Estudio bíblico de Filipenses Introducción

Filipenses - Introducción - 1:1

En el día de hoy, amigo oyente, llegamos a otra de las Epístolas de la Prisión. En la última oportunidad en que estuvimos viajando por el Nuevo Testamento, vimos la carta a los Efesios. Y, como mencionamos en esa ocasión, las cartas de Pablo a los Efesios, Filipenses, Colosenses y Filemón se denominan las epístolas de la prisión, porque fueron escritas por el Apóstol Pablo durante el tiempo que él estuvo preso en Roma. Ya hemos visto la carta a los Efesios, y ahora nos toca estudiar la epístola a los Filipenses. Luego, veremos lo que nos dice Colosenses, y, por último, examinaremos la pequeña carta a Filemón.

Esta epístola de Pablo fue escrita a los creyentes de la ciudad de Filipos, en Europa. Esta carta surgió de la hermosa relación que Pablo tenía con la iglesia de esa ciudad. En realidad, esa iglesia tenía mayor relación con el apóstol Pablo que cualquier otra iglesia. El amor que aquellos cristianos sentían por él, y el que Pablo sentía por ellos puede verse reflejado en esta carta. Esta obra habla sobre la experiencia cristiana desde el nivel en el cual todos los creyentes deberían vivir. No es el nivel en el que nos encontramos todos, pero este es el nivel de vida espiritual que Dios desea para nosotros.

Pablo visitó Filipos durante su segundo viaje misionero. Recordemos que él y Bernabé fueron en su primer viaje misionero a la región de Galacia, donde desarrollaron muchas actividades y fundaron muchas iglesias, a pesar de la persecución que enfrentaron. Pablo quiso visitar esas iglesias en su segundo viaje misionero y quiso llevar nuevamente de acompañante a Bernabé. Pero Bernabé insistió en llevar a su sobrino Juan Marcos, que les había acompañado al comienzo del primer viaje misionero. Este joven, Juan Marcos, se sintió acobardado y emprendió el regreso a su hogar cuando ellos desembarcaron en la costa de Asia Menor. Por ello, Pablo no quiso llevarlo en este segundo viaje. Así que el desacuerdo que surgió entre Pablo y Bernabé deshizo su asociación como equipo. Bernabé se llevó a Juan Marcos y partió en otra dirección. Y Pablo, llevando como compañero a Silas, regresó a la región de Galacia para visitar a las iglesias que había establecido en su primer viaje misionero.

Parece que Pablo tenía la intención de ampliar su campo de actividad misionera en esa región, porque era una zona muy poblada y con un alto grado de civilización. En efecto, en aquel tiempo, allí se había concentrado la cultura y el conocimiento griegos. El escritor Lucas relató que Pablo intentó dirigirse hacia el sur, hacia la provincia de Asia, cuyo centro principal era Efeso. Pero cuando se dispuso ir en dirección al sur, el Espíritu de Dios estorbó sus planes. Y ya que no pudo partir en dirección al sur, Pablo pensó que podría dirigirse hacia el norte (donde actualmente se encuentra Turquía), pero, como dice el relato en los Hechos 16:7, el Espíritu no se lo permitió.

Entonces, no pudiendo dirigirse hacia el sur, ni hacia el norte, y él venía del este, solo le quedaba una dirección hacia donde ir. Así que se fue hacia el oeste, hasta Troas. Y allí interrumpió su trayecto. Porque para continuar su viaje más hacia el oeste desde Troas, tendría que trasladarse por barco; entonces el apóstol esperó allí las instrucciones de Dios.

A veces creemos que Dios tiene que guiarnos inmediatamente, pero El puede mantenernos esperando. Creemos que muchas veces El permite que nuestro entusiasmo se calme, obligándonos a esperar Su voluntad. Si usted se encuentra hoy enfrentando esa preocupación ansiosamente: "¿Qué debo hacer? ¿Hacia donde deberé ir?" el consejo es, esperar, simplemente esperar. Si usted está realmente viviendo en comunicación espiritual con el Señor, El le guiará cuando lo considere oportuno.

Así que Pablo continuó esperando en la ciudad de Troas por las instrucciones divinas, hasta que finalmente las recibió. Allí recibió la visión de un hombre de Macedonia que, puesto en pie, le rogó que fuera a Macedonia para ayudarles, como podemos ver en el relato de los Hechos 16:9 y 10.

Entonces, Pablo y sus compañeros subieron a bordo de un barco que les llevó al continente de Europa. Este fue el cruce marítimo más destacado que ha tenido lugar porque llevó el Evangelio a Europa. Nosotros deberíamos darle gracias a Dios porque Él envió a Pablo a Europa en esa ocasión, ya que gracias a ello, muchos de nuestros antepasados y muchos de nosotros hemos llegado a conocer al Señor Jesucristo como nuestro Salvador personal.

Al cruzar Pablo a Europa, su primera escala fue la ciudad de Filipos. Leamos el relato Bíblico en los Hechos 16:13-15: Estuvimos en aquella ciudad algunos días. 13Un sábado salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración. Nos sentamos y hablamos a las mujeres que se habían reunido. 14Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo. El Señor le abrió el corazón para que estuviera atenta a lo que Pablo decía, 15y cuando fue bautizada, junto con su familia, nos rogó diciendo: -Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, hospedaos en mí casa.Y nos obligó a quedarnos.

Llegó entonces Pablo a Filipos y descubrió que ese varón de Macedonia, en realidad, era una mujer llamada Lidia, (que había llegado a ese lugar procedente de Tiatira, y que era vendedora de púrpura. Una mujer de negocios, y aparentemente estaba haciendo lo posible por abrir una sucursal en la ciudad de Filipos. ) Ella estaba participando en una reunión de oración que tenía lugar a orillas del río. Esa reunión de oración probablemente tuvo mucho que ver con el viaje de Pablo a Europa. Creemos que mucha gente en Filipos vio a ese grupo de mujeres orando junto al río y quizás pensaron que no tenía mucha importancia. Pero resultó precisamente responsable de la travesía más importante que jamás tuvo lugar. Y Lidia, pues, fue la primera persona convertida en Europa.

Y Lidia era una miembro de la iglesia a la cual Pablo escribió esta carta. También sabemos algo de una joven que estaba poseída por un demonio. Dice el relato de los Hechos 16:16-18: 16Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. 17Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, gritaba: - ¡Estos hombres son siervos del Dios Altísimo! Ellos os anuncian el camino de salvación. 18Esto lo hizo por muchos días, hasta que, desagradando a Pablo, se volvió él y dijo al espíritu: -Te mando en el nombre de Jesucristo que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora.

Y también el carcelero de Filipos y su familia eran miembros de la iglesia de esa ciudad. Recordemos que Pablo y Silas fueron arrojados en la cárcel por instigación de los amos de la joven poseída por un demonio, quienes habían sido privados de sus ganancias. En esa ocasión Dios intervino a favor de Pablo y Silas de una manera tan milagrosa que su carcelero conoció a Cristo. Dice el relato Bíblico de los Hechos 16:30, 31 y 34: 30Los sacó y les dijo: -Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? 31Ellos dijeron: -Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa. 34Luego los llevó a su casa, les puso la mesa y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.

Por supuesto hubo otros miembros de la iglesia de Filipos, cuyas historias no conocemos. Y hubo otros muchos que llegaron al conocimiento de la salvación por Cristo Jesús. Eran personas muy cercanas al corazón del apóstol. Le siguieron en sus viajes y le sirvieron una y otra vez. Pero cuando Pablo fue arrestado en Jerusalén, le perdieron de vista por dos años. No supieron donde se encontraba. Finalmente, se enteraron que estaba en una cárcel de Roma. Entonces se sintieron muy conmovidos por la noticia enviaron como mensajero a su propio pastor, que era Epafrodito, quien le llevó un donativo para que Pablo pudiera hacer frente a sus necesidades.

Así que Pablo escribió esta epístola para expresarles a los miembros de esa iglesia su agradecimiento y cariño por ellos. No tenía ninguna doctrina que corregir, como sí tuvo que hacerlo en su carta a los Gálatas. Tampoco tuvo que corregir la conducta de los Filipenses, como tuvo que hacer en el caso de la carta a los Corintios. Solo había un pequeño obstáculo a la convivencia y armonía de la iglesia, entre dos mujeres: Evodia y Síntique y Pablo las aconsejó al final de su carta. El apóstol no pareció considerar aquella falta de acuerdo entre esas dos mujeres como un problema serio.

La carta del Apóstol Pablo a los cristiano de Filipos se destaca por ser la epístola que trata especialmente el tema de la experiencia cristiana.

A continuación vamos a exponer un breve bosquejo o resumen de la forma en que el apóstol desarrolla este tema en su carta.

Ahora, en el capítulo 1, de esta epístola a los Filipenses, encontramos la "filosofía de la experiencia cristiana o la podríamos llamar, del vivir cristiano. Después de una introducción en los dos primeros versículos, en los versículos 3 al 11, encontramos el afecto del apóstol Pablo hacia los Filipenses. Luego, en los versículos 12 al 20, encontramos que la prisión y la aflicción hacen progresar el evangelio. Y después, en los versículos 21 al 30, tenemos una sección que podríamos titular, "por vida o por muerte", centrada en la persona de Cristo.

En el capítulo 2, encontramos el "modelo del vivir cristiano"; Después de hacer referencia a la actitud de los Filipenses en su convivencia y sus motivaciones, en los versículos 5 al 8 se habla de la Mente de Cristo, que se destacaba por su humildad. En los versículos 9 al 11, se habla de la Mente de Dios, revelada en la exaltación de Cristo. En los versículos 12 al 18, se habla sobre la Mente de Pablo, reflejada en la actitud que él quiere que sus lectores desarrollen en la práctica en todo lo que tenga que ver con Cristo. En los versículos 19 al 24, se hace referencia a la Mente de Timoteo, que sigue el modelo de la de Pablo y en los versículos 25 al 30, de la Mente de Epafrodito, en cuya vida se reflejó la palabra y la obra de Cristo.

En el capítulo 3, tenemos el "premio por el vivir cristiano". En los versículos 1 al 9 vemos como Pablo cambió sus Esquemas de vida del pasado. En los versículos 10 al 19, vemos como cambió sus Propósitos para el presente, y en los versículos 20 y 21, como cambió su Esperanza para el futuro.

Y luego, en el capítulo 4, encontramos el "poder para el vivir cristiano". En los versículos 1 al 4 se destaca la Alegría, como una Fuente de Poder. En los versículos 5 al 7, se enfatiza la Oración como el Secreto del Poder. En los versículos 8 y 9, vemos una contemplación de Cristo, como el Santuario del Poder y en los versículos 10 al 23, se destaca a la persona de Cristo, como la Satisfacción del Poder.

Así llegamos entonces a

Filipenses 1:1

Tema: La Filosofía del vivir Cristiano.

La carta a los Filipenses es práctica. Desciende al nivel del mundo en que vivimos. Al estudiarla ya no nos veremos sentados en las regiones celestiales, como estábamos en la carta a los Efesios, sino que nos encontraremos enfrentando nuestros problemas y necesidades de la vida diaria. Por ello, el estilo afectuoso, sencillo y práctico enriquecerá nuestra vida cristiana.

Introducción

Leamos el primer versículo de este capítulo 1:

"Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos"

Comienza mencionando a Pablo y Timoteo. Pablo asoció a este joven predicador con él, estimulándole al colocarlo al lado suyo. Pablo sentía un gran afecto por él. Era como un hijo espiritual del apóstol, es decir, que Pablo había sido el instrumento de su conversión a Cristo. Por lo tanto estaba muy interesado en su desarrollo espiritual. Pablo solía identificar a ciertos predicadores jóvenes consigo mismo.

Pablo se calificó a sí mismo y a Timoteo, como siervos de Jesucristo. La palabra "siervo", en realidad, significa esclavo. Aquí vemos un contraste con la epístola a los Gálatas, en la que él se presentó como: Pablo Apóstol. Allí él se apoyó en su apostolado y lo defendió, como debió hacerlo otras veces. Volvió a hacerlo en la carta a los Corintios. En ambos casos él tuvo que declarar y defender su apostolado, queriendo que ellos supieran que era un apóstol, no por investidura humana, nombrado por los hombres, sino por Jesucristo mismo. Pero aquí, en al caso de los Filipenses, no tenía por qué defenderse a sí mismo. Los creyentes de Filipos le amaban, respetaban y aceptaban su apostolado. Todos ellos habían sido guiados a Cristo por él. Así que Pablo se presentó a sí mismo y a Timoteo como siervos de Jesucristo.

Esta carta va dirigida a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos. Él no estaba escribiendo a algún grupo pequeño de la Iglesia de Filipos, sino a todos los santos, y cada creyente tiene esa posición de santo. En realidad debemos decir, que la familia humana está dividida en simplemente dos grupos: los santos y los que no lo son. Los santos son los creyentes en Cristo Jesús, y no son santos debido a su conducta, sino gracias a la posición que ocupan en Cristo Jesús; santo quiere decir separado para Dios. Todo aquello que es santo está separado para el uso de Dios. Incluso esos viejos utensilios que se encontraban en el Tabernáculo del Antiguo Testamento, eran llamados, "vasos santos", y estaban muy usados y deteriorados después de 40 años de travesía por el desierto. No parecían instrumentos santos, pero sí lo eran. ¿Por qué? Porque habían sido separados, apartados para el uso de Dios. De esta manera, nosotros, como cristianos, estamos apartados para el uso de Dios. Y eso tiene que ser la posición de cada hijo de Dios. Separado para el uso de Dios.

Ahora, los santos estaban en Cristo Jesús. ¿Qué significa ser salvo? Significa estar unido a Cristo Jesús. Cuando usted deposita su confianza en Cristo Jesús, el Espíritu de Dios viene a habitar en usted. El Espíritu Santo le bautiza, le une al cuerpo de Cristo, que es la iglesia. Entonces, usted es colocado en Cristo por el Espíritu de Dios.

Ahora, estos creyentes aquí estaban en Cristo Jesús, pero se encontraban en Filipos. Y en realidad, no importa donde estos creyentes estén. Usted puede encontrarse en cualquier lugar del mundo, pero el lugar no tiene importancia. Lo importante, estimado oyente, es si usted está unido a Cristo Jesús.

La frase Bíblica "en Cristo" contiene las palabras más importantes del Nuevo Testamento. Uno puede preguntar a un teólogo en que consiste la salvación, o qué significa ser salvo. Y seguramente escuchará una exposición sobre ciertos términos teológicos como "propiciación", "reconciliación" y "redención". Estas son palabras verdaderamente importantes, son términos Bíblicos, pero ninguno de ellos abarca el espectro o la gama total de significados de la salvación. El Espíritu de Dios eligió una palabra pequeña, la preposición "en", para explicar lo que es la salvación. La salvación es estar "en Cristo", unido a Cristo. ¿Y cómo puede uno unirse a Cristo? Pues aceptándole como Salvador.

Luego, Pablo dijo, Con los obispos y diáconos. Aquí podemos ver cómo el apóstol se dirigió a una iglesia local con sus dirigentes espirituales. Esta palabra "obispo" significa supervisor o pastor y, en realidad se refiere a un cargo, o a una función, mientras que la palabra "anciano" se refiere a los individuos que ocupaban ese cargo o función, y debían ser hombres maduros espiritualmente. La palabra "diáconos" se refería a hombres espirituales que desempeñaban una tarea o un servicio secular, como podemos ver en los Hechos 6:

Bien, estimado oyente, vamos a detenernos aquí por hoy. Hemos analizado el versículo 1, de este primer capítulo de la epístola del Apóstol San Pablo a los Filipenses, y Dios mediante, en nuestro próximo programa continuaremos nuestro estudio de este capítulo y comenzaremos con el versículo 2. Y por supuesto, le invitamos a que usted nos acompañe, mientras continuamos este interesante estudio. Al despedirnos, dejamos con usted las palabras del Apóstol Pablo: estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la irá perfeccionando hasta el día de Jesucristo. Por ello le invitamos a que establezca esa relación con Dios por medio de Jesucristo, quien puede ser su Señor y Salvador, para que El comience en su vida esa obra de transformación.

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