunstancias de la vida.

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