Estudio bíblico de Efesios 5:3-13

Efesios 5:3-13

Continuamos hoy estudiando el capítulo 5, de esta epístola del Apóstol Pablo a los Efesios. En este capítulo tenemos las siguientes divisiones. El compromiso de la Iglesia, en los versículos 1 al 17; la experiencia de la Iglesia, en los versículos 18 al 24; y la expectativa de la Iglesia en los versículos 25 al 33. Leamos ahora los primeros dos versículos de este capítulo 5, de la epístola a los Efesios, que comienzan con el párrafo dedicado a

El compromiso de la Iglesia

"Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, como ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante."

Aquí la expresión "pues" conecta esta sección con la anterior, donde el andar o la vida del creyente se encontraba bajo consideración, y continúa exponiendo los mandamientos para la conducta cristiana. Estos mandamientos tienen una relevancia indudable para la iglesia, que será presentada a Cristo sin mancha ni ninguna imperfección. Una meta tan elevada y noble, que se debe totalmente a la obra de Cristo, es una dinámica convincente y fascinante para tener una conducta pura aquí y ahora.

Hemos aprendido que el Espíritu Santo habita en cada creyente y sella a cada creyente, aunque nosotros podemos entristecer al Espíritu Santo. Si nos dejamos arrastrar por los pecados mencionados en Efesios 4:31, quiere decir que entristeceremos al Espíritu Santo; lo cual no significa que ya no somos hijos de Dios. Quiere decir que las personas que no son salvas no creerán que seamos hijos de Dios. Sin embargo, estamos sellados por el Espíritu Santo hasta el día de la redención, el día en el que el Espíritu de Dios presentará la iglesia al Señor Jesús. Y ya dijimos que esta meta debería impulsarnos a llevar una vida pura.

El creyente tiene que ser un imitador de Dios, especialmente en el tema del perdón. Sin embargo, esto se aplica a todos los aspectos de la vida cristiana. Los no judíos, que anteriormente vivían en un nivel inferior habían sido llevados al elevado nivel del amor. En esa nueva situación eran entonces llamados hijos amados. El plano del amor al cual han sido elevados es el amor que Cristo mostró cuando nos amó hasta el punto de entregarse a Sí mismo por nosotros como una ofrenda y un sacrificio.

Y la última frase del versículo 2, que dice, se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante, es una clara referencia a la cruz. Presenta a la cruz de Cristo como algo más que la ejecución pública de un criminal. La cruz era como el altar de bronce del Antiguo Testamento, donde el Cordero de Dios fue ofrecido como un holocausto. Ese sacrificio quita el pecado del mundo. Identifica a Cristo con cada sacrificio que fue ofrecido en el Antiguo Testamento por mandato de Dios. Todos aquellos sacrificios señalaban a Cristo.

En vista de que Cristo murió en lugar de cada uno de nosotros en la cruz, el creyente tiene que alcanzar un nivel elevado de amor. El creyente no puede vivir con un Espíritu Santo entristecido, agraviado u ofendido, porque sólo el Espíritu puede producir este fruto en la vida. Recordemos que en Gálatas 5:22, el amor ocupa el primer lugar en la lista como fruto del Espíritu. Leamos entonces los versículos 3 y 4, de este capítulo 5:

"Pero inmoralidad sexual y toda impureza o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos. Tampoco digáis palabras deshonestas, ni necedades, ni groserías que no convienen, sino antes bien acciones de gracias."

Los pecados que aquí se describen son aquellos que prevalecen entre los que no son creyentes. Son los pecados comunes en el mundo actual. Y todos ellos tienen que ver con las formas más bajas de inmoralidad. Pablo estaba diciendo aquí que el hijo de Dios no podía habitualmente tomar parte de estas acciones. Aun la complacencia más leve en estos pecados provocará una repulsión y agonía del alma. En varias ocasiones hemos afirmado que si alguien puede pecar, y ese pecado no le molesta ni le preocupa en ninguna manera, entonces esa persona no es un hijo de Dios. No creemos que exista ninguna otra alternativa. Pero debemos decir, que si hay convicción e inquietud en el corazón de esa persona, como el hijo pródigo, puede dirigirse a Su padre, como hizo el hijo pródigo. Esa persona es hija del Padre y sólo los hijos desean regresar a la casa del Padre. En la parábola del hijo pródigo, los cerdos nunca mostraron deseos de cambiar de situación o condición. Así que los pecados que se enumeran en este pasaje son del nivel bajo propio de una persona que no reconoce a Dios.

Cuando uno va ante Dios a confesar sus pecados uno no los envuelve todos en un paquete y se los presenta así, en conjunto. Más bien, uno se los menciona uno por uno detalladamente. Cuando uno acude a Dios para confesar sus pecados y lo hace mencionando cada uno específicamente, restaura la relación de comunión y compañerismo con Él. Ahora a veces los creyentes caen en pecados, como, por ejemplo, los del mal uso de la lengua, con lo que se ha causado daño a otras personas. En esos casos, deben ser confesados a Dios. Fenelón lo expresó de esta manera:

"Cuéntele a Dios todo lo que hay en su corazón, como si descargase su corazón, con sus placeres y sus dolores, a un amigo querido. Cuéntele todos sus problemas a Él para que Él lo pueda consolar; cuéntele todos las alegrías que tiene para que Él las pueda serenar; cuéntele sus anhelos, para que Él los pueda purificar; cuéntele las cosas que no le agradan para que Él le ayude a conquistarlas; háblele de sus tentaciones para que Él le pueda protegerle de ellas; muéstrele las heridas de su corazón para que Él las pueda sanar; descúbrale su indiferencia por hacer el bien, su gusto depravado por el mal, su inestabilidad. Cuéntele cómo el amor a sí mismo hace que usted sea injusto con los demás, cómo la vanidad lo tienta a no ser sincero, cómo el orgullo lo encubre a usted ante sí mismo y ante los demás. Si usted derrama de esta manera todas sus debilidades, necesidades, problemas, no le faltará qué decir. Nunca podrá agotar el tema, que estará siendo renovado continuamente. A las personas que nunca tienen secretos entre sí, nunca les faltan temas de conversación. No tienen que estar sopesando cada una de sus palabras porque no tienen nada que ocultar. Tampoco tienen que buscan algo que decir. Hablan de la abundancia de sus corazones sin ninguna consideración, diciendo simplemente lo que piensan. Felices son aquellos que logran obtener una comunicación tan familiar, sin reservas, directa con Dios."

Todos los creyentes tenemos la gran necesidad de dirigirnos a Dios para contarle lo que realmente hay en nuestros corazones. Ahora, alguien quizá diga: "Parece increíble que un creyente pueda cometer los pecados que aquí se describen". Bueno, la experiencia demuestra que es así. Incluso muchos piensan que han cometido un pecado imperdonable, pero no ha sido así. Hay un camino de regreso a Dios.

Ahora la inmoralidad sexual es aceptada socialmente como una norma de conducta. Los pecados de este tipo no se consideran graves; se toleran, se consienten o, mayormente, se considera algo normal.

También se menciona aquí toda impureza, lo cual incluye toda clase de inmoralidad.

También se menciona la avaricia, que es un afán desordenado que va más allá de adquirir o poseer riquezas. Puede ser un deseo de ser mentalmente superior a alguna otra persona. Puede tratarse de codiciar una determinada posición o un cargo. Por supuesto, se incluyen también la codicia por el dinero. Alguien ha dicho: "El avaro piensa que el dinero es plano para poder apilarlo. Mientras que el generoso piensa que es redondo para poder hacerlo circular". Bueno, en cualquier caso, implica ganar y atesorar lo más posible para fines egoístas personales. Algunos nunca caen en la avaricia de luchar por el dinero, pero intentan acumular la mayor cantidad posible de honores y títulos, así como una posición de privilegio en la comunidad. Así que la avaricia está arraigada en nuestra vieja naturaleza humana.

Después mencionó a la Inmundicia. Eso nos habla de la depravación en su más alto grado, y de lo peor que uno pueda oír hoy.

Luego Pablo mencionó a las palabras deshonestas. Y eso nos habla del recrearse o jactarse acerca del pecado. Ese tipo de jactancia en público sobre los excesos que las personas pueden cometer en la bebida o en sus relaciones con el sexo opuesto, revela los gustos y apetencias que hay en sus corazones

Luego se refirió a las necedades. Aquí podrían incluirse las bromas de mal gusto, ajenas al humor sano o insinuaciones frívolas sobre temas de sensualidad o inmoralidad.

Ahora, observemos lo que el apóstol dijo al finalizar ese versículo: sino antes bien, acciones de gracias, que tendrían que formar el contexto de la conversación cristiana. Creemos que ya hemos contado en este programa acerca de un creyente que cuando acostumbraba a jugar golf con otro no creyente. Cuando a este le iba mal en el juego solía perder el control y le pedía a Dios que maldijera el campo de golf, las trampas de arena y sus palos de golf y todo lo que se le pasaba por la mente. El creyente, en circunstancias similares solía decir "alabado sea el Señor" o "bendito sea el Señor". El no creyente entonces solía preguntarle, ¿por qué dice usted eso? El cristiano, le preguntaba, ¿y usted por qué toma el nombre de Dios en vano? Su respuesta solía ser, "bueno, es un hábito". Entonces el cristiano le decía, "en mi caso también es un hábito; cada vez que oigo a alguien maldecir implicando a Dios, yo le alabo y le doy las gracias por algo. Es como si tratase de equilibrar la cosa". Volviendo ahora a este capítulo 5, de la epístola a los Efesios, leamos el versículo 5:

"Sabéis esto, que ningún inmoral o impuro o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios."

Y creemos que se entiende con toda claridad, que la persona que no ha sido regenerada y que practica estos pecados no tiene ninguna parte en el reino de Cristo y de Dios. Ahora, si un hombre que profesa ser creyente practica estos pecados, entonces él se clasifica inmediatamente en esa categoría. No importa cual sea su posición en un círculo cristiano, tal persona le está diciendo a un mundo perdido que no es un hijo de Dios. Vivir en esa corrupción moral y espiritual es colocarse uno mismo más allá del límite de lo inaceptable para un hijo de Dios. Continuemos leyendo los versículos 6 y 7 de este capítulo 5 de Efesios:

"Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis, pues, partícipes con ellos"

En vista del hecho que la ira de Dios será derramada sobre aquellos que no hayan sido regenerados a causa de estos pecados, se deduce entonces que el hijo de Dios no puede participar en estas acciones sin incurrir en el desagrado y el juicio de Dios. Es decir, que si él realmente es un hijo de Dios, Dios lo va a juzgar. Recordemos que Él juzgó a David. David cayó una vez en el pecado y Dios colocó el látigo sobre su espalda y nunca lo quitó. Y Pablo nos dijo en su Primera Epístola a los Corintios, capítulo 11, versículos 31 y 32, lo siguiente: "Sí, pues, nos examináramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; pero siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo".

Si usted puede pecar y salirse con la suya, entonces simplemente usted no es un hijo de Dios. ¿Y sabe por qué? Porque Dios tendría entonces que condenarle a usted con el resto del mundo, lo cual querría decir que usted no es salvo. Ahora si usted es un hijo de Dios y practica esos pecados, Dios lo va a castigar aquí y ahora. Y si Él no lo castiga, estimado oyente, entonces usted se encuentra en una terrible condición. Y eso quiere decir que usted no es Su hijo porque Él no castiga a los hijos de Satanás. Veamos ahora, los versículos 8 al 10, de este capítulo 5:

"Porque en otro tiempo erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor."

El apóstol Pablo aquí les estaba recordando a los creyentes su estado antes de su conversión. Ellos no simplemente estaban en las tinieblas, ellos eran tinieblas. Decimos en la actualidad, que la persona que no ha sido salva, está en tinieblas, pero es una condición aún peor. Uno no puede imaginar su condición hasta que ve de cerca hasta donde puede llegar una persona en esa situación.

Observemos la frase ahora sois luz en el Señor, que significa que nosotros debemos reflejarle a Él, que es la Luz del mundo. Pablo estaba aquí identificando el fruto de la luz, es decir, que estaba destacando las características que siempre acompañan a la luz. Ahora, ¿cuáles son esas características? "En toda bondad", quiere decir amabilidad. "Justicia", quiere decir rectitud moral. Y "verdad", se refiere principalmente a la sinceridad y la autenticidad. Es decir, que el cristiano debe someter a prueba su vida de esta manera, para comprobar si está en la esfera de la voluntad de Dios y, por lo tanto, viviendo una vida que le agrade.

En cierta ocasión alguien preguntó qué significaba vivir en la luz de Dios. Pues aquí tenemos una descripción de ello desde la Palabra de Dios: es vivir en bondad o amabilidad, en justicia o rectitud moral y en sinceridad, es decir con sinceridad y autenticidad. Y esto quiere decir siete días a la semana, no solamente los domingos; y las 24 horas al día. Ahora, los versículos 11 hasta el 13, de este capítulo 5, de la epístola a los Efesios, dicen:

"Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas, porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas, porque la luz es lo que manifiesta todo."

Aquí el apóstol instruyó en cuanto a no tener nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad. Un hijo de Dios, simplemente no puede participar en las obras inútiles de los que pertenecen al reino de la oscuridad, de la misma manera que la luz y la oscuridad no pueden mezclarse en el mundo físico. Porque da vergüenza aun mencionar lo que los desobedientes hacen en secreto.

Más bien hay que reprobar, desaprobar esas prácticas. Ello no significa que el cristiano ha de convertirse en un reformador. Quiere decir que por la luz que refleja su vida, él mismo es un reproche de esas obras de la oscuridad. La luz revela lo que la oscuridad oculta. La oscuridad no es apartada por predicar sobre ella. La oscuridad es disipada por la presencia de la luz.

Hay demasiados creyentes en el presente que utilizan el método de la crítica o el método de la predicación. Tratan así de corregir a una persona no creyente diciéndole "usted no debería hacer esto o aquello". Pero, estimado oyente, ésa no es la manera de aproximarse a la oscuridad. Usted tiene que ser una luz. Usted no debe dedicarse a predicar sobre estas cosas. Usted no puede decirles lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer. Nuestra tarea es hacer resplandecer la luz de la Palabra de Dios, para que se ilumine aquello que Dios califica como correcto. Usted no podrá alcanzar a una persona para Cristo sermoneándola y advirtiéndola sobre lo que está mal. Usted no debe tratar que la persona que no es salva cambie su conducta; ella no puede cambiar su conducta. Ella necesita nacer de nuevo espiritualmente para poder cambiar. Usted tiene que ser una luz y la luz siempre afectará a la oscuridad. Recuerde que la oscuridad no se disipa por medio de predicaciones ni de conferencias. La oscuridad se desvanece en presencia de la luz.

El apóstol Pablo pudo proclamar y vivir el Evangelio porque Dios había actuado en su vida. Así como en la creación, como leímos en Génesis 1, cuando reinaba la oscuridad, Dios ordenó que existiera la luz, así también, en la creación espiritual, Él trae la luz a los corazones. Recordemos que el Evangelista Mateo aplicó las siguientes palabras de la profecía de Isaías 9 al comienzo del ministerio de Jesús en la tierra: "El pueblo que habitaba en tinieblas vio gran luz, y los que habitaban en región de sombra de muerte, luz les resplandeció". Estimado oyente, Jesús diría más adelante, según Juan 8:12, "Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida". Le invitamos, entonces a acercarse a Él y a recibirle como Salvador. Por su obra en la cruz derrotó al que controla las tinieblas, y Él quiere resplandecer en su vida, iluminándola para siempre, en esta vida y por la eternidad.

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