Estudio bíblico de Proverbios 17:1-28

Proverbios 17:1-28

Estimado oyente, llegamos hoy, una vez más a este Libro de Proverbios, y vamos a comenzar a considerar el capítulo 17.

En este capítulo queremos destacar una característica. Cada uno de los versículos 1 al 20 está relacionado estrechamente o en términos generales, con conflictos, o con la paz. Lo cual confirma la vigencia de este libro de la Biblia, que retrató sin mencionarlos a tantos personajes de las Sagradas Escrituras, como a personas que nos rodean en la vida real y también, ¿Por qué no decirlo? nos describen a nosotros mismos.

Avanzamos rápidamente en lo que nos correspondió considerar en nuestro programa anterior, y probablemente sigamos progresando de esa manera de aquí en adelante. En este capítulo 17, leamos entonces el versículo 1:

"Mejor es un bocado seco y en paz que una casa de contiendas llena de provisiones.

Este versículo es muy similar en la idea al Proverbios 15:17, que decía Mejor es comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio. La última parte del versículo ilustra una escena de actividad religiosa, pero la actividad no siempre denota el actuar de Dios. Una iglesia puede celebrar muchas reuniones, tener una gran organización, y desarrollar una gran cantidad de actividad, pero todas estas cosas pueden causar mucha confusión y frustración.

Esto nos recuerda al profeta Elías en la corte de Acab y Jezabel. Y seguramente había mucha actividad en aquel lugar, incluyendo muchas prácticas religiosas, pero nada de ello estaba relacionado con Dios. Elías se presentó allí para anunciar que no iba a llover hasta que Dios lo dijera, y no estaba muy inclinado a decirlo. Entonces él salió de la presencia del rey y se fue. Ahora, ¿adónde fue? Se dirigió lejos, hacia el arroyo de Querit, donde pasó un largo tiempo con Dios. Dios le estaba preparando en la quietud del desierto. A aquella situación se le podría aplicar la primera parte de este proverbio "Mejor es un bocado seco, y en paz".

Dios sacó a Moisés del palacio de Faraón, otra escena de gran actividad y de organización religiosa y lo llevó al desierto de Madián, y allí le instruyó preparándole para la misión que le esperaba. Así que tanto Elías como Moisés tuvieron su "bocado seco y en paz".

Es bueno a veces salir y aislarse, para reencontrarse con uno mismo. Y esto es común en personas que tienen grandes responsabilidades, y que experimentan a causa de ellas una gran presión. El retirarse por un tiempo, ya breve o largo, para descansar, relajarse, y pasar tiempo en oración y lectura de la Biblia ante la presencia de Dios es de gran bendición. Leamos ahora el versículo 2 de este capítulo 17:

"El siervo prudente se impondrá al hijo indigno, y con los hermanos compartirá la herencia."

Un siervo fiel es mucho mejor que un hijo que no es fiel. Es mejor tener un siervo en quien usted puede tener confianza, que un hijo en el que no puede confiar.

Y también en el tiempo antiguo encontramos ejemplos; recordemos a Abraham, y a su fiel siervo Eliécer, y a David y a su hijo Absalón. Abraham le dijo al Señor que Eliécer era su único heredero y que quería tener un hijo (Génesis 15:2). El pensó que era mucho mejor tener un hijo, y Dios accedió a su pedido. Pero si un hijo no resulta fiable, si va a ser como Absalón, el hijo de David, que se rebeló abiertamente contra su padre, entonces es mejor tener un siervo bueno y fiel. Y el rey David tuvo varios hombres fieles que permanecieron a su lado. Ahora, leamos el versículo 3 de este capítulo 17 de Proverbios, que dice:

"El crisol es para la plata y el horno para el oro, pero el Señor es quien prueba los corazones."

Para obtener plata pura, cuando se saca de la mina, hay que ponerla en el crisol para que sea calentada hasta que se derrita, para que puedan ser removidas las impurezas y entonces lo que queda es la plata pura. Lo mismo se puede decir acerca del oro. Uno lo coloca en el horno y todas las impurezas se quitan por medio del fuego. Y el Señor Jesucristo pone a sus siervos en el fuego, por así decirlo, para poder obtener cierto desarrollo de ellos. Él prueba nuestros corazones para fortalecernos. El quiere producir mejores hijos e hijas para poder utilizarlos.

Nosotros somos más valiosos para Dios que el oro o la plata. Por lo tanto, no deberíamos desanimarnos cuando somos probados. El Apóstol Pedro, dijo en su primera epístola capítulo 1, versículos 6 y 7 lo siguiente: "Por lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que, sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro (el cual, aunque perecedero, se prueba con fuego), sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo". Así que Dios usa este método.

Dios tuvo cierto propósito al hacer pasar a Job por el horno de la aflicción. Dios tuvo cierto propósito al dar a Pablo un aguijón en su cuerpo. Dios tuvo un propósito al permitir ese periodo de martirio que sufrió la iglesia ¿Sabía usted amigo oyente, que ese período le dio forma a la Iglesia? ¿Y que la Iglesia nunca ha sido tan rica espiritualmente como lo fue durante ese periodo?

Diríamos que hoy uno de los problemas que encontramos entre los creyentes de algunos países es que viven en la sociedad de la abundancia. Este fue uno de los problemas de Israel. Moisés lo describió en Deuteronomio 32:15, que dice: Pero engordó Jesurún, y tiró coces (engordaste, te cubriste de grasa); entonces abandonó al Dios que lo hizo y menospreció la Roca de su salvación. Nos tememos que muchos se encuentran hoy en esta situación. Porque hay una gran diferencia entre engordar y desarrollarse, incluso en el área espiritual. Hay creyentes que tienen de todo, y sin embargo son quejosos, criticones. Realmente, no son de ninguna ayuda para la causa de Cristo. Así Dios tiene que poner a los creyentes que va a utilizar en el horno, con el propósito de desarrollarlos, para poder después utilizarlos.

En cierta ocasión alguien contaba que había orado al Señor pidiéndole que Él le permitiera conocer al Señor Jesucristo mejor, para poder así crecer en gracia, en el conocimiento de Él. Ahora, ¿qué fue lo que hizo el Señor? Le permitió a esa persona que contrajera el cáncer. Ahora, alguien quizá diga: "Bueno, pero esa no es la forma de hacer las cosas" Sin embargo, amigo oyente, esa es la forma en la que obra Dios en algunas ocasiones. Hay veces que el Señor permite que nos acosen ciertas enfermedades, y debemos decir que sabemos por qué Dios lo hace. Él no lo hace porque quiera perjudicarnos. Dios lo hace amigo oyente, porque quiere enseñarnos una lección. Y Dios hace las cosas con amor, danto al mismo tiempo la fortaleza espiritual para soportar la prueba.

Vamos a leer ahora el versículo 6, de este capítulo 17 de Proverbios;

"Corona de los viejos son los nietos y honra de los hijos son sus padres."

Esta seguros que muchos apreciarán este proverbio. Es un versículo para los abuelos. Dice aquí que la honra de los hijos son sus padres. Ahora, los hijos siempre miran a sus padres. A mí siempre me ha agradado que mis hijos me amen y me respeten como padre. Y siempre he tenido la oportunidad de comunicarme con ellos. Ellos, en muchas maneras reflejan el temperamento que nosotros tenemos. Y cuando nuestros hijos crecen, nos proveen los nietos que son lo que describe la primera parte de este versículo 6: "Corona de los viejos son los nietos". Ahora, hay veces que los abuelos pueden llegar a ponerse un poquito pesados contando las cosas que hacen los nietos.

Quizá usted ha escuchado la historia de un anciano que le decía algo a otro viejito: "Oiga: ¿le he contado a usted alguna vez acerca de mi nieto y le he mostrado las fotos que tengo de él?" A lo cual, el otro anciano respondió: "No, usted no lo ha hecho y por ello le estoy muy agradecido". Bueno, amigo oyente, la primera parte del versículo 6 dice, y lo vamos a repetir otra vez: "Corona de los viejos son los nietos". Este versículo es maravilloso ya que los miembros de diferentes generaciones refuerzan la unidad familiar. El hijo mira hacia el padre, pero el abuelo mira hacia el nieto. Allí es donde está el centro mismo del afecto. Veamos ahora lo que dice el versículo 10, de este capítulo 117:

"La reprensión aprovecha al inteligente más que cien azotes al necio."

Alguien quizás diga: "Mire usted, aquel creyente, es una persona buena, encantadora, un fiel hijo de Dios y mire los problemas que tiene". Dios reprueba a los suyos, a veces, enviándoles problemas o aflicción. Dios los está preparando, porque son hombres y mujeres sabios. Y los sabios, escuchan la reprensión.

El necio, el insensato, no escucha la reprensión. Es obstinado. Incluso aunque Dios le diera cien azotes, ello no le haría ningún bien. Cuando usted vea a alguna persona malvada que prospera, la razón de su situación puede deberse a que no importa lo que Dios le haga, ella no cambiaría. Recordemos que el Señor Jesucristo dijo acerca de ese hombre rico que se enriquecía cada día más, y que decía que iba a derribar sus graneros para edificar otros nuevos y mayores para guardar sus cosechas, porque estaba prosperando y necesitaba más espacio para almacenar el grano. Y debemos decir, estimado oyente, que no había nada malo en edificar nuevos graneros. El problema de él era ser un insensato, un necio. Y no porque lo digamos nosotros. El Señor Jesucristo mismo lo dijo. ¿Por qué? Porque este hombre no estaba haciendo ningún preparativo para la eternidad, no se estaba preocupando por su alma, y si el Señor lo hubiera castigado solo un poco, nada en él habría cambiado. Durante el período de la Gran Tribulación, ese sufrimiento y juicio tremendo por el cual pasará el mundo, mucha gente sufrirá tanto que se morderán su propia lengua. Pero, ¿cree usted que acudirán a Dios? No, estimado oyente. Esta gente no va a volverse a Dios. ¿Por qué? Como bien dice el último proverbio que hemos leído, cien azotes no causarán ningún efecto a un necio, a un obstinado.

Es por eso que decimos una y otra vez, que hay algo malo en cuanto a la filosofía de las prisiones en el día de hoy. Las prisiones no han sido establecidas con el propósito de desarrollar los hombres y de hacerlos regresar a la sociedad. Eso quizás tenga sentido en cierto lugar. Pero ese no es el propósito central de una prisión. El propósito es el del castigo. Ahora, tampoco es el de la disciplina. La disciplina es para los niños, para su propio hijo. Pero el castigo es para aquellos que han cometido un crimen. Nosotros tenemos una noción equivocada en cuanto a esto en el día de hoy.))) Pero, bien, sigamos adelante. Destaquemos algunos versículos que son importantes. Pasemos ahora al versículo 16:

"¿De qué sirve el dinero en la mano del necio para comprar sabiduría, si no tiene entendimiento?"

Hay muchos jóvenes estudiantes que van a la universidad simplemente porque sus padres tienen dinero. Y la verdad es que nunca deberían haber ido a la universidad, ya que su corazón no está en esas cosas; No es que estos jóvenes no sean capaces de aprobar esos cursos sino que no quieren hacerlo, no tienen una motivación para someterse a la disciplina de estudiar. Veamos ahora, lo que dice aquí el versículo 17 de este capítulo 17 de Proverbios que estamos considerando:

"En todo tiempo ama el amigo y es como un hermano en tiempo de angustia."

Este proverbio nos recuerda a Jonatán, que tuvo una gran amistad con David. Y así como el proverbio dice en todo tiempo ama el amigo Jonatán amó a David cuando éste estaba interpretando su música, en el palacio, y también cuando estaba escondiéndose para salvar su vida, tratando de escapar del rey Saul. Aunque Jonatán era el hijo de Saul y heredero al trono, fue un leal amigo de David.

Y ¡qué cosa más maravillosa es poder tener un amigo así! Si alguien no te ama en todos los momentos o circunstancias, esa persona no es tu amigo, tu amiga. Una de las desilusiones de la vida es tener a alguien que te profese su cariño y afecto, cuando llega el momento de la verdad, cuando las cosas no van bien, uno descubre que realmente ese cariño no existía; y esa persona era como un Judas Iscariote o un Absalón, porque nos ha traicionado. Ahora, pasando al versículo 21 de este capítulo 17, leemos:

"El que engendra a un insensato, para su tristeza lo engendra; el padre del necio no tiene alegría."

Esta idea se ha repetido varias veces en los Proverbios. Aquel padre que tiene un hijo que está progresando mucho, se siente alegre, satisfecho. Habla constantemente de su hijo. Por el contrario, si el muchacho no ha resultado muy bueno, el padre prefiere permanecer en silencio y nadie sabe nada del hijo. Y, ahora, el versículo 22 dice:

"El corazón alegre es una buena medicina, pero el espíritu triste seca los huesos."

Hay muchas personas que están enfermas con una enfermedad del corazón. Pero no se trata de un problema cardíaco. Es una enfermedad no física que afecta a los sentimientos, y produce falta de alegría. Y esto es una realidad en la vida de muchos creyentes en la actualidad.

"El corazón alegre", dice aquí. Estimado oyente, Dios quiere que usted tenga un corazón feliz, que lo pase bien. Nuestra vida de relación con la iglesia debería ser una experiencia feliz. Deberíamos disfrutar de esa alegría cuando vamos a la iglesia y alabamos al Señor. Simplemente somos rígidos, duros, y poco naturales cuando nos encontramos en la iglesia.

Leamos ahora el versículo 23 de Proverbios 17:

"El malvado acepta en secreto el soborno para pervertir las sendas de la justicia."

Como vemos, en este libro se mencionan todas las formas de corrupción, el cual es un tema de palpitante actualidad. Aquí se habla del soborno. Y como sabemos, en nuestra época hay muchas formas encubiertas de practicarlo. Finalmente, leamos ahora el versículos 27 de este capítulo 17 de Proverbios.

"El que ahorra palabras tiene sabiduría; prudente de espíritu es el hombre inteligente."

Otra versión del versículo 27 lo traduce así: "El que es entendido refrena sus palabras; el que es prudente controla sus impulsos". Y otra versión, destacando otros aspectos dice. "Es de sabios hablar poco, y de inteligentes mantener la calma". Realmente, aquel que se ha acercado al Señor Jesucristo y le ha recibido como su Salvador, ha entrado en contacto con la sabiduría de Dios. Recordemos que en 1ª Corintios 1:30, como ya mencionamos en otro programa, Dios ha hecho a Cristo nuestra sabiduría. Dios le muestra al creyente Su voluntad por medio de Su Espíritu y el Espíritu le va controlando para adecuarlo al propósito para el que fue creado. O sea que el "sabio" "prudente" e "inteligente" del versículo 27, es una persona que ha adecuado su paso por el sendero de esta vida, al paso de Dios. Es una persona que paulatinamente va aprendiendo a ver al mundo como Dios lo ve. En medio de las situaciones más tensas a las que pueda verse sometido, a nivel personal, consigo mismo, en la vida de relación con otras personas, y por las circunstancias de trabajo, puede mantener una actitud sabia y prudente, actitud que se manifiesta también al depender de la voluntad de Dios para tomar las decisiones más importantes de la vida. Leamos ahora el versículo 28, último versículo de este capítulo 17 del libro de los Proverbios:

"Aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio; el que cierra sus labios es inteligente"

Otra versión de este proverbio lo traduce así: "Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio; se le considera prudente si cierra la boca". Este versículo tiene una chispa de humor. Nos está diciendo que a las personas descritas como necias, insensatas, les compensa tener la boca cerrada. El problema es que a estas personas generalmente les cuesta mucho trabajo callar y guardar silencio.

El Señor Jesús, en un incidente relatado en Mateo 12, se expresó con gran severidad contra los fariseos. En una ocasión, en que le habían provocado con una pregunta, el leyó sus pensamientos y, entre otras cosas les dijo: ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos?, porque de la abundancia del corazón habla la boca. Por ese motivo, en tiempos en que las personas consideran su apariencia exterior, su aspecto y su forma física, como algo de gran importancia, que requiere atención y disciplina, Dios examina el interior de los seres humanos, lo que la Biblia llama "el corazón". Y estimado oyente, el quiere transformar ese corazón por la obra del Espíritu Santo, en aquellos que estén dispuestos a acercarse a Él, reconociendo su profunda necesidad espiritual, para recibir el don de la salvación que Dios mismo proveyó al enviar a Jesucristo a morir en una cruz. El quiere transformar a una persona por dentro, sabiendo que de la abundancia de ese corazón transformado brotará una vida de hermosos frutos, una vida abundante, una vida de calidad, que se proyectará después de esta vida, en la vida eterna.

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