Estudio bíblico de Mateo 7:1-29

Mateo 7

Tema: la relación del hijo del Rey con otros hijos del Rey mantenida por la oración; y advertencias finales sobre los dos caminos, los falsos profetas, la falsa profesión de fe y los dos cimientos.

Comencemos nuestra lectura Bíblica del séptimo capítulo de Mateo, con los versículos 1 y 2, que comienzan a tratar el Tema de

La prohibición de juzgar a los demás

"No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con que midáis, se os medirá."

Estos versículos han sido mal interpretados. El término "juzgar" puede significar decidir, opinar, creer, considerar, afirmar después de comparar, etc. En este pasaje no se dice que a un hijo de Dios se le prohíbe juzgar a otras personas. Lo que significa realmente es que no debemos juzgar los motivos internos de los demás, en el sentido de condenarlos. No sabemos ni comprendemos por qué otro hijo de Dios, es decir un hermano nuestro, ha actuado de cierta manera. Solamente vemos el acto exterior. Dios no nos prohíbe que juzguemos las acciones buenas o malas. Pero el caso es que, si eres duro en tus juicios sobre los demás, serás conocido como una persona severa en su examen de otros y que también será juzgada estricta y rigurosamente por los demás. Esto es lo que el Señor quiso enseñarnos con estas palabras. Continuemos leyendo los versículos 3 al 5:

"¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Déjame sacarte la mota del ojo, cuando la viga está en tu ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano."

Aquí El está comparando la pequeña partícula de aserrín en el ojo de un hermano con el enorme tronco del árbol secuoya que está en tu propio ojo. El tronco representa al espíritu de crítica y prejuicios. Con semejante obstáculo en tu visión, no estás en posición de juzgar la pequeña falta de otro.

Este asunto del juicio severo, y a veces cruel, es ciertamente un Tema en que tenemos que ser muy cuidadosos. Aunque Jesús aclaró que no debemos emitir juicios severos sobre otros, también dijo que conoceríamos a los demás por sus frutos. Un predicador solía decir: "yo no soy un juez, sino un inspector de frutos". Y sin duda podemos ver si un cristiano está produciendo fruto, o no.

Por otra parte, leamos el versículo 6, donde

Se ordena el juicio de los demás

"No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las huellen con sus patas, y volviéndose os despedacen."

Evidentemente, aquí no se está hablando de animales de cuatro patas. Dado que los perros y los cerdos eran los animales más despreciados en aquel tiempo, queda pues por determinar a quienes describen estas palabras. El texto no precisa de qué gente se trata, aunque parece referirse a personas que rechazan el Evangelio deliberadamente, mostrando hostilidad y desprecio. El Señor se refiere los casos en que el carácter de ciertas personas resulte claramente manifiesto. Por una parte se nos acaba de decir que no debíamos juzgar a otros pero ahora, y ya que hay grandes y fundamentales diferencias entre la personalidad de los miembros de una sociedad, se implica que tenemos que juzgar con quienes hablar o callar, podría pensarse que hay un conflicto. En los versículos 7 y 8 se propone a

La oración como solución del dilema

"Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá."

Uno de los mayores problemas para un hijo de Dios consiste en cómo relacionarse con las demás personas. Todos los días nos codeamos con gente de todos los niveles sociales y morales. Algunos necesitan nuestra amistad y ayuda; también nosotros les necesitamos y debiéramos estar cerca de ellos. En el otro extremo hay otros que podrían perjudicarnos seriamente y tenemos que alejarnos de ellos. Aunque estos versículos puedan aplicarse a otras situaciones, aquí las 3 acciones de "pedir" "buscar" y "llamar" se refieren a este problema. Recuerdo en el pasaje del libro de los Hechos 5:1--11, el caso del apóstol Pedro en la iglesia cristiana primitiva, que supo que Ananías y Safira le estaban mintiendo. Es difícil saber, realmente, si alguien te está engañando, a menos que tengas el discernimiento espiritual que algunos cristianos tenían en aquella época. Esta es una capacidad que tienen algunos en la actualidad y es importante poner la necesidad de este discernimiento como un Tema de oración. Cuando conociste a gente, ¿alguna vez le pediste a Dios que te hiciese ver claro cómo relacionarte con ellos, y en quiénes depositar, o no, tu confianza? Creo que sería una buena idea. Los próximos versículos nos recuerdan que Dios está dispuesto a ayudarnos en todos estos asuntos de la vida de relación y a proporcionarnos lo mejor. Leamos desde el 9 hasta el 11:

"¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?"

Y el pensamiento se completa en el versículo 12, con la llamada "regla de oro":

"Por eso, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con ellos, porque esta es la ley y los profetas."

Recapitulando, ante la incertidumbre que podría surgir al iniciar nuevas relaciones, se nos aconseja que convirtamos toda duda en un Tema de oración. La expresión inicial de este versículo 12, "por eso", relaciona esta "regla de oro" con las sugerencias precedentes, es decir, con lo que pedimos en nuestras oraciones. No se debe entresacar la "regla de oro" y decir que uno vive de acuerdo con ella. Recordemos las 3 acciones del versículo 8, porque en la medida en que vayamos a "pedir", "buscar", y "llamar", habiendo buscado la guía de Dios en oración, podremos vivir a la luz de esta llamada "regla de oro".

Leamos los versículos 13 y 14, que inician el párrafo que trata sobre

Los dos caminos

"Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan."

La ilustración presentada aquí no es la de una elección entre una senda ancha y brillante, con mucho ocio y diversión, y un callejón estrecho, oscuro y poco atractivo. De hecho, la realidad se parece más a la imagen de un embudo. Si entras en el camino con forma de embudo por el extremo ancho, verás que al avanzar, se va estrechando hasta llegar a la muerte, la destrucción y el infierno. Pero si entras por la otra senda, también con forma de embudo, por el extremo angosto, te encontrarás con Cristo, quien con sus propias palabras dijo que El era el camino, la verdad y la vida. El también dijo, en el Evangelio de Juan 10:10: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia". Al caminar con El por esta senda, descubrirás que se va haciendo cada vez más amplia. Recordemos que en la profecía de Ezequiel, capítulo 4, se veía un río fluyendo del trono de Dios, que comenzaba como un pequeño arroyo y se iba ensanchando hasta convertirse en un gran río. Esta es una adecuada ilustración de la vida de un hijo de Dios, que se va transformando en una experiencia cada vez mejor. Este es el significado de aquellas palabras de nuestro Señor. Continuemos la lectura con los versículos 15 y 16:

"Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?"

A Israel se le advirtió contra los profetas falsos y a la iglesia se la previene contra los falsos maestros. Tanto unos como otros, se presentan disfrazados de ovejas. Dice el apóstol Pedro en su segunda carta, 2:1:

"Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotros, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que les compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina."

Y ya que su presentación es ambigua o engañosa, les reconoceremos por sus frutos, que es lo que tendremos que observar en sus vidas.

Prosigamos leyendo el versículo 21:

"No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos."

Tu podrás andar por todas partes haciendo alarde de que la "regla de oro" es la norma de tu vida. Pero lo importante es si te has sujetado a la voluntad del Padre que está en los cielos. Si así ha sido, entonces habrás venido a Cristo reconociendo que necesitabas un Salvador. Leamos los versículos 22 y 23:

"Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Jamás os conocí; apartaos de mi, los que practicáis la iniquidad."

Obviamente, estos versículos no se refieren hoy a los creyentes. Todo creyente, vivo o muerto, será transportado, junto con toda la iglesia, para encontrarse con el Señor en el aire. Ninguno escuchará decir al Señor : "Apártate de mí". Estas palabras se refieren a un futuro tiempo de prueba, en el contexto de la Segunda venida de Cristo a la tierra.

Aquí también se incluye una advertencia para quienes, habiendo declarado ser cristianos, son miembros de la iglesia y, en realidad, se dirige también a todos los creyentes. El realizar milagros no es necesariamente una garantía de que Dios apruebe o respalde al que los lleve a cabo. Por otra parte, el nombre de Cristo es pronunciado por líderes de ciertos cultos y sectas en la actualidad. El hecho de que se utilice el nombre de Cristo y la Biblia no constituye una prueba de que un sisTema sea genuino. Porque no se trata de una declaración exterior; lo vital y sumamente importante es tener una relación interior con el Cristo crucificado y Salvador resucitado.

Comencemos la lectura del último párrafo, titulado

Los dos cimientos

Leamos los versículos 24 y 25:

"Por tanto, cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca."

Si has venido a Cristo, sabrás que El es el fundamento. Como dice el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios 3:11: "Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo". Cuando te encuentras apoyado en Cristo, puedes construir sobre ese cimiento. Cediendo al control del Espíritu Santo puedes edificar una vida que la Biblia compara con el oro, la plata y las piedras preciosas.

Pero también hay otra clase de edificio. Leamos los versículos 26 y 27.

"Y todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; y cayó, y grande fue su destrucción."

¿Qué representa aquí la arena? Es la bondad y el esfuerzo humanos. Es la antigua debilidad de la naturaleza humana. Estimado oyente, tú necesitas algo mucho mejor que lo que esa naturaleza, con su pecado y sus deseos, te puede ofrecer.

El Evangelista Mateo concluye esta sección con las palabras que se encuentran en los versículos 28 y 29:

"Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de su enseñanza; porque les enseñaba como uno que tiene autoridad, y no como sus escribas."

El Señor Jesús era un maestro que enseñaba con autoridad; no estaba precisamente repitiendo algo que había leído. Tu y yo tenemos que reconocer que no tenemos nada que valga la pena decir, a menos que lo dicho sea expresado con la autoridad de la Palabra de Dios, y a no ser que creamos que es la Palabra de Dios. No nos interesa que alguien nos transmita una serie de teorías que no ha probado en su propia experiencia. Lo que hoy tenemos para comunicar es un Evangelio, un mensaje de buenas noticias, un mensaje de salvación. Sabemos que funciona porque ha actuado positivamente en el caso nuestro. Y lo hemos visto surtir efecto en las vidas de muchísimas personas que han acudido a Cristo, aceptando su invitación.

El Sermón del Monte es una parte magnífica de las Sagradas Escrituras. No lo evites. Correctamente leído y entendido, te conducirá a la persona de Jesucristo. Te mostrará que no estás a la altura de sus preceptos. Te revelará que eres débil y culpable. Te hará clamar por misericordia y te llevará a Cristo para recibir la salvación. Cuando aceptes a Cristo como Salvador, El te dará el Espíritu Santo, quien te capacitará para vivir en este alto nivel, que está reflejado en este discurso de Jesús.

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